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Gracias y bienvenidos al blog. En este blog podréis leer desde el principio la historia titulada Zombies (Esta vez corregida y mejorada), a la que le seguirán sus secuelas: Necroworld y The Survivors Land. En ellas, seguiréis el periplo de un grupo de supervivientes que iniciarán su historia en el pueblo Valenciano de Puzol, pasando por Valencia capital, Barcelona y Madrid. Un periplo que les llevará hasta los Estados Unidos. Esta historia es probablemente la historia de Zombies más larga de la red, ya que cada una de sus partes, cuenta con 200 capítulos en su totalidad. Si te gusta, sígueme en el blog y mis redes sociales, contacta conmigo por Email y suscribete via Email en la pestaña Email address para estar informado de las publicaciones. Esta historia también puede leerse en Wattpad.

jueves, 15 de noviembre de 2018

ZOMBIES Volumen 2 Integro

Da inicio el volumen numero 2. La forma de publicación va a ser de la siguiente forma. Los capítulos no tendrán una fecha concreta de publicación, se publicarán según los termine. Eso significará que habrá semanas que haya un capitulo o dos, incluso, puede que por falta de tiempo, en una semana no haya ninguno (Aunque no será lo habitual).

ZOMBIES: Capitulo 038 Con una sola idea en mente


Capítulo 038
Con una sola idea en mente

Amelia Marquina despertó. Lo hizo tumbada en una cama que a simple vista parecía de hospital. Tenía puesta una mascarilla de oxígeno y de fondo se escuchaban unos pitidos.
Miró a su alrededor y vio que indudablemente se trataba de una habitación de hospital, no había duda de ello, podía incluso ver otro edificio a través de la ventana. Fue en ese momento cuando se planteó la idea de que quizás, todo aquello de los muertos vivientes había sido un sueño.
Intentó levantarse de la cama, pero no pudo, le fallaban las fuerzas. Fue en ese momento cuando la puerta de aquella habitación se abrió y una mujer pasó hacia el interior para verla. Era una mujer gruesa de pelo canoso que rondaría los sesenta años, a través de sus gafas, podían verse los ojos de color marrón. La mujer se acercó a ella y comprobó sus pupilas con una pequeña linterna y sonrió mostrando una dentadura perfecta.
—Has despertado… Creímos que tardarías más. Pero que estés despierta ya, es buena señal. Significa que tu vida no corre peligro— dijo aquella mujer con voz suave.
—¿Qué me ha sucedido? — preguntó Amelia —Tengo recuerdos, pero creo que fue un sueño.
La enfermera salió de la habitación y entró de nuevo con una bandeja llena de comida. Se la dejó en la mesita y se sentó en una silla.
—¿Quieres contarme el sueño?
—Fue una locura… Los muertos andaban y habían pasado varios meses…
La enfermera expresó una mueca y miró a Amelia —Eso no fue un sueño… Lamento decirte que era muy real.
En ese momento, Amelia se quitó la manta de encima y comprobó con horror que una de sus piernas había desaparecido. Eso la hizo entrar en un estado de agitación. Nada había sido un sueño, todo había pasado de verdad, todo.
La enfermera trató de sujetarla para que no se hiciese daño, pero Amelia la apartó de un empujón. Entonces, varios hombres entraron en la habitación para contenerla, cuando la inmovilizaron, la enfermera le puso una inyección y Amelia perdió el conocimiento.
*****
Amelia despertó de nuevo, pero en esta ocasión, a través de la ventana solo se veía oscuridad. Era de noche.
Intentó incorporarse, pero vio que estaba amarrada a la cama, no podía moverse. Miró un poco por encima de sí misma, dirigiendo su mirada a la pierna desaparecida y vio que realmente no estaba.
—Siento haberte sedado— la voz de la enfermera surgió de entre la oscuridad. Amelia miró en la dirección que la había escuchado y la encontró sentada en un sillón.
—¿Qué me habéis hecho? Me habéis cortado la pierna.
—Te hemos salvado la vida— corrigió la enfermera —Tenías una herida infectada en la pierna. Habrías muerto si no hubiésemos amputado la zona afectada. Te acostumbrarás con el tiempo.
—¿Dónde estoy? ¿Qué es este lugar? ¿Y mis amigos?
—Puedo responderte a dos de esas preguntas. Te encuentras en el hospital clínico de Valencia. En la última planta… Sobre lo de donde están tus amigos… De eso no se nada. Yo solo soy una más a la que le han encargado cuidar de ti. Me llamo Concha.
—Amelia…— se presentó ella —¿Qué más puede decirme?
—No mucho. Solo que te trajeron muy herida e inconsciente.
Amelia no sabía que decir. Lo último que recordaba era estar tumbada en la cama de una casa junto a Sandra y su perro, después, el animal comenzó a ladrar… Y después de eso, todo era muy confuso.
En ese momento llamaron a la puerta y cuando esta se abrió, vio pasar a un par de hombres trajeados, a los que pronto, se unió un tercer hombre, pero este era de corta estatura. Este se paseó delante de la cama mirándola y sonriendo.
—Buenas noches… Mi nombre en Jonah Snyder. Es un honor para mí conocerte y comprobar con mis propios ojos que has salido a delante. Te felicito— se presentó el pequeño hombre. Este caminó entonces hacia Concha —Quiero que la prepares bien. Mañana por la noche es la fiesta y quiero que esté presente.
Concha asintió con la cabeza y el hombre de baja estatura sonrió de nuevo —Nos vemos mañana.
Pronto, aquel tipo salió por la puerta y Amelia miró a Concha —¿Prepararme para qué? ¿De qué fiesta habla?
—Lo siento cielo… Esto no tiene nada que ver conmigo— comenzó a decir Concha —Yo solo quiero sobrevivir… Y hago lo que me dicen…— Amelia se dio cuenta de que sucedía algo.
—¿Qué va a pasar conmigo? — preguntó Amelia.
—Mañana por la noche… Te subastarán…
La respuesta de Concha fue como un puñetazo. Amelia no sabía que estaba pasando ni en que locura se encontraba metida.

Día 14 de enero de 2018…
Espai Verd… 08:00 horas de la mañana…

Otra vez lo estaba viendo. Por enésima vez, Luci miraba el video que la madre de acogida de su hija, había dejado como una especie de carta de despedida o justificación para asesinar a aquellos niños de los que cuidaba. Luci no había hecho otra cosa que mirar el video y otra vez. Primero habían enterrado los cuerpos y luego habían cargado la cámara.
En el video se escuchaban disparos de fondo mientras la mujer hablaba.
“Probablemente no os parezca bien lo que he hecho y lo entiendo, pero haciendo esto, protejo a mis hijos de un terrible destino. Esa gente los esclavizaría o haría auténticas barbaridades con ellos. Quiero que quede claro que los amo con toda mi alma”
Luci, apoyada en la pared y sentada en el suelo, rebobinó la cinta y volvió a verla. Cuando terminó, volvió a verla. Era un bucle que se llevaba repitiendo desde que habían encontrado la cámara.
—¿Qué tal estás? — preguntó Juan acercándose a ella con un plato en las manos, sobre el cual, se veía un vaso junto a una naranja cortada en rodajas —Te he preparado el desayuno.
—Se sintió acorralada y tomó una drástica decisión— respondió Luci mientras rebobinaba la cinta y la empezaba a ver otra vez —Aunque me gustaría culparla y odiarla… No puedo.
—Haríamos seguramente lo mismo en su lugar— respondió Juan. Miró el video y volvió a hablar —Recuerdo perfectamente ese día. Los hombres de Snyder nos masacraban y Snyder lo observaba todo desde la seguridad y la distancia, con una sonrisa de oreja a oreja. Estaba disfrutando del momento.
—Ese Snyder… Es el responsable de todo esto. Si él no hubiese atacado este lugar… Mi hija seguiría viva— respondió Luci —Él es quien debe morir… Yo tengo que matarle.
Juan suspiró —Definitivamente has tomado la decisión. Tu plan es el que ya tenías… Llegar hasta él y cargártelo.
Luci sacó su espada, sacó un poco la hoja de su vaina y vio sus ojos reflejados en ella.      —Así es… Esa rata pagará por ello.
—Si vas a la ciudad de las artes y las ciencias… No podré acompañarte… Me conocen. Me dispararían enseguida— respondió Juan.
—No necesito a nadie para hacer esto. Puedo hacerlo perfectamente sola— Luci volvió a envainar la espada.

Valencia…
10:25 horas de la mañana…

Mishuro observaba la entrada a la ciudad de las artes y las ciencias. Lo hacía desde una de las ventanas del inmueble que habían tomado como refugio y base de operaciones.
La actividad allí había aumentado, no solo por la cantidad de caminantes que obviamente se veían atraídos por el ruido y la presencia humana, sino también por la constante llegada de personas. Así lo llevaban viendo desde que habían ocupado aquella casa hacía pocos días.
El joven japonés se apartó de la ventana y se dirigió a la mesa donde se encontraba Jordi observando un mapa de la zona.
—Si lo que ese capullo nos ha contado es cierto, podremos entrar sin problemas. Lo complicado será una vez dentro— dijo Jordi refiriéndose a Damián.
—Podemos volver a entrar y preguntarle amablemente— sugirió Mishuro.
Jordi y Mishuro se miraron y a continuación se apartaron de la ventana y fueron hacia una de las habitaciones. Allí estaba Damián, prácticamente desnudo y atado a una silla.
El rehén se encontraba con la cabeza agachada y sobre su pecho. Jordi cogió un cubo de agua y se la tiró por encima, fue cuando Damián despertó sobresaltado.
—¡¡¡Está muy fría cabrones!!!
—Esa era la intención. Estabas dormido y necesitábamos charlar contigo— respondió Jordi.
—Os he dicho todo lo que se— respondió Damián —A cambio me habéis mutilado y golpeado.
—Y parece que te ha gustado, porque estás pidiendo a gritos otro repaso— respondió Jordi caminando hacia su prisionero —Aun te quedan partes del cuerpo que están intactas… Demasiadas— Jordi le puso el cuchillo junto a una oreja —Bueno. Quizás te convenzamos con una oreja menos.
—Vale… Vale…— dijo Damián —Preguntad y yo responderé. Esa gente ya no es nadie para mí. No tengo por qué protegerlos y mentir. Cualquier cosa que diga de ellos es cierta.
—Podría ser como dices, pero realmente nadie nos lo asegura— respondió Mishuro —Cuéntalo todo de pe a pa.
Damián respiró hondo y comenzó a hablar —A todos aquellos que capturamos con vida. Los vendemos a otros a cambio de armas o comida. Es como una especie de trueque. Vienen personas de distintos puntos para ello, a veces, y en el caso especialmente de mujeres, algunos ricachones pagan por ellas.
—¿Y qué es lo que hacen con ellas? — preguntó Jordi. Aunque más o menos, ya sabía la respuesta.
—Eso no lo sé. No conozco las perversiones de esos tipos. Pueden usarlas como esclavas sexuales o como esclavas a secas. Esos tipos no tienen miramientos… Igual les da si compran hombres o mujeres.
—Básicamente es tráfico de personas— dijo Mishuro con un suspiró. Aunque no era la primera vez que Damián les contaba eso, el todavía no daba crédito. Oficialmente habían vuelto al medievo.
—Están llegando vehículos y personas, tanto por tierra como por aire— reveló en ese momento Jordi —¿Por qué?
—Una vez al mes, durante varios días, se organiza una especie de fiesta. Donde acuden varios de los contactos de “El bebé”. Estamos en esas fechas. También acuden viajeros cualesquiera o supervivientes que hay dispersados por la ciudad— respondió Damián.
—En otras palabras… Que es posible que aún no hayan hecho nada con ellas— dijo Mishuro. Después miró a Jordi —No nos queda mucho tiempo.
—Una cosa más— comenzó a decir Jordi —¿Hay alguna seguridad en las puertas?
—Únicamente os quitarán las entradas en la puerta. Lo hacen para evitar problemas— respondió Damián.
—Parece bastante sincero— respondió Jordi.
Ambos captores salieron de la habitación y cerraron la puerta. Se asomaron nuevamente por la ventana y vieron que seguían llegando vehículos. Se miraron el uno al otro y se pusieron en marcha. En pocos minutos, estarían dentro, donde tendrían que arreglárselas para salvar a sus compañeras y salir con vida de allí.
******
Sandra se despertó nuevamente cuando abrieron la puerta de donde estaba encerrada junto a varias personas. La luz que penetró a través de la entrada la cegó por unos segundos, pero cuando su vista volvió a ser la que era, vio como unos tipos mataban a los caminantes que al igual que ella, estaban encadenados. Cuando acabaron con ellos, comenzaron a observar a los que vivían.
—Todos tienen muy buen aspecto. Sácalos a todos— dijo un tipo grande y calvo de voz grave.
El otro tipo, un hombre delgado y con gorra, dijo algo en un walkie talkie y minutos después, un grupo se adentró en aquella celda. Donde comenzaron a quitar los grilletes.
Dos tipos se acercaron a Sandra y le quitaron las cadenas, la pusieron de pie y junto a otros, la hicieron desfilar hacia la puerta.
Sandra y otros presos, comenzaron a caminar por un pasillo y llegaron al exterior. Allí fueron alumbrados por el sol y nuevamente, Sandra se vio cegada. Cuando su vista se recuperó, miró a su alrededor y vio unas estructuras que le resultaban familiares. Se encontraban nada más y nada menos que en el parque oceanográfico.
Los obligaron a seguir caminando, pasaron junto a uno de los fosos, donde todavía se podía ver el cartel que indicaba que allí habían albergado a las morsas, pero en esos momentos, lo que había en el foso, eran muertos vivientes.
—¡¡¡Alto ahí!!!
La voz de un hombre hizo que se detuvieran. Sandra miró hacia el origen de la voz y vio a un tipo gordo y con bigote. Este llevaba un delantal cubierto de sangre y grasa.
—¿A dónde lleváis a estos?
—Primero a darles un manguerazo para que estén presentables y luego al escenario— respondió uno de los que los custodiaba.
—Vale. Limpiadlos y luego traedme a dos. Quiero dos tíos— dijo aquel tipo caminando hacia el grupo. Concretamente se centró en dos chicos bastante jóvenes —Quiero a estos dos.
Aquel tipo con aspecto de carnicero se dio la vuelta, caminó hacia una especie de caravana y de un bidón, sacó una barra de hierro con una punta candente. Regresó junto al grupo y allí marcó a los dos chicos.
—No son gratis— dijo uno de los captores.
—Os pagaré cuando me los traigáis— respondió aquel tipo.
Después de aquello, el grupo de presos fueron obligados a seguir caminando. Los estaban llevando hacia lo que formaba el gran complejo de las ciencias, formado por el museo de las ciencias Príncipe Felipe, L´hemisferic, L´umbracle y el Palacio de las Artes Reina Sofía.
Ella seguía sin saber que sucedía, pero tenía claro que era una maldita locura, una auténtica pesadilla. Como si no tuvieran bastante con que los muertos anduvieran por el mundo devorando a los vivos.

Ciudad de las Artes y las ciencias…
Entrada… 12:00 horas del mediodía…

Luci se plantó ante la entrada, fuertemente vigilado por dos tipos armados. Delante y detrás de ella, había gente con intención de ingresar en el interior. Al otro lado de la calla que tenía al lado, algunas personas ingresaban mediante vehículos. Juan ya le había advertido sobre ello. No podría entrar con armas, estas se las quitarían al entrar y solo podría recuperarlas cuando volviera a salir. A ella eso no le preocupaba, ya que tenía una sola idea en mente y la llevaría a cabo con las manos desnudas si era necesario. Por eso, había dejado su katana a buen recaudo con Juan.
Llegó por fin a la entrada y la cachearon, los guardas al ver que no llevaba armas, se miraron el uno al otro sorprendidos y la dejaron pasar al interior. Por fin estaba dentro y tenía la venganza al alcance de su mano.
******
Jordi y Mishuro llegaron a la cola de gente que quería entrar a la zona. Miraban a su alrededor y vieron todo tipo de personas. Llegaron incluso a percatarse que todo aquello estaba hecho de tal forma, que los visitantes estaban separados en clases.
—Esto parece la entrada al Titánic…— murmuró Jordi acariciando la culata de su pistola mientras avanzaban. Sentía que en cualquier momento iba a necesitarla.
Llegaron a la entrada y fueron cacheados, entregaron sus armas en la entrada y a cambió les entregaron unas llaves, las cuales, abrían las taquillas donde sus armas habían sido guardadas.
—Lo tienen muy bien pensado— dijo Mishuro mientras pasaban al interior y se mezclaban entre la muchedumbre que iba y venía por una especie de mercado donde se comercializaba de todo. Pasaron junto a una parada donde había varias botellas de alcohol expuestas. Un poco más adelante, había una carpa donde exponían obras de arte, tanto esculturas como cuadros.
—A esto hemos llegado— murmuró Jordi cuando llegaron a un corrillo y vieron a unos hombres apostando en peleas de perros. En el centro, dos Pitbull estaban enzarzados en una sangrienta pelea.
Ambos siguieron adelante, observando cada rincón en busca de sus compañeras desaparecidas. Debían estar en algún lugar, y esperaban que estuvieran vivas.
*****
Luci tenía muy claro lo que quería hacer, quería encontrar a ese tal Snyder y se estaba dando cuenta de que no sería en esa zona donde lo encontraría. Dando vueltas por aquel mercado prácticamente medieval, vio que allí eran donde se encontraban aquellos considerados de clase baja, al otro lado de las vallas y alejados, vio a gente, que, a diferencia de ella, iban completamente emperifollados con ropas lujosas.
—¡¡¡Prueben suerte y consigan un arco de poleas!!!
Luci escuchó el grito de un hombre y enseguida dirigió su mirada hacia el lugar de donde provenían los gritos. Fue cuando vio a un hombre sobre un cajón de madera y rodeado de personas. En las manos sostenía el arco de poleas que anunciaba.
Luci se acercó a ese lugar y vio más de aquello. El hombre proponía un concurso de tiro con arco, detrás de él, había varios caminantes atados a postes.
—¿Quién quiere probar suerte? Gana quien mate a los caminantes.
Luci se acercó y miró a los caminantes, luego al charlatán —¿Hay que matarlos a todos?
El charlatán la miró y sonrió —Si… Pero no creo que una mujer como tu esté capacitada para esto. No quisiera que te rompieras una uña.
Luci tomó el arco y las flechas, después, con gran certeza en los disparos, abatió a todos los caminantes atravesándoles la cabeza ante la mirada atónita de los presentes. Luci los miró a todos y sonrió.
—Tenemos una ganadora y con una puntería increíble— anunció el charlatán —Le hago entrega de este arco de poleas y las flechas.
Luci tomó el arma y la metió dentro del saco que le dieron, después se lo colgó del hombro y siguió su camino mientras todos los que tenía alrededor la miraban con asombro.
******
Jordi y Mishuro llegaron a una zona donde había más carpas. Vieron una que les llamó especialmente la atención. Allí vendían carne y pescado de varios tipos, la carne que más les llamó la atención, fue una que estaba etiquetada como humana.
—El mundo ha cambiado— le dijo Mishuro a Jordi —Las cosas que hemos visto hasta ahora, no son nada comparado con lo que está por venir.
—Yo lo único que quiero es encontrar a Sandra y Amelia. Después, salir de aquí como alma que lleva el diablo— respondió Jordi.

Ciudad de las artes y las ciencias…
17:00 horas…

Las horas pasaban lentamente allí dentro, todo era ir de un lado a otro sin resultados. Estaba a punto de anochecer cuando comenzó a anunciarse algo por megafonía.
—La subasta de personas empezará en una hora, por favor, todos los interesados acudan al palacio de las Artes Reina Sofía…
Jordi y Mishuro se miraron cuando escucharon eso. Si Sandra y Amelia seguían allí, estarían en esa subasta.
*****
Luci escuchó lo de la subasta mientras se comía una manzana. Seguramente, como gran jefe del lugar, Jonah Snyder, estaría allí… Y ella, ya tenía una flecha con su nombre.

domingo, 11 de noviembre de 2018

ZOMBIES: Capitulo 037 Divide y vencerás


Capítulo 037
Divide y vencerás

Día 13 de enero de 2018…
Instituto de Puzol…
12:55 horas del mediodía…

Caminé a paso lento pero decidido hacia la entrada principal del complejo estudiantil, por la que en tiempos que ya parecían remotos, entraban los profesores y muy pocos alumnos.
Con cada paso, el corazón me latía con fuerza mientras repasaba una y otra vez mi plan, esperando no haber metido la pata y no haberlo contado a quien nos vendió y que provocó muchas muertes. Una persona que al no saber de quien se trataba, podría estar en cualquier parte. Y que como anteriormente, se había enterado de nuestro plan y había informado.
Estaba a pocos pasos de la puerta ya, fue cuando a mi encuentro, salieron dos hombres que no eran desconocidos para mí. Los recordaba de aquella noche antes de que comenzaran a cazarnos.
—Quieto ahí— me espetó uno de ellos.
Rápidamente hice lo que ordenó y me quedé firme y quieto como si fuera una estatua y levanté las manos. Mostrando que no llevaba nada en ellas. Vi como entonces, los guardas dirigían su mirada hacia mi cinturón, del que colgaban una pistola, un machete de unos veinte centímetros y un walkie talkie. Todo sacado del hospital y gracias a la generosidad del doctor Sánchez.
—Deja todas las armas en el suelo. Deja todo lo que lleves.
Sin apartar mi vista de ellos, comencé a desabrocharme el cinturón que llevaba y al que estaba sujeto todo mi equipo. Lo dejé en el suelo y volví a mirarlos.
—Teodoro me quería ver… Y vosotros ya sabéis quien soy…— les dije —Así que llamadle y decidle que venga a la puerta. Quiero hablar con él.
Los guardas se miraron entre si y uno de ellos se largó mientras otro ocupaba su lugar apuntándome con su arma. Unos minutos después, Teodoro se presentó en la puerta acompañado por Lidia. Al verla le hablé.
—No te preocupes. Todo saldrá bien.
—Al verte aquí y solo… Deduzco que los hombres que se quedaron atrás para capturarte, están muertos— dijo Teodoro mirándome con una sonrisa forzada.
—Deduces bien— respondí —Supongo que en estos momentos deben andar por ahí.
Teodoro me miró nuevamente. Parecía que iba a dispararme en cualquier momento… Y esperaba que no lo hiciera. Confiaba en que no me hiciese nada hasta que estuviera dentro. De ganar tiempo dependía el plan que había elaborado.
—Quítate la ropa y quédate en calzoncillos. Luego, entrarás aquí— ordenó Teodoro.
Las palabras de Teodoro y la orden con la que ya contaba, me dieron la pista de que, por el momento, mi plan marchaba según lo previsto.

Hospital de Puzol…
Hace unas horas…
08:20 horas de la mañana…

Alejandro Sánchez nos recibió cuando llegamos al hospital. Rápidamente llevamos a los heridos a una sala, donde iban a descansar. Estos eran, por supuesto J.D, que era quien más grave estaba. Nora, con una herida de arma blanca en el vientre y Raúl, con una pierna rota. Los demás, solo teníamos heridas leves.
Subí a la azotea del hospital y miré en dirección al instituto, las columnas de humo ya casi habían desaparecido, pero el hecho de que antes las hubiera, ya no era buena señal. Era evidente que los cazadores habían atacado. No quería ni pensar en la cantidad de víctimas que habría, tanto por mi culpa como por culpa de quien nos había traicionado. Podría ser cualquiera. Y este podría estar con nosotros, con Molano o en el instituto. Realmente no estaba seguro de nada.
David y Andrea subieron a la azotea para reunirse conmigo. Al igual que yo, también habían sido testigos de las columnas de humo.
—¿Crees que seguirán vivos? — preguntó David.
—Espero que sí. Aun así, no podemos quedarnos de brazos cruzados. Tenemos que hacer algo— respondí dándome la vuelta para mirar a mi compañero y a Andrea —Teodoro nos quiere a Moussa a Héctor y a mí. Los principales implicados en la muerte de su hijo. Puede que estén esperándonos y tengan a los demás encerrados. A ese cabrón le encanta jugar y puede que como con nosotros, quiera cazar a los demás.
—¿En serio crees eso? — preguntó Andrea
—Es una hipótesis— respondí —Sea como sea hay que ir y atacarles. Tenemos que sacarlos del instituto y salvar a los que podamos. Necesitamos un plan… De hecho, llevo rato pensando en él.
—Pero nos superan en número ¿Verdad? Ya nos superaron en la carretera— argumentó Andrea.
—Vayamos abajo y os explicaré el plan.
Bajamos a una de las salas y reunimos al resto a excepción de Nora, J.D y Raúl. Sánchez también se encontraba con nosotros. Ya lo habíamos puesto al corriente de los últimos acontecimientos.
—Bien. Ya sabéis de lo que vamos a hablar, así que iré directo al grano. Prestad atención.

Instituto de Puzol…
13:10 horas del mediodía…

Totalmente desnudo y tiritando de frio, pasé al interior del instituto ante la mirada de Teodoro, Lidia y el resto de cazadores que se habían concentrado allí, atraídos por la curiosidad de ver como el más buscado por Teodoro, se había presentado allí por su propio pie y desarmado. Una vez dentro, me fijé en varias cosas, lo primero era que, salvo cadáveres de ambos grupos y cazadores vivos, no había nadie más a la vista. Ni siquiera los rehenes que seguro que seguían con vida. Lo otro que me fijé, fue que estaban reconstruyendo la zona que habían hecho saltar por los aires.
—Te juro que me fascinas. Tu solo, has venido hasta la puerta de mi nueva casa y te has entregado… Así, por las buenas… No sé si eres muy valiente o muy estúpido— dijo Teodoro mirándome y caminando a mi alrededor. Cuando se paró frente a mí, sacó la pistola que llevaba y me la puso en la frente. —¿Por qué no te mato ahora mismo?
—Supongo que te va el espectáculo— respondí.
Teodoro sonrió y bajó la pistola. Acto seguido me asestó un puñetazo en el estómago. Fue tan fuerte que me doblé sobre mí mismo y luego me pegó un rodillazo en la cara. Segundos después, estaba tirado en el suelo, recuperándome del dolor. Lidia intentó socorrerme, pero no se lo permitieron.
—Tienes razón. Matarte ahora y rápido no sería divertido. Acabaría arrepintiéndome. Prefiero tomarme mi tiempo para hacerte pagar por la muerte de Chris. Lo lógico es que te deje vivir durante algunas semanas mientras te torturo, siempre con cuidado para no matarte demasiado pronto. Me lo iré pensando, tienes mi palabra.
Poco a poco me puse en pie y miré a Teodoro. Me dolía la mandíbula y notaba el sabor de la sangre en mi boca. Seguramente me había partido el labio. Dejé entonces de mirarlo a él y dirigí mi mirada hacia Lidia.
—¿Estás bien?
—Si…— respondió ella.
—Y tanto que está bien— intervino Teodoro —Y más que lo estará. Aquí, la doctora, en un alarde de heroísmo, se ha unido a nosotros para evitar la muerte de más personas. De hecho, ha evitado que murieran más personas por tu culpa.
—¿Quiénes? — pregunté
—Gloria…— respondió en ese momento Lidia. Esa respuesta me destrozó el corazón. Me dolió tanto que apenas escuché el resto de nombres que mencionó.
—Bueno, bueno, bueno…— interrumpió Teodoro —Ya os pondréis al día en otro momento. Hay cosas más importantes de las que hablar. Para empezar ¿Por qué has venido tu solo? ¿Dónde están Héctor y Moussa? A ellos también me los quiero cargar.
—Ellos han muerto… Murieron en la emboscada— respondí. Aunque por la mueca de Teodoro, supe que no me creyó, y así me lo hizo saber.
—¿Piensas que me voy a creer eso? Seguro que están esperando el momento de atacarnos. No soy un estúpido al que puedas tomarle el pelo. Ni de coña ibas a venir tu solo aquí.
—No… Te juro que no están aquí… Me querías a mí, y aquí me tienes…— le dije —Ellos no importan…
Teodoro sonrió. Entonces miró a un hombre de pelo rapado —Rafa… Reúne a tus hombres y salid ahí fuera en diferentes grupos. Dad caza a esos idiotas. Este no ha venido solo.
El rapado se largó de allí y vi como empezaba a reunir a gente en distintos grupos. Apenas unos minutos después, varios grupos pequeños de cazadores, salían por la puerta para buscar a los demás. El número de enemigos dentro del instituto había disminuido.

Hospital de Puzol…
10:15 horas de la mañana…

El plan ya estaba explicado y claro. Solo había que prepararse y llevarlo a cabo. Por mi parte, lo primero que tenía que hacer, era hablar con Nora. Me dirigí a la sala donde estaban los heridos y me senté al lado de su cama.
—Tienes buen aspecto.
—Estoy horrible— respondió ella con una tímida sonrisa y bajando la mirada, segundos después me miró —Debí haberme quedado en el instituto.
—Bueno… Visto lo visto no sé qué habría sido mejor— respondí mientras pensaba en lo que podría haber sucedido con los que se habían quedado. A esas horas podrían estar todos muertos.
En ese momento, Nora dijo algo que me hizo mirarla —¿Has venido a despedirte? Lo veo en tu cara. Esto no es solo una visita. Has venido a decirme adiós.
Tenía razón. En pocas horas estaría delante del instituto y nadie sabía lo que podía suceder. Quizás no podría dar más de dos pasos sin que me cosieran a tiros. Esa posibilidad la tenía muy presente y si sucedía, no quería irme dejando cosas en el aire.
—Eres una mujer muy inteligente. No eres ninguna niña… Y si, esto es una despedida. Ya que no sé qué pasará y si lo que he ideado funcionará. Si muero, no quiero irme sin despedirme de ti— en ese momento, me quité el reloj que su abuelo me regaló y se lo di. 
—Pase lo que pase, quiero que lo tengas tú de momento y que me lo devuelvas si volvemos a vernos. Es un trato justo— puse mis manos sobre las suyas. —Y si no volviéramos a vernos. Quiero que me prometas que no te acercarás a esas personas, ni que pienses en vengar mi muerte ni la de nadie. Simplemente cuídate y vive.
Nora y yo nos abrazamos y salí de la sala. Una vez en el pasillo, me topé con David. Este llevaba un fusil. Lo había conseguido gracias a Sánchez. El doctor había salido varias veces y había recopilado varias armas, además de unas cuantas que habíamos dejado allí varios meses antes, como un seguro.
—¿Entonces ya tienes claro lo que hay que hacer? — pregunté.
—Si— respondió el. Justo en ese momento, Andrea se presentó también en el pasillo.
—Yo me voy con él— dijo ella mientras me pasaba un walkie talkie —Estaremos en este canal— dijo señalándome el número nueve.
Me despedí de ambos y se marcharon. Unos minutos después, observé como una de las ambulancias del aparcamiento, abandonaba el lugar.
Me apoyé en la pared y suspiré. Las próximas horas serían decisivas.

Instituto de Puzol…
13:30 horas del mediodía…

Fui empujado hacia una de las aulas vacías y me tiraron un mono de trabajo a los pies. El tipo que me custodiaba me ordenó que me lo pusiera. Cuando me lo puse, sonrió y cerró la puerta. No pasó mucho tiempo hasta que Teodoro se presentó allí. Sonreía mucho.
—Lo cierto es que te admiro… Le has echado unos huevos tremendos. Toma asiento y hablemos.
Ambos nos sentamos frente a frente y Teodoro continuó hablando —¿A qué te dedicabas antes de esto? Me refiero a tu profesión.
No pude evitar sonreír. Sin embargo, respondí rápidamente —Era policía. Concretamente inspector. En ocasiones me ocupé de negociar con atracadores. Hacía cosas muy similares a la que acabas de ver. Aunque ellos no me hacían quedarme en calzoncillos.
—Mi hijo y yo…— comenzó a decir Teodoro —Teníamos una empresa en el sector de la metalurgia. El habría heredado en pocos años y la habría dirigido, pero sucedió todo esto. Pasamos de vivir en la abundancia a vivir en la miseria. El dinero ya no servía, mi mujer había muerto y lo único que nos quedaba, era la caza, una de nuestras grandes pasiones— En esos momentos, noté que Teodoro se estaba abriendo y sincerando, me resultó extraño que fuese precisamente conmigo, la persona que mató a su hijo y a la que él, quería ejecutar —Nos unimos con conocidos del club y abandonamos las comodidades de nuestras casas. Nuestra urbanización estaba completamente invadida.
—Yo también vivía en una urbanización. Con mi mujer y mi hija— respondí —Mi hija murió hace más de un año… Y mi mujer hace unos meses, a los pocos días de empezar esto— hice un gesto con la cabeza en dirección a las tumbas que había fuera —Está enterrada aquí.
—¿Cómo murieron?
—Mi hija murió cuando un tipo la atropelló, después se dio a la fuga… Lo más irónico de todo, es que conocí a un tipo poco después. Ese hombre, el cual se llamaba Bernardo, resultó ser el tipo que atropelló a mi hija y se dio a la fuga.
—¿Y qué hiciste con él? ¿Lo mataste?
—No directamente…  Simplemente dejé que los muertos lo devoraran— hice una pausa, miré a la pared y luego nuevamente a Teodoro —En cuanto a mi mujer… Ella murió al salvarme. La mordieron… Y la culpa de que la mordieran, la tuvo Bernardo también.
—Entonces… Sabes cómo me siento. Tu mataste a mi hijo… A lo único que me quedaba. Ahora, yo te mataré a ti. Tengo que hacerlo— respondió Teodoro —Me he presentado aquí para hablar contigo porque quería conocerte más. Saber quién eras.
—Querías tantearme.
Teodoro asintió —Así es. Creo que bajo otras circunstancias podríamos habernos llevado bien. Incluso ser amigos— me miró directamente a los ojos —En realidad me caes bien. La huida que protagonizaste, fue espectacular. Eso habla mucho de ti y de tu valía. Aun así, te anuncio que aun así te ejecutaré. Ya no te voy a torturar, pero sí que morirás. Serás ejecutado esta noche a las diez en punto. Disfruta de tus ultimas horas.
Teodoro se dio media vuelta y salió del aula cerrando la puerta. Así que, ahí estaba yo. Solo en un aula, esperando la hora de mi ejecución… Y repasando el plan. Yo ya contaba con eso.
******
Lidia se encontraba en la enfermería. Estaba curándole la herida de bala a Bosco. La doctora había logrado que lo llevasen allí acompañado de Anna.
—Has tenido suerte. La bala te ha atravesado el brazo— dijo terminando de ponerle la venda.
—Yo no lo llamaría suerte precisamente— respondió Bosco mientras apretaba los dientes.
—No te han matado por que no han querido. Eso es tener suerte— confirmó Lidia.
Bosco se levantó del taburete y abrazó a su novia. Después, miró a Lidia —Me ha parecido escuchar que Juanma está aquí ¿Dónde lo han llevado?
—No lo sé, pero sé que vive. Aunque no se por cuánto tiempo— respondió Lidia.
En ese momento, la puerta de la enfermería se abrió y Teodoro asomó la cabeza —Doctora. Quiero hablar contigo. Es importante.
Lidia asintió y Teodoro con un gesto, ordenó que llevaran a Bosco y a Anna de nuevo al gimnasio. Lidia se acercó al líder de los cazadores.
—¿Qué ocurre?
—Quiero que me lleves a ver las tumbas— dijo Teodoro.
Ya en las tumbas, Teodoro comenzó a hacer preguntas. Todas eran sobre quienes eran y como habían muerto. Lidia se lo dijo, hasta que la pregunta fue sobre que tumba era la de la mujer de Juanma.
—Esta de aquí— dijo Lidia señalando la cruz, sobre la que había una foto familiar donde también aparecía Juanma.
—¿La conociste? — preguntó Teodoro. Lidia negó con la cabeza. —Quiero que caben otra tumba junto a ella. Será donde enterraremos a Juanma. Lo ejecutaré esta noche.
Aquello sorprendió a Lidia, iba a decir algo, pero entonces, hasta ellos, llegó un ruido similar a disparos, pero estos, venían del exterior. Rápidamente, Teodoro cogió un walkie talkie para comunicarse con los grupos que había mandado fuera.
—Rafa… ¿Qué coño ocurre ahí fuera?
La respuesta tardó unos segundos en llegar, y fue una mujer quien respondió —Soy Inma… Rafa está muerto… Nos han…
—Inma… Hay interferencias… Repite…
Justo en ese momento hubo una explosión en el interior del complejo estudiantil, venía de algún punto del instituto. Segundos después, comenzó un tiroteo.

Exterior del instituto…

David, Andrea y el resto, habían emboscado a los distintos grupos que habían salido y los habían llevado hasta un callejón sin salida. Allí había comenzado el ataque. No tardaron mucho en lograr su cometido. A los que no mataron, los desarmaron y apresaron.
—Lo conseguimos— dijo Andrea mirando a David. Fue en ese momento escucharon la explosión que venia del instituto. Los militares habían entrado.
Hace unas horas…

David y Andrea se habían adelantado al resto, querían comprobar la situación. Nada más llegar, se toparon con Molano y el resto de militares. Lo primero que notó David, fue la ausencia de Roberto.
— ¿Dónde está Roberto?
—Nos atacaron y no lo consiguió— respondió Molano —A cambio hemos conseguido muchas armas. Les vamos a dar bien por culo.
—Escuchad. Juanma tiene un plan. De que salga bien depende nuestra victoria. Ellos nos superan en número y no conseguiremos nada si atacamos a lo loco. Escuchadme con atención, este es el plan de Juanma.
El plan fue explicado por David y enseguida Molano sonrió. Iba a decir algo, pero entonces, el resto del grupo llegó con Leandro a la cabeza.
—Juanma ya está en su posición. Es hora de ocupar las nuestras— dijo el brasileño —Es hora de dar el golpe de gracia.

Instituto de Puzol…
14:00 horas…

El ataque llegó de repente. De entre el humo provocado por una explosión comenzó a surgir gente armada. Disparando y abatiendo a sus compañeros. Teodoro corrió tirando de Lidia hacia el interior del edificio, huyendo de los disparos. Una vez dentro, miró a la doctora. Ella sonreía.
—Se acabó.
Lidia comenzó a correr en dirección contraria a la que quería ir Teodoro. Cruzándose con los militares, estos abrieron fuego contra Teodoro y este logró evitarlo.
Teodoro comenzó a subir escalones, solo quería ir a un lugar, solo le quedaba una cosa por hacer. llegó entonces al aula donde se encontraba Juanma. Abrió la puerta y se encontró cara a cara con él.
Este se levantó y lo miró. Solo dijo una única frase —Divide y vencerás.

Hace unas horas…
Hospital de Puzol…
09:20 horas de la mañana…

—Ellos son más que nosotros y no conseguiremos nada si atacamos directamente. Solo conseguiríamos que mataran a los que puedan quedar vivos y a nosotros mismos. Tenemos que ir con un plan— comencé a decir.
— ¿Y entonces que hacemos? — preguntó Toni.
—Divide y vencerás— respondí.
Algunos se miraron entre si y Héctor preguntó — ¿Y eso que significa?
—Crear una forma de dividir un grupo numeroso, se usa en política sobretodo. Si fragmentamos una unidad, esta se vuelve más débil— explicó David.
Comencé a dibujar una especie de plano del mapa —Yo iré y me plantaré delante del instituto, diré que quiero ver a Teodoro… Y el saldrá a buscarme. Si no me mata en el acto, y estoy seguro de que no lo hará. Me hará pasar al interior y me hará preguntas, una de ellas, seguramente sea por el paradero de Héctor y Moussa. Yo le diré que no estáis, pero él no me creerá. Mandará a grupos a buscar por el exterior, su obsesión en matarnos a los tres lo llevará a cometer ese error.
—Pero si estaremos… Y no estaremos solos— respondió Moussa.
—Exacto— respondí —David, Andrea, Toni, Moussa, Héctor, Félix y Leandro los emboscareis. Aun así, dentro del instituto quedarán más cazadores. En ese momento entrarán en acción Molano y los militares.
—Entonces alguien tendría que ir a encontrarse con Molano y los otros— dijo Leandro.
—Voy yo— dijo David ofreciéndose voluntario.
Asentí y miré a todos —De este plan depende nuestra victoria. Si algo sale mal y me matan. Asaltadles a sangre y fuego y salvad a todos los que sea posible. Pero vamos a ganar.

Instituto de Puzol…
14:05 horas…

—Tu… Lo tenías todo planeado…— murmuró Teodoro mirándome con estupefacción. Entonces me apuntó con su arma —Me la has jugado.
—Era jugárselo todo a una carta— respondí.
En ese momento, David y Molano echaron la puerta abajo y apuntaron a Teodoro, detrás de ellos estaba Lidia. Ella les había indicado donde estaba encerrado. Teodoro miró entonces a ambos lados, dejó caer la pistola y levantó las manos.
—Me rindo…

miércoles, 7 de noviembre de 2018

ZOMBIES: Capitulo 036 El Macho Alfa


Capítulo 036
El Macho Alfa

Día 24 de agosto de 2017…
Instituto de Puzol…

Lidia cubrió con una manta el cuerpo del señor Carrillo. No habían podido hacer nada por él, su enfermedad estaba muy avanzada. Quizás, con mejores medios y en un mundo que siguiese funcionando con normalidad, se hubiese salvado, pero la realidad era la que era, el mundo ya no era como antes.
Salió de la enfermería junto a los ayudantes que ella misma había instruido, empujando la camilla donde iba el cuerpo de aquel hombre, iban a ir a enterrarlo.
Se quedó parada en la puerta y vio alejarse la camilla, entonces, vio llegar a Juanma, este se quedó unos momentos mirando la camilla y luego la miró a ella.
—¿Qué tal estás?
Lidia se cruzó de brazos —¿Cómo crees que me siento? No he podido hacer nada por ese hombre… Cuando se supone que soy la médica de aquí… Me siento inútil.
—No lo eres. Eres una pieza muy valiosa en la comunidad. Has salvado otras vidas.
—Pero acabo de perder una… No sé si me lo perdonaré algún día… No sé si seré capaz de salvar más vidas— respondió Lidia dándose la vuelta y apoyando su cabeza en la pared.
—Algún día, el hecho de que seas doctora, no solo salvarás tu vida, si no que salvarás las de muchos otros. Estamos en un mundo donde las personas como tú, son lo más valioso que existe. Con diferencia, eres la persona más valiosa de aquí. Eres un pilar.

Día 12 de enero de 2018…
Instituto de Puzol…
21:30 horas…

Todo fue muy rápido. Lo que llegó primero fueron las explosiones, las cuales, hicieron saltar por los aires una de las puertas y parte de las vallas, provocando un gran estruendo.
Después, de entre el humo de las detonaciones, comenzaron a surgir personas, estos desconocidos comenzaron a disparar a todos los que estaban en el exterior. No discriminaban, disparaban contra todos, sin importar edad o sexo.
Lidia vio todo aquello desde la enfermería. Ella y Gloria se acercaron rápidamente a una de las ventanas para ver que sucedía, cerca de un centenar de desconocidos acababan de irrumpir en su hogar.
Lo siguiente que sucedió, fue una explosión en el mismo edificio, seguida de otra, y otra, y otra… Les estaban disparando con proyectiles.
La respuesta de los habitantes del instituto no tardó en llegar. Un grupo de hombres y mujeres contra atacaron rápidamente.
Lidia miró entonces a Gloria —Tenemos que sacarlos de aquí— se refirió a los pacientes.
Gloria asintió y comenzó a prepararse. Sabían a donde tenían que ir, al sótano. El mismo sótano que algunos usaron durante los primeros días en aquel lugar, donde muchos salvaron la vida. Un lugar que luego habían habilitado como un escondite para momentos de emergencia como esa.
Lidia sacó su pistola del cajón de la mesa donde la guardaba y abrió la puerta. Nada más hacerlo, vio el humo que había por el pasillo. Aquellos tipos, estaban ya dentro del edificio, y Lidia no tardó en verlos.
Dos tipos aparecieron por las escaleras y ella rápidamente les disparó, acertó al primero de ellos y este cayó rodando por las escaleras, el segundo de ellos dio unos pasos hacia atrás y se ocultó. Miró a sus espaldas y enseguida supo que no lograrían salir de allí.

Exterior del instituto…

Molano, Roberto y los militares llegaron al instituto, pero el ataque ya había comenzado. Los cazadores estaban en el interior, disparando y destrozando el lugar.
—Hemos llegado tarde— dijo Roberto observando los cadáveres de varias personas que conocía. Incluso vio el cuerpo sin vida de aquella chica con la que se acostaba de vez en cuando. Eso lo hizo estallar de rabia, quiso atacar, pero Molano se lo impidió.
—Si atacas ahora, desvelarás nuestra posición y acabarás muerto.
—Es mi gente… Y aquí las ordenes las doy yo— respondió Roberto apretando los puños.
—No te equivoques. Aquí las ordenes las doy yo. Soy el macho alfa en esta misión. Tú estás lejos de ser siquiera un beta. Limítate a seguirme— respondió Molano.
El comandante miró entonces al resto de sus hombres —Tenemos que planear bien nuestros movimientos. Nos superan en número ampliamente. Hay que retroceder unos pasos.
En ese momento, Roberto echó a correr, alejándose de los militares y en dirección contraria al instituto. Molano miró a sus hombres y sin decir nada, comenzó a perseguir a aquel tipo. Quería atraparlo antes de que cometiera una estupidez aún mayor.

Instituto…

Lidia seguía intercambiando disparos con aquel tipo, pero pronto se vio superada cuando llegaron refuerzos enemigos. Se vio tan superada que tuvo que retroceder y cerrar la puerta de la enfermería. Aunque eso no detuvo a los atacantes. Estos abrieron la puerta y pasaron al interior de la enfermería. Lidia se quedó apuntándoles, pero no se atrevió a disparar. Estaba perdida. Aceptando ese hecho, dejó la pistola en el suelo y se levantó con las manos en alto. Mientras, los disparos iban descendiendo.
—Mataste a mi hermano, zorra— dijo un hombre de pelo largo. Justo cuando iba a disparar. Un hombre de pelo canoso y con una cicatriz en el ojo, le hizo bajar el arma.
—No la mates…— el de pelo canoso miró a su alrededor —Esta mujer es doctora… Podrá sernos útil. Llevadla con los que todavía viven.
Lidia fue sacada de la enfermería de un tirón por varios hombres ante la sonrisa de aquel tipo canoso. Fue en ese momento cuando escuchó disparos a sus espaldas. Se giró para ver qué pasaba y vio como abatían a Gloria y a los enfermos. Después, el tipo de pelo canoso la miró con una sonrisa.
—Ellos no son tan importantes como tu… Doctora… Llevadla fuera con los otros, pero no le toquéis un pelo. Cuando esto acabe, nos la llevaremos con nosotros.
Lidia fue sacada al exterior y llevada hasta una de las canchas. Allí estaban reunidas varias personas. Todas sentadas en el suelo y vigiladas. Vio a Anna y Bosco. A Alicia y los niños. Justo en ese momento, también traían a Rei, la habían capturado en el gimnasio. Allí en la cancha, había unas cincuenta personas… Y muchas más abatidas por todas partes. También vio a gente del bando contrario herida. La batalla había terminado… Y ellos habían perdido.
El tipo canoso se acercó a Rei y la agarró de la barbilla para obligarla a que le mirara. Después, miró a los que la traían — ¿Qué ha hecho esta?
—Mató a dos. Los redujo a golpes y luego les rompió el cuerpo— respondió uno de los hombres. Uno con el pelo largo y blanco.
—Llevadla con los otros. Algo me dice que va a querer estar en primera fila cuando comience el espectáculo.
Llevaron a Rei hacia la cancha y la obligaron a sentarse junto a Lidia. Aunque las mujeres se miraron, ninguna de ellas dijo nada. Fue entonces cuando el tipo canoso comenzó a hablar.
—Buenas noches. Mi nombre es Teodoro— se presentó el hombre de las canas —Soy quien manda en este grupo y creo conveniente que me presente ante vosotros… Y os pida disculpas por esta entrada tan… Explosiva… —Algunos de los hombres comenzaron a reír ante semejante chiste, Teodoro siguió hablando —Pero no me culpéis a mí. Culpad a quien provocó que os visitara. Y ese, es ni más ni menos que vuestro querido Juanma. El, en un exceso de confianza, dejó vuestra dirección en un papel, pensando que una buena persona lo encontraría… Y aunque lo encontré yo… Y no me considero mala persona… Me mueve la venganza. Juanma mató a mi hijo y debe pagar por ello.
—Nosotros no tenemos nada que ver con él. Si lo quieres muerto, mátalo a el— dijo en ese momento un hombre levantándose.
En ese momento, Teodoro hizo un gesto y un hombre le clavó un cuchillo en el cuello. Segundos después, aquel hombre que se había levantado, cayó al suelo mientras se desangraba.
—Nadie le dijo que hablara— dijo Teodoro con una sonrisa —Imagino que esto os da una idea de lo que pasará si se os ocurre abrir la boca sin ser preguntados… Bien ¿Por dónde iba? Ah sí… Por la responsabilidad de Juanma… Él tiene que pagar por lo que hizo con mi hijo, y creo, que la mejor manera de que pague, es que vea hasta donde metió la pata. El llegará aquí de un momento a otro, y la idea es que sufra antes de morir. Por eso…— Teodoro chasqueó los dedos.
En pocos segundos, unos miembros de aquel grupo de cazadores bajaron algo de uno de los camiones. Se trataba de una especie de cruz, muy similar a la que usaron para crucificar a Jesús de Nazaret. Clavado a ella, de los pies y las muñecas, había una persona con una capucha negra cubriéndole el rostro. Lidia no quería ni imaginarse el sufrimiento de aquella persona mientras la clavaban.
Clavaron la cruz en la zona de arena que había ante las canchas y Teodoro caminó hacia esa persona, tomó la capucha y se la quitó, dejando al descubierto un rostro ensangrentado e hinchado por los golpes, pero reconocible a pesar de ello.
La primera en reaccionar fue Rei. La muchacha se llevó las manos a la cara cuando vio que la persona bajo la capucha no era otro que su hermano Kai.
La última vez que lo había visto, estaba en lo alto del edificio junto a Emilio, vigilando.
Rei quiso levantarse, pero rápidamente se vio encañonada por un fusil. Rápidamente, Lidia intervino haciendo un gesto para que no se moviera. Si hacía algo, la matarían. Acto del que Teodoro se percató y le dedicó una sonrisa a la doctora.
—Con esto entenderé que este chico y la chinita son hermanos o novios. Entiendo el momento de desesperación… Y os animo a que os desesperéis, porque este chico solo será el primero. Todos o casi todos pasareis por ello— Teodoro caminó hacia uno de sus hombres y tomó una antorcha que le cedieron, le prendió fuego y siguió hablando —Algunos de vosotros no llegareis vivos al día siguiente. Moriréis consumidos por las llamas, seréis diez los elegidos. Nueve si no contamos a este pobre diablo.
Lidia no quería mirar, lo único que escuchaba, eran los gemidos y balbuceos de Kai. También le llegaba olor a gasolina. Muy probablemente habían rociado con ella al hermano de Rei.  Estaban a punto de ser testigos de una autentica atrocidad.
Teodoro miró a Kai y luego miró a Rei. Fue en ese preciso momento cuando acercó la antorcha a Kai y las llamas comenzaron a extenderse por el cuerpo de este, mientras de su boca, solo surgían agónicos alaridos de dolor. Nadie fue capaz de mirar.

A varios metros del instituto…
22:45 horas…

Molano alcanzó a Roberto cerca de la autopista. Lo había perdido de vista varias veces, pero finalmente lo vio entrar dentro de un túnel junto a la carretera y que conectaba con el rio. El líder del instituto parecía estar seguro de que había despistado al comandante.
Molano caminó lentamente hasta que alcanzó el túnel, se adentró en él y unos metros más hacia dentro, se topó cara a cara con Roberto, rodeado de cajas de madera. Cuando Roberto vio a Molano, le apuntó con una pistola, Molano simplemente levantó las manos.
—No debiste seguirme…
—¿Qué es todo esto Roberto? Y no me digas que son los regalos de los reyes magos— dijo Molano con ironía y sin bajar las manos.
Roberto bajó el arma y se sentó sobre una de las cajas, entonces comenzó a hablar —Mi hermano y yo ocultamos armas, comida y otras cosas aquí… Por si alguna vez pasaba algo y teníamos que huir del instituto. Solo quería que fuese un seguro.
Molano bajó las manos —Un seguro por si abandonabais el instituto de forma cobarde. Eres una sucia rata. No mereces estar al mando de nada.
—Solo… Yo soy el líder del instituto y yo debo protegerlo… Vosotros no sois nadie… Y esto… Esto es culpa vuestra… Si ninguno de vosotros hubieseis aparecido…— Roberto balbuceaba, gesticulando sin parar —Todo se fue al traste desde que Juanma y los suyos llegaron… Y luego llegasteis vosotros… Cuando todo esto pase, os marchareis.
Molano asintió —Está bien. Supongo que no podemos hacer nada. Supongo que debo seguir tus ordenes… Así que tú dirás.
—Bueno. En primer lugar, vamos a tomar estas armas y avanzar por este túnel. Nos colaremos dentro del instituto a través de las alcantarillas y los atacaremos. No se lo esperan, podremos ganar— comenzó a decir Roberto mientras miraba las cajas e iba de un lado a otro, cuando volvió a mirar a Molano, vio que este estaba más cerca. El comandante agarró a Roberto de la nuca y acercó su cara a la suya. Fue en ese momento cuando Roberto sintió un agudo dolor en el vientre. Miró hacia abajo y vio un cuchillo en su vientre. Con los ojos muy abiertos, volvió a mirar a Molano. Intentó apartarse, pero Molano mantenía su agarre.
— ¿Qué te dije antes? Que aquí no eres ningún macho alfa. Que no llegas ni a beta. No sé ni cómo coño has sobrevivido hasta ahora— Molano retorció el cuchillo y Roberto tosió sangre —Esta gente no necesita a una mierda de líder como tú. Yo soy más adecuado— sacó el cuchillo y lo volvió a clavar —Mira el lado positivo. Los tuyos te recordarán como un héroe que cayó en batalla. Aunque no sea más que una mentira, ignorarán que moriste como un perro en un mugriento túnel— el comandante retorció el cuchillo y rajó el vientre del líder del instituto.
Molano se apartó y Roberto cayó de rodillas al suelo, con las manos sobre su vientre, agarrándose las entrañas para que no se le salieran. Segundos después se desplomó por completo.
—Deberías haberme agradecido que tomara yo el mando… Ahora ya no puedes. Yo soy el único macho alfa— Molano dirigió entonces su mirada hacia las cajas de madera que Roberto y su hermano habían acumulado a escondidas allí —Ahora veamos lo que has estado coleccionado.

Instituto de Puzol…
23:20 horas…

El cuerpo calcinado de Kai cayó al suelo. Los hombres de Teodoro acababan de descolgarlo. Su hermana seguía sumida en llantos.
—Lamento que hayamos tenido que llegar a esto. Lo digo de verdad. Parecía un buen chico. Lo capturamos mientras meaba en una casa. Su compañero murió de forma inmediata cuando le cortaron el cuello— Lidia supo que se referían a Emilio —No voy a pediros que me perdonéis, pero sí que lo entendáis… Ahora… Es momento de seguir— Teodoro miró a varios de los habitantes del instituto, se detuvo en alguien a quien Lidia no supo reconocer, solo lo supo cuando hizo un gesto y la levantaron.
Lidia escuchó entonces los gritos de Anna. Se giró para mirar y vio como dos hombres la forzaban a ponerse en pie. Bosco intentó impedirlo, pero entonces le dispararon en el brazo.
Los hombres de Teodoro arrastraron a Anna hasta su líder y allí Teodoro la observó con incredulidad. Fue cuando puso sus manos sobre el vientre de la chica.
—¿De cuánto estás?
—Casi nueve meses…— respondió Anna a duras penas. Estaba sufriendo un ataque de pánico.
—¡¡¡No le hagáis daño!!!— gritó Bosco desde el fondo, pero rápidamente lo golpearon en la cara con la culata de un rifle. Teodoro lo miró.
—¿Es tu marido?
—Mi… Mi novio…— balbuceó Anna.
—No quisiera tener que hacer esto— comenzó a decir Teodoro poniéndose al lado de Anna y pasándole el brazo por encima del hombro. Miró a sus hombres y levantó el brazo izquierdo —De verdad que no quisiera hacerlo… Pero esto no son las fallas de valencia. Aquí no indultamos— Teodoro miró a Anna, pero ella no le devolvió la mirada. Estaba demasiado asustada y temblaba —Bueno. Nos tomaremos esto como un dos por uno… A la cruz…
Los hombres que habían llevado a Anna junto a su líder, volvieron a cogerla por los brazos y la fueron llevando hacia la cruz. Anna gritaba intentando zafarse de ellos. Todo se volvió caótico de repente. Lidia escuchaba los gritos de Anna y también los de Bosco.
—¡¡¡Silencio!!!— gritó Teodoro mirando a Bosco —Voladle la cabeza a ese pesado.
En ese momento, Lidia se puso en pie y gritó —¡¡¡Basta!!!
La respuesta que recibió en ese momento, fueron varios fusiles apuntándole. Pensó que iban a dispararle, pero Teodoro levantó las manos mostrando las palmas. Era la señal de que todo el mundo se estuviese quieto, después, miró a Lidia con una sonrisa.
—Parece que la doctora tiene algo que decir. Escuchémosla…
—No tenéis por que hacer esto… Ya habéis matado a varios de los nuestros… Mirad a vuestro alrededor…— comenzó a decir Lidia
—Yo creo que si…— afirmó Teodoro —¿Acaso no sabes lo que es un ojo por ojo? Por qué es lo que es esto. Juanma mató a mi hijo y yo mato a su gente. Aunque a ti no te mataría. Eres demasiado importante e interesante.
—Ya lo sé— dijo en ese momento Lidia sacándose un bisturí del bolsillo y poniéndoselo en el cuello —Si tan importante soy, imagino que no te interesará que me mate.
—Matate si quieres. No voy a llorarte— respondió Teodoro.
—Solo quiero proponerte un trato— respondió Lidia.
—Te escucho
—Antes dijiste que me llevaríais con vosotros— comenzó a decir Lidia. No se quitó el bisturí del cuello y seguía vigilando a los que le apuntaban, aunque sabía que no dispararían —Realmente me necesitáis. Si dejas de matar a mi gente, no solo me uniré a tu grupo, si no que curaré a tus heridos y, además, te mostraré este lugar. Juanma nos contó que vivíais en una fábrica mugrienta ¿No crees que va siendo hora de que os mudéis a un sitio con muchas más posibilidades? Un sitio mucho más grande.
—¿Me estás ofreciendo que vivamos aquí? — preguntó Teodoro.
—Aquí ahora mismo no está nuestro líder. Fue de los que salió a buscaros… Quién sabe si sigue vivo a estas alturas. Se puede decir que acabo de asumir el mando— respondió Lidia. Lo cierto era que se la estaba jugando mucho.
Teodoro miró a su alrededor y observó el instituto, después miró a Lidia —Me parece bien el trato. No había pensado en quedarnos con este lugar. Y ahora que lo miro bien… Tiene buena pinta. Esto es lo que haremos, no mataremos a nadie más de los presentes. A cambio, tú te unirás a nosotros— Teodoro miró a sus hombres —Llevad a todos estos a un lugar cerrado y tenedlos vigilados.
Los hombres de Teodoro comenzaron a movilizarse y a llevarse a los rehenes. Se los llevaron al interior del gimnasio. Al final, únicamente Lidia y Teodoro se quedaron en la cancha.
—Puedes quitarte ya esa mierda del cuello— dijo Teodoro tendiendo la mano para que se lo diera.  Lidia se lo entregó y el líder de los cazadores sonrió —Admito que me has cogido por los huevos. Mi idea era la de llevarte con nosotros a la fuerza una vez matáramos al asesino de mi hijo. Ahora lo mataré a él y a los otros dos que le acompañaban. Después, comenzaremos aquí una nueva vida. Ahora apresúrate a curar a mis hombres que han sido heridos y luego enséñame este lugar.

Día 13 de enero de 2018…
Exterior instituto…
03:00 horas de la madrugada…

Molano regresó junto a los militares. El primero que corrió a recibirlo fue Enzo. El comandante traía con él varias armas, entre las que destacaba un lanzagranadas.
—¿Dónde está Roberto? — preguntó en ese momento Ángel al ver que Molano regresaba solo. Entonces, vio una mancha de sangre en la ropa del comandante —¿Y esa sangre?
—Nos atacaron dos tipos. Imagino que cazadores… Roberto no lo consiguió— respondió Molano —Estas armas son de un escondrijo secreto de Roberto. Me lo reveló antes de morir. Os llevaré a todos allí mañana. Es un túnel que nos llevará al interior del instituto y les sorprenderemos ¿Cuál es la situación ahí dentro?
—Tranquila— respondió Jorge —No han matado a nadie más. Lo último que vimos fue que llevaban a los rehenes al gimnasio y que la doctora caminaba hacia el interior del edificio acompañada por el tipo de pelo blanco.
Molano analizó la situación —Muy bien. Mañana atacaremos a esos cabrones. Los vigilaremos durante toda lo que queda de noche. Se arrepentirán de habernos intentado joder.

Instituto…
13:00 del mediodía…

Lidia había curado a los heridos más graves y los habían llevado a la enfermería. Le había llevado toda la noche. Lo había hecho bajo la atenta mirada de Teodoro —Eres una puta pasada… ¿Eras cirujana?
Lidia asintió mientras cosía la herida del brazo de uno de los cazadores —Lo era en el hospital de Puzol…
—Tu profesión es como un tesoro hoy en día ¿No te lo ha dicho nadie? — Lidia asintió de nuevo y Teodoro continuó con las preguntas —¿Quién te lo dijo?
—Juanma…— respondió Lidia recordando aquella conversación que tuvieron hace unos meses tras la muerte del señor Carrillo.
—Ese Juanma es un cabrón asesino, pero reconozco que fue muy acertado con sus palabras… ¿Te lo follas? — al no responder Lidia, Teodoro se disculpó —No quería ofenderte con la pregunta. Pensé que igual teníais alguna relación.
—No. No me acuesto con él— respondió finalmente Lidia.
En ese momento, una mujer del grupo de Teodoro entró en la enfermería portando una caja de cartón llena de tomates recién cogidos. Este los miró con una sonrisa y cogió uno. Segundos después comenzó a cortarlo con un cuchillo y a probar las rodajas.
—Tenéis buenos cultivos… Algo raro de ver últimamente. Habéis construido aquí una pequeña civilización. Os felicito. Puede que después de todo, aquellos que están en el gimnasio puedan seguir disfrutando de este lugar. Aunque con algunas diferencias.
Lidia terminó de coser la herida y miró a Teodoro —No es necesario que me hables.
Teodoro sonrió y estuvo a punto de decir algo, pero entonces, un hombre entró en la enfermería.
—¿Qué ocurre?
—Será mejor que vengas a verlo. Él está ahí fuera y quiere verte a ti.