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domingo, 30 de julio de 2017

ZOMBIES Capitulo 14 Perros Salvajes

14
Perros Salvajes

Día 24 de junio de 2010…
Supermercado Mercadona…

Mercadona estaba completamente a oscuras. Se había quedado así desde el mismísimo primer día. Cuando todo comenzó a irse al infierno. Había estantes totalmente revueltos y tirados por el suelo. Durante el caos, los saqueadores se habían llevado todo lo que habían podido. El silencio era total, únicamente roto cuando, en ocasiones, se escuchaba un sonido proveniente de algún lugar. Un sonido que probablemente, era producido por alguna alimaña.
—Esto está patas arriba. Seguro que fueron los militares, prefirieron hacer esto a salvarnos el culo. Prefirieron salvarse ellos antes que hacer el trabajo que debían—dijo Raúl
—No. Dudo mucho que fueran los militares. Cuando nosotros vinimos hace unos días, esto estaba en mejores condiciones y solo recogimos lo necesario. Aquí ha venido alguien más… Saqueadores diría yo. Y no creo que haga mucho de eso. Puede que días… Horas tal vez— dijo Bosco agachándose para observar unas huellas dejadas por alguien.
—Bueno… Eso es buena señal ¿No? Significa que hay más gente por ahí. Gente que, como nosotros, está viva—dijo Emilio intentando ser positivo.
—No exactamente— respondió Toni —No sabemos quiénes son ni que intenciones pueden tener esos saqueadores. En la situación en la que nos encontramos, cada uno mira por sí mismo y por los suyos. Gente desesperada. La realidad duele, pero en estos momentos, solo podemos confiar en las personas de nuestro grupo. Al menos de momento— las palabras de Toni crearon bastante estupefacción en el grupo.
—Toni tiene razón— afirmó Bosco —En estos tiempos, los saqueadores no son una opción de confianza. Incluso, puede que más adelante, en nuestro grupo, por falta de comida o lo que sea… Se creen conflictos. No sabemos lo que nos depara el futuro. Las cosas han cambiado. Las reglas han cambiado.
—Bueno, pero, de todas formas, es un alivio saber que hay más gente viva. Me llena de cierta esperanza—dijo Emilio.
—Admiro tu positividad, en serio. Espero que la realidad no te aseste un golpe mortal.
Bosco se los quedó mirando entonces —Bueno. No perdamos más el tiempo. Es hora de ponernos manos a la obra. Comencemos a recoger comida y salgamos de aquí. Antes de que los infectados pasen por aquí y se percaten de nuestra presencia. Si eso pasa, tendremos problemas. Coged únicamente lo necesario. Básicamente latas de conservas y alimentos imperecederos. Lo cargaremos todo en el maletero y saldremos de aquí.
******
Los cinco se separaron y comenzaron a recoger comida. Bosco entró en la panadería y comenzó a recoger algo de masa que vio que todavía estaba en buen estado. Pensó que quizás, podría servirles para algo. Fue entonces, cuando escuchó un ruido al otro lado de una puerta. Se trataba de algo que goteaba. Bosco sacó su arma y se fue acercando al lugar. Cogió la manivela y abrió la puerta que tenía delante de él. Lo hizo con cuidado para no hacer mucho ruido, pero preparado para abrir fuego en cualquier momento. Cuando la puerta estuvo abierta, descubrió el cadáver de un hombre sobre una mesa. Tenía la garganta desgarrada y el vientre abierto. Sus tripas, colgaban por ambos lados de aquella mesa. La sangre, todavía goteaba. En ese momento, escuchó un ruido a sus espaldas. Se giró rápidamente dispuesto a disparar, entonces se encontró cara a cara con Toni. Este rápidamente levantó las manos. —Eh… Eh… Tranquilo. Solo venía a decirte que el maletero ya está lleno y podemos irnos…— Toni se quedó entonces de piedra cuando vio el cadáver — ¿Qué demonios ha pasado aquí?
Bosco se dio la vuelta para mirar al cadáver mientras guardaba el arma —No parece que lleve mucho tiempo muerto. Diría que no lleva así ni veinte minutos— Bosco se fue acercando al cadáver y lo tocó.
—Eh. Ten cuidado. A ver si se va a levantar…— le advirtió Toni al tiempo que levantaba el arma apuntando al cadáver.
—Dudo que eso suceda. Puedes bajar el arma.
—¿Seguro? —preguntó Toni —Yo que tú, no lo tocaría mucho.
—Como sospechaba— dijo en ese momento Bosco —Este cadáver aún está caliente… Espera… Mira esto— Bosco se fijó en algo que había mezclado con la sangre de los bordes de las heridas de mordisco. Los mordiscos, también le llamaron la atención.
— ¿Esas mordeduras son de infectados? Parecen muy grandes y raras— dijo Toni observando las mordeduras también.
—No creo que sean de infectados. Estas mordeduras no son humanas— Bosco tomó un poco de la sustancia que le había llamado la atención —Fíjate en esta cosa viscosa y blanquecina. ¿Has visto alguna otra mordedura así? De infectados quiero decir… Yo no.
—Pues… No me he fijado nunca en esas cosas. De hecho, paso horas tratando de olvidar que vivo en esta pesadilla. — dijo Toni
—Pues yo sí. Y la respuesta es no. He visto varias mordeduras de infectados y ninguna era como esta. Las marcas de dientes… No se corresponde con las dentaduras humanas. Esto no es la mordedura de un infectado— dijo Bosco —Esto es otra cosa.
— Joder. Esto me da muy mala espina ¿De qué crees que se trata? —preguntó Toni con una visible cara de preocupación. Era evidente que todo eso lo estaba inquietando.
—No lo sé, pero, sea lo que sea, aún puede que ande por aquí. Busquemos a Raúl y a Emilio. Luego salgamos de aquí— dijo Bosco saliendo de la sala y cerrando la puerta detrás de él.
*****

Emilio, Manuel y Raúl estaban en el servicio.  Recogiendo algo de papel higiénico. Algo que habían recordado a última hora. Aunque el maletero del coche estaba lleno, no estaba de más recoger algo como eso. Al fin y al cabo, era algo también muy importante.
—Oye. Una pregunta ¿Tú confías en Juanma? Me refiero a si confías en el cómo líder de nuestra pequeña familia— quiso saber Raúl mientras metía unos cuantos rollos dentro de una bolsa.
—Claro que confío. Lo ha hecho bastante bien ¿Porque no debería confiar? No entiendo tu pregunta— dijo Emilio mirando a su compañero.
—A mí no me lo parece. No me parece que lo haya hecho tan bien. Piensa que en estos últimos días perdimos a gente. Ahora nos manda a una misión suicida. Nos manda a nosotros mientras que deja a las señoritas y al otro al cuidado de nuestro improvisado hogar— dijo Raúl con cierta ironía —¿Por qué unos se la juegan mientras otros se tocan las pelotas y los ovarios? Es como si quisiera ganarse los favores sexuales de las muchachas.
—Lidia está también por ahí fuera. Tu podrías haberte quedado allí si hubieses querido, pero decidiste venir. Ahora no te quejes. Todos y cada uno de nosotros estamos aportando algo. El objetivo es sobrevivir a esto—dijo Emilio
—Si no recuerdo mal. He escuchado que cuando la chica aquella… Rosa creo que se llamaba… Si no me acuerdo del nombre de la que me he tirado un fin de semana, mucho menos me voy a acordar del nombre de una a la que ni siquiera llegué a oler, se infectó y se cargó al otro chaval. Nuestro líder se vino abajo, un líder emocionalmente estable. Uno que llora a la mínima. No creo que sea alguien capaz de dirigirnos —dijo Raúl con ironía —Sinceramente. Otro nos dirigiría mejor que él. Yo lo haría mejor que el…
— ¿Y qué hubieses hecho tú? —preguntó Emilio —Hablas muy seguro de ti mismo.
—No hundirme como un cobarde. Le habría echado un par de huevos. Habría sido un hombre… Uno con agallas— dijo Raúl dándose una palmada en el pecho. —Cuando quieras lo demuestro. Tendríamos que quitárnoslo de en medio. Ahora que aún podemos.
—No estás hablando en serio…— dijo Emilio tirando la bolsa al suelo por la indignación —No te imaginas la presión que esta situación puede ejercer sobre alguien que quiere garantizar nuestra seguridad. Él no está pensando en sí mismo. Piensa en todos. Y, además, hablas de matarlo. Lo dices como si fuera algo fácil. No lo es.
—Ni tu tampoco lo sabes. No tienes ni idea de esa presión de la que hablas. Quizás me pasé con el comentario de cargárnoslo, pero creo que estaríamos mucho mejor si otro tomara las decisiones— dijo Raúl —Si mandara yo, para empezar, no estaríamos aquí.
—¿Y qué haríamos? ¿Esperar a morir? Estamos aquí porque es necesario que estemos—dijo Emilio —Así que mejor deja ya el tema.
—Yo sigo pensando que no es el adecuado… Y os lo demostraré a todos—dijo Raúl —Ya me vendrás llorando cuando pase algo irremediable. Me pedirás de rodillas que os cuide.
Emilio, Manuel y Raúl salieron del baño para encontrarse de frente con Bosco y Toni. Emilio iba a decirles lo que Raúl planeaba. Sentía que era algo que debía contarles, aunque Raúl estuviera presente. Sus palabras lo habían inquietado hasta el punto que temía que, al regresar, atentara contra la vida de Juanma.
—Ya lo tenemos todo. Es hora de irnos de aquí— dijo Bosco —Aquí hay algo raro.
—Escuchad… — dijo Emilio mirando a Raúl —Hay algo que debo contaros… Raúl…
Raúl sintió en ese momento que debía hacer callar a Emilio, no podía permitir que hablase más de la cuenta. Tenía que hacer cualquier cosa para impedir que hablara. Sin que nadie lo viera, tomó el mango del cuchillo que llevaba atado a la cintura, pero, justamente en ese momento, a sus espaldas, escucharon un ruido. Raúl soltó entonces el mango al tiempo que Emilio se quedaba callado. Todos escucharon el ruido. El sonido no era fácil de identificar de dónde provenía, pero, parecía como si algo estuviese correteando. Y correteaba según parecía, a su alrededor, se escuchaba como si viniera de varios rincones.
— ¿Que ha sido eso? —preguntó Raúl —¿Qué es ese jodido ruido?
Toni miró a Bosco —No lo sé…
Los cinco formaron un circulo, estando espalda contra espalda, mientras escuchaban como el ruido que se iba acercando desde varias direcciones. Eran como uñas rascando el suelo, y cada vez estaba más cerca. Enseguida, comenzaron a escuchar lo que parecía un gruñido.
— ¿Será algún infectado? —preguntó Raúl alzando su arma y apuntando en varias direcciones. Tratando de averiguar a donde apuntar.
—No creo… Si fuesen infectados, ya estaríamos escuchando sus asquerosos gemidos. Esto parece más coordinado— dijo Bosco mirando hacia un punto donde le había parecido ver algo. —Están acechándonos.
—No sé de qué se trata, pero marchémonos de aquí —dijo Toni rompiendo el circulo y echando a correr hacia la salida.
Los demás, siguieron a Toni con la intención de salir de allí. Estaban a punto de llegar a la salida, cuando algo les cortó el paso. De repente, vieron dos ojos brillantes en la oscuridad delante de ellos, salía de debajo de dos estantes. Se trataba de un perro. Tenía el morro manchado de sangre y babeaba mucho, gruñendo y enseñándoles los dientes. Bosco y los demás comenzaron a retroceder.
—Joder… Es un puto perro— dijo Raúl sin dejar de mirarlo.
—Cuidado. No os acerquéis a él. No hagáis movimientos bruscos. Intentaremos alcanzar la salida— dijo Bosco dando unos pasos hacia atrás. Intentarían alcanzar la salida sin hacer que el perro se sintiera amenazado.
El perro ladró una vez y comenzó a avanzar hacia ellos gruñendo. Más gruñidos se escucharon en ese momento, y más perros aparecieron por un pasillo. Todos gruñendo y mostrando los dientes. Todos presentaban rasgos similares. Hocicos manchados de sangre y babas blancas. Era como si tuvieran la rabia.
Los perros les estaban rodeando poco a poco, cerrando el círculo en torno a ellos. Era como una caza en manada, de hecho, era seguramente eso. Bosco miraba buscando la salida, una forma que les permitiera salir de allí.
—Id retrocediendo— dijo Bosco —Intentaremos alcanzar el coche. No estamos muy lejos.
Los perros comenzaron a avanzar poco a poco sin dejar de gruñir. Cada vez estaban más cerca y podían saltar sobre ellos en cualquier momento. Bosco en esos momentos, supo que era lo que le había pasado al hombre cuyo cadáver había encontrado sobre una mesa en la panadería. Sin duda habían sido los perros. Fue en ese momento cuando los perros se lanzaron al ataque.
—¡¡¡¡Corred!!!!— gritó Bosco
Los cinco echaron a correr con los perros pisándoles los talones. Llegaron hasta una puerta y la cruzaron. Cerrándola detrás de ellos, dejando a los animales fuera, los cuales, arañaban y se lanzaban contra la puerta. No iban a poder entrar. Bosco entonces, observó el lugar donde se encontraban, estaban en una especie de pequeño almacén. Estaban encerrados.
—¡¡¡Joder!!! ¿Qué hacemos ahora? — preguntó Raúl dando vueltas por aquel lugar. —Tendríamos que haber corrido hacia el coche. Habríamos llegado. Estoy seguro de ello.
—O puede que no. Hemos llegado aquí de milagro— respondió Toni.
—No habríamos llegado… Y el problema, es que ahora tampoco sé cómo llegaremos. No he tenido demasiado tiempo para pensar— dijo Bosco mientras escuchaba gruñir a los perros al otro lado de la puerta. De vez en cuando, también los escuchaban dar golpes en la puerta.
—Putos perros. Nunca me han gustado los chuchos— dijo Raúl apoyándose en la pared. —Deberíamos haberles cosido a balazos.
—Son perros que se han vuelto salvajes dadas las circunstancias. Perros que han probado la carne humana. No podemos culparlos— respondió Bosco mirando a Raúl. —Ellos solo tratan de sobrevivir, como nosotros. Simplemente han vuelto a sus raíces. A cazar.
—Supongo que esto nos aclara lo del cadáver que encontramos— dijo Toni mirando a Bosco —Fueron los perros.
—Si. Fueron ellos— dijo Bosco sentándose sobre unas cajas. —Ahora tiene mucho más sentido.
— ¿De que estáis hablando? —preguntó Emilio muy confuso.
—Toni y yo encontramos un tío muerto en la panadería. Este tenía mordiscos por todo el cuerpo. Mordiscos que no parecían humanos. Ahora sabemos que fueron los perros— explicó Bosco
—Sensacional. Cómo si no tuviésemos suficiente con los infectados, ahora una jauría de perros salvajes ¿Qué será lo siguiente? — dijo Raúl —Estoy hartándome de toda esta mierda. ¿Ahora qué hacemos?
—Supongo que tendremos que esperar. Quizás con suerte se cansen y se vallan. No creo que se queden ahí esperando a que salgamos. En algún momento algo les llamará la atención y se olvidarán de nosotros— dijo Toni —Solo debemos esperar.
—Espero que tengas razón. No quiero que Anna se preocupe—dijo Bosco
******

Las horas pasaban y allí dentro el calor se estaba volviendo insoportable. Estaba anocheciendo y fuera seguían escuchando a los perros. Los escuchaban rascar, caminar, gruñir y jadear. De vez en cuando, escuchaban como si se estuvieran peleando entre ellos. El hecho de que no se fueran, estaba desesperando al grupo, especialmente a Raúl, que ya no sabía en qué posición ponerse. Se levantaba, pateaba algo y volvía a sentarse resoplando.
—Esos chuchos sarnosos siguen ahí fuera. Menos mal que dijiste que se cansarían. ¿Alguna otra falsa esperanza que quieras compartir con nosotros? — dijo Raúl mirando a Toni.
Toni miró a Bosco, mostrándole una mueca de preocupación. Después, Toni miró a Raúl. —Es evidente que me equivoqué. Sinceramente, no sé qué hacer, no se me ocurre nada.
—Pues tenemos que pensar en algo para salir de aquí. Podríamos abrir la puerta y empezar a disparar, pero no tendríamos buen ángulo de tiro. Fallaríamos más que acertaríamos y encima, podríamos llamar mucho la atención —dijo Emilio
—Tienes razón… Pensemos —dijo Toni suspirando
*****
Bosco se paseaba de un lado a otro en aquel almacén. Sudando por el calor y sediento. Allí no había nada que comer ni beber. Estaban solos entre cuatro paredes y un techo. Fue entonces cuando se percató de algo que antes no había visto. Quizás por los nervios o por la preocupación… Pero ni él ni los demás, se habían percatado de aquello. Detrás de una pila de cajas de madera, vio una ventana estrecha y rectangular, rápidamente, se aupó hasta las cajas y comenzó a quitarlas.
— ¿Qué estás haciendo? —preguntó Toni observándolo.
—Ventanas. No me había dado cuenta de que estaban aquí. Creo que dan a la calle— respondió Bosco mientras alcanzaba el cristal del ventanal. Logró abrirla y en efecto, esta daba a la calle.
— Vale. Muy bien. Hemos encontrado una ventana ¿Qué hacemos ahora? —preguntó Raúl
—Es muy estrecha y no puedo pasar— dijo Bosco tratando de pasar por ella, pero sin suerte. Entonces volvió a mirar a sus compañeros. —No puedo pasar, es demasiado estrecha.
—Pues a mí no me mires. Si tú no puedes pasar, yo menos—dijo Raúl
—Yo no te estaba mirando a ti— respondió Bosco molesto.
—Deja que yo lo intente— dijo Toni acercándose. Logró asomarse un poco y vio que era una ventana que daba al parking del súper mercado. Allí, podía ver a unos infectados que estaban alimentándose del cuerpo de una persona. Toni que era más delgado que Bosco y Raúl intentó pasar, pero tampoco tuvo suerte. Volvió a descender y miró a Bosco —Yo tampoco puedo pasar— Fue en ese momento cuando todos miraron a Emilio, el cual, no se había movido del sitio. Permanecía cruzado de brazos. —Emilio… Creo que tú sí que vas a poder. Eres el más delgado de todos.
—Cierto— dijo Bosco — ¿Por qué no lo intentas?
******
El plan iba a ser sencillo. Emilio iba a tener que salir por aquello ventana. Él era el más indicado para salir por ahí. Era el más delgado de los cinco y también el de menor estatura. Le habían explicado lo que tenía que hacer. Debía alcanzar el coche, y con él, penetrar en el súper mercado. Una vez dentro, conducir hasta esa parte y salir de allí. Podrían alcanzar el coche fácilmente y evitar a los perros.
— ¿Ya te quedó claro lo que tienes que hacer? — preguntó Bosco. —Aunque sinceramente. Podemos planear otra cosa. No tienes por qué arriesgarte.
—No…— dijo Emilio respirando hondo —Lo haré. Tengo que hacerlo.
Emilio trepó por las cajas y con mucho cuidado, comenzó a pasar por la ventana. llegó al otro lado y se dejó caer llegando al parking. Consiguió esquivar a los dos infectados sin problemas. Salió del parking y comenzó a caminar pegado a la pared mientras observaba el coche. Podía verlo desde su posición. Si corría llegaría. Miró a un lado y luego al otro. Le quitó el seguro al arma y comenzó a correr.
Llegó rápidamente hasta el vehículo y se puso al volante. En ese momento, un perro de color negro se subió al capó de un salto y comenzó a ladrarle. Otro perro, uno de color rojizo apareció junto a la ventana del conductor y comenzó a lanzarse contra el cristal, dejando manchas de babas y sangre en este.
Emilio arrancó el motor y pisó el acelerador, tirando al perro que había sobre el capó y atravesando el cristal que tenía enfrente. Emilio comenzó a conducir por el interior de Mercadona, embistiendo estantes. Consiguió llegar hasta la parte donde los demás estaban encerrados, embistió a dos perros que estaban justo delante y paró a la perfección frente a la puerta, dejando un estrecho espacio entre el chasis y la pared. Una vez allí, comenzó a tocar el claxon.
La puerta del almacén se abrió de golpe y Bosco apareció, agarró rápidamente el tirador del coche y abrió justo al mismo tiempo que un perro saltaba por el capó y se situaba sobre el techo, ladrando y mirándolo. Bosco alzó el arma y disparó al animal. Este se estremeció y se desplomó sobre el techo, seguidamente se deslizó, por uno de los lados del coche, dejando tras de sí un rastro de sangre.
—¡¡¡Salgamos de aquí!!!— gritó Bosco
Toni y Raúl se lanzaron hacia el interior del vehículo seguidos por Bosco. Se apresuraron a situarse allí dentro mientras los perros ladraban sin acercarse. Rápidamente, Emilio pisó nuevamente el acelerador dando marcha atrás. Le pasó por encima a un perro que apareció detrás. El coche finalmente salió al exterior y se encaminaron al punto de encuentro. Ya era de noche y estaban llegando tarde, los demás, los que aún les esperaban allí, estarían preocupados.
—Cuando vea a Juanma… Le pienso decir cuatro cosas. Ese a mí, no vuelve a mandarme a una misión suicida como esta—dijo Raúl con indignación. Eso, hizo que Emilio lo mirara y recordara las palabras de este hacía unas horas.
—Raúl planea deshacerse de Juanma— dijo Emilio en ese momento —Cree que el sería mejor líder que él.
—Detén el coche— dijo en ese momento Bosco.
Emilio detuvo el vehículo. Fue entonces cuando Bosco se dio la vuelta mirando a Raúl y apuntándole con la pistola, directamente a la cabeza.
—Escúchame bien por qué voy a ser claro y directo.
—Quítame eso de la cara— dijo Raúl.
—Aquí estamos todos juntos en esto. Nos guste o no… Tu decidiste acompañarnos. Si piensas en deshacerte de Juanma… Lo único que harás es ponernos después los unos contra los otros… Eso incluye a Anna. No pienso permitirte que la pongas en peligro. Así que, te invito a que, si hay algo que no te parece bien, puedes bajarte del coche ahora. A ver si te va mejor a ti solo.
Entonces, Raúl alzó su arma y apuntó a Bosco a la cabeza. Ambos se quedaron apuntándose mutuamente. —Venga capullo. A ver si tienes huevos a disparar— amenazó Raúl.
En ese momento, Toni y Emilio apuntaron a Raúl también. Fue en ese momento, cuando este se rindió y bajó el arma dejando de apuntar a Bosco.
—Te lo repito una vez más… Eres libre de irte si quieres…— dijo nuevamente Bosco —Aquí estamos todos juntos y hemos estado sobreviviendo hasta ahora, porque hemos cooperado. Todos estamos pretendiendo construir algo. Así que, aquí y ahora, tienes que tomar una decisión. Sigue con nosotros o abandona el barco.
—Está bien… Espero que no tengáis que arrepentiros más adelante y darme la razón— dijo Raúl —Ahora, dejaros de tonterías y vamos al jodido punto de encuentro.
Todos dejaron de apuntar a Raúl, y Emilio, volvió a poner el coche en marcha en dirección al ayuntamiento, donde los demás estaban esperándoles.

Ayuntamiento de Puzol…

Me encontraba observando a unos heridos Víctor y José. Ayudando a Lidia a cambiarles las vendas.  Tampoco podía creerme que Jonatán y Juan hubiesen muerto. Me sentía terriblemente culpable. Yo había sido quien había organizado las distintas misiones y se habían cobrado ya dos vidas. Lo peor era que el grupo de Bosco no había regresado todavía. Pasaba mucho de la hora de encuentro.
—Vendrán, no te preocupes— dijo Lidia mirándome.
—Si les ha pasado algo, no podré perdonármelo nunca. De hecho, ya no me perdono que Jonatán y Juan hayan muerto. Si no hubiesen ido a donde los mandé, puede que siguieran vivos. Yo…
 David se acercó a mí en ese momento, me puso la mano en el hombro y me señaló hacia un punto. Yo miré hacia donde el me señalaba, entonces, vi los faros de un vehículo que venía hacia nosotros.
—Son Bosco y los demás. Lo han conseguido—dijo David
David y yo fuimos al encuentro de los recién llegados y comprobamos que estaban todos. Al parecer, habían tenido suerte. Estaban ilesos.
—Perdonad nuestro retraso— dijo Bosco saliendo del coche —Las cosas se nos complicaron un poco. Una jauría de perros nos atacó en mercadona, pero hemos logrado escapar sin demasiadas complicaciones— Bosco señaló entonces a Emilio. Este, seguía con las manos en el volante y con la cabeza sobre ellas, parecía estar recomponiéndose de lo sucedido. —Lo hemos logrado gracias a él.
—¿Y a vosotros como has ido? —preguntó Toni bajándose del coche y abriendo el maletero para coger una botella de agua.
—Jonatán y Juan no lo han conseguido. Están muertos. Víctor y José están heridos. Ángel también lo está, pero lo suyo no es nada grave— dije yo con pesadumbre. Noté entonces como Raúl me lanzaba una mirada de desprecio. Algo de lo que Bosco también se percató.
—¿Cómo fue? — preguntó Bosco.
—Nosotros nos encontramos con una feliz familia de caníbales en el ambulatorio. De tantas cosas que creía que podía encontrarme, esa fue en la única que no pensé. Y me han dejado un recuerdo para toda la vida—dijo Ángel mostrando la herida que le causó la flecha.
—Bueno… Ya estamos todos aquí. Creo que va siendo hora de volver al instituto ya—dije yo.
—¿Pasa algo? Te noto preocupado— dijo Bosco mirándome fijamente.
Miré a los demás y entonces comencé a hablar —He intentado contactar con Félix y los demás varias veces y desde hace rato, pero no contestan. Puede que no sea nada, pero estoy muy inquieto. Tengo un muy mal presentimiento.
—Entonces no perdamos más el tiempo. Volvamos de una maldita vez— dijo Bosco volviendo al vehículo y pidiéndole a Emilio que le dejara conducir a él.
Emilio se apartó y dejó sitio a Bosco. En el asiento trasero, Raúl miró a Emilio. —Ya van dos que no se han salvado. Te lo dije antes. Este tío nos va a traer el desastre. Hay que quitárselo de en medio.
—Juanma no tiene la culpa de eso…— replicó Emilio en voz baja. —Déjalo ya.
—Lo que tú digas, pero te darás cuenta con el tiempo.
—vamos—dijo David
Todos iniciamos el camino de regreso al instituto, mientras, una repentina tormenta había estallado y la lluvia comenzó a ser torrencial. Yo estaba cada vez más inquieto, como si los problemas no hubiesen hecho más que comenzar.

Instituto…

Félix yacía en el suelo totalmente ensangrentado. Molano se acercó a él y le asestó una violenta patada en el estómago, haciendo que comenzara a escupir sangre. Después lo cogió por el pelo y tiró de él.
—Sinceramente chaval. De verdad que odio a los que se envalentonan creyéndose putos súper héroes. No podías quedarte quietecito. Tuviste que atacarme, pero no te preocupes, que no te voy a matar, al menos no de momento. Te necesito para que hagas llegar a tus amigos un mensaje— dijo Molano soltándolo.
—¿Porque nos haces esto? – preguntó Anna —Nosotras no te hemos hecho nada.
— No es nada personal. Solo quiero vengarme de Juanma y los otros soldados. No cumplieron mis órdenes e intentaron matarme. Me dejaron como un maldito despojo. Eso me parece suficiente motivo de venganza. No os preocupéis, sobreviviréis… Probablemente— dijo Molano mirándolas a las dos. —Además. Estoy deseando que seáis testigos de todo lo que tengo preparado para cuando Juanma y los otros lleguen.
—Tus argumentos son de enfermo mental— dijo Félix entre jadeos mientras trataba de levantarse.
Molano se agachó junto a Félix y lo agarró por el cuello, ejerciendo una fuerte presión, tanta, que Félix abrió los ojos de par en par. —Vamos a ver. Que parece que no lo entiendes. lo tuyo sí que es de enfermo mental. Aquí estoy yo, dándote la mayor paliza de tu vida y tú, sin embargo, sigues vacilándome de esa manera— Molano le soltó el cuello y le asestó un violento puñetazo.
—¡¡¡Lo vas a matar!!!— dijo Alicia levantándose de repente y con lágrimas en los ojos, pero se detuvo en seco cuando Molano le apuntó a la cabeza.
—Para el carro niñata. No te preocupes por esa mierda de ahí— Molano señaló a Félix. —Preocúpate más por ti misma.  No comentas el error de que te mate por accidente. Ahora siéntate.
—Estás loco— dijo Anna —Eres un maldito monstruo.
—Me gusta esa definición. Si, supongo que soy algo así como un monstruo—dijo Molano con una sonrisa. —Ahora. Portaros bien y no arméis jaleo. Yo tengo cosas que hacer con nuestro buen amigo Félix.
Molano encerró a Alicia y Anna en una sala. Después agarró a Félix y lo miró con una amplia sonrisa. —Ahora, tú vas a ayudarme a darles una sorpresa a Juanma y a los demás. Esto va a ser una noche muy larga y divertida.
*****
Llegamos a las puertas del instituto donde no había infectados. En ese momento, las puertas comenzaron a abrirse poco a poco. Después, entramos con los vehículos y los aparcamos junto a las pistas de futbol. Todo aquello estaba tranquilo y en silencio. Un silencio que solo se rompía con el sonido de un trueno.
Bosco y yo nos quedamos mirando. Todo parecía muy tranquilo, pero era extraño que no hubiesen salido a recibirnos tras abrir las puertas.
—¿Dónde están todos? — preguntó David acercándose a nosotros. – Esto es muy raro.
—Estarán dentro. Está lloviendo, es normal que no salgan— dije yo mirándolos a todos —Vamos a ir a dormir y mañana nos prepararemos para irnos.
—¿Qué cojones es eso? — preguntó en ese momento Ángel señalando a un árbol.
Todos miramos a donde Ángel señalaba. Fue entonces cuando vi una silueta humana, colgada de una de las ramas de un árbol. Sin pensármelo dos veces, comencé a correr. Cuando llegué, vi que se trataba de Félix, este tenía una cuerda alrededor del cuello. Rápidamente lo cogí de las piernas y lo levanté, mientras, Bosco soltaba la soga. Tumbamos a Félix en el suelo y comencé a buscarle el pulso.
—¡¡¡Lidia!!!— grité. Lidia acudió corriendo para ver qué había pasado. Cuando vio el cuerpo de Félix, esta se llevó las manos a la boca, totalmente aterrorizada —Intenta reanimarlo. ¡Vamos! —dije yo levantándome.
Lidia, comenzó a hacerle la respiración boca a boca, pero Félix, no reaccionaba. En ese momento, escuché un ruido parecido a una voz. Fue entonces cuando vi algo en el bolsillo de Félix. Algo de lo que no me había percatado antes.
—Hola…—  la voz de Molano se dejó escuchar, sorprendiéndonos a todos. —Bienvenidos al instituto. Aunque es una pena que no hayáis vuelto todos. Lamentable…
Mis peores temores se estaban haciendo realidad. Molano había vuelto, estaba dentro del instituto y probablemente, tenía a Alicia y a Anna como rehenes.  —¿Qué le has hecho a Félix? ¿Dónde están Anna y Alicia?
—Todo llegará a su tiempo. Tienes que escucharme con atención. Ya que tengo algo muy importante que proponerte— Molano hablaba con una total tranquilidad.
Yo estaba totalmente furioso. Totalmente fuera de mí. Iba a tener que escuchar lo que Molano quería decirme. Me sentía entre la espada y la pared.
—¿Qué es lo que quieres?

ZOMBIES Capitulo 13 Resistencia

13
Resistencia

Día 24 de junio de 2010

David sacó un refresco de la nevera. Hacía mucho calor, hasta el punto de que era insoportable. Le dio un trago y notó que estaba caliente, expresó una mueca de desagrado, pero aun así siguió bebiendo, tenía sed… Demasiada sed.
—Las seis garrafas están llenas—dijo Jonatán entrando por la puerta. Cuando vio a David beber, se interesó por si quedaban más refrescos en la nevera. — ¿Quedan más de esos ahí?
— Sí que quedan, pero parecen recién meados. Están jodidamente calientes ¿Y Leandro? ¿Sigue fuera? —preguntó David
Jonatán caminó hacia él, abrió la nevera, sacó un refresco y lo abrió, seguidamente, le dio un largo trago —Si parecen meados no es problema. He estado en Afganistán y te juro que cuando no teníamos ni agua, teníamos que bebernos nuestra propia orina. En cuanto a Leandro. Nos está esperando en el coche mientras echa un pitillito— Jonatán le dio un último trago y dejó el refresco encima del mostrador. Seguidamente, comenzó a sacar más refrescos de la nevera.
— ¿Para que los coges? — quiso saber David. —Están muy calientes.
—En algún momento vamos a poder enfriarlos digo yo. No creo que sea mala idea disfrutar de unos refrescos y alguna cervecita. Venga, coge unos cuantos. Voy a coger unos mapas de carreteras. Nos vendrán bien cuando salgamos de aquí.
David asintió y siguió sacando refrescos. Los cuales, dejaba en una caja. Cuando terminó, se dio la vuelta y vio a Jonatán. Este iba cargado con varios mapas. — ¿Lo tienes todo?
—Si— respondió Jonatán — ¿Y tú?
—Yo también. Volvamos al Instituto— dijo David levantando la caja que habían llenado de refrescos.
— Oye ¿Tendremos suficiente con seis garrafas? Quizás deberíamos llenar unas cuantas más— propuso Jonatán. Desde el principio, había tenido dudas al respecto.
—Supongo que sí. De todos modos, si vemos que necesitamos más. Siempre podemos regresar a por más. Mira el lado positivo, aunque ya no parece que quede mucho. Tenemos un surtidor casi en exclusiva para nosotros. Es mejor no ser avariciosos y pensar con la cabeza.
— ¿Cómo crees que les irá a los otros? Me preocupa el hecho de que Molano ande suelto por ahí. Ese chalado podría intentar jodernos en cualquier momento—preguntó Jonatán
—Pues espero que bien… A mí también me preocupa lo de ese Molano. Desde que lo conocí, no me dio buena espina. ¿Siempre ha sido así? —dijo David
—O no… Para nada. Antes solo era un cabrón. Aunque te podías tomar una cervecita con el de vez en cuando— Jonatán hizo una pausa —… Siempre y cuando lo pillaras de buenas. Lo que solía ser casi nunca.
En ese momento, escucharon un par de disparos. Segundos después, Leandro entró por la puerta, totalmente alterado y pálido. Tenía la pistola en sus manos. Tuvo que agacharse con las manos en las rodillas para poder respirar.
— ¿Qué pasa? Ni que hubieses visto un fantasma—dijo Jonatán con ironía e intentando sonreír. Aunque enseguida, cambió a expresión de preocupación.
—Infectados… Me quedé dormido unos segundos y cuando me di cuenta, los tenía encima. No los he visto llegar, han salido de todas partes. He salido del coche de milagro—dijo Leandro tratando de reponerse del enorme susto que se había llevado.
—No me jodas—dijo David mirando a Jonatán.
David y Jonatán se acercaron corriendo a la ventana. Se asomaron, y entonces vieron a varios infectados entrar en el parking de la gasolinera. Eran cerca de tres docenas de ellos.
—Joder. ¿No podías mantenerte despierto? No estamos de picnic. Esto era algo de extrema peligrosidad— preguntó Jonatán con un notable enfado.
—No quería dormirme, lo juro, pero cuando me di cuenta. Ya estaban rodeando el lugar. Yo me asusté, salí del coche, disparé varias veces y corrí a ocultarme aquí—dijo Leandro
—Cojonudo entonces. No solo te quedaste dormido… Si no que, además, atrajiste su atención. Si te hubieses quedado callado y dentro del puto coche. Quizás habrían pasado de largo y ni se hubiesen percatado de nuestra presencia. Lo único que has hecho al disparar, ha sido decir en voz alta: ¡¡¡¡Eh, estamos aquí!!!! ¡¡¡Bufé libre!!!— Jonatán hizo una pausa y después miró a David —Ven ayúdame con esto, rápido, cerraremos las puertas con mucho cuidado— dijo Jonatán
David y Jonatán comenzaron a trabajar rápido. Con mucho cuidado, corrieron las verjas de seguridad, tanto de puertas como de ventanas. Además, algo que jugaba a su favor, eran los cristales del establecimiento. Estos eran gruesos y no eran fáciles de romper. Leandro no tardó en unirse a ellos y ayudarles. Era muy consciente de que su forma de actuar había puesto en peligro al grupo. Cuando terminaron, retrocedieron un poco. Alejándose de los cristales y ocultándose detrás del mostrador. — ¿Qué hacemos ahora? —pregunto Leandro mientras se secaba el sudor de la frente.
—De momento permaneceremos ocultos y en silencio. Puede ser que se olviden de nosotros. Aun así, debemos pensar en que hacer… Y debemos hacerlo rápido—dijo Jonatán
—Siento lo que ha pasado. Esto es culpa mía. He sido un idiota—dijo Leandro
—No voy a discutir eso contigo. La has cagado, pero bien. Eso es un hecho, pero no tiene mucho sentido que sigas lamentándote. Esos cabrones nos están rodeando. En el momento que nos descubran, se lanzarán contra las puertas y ventanas. Tardarán lo que tardarán, pero las echarán abajo al final, entrarán en tropel y nos harán pedazos. Aunque con suerte, puede que muramos de inanición. Eso sería mucho más digno.
— ¿Y si salimos corriendo y nos subimos al coche? Podemos conseguirlo.
Jonatán se asomó un poco y miró por encima del mostrador en dirección al coche. Rápidamente, volvió a ocultarse y negó con la cabeza. —Ni hablar. Hay varios entre nosotros y el coche. No lo conseguiríamos.
—Y tenemos muy poca munición— añadió David. —Para salir ahí fuera, debemos hacerlo disparando. Atraeríamos a más. Debemos pensar con raciocinio. No apresuradamente.
—¡¡¡Joder!!!— exclamó Jonatán en ese momento.
— ¿Qué ocurre? — preguntó David
—No lo había pensado…— dijo Jonatán —Solo tenemos que esperar. Los demás saben dónde estamos. Si ven que no aparecemos, no se quedarán de brazos cruzados. Vendrán a buscarnos. Solo tenemos que resistir aquí. Estaremos como mucho unas horas.
Habían pasado varios minutos. De vez en cuando, Jonatán se asomaba un poco para ver la situación. Los infectados estaban fuera deambulando de un lado a otro. Parados delante de los cristales y rodeando el coche. Era como si supiesen que se ocultaban en algún lugar, pero no eran capaces de averiguar dónde, simplemente, estaban allí, buscando.
— ¿Por qué no se van? — preguntó Leandro.
—Saben que estamos aquí… Al menos eso parece. Podrían estar así días, aun así, nosotros estamos seguros mientras estemos en silencio y ocultos. Puede que, en algún momento, algo llame su atención y ellos abandonen el lugar. No es que sean muy listos.
Leandro lanzó un suspiro entonces —Si no hubiese metido la pata…
—Déjalo estar… Podría haberle pasado a cualquiera. Además… ¿Qué coño? Esta situación es lo que es. Vosotros no estáis acostumbrados a algo así. Estáis preocupados por vuestras familias. No sabéis nada de ellos… Ni si están vivos, ni si están muertos. No os han entrenado para esto— Jonatán miró a Leandro —Siento haberme cabreado contigo tío. Fui gilipollas por no ponerme en tu lugar.
— ¿Tú no estás preocupado por tu familia? — preguntó David.
—Mi familia… Para ellos, yo estoy muerto desde hace tiempo. No aceptaron mi forma de ser… Mi padre quería un hijo tan macho como el… Un rompe bragas. En vez de eso, el destino lo obsequió con un hijo homosexual y con otro que era gilipollas… Y yo no soy el segundo… A mi padre le jodió mucho esto y me largó de casa. No sin darme una paliza antes, mientras me llamaba maricón y chupa pollas. Que padrazo… ¿Verdad? Lo siguiente que hice, fue alistarme en el ejército.  ¿Qué si estoy preocupado por mi familia?
Anda y que les den por culo.
—Hay padres que son la hostia ¿Eh? — dijo David —Siento que te pasara eso.
—Yo no. En el ejército hice buenos amigos y algo más que amigos. A los cuales, no habría conocido si no llega a ser por el imbécil de mi padre, Estaría reprimido en una vida falsa… Supongo que eso me ayudó a sobrevivir a esto hasta día de hoy. Si salgo de esta, gritaré con orgullo: Soy gay y estoy orgulloso de serlo. Jodete papá, no necesito ser un rompe bragas para ser un hombre.
—Me encantaría brindar por eso— dijo David
—Si sobrevivimos a esto, pienso brindar noche tras noche— añadió Jonatán. —Se acabó eso de estar metido en un jodido armario de mierda. Se acabó lo de estar reprimido. Este fin del mundo es una nueva oportunidad para ser yo mismo. Es mi liberación.
— ¿Los demás no lo sabían? Me refiero a Juanma y los otros— preguntó Leandro.
Jonatán negó con la cabeza. —Nos hicimos buenos amigos y yo estaba muy marcado por lo de mi padre. Temí… Aunque era absurdo… Temí una mala reacción por su parte. Me equivoqué. Cuando vuelva, les diré la verdad. Estas cosas no se deben ocultar, no es nada anormal…— Jonatán hizo una pausa y los miró a ambos. —Tenéis que disculparme… Tengo que ir al baño.
Jonatán se asomó un poco para ver la situación. Entonces, totalmente seguro de que no había peligro, se incorporó y comenzó a caminar agachado hasta que llegó a una zona semi escondida. La cual, daba a un pasillo, y al final de este, la puerta del baño. Una vez fuera del campo de visión de los infectados, se puso de pie y comenzó a caminar hacia la puerta.  Una vez delante de esta, cogió la manivela de la puerta y la giró. Abrió la puerta y de pronto, una silueta salió de repente, echándosele encima. Jonatán cayó al suelo de espaldas y comenzó a forcejear con aquel ser. Era una infectada, la cual, hasta ese momento, ninguno de los tres se había percatado de su presencia. La infectada, comenzó a lanzar dentelladas y Jonatán, logró alejarla de él, usando su brazo. La empujó hacia arriba y la golpeó varias veces. Fue en ese momento, cuando alcanzó su pistola, se la puso debajo de la barbilla a la infectada y disparó.
El disparo sonó con gran estruendo. Al estar en un sitio cerrado, el ruido fue mucho más fuerte. Lo cual, solo complicaba las cosas. Jonatán se incorporó al tiempo que David y Leandro llegaban junto a él.
— ¿Estás bien? — preguntó Leandro.
Jonatán se quedó mudo unos segundos y después asintió. —Si… Sí, estoy bien.
—Chicos…— dijo David asomándose por la esquina del pasillo. —Tenemos un problema.
Jonatán y Leandro también se asomaron por aquella esquina y contemplaron con horror que el disparo de Jonatán, había hecho que todos los infectados del exterior, comenzaran a tratar de entrar dentro, en busca del origen de aquel ruido.

Los infectados ya estaban aporreando y arañando los cristales. Sus gemidos y gruñidos eran insoportables. Incluso, podían escuchar el rechinar de los dientes rotos desde dentro de la tienda. Algunos de los infectados, presentaban un aspecto lamentable. Había de todo. Mujeres, hombres, niños, jóvenes, ancianos… Toda una multitud de infectados en distintos estados de descomposición. Estaban reclamando su carne… Estaban tratando de entrar, y era evidente que lo acabarían consiguiendo… Y lo peor era, que más infectados estaban acudiendo al lugar.
Se encontraban en una gasolinera situada al lado de la autopista, un lugar donde el día que todo estalló, se había formado un atasco, el cual, se había cobrado varias vidas.
En el interior de aquella tienda de la gasolinera, la tensión no hacía más que crecer, al igual que el calor. Las cosas estaban terriblemente mal.
—Joder… Cada vez hay más de ellos. Así va a ser imposible salir de aquí. Si antes ya era difícil, ahora será imposible. Estamos jodidos. Nos estamos quedando sin opciones—dijo David totalmente asustado. Estaba perdiendo las esperanzas. Si las cosas no se hubiesen complicado así, con el paso del tiempo, habrían logrado salir de allí, pero en esos momentos… Había cero posibilidades.
En ese momento, escucharon como un cristal se rompía. El ruido, provenía de dentro del baño. Los tres se sobresaltaron y Jonatán corrió entonces hasta la puerta y la volvió a abrir. Fue entonces cuando al fondo de los servicios, vio una ventana a poca altura del suelo. Esta estaba rota, con las verjas de hierro arrancadas, era algo con lo que no habían contado… Y a través de ella, un infectado, cruzaba esta, arrastrándose, dejando restos de sus intestinos colgados de los cristales rotos, detrás de él. Más infectados trataban de seguirle.
—¡¡¡Mierda!!!—exclamó Jonatán levantando su fusil y descargando una ráfaga sobre ellos. Lo hizo de forma disparar y sin pensar en las consecuencias que le traería eso.
Aun así, eso no impidió que más infectados pretendieran entrar a través de esa ventana. Eran tantos que, se impedían unos a otros el paso. Eso era una ventaja para David, Leandro y Jonatán, pero, de vez en cuando, uno si lograría entrar y tendrían que abatirlo. Eso les restaba tiempo y los ponía más en peligro.
—¡¡¡Fuego!!!— gritó Jonatán alzando de nuevo el fúsil y comenzando a disparar.
David y Leandro se unieron a su compañero y comenzaron a disparar también. La ráfaga de disparos abatió a varios. Cuando lograron despejar la ventana, se apresuraron a bloquearla con lo primero que encontraron. Aunque eso no aguantaría mucho. Retrocedieron unos pasos y salieron del baño.
—Cerrad la jodida puerta— dijo Jonatán mientras se apoyaba en la pared para recargar el fúsil, aunque se llevó la desagradable sorpresa de que le quedaba muy poca munición.
David y Leandro, cerraron la puerta del baño. Luego, la bloquearon con una palanca. Eso, aguantaría un buen rato. Segundos después, escucharon un nuevo ruido que venía del interior… Y otros varios segundos después, comenzaron los golpes en la puerta. Los infectados estaban atravesando la ventana, y pronto, atravesarían la puerta. Quizás, no lograrían entrar a través de las ventanas y de la puerta de la tienda, pero la ventana del baño, no estaba protegida.
—¡¡¡Joder!!! La puerta no va a resistir mucho. Cuando la atraviesen, estaremos jodidos. Nada les impedirá acabar con nosotros. Esto es el fin— se lamentó Jonatán.
Los gemidos de los infectados eran cada vez más insoportables. Tanto, que Leandro se tapó los oídos para no tener que escucharlos. Entonces, miró a sus compañeros —Tenemos que hacer algo.
—Eso ya lo sé… Déjame que piense— dijo Jonatán dándose palmadas en la frente. En ese momento, alzó la cabeza y miró a David. — ¿Hay una terraza sobre nosotros?
—Si. La hay—afirmó David
—Entonces en marcha— dijo Jonatán echando a correr hacia el almacén de la tienda. Una vez entraron, se fijaron en las escaleras que estaban sujetas al techo y que, mediante una trampilla, podrían alcanzar la terraza de la gasolinera.
David bajó las escaleras y rápidamente, los tres subieron a la terraza. Una vez allí arriba, volvieron a subir las escaleras y cerraron la trampilla. Una vez en la terraza, estaban a salvo. Los infectados no iban a poder subir hasta allí, pero abajo, se habían juntado tantos, que, iba a ser imposible bajar.
David, se acercó a la cornisa y se asomó, vio entonces a la multitud de infectados que se habían congregado allí abajo, y los que seguían llegando. David comenzó en ese momento a perder la esperanza. Estaban atrapados, y aunque los infectados no podían alcanzarlos, estaban allí atrapados, sin comida y sin agua. Abajo, en la tienda, los infectados que entraban a través del baño, habían logrado cruzar la puerta bloqueada y habían invadido el interior… Definitivamente, estaban en problemas muy graves. Si nadie los ayudaba, morirían en menos de una semana.

Ya había pasado casi una hora desde que habían subido a la terraza de la gasolinera Abajo, tanto en el aparcamiento como el interior de la tienda, estaba plagado de infectados. Había tantos que no lograban siquiera ver el asfalto.  Debía haber cientos de ellos, quizás miles. Jonatán, se había apartado un poco de David y Leandro. Había comenzado a sentirse mal y eso, le había hecho tener sospechas nada agradables. Se fue a una esquina y sin que David y Leandro se dieran cuenta, se miró el brazo, el mismo con el que había alejado al infectado que se le echó encima en el baño. Se subió la manga y entonces confirmó sus peores temores, descubrió la herida, de la cual, no se había percatado hasta ese momento, o quizás, no se había querido dar cuenta, pero le había llegado a morder. No era un gran mordisco, pero era una mordedura al fin y al cabo… Eso solo significaba una cosa… Estaba infectado, y, por lo tanto, tenía las horas contadas. Sandro y Mark no habían aguantado ni cuarenta y ocho horas. Habían muerto mucho antes, incluso otros como Sánchez, no habían llegado a una hora. En cualquier momento, podría morir y reanimarse.
— ¿Tienes algo de tabaco? —preguntó David, sorprendiendo a Jonatán, tanto que este se sobresaltó. Eso sorprendió a David y lo miró fijamente. — ¿Estás bien? Parece que he interrumpido algo.
—No, no. Estoy bien. Solo estaba pensando en cómo salir de aquí— Jonatán sacó entonces un paquete de tabaco y se lo mostró a David —Me quedarán como cuatro o cinco cigarros.
— ¿Puedes darme uno? —preguntó David
—Toma el paquete entero— dijo Jonatán — ¿Sabes? He estado pensando. Sí alguna vez has pensado en dejarlo, este es el momento más apropiado. A mí, una vez se me acaben, dejo el tabaco. Aunque creo que moriré antes de que se me acaben—dijo Jonatán — ¿Apostamos a ver qué sucede antes?
—Si. Acepto la apuesta. Dudo mucho que podamos conseguir tabaco en medio de todo este apocalipsis. Este será mi último cigarro—dijo David sacando uno y poniéndoselo entre los labios. Después lo encendió. Jonatán también cogió uno y David se lo encendió. —Por nuestro último cigarro.
—Eh Leandro ¿Quieres unirte a nosotros en nuestro último día de fumadores? —preguntó Jonatán haciéndole un gesto con la mano —Leandro sonrió y se levantó de donde estaba. Se acercó a donde estaban sus dos compañeros y cogió el cigarro que Jonatán le ofrecía.
—Por el último día de fumadores—dijo Jonatán con una sonrisa a medida que le encendía el cigarro a Leandro. Entonces, se quedó un momento parado y miró a sus dos compañeros.
— ¿Qué ocurre? — preguntó David dándole una calada a su cigarro.
—No había caído en una cosa…— murmuró Jonatán.
—Suéltalo. No nos dejes en ascuas…— dijo David
—No se puede fumar en las gasolineras— respondió Jonatán
La respuesta de Jonatán dejó atónitos a David y Leandro, pero segundos después. Ambos comenzaron a reír a carcajadas. Lo cierto es que era irónico, y en un momento así, necesitaban evadirse un poco de la tensión, pretender no pensar en el problema que se encontraban. Ellos, se encontraban allí, en una situación que no les dejaba muchas más opciones más allá de la muerte, pero estaban riendo.
—Dios… Que bien sienta… El tabaco, es un remedio cojonudo para los nervios—dijo Leandro —Me he calmado bastante. Gracias tío.
—No hay de qué. Esos gemidos me tenían de los nervios, pero tras varias caladas. Estoy más calmado —dijo Jonatán —Bendito tabaco.
— ¿Sabéis? Yo los miro— dijo David señalando a los infectados —Y no puedo evitar pensar. Aquellos a los que no conozco, me pregunto cómo eran en vida. Qué trabajo desempeñaban. Me pregunto, si alguno tenia familia. Veo a chicas que me pregunto cómo hubiese sido conocerlas en circunstancias diferentes y si habría tenido algún tipo de relación con ellas. Tantas cosas pasan por mi cabeza… Pero pienso en que ha sido de mis familiares. Si están bien o no… Antes de llegar al instituto, pasé por mi casa, con la esperanza de que estuvieran allí, esperándome… En esos momentos, no había comprendido todavía la situación… Por eso, cuando miro a los infectados y veo su degradación, me aterra la idea de que mis familiares estén así…
—Bueno… En mi caso, ya os he contado lo que pienso de mi familia… Aunque me preocupo por mis amigos… Los que no pertenecen al ejercito… Imagino que o están muertos, infectados o vivos en algún lugar. Aunque sinceramente… Y no lo digo por joder a nadie, pero, dudo que vuelva a verlos— dijo Jonatán
—Yo espero que nuestros padres hayan sido evacuados o hayan escapado, pero ante todo espero que estén bien lejos de toda esta mierda. No quiero que estén como esta gente—dijo Leandro —Verlos así me marcaria de por vida.
—Me imagino que los evacuados deben estar en algún bunker bajo tierra o en algún lugar seguro— David miró a Jonatán — ¿No es lo que se suele hacer en estos casos?
—Sí. Eso es lo que suele hacerse… En mayor o menor medida. Aunque en casos víricos. Se suele pasar una cuarentena. Así, se evita que la infección se extienda mucho más. Aunque eso, pasa cuando se pretende evitar una pandemia… Y en la pandemia ya estamos— explicó Jonatán —Aunque la pandemia fue al principio. La situación actual es de crisis global.
— ¿Creéis en la posibilidad de que en alguna parte del mundo hayan logrado mantener la infección a raya? —preguntó Leandro —Eso sería muy esperanzador.
—Sinceramente no tengo ni idea. La infección se ha extendido mucho y muy deprisa. En las noticias de canal 9 se vio como Tokio desaparecía del mapa. A veces, pienso que aún quedaban personas sanas en esa ciudad. Y eso me aterroriza. Eso podría suceder aquí—dijo David.
—Las había— Aseguró Jonatán —Pero les dio igual. Lo que hicieron, fue llevar a cabo el protocolo de contención. Aún o se conocían muchos detalles del asunto— dijo Jonatán
— ¿Protocolo de contención? —preguntó Leandro
—Sí. Es cuando deciden acabar con todo de un plumazo. Impiden que la infección se extienda. En esos momentos, creyeron que, con eso, lograrían erradicar el virus. Pero queda demostrado que se equivocaron— dijo Jonatán
—Se lo que es, pero me refiero, a si tan mal se puso aquello como para tomar la decisión de volar la ciudad—dijo Leandro —Fue increíble… Fue horrible.
—No estuve allí, pero por lo que se, aquellos infectados se contaban por millones en esos momentos. No había datos suficientes. Aquí en Puzol, también llevó a cabo el protocolo. No con ninguna bomba, pero si comenzaron a disparar contra todos. Creyeron que así lo contendrían, pero el virus estaba en el aire por lo visto. Lo que hicieron, fue en vano. Únicamente, mataron a personas—dijo Jonatán
—Eso fue un gran error— dijo David dando una calada —El miedo privó de vida a unas personas que, a día de hoy, podrían estar vivas en algún lugar.
—Si. Yo no participé, pero lo escuché por radio, había infectados entre la gente en la placeta de santa Marta. A los que intentaban evacuar, a la gran mayoría, los cosieron a balazos—dijo Jonatán
—Supongo que es por eso por lo que vimos esa masacre allí. Había muchos muertos—dijo Leandro mirando a Jonatán.
—Sí. La plaza era un baño de sangre. Algunas personas pudieron huir hacia el interior de la iglesia, pero, aun así, no sobrevivieron. Los infectados se dieron un festín con ellos. Luego se reanimaron y empezaron a caminar. Pudimos verlo con nuestros propios ojos—dijo David
—Si. Y entre ellos, no solo había habitantes del pueblo. También había soldados… Fue un desastre, pese a que no lo vi con mis propios ojos— añadió Jonatán —Ojalá pudiera volver atrás con el tiempo y…— Jonatán hizo una pausa, se había sentido mal y había tenido que apoyarse. Algo de lo que se dio cuenta David, pero no le dijo nada. Jonatán continuó —Si pudiera volver atrás en el tiempo, intentaría cambiar las cosas.
Pasaron un par de horas. Leandro se había apartado en un lugar a la sombra y se estaba quedando dormido. David observaba a los infectados que permanecían abajo. Había muchos, pero por suerte, habían dejado de llegar más, al menos por el momento. David se quedó mirando a uno de los infectados. Era un hombre de unos casi sesenta años, no le llevó mucho tiempo reconocerlo. Se trataba de un antiguo jefe que tuvo. Aunque en su día tuvo sus más y sus menos con él, pese a que no le caía nada bien, le impactó verlo así. Entonces, se le pasó por la cabeza hacer algo, alzó su fusil y le apuntó, justo cuando iba a disparar, escuchó toser a Jonatán. Se dio la vuelta y entonces, lo vio vomitar en un rincón de la terraza. Dejó lo que estaba haciendo y se acercó a su compañero. Cuando Jonatán lo vio acercarse, trató de ocultar su estado, pero, era demasiado notable.
— ¿Cuánto hace que te mordieron? ¿Cuánto hace exactamente?
—He perdido la noción del tiempo, pero me mordieron cuando fui al baño. Cuando ese cabrón se me echó encima— confesó Jonatán. Ya no tenía sentido ocultarlo. Le quedaba probablemente poco. Tenía que ser sincero.
—Hace casi tres horas— dijo David.
Jonatán asintió —Más o menos… Si…
— ¿Por qué no lo dijiste antes? — preguntó David
— ¿Hubiese cambiado algo? — preguntó Jonatán
En ese momento, Leandro, atraído por la conversación, se acercó a ellos. — ¿Qué ocurre?
—No… Nada… Puede que…— titubeó Jonatán, pero David le interrumpió.
—Le han mordido.
Leandro miró entonces a David y después, miró a Jonatán. — ¿En serio? ¿Por qué lo ocultaste? ¿Por qué no dijiste nada? Si hubieses muerto, te habrías reanimado y nos habrías atacado después.
—Me estaba planteando lo de tirarme de la terraza antes, pero he pensado otra cosa. Algo que nos sacará de aquí…— Jonatán hizo una pausa —…Algo que os sacará de aquí— se corrigió.
— ¿No te incluyes? — preguntó David
—Yo ya estoy muerto de todos modos…— dijo Jonatán —Pero ahora escuchadme. No tenemos mucho tiempo. Yo no tengo mucho tiempo. Este es mi plan, es una locura, pero es el único plan que tengo. Es nuestra única posibilidad— Jonatán hizo una pausa y comenzó a explicar su plan. —A mí ya me han mordido y no tengo nada que perder. Es ahí, por esa causa donde he pensado lo que hay que hacer. Hay muchos entre el coche y nosotros. Bastará con que bajemos para que se nos echen encima, ni siquiera podremos tocar el asfalto, pero… Fijaros en esa uralita— dijo Jonatán señalando la amplia terraza que quedaba por encima de los surtidores —Caminar sobre ella nos deja encima del coche. Basta con que unos pocos se alejen de ahí, para que vosotros dos, podáis deslizaros hacia el coche. Aun así, no tendréis demasiado tiempo, yo no lo tendré.
— ¿Cuál es el plan? — preguntó Leandro.
—Yo seré el cebo. Bajaré abajo y atraeré a todos hacia mí. Eso, os dejará unos segundos de maniobra, pero solo unos segundos, porque nada más os vean, os atacarán. Tendréis que ser muy rápidos y cuidadosos. Venga, no perdamos más el tiempo. Yo me siento cada vez peor…
El plan estaba ya en marcha. Jonatán se acercó a una de las cornisas y pasó una pierna por encima. El suelo estaba a cuatro metros de altura. Cuando los infectados lo vieron, comenzaron a alzar los brazos, en un vano intento de cogerlo.
Jonatán se preparó, agarró un cuchillo y lo desenvainó, luego se pasó el fusil por delante, para tenerlo más a mano cuando bajara. Después, sacó una granada, la observó y se la colgó de una de las anillas del chaleco militar que llevaba. Miró entonces a Leandro y David. Entonces, no pudo reprimir las lágrimas. Leandro y David tampoco pudieron contenerse.
—Ha sido un placer conoceros, y un honor acompañaros en esta misión. No nos conocemos de hace mucho, pero en estos días desde que empezó esto… Os he considerado una familia. Una familia de verdad… Vaya donde vaya, os estaré eternamente agradecido— Jonatán se limpió las lágrimas y nuevamente, miró a sus compañeros. Seguidamente, se llevó la mano a la cabeza y les hizo el saludo militar. David y Leandro se lo devolvieron.
Sin decir nada más. Jonatán pasó la otra pierna y se dejó caer. Cayó entre varios infectados, incluso derribó a unos cuantos. Él se hizo daño en las piernas, pero no le importó. Rápidamente, comenzó a caminar entre los infectados, golpeándolos con el puño, pegándoles patadas, apuñalándolos en la cabeza. Eso era lo que hacía, mientras apuntaba al cielo y descargaba una ráfaga.
El ruido de los disparos, hizo que los infectados que se concentraban en la parte delantera de la gasolinera, comenzaran a moverse como un rebaño, despejando cada vez más, la zona donde se encontraba el vehículo. Quedó tan despejada que Leandro y David tuvieron el camino prácticamente despejado. Era su turno. Tenían que moverse.
Rápidamente, Leandro y David comenzaron a correr sobre la uralita. Llegaron a la zona donde estaba el coche y se dejaron caer. Cayeron justo al lado del vehículo y acabaron con los infectados que se les acercaron. Actuaron rápido y lograron meterse en el vehículo. David se puso al volante y giró las llaves en el contacto.
—Date prisa— le presionó Leandro.
—Eso intento— respondió David mientras observaba que muchos infectados comenzaban a rodear el coche. Si seguían acumulándose allí, iban a tener imposible lo de salir de allí. Quedarían atrapados y el sacrificio de Jonatán sería en vano.
Finalmente, el motor arrancó con un rugido y David pisó el acelerador. Puso la marcha atrás y comenzó a arrollar a los infectados que se encontraban detrás. El vehículo salió rápidamente al asfalto, allí, David pegó un volantazo e hizo girar el coche, seguidamente, volvió a pisar el acelerador y el coche, salió disparado en dirección al punto de encuentro.
David no pudo evitar romper a llorar en ese momento. Lo habían logrado gracias a Jonatán, aunque el, no les acompañaba, había dado su vida por salvarles. Algo en lo que le estaría eternamente agradecido. Jonatán no sería olvidado, él lo recordaría siempre.
*****
Jonatán estaba cansado y muy herido. Lo habían mordido varias veces más mientras luchaba atrayendo toda la atención de los infectados. Mientras luchaba, había logrado alcanzar el interior de la tienda. Donde había logrado resguardarse entre dos estanterías, las cuales, estaban tan juntas que impedía el paso de aquellos seres, únicamente podían meter los brazos. El hecho de que Jonatán se refugiara allí, no le impidió ver como David y Leandro lograban escapar. Eso lo hizo feliz… Muy feliz…
Jonatán agarró la granada que llevaba colgada de la anilla y miró a los infectados. En ese momento le quitó la anilla y cerró los ojos.
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David escuchó la explosión cuando estaban alejándose de allí. Miró entonces el retrovisor y vio la bola de fuego. Eso hizo que frenara de golpe y saliera del coche. Este miró entonces hacia el lugar donde se encontraba la gasolinera. Leandro también salió del coche y se acercó a su amigo.
— ¿Crees que ha sido Jonatán?
—No me cabe duda— respondió David. Entonces miró a Leandro —Recuérdalo siempre. Recuerda a aquel que dio su vida por nosotros. Nunca olvides su nombre. Se llamaba Jonatán, y durante varios días, fue nuestra familia… Nuestro hermano.
Ambos se quedaron allí unos minutos y después, volvieron al interior del vehículo. Con la intención de ir a encontrarse con los demás en el punto de encuentro. Mientras conducía, David iba preparándose para dar la triste noticia.
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Las carreteras estaban bloqueadas, tanto por barricadas como por vehículos abandonados y calcinados. Tuvieron que buscar otro camino para llegar al ayuntamiento.  Ya eran las 21:10 de la noche cuando llegaron al punto de encuentro. Cuando llegaron, vieron que había solo dos coches de los cuatro que habían salido. Estos eran los de Juanma y Lidia. Faltaba el de Bosco. Algo les había pasado y por eso no estaban allí.
Cuando llegaron, David aparcó el vehículo y se bajó. Estaba nervioso por lo que iba a tener que hacer. Vio acercarse a Juanma, al principio, parecía contento, pero cuando vio la expresión de David, supo que había algo que no estaba bien. Algo que había salido horriblemente mal. Algo que relacionó enseguida con la columna de humo que venía desde el punto de donde se encontraba la gasolinera.
—Hay algo que te tengo que contar…— comenzó a decir David.