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domingo, 30 de julio de 2017

ZOMBIES Capitulo 10 Liderazgo

10
LIDERAZGO

Día 18 de junio de 2010
Puzol… Instituto…
12:00 horas…

Había amanecido hacía horas. Era el tercer día del apocalipsis en el que estábamos sumidos. Me levanté de donde me había quedado dormido. Lo primero que hice, fue mirar a mí alrededor. Me encontraba solo, todos los demás se habían levantado. Me acerqué a la ventana para asomarme. Ya no llovía, pero el tiempo seguía amenazando con lluvia torrencial. Estaba muy nublado. Me arreglé la ropa y salí de la clase. Entonces me crucé con un chico rubio en el pasillo. Este se me quedó mirando, se me acercó y se presentó.
—Buenos días. Me llamo Félix. Eres de los que estaba fuera cuando llegamos ¿Verdad?
—Buenos días. Yo soy Juanma— respondí mientras me presentaba y le estrechaba la mano—No sabía que había llegado tanta gente. Me dijeron que habían llegado más amigos míos, pero no tenía ni idea de que había llegado más gente además de ellos. Bienvenidos.
—Yo llegué con algunas personas de mi grupo mientras tú estabas fuera. Comentaban que estabais en una especie de misión de rescate o algo así— dijo Félix –Aunque parece que las cosas no salieron demasiado bien.
—No… No salió demasiado bien. Ahora debemos preocuparnos por seguir nosotros adelante— dije yo poniendo los brazos en jarras. Estaba deseando ir a desayunar algo. Justamente en ese momento entraron los demás militares. Mis compañeros. Víctor iba a la cabeza. Al que hacía tiempo que no veía.
—Juanma ya te has despertado ¿Tienes un momento? Tenemos que hablar—dijo Víctor acercándose a mí. –Es algo importante.
—¿Qué es lo que ocurre? —pregunté yo
En ese momento. Víctor miró a Félix —Oye Félix. Los demás están en la cafetería. Algunos vais a comenzar con las clases de tiro. Nosotros tenemos que hablar en privado.
—Vale, de acuerdo— Félix me miró a mí –Encantado de conocerte. Hasta luego.
—Hasta luego— respondí.
Félix se alejó por el pasillo. Nosotros entramos de nuevo a la clase y tomamos asiento.
—Veras— comenzó a decir Víctor —Estuve hablando con tu amigo Bosco hace un momento. Cree que deberíamos salir del pueblo ahora que aún podemos, y creo que tiene toda la razón del mundo. En el instituto estamos a salvo de momento, pero solo de momento. Tal y como me han contado, Molano intentó mataros y ahora está por ahí suelto en cualquier lugar. Es evidente que tratará de terminar lo que empezó. Lo mejor que podemos hacer es irnos a un lugar donde no pueda encontrarnos. Es mi opinión.
—La idea no es mala, pero… ¿A dónde vamos a ir? Recuerda que la situación es la misma en muchas partes. No hay ni un solo pueblo, ni ciudad que no esté tomada por infectados. Sería un suicidio salir de aquí. Es un viaje demasiado largo— dijo Ángel –Debemos considerar otras opciones.
—También es un suicidio quedarse aquí. Molano sigue vivo. Vendrá a por nosotros—dijo Jorge mirando a Ángel –Yo voto por largarnos y buscar un sitio más seguro que este.
—Tenemos comida ¿No? — dije en ese momento —¿Para cuánto tiempo tenemos? Ahora somos más. Necesitaremos más para el viaje en caso que salgamos de aquí.
—Bueno. He estado haciendo cálculos. Si la racionamos bien… Con todos los que somos… Creo que tendremos aun para unos cuatro días. Puede que menos— dijo José –Ni de coña nos durará mucho más. Y solo hablo de lo que nos duraría si nos quedásemos aquí.
—Está claro que antes o después se nos terminará. Tendremos que volver a saquear supermercados. Ahora que somos más, podríamos cubrir más terreno. Llevar más vehículos y recolectar más— dijo Víctor –Es cuestión de organizar equipos.
—Eso también es un riesgo. No quiero que la gente se juegue así la vida… Aunque aprendan a disparar—dije yo –No todos los que están aquí saben manejar bien un arma.
—De todos modos, el motivo de esta reunión es el siguiente. Es el punto más importante— dijo Víctor mirándome.
—¿Cuál? — pregunté frunciendo el ceño.
—Necesitamos un líder. Alguien que tome las decisiones. Será mucho mejor así—dijo Víctor
—Ya, estoy de acuerdo ¿Algún voluntario? — pregunté yo mirándolos a todos. Esperando que alguno de mis compañeros militares levantara la mano. Al fin y al cabo, si alguien debía liderar al grupo, tenía que ser un militar.
Víctor miró a los demás y luego me miró a mí —Tus amigos opinan que debería dirigirnos uno de nosotros. Piensan que, si alguien puede garantizar su seguridad, ese debe ser un militar, pero nosotros no sabemos movernos por el pueblo sin un mapa.
—¿Que sugieres? — pregunté yo
—Que seas tú. Que tú seas quien nos lidere— dijo Víctor
—¿Por qué yo? Yo no sirvo para eso. No quiero ser un líder— respondí
—Pues yo pienso que sí. Tus compañeros están de acuerdo y nosotros también. Lo hemos hablado y votado. Solo nos falta el voto de esa chica nueva… Rosa creo que se llama… Pero, aunque su voto fuese negativo, ganarías por mayoría. Además, ellos confían en ti.
—Creo que depositáis demasiadas confianzas en mí— les dije. No me sentía preparado para cargar con esa responsabilidad.
—Deposito las confianzas que debo depositar ¿Qué fue lo que te dijo el capitán Ferro antes de irte de permiso? — preguntó Víctor –Dilo— Yo guardé silencio. Nunca tomé en serio aquellas palabras. La realidad es que nunca quise creer en aquello. Entonces, Víctor contestó por mí a la vez que me ponía la mano en el hombro —Te dijo que tenías una gran capacidad para liderar… Y yo confió en esas palabras. Sé quién nos lidere.
—Yo también creo que tu deberías ser el líder— dijo Paco mirándome.
—Y yo— añadió Jorge –Eres el más indicado para ello.
—De acuerdo— dije dejando escapar un suspiro –Intentaré hacerlo lo mejor que pueda. Ahora vayamos a la cafetería. Necesito desayunar algo. Me muero de hambre.
*****
El día transcurría normal. Llegó la noche y la hora de la cena. Allí me pude relacionar un poco más con los recién llegados. Entonces me llegó la ocasión de hablar con la doctora. Me acerqué a ella y comenzamos a hablar. Esta me miró entonces.
—¿No te acuerdas de mí? — preguntó ella
Me la quedé mirando con más detenimiento y entonces la reconocí. Hacía tiempo que la había conocido, pero después no había vuelto a saber de ella. –Si. Ahora sí que me acuerdo de ti.
—Esperé mucho tiempo que me llamaras…— dijo ella –Y ahora. Tiempo después… Aquí estamos… Bueno.  Si me disculpas. Ahora tengo que llevarle algo a Rosa. No se encuentra demasiado bien. Nos vemos más tarde.
—¿Cómo te llamabas? — pregunté
—Lidia— respondió ella mientras se alejaba con un plato de comida.
Lidia comenzó a caminar y entonces fue interceptada por Julián –¿Eso es para Rosa?
—Así es— respondió Lidia –Ella no se encuentra demasiado bien y está en la enfermería.
—Ya se lo llevo yo— dijo en ese momento Julián cogiendo el plato de comida. –Tú termina de cenar. Yo me ocupo de llevárselo.
Lidia sonrió –Muchas gracias. Aquí tienes las llaves de la enfermería. Déjale allí esto y vuelve enseguida. Ella necesita descansar— Julián se comenzó a alejar y Lidia lo volvió a llamar –Ten mucho cuidado.
Julián sonrió a Lidia –Sí. No te preocupes, vuelvo enseguida.
Julián salió por la puerta de la cafetería y se fue alejando por el pasillo. Félix lo vio y se acercó a Lidia.
—¿A dónde va este? — preguntó Félix –Iba muy contento.
—Va a llevarle algo de cenar a Rosa. Al final no es tan capullo como pensaba— respondió Lidia
Yo me acerqué entonces a ellos —¿Qué le pasa exactamente a esa chica? Sé que está enferma, pero no se mucho más.
—Parece un resfriado normal—dijo Lidia. Aunque en el fondo sabía que eso podría no ser del todo cierto. Aunque no quería arriesgarse. Si decía que Rosa podría estar infectada, cundiría el pánico, y las cosas podrían complicarse mucho para ella.
******
Julián caminó firme por el pasillo en dirección a la enfermería. Tenía muy claro lo que quería hacer. Llevaba queriendo hacerlo desde que se habían refugiado en el cine teatro. Quería tener sexo con Rosa, y le daba igual que ella no quisiera. Esa noche iba a ocurrir, con o sin el consentimiento de ella, al fin y al cabo, al estar enferma, mucho no se iba a resistir, y él ya se aseguraría de que esta no dijese nada.
Llegó a la puerta de la enfermería y se quedó parado delante de esta. Dejó la bandeja con la cena de Rosa en el suelo y sacó las llaves. Las puso en el cerrojo y comenzó a abrir con tranquilidad, aunque estaba terriblemente excitado. No dejaba de pensar en cómo sería. Quizás entraría rápidamente y se abalanzaría sobre ella, la desnudaría de cintura para abajo y haría lo que estaba deseando. No necesitaba mucho más.
Giró las llaves y abrió. El interior estaba oscuro, aunque eso no le impidió entrar. Cuando lo hizo, caminó hacia la camilla donde debía estar Rosa, pero esta no estaba ahí.
—Pero… ¿Qué demonios? ¿Rosa? — preguntó Julián en voz baja, pero Rosa no contestó.
Julián la buscó a tientas y entonces la pareció ver en un rincón. Estaba parada y de pie de espaldas a él.
Las cosas eran un tanto diferentes a como Julián se las había imaginado en un principio, pero él tenía muy claro lo que había ido a hacer. Se acercó más a ella, le puso la mano en el hombro y ella se giró para mirarlo.
******
David, yo y otros estábamos caminando por uno de los pasillos. Íbamos a salir al exterior. Había infectados al otro lado de la valla apelotonándose y íbamos a reducir su número clavándoles algo punzante en la cabeza desde dentro del instituto. Habíamos fabricado algo parecido a unas lanzas con palos de escoba y cuchillos. Estábamos llegando a la salida cuando de repente escuchamos un grito proveniente del piso de arriba. Era el grito de un hombre. Nosotros nos quedamos quietos mirándonos los unos a los otros.
—¿Eso ha sido un grito? —  preguntó Juan
—Lo ha sido. Viene del piso de arriba— respondió Lidia –Los únicos que están arriba son Julián y…— Lidia se quedó un momento paralizada. –Rosa… Rosa también estaba arriba. Ella estaba enferma y…
En ese momento. Los que íbamos armados con armas de fuego, les quitamos el seguro y comenzamos a correr escaleras arriba. Paco y Jorge me seguían de cerca, alumbrando los oscuros pasillos del instituto con nuestras linternas. Cuando llegamos al piso donde estaba la enfermería, vimos que la puerta de esta estaba abierta de par en par. Los que habíamos subido nos miramos los unos a los otros y nos fuimos acercando con cautela. Entramos alumbrando con las linternas, pero no vimos a nadie allí. Estaba completamente vacía.
—¿No se supone que Rosa estaba aquí? — pregunté mirando a Lidia.
—Juanma— me llamó Jorge —Mira esto— Jorge enfocó con la linterna el suelo. Entonces me miró –Esto parece sangre.
Había una mancha de sangre en el suelo. Jorge alumbró un poco más y vimos que más que de una simple mancha en el suelo, se trataba un rastro de sangre que se iba desde la enfermería hasta el largo pasillo de las clases de tercero de la E.S.O que teníamos justo detrás de nosotros. La sangre no la habíamos visto al llegar. Fue en ese momento cuando escuchamos un crujido.
—Cuidado— dije yo levantando el fusil y comenzando a caminar siguiendo el rastro.
Jorge, Paco y yo fuimos siguiendo el rastro. Los tres nos adentramos en el pasillo y enfocamos a una de las puertas que estaba abierta. Avanzamos hacia la clase que estaba abierta, nos asomamos y en el interior del aula, vimos dos figuras humanas. Una de ellas, estaba tumbada en el suelo boca arriba. La otra silueta estaba inclinada sobre la otra. Enfocamos con la linterna hacia las siluetas y lo primero que vimos fue un charco de sangre debajo del cuerpo que estaba tumbado en el suelo. Se trataba de Julián. Este tenía el estómago abierto y la segunda silueta metía las manos ensangrentadas dentro del estómago.  Segundos después, las sacaba de nuevo agarrando trozos de carne y se los metía en la boca para masticarlos mientras emitía una especie de gruñidos.
—¿Esa es la chica? — preguntó Paco mirándome.
—Debía estar infectada—dijo Jorge apuntándole a la cabeza.
En ese momento Rosa nos miró a los tres. Esta tenía el rostro pálido y la boca llena de sangre. De su boca colgaban restos de los intestinos de Julián, y en sus ojos no había rastro de vida. Entonces comenzó a ponerse de pie con la vista clavada en nosotros. Pudimos verla mejor en ese momento. En uno de sus brazos había una herida con muy mala pinta. Era probablemente el mordisco que la había matado y reanimado después.
Rosa lanzó un gruñido y aceleró el paso. Comenzó entonces a correr hacia nosotros. Los tres abrimos fuego y la cabeza de Rosa estalló en pedazos cuando las balas impactaron en ella. El cuerpo de la muchacha cayó al suelo como si fuera un saco de patatas. Los demás aparecieron por las escaleras allí en ese momento atraídos por el ruido. Lidia fue la que más consternada se quedó. Entonces comenzó a caminar hacia el cuerpo de la chica.
—¿Que ha pasado? ¿Es Rosa?
—Estaba infectada— dije yo caminando hacia Lidia. Cuando ella se dio la vuelta, la agarré del brazo y la obligué a mirarme –Tú estuviste tratándola ¿No viste el mordisco? ¿No sabias nada? — Lidia no respondió. Estaba totalmente confusa. Podía notar como temblaba.
—Debió infectarse en el cine— dijo Félix –Nos lo ocultó cuando la rescatamos.
En ese momento. Manuel se dejó caer de rodillas y comenzó a llorar desconsoladamente. Aunque yo quería que Lidia hablara. Quería que dijese la verdad. —¿Tu lo sabias o no lo sabias?
—Lo siento— respondió Lidia en ese momento –Vi el mordisco y aunque pensé que podría estar infectada no dije nada. Quería ver qué pasaba. Quería ver si estaba infectada de verdad o era una falsa alarma. Si hubiese dicho algo, habría cundido el pánico y podríais haberla matado. Sé que no hice bien… Yo…
—Ha muerto una persona por ocultar esto. Podrían haber muerto más. Tu eres la responsable— dije mirando con dureza a Lidia. Después miré a los demás –Id a dormir. Mañana los enterraremos a los dos— volví a mirar a Lidia en ese momento. –Tú y yo tendremos mañana una charla.
En ese momento el cuerpo de Julián comenzó a moverse y Paco se acercó. Este sacó su cuchillo y se lo clavó en la cabeza. Después de eso, bajamos los cuerpos al patio y los dejamos allí envueltos en unas mantas.

Día 19 de junio de 2010
Instituto de Puzol… 08:00 horas de la mañana…

Había amanecido. Nos encontrábamos en el patio reunidos. Estábamos en círculo, en torno a dos hoyos en el suelo, donde habíamos dejado los cuerpos de Julián y Rosa.
—Quizás alguien debería decir unas palabras— dijo David –Algo sobre ellos.
—Yo no sé qué podría decir— dijo Leandro –No los conocía nada. Con ella no hablé nunca. Con el solo hola y adiós. Nada en realidad.
—Pues alguien debería decir algo— repitió David. Este entonces miró a Félix y Lidia. –Vosotros erais quien mejor los conocía.
Yo me día la vuelta y me fui hacia el interior del instituto. No tenía ganas de nada. Ver esos cuerpos me hizo pensar otra vez en mi familia y en que no sabía nada de ellos desde que todo había comenzado. Una vez dentro, me adentré en uno de los pasillos, me quedé frente a una clase y comencé a dar golpes en la puerta. Soltando todo lo que llevaba dentro. Lloré amargamente y maldije en voz alta. Me sentía completamente abatido. Me apoyé en una pared y me dejé caer hasta quedarme sentado en el suelo. Me llevé las manos a la cabeza y me quedé en silencio. Pensando. Fue en ese momento cuando Bosco, David, Leandro y Toni aparecieron por el pasillo en dirección a donde me encontraba. Cuando llegaron a donde estaba, se pusieron a mí alrededor.
—¿Se puede saber qué te pasa? — preguntó Bosco –Te has ido de repente sin decir nada. La gente se pregunta el porque te has ido así.
—Nada— respondí –Solo quería quedarme solo y pensar.
—No me jodas. No estás así por nada ¿Que cojones te pasa? — dijo Bosco con tono severo.
—¿Que me pasa? ¿Quieres saberlo? — pregunté completamente nervioso. Las manos y la voz me temblaban.
—Si. Eso me ayudaría a entender el motivo del por qué estás así de histérico— contestó Bosco –En realidad nos ayudaría a todos. Somos un grupo.
—Ni siquiera llevo un día como líder del grupo y ya han muerto dos personas. Y encima no sabemos nada de nuestras familias. Estoy harto de aparentar que todo esto no me tiene de los nervios, que no tengo miedo, pero son solo apariencias. Tengo tanto miedo como vosotros, quizás más. Esto me supera y no sé cuánto tiempo voy a ser capaz de soportarlo—dije yo con lágrimas en los ojos –Y encima, tengo pendiente una charla con Lidia por lo ocurrido con la chica.
—No puedes venirte abajo. Ahora no— dijo Toni poniéndome una mano en el hombro.
—Toni tiene razón. Tenemos fe en ti y sabemos que tú puedes dirigirnos. Esto que ha pasado no ha sido culpa tuya. Piensa que no puedes estar en todo— dijo Leandro
—Nosotros te apoyamos. Nadie te hace responsable de lo ocurrido— dijo David –Todos entienden que tu no podías saberlo. De hecho, creo que Lidia ha asumido la responsabilidad. Creo que habló con todos los demás.
—De todos modos, tengo que hablar con ella— dije yo mirando a mis compañeros –Necesito hacerlo. Tengo que protegeros a todos. Ese es mi trabajo como líder.
—Entonces no te vengas abajo. Porque entonces, si tú te das por vencido… Nos estás condenando. Confía en ti mismo, se el líder que debes ser— dijo Bosco –Solo así podremos seguir adelante.
—Escucha— dijo Leandro —Te dejaremos solo para que te relajes. Vámonos— les dijo a los demás.
El día pasó muy rápido. Yo estuve casi perdido en mis pensamientos gran parte del día. Después encontré un momento con el que poder hablar con Lidia. Ella asumió su responsabilidad al no decir lo del mordisco de Rosa. Después, nuevamente, se disculpó con los demás.
Cuando anocheció comenzó a llover de nuevo. Salí a tomar un poco el aire y vi a Bosco debajo del toldo montando guardia. Él se encontraba solo en esos momentos y yo me acerqué a él.
—Gracias por lo de esta mañana— dije mientras me sentaba a su lado.
—No podía permitir que te derrumbaras. Un líder debe mantener la cabeza alta siempre—dijo Bosco –Yo tampoco puedo derrumbarme. Me está costando mucho, pero ahí sigo, por Anna.
—He sido un estúpido— dije yo –Lo siento ¿Cómo lleva Anna esto?
—Anna lo lleva bien, o al menos eso parece. ¿Sabes? Ella me dejó— dijo Bosco. Eso hizo que lo mirara. El siguió hablando. –Siento que esto que está ocurriendo es algo así como una segunda oportunidad que estoy teniendo con ella. Ahora, más que nunca, debo cuidar de ella. Protegerla con mi vida si es necesario. Por eso, pase lo que pase. Cuando me sea posible. Quiero largarme de aquí. Le he estado dando varias vueltas al asunto y el mar es la mejor opción que se me ocurre. Esos seres son estúpidos y dudo que puedan nadar. Un barco podría ser nuestra mejor opción.
—La verdad es que yo también he estado pensando en marcharnos de aquí— dije yo –El mar, tal como dices me parece la mejor opción.
Bosco miró hacia las vallas. Más infectados habían estado llegando. –El problema sería el cómo llegar hasta allí. A saber, cuántos de esos hay entre nosotros y la playa de Puzol.
—Tenemos tres vehículos. Un jeep con una ametralladora M134, un blindado y un autobús que podemos reforzar con placas de hierro. La ametralladora del jeep parece que no tiene balas. Necesitaríamos conseguir munición para ella. Nos llevará unos tres o cuatro días terminar de prepararnos— dije yo –Si hacemos eso, nos facilitará el viaje.
—¿Y a dónde iremos? Me refiero a cuando lleguemos al mar— preguntó Bosco
—Eso no lo sé, pero pensaré en algo. También vamos a necesitar armas, muchas más de las que tenemos. También comida y suficiente gasolina para el viaje— dije yo
—Buen plan.  Ahora vete a descansar. Mi guardia terminara en una hora. Mañana reúnelos a todos y comenta tu plan. Sé que todos te seguirán. Yo lo haré sin duda—dijo Bosco
—Gracias— respondí. Seguidamente al interior del edificio. Entré en la clase en la que acostumbraba a dormir desde que llegamos y me acosté. No tardé en quedarme dormido.

Día 20 de junio de 2010
Instituto de Puzol… 10:35 de la mañana…

Anna vomitó en uno de los baños del instituto. Se incorporó un poco y se apartó un mechón de pelo de la cara. Cuando quiso levantarse le vino otra nausea. Cuando terminó de vomitar se sentó en el suelo y comenzó a pensar. Casi tenía claro lo que le pasaba. Ya no eran solo las náuseas, eso hasta cierto punto podía entenderlo debido a lo que estaba viendo últimamente, pero había otro factor que prácticamente le confirmaba lo que tanto temía. No le había llegado la menstruación.
Anna estaba casi segura de que estaba embarazada, pero necesitaba confirmarlo. Se puso de pie y salió del baño. Subió las escaleras hasta el último piso del instituto y se encaminó hacia la enfermería. Una vez allí, llamó a la puerta. Lidia no tardó en decirle que pasara.
Anna abrió la puerta y entró a la enfermería.
—Enseguida te atiendo, siéntate. Estoy terminando el inventario… No tenemos casi de nada— dijo Lidia mientras apuntaba el nombre de varios medicamentos en una libreta.  Anna se sentó donde Lidia le dijo y esperó. Un minuto después, Lidia se sentó frente a ella.
—¿En qué puedo ayudarte…? Lo siento, no recuerdo tu nombre— dijo Lidia.
—Anna…
—Eso, perdona. Bueno, tú dirás ¿Qué puedo hacer por ti?
Anna tomó aire y comenzó a hablar –Creo que podría estar embarazada y necesito que me lo confirmes.
Lidia se quedó estupefacta –Desgraciadamente no tengo nada aquí con lo de comprobarlo ¿Sientes nauseas? ¿Desde cuándo?
—Desde una semana o dos, más o menos. Tampoco me ha venido la regla. Llevo una semana de retraso. Creo que podría ser por el estrés que he tenido últimamente. Primero el trabajo y los problemas con mi pareja. Luego esto— explicó Anna.
—Entonces es probable que estés embarazada— dijo Lidia.
Eso hizo que Anna se llevara las manos a la cara y comenzara a llorar. –No puedo tener un hijo. No ahora… No puedo tenerlo en esta situación… Y ya no estoy con… Dios…
—De momento, lo único que te puedo decir es que guardes reposo. Quizás así te venga la regla, si no… De todos modos, voy a sugerir ir a buscar medicamentos. Los necesitamos. Puedo traer un test de embarazo. Así estaremos seguras.
—Muchas gracias— dijo Anna cogiendo a Lidia de las manos. –Pero por favor. No quiero que nadie se entere de esto.
—Te lo prometo. Lo de decirlo o no solo depende de ti— dijo Lidia.
Anna se despidió de Lidia y salió por la puerta. Lidia se quedó a solas en la enfermería, pensando en la situación. El mundo tal y como lo conocían se había terminado. Se había vuelto un lugar muy peligroso ¿Era seguro traer un niño a ese mundo?
*****
Después de comer, reuní a todos en la biblioteca y comencé a hablar. Tenía que hablarles de cómo íbamos a organizarnos y sobre la huida del pueblo.
—He estado dándole muchas vueltas. Escuchad, no podemos quedarnos en el instituto mucho tiempo más. Por eso he decidido que, dentro de seis o siete días, cuando hayamos preparado los vehículos y los suministros necesarios para el viaje, nos marcharemos. La idea en primer lugar es ir hacia el mar. Después de eso, aun no tengo claro a donde podemos ir. Todavía no, pero si nos mantenemos en movimiento y alejándonos de las zonas urbanas, correremos menos peligro— les expliqué. Todos me miraban. Algunos de ellos estupefactos.
—Pero… Aquí no pueden entrar los infectados. Estamos a salvo. Si es por alimentos… Podemos cultivar. Hay unos pequeños huertos y semillas que podemos plantar. Creo que no es necesario que nos marchemos —replicó Alicia
—Es cierto. Ellos no pueden entrar, pero saben que estamos aquí. Ellos siguen llegando, la comida se nos está acabando y necesitaremos más, además también de armas y gasolina. Si se siguen acumulando. Llegará un momento que no podremos salir más. Ahí es cuando nos arriesgamos a que entren y no podamos hacer nada, pero si os soy sincero, los infectados son el menor de nuestros problemas. Hay algo más peligroso suelto por ahí— miré a mis compañeros militares y volví a hablar. –Para los que aún no lo sepáis. Los que llegasteis mientras Ángel, Jorge, Paco y yo estábamos fuera. Es necesario que sepáis que por ahí fuera hay un hombre muy peligroso que en cualquier momento podría venir a por nosotros. Será mejor si no nos encuentra.
—Sobre lo de conseguir alimentos. Podemos regresar a Mercadona. Aún queda mucho que podemos conseguir ahí—dijo David
—Si. Ese es uno de los planes. Referente a las armas y munición. Algunos estáis aprendiendo a disparar y esa munición ya no la vamos a recuperar. Vamos a necesitar muchas para el viaje—dije yo
—Bueno. Cuando llegamos aquí, recuerdo que algunos militares hablaban de un puesto de vigilancia cerca del colegio Caxton. Decían que allí tenían el puesto de abastecimiento armamentístico para todos los militares, pero desde toda la movida que no sabemos nada—dijo Jorge –Es muy probable que todavía podamos hacernos con armamento. Dudo muchísimo que lo hayan saqueado. Es nuestra mejor opción.
—El puesto cayó. Antes de encontrarnos con Bosco y su grupo, pasamos por allí, pero no pudimos entrar. Los infectados estaban dándose un festín con los militares encargados del lugar, pero Jorge tiene razón. No perdemos nada por intentarlo— dijo Juan
—Un grupo debería poder ir allí y traer armamento. Podemos ponernos en marcha ya mismo—dijo Víctor
—Todavía no. Solo tenemos un blindado, un autobús y un jeep. Ninguno tiene mucha gasolina, nos quedaríamos tirados mitad de camino. Así que debemos recolectarla— les dije.
—En la cafetería hay muchas garrafas de agua vacías. Podemos usarlas para llenarlas de gasolina— dijo David
—Vale. Entonces ya está. Es hora de empezar a trabajar en los vehículos. Por otro lado, quiero que todo el mundo sin excepción aprenda a disparar. Todos, y que todo el mundo llevé un arma en todo momento— dije.
—Espera. Una cosa es que aprendamos a disparar. Eso lo veo normal, pero… ¿De verdad quieres que todo el mundo lleve arma en todo momento? ¿No será muy peligroso? —preguntó Anna –Creo que eso es demasiado.
—No lo es— le respondí a Anna –Como ya dije, hay un tipo muy peligroso ahí fuera y este puede volver en cualquier momento. Creedme, es necesario lo del arma.
—He estado haciendo inventario en la enfermería. También necesitaremos pasar por el ambulatorio para abastecernos de todo tipo de medicamentos. Soy médico y se lo que necesitaremos. Yo estaré en el grupo que se ocupe de conseguir los medicamentos— intervino Lidia –Digamos que será mi forma de contribuir y compensaros a todos por el error que cometí con Rosa.
—Es verdad. Eras cirujana en el hospital de Valencia ¿No? Me parece bien que formes parte de ese grupo. Nadie mejor que tu sabrá elegir los medicamentos y utensilios que necesitamos. Tú estarás al mando de ese equipo.
—¿Qué más necesitaremos? — preguntó Toni
—De momento nada más. Pues bien. A partir de mañana comenzaremos con los vehículos. Cuando acabemos con ellos, nos podremos en marcha con el tema de las provisiones y el armamento— dije dando por finalizada la reunión.
El día transcurrió con normalidad hasta que llegó la noche.

******
Puzol… 21:15 horas de la noche…

Molano se encontraba en una tienda de electrónica. Había terminado allí después de que huyera del polideportivo. Habían pasado algunos días desde que había ocurrido todo. Cuando llegó allí había tenido que matar a uno de esos seres, después se había encerrado allí y ya no había vuelto a salir. No tenía ni armas ni comida. Estaba sucio y cansado, pero había algo que no dejaba de pensar. Quería terminar lo que había empezado. Tenía que acabar con los traidores. Aquellos que lo habían golpeado y esposado. Tenía que matarles, no iba a dejarlo pasar. Tenía la certeza de que estos habían sobrevivido y que habían regresado al instituto. Iba a tener fácil lo de ir a por ellos, pero no podía hacerlo en esos momentos, no todavía. Antes tenía que recobrar fuerzas y hacerse con varias armas. Cuando estuviera listo, se ocuparía de ellos.
Eran casi las nueve y media de la noche cuando Molano estaba quedándose dormido detrás del mostrador. Fue en ese momento cuando escuchó un ruido metálico. Rápidamente se incorporó y con cautela se fue asomando. Entonces vio dos siluetas abriendo la persiana de hierro. Él se quedó agazapado y escuchando.
—Creo que nos han perdido de vista— dijo una voz que reconoció como la de un muchacho joven. —¿Crees que papá nos encontrará aquí? Nos dijo que nos adelantáramos.
—Ya te digo que sí. Trata de mantener la calma— respondió la voz de alguien también joven, pero más mayor que el dueño de la primera voz. –Recuerda que papá está con todo un grupo. Cuidan los unos de los otros.
—Pero es muy peligroso— respondió el más joven. Cada vez que lo escuchaba. Molano se iba convenciendo cada vez más de la juventud de este.
—Tranquilízate. Ahora comeremos algo— respondió el más mayor. Eso hizo que Molano abriera los ojos de par en par. Habían mencionado comida, y él estaba hambriento.
Rápidamente, Molano pensó en lo que tenía que hacer. Iba a ser muy fácil después de todo. Se puso entonces de pie y se quedó mirando a los dos chicos. Confirmando así de paso de que uno debía tener unos dieciséis años y el otro unos cuantos más.
—Buenas noches— dijo entonces Molano.
Los dos chicos se dieron la vuelta sorprendidos. Enfocaron con sus linternas y el mayor apuntó con una pistola, directamente a la cabeza de Molano.
—¿Quién eres tú? — preguntó el más mayor mientras con una mano ponía a su hermano detrás de él. –Responde o disparo.
—Un superviviente. Como vosotros— respondió Molano con un tono de voz muy calmado. –Por favor. Baja esa arma antes de que te hagas daño. Dudo mucho que sepas usarlo.
—Le he volado las pelotas a otros— dijo el mayor sin dejar de apuntar, a pesar de que le temblaba la mano. –Que no te acerques. Sin embargo, Molano hizo caso omiso y pasó por encima del mostrador de un salto. Entonces se plantó frente a los chicos.
—Baja el arma. No estás en condiciones de amenazar a nadie con ese tembleque en las manos. Dudo mucho que tengas agallas de disparar. Baja el arma— iba diciendo Molano mientras avanzaba hacia ellos.
—Te dije que…— el más mayor no terminó la frase. Rápidamente, Molano se abalanzó sobre él, lo inmovilizó y se puso detrás de él. Puso las manos en la cabeza de este y con un movimiento le rompió el cuello ante la mirada atónita del hermano menor. El cual retrocedió asustado. Seguidamente se dio la vuelta y trató de huir corriendo por la calle. Entonces Molano abrió fuego dos veces, acertándole ambas en la espalda del chico.
Molano cogió entonces la mochila del mayor. Cuando la abrió se encontró con lo que a él le pareció lo más similar a un tesoro. Tenía comida y agua. Este comenzó a comer y beber sin pensárselo dos veces. Necesitaba recuperar fuerzas. Cuando terminó de comer, coincidió con que un grupo de infectados llegaban al lugar y comenzaban a agacharse sobre el cuerpo del chico. A Molano no le importó en absoluto lo que estaba pasando. Cogió la mochila todavía con comida y salió de la tienda. Ahora tenía una pistola y comida. El siguiente paso era la venganza. Una que iba a planificar muy bien. Entonces comenzó a caminar sin vacilar hacia el instituto.

Día 21 de junio de 2010
11:25 de la mañana…
Instituto de Puzol…

Algunos estábamos trabajando en el autobús mientras otros aprendían a disparar. Era Jorge quien los estaba instruyendo en ello. Estaban usando a los infectados de fuera como blanco móvil. Según Jorge. Eso era mejor que disparar a latas de refresco.
Por otro lado, Paco y yo, estábamos soldando unos barrotes de hierro a las ventanas del autobús. Estos iban a ser más seguros que unos simples cristales. Nos salvarían la vida en caso de que nos rodearan. Después comenzamos a ocuparnos de la parte superior del vehículo. Donde íbamos a montar una especie de torreta, desde la que dispararía alguien. Fue en ese momento cuando varios de los que estaban aprendiendo a disparar terminaron su turno y se acercaron a donde estábamos.
—¿Para qué es eso? —preguntó Alicia señalando a las placas que estábamos soldando en el techo del autobús.
—Esto protegerá al francotirador. Podrá disparar desde ahí sin peligro ¿No es así? —preguntó Toni –Buena idea.
—Así es— respondió Paco –Esto lo librará de algún mordisco.
—Tenemos suerte de contar con Militares a nuestro lado. Es como una especie de garantía de supervivencia ¿Queréis que os eche una mano? Yo ya he acabado la clase de tiro— preguntó Bosco en ese momento. Entonces, Leandro y David llegaron con un par de placas de hierro. Ellos habían estado en el aula de tecnología cortándolas junto a Raúl y Emilio.
—Como pesa esto. Y además hace un calor de la hostia— dijo Leandro dejando las placas en el suelo y secándose el sudor de la frente.
—Qué forma más rara ¿Para qué son? — preguntó Alicia al ver la forma de estas. Estaban como dobladas.
—Víctor y Ángel están fabricando un soporte que luego soldaremos a la parte delantera. La idea es que parezca un buldócer —dijo David quitándose la camisa y cogiendo una botella de agua de la mini nevera que teníamos al lado.
—¿Y eso para que servirá? — preguntó Alicia –No termino de entenderlo.
—Para quitárnoslos de en medio. Imagínate que tenemos delante a un montón de ellos. Si el autobús fuera normal, tendríamos problemas, pero con esto… Digamos que el avance será mucho más tranquilo— respondí bajando del techo del autobús para coger una botella de agua. Necesitaba beber algo. Estaba sediento. Le di un trago y miré a Toni —¿Alguno me sustituye aquí? Voy a desatornillar la M 134. Creo que podríamos usarla aquí.
—Nos ocupamos Toni y yo— dijo Bosco ofreciéndose.
—Gracias. Por cierto. Si veis a Lidia decidle que venga a verme. Tengo que hablar con ella de algo muy importante— dije. Después me fui hacia el jeep para trabajar en la ametralladora.
******
Me encontraba desatornillando la ametralladora del jeep cuando vino Lidia a verme. El trípode de esta me estaba dando algunos problemas para quitarlo.
—¿Necesitas que te eche una mano? — preguntó ella –Se te ve un poco apurado con ello— Yo dejé lo que estaba haciendo y la miré. –Me han dicho que querías hablar conmigo.
—Así es. Le he estado dando muchas vueltas a eso de que salieras con un grupo a buscar medicamentos al ayuntamiento. He decidido que no vas a ir.
Lidia me miró estupefacta —¿Perdona? ¿Por qué no voy a ir? Se supone que soy necesaria para ello.
—Has estado faltando a las prácticas de tiro. Salir ahí fuera es peligroso y eres la única médica que tenemos. No puedes correr riesgos— le respondí –Ya lo he decidido. Simplemente acéptalo. Dales un papel con lo que necesitas y el grupo que vaya al ambulatorio. Ellos lo traerán.
—¿Me tomas el pelo? — preguntó ella –No. Es necesario que vaya con ellos. Se cuidar de mi misma. No es necesario que te preocupes por mi…— Lidia caminó hasta ponerse delante de mí y me miró a los ojos. –Esto es por lo ocurrido con Rosa ¿Verdad? Creí que ya estaba todo hablado.
—Entonces aprende a disparar para no poner en peligro la vida de nadie. De todos modos. Ya he tomado una decisión. Te quedas aquí— respondí. No podía permitir que ella saliera del instituto. En ese momento, Lidia le pegó una patada a la ruda del jeep y comenzó a alejarse de allí.
—Capullo…— la escuché decir.

Día 22 de junio de 2010
Instituto de Puzol…

Llovía a cantaros y no podíamos trabajar. Fuera, al otro lado de la valla, se agrupaban cientos de infectados. Tantos que ya era imposible acabar con todos. Estos rodeaban todo el instituto.
—Míralos. Cada día hay más. Conozco a muchos de ellos. Ese de ahí… —dijo David señalando a uno en concreto –Ese era repartidor de Pizzas. Se llamaba Ignacio.
—Saben que estamos aquí. Y los que pasen, al ver tantos ahí, les llamarán la atención y también se acercarán. Cuando vayamos a salir, tendremos que atraerlos hacia una parte para que dejen libre la puerta por la que vamos a salir. Algo así como cuando Molano nos hizo salir en aquella misión—dije yo
En ese momento, Lidia se acercó a nosotros con un papel en la mano. Cuando estuvo frente a nosotros. Antes de comenzar a hablar me lanzó una mirada asesina. Seguía enfadada por la discusión del día anterior.
—Esta es la lista de los medicamentos que necesitaremos. He añadido también vendas y he pensado que sería buena idea conseguir bolsas de sangre para transfusiones en caso de necesitarlo— dijo Lidia. Esa misma mañana, ella había estado preguntando a todos, el tipo de sangre que teníamos y anotando las compatibilidades.
—Muy bien. Pues dásela a Ángel y a Víctor— dije yo –Ellos serán los que irán al ambulatorio— Esa última frase, hizo que David me mirara.
—Pensé que ella iba a ir en ese grupo.
—Y yo también lo pensaba, pero él tomó la decisión de dejarme apartada de las expediciones. Ahora, si me disculpáis, tengo cosas que hacer— dijo Lidia. Después de eso, se alejó. Dejándonos de nuevo solos.
—¿La has dejado fuera? Creí que ella iba a ir al ambulatorio— dijo David.
—No sabe disparar y es la única médica que tenemos. Es la más importante de aquí. No puede pasarle nada— respondí.
*****
Aquella tarde cuando había parado de llover, mientras los demás trabajaban en los vehículos dándoles unos últimos retoques, yo enseñaba a disparar a Félix, Anna, Alicia, Raúl, Emilio y Alex. Ellos eran los que más necesitaban mejorar.
—Tened en cuenta que el único punto débil es la cabeza. Podéis dispararles a las piernas y a los brazos para así por lo menos, frenar su avance y escapar. Eso marcará la diferencia entre vivir o morir si os vierais rodeados. Nunca intentéis dispararles al corazón. Eso no servirá para nada, así solo derrochareis munición. Lo importante es que apuntéis exclusivamente a la cabeza. En caso de veros rodeados, si no estáis seguros no intentéis heroicidades y retiraros— dije yo. Entonces señalé hacia la valla donde había varios infectados. –Abrid fuego.
Los aprendices comenzaron a disparar. Logrando varios blancos. Algunos impactos estaban siendo en la cabeza. Lo que demostraba los avances. Fue en ese momento cuando vi a Lidia caminar hacia nosotros. Esta se acercó a Alex.
—Préstame tu arma.
Alex me miró a mí —Dásela—dije yo haciendo un gesto con la cabeza. Lidia cogió el arma, le quitó el seguro y comenzó a disparar. Logrando muchos impactos en la cabeza. Cuando agotó el cargador, le devolvió la pistola a Alex y luego me miró a mí.
—Se disparar.
Todos los presentes comenzaron a aplaudir la acción de Lidia. Yo me acerqué entonces a ella. –Buena puntería. Más tarde hablaré contigo.
Lidia regresó entonces al interior del instituto. Los demás estuvieron practicando hasta que anocheció. Después de cenar me fui a la enfermería. Allí estaba Lidia leyendo unos libros de medicina que había cogido de la biblioteca.
—¿Se puede? — pregunté quedándome en la puerta.
—Pasa— respondió Lidia.
—¿Por qué no dijiste que sabías disparar? — pregunté –Todo habría sido mucho más fácil.
—Cuando me ofrecí voluntaria para esto fue por algo. Se lo que me hago y se cuidar de mi misma. No será necesario que cuiden de mí.
—Está bien… Y disculpa todo esto. Es que ser el líder del grupo me lleva de cabeza. También eres la única médico que tenemos. Si a ti te pasara algo…
—No me pasará nada. Tranquilo— respondió Lidia.
*****
Molano observaba el instituto. Se encontraba oculto entre los naranjos de un campo que había cerca del complejo estudiantil. Sacó los prismáticos de la mochila que les había robado a los chicos y miró a través de ellos. Pudo ver a varios montando guardia, pensó en asaltarles en ese momento y acabar con ellos uno por uno, pero se lo pensó mejor. Las posibilidades de éxito en ese momento eran nulas. Decidió entonces esperar, iba a ser más divertido de ese modo.

Día 23 de junio de 2010
Instituto de Puzol…

Los vehículos ya estaban listos. Solo faltaban unos pequeños retoques en el autobús. David y Leandro estaban ayudándome a terminar los puntos para la salida de tiradores.
—Esto ya casi está— dije yo –Los que se pongan aquí estarían protegidos en todo momento. Dudo que los infectados puedan arrancar las placas de hierro y los barrotes.
—Yo podría ocuparme de manejar la ametralladora de la parte superior—dijo David señalando hacia las escaleras que habíamos soldado a la escotilla superior –Masacraré a todos los cabrones que se nos pongan por delante.
—Ni se te ocurra fallar— dije sonriendo. –Cuento contigo.
—Ya. Tú por eso no te preocupes. Solo hay que procurar que el que conduzca, no se estrelle— dijo David
—Me aseguraré de eso. Sería una putada que tras estar sobreviviendo y trabajando, ahora nos matáramos nosotros solos. Qué ironía sería— respondí yo con una sonrisa. En ese momento, los tres comenzamos a reír a carcajadas. Hacía días que no nos reíamos así.
—Bueno ¿Cuándo nos iremos? — preguntó Leandro
Dejé de reírme y respondí —Nada más tengamos lo necesario. Será mañana cuando salgamos a recolectar todo lo que necesitamos.
—¿Cómo piensas distribuir las misiones? — preguntó Leandro
—Lo haremos así. Lidia será la encargada de ir al ambulatorio a por los medicamentos, será escoltada por Ángel, Víctor y Juan. Vosotros dos y Jonatán iréis a por la gasolina a la gasolinera que hay en el polígono industrial de aquí cerca. Paco, Jorge, José y yo nos ocuparemos del puesto de militares que hay en el Caxton. De la comida se encargarán Bosco, Toni, Manuel, Emilio y Raúl— les expliqué a mis dos compañeros. –Vuestra misión será algo sencillo. Los dos sabéis disparar. No deberíais tener problemas.
—¿Y los demás? ¿Qué paso con ellos? — preguntó David
—Se quedarán aquí esperándonos. No os preocupéis, estarán seguros. Félix y Alex se encargarán de la vigilancia— dije yo
Cuando llegó la noche nos fuimos a dormir. Al día siguiente íbamos a llevar a cabo las misiones. Iba a ser un día muy largo y algo peligroso.

Día 24 de junio de 2010
Instituto de Puzol…

Los vehículos ya estaban acabados. Nosotros estábamos ultimando los preparativos de la misión.  Solo íbamos a poder usar el blindado, los demás vehículos que íbamos a usar, ya los habíamos elegido. Se trataba de unos vehículos que estaban unos metros del instituto. Eran los vehículos que habían pertenecido a los profesores. Las llaves las habíamos encontrado en sus taquillas dentro de la sala de profesores tras forzarlas.
—Los vehículos están en la entrada principal. Tendremos que correr todo lo que podamos. Nada de pararse— dije yo
—Félix, las chicas y yo os cubriremos a muerte. Hemos practicado mucho. Podéis confiar en nosotros— dijo Alex
—Eso espero. No quisiera que me confundierais con uno de esos podridos. No quiero llevarme un balazo—dijo Bosco
Todos rieron. De nuevo, era la primera vez desde que empezó toda esa locura, que parecían animados. Miré entonces al exterior, la parte por donde debíamos salir, estaba casi despejada. Solo unos pocos infectados merodeaban por allí. No íbamos a tener muchos problemas en moverlos.
—¿Cuál será nuestra posición? — preguntó Anna. Parecía mucho más segura desde que sabía disparar.
—Alicia y tú disparareis desde la terraza del gimnasio. Recordad. Apuntad a la cabeza, pero solo disparad si es necesario. Más que nada por ahorrar algo de munición – les respondí.
—¿Y nosotros? ¿Cuál será nuestra posición? — preguntó Félix mirándome.
—Vosotros dos os ocupareis de cubrirnos desde la terraza esa de la entrada. También os encargareis del mando de la puerta. Lo accionareis cuando la puerta de salida que usaremos, esté despejada. No os preocupéis. Mantened la calma y lo haréis bien.
—De acuerdo— dijo Félix mirando a Alex. El cual estaría junto a él.
Comenzamos a prepararnos. Cogimos las armas y la munición que nos quedaba. Las repartimos y nos fuimos acercando a las puertas por las que íbamos a salir. Hacía unos minutos que habíamos logrado que un gran número de infectados se marchara de allí.
—Muy bien. Preparados— les dije mientras los miraba.
—¿Algunas palabras del líder antes de salir? — preguntó José
—Si— les respondí –Cuidad unos de otros cuando estéis ahí fuera.
Le hice una señal a Félix para que pulsara el botón. Este lo pulsó y comenzamos a salir poco a poco. Algunos infectados nos vieron y comenzaron a andar hacia nosotros, pero Félix y los demás comenzaron a disparar abriéndonos camino.
Los cuatro grupos tomamos nuestros respectivos vehículos con mucha facilidad. Tuvimos suerte. Pronto los vehículos arrancaron los motores al mismo tiempo. El equipo de Lidia iría al ambulatorio. Este estaba formado por Lidia, Juan, Víctor y Ángel. Mi equipo se dirigiría al puesto de militares. Jorge, Paco, José y yo íbamos a ser los encargados de esa parte. El equipo de David se dirigiría a la gasolinera. Estaba compuesto por David, Leandro y Jonatán. El equipo de Bosco se iba a encargar de ir al supermercado Mercadona a por alimentos. Ese equipo estaba formado por Bosco, Toni, Emilio, Raúl y Manuel. Todos íbamos a estar comunicados en todo momento por unos walkie talkie.
Cogí el walkie talkie y me lo llevé a la boca para comenzar a hablar –Escuchad todos. Nos mantendremos en contacto. Sincronizad vuestros relojes. En el mapa que os he dado he señalado el punto de encuentro. Será en el ayuntamiento de Puzol. A las diez de la noche deberemos reunirnos allí. ¿De acuerdo? — todos respondieron afirmativamente. Hice una pausa entonces y volví a hablar. –Una última cosa. Os quiero a todos de vuelta. Recordad la importancia de esta misión. Es muy importante.
Los cuatro vehículos se separaron. Yo esperaba tener éxito en esa misión casi suicida y volver cuanto antes, pero sobretodo. Esperaba que no les pasara nada a los demás.
*****
Molano había observado toda la escena, la mayoría se habían marchado. Las cosas iban a ser mucho más fáciles de lo que había pensado. Rápidamente urdió un plan. Esperó un poco hasta que los que estaban de francotiradores volvieron al interior del instituto. Molano ya lo tenía todo planeado. Iba a colarse dentro, coger como rehenes a los que había allí y tender una emboscada para cuando volvieran los demás.
Salió corriendo de los huertos. Fue ocultándose detrás de vehículos hasta que llegó a las vallas.  Entonces trepó y se dejó caer en el interior. Rápidamente corrió a ocultarse debajo de unas ventanas. Ocultándose así de la vista del chico rubio, el cual, estaba mirando desde el interior. Podía matarlo en ese momento, pero no lo hizo. Lo importante ya lo había conseguido. Estaba dentro del instituto. Llegó a la rampa más cercana. Lo hizo ocultándose. Subió hasta arriba y entró por una ventana. Fue en ese momento cuando escuchó las voces de unas chicas en el piso de abajo. Molano sonrió.
******
Anna y Alicia estaban en una clase comiéndose una caja de galletas mientras hablaban entre ellas. Fuera, estaba nublado, pero no llovía. Aunque era probable que en cualquier momento lo hiciera. Los demás, hacía cerca de unos diez minutos que se habían marchado.
—Espero que vuelvan todos— dijo Anna
—Yo también lo espero— respondió Alicia –Esto es necesario que salga bien.
—¿Adónde crees que iremos si consiguiésemos un barco? Yo había pensado en que Mallorca podría ser una buena opción, pero si todo el mundo está igual… Creo que no es una opción— dijo Anna –No se me ocurre nada.
—Juanma dijo que nos alejaríamos de las zonas urbanas. Con eso, de momento es más que suficiente. Los pueblos y ciudades ya no son seguros. No te preocupes. Estaremos bien. Lo más importante… —Alicia señaló al vientre de Anna mientras hacía una pausa —… Es saber si estás embarazada. Si lo estás…— Alicia se quedó callada cuando miró a Anna. Esta estaba mirando a la puerta. Estaba completamente pálida, era como si hubiese visto un fantasma. Alicia se dio la vuelta hacia la puerta y vio lo que pasaba. Allí había un hombre al que no habían visto nunca antes. Este estaba apuntándoles con una pistola mientras sonreía de oreja a oreja. Era una sonrisa que daba miedo. Anna quiso decir algo, pero el hombre se interpuso ante ella.
—Buenos días señoritas dejen sus armas en el suelo muy despacito— les ordenó aquel hombre. Alicia y Anna se miraron y obedecieron. Entonces Molano cogió sus pistolas –Ahora. Hagan el favor de no hacer ruido. A menos que quieran recibir un balazo. Eso es algo que no me costaría nada.
—¿Quién es usted? — preguntó Alicia —¿Qué hace aquí?
—¿Yo? Soy el sargento Molano. Únicamente he regresado— Anna y Alicia comprendieron entonces que ese hombre era el mismo del que les habían hablado.
En ese momento, Alex y Félix aparecieron por el pasillo. Cuando vieron a Molano le apuntaron con sus armas, pero Molano fue más rápido y disparó a Alex en la cabeza. Félix se quedó petrificado, Molano le apuntó y le obligó a tirar el arma. Luego se acercó a él y le pegó un fuerte puñetazo, luego le apuntó a la cabeza. Félix lo miró desde el suelo. —Yo no lo intentaría nada raro chaval. A menos que quieras acabar como el imbécil de tu amigo, será mejor que no te hagas el valiente. Vosotras lo mismo. No me importáis una mierda. No me importa vaciaros un cargador en la cara— dijo Molano apuntándoles a todos.
—¿Que nos vas a hacer? — preguntó Félix aun tumbado en el suelo.
—Eso será algo que ya pensaré. Ahora plantaros en medio de la clase y no habléis— ordenó Molano. Este agarró a Félix, lo llevó hasta la clase y lo empujó contra las chicas.
—¿Nos va a matar? — preguntó Anna. Las piernas le temblaban de puro terror. Molano la miró. Se acercó a ella y le puso el cañón de la pistola en la frente.
—Oye bonita. He dicho que no habléis ¿Qué es lo que no has entendido? — dijo Molano —Que os quede clara una cosa. Ahora mismo sois mis rehenes y vamos a esperar todos juntitos a que los valientes regresen. Eso claro, si es que regresan— Molano estaba satisfecho de poder llevar a cabo su venganza. La cual iba a ser terrible.

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