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domingo, 30 de julio de 2017

ZOMBIES Capitulo 13 Resistencia

13
Resistencia

Día 24 de junio de 2010

David sacó un refresco de la nevera. Hacía mucho calor, hasta el punto de que era insoportable. Le dio un trago y notó que estaba caliente, expresó una mueca de desagrado, pero aun así siguió bebiendo, tenía sed… Demasiada sed.
—Las seis garrafas están llenas—dijo Jonatán entrando por la puerta. Cuando vio a David beber, se interesó por si quedaban más refrescos en la nevera. — ¿Quedan más de esos ahí?
— Sí que quedan, pero parecen recién meados. Están jodidamente calientes ¿Y Leandro? ¿Sigue fuera? —preguntó David
Jonatán caminó hacia él, abrió la nevera, sacó un refresco y lo abrió, seguidamente, le dio un largo trago —Si parecen meados no es problema. He estado en Afganistán y te juro que cuando no teníamos ni agua, teníamos que bebernos nuestra propia orina. En cuanto a Leandro. Nos está esperando en el coche mientras echa un pitillito— Jonatán le dio un último trago y dejó el refresco encima del mostrador. Seguidamente, comenzó a sacar más refrescos de la nevera.
— ¿Para que los coges? — quiso saber David. —Están muy calientes.
—En algún momento vamos a poder enfriarlos digo yo. No creo que sea mala idea disfrutar de unos refrescos y alguna cervecita. Venga, coge unos cuantos. Voy a coger unos mapas de carreteras. Nos vendrán bien cuando salgamos de aquí.
David asintió y siguió sacando refrescos. Los cuales, dejaba en una caja. Cuando terminó, se dio la vuelta y vio a Jonatán. Este iba cargado con varios mapas. — ¿Lo tienes todo?
—Si— respondió Jonatán — ¿Y tú?
—Yo también. Volvamos al Instituto— dijo David levantando la caja que habían llenado de refrescos.
— Oye ¿Tendremos suficiente con seis garrafas? Quizás deberíamos llenar unas cuantas más— propuso Jonatán. Desde el principio, había tenido dudas al respecto.
—Supongo que sí. De todos modos, si vemos que necesitamos más. Siempre podemos regresar a por más. Mira el lado positivo, aunque ya no parece que quede mucho. Tenemos un surtidor casi en exclusiva para nosotros. Es mejor no ser avariciosos y pensar con la cabeza.
— ¿Cómo crees que les irá a los otros? Me preocupa el hecho de que Molano ande suelto por ahí. Ese chalado podría intentar jodernos en cualquier momento—preguntó Jonatán
—Pues espero que bien… A mí también me preocupa lo de ese Molano. Desde que lo conocí, no me dio buena espina. ¿Siempre ha sido así? —dijo David
—O no… Para nada. Antes solo era un cabrón. Aunque te podías tomar una cervecita con el de vez en cuando— Jonatán hizo una pausa —… Siempre y cuando lo pillaras de buenas. Lo que solía ser casi nunca.
En ese momento, escucharon un par de disparos. Segundos después, Leandro entró por la puerta, totalmente alterado y pálido. Tenía la pistola en sus manos. Tuvo que agacharse con las manos en las rodillas para poder respirar.
— ¿Qué pasa? Ni que hubieses visto un fantasma—dijo Jonatán con ironía e intentando sonreír. Aunque enseguida, cambió a expresión de preocupación.
—Infectados… Me quedé dormido unos segundos y cuando me di cuenta, los tenía encima. No los he visto llegar, han salido de todas partes. He salido del coche de milagro—dijo Leandro tratando de reponerse del enorme susto que se había llevado.
—No me jodas—dijo David mirando a Jonatán.
David y Jonatán se acercaron corriendo a la ventana. Se asomaron, y entonces vieron a varios infectados entrar en el parking de la gasolinera. Eran cerca de tres docenas de ellos.
—Joder. ¿No podías mantenerte despierto? No estamos de picnic. Esto era algo de extrema peligrosidad— preguntó Jonatán con un notable enfado.
—No quería dormirme, lo juro, pero cuando me di cuenta. Ya estaban rodeando el lugar. Yo me asusté, salí del coche, disparé varias veces y corrí a ocultarme aquí—dijo Leandro
—Cojonudo entonces. No solo te quedaste dormido… Si no que, además, atrajiste su atención. Si te hubieses quedado callado y dentro del puto coche. Quizás habrían pasado de largo y ni se hubiesen percatado de nuestra presencia. Lo único que has hecho al disparar, ha sido decir en voz alta: ¡¡¡¡Eh, estamos aquí!!!! ¡¡¡Bufé libre!!!— Jonatán hizo una pausa y después miró a David —Ven ayúdame con esto, rápido, cerraremos las puertas con mucho cuidado— dijo Jonatán
David y Jonatán comenzaron a trabajar rápido. Con mucho cuidado, corrieron las verjas de seguridad, tanto de puertas como de ventanas. Además, algo que jugaba a su favor, eran los cristales del establecimiento. Estos eran gruesos y no eran fáciles de romper. Leandro no tardó en unirse a ellos y ayudarles. Era muy consciente de que su forma de actuar había puesto en peligro al grupo. Cuando terminaron, retrocedieron un poco. Alejándose de los cristales y ocultándose detrás del mostrador. — ¿Qué hacemos ahora? —pregunto Leandro mientras se secaba el sudor de la frente.
—De momento permaneceremos ocultos y en silencio. Puede ser que se olviden de nosotros. Aun así, debemos pensar en que hacer… Y debemos hacerlo rápido—dijo Jonatán
—Siento lo que ha pasado. Esto es culpa mía. He sido un idiota—dijo Leandro
—No voy a discutir eso contigo. La has cagado, pero bien. Eso es un hecho, pero no tiene mucho sentido que sigas lamentándote. Esos cabrones nos están rodeando. En el momento que nos descubran, se lanzarán contra las puertas y ventanas. Tardarán lo que tardarán, pero las echarán abajo al final, entrarán en tropel y nos harán pedazos. Aunque con suerte, puede que muramos de inanición. Eso sería mucho más digno.
— ¿Y si salimos corriendo y nos subimos al coche? Podemos conseguirlo.
Jonatán se asomó un poco y miró por encima del mostrador en dirección al coche. Rápidamente, volvió a ocultarse y negó con la cabeza. —Ni hablar. Hay varios entre nosotros y el coche. No lo conseguiríamos.
—Y tenemos muy poca munición— añadió David. —Para salir ahí fuera, debemos hacerlo disparando. Atraeríamos a más. Debemos pensar con raciocinio. No apresuradamente.
—¡¡¡Joder!!!— exclamó Jonatán en ese momento.
— ¿Qué ocurre? — preguntó David
—No lo había pensado…— dijo Jonatán —Solo tenemos que esperar. Los demás saben dónde estamos. Si ven que no aparecemos, no se quedarán de brazos cruzados. Vendrán a buscarnos. Solo tenemos que resistir aquí. Estaremos como mucho unas horas.
Habían pasado varios minutos. De vez en cuando, Jonatán se asomaba un poco para ver la situación. Los infectados estaban fuera deambulando de un lado a otro. Parados delante de los cristales y rodeando el coche. Era como si supiesen que se ocultaban en algún lugar, pero no eran capaces de averiguar dónde, simplemente, estaban allí, buscando.
— ¿Por qué no se van? — preguntó Leandro.
—Saben que estamos aquí… Al menos eso parece. Podrían estar así días, aun así, nosotros estamos seguros mientras estemos en silencio y ocultos. Puede que, en algún momento, algo llame su atención y ellos abandonen el lugar. No es que sean muy listos.
Leandro lanzó un suspiro entonces —Si no hubiese metido la pata…
—Déjalo estar… Podría haberle pasado a cualquiera. Además… ¿Qué coño? Esta situación es lo que es. Vosotros no estáis acostumbrados a algo así. Estáis preocupados por vuestras familias. No sabéis nada de ellos… Ni si están vivos, ni si están muertos. No os han entrenado para esto— Jonatán miró a Leandro —Siento haberme cabreado contigo tío. Fui gilipollas por no ponerme en tu lugar.
— ¿Tú no estás preocupado por tu familia? — preguntó David.
—Mi familia… Para ellos, yo estoy muerto desde hace tiempo. No aceptaron mi forma de ser… Mi padre quería un hijo tan macho como el… Un rompe bragas. En vez de eso, el destino lo obsequió con un hijo homosexual y con otro que era gilipollas… Y yo no soy el segundo… A mi padre le jodió mucho esto y me largó de casa. No sin darme una paliza antes, mientras me llamaba maricón y chupa pollas. Que padrazo… ¿Verdad? Lo siguiente que hice, fue alistarme en el ejército.  ¿Qué si estoy preocupado por mi familia?
Anda y que les den por culo.
—Hay padres que son la hostia ¿Eh? — dijo David —Siento que te pasara eso.
—Yo no. En el ejército hice buenos amigos y algo más que amigos. A los cuales, no habría conocido si no llega a ser por el imbécil de mi padre, Estaría reprimido en una vida falsa… Supongo que eso me ayudó a sobrevivir a esto hasta día de hoy. Si salgo de esta, gritaré con orgullo: Soy gay y estoy orgulloso de serlo. Jodete papá, no necesito ser un rompe bragas para ser un hombre.
—Me encantaría brindar por eso— dijo David
—Si sobrevivimos a esto, pienso brindar noche tras noche— añadió Jonatán. —Se acabó eso de estar metido en un jodido armario de mierda. Se acabó lo de estar reprimido. Este fin del mundo es una nueva oportunidad para ser yo mismo. Es mi liberación.
— ¿Los demás no lo sabían? Me refiero a Juanma y los otros— preguntó Leandro.
Jonatán negó con la cabeza. —Nos hicimos buenos amigos y yo estaba muy marcado por lo de mi padre. Temí… Aunque era absurdo… Temí una mala reacción por su parte. Me equivoqué. Cuando vuelva, les diré la verdad. Estas cosas no se deben ocultar, no es nada anormal…— Jonatán hizo una pausa y los miró a ambos. —Tenéis que disculparme… Tengo que ir al baño.
Jonatán se asomó un poco para ver la situación. Entonces, totalmente seguro de que no había peligro, se incorporó y comenzó a caminar agachado hasta que llegó a una zona semi escondida. La cual, daba a un pasillo, y al final de este, la puerta del baño. Una vez fuera del campo de visión de los infectados, se puso de pie y comenzó a caminar hacia la puerta.  Una vez delante de esta, cogió la manivela de la puerta y la giró. Abrió la puerta y de pronto, una silueta salió de repente, echándosele encima. Jonatán cayó al suelo de espaldas y comenzó a forcejear con aquel ser. Era una infectada, la cual, hasta ese momento, ninguno de los tres se había percatado de su presencia. La infectada, comenzó a lanzar dentelladas y Jonatán, logró alejarla de él, usando su brazo. La empujó hacia arriba y la golpeó varias veces. Fue en ese momento, cuando alcanzó su pistola, se la puso debajo de la barbilla a la infectada y disparó.
El disparo sonó con gran estruendo. Al estar en un sitio cerrado, el ruido fue mucho más fuerte. Lo cual, solo complicaba las cosas. Jonatán se incorporó al tiempo que David y Leandro llegaban junto a él.
— ¿Estás bien? — preguntó Leandro.
Jonatán se quedó mudo unos segundos y después asintió. —Si… Sí, estoy bien.
—Chicos…— dijo David asomándose por la esquina del pasillo. —Tenemos un problema.
Jonatán y Leandro también se asomaron por aquella esquina y contemplaron con horror que el disparo de Jonatán, había hecho que todos los infectados del exterior, comenzaran a tratar de entrar dentro, en busca del origen de aquel ruido.

Los infectados ya estaban aporreando y arañando los cristales. Sus gemidos y gruñidos eran insoportables. Incluso, podían escuchar el rechinar de los dientes rotos desde dentro de la tienda. Algunos de los infectados, presentaban un aspecto lamentable. Había de todo. Mujeres, hombres, niños, jóvenes, ancianos… Toda una multitud de infectados en distintos estados de descomposición. Estaban reclamando su carne… Estaban tratando de entrar, y era evidente que lo acabarían consiguiendo… Y lo peor era, que más infectados estaban acudiendo al lugar.
Se encontraban en una gasolinera situada al lado de la autopista, un lugar donde el día que todo estalló, se había formado un atasco, el cual, se había cobrado varias vidas.
En el interior de aquella tienda de la gasolinera, la tensión no hacía más que crecer, al igual que el calor. Las cosas estaban terriblemente mal.
—Joder… Cada vez hay más de ellos. Así va a ser imposible salir de aquí. Si antes ya era difícil, ahora será imposible. Estamos jodidos. Nos estamos quedando sin opciones—dijo David totalmente asustado. Estaba perdiendo las esperanzas. Si las cosas no se hubiesen complicado así, con el paso del tiempo, habrían logrado salir de allí, pero en esos momentos… Había cero posibilidades.
En ese momento, escucharon como un cristal se rompía. El ruido, provenía de dentro del baño. Los tres se sobresaltaron y Jonatán corrió entonces hasta la puerta y la volvió a abrir. Fue entonces cuando al fondo de los servicios, vio una ventana a poca altura del suelo. Esta estaba rota, con las verjas de hierro arrancadas, era algo con lo que no habían contado… Y a través de ella, un infectado, cruzaba esta, arrastrándose, dejando restos de sus intestinos colgados de los cristales rotos, detrás de él. Más infectados trataban de seguirle.
—¡¡¡Mierda!!!—exclamó Jonatán levantando su fusil y descargando una ráfaga sobre ellos. Lo hizo de forma disparar y sin pensar en las consecuencias que le traería eso.
Aun así, eso no impidió que más infectados pretendieran entrar a través de esa ventana. Eran tantos que, se impedían unos a otros el paso. Eso era una ventaja para David, Leandro y Jonatán, pero, de vez en cuando, uno si lograría entrar y tendrían que abatirlo. Eso les restaba tiempo y los ponía más en peligro.
—¡¡¡Fuego!!!— gritó Jonatán alzando de nuevo el fúsil y comenzando a disparar.
David y Leandro se unieron a su compañero y comenzaron a disparar también. La ráfaga de disparos abatió a varios. Cuando lograron despejar la ventana, se apresuraron a bloquearla con lo primero que encontraron. Aunque eso no aguantaría mucho. Retrocedieron unos pasos y salieron del baño.
—Cerrad la jodida puerta— dijo Jonatán mientras se apoyaba en la pared para recargar el fúsil, aunque se llevó la desagradable sorpresa de que le quedaba muy poca munición.
David y Leandro, cerraron la puerta del baño. Luego, la bloquearon con una palanca. Eso, aguantaría un buen rato. Segundos después, escucharon un nuevo ruido que venía del interior… Y otros varios segundos después, comenzaron los golpes en la puerta. Los infectados estaban atravesando la ventana, y pronto, atravesarían la puerta. Quizás, no lograrían entrar a través de las ventanas y de la puerta de la tienda, pero la ventana del baño, no estaba protegida.
—¡¡¡Joder!!! La puerta no va a resistir mucho. Cuando la atraviesen, estaremos jodidos. Nada les impedirá acabar con nosotros. Esto es el fin— se lamentó Jonatán.
Los gemidos de los infectados eran cada vez más insoportables. Tanto, que Leandro se tapó los oídos para no tener que escucharlos. Entonces, miró a sus compañeros —Tenemos que hacer algo.
—Eso ya lo sé… Déjame que piense— dijo Jonatán dándose palmadas en la frente. En ese momento, alzó la cabeza y miró a David. — ¿Hay una terraza sobre nosotros?
—Si. La hay—afirmó David
—Entonces en marcha— dijo Jonatán echando a correr hacia el almacén de la tienda. Una vez entraron, se fijaron en las escaleras que estaban sujetas al techo y que, mediante una trampilla, podrían alcanzar la terraza de la gasolinera.
David bajó las escaleras y rápidamente, los tres subieron a la terraza. Una vez allí arriba, volvieron a subir las escaleras y cerraron la trampilla. Una vez en la terraza, estaban a salvo. Los infectados no iban a poder subir hasta allí, pero abajo, se habían juntado tantos, que, iba a ser imposible bajar.
David, se acercó a la cornisa y se asomó, vio entonces a la multitud de infectados que se habían congregado allí abajo, y los que seguían llegando. David comenzó en ese momento a perder la esperanza. Estaban atrapados, y aunque los infectados no podían alcanzarlos, estaban allí atrapados, sin comida y sin agua. Abajo, en la tienda, los infectados que entraban a través del baño, habían logrado cruzar la puerta bloqueada y habían invadido el interior… Definitivamente, estaban en problemas muy graves. Si nadie los ayudaba, morirían en menos de una semana.

Ya había pasado casi una hora desde que habían subido a la terraza de la gasolinera Abajo, tanto en el aparcamiento como el interior de la tienda, estaba plagado de infectados. Había tantos que no lograban siquiera ver el asfalto.  Debía haber cientos de ellos, quizás miles. Jonatán, se había apartado un poco de David y Leandro. Había comenzado a sentirse mal y eso, le había hecho tener sospechas nada agradables. Se fue a una esquina y sin que David y Leandro se dieran cuenta, se miró el brazo, el mismo con el que había alejado al infectado que se le echó encima en el baño. Se subió la manga y entonces confirmó sus peores temores, descubrió la herida, de la cual, no se había percatado hasta ese momento, o quizás, no se había querido dar cuenta, pero le había llegado a morder. No era un gran mordisco, pero era una mordedura al fin y al cabo… Eso solo significaba una cosa… Estaba infectado, y, por lo tanto, tenía las horas contadas. Sandro y Mark no habían aguantado ni cuarenta y ocho horas. Habían muerto mucho antes, incluso otros como Sánchez, no habían llegado a una hora. En cualquier momento, podría morir y reanimarse.
— ¿Tienes algo de tabaco? —preguntó David, sorprendiendo a Jonatán, tanto que este se sobresaltó. Eso sorprendió a David y lo miró fijamente. — ¿Estás bien? Parece que he interrumpido algo.
—No, no. Estoy bien. Solo estaba pensando en cómo salir de aquí— Jonatán sacó entonces un paquete de tabaco y se lo mostró a David —Me quedarán como cuatro o cinco cigarros.
— ¿Puedes darme uno? —preguntó David
—Toma el paquete entero— dijo Jonatán — ¿Sabes? He estado pensando. Sí alguna vez has pensado en dejarlo, este es el momento más apropiado. A mí, una vez se me acaben, dejo el tabaco. Aunque creo que moriré antes de que se me acaben—dijo Jonatán — ¿Apostamos a ver qué sucede antes?
—Si. Acepto la apuesta. Dudo mucho que podamos conseguir tabaco en medio de todo este apocalipsis. Este será mi último cigarro—dijo David sacando uno y poniéndoselo entre los labios. Después lo encendió. Jonatán también cogió uno y David se lo encendió. —Por nuestro último cigarro.
—Eh Leandro ¿Quieres unirte a nosotros en nuestro último día de fumadores? —preguntó Jonatán haciéndole un gesto con la mano —Leandro sonrió y se levantó de donde estaba. Se acercó a donde estaban sus dos compañeros y cogió el cigarro que Jonatán le ofrecía.
—Por el último día de fumadores—dijo Jonatán con una sonrisa a medida que le encendía el cigarro a Leandro. Entonces, se quedó un momento parado y miró a sus dos compañeros.
— ¿Qué ocurre? — preguntó David dándole una calada a su cigarro.
—No había caído en una cosa…— murmuró Jonatán.
—Suéltalo. No nos dejes en ascuas…— dijo David
—No se puede fumar en las gasolineras— respondió Jonatán
La respuesta de Jonatán dejó atónitos a David y Leandro, pero segundos después. Ambos comenzaron a reír a carcajadas. Lo cierto es que era irónico, y en un momento así, necesitaban evadirse un poco de la tensión, pretender no pensar en el problema que se encontraban. Ellos, se encontraban allí, en una situación que no les dejaba muchas más opciones más allá de la muerte, pero estaban riendo.
—Dios… Que bien sienta… El tabaco, es un remedio cojonudo para los nervios—dijo Leandro —Me he calmado bastante. Gracias tío.
—No hay de qué. Esos gemidos me tenían de los nervios, pero tras varias caladas. Estoy más calmado —dijo Jonatán —Bendito tabaco.
— ¿Sabéis? Yo los miro— dijo David señalando a los infectados —Y no puedo evitar pensar. Aquellos a los que no conozco, me pregunto cómo eran en vida. Qué trabajo desempeñaban. Me pregunto, si alguno tenia familia. Veo a chicas que me pregunto cómo hubiese sido conocerlas en circunstancias diferentes y si habría tenido algún tipo de relación con ellas. Tantas cosas pasan por mi cabeza… Pero pienso en que ha sido de mis familiares. Si están bien o no… Antes de llegar al instituto, pasé por mi casa, con la esperanza de que estuvieran allí, esperándome… En esos momentos, no había comprendido todavía la situación… Por eso, cuando miro a los infectados y veo su degradación, me aterra la idea de que mis familiares estén así…
—Bueno… En mi caso, ya os he contado lo que pienso de mi familia… Aunque me preocupo por mis amigos… Los que no pertenecen al ejercito… Imagino que o están muertos, infectados o vivos en algún lugar. Aunque sinceramente… Y no lo digo por joder a nadie, pero, dudo que vuelva a verlos— dijo Jonatán
—Yo espero que nuestros padres hayan sido evacuados o hayan escapado, pero ante todo espero que estén bien lejos de toda esta mierda. No quiero que estén como esta gente—dijo Leandro —Verlos así me marcaria de por vida.
—Me imagino que los evacuados deben estar en algún bunker bajo tierra o en algún lugar seguro— David miró a Jonatán — ¿No es lo que se suele hacer en estos casos?
—Sí. Eso es lo que suele hacerse… En mayor o menor medida. Aunque en casos víricos. Se suele pasar una cuarentena. Así, se evita que la infección se extienda mucho más. Aunque eso, pasa cuando se pretende evitar una pandemia… Y en la pandemia ya estamos— explicó Jonatán —Aunque la pandemia fue al principio. La situación actual es de crisis global.
— ¿Creéis en la posibilidad de que en alguna parte del mundo hayan logrado mantener la infección a raya? —preguntó Leandro —Eso sería muy esperanzador.
—Sinceramente no tengo ni idea. La infección se ha extendido mucho y muy deprisa. En las noticias de canal 9 se vio como Tokio desaparecía del mapa. A veces, pienso que aún quedaban personas sanas en esa ciudad. Y eso me aterroriza. Eso podría suceder aquí—dijo David.
—Las había— Aseguró Jonatán —Pero les dio igual. Lo que hicieron, fue llevar a cabo el protocolo de contención. Aún o se conocían muchos detalles del asunto— dijo Jonatán
— ¿Protocolo de contención? —preguntó Leandro
—Sí. Es cuando deciden acabar con todo de un plumazo. Impiden que la infección se extienda. En esos momentos, creyeron que, con eso, lograrían erradicar el virus. Pero queda demostrado que se equivocaron— dijo Jonatán
—Se lo que es, pero me refiero, a si tan mal se puso aquello como para tomar la decisión de volar la ciudad—dijo Leandro —Fue increíble… Fue horrible.
—No estuve allí, pero por lo que se, aquellos infectados se contaban por millones en esos momentos. No había datos suficientes. Aquí en Puzol, también llevó a cabo el protocolo. No con ninguna bomba, pero si comenzaron a disparar contra todos. Creyeron que así lo contendrían, pero el virus estaba en el aire por lo visto. Lo que hicieron, fue en vano. Únicamente, mataron a personas—dijo Jonatán
—Eso fue un gran error— dijo David dando una calada —El miedo privó de vida a unas personas que, a día de hoy, podrían estar vivas en algún lugar.
—Si. Yo no participé, pero lo escuché por radio, había infectados entre la gente en la placeta de santa Marta. A los que intentaban evacuar, a la gran mayoría, los cosieron a balazos—dijo Jonatán
—Supongo que es por eso por lo que vimos esa masacre allí. Había muchos muertos—dijo Leandro mirando a Jonatán.
—Sí. La plaza era un baño de sangre. Algunas personas pudieron huir hacia el interior de la iglesia, pero, aun así, no sobrevivieron. Los infectados se dieron un festín con ellos. Luego se reanimaron y empezaron a caminar. Pudimos verlo con nuestros propios ojos—dijo David
—Si. Y entre ellos, no solo había habitantes del pueblo. También había soldados… Fue un desastre, pese a que no lo vi con mis propios ojos— añadió Jonatán —Ojalá pudiera volver atrás con el tiempo y…— Jonatán hizo una pausa, se había sentido mal y había tenido que apoyarse. Algo de lo que se dio cuenta David, pero no le dijo nada. Jonatán continuó —Si pudiera volver atrás en el tiempo, intentaría cambiar las cosas.
Pasaron un par de horas. Leandro se había apartado en un lugar a la sombra y se estaba quedando dormido. David observaba a los infectados que permanecían abajo. Había muchos, pero por suerte, habían dejado de llegar más, al menos por el momento. David se quedó mirando a uno de los infectados. Era un hombre de unos casi sesenta años, no le llevó mucho tiempo reconocerlo. Se trataba de un antiguo jefe que tuvo. Aunque en su día tuvo sus más y sus menos con él, pese a que no le caía nada bien, le impactó verlo así. Entonces, se le pasó por la cabeza hacer algo, alzó su fusil y le apuntó, justo cuando iba a disparar, escuchó toser a Jonatán. Se dio la vuelta y entonces, lo vio vomitar en un rincón de la terraza. Dejó lo que estaba haciendo y se acercó a su compañero. Cuando Jonatán lo vio acercarse, trató de ocultar su estado, pero, era demasiado notable.
— ¿Cuánto hace que te mordieron? ¿Cuánto hace exactamente?
—He perdido la noción del tiempo, pero me mordieron cuando fui al baño. Cuando ese cabrón se me echó encima— confesó Jonatán. Ya no tenía sentido ocultarlo. Le quedaba probablemente poco. Tenía que ser sincero.
—Hace casi tres horas— dijo David.
Jonatán asintió —Más o menos… Si…
— ¿Por qué no lo dijiste antes? — preguntó David
— ¿Hubiese cambiado algo? — preguntó Jonatán
En ese momento, Leandro, atraído por la conversación, se acercó a ellos. — ¿Qué ocurre?
—No… Nada… Puede que…— titubeó Jonatán, pero David le interrumpió.
—Le han mordido.
Leandro miró entonces a David y después, miró a Jonatán. — ¿En serio? ¿Por qué lo ocultaste? ¿Por qué no dijiste nada? Si hubieses muerto, te habrías reanimado y nos habrías atacado después.
—Me estaba planteando lo de tirarme de la terraza antes, pero he pensado otra cosa. Algo que nos sacará de aquí…— Jonatán hizo una pausa —…Algo que os sacará de aquí— se corrigió.
— ¿No te incluyes? — preguntó David
—Yo ya estoy muerto de todos modos…— dijo Jonatán —Pero ahora escuchadme. No tenemos mucho tiempo. Yo no tengo mucho tiempo. Este es mi plan, es una locura, pero es el único plan que tengo. Es nuestra única posibilidad— Jonatán hizo una pausa y comenzó a explicar su plan. —A mí ya me han mordido y no tengo nada que perder. Es ahí, por esa causa donde he pensado lo que hay que hacer. Hay muchos entre el coche y nosotros. Bastará con que bajemos para que se nos echen encima, ni siquiera podremos tocar el asfalto, pero… Fijaros en esa uralita— dijo Jonatán señalando la amplia terraza que quedaba por encima de los surtidores —Caminar sobre ella nos deja encima del coche. Basta con que unos pocos se alejen de ahí, para que vosotros dos, podáis deslizaros hacia el coche. Aun así, no tendréis demasiado tiempo, yo no lo tendré.
— ¿Cuál es el plan? — preguntó Leandro.
—Yo seré el cebo. Bajaré abajo y atraeré a todos hacia mí. Eso, os dejará unos segundos de maniobra, pero solo unos segundos, porque nada más os vean, os atacarán. Tendréis que ser muy rápidos y cuidadosos. Venga, no perdamos más el tiempo. Yo me siento cada vez peor…
El plan estaba ya en marcha. Jonatán se acercó a una de las cornisas y pasó una pierna por encima. El suelo estaba a cuatro metros de altura. Cuando los infectados lo vieron, comenzaron a alzar los brazos, en un vano intento de cogerlo.
Jonatán se preparó, agarró un cuchillo y lo desenvainó, luego se pasó el fusil por delante, para tenerlo más a mano cuando bajara. Después, sacó una granada, la observó y se la colgó de una de las anillas del chaleco militar que llevaba. Miró entonces a Leandro y David. Entonces, no pudo reprimir las lágrimas. Leandro y David tampoco pudieron contenerse.
—Ha sido un placer conoceros, y un honor acompañaros en esta misión. No nos conocemos de hace mucho, pero en estos días desde que empezó esto… Os he considerado una familia. Una familia de verdad… Vaya donde vaya, os estaré eternamente agradecido— Jonatán se limpió las lágrimas y nuevamente, miró a sus compañeros. Seguidamente, se llevó la mano a la cabeza y les hizo el saludo militar. David y Leandro se lo devolvieron.
Sin decir nada más. Jonatán pasó la otra pierna y se dejó caer. Cayó entre varios infectados, incluso derribó a unos cuantos. Él se hizo daño en las piernas, pero no le importó. Rápidamente, comenzó a caminar entre los infectados, golpeándolos con el puño, pegándoles patadas, apuñalándolos en la cabeza. Eso era lo que hacía, mientras apuntaba al cielo y descargaba una ráfaga.
El ruido de los disparos, hizo que los infectados que se concentraban en la parte delantera de la gasolinera, comenzaran a moverse como un rebaño, despejando cada vez más, la zona donde se encontraba el vehículo. Quedó tan despejada que Leandro y David tuvieron el camino prácticamente despejado. Era su turno. Tenían que moverse.
Rápidamente, Leandro y David comenzaron a correr sobre la uralita. Llegaron a la zona donde estaba el coche y se dejaron caer. Cayeron justo al lado del vehículo y acabaron con los infectados que se les acercaron. Actuaron rápido y lograron meterse en el vehículo. David se puso al volante y giró las llaves en el contacto.
—Date prisa— le presionó Leandro.
—Eso intento— respondió David mientras observaba que muchos infectados comenzaban a rodear el coche. Si seguían acumulándose allí, iban a tener imposible lo de salir de allí. Quedarían atrapados y el sacrificio de Jonatán sería en vano.
Finalmente, el motor arrancó con un rugido y David pisó el acelerador. Puso la marcha atrás y comenzó a arrollar a los infectados que se encontraban detrás. El vehículo salió rápidamente al asfalto, allí, David pegó un volantazo e hizo girar el coche, seguidamente, volvió a pisar el acelerador y el coche, salió disparado en dirección al punto de encuentro.
David no pudo evitar romper a llorar en ese momento. Lo habían logrado gracias a Jonatán, aunque el, no les acompañaba, había dado su vida por salvarles. Algo en lo que le estaría eternamente agradecido. Jonatán no sería olvidado, él lo recordaría siempre.
*****
Jonatán estaba cansado y muy herido. Lo habían mordido varias veces más mientras luchaba atrayendo toda la atención de los infectados. Mientras luchaba, había logrado alcanzar el interior de la tienda. Donde había logrado resguardarse entre dos estanterías, las cuales, estaban tan juntas que impedía el paso de aquellos seres, únicamente podían meter los brazos. El hecho de que Jonatán se refugiara allí, no le impidió ver como David y Leandro lograban escapar. Eso lo hizo feliz… Muy feliz…
Jonatán agarró la granada que llevaba colgada de la anilla y miró a los infectados. En ese momento le quitó la anilla y cerró los ojos.
*****
David escuchó la explosión cuando estaban alejándose de allí. Miró entonces el retrovisor y vio la bola de fuego. Eso hizo que frenara de golpe y saliera del coche. Este miró entonces hacia el lugar donde se encontraba la gasolinera. Leandro también salió del coche y se acercó a su amigo.
— ¿Crees que ha sido Jonatán?
—No me cabe duda— respondió David. Entonces miró a Leandro —Recuérdalo siempre. Recuerda a aquel que dio su vida por nosotros. Nunca olvides su nombre. Se llamaba Jonatán, y durante varios días, fue nuestra familia… Nuestro hermano.
Ambos se quedaron allí unos minutos y después, volvieron al interior del vehículo. Con la intención de ir a encontrarse con los demás en el punto de encuentro. Mientras conducía, David iba preparándose para dar la triste noticia.
*****
Las carreteras estaban bloqueadas, tanto por barricadas como por vehículos abandonados y calcinados. Tuvieron que buscar otro camino para llegar al ayuntamiento.  Ya eran las 21:10 de la noche cuando llegaron al punto de encuentro. Cuando llegaron, vieron que había solo dos coches de los cuatro que habían salido. Estos eran los de Juanma y Lidia. Faltaba el de Bosco. Algo les había pasado y por eso no estaban allí.
Cuando llegaron, David aparcó el vehículo y se bajó. Estaba nervioso por lo que iba a tener que hacer. Vio acercarse a Juanma, al principio, parecía contento, pero cuando vio la expresión de David, supo que había algo que no estaba bien. Algo que había salido horriblemente mal. Algo que relacionó enseguida con la columna de humo que venía desde el punto de donde se encontraba la gasolinera.
—Hay algo que te tengo que contar…— comenzó a decir David.

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