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domingo, 30 de julio de 2017

ZOMBIES Capitulo 14 Perros Salvajes

14
Perros Salvajes

Día 24 de junio de 2010…
Supermercado Mercadona…

Mercadona estaba completamente a oscuras. Se había quedado así desde el mismísimo primer día. Cuando todo comenzó a irse al infierno. Había estantes totalmente revueltos y tirados por el suelo. Durante el caos, los saqueadores se habían llevado todo lo que habían podido. El silencio era total, únicamente roto cuando, en ocasiones, se escuchaba un sonido proveniente de algún lugar. Un sonido que probablemente, era producido por alguna alimaña.
—Esto está patas arriba. Seguro que fueron los militares, prefirieron hacer esto a salvarnos el culo. Prefirieron salvarse ellos antes que hacer el trabajo que debían—dijo Raúl
—No. Dudo mucho que fueran los militares. Cuando nosotros vinimos hace unos días, esto estaba en mejores condiciones y solo recogimos lo necesario. Aquí ha venido alguien más… Saqueadores diría yo. Y no creo que haga mucho de eso. Puede que días… Horas tal vez— dijo Bosco agachándose para observar unas huellas dejadas por alguien.
—Bueno… Eso es buena señal ¿No? Significa que hay más gente por ahí. Gente que, como nosotros, está viva—dijo Emilio intentando ser positivo.
—No exactamente— respondió Toni —No sabemos quiénes son ni que intenciones pueden tener esos saqueadores. En la situación en la que nos encontramos, cada uno mira por sí mismo y por los suyos. Gente desesperada. La realidad duele, pero en estos momentos, solo podemos confiar en las personas de nuestro grupo. Al menos de momento— las palabras de Toni crearon bastante estupefacción en el grupo.
—Toni tiene razón— afirmó Bosco —En estos tiempos, los saqueadores no son una opción de confianza. Incluso, puede que más adelante, en nuestro grupo, por falta de comida o lo que sea… Se creen conflictos. No sabemos lo que nos depara el futuro. Las cosas han cambiado. Las reglas han cambiado.
—Bueno, pero, de todas formas, es un alivio saber que hay más gente viva. Me llena de cierta esperanza—dijo Emilio.
—Admiro tu positividad, en serio. Espero que la realidad no te aseste un golpe mortal.
Bosco se los quedó mirando entonces —Bueno. No perdamos más el tiempo. Es hora de ponernos manos a la obra. Comencemos a recoger comida y salgamos de aquí. Antes de que los infectados pasen por aquí y se percaten de nuestra presencia. Si eso pasa, tendremos problemas. Coged únicamente lo necesario. Básicamente latas de conservas y alimentos imperecederos. Lo cargaremos todo en el maletero y saldremos de aquí.
******
Los cinco se separaron y comenzaron a recoger comida. Bosco entró en la panadería y comenzó a recoger algo de masa que vio que todavía estaba en buen estado. Pensó que quizás, podría servirles para algo. Fue entonces, cuando escuchó un ruido al otro lado de una puerta. Se trataba de algo que goteaba. Bosco sacó su arma y se fue acercando al lugar. Cogió la manivela y abrió la puerta que tenía delante de él. Lo hizo con cuidado para no hacer mucho ruido, pero preparado para abrir fuego en cualquier momento. Cuando la puerta estuvo abierta, descubrió el cadáver de un hombre sobre una mesa. Tenía la garganta desgarrada y el vientre abierto. Sus tripas, colgaban por ambos lados de aquella mesa. La sangre, todavía goteaba. En ese momento, escuchó un ruido a sus espaldas. Se giró rápidamente dispuesto a disparar, entonces se encontró cara a cara con Toni. Este rápidamente levantó las manos. —Eh… Eh… Tranquilo. Solo venía a decirte que el maletero ya está lleno y podemos irnos…— Toni se quedó entonces de piedra cuando vio el cadáver — ¿Qué demonios ha pasado aquí?
Bosco se dio la vuelta para mirar al cadáver mientras guardaba el arma —No parece que lleve mucho tiempo muerto. Diría que no lleva así ni veinte minutos— Bosco se fue acercando al cadáver y lo tocó.
—Eh. Ten cuidado. A ver si se va a levantar…— le advirtió Toni al tiempo que levantaba el arma apuntando al cadáver.
—Dudo que eso suceda. Puedes bajar el arma.
—¿Seguro? —preguntó Toni —Yo que tú, no lo tocaría mucho.
—Como sospechaba— dijo en ese momento Bosco —Este cadáver aún está caliente… Espera… Mira esto— Bosco se fijó en algo que había mezclado con la sangre de los bordes de las heridas de mordisco. Los mordiscos, también le llamaron la atención.
— ¿Esas mordeduras son de infectados? Parecen muy grandes y raras— dijo Toni observando las mordeduras también.
—No creo que sean de infectados. Estas mordeduras no son humanas— Bosco tomó un poco de la sustancia que le había llamado la atención —Fíjate en esta cosa viscosa y blanquecina. ¿Has visto alguna otra mordedura así? De infectados quiero decir… Yo no.
—Pues… No me he fijado nunca en esas cosas. De hecho, paso horas tratando de olvidar que vivo en esta pesadilla. — dijo Toni
—Pues yo sí. Y la respuesta es no. He visto varias mordeduras de infectados y ninguna era como esta. Las marcas de dientes… No se corresponde con las dentaduras humanas. Esto no es la mordedura de un infectado— dijo Bosco —Esto es otra cosa.
— Joder. Esto me da muy mala espina ¿De qué crees que se trata? —preguntó Toni con una visible cara de preocupación. Era evidente que todo eso lo estaba inquietando.
—No lo sé, pero, sea lo que sea, aún puede que ande por aquí. Busquemos a Raúl y a Emilio. Luego salgamos de aquí— dijo Bosco saliendo de la sala y cerrando la puerta detrás de él.
*****

Emilio, Manuel y Raúl estaban en el servicio.  Recogiendo algo de papel higiénico. Algo que habían recordado a última hora. Aunque el maletero del coche estaba lleno, no estaba de más recoger algo como eso. Al fin y al cabo, era algo también muy importante.
—Oye. Una pregunta ¿Tú confías en Juanma? Me refiero a si confías en el cómo líder de nuestra pequeña familia— quiso saber Raúl mientras metía unos cuantos rollos dentro de una bolsa.
—Claro que confío. Lo ha hecho bastante bien ¿Porque no debería confiar? No entiendo tu pregunta— dijo Emilio mirando a su compañero.
—A mí no me lo parece. No me parece que lo haya hecho tan bien. Piensa que en estos últimos días perdimos a gente. Ahora nos manda a una misión suicida. Nos manda a nosotros mientras que deja a las señoritas y al otro al cuidado de nuestro improvisado hogar— dijo Raúl con cierta ironía —¿Por qué unos se la juegan mientras otros se tocan las pelotas y los ovarios? Es como si quisiera ganarse los favores sexuales de las muchachas.
—Lidia está también por ahí fuera. Tu podrías haberte quedado allí si hubieses querido, pero decidiste venir. Ahora no te quejes. Todos y cada uno de nosotros estamos aportando algo. El objetivo es sobrevivir a esto—dijo Emilio
—Si no recuerdo mal. He escuchado que cuando la chica aquella… Rosa creo que se llamaba… Si no me acuerdo del nombre de la que me he tirado un fin de semana, mucho menos me voy a acordar del nombre de una a la que ni siquiera llegué a oler, se infectó y se cargó al otro chaval. Nuestro líder se vino abajo, un líder emocionalmente estable. Uno que llora a la mínima. No creo que sea alguien capaz de dirigirnos —dijo Raúl con ironía —Sinceramente. Otro nos dirigiría mejor que él. Yo lo haría mejor que el…
— ¿Y qué hubieses hecho tú? —preguntó Emilio —Hablas muy seguro de ti mismo.
—No hundirme como un cobarde. Le habría echado un par de huevos. Habría sido un hombre… Uno con agallas— dijo Raúl dándose una palmada en el pecho. —Cuando quieras lo demuestro. Tendríamos que quitárnoslo de en medio. Ahora que aún podemos.
—No estás hablando en serio…— dijo Emilio tirando la bolsa al suelo por la indignación —No te imaginas la presión que esta situación puede ejercer sobre alguien que quiere garantizar nuestra seguridad. Él no está pensando en sí mismo. Piensa en todos. Y, además, hablas de matarlo. Lo dices como si fuera algo fácil. No lo es.
—Ni tu tampoco lo sabes. No tienes ni idea de esa presión de la que hablas. Quizás me pasé con el comentario de cargárnoslo, pero creo que estaríamos mucho mejor si otro tomara las decisiones— dijo Raúl —Si mandara yo, para empezar, no estaríamos aquí.
—¿Y qué haríamos? ¿Esperar a morir? Estamos aquí porque es necesario que estemos—dijo Emilio —Así que mejor deja ya el tema.
—Yo sigo pensando que no es el adecuado… Y os lo demostraré a todos—dijo Raúl —Ya me vendrás llorando cuando pase algo irremediable. Me pedirás de rodillas que os cuide.
Emilio, Manuel y Raúl salieron del baño para encontrarse de frente con Bosco y Toni. Emilio iba a decirles lo que Raúl planeaba. Sentía que era algo que debía contarles, aunque Raúl estuviera presente. Sus palabras lo habían inquietado hasta el punto que temía que, al regresar, atentara contra la vida de Juanma.
—Ya lo tenemos todo. Es hora de irnos de aquí— dijo Bosco —Aquí hay algo raro.
—Escuchad… — dijo Emilio mirando a Raúl —Hay algo que debo contaros… Raúl…
Raúl sintió en ese momento que debía hacer callar a Emilio, no podía permitir que hablase más de la cuenta. Tenía que hacer cualquier cosa para impedir que hablara. Sin que nadie lo viera, tomó el mango del cuchillo que llevaba atado a la cintura, pero, justamente en ese momento, a sus espaldas, escucharon un ruido. Raúl soltó entonces el mango al tiempo que Emilio se quedaba callado. Todos escucharon el ruido. El sonido no era fácil de identificar de dónde provenía, pero, parecía como si algo estuviese correteando. Y correteaba según parecía, a su alrededor, se escuchaba como si viniera de varios rincones.
— ¿Que ha sido eso? —preguntó Raúl —¿Qué es ese jodido ruido?
Toni miró a Bosco —No lo sé…
Los cinco formaron un circulo, estando espalda contra espalda, mientras escuchaban como el ruido que se iba acercando desde varias direcciones. Eran como uñas rascando el suelo, y cada vez estaba más cerca. Enseguida, comenzaron a escuchar lo que parecía un gruñido.
— ¿Será algún infectado? —preguntó Raúl alzando su arma y apuntando en varias direcciones. Tratando de averiguar a donde apuntar.
—No creo… Si fuesen infectados, ya estaríamos escuchando sus asquerosos gemidos. Esto parece más coordinado— dijo Bosco mirando hacia un punto donde le había parecido ver algo. —Están acechándonos.
—No sé de qué se trata, pero marchémonos de aquí —dijo Toni rompiendo el circulo y echando a correr hacia la salida.
Los demás, siguieron a Toni con la intención de salir de allí. Estaban a punto de llegar a la salida, cuando algo les cortó el paso. De repente, vieron dos ojos brillantes en la oscuridad delante de ellos, salía de debajo de dos estantes. Se trataba de un perro. Tenía el morro manchado de sangre y babeaba mucho, gruñendo y enseñándoles los dientes. Bosco y los demás comenzaron a retroceder.
—Joder… Es un puto perro— dijo Raúl sin dejar de mirarlo.
—Cuidado. No os acerquéis a él. No hagáis movimientos bruscos. Intentaremos alcanzar la salida— dijo Bosco dando unos pasos hacia atrás. Intentarían alcanzar la salida sin hacer que el perro se sintiera amenazado.
El perro ladró una vez y comenzó a avanzar hacia ellos gruñendo. Más gruñidos se escucharon en ese momento, y más perros aparecieron por un pasillo. Todos gruñendo y mostrando los dientes. Todos presentaban rasgos similares. Hocicos manchados de sangre y babas blancas. Era como si tuvieran la rabia.
Los perros les estaban rodeando poco a poco, cerrando el círculo en torno a ellos. Era como una caza en manada, de hecho, era seguramente eso. Bosco miraba buscando la salida, una forma que les permitiera salir de allí.
—Id retrocediendo— dijo Bosco —Intentaremos alcanzar el coche. No estamos muy lejos.
Los perros comenzaron a avanzar poco a poco sin dejar de gruñir. Cada vez estaban más cerca y podían saltar sobre ellos en cualquier momento. Bosco en esos momentos, supo que era lo que le había pasado al hombre cuyo cadáver había encontrado sobre una mesa en la panadería. Sin duda habían sido los perros. Fue en ese momento cuando los perros se lanzaron al ataque.
—¡¡¡¡Corred!!!!— gritó Bosco
Los cinco echaron a correr con los perros pisándoles los talones. Llegaron hasta una puerta y la cruzaron. Cerrándola detrás de ellos, dejando a los animales fuera, los cuales, arañaban y se lanzaban contra la puerta. No iban a poder entrar. Bosco entonces, observó el lugar donde se encontraban, estaban en una especie de pequeño almacén. Estaban encerrados.
—¡¡¡Joder!!! ¿Qué hacemos ahora? — preguntó Raúl dando vueltas por aquel lugar. —Tendríamos que haber corrido hacia el coche. Habríamos llegado. Estoy seguro de ello.
—O puede que no. Hemos llegado aquí de milagro— respondió Toni.
—No habríamos llegado… Y el problema, es que ahora tampoco sé cómo llegaremos. No he tenido demasiado tiempo para pensar— dijo Bosco mientras escuchaba gruñir a los perros al otro lado de la puerta. De vez en cuando, también los escuchaban dar golpes en la puerta.
—Putos perros. Nunca me han gustado los chuchos— dijo Raúl apoyándose en la pared. —Deberíamos haberles cosido a balazos.
—Son perros que se han vuelto salvajes dadas las circunstancias. Perros que han probado la carne humana. No podemos culparlos— respondió Bosco mirando a Raúl. —Ellos solo tratan de sobrevivir, como nosotros. Simplemente han vuelto a sus raíces. A cazar.
—Supongo que esto nos aclara lo del cadáver que encontramos— dijo Toni mirando a Bosco —Fueron los perros.
—Si. Fueron ellos— dijo Bosco sentándose sobre unas cajas. —Ahora tiene mucho más sentido.
— ¿De que estáis hablando? —preguntó Emilio muy confuso.
—Toni y yo encontramos un tío muerto en la panadería. Este tenía mordiscos por todo el cuerpo. Mordiscos que no parecían humanos. Ahora sabemos que fueron los perros— explicó Bosco
—Sensacional. Cómo si no tuviésemos suficiente con los infectados, ahora una jauría de perros salvajes ¿Qué será lo siguiente? — dijo Raúl —Estoy hartándome de toda esta mierda. ¿Ahora qué hacemos?
—Supongo que tendremos que esperar. Quizás con suerte se cansen y se vallan. No creo que se queden ahí esperando a que salgamos. En algún momento algo les llamará la atención y se olvidarán de nosotros— dijo Toni —Solo debemos esperar.
—Espero que tengas razón. No quiero que Anna se preocupe—dijo Bosco
******

Las horas pasaban y allí dentro el calor se estaba volviendo insoportable. Estaba anocheciendo y fuera seguían escuchando a los perros. Los escuchaban rascar, caminar, gruñir y jadear. De vez en cuando, escuchaban como si se estuvieran peleando entre ellos. El hecho de que no se fueran, estaba desesperando al grupo, especialmente a Raúl, que ya no sabía en qué posición ponerse. Se levantaba, pateaba algo y volvía a sentarse resoplando.
—Esos chuchos sarnosos siguen ahí fuera. Menos mal que dijiste que se cansarían. ¿Alguna otra falsa esperanza que quieras compartir con nosotros? — dijo Raúl mirando a Toni.
Toni miró a Bosco, mostrándole una mueca de preocupación. Después, Toni miró a Raúl. —Es evidente que me equivoqué. Sinceramente, no sé qué hacer, no se me ocurre nada.
—Pues tenemos que pensar en algo para salir de aquí. Podríamos abrir la puerta y empezar a disparar, pero no tendríamos buen ángulo de tiro. Fallaríamos más que acertaríamos y encima, podríamos llamar mucho la atención —dijo Emilio
—Tienes razón… Pensemos —dijo Toni suspirando
*****
Bosco se paseaba de un lado a otro en aquel almacén. Sudando por el calor y sediento. Allí no había nada que comer ni beber. Estaban solos entre cuatro paredes y un techo. Fue entonces cuando se percató de algo que antes no había visto. Quizás por los nervios o por la preocupación… Pero ni él ni los demás, se habían percatado de aquello. Detrás de una pila de cajas de madera, vio una ventana estrecha y rectangular, rápidamente, se aupó hasta las cajas y comenzó a quitarlas.
— ¿Qué estás haciendo? —preguntó Toni observándolo.
—Ventanas. No me había dado cuenta de que estaban aquí. Creo que dan a la calle— respondió Bosco mientras alcanzaba el cristal del ventanal. Logró abrirla y en efecto, esta daba a la calle.
— Vale. Muy bien. Hemos encontrado una ventana ¿Qué hacemos ahora? —preguntó Raúl
—Es muy estrecha y no puedo pasar— dijo Bosco tratando de pasar por ella, pero sin suerte. Entonces volvió a mirar a sus compañeros. —No puedo pasar, es demasiado estrecha.
—Pues a mí no me mires. Si tú no puedes pasar, yo menos—dijo Raúl
—Yo no te estaba mirando a ti— respondió Bosco molesto.
—Deja que yo lo intente— dijo Toni acercándose. Logró asomarse un poco y vio que era una ventana que daba al parking del súper mercado. Allí, podía ver a unos infectados que estaban alimentándose del cuerpo de una persona. Toni que era más delgado que Bosco y Raúl intentó pasar, pero tampoco tuvo suerte. Volvió a descender y miró a Bosco —Yo tampoco puedo pasar— Fue en ese momento cuando todos miraron a Emilio, el cual, no se había movido del sitio. Permanecía cruzado de brazos. —Emilio… Creo que tú sí que vas a poder. Eres el más delgado de todos.
—Cierto— dijo Bosco — ¿Por qué no lo intentas?
******
El plan iba a ser sencillo. Emilio iba a tener que salir por aquello ventana. Él era el más indicado para salir por ahí. Era el más delgado de los cinco y también el de menor estatura. Le habían explicado lo que tenía que hacer. Debía alcanzar el coche, y con él, penetrar en el súper mercado. Una vez dentro, conducir hasta esa parte y salir de allí. Podrían alcanzar el coche fácilmente y evitar a los perros.
— ¿Ya te quedó claro lo que tienes que hacer? — preguntó Bosco. —Aunque sinceramente. Podemos planear otra cosa. No tienes por qué arriesgarte.
—No…— dijo Emilio respirando hondo —Lo haré. Tengo que hacerlo.
Emilio trepó por las cajas y con mucho cuidado, comenzó a pasar por la ventana. llegó al otro lado y se dejó caer llegando al parking. Consiguió esquivar a los dos infectados sin problemas. Salió del parking y comenzó a caminar pegado a la pared mientras observaba el coche. Podía verlo desde su posición. Si corría llegaría. Miró a un lado y luego al otro. Le quitó el seguro al arma y comenzó a correr.
Llegó rápidamente hasta el vehículo y se puso al volante. En ese momento, un perro de color negro se subió al capó de un salto y comenzó a ladrarle. Otro perro, uno de color rojizo apareció junto a la ventana del conductor y comenzó a lanzarse contra el cristal, dejando manchas de babas y sangre en este.
Emilio arrancó el motor y pisó el acelerador, tirando al perro que había sobre el capó y atravesando el cristal que tenía enfrente. Emilio comenzó a conducir por el interior de Mercadona, embistiendo estantes. Consiguió llegar hasta la parte donde los demás estaban encerrados, embistió a dos perros que estaban justo delante y paró a la perfección frente a la puerta, dejando un estrecho espacio entre el chasis y la pared. Una vez allí, comenzó a tocar el claxon.
La puerta del almacén se abrió de golpe y Bosco apareció, agarró rápidamente el tirador del coche y abrió justo al mismo tiempo que un perro saltaba por el capó y se situaba sobre el techo, ladrando y mirándolo. Bosco alzó el arma y disparó al animal. Este se estremeció y se desplomó sobre el techo, seguidamente se deslizó, por uno de los lados del coche, dejando tras de sí un rastro de sangre.
—¡¡¡Salgamos de aquí!!!— gritó Bosco
Toni y Raúl se lanzaron hacia el interior del vehículo seguidos por Bosco. Se apresuraron a situarse allí dentro mientras los perros ladraban sin acercarse. Rápidamente, Emilio pisó nuevamente el acelerador dando marcha atrás. Le pasó por encima a un perro que apareció detrás. El coche finalmente salió al exterior y se encaminaron al punto de encuentro. Ya era de noche y estaban llegando tarde, los demás, los que aún les esperaban allí, estarían preocupados.
—Cuando vea a Juanma… Le pienso decir cuatro cosas. Ese a mí, no vuelve a mandarme a una misión suicida como esta—dijo Raúl con indignación. Eso, hizo que Emilio lo mirara y recordara las palabras de este hacía unas horas.
—Raúl planea deshacerse de Juanma— dijo Emilio en ese momento —Cree que el sería mejor líder que él.
—Detén el coche— dijo en ese momento Bosco.
Emilio detuvo el vehículo. Fue entonces cuando Bosco se dio la vuelta mirando a Raúl y apuntándole con la pistola, directamente a la cabeza.
—Escúchame bien por qué voy a ser claro y directo.
—Quítame eso de la cara— dijo Raúl.
—Aquí estamos todos juntos en esto. Nos guste o no… Tu decidiste acompañarnos. Si piensas en deshacerte de Juanma… Lo único que harás es ponernos después los unos contra los otros… Eso incluye a Anna. No pienso permitirte que la pongas en peligro. Así que, te invito a que, si hay algo que no te parece bien, puedes bajarte del coche ahora. A ver si te va mejor a ti solo.
Entonces, Raúl alzó su arma y apuntó a Bosco a la cabeza. Ambos se quedaron apuntándose mutuamente. —Venga capullo. A ver si tienes huevos a disparar— amenazó Raúl.
En ese momento, Toni y Emilio apuntaron a Raúl también. Fue en ese momento, cuando este se rindió y bajó el arma dejando de apuntar a Bosco.
—Te lo repito una vez más… Eres libre de irte si quieres…— dijo nuevamente Bosco —Aquí estamos todos juntos y hemos estado sobreviviendo hasta ahora, porque hemos cooperado. Todos estamos pretendiendo construir algo. Así que, aquí y ahora, tienes que tomar una decisión. Sigue con nosotros o abandona el barco.
—Está bien… Espero que no tengáis que arrepentiros más adelante y darme la razón— dijo Raúl —Ahora, dejaros de tonterías y vamos al jodido punto de encuentro.
Todos dejaron de apuntar a Raúl, y Emilio, volvió a poner el coche en marcha en dirección al ayuntamiento, donde los demás estaban esperándoles.

Ayuntamiento de Puzol…

Me encontraba observando a unos heridos Víctor y José. Ayudando a Lidia a cambiarles las vendas.  Tampoco podía creerme que Jonatán y Juan hubiesen muerto. Me sentía terriblemente culpable. Yo había sido quien había organizado las distintas misiones y se habían cobrado ya dos vidas. Lo peor era que el grupo de Bosco no había regresado todavía. Pasaba mucho de la hora de encuentro.
—Vendrán, no te preocupes— dijo Lidia mirándome.
—Si les ha pasado algo, no podré perdonármelo nunca. De hecho, ya no me perdono que Jonatán y Juan hayan muerto. Si no hubiesen ido a donde los mandé, puede que siguieran vivos. Yo…
 David se acercó a mí en ese momento, me puso la mano en el hombro y me señaló hacia un punto. Yo miré hacia donde el me señalaba, entonces, vi los faros de un vehículo que venía hacia nosotros.
—Son Bosco y los demás. Lo han conseguido—dijo David
David y yo fuimos al encuentro de los recién llegados y comprobamos que estaban todos. Al parecer, habían tenido suerte. Estaban ilesos.
—Perdonad nuestro retraso— dijo Bosco saliendo del coche —Las cosas se nos complicaron un poco. Una jauría de perros nos atacó en mercadona, pero hemos logrado escapar sin demasiadas complicaciones— Bosco señaló entonces a Emilio. Este, seguía con las manos en el volante y con la cabeza sobre ellas, parecía estar recomponiéndose de lo sucedido. —Lo hemos logrado gracias a él.
—¿Y a vosotros como has ido? —preguntó Toni bajándose del coche y abriendo el maletero para coger una botella de agua.
—Jonatán y Juan no lo han conseguido. Están muertos. Víctor y José están heridos. Ángel también lo está, pero lo suyo no es nada grave— dije yo con pesadumbre. Noté entonces como Raúl me lanzaba una mirada de desprecio. Algo de lo que Bosco también se percató.
—¿Cómo fue? — preguntó Bosco.
—Nosotros nos encontramos con una feliz familia de caníbales en el ambulatorio. De tantas cosas que creía que podía encontrarme, esa fue en la única que no pensé. Y me han dejado un recuerdo para toda la vida—dijo Ángel mostrando la herida que le causó la flecha.
—Bueno… Ya estamos todos aquí. Creo que va siendo hora de volver al instituto ya—dije yo.
—¿Pasa algo? Te noto preocupado— dijo Bosco mirándome fijamente.
Miré a los demás y entonces comencé a hablar —He intentado contactar con Félix y los demás varias veces y desde hace rato, pero no contestan. Puede que no sea nada, pero estoy muy inquieto. Tengo un muy mal presentimiento.
—Entonces no perdamos más el tiempo. Volvamos de una maldita vez— dijo Bosco volviendo al vehículo y pidiéndole a Emilio que le dejara conducir a él.
Emilio se apartó y dejó sitio a Bosco. En el asiento trasero, Raúl miró a Emilio. —Ya van dos que no se han salvado. Te lo dije antes. Este tío nos va a traer el desastre. Hay que quitárselo de en medio.
—Juanma no tiene la culpa de eso…— replicó Emilio en voz baja. —Déjalo ya.
—Lo que tú digas, pero te darás cuenta con el tiempo.
—vamos—dijo David
Todos iniciamos el camino de regreso al instituto, mientras, una repentina tormenta había estallado y la lluvia comenzó a ser torrencial. Yo estaba cada vez más inquieto, como si los problemas no hubiesen hecho más que comenzar.

Instituto…

Félix yacía en el suelo totalmente ensangrentado. Molano se acercó a él y le asestó una violenta patada en el estómago, haciendo que comenzara a escupir sangre. Después lo cogió por el pelo y tiró de él.
—Sinceramente chaval. De verdad que odio a los que se envalentonan creyéndose putos súper héroes. No podías quedarte quietecito. Tuviste que atacarme, pero no te preocupes, que no te voy a matar, al menos no de momento. Te necesito para que hagas llegar a tus amigos un mensaje— dijo Molano soltándolo.
—¿Porque nos haces esto? – preguntó Anna —Nosotras no te hemos hecho nada.
— No es nada personal. Solo quiero vengarme de Juanma y los otros soldados. No cumplieron mis órdenes e intentaron matarme. Me dejaron como un maldito despojo. Eso me parece suficiente motivo de venganza. No os preocupéis, sobreviviréis… Probablemente— dijo Molano mirándolas a las dos. —Además. Estoy deseando que seáis testigos de todo lo que tengo preparado para cuando Juanma y los otros lleguen.
—Tus argumentos son de enfermo mental— dijo Félix entre jadeos mientras trataba de levantarse.
Molano se agachó junto a Félix y lo agarró por el cuello, ejerciendo una fuerte presión, tanta, que Félix abrió los ojos de par en par. —Vamos a ver. Que parece que no lo entiendes. lo tuyo sí que es de enfermo mental. Aquí estoy yo, dándote la mayor paliza de tu vida y tú, sin embargo, sigues vacilándome de esa manera— Molano le soltó el cuello y le asestó un violento puñetazo.
—¡¡¡Lo vas a matar!!!— dijo Alicia levantándose de repente y con lágrimas en los ojos, pero se detuvo en seco cuando Molano le apuntó a la cabeza.
—Para el carro niñata. No te preocupes por esa mierda de ahí— Molano señaló a Félix. —Preocúpate más por ti misma.  No comentas el error de que te mate por accidente. Ahora siéntate.
—Estás loco— dijo Anna —Eres un maldito monstruo.
—Me gusta esa definición. Si, supongo que soy algo así como un monstruo—dijo Molano con una sonrisa. —Ahora. Portaros bien y no arméis jaleo. Yo tengo cosas que hacer con nuestro buen amigo Félix.
Molano encerró a Alicia y Anna en una sala. Después agarró a Félix y lo miró con una amplia sonrisa. —Ahora, tú vas a ayudarme a darles una sorpresa a Juanma y a los demás. Esto va a ser una noche muy larga y divertida.
*****
Llegamos a las puertas del instituto donde no había infectados. En ese momento, las puertas comenzaron a abrirse poco a poco. Después, entramos con los vehículos y los aparcamos junto a las pistas de futbol. Todo aquello estaba tranquilo y en silencio. Un silencio que solo se rompía con el sonido de un trueno.
Bosco y yo nos quedamos mirando. Todo parecía muy tranquilo, pero era extraño que no hubiesen salido a recibirnos tras abrir las puertas.
—¿Dónde están todos? — preguntó David acercándose a nosotros. – Esto es muy raro.
—Estarán dentro. Está lloviendo, es normal que no salgan— dije yo mirándolos a todos —Vamos a ir a dormir y mañana nos prepararemos para irnos.
—¿Qué cojones es eso? — preguntó en ese momento Ángel señalando a un árbol.
Todos miramos a donde Ángel señalaba. Fue entonces cuando vi una silueta humana, colgada de una de las ramas de un árbol. Sin pensármelo dos veces, comencé a correr. Cuando llegué, vi que se trataba de Félix, este tenía una cuerda alrededor del cuello. Rápidamente lo cogí de las piernas y lo levanté, mientras, Bosco soltaba la soga. Tumbamos a Félix en el suelo y comencé a buscarle el pulso.
—¡¡¡Lidia!!!— grité. Lidia acudió corriendo para ver qué había pasado. Cuando vio el cuerpo de Félix, esta se llevó las manos a la boca, totalmente aterrorizada —Intenta reanimarlo. ¡Vamos! —dije yo levantándome.
Lidia, comenzó a hacerle la respiración boca a boca, pero Félix, no reaccionaba. En ese momento, escuché un ruido parecido a una voz. Fue entonces cuando vi algo en el bolsillo de Félix. Algo de lo que no me había percatado antes.
—Hola…—  la voz de Molano se dejó escuchar, sorprendiéndonos a todos. —Bienvenidos al instituto. Aunque es una pena que no hayáis vuelto todos. Lamentable…
Mis peores temores se estaban haciendo realidad. Molano había vuelto, estaba dentro del instituto y probablemente, tenía a Alicia y a Anna como rehenes.  —¿Qué le has hecho a Félix? ¿Dónde están Anna y Alicia?
—Todo llegará a su tiempo. Tienes que escucharme con atención. Ya que tengo algo muy importante que proponerte— Molano hablaba con una total tranquilidad.
Yo estaba totalmente furioso. Totalmente fuera de mí. Iba a tener que escuchar lo que Molano quería decirme. Me sentía entre la espada y la pared.
—¿Qué es lo que quieres?

1 comentario:

  1. Muy bueno hasta aquí, voy a esperar los capítulos que siguen 😊

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