Seguidores

Agradecimientos

Gracias por seguirme desde hace tiempo o desde hace poco. Sientete comodo navegando en esta historia. Aunque no debes sentirte obligado. Se agradecerá todo donativo a este blog.

Suscribete

domingo, 30 de julio de 2017

ZOMBIES Capitulo 2 Contagio Descontrolado

2
CONTAGIO DESCONTROLADO

Día 16 de junio de 2010
Puzol…

Ayudé al militar a sentarse en un sillón del vestidor del cura. Ahí, inspeccioné la herida de su brazo. No tenía muy buena pinta. Las venas del brazo se le habían puesto de un color morado oscuro y se le notaban mucho. Él, tampoco tenía muy buen aspecto. Le toqué la frente y me di cuenta de que tenía muchísima fiebre. De ponerle un termómetro, seguramente superaría los treinta y nueve grados.
—Te han mordido—dije yo. —Eso no es bueno. ¿Verdad?
—No. No es bueno. Me convertiré en uno de esos seres. Primero moriré, luego volveré como uno más de ellos. Esto es así. Lo he visto ocurrir… Más de una vez
—¿Cuánto tarda más o menos en hacer efecto esto? —pregunté mientras le vendaba la herida. Todo aquello de la mordedura me resultaba surrealista.
—A una persona que mordieron, murió a las dos horas, poco después se levantó y me atacó— dijo el militar señalando un cuerpo que permanecía tirado en el suelo. —Tuve que matarle. Es el mordisco sin ninguna duda. Por eso, se ha extendido tan deprisa. Tenéis que matarme—dijo en ese momento el militar. —Antes de que eso me suceda a mí también. No quiero ser uno de esos seres. Son repugnantes.
—No tan deprisa sargento—dije yo en ese momento terminando de vendarle el brazo. Yo no era médico, pero ese vendaje aguantaría hasta que pudiésemos encontrar algo mejor o ayuda.
—¿Cómo es que sabes que soy sargento? —preguntó el militar mirándome.
—Yo también soy militar en Jaca. Estoy en cazadores de montaña, pero estoy de permiso. Se algo de curar heridas. Aunque aún me queda mucho por aprender.
— Entonces escucha atentamente. No me queda mucho tiempo. En el instituto hay una radio. Los militares la utilizaban para dirigir la operación en el pueblo. Utilizadla para avisar de cómo se transmite. El contagio ha salido de España. Se ha extendido hasta un nivel crítico. A estas horas es posible que el mundo entero esté en la misma situación que nosotros. Perdimos contacto con los enviados a Barcelona. Lo último que supimos antes de perder la conexión, fue que en estados unidos estaba sucediendo lo mismo a un nivel terrible. Allí es mucho peor que aquí. El mundo entero está jodido—dijo el militar
—Eh Juanma, tienes que ver esto—dijo David desde la puerta. Yo me aparté del militar, este se quedó vigilado por Jordi y Leandro.
Llegué a la puerta junto a David y nos asomamos un poco, entonces vimos como los cadáveres que habíamos visto antes, comenzaban a moverse. Entonces, cerré la puerta y fui hasta el militar rápidamente. Cuando llegué, vi que este parecía tener peor aspecto que antes. De hecho, la herida del brazo había comenzado a oler muy mal.
—Se están levantando ¿Cómo podemos matarles? —pregunté zarandeando al militar para que volviera en sí. —Vamos sargento.
—¿Cómo que se están levantando? —preguntó Leandro —¿Es eso posible?
—A la cabeza— murmuró el sargento —Disparadles a la cabeza. Es la única manera de acabar con ellos. Nosotros lo descubrimos algo tarde. —dijo el militar con una mueca de dolor.
—Aguante sargento. Si el instituto es un lugar seguro, podremos ayudarle— dije tratando de ayudarle a levantarse, pero pesaba mucho —Vamos. No le dejaré aquí.
—¡¡¡Joder!!! No me digas que se va a poner igual que esos—dijo Jordi apuntándole con la escopeta.
—Tenéis que matarme— dijo el militar. —Tenéis que hacerlo. Tenéis que llegar al instituto. En ese momento, el militar comenzó a convulsionar. Las sacudidas fueron tan fuertes que tuve que soltarle.
—¿Qué le pasa? —preguntó David alejándose.
El militar dejó de moverse y yo. Me acerqué a él. El cuerpo, permanecía inmóvil y sin dudarlo, le tomé el pulso. No tenía.
—Está muerto—dijo Jordi. Todos nos miramos los unos a los otros. No dábamos crédito a lo que habíamos visto.
En ese momento, el militar abrió lentamente los ojos y alzó la cabeza lentamente, nos miró y entonces lanzó un grito al mismo tiempo que se levantaba y se me echaba encima. Yo levanté el arma rápidamente y le disparé en la cabeza. El sargento que hacía unos minutos había estado hablando conmigo, se quedó inmóvil nuevamente. Yo lo había matado. De repente, escuchamos más gritos. Seguidos de varios golpes en las grandes puertas de la iglesia —Joder— dijo Leandro. —Nos han descubierto.
—El disparo que efectué, debe haberles atraído. Es culpa mía— dije yo levantando el arma y apuntando hacia la puerta.
—Vamos. Intentaremos salir por otro lado—dijo Jordi mirando a nuestro alrededor. —Debe haber alguna manera.
La puerta comenzó a astillarse y pudimos ver las caras de los infectados que intentaban entrar. Esta ya no resistiría mucho. Seguramente, había muchos infectados al otro lado. Era necesario que hubiese muchos de esos seres al otro lado para ejercer esa presión en una puerta tan dura. Rápidamente, David y Leandro acercaron un pesado banco para bloquear la puerta.
—Eso debería entretenerles un rato—dijo David acercándose a mí.
Jordi apareció allí y nos miró. —La puerta trasera está bloqueada, pero hay unas escaleras que nos llevan hacia la terraza de la iglesia. Podemos salir por ahí— Miré a mis compañeros y entonces decidimos seguir a Jordi. Antes de abandonar la gran sala, puede ver como un cuerpo se ponía de pie entre los bancos.
Comenzamos a subir las escaleras rápidamente. Enseguida, llegamos a la terraza. Al llegar escuchamos un fuerte ruido abajo. Era evidente que los infectados habían logrado entrar en la iglesia. Leandro, se asomó por una cornisa que daba a la plaza de Santa Marta y allí vio a más de un centenar de infectados. Unos levantaron la cabeza y lo miraron, para seguidamente levantar los brazos. Rápidamente corrió hacia la puerta por la que habíamos accedido a la terraza y la cerró. Entonces nos miró —¿Hacia dónde vamos ahora? ¿Qué hacemos? No os imagináis la cantidad de esos seres que hay ahí abajo— En ese momento, Leandro sintió un golpe en la puerta y luego otro. Los infectados habían llegado a esa puerta. Jordi, al verlo, se lanzó también contra la puerta y ayudó a Leandro a sujetarla.
Jordi nos miró a David y a mí mientras empujaba con todas sus fuerzas para impedir que los infectados echaran esa puerta abajo—La puerta no aguantará mucho.
Miré rápidamente a mí alrededor y vi un cable de la luz. Me acerqué a él y saqué un cuchillo que había encontrado en la mochila. Comencé a cortarlo rápidamente. Corté una parte y lo eché por la pared de la iglesia.
—Bajaremos por aquí. Vamos, seguidme—dije mirando a David. El, vino hacia mí y comenzó a bajar. Miré a Leandro y Jordi y le hice un gesto para que vinieran.
—Ve. Yo me encargo— dijo Jordi.
—¿Seguro? — preguntó Leandro.
—Ve— dijo Jordi poniéndose de espaldas a la puerta para aguantarla. Yo pude ver como hacía esfuerzos titánicos y se sacudía con cada golpe. Al otro lado de la puerta, se escuchaban los gritos salvajes de aquellos seres.
David había llegado abajo y entonces le tocó el turno a Leandro. Este bajó rápidamente y yo miré a Jordi. —Venga. Vamos— le dije.
—Ve tú— dijo Jordi. Entonces un fuerte golpe lo hizo separarse de la puerta, esta estuvo a punto de abrirse, pero Jordi se lanzó rápidamente contra ella, podía ver ya las manos de aquellos seres, sus pálidas y podridas manos. Yo comencé a bajar. Cuando llegué abajo, le grité a Jordi para que bajara.
En ese momento escuchamos un ruido y vimos aparecer a Jordi en la cornisa, pero también a varios infectados. Jordi se dio la vuelta hacia ellos y comenzó a disparar. Entonces, uno de ellos lo alcanzó y le mordió en el hombro. Jordi logró quitárselo de encima y lo lanzó por los aires. El infectado cayó a pocos metros de nosotros. Otro infectado alcanzó a Jordi, este lo golpeó y Jordi resbaló.
Jordi cayó al suelo, entonces escuchamos un crujido y Jordi lanzó un grito de dolor. En respuesta a su grito, escuchamos más gritos que venían desde la iglesia. De pronto, varios infectados comenzaron a caer desde la terraza. Caían a nuestro lado y sobre Jordi. Algunos incluso, le mordían pese a que sus brazos y piernas se habían partido justo al caer.
Me acerqué corriendo a Jordi para ayudarlo a levantarse, le asesté una patada a uno que tenía encima y tiré de él, entonces Jordi me pegó un empujón y comenzó a gritar—Corred hacia el instituto y dad el jodido aviso. Yo ya no tengo salvación. Prácticamente estoy muerto. Largo de aquí. ¡¡¡Largo!!!
En ese momento, vimos aparecer a un gran grupo de infectados. Unos bajaban de la placeta y otros, venían por el mismo lugar que el día anterior habíamos accedido al restaurante Blau Mar. Jordi en ese momento comenzó a disparar y la mayoría de aquellos seres se centraron en él.
—Vamos. Tenemos que irnos—dijo David cogiéndome del brazo y tirando de mí. Este me llevó hasta la otra pared del barranco. La que teníamos detrás y que nos llevaba a la carretera Barcelona. Comenzamos a subir y en pocos segundos ya estábamos arriba. Algunos infectados habían llegado a la pared y la arañaban tratando de alcanzarnos. Otros estaban concentrados en Jordi.
Jordi siguió disparando mientras David, Leandro y yo observábamos desde la carretera. Vimos como más infectados, se dejaban caer desde la terraza. Jordi disparó varias veces más y entonces se quedó sin munición. Fue en ese momento cuando varios infectados se lanzaron sobre él y comenzaron a morderle. Jordi, entre gritos de dolor, alcanzó su mochila y metió la mano dentro, poco después sacó una granada y le quitó la anilla.
—¡¡joder!! ¡¡¡Al suelo!!!— grité lanzándome al asfalto. Leandro y David hicieron lo mismo.
Entonces escuchamos la explosión. Esta fue brutal y la onda expansiva nos alcanzó. Cuando pasó, levanté la cabeza y vi como caían pedazos de infectados cerca de nosotros. Miré al lugar donde había estado Jordi, pero allí, ya no quedaba nada de nuestro amigo que fuera reconocible. Media pared de la iglesia había saltado por los aires y desde la carretera podíamos ver el interior de esta. Ya había varios infectados mirando a través del gran agujero. Miré a David y a Leandro. Al igual que yo, estaban asombrados por lo que acabábamos de presenciar. Me guardé el arma y comencé a hablar conforme pude.
—Venga. En marcha, tenemos que llegar al instituto. Que la muerte de Jordi no haya sido en vano— entonces, los tres comenzamos a caminar en dirección al instituto. No estábamos demasiado lejos de este. Estaríamos allí en menos de diez minutos.

Instituto de Puzol…
11:00 horas…

El sargento Molano estaba de pie en medio de una de las clases. Estaba contemplando un mapa del pueblo que había extendido sobre la mesa. En ese momento entró un soldado y comenzó a hablarle tras cuadrase y saludar.
—Mi sargento. Hemos perdido la radio. No sé cómo ha pasado.
Molano dio en ese momento un golpe en la mesa —Mierda. ¿Qué más nos puede pasar? — preguntó Molano mirando al soldado.
—Mi sargento. Tan solo quedamos diecisiete. Mark y Sandro están peor. Sus heridas son muy graves. No hay infectados a la vista y los que había dentro del instituto, están aislados en la sala de usos múltiples uno en la planta baja. Cerca de la conserjería. Nosotros hemos establecido las habitaciones en las clases del piso de arriba—explicó el soldado —El único acceso a estas clases es a través de las dos rampas y las escaleras. Para evitarnos sorpresas por la noche, estableceremos guardas en esos puntos.
—¿Habéis encontrado algún otro superviviente? —preguntó Molano avanzando hacia la puerta.
—No. Ninguno sin infectar. A estas horas, no quedará nadie sano—dijo el soldado haciéndose a un lado y dejando paso al sargento.
— Muy bien. Si apareciera algún otro civil, disparad contra él. No me arriesgare a que nos infecten. Aún no sabemos cómo se extiende esta mierda.
—¿Habla en serio mi sargento? — preguntó el soldado.
—Si. Hablo en serio. Ni siquiera me importa si es un niño o una mujer. Disparad y punto. Es una orden. Y acaben con todos los infectados de esa sala lo antes posible. No quiero dormir con esas escorias cerca. —dijo el sargento
—Mi sargento, con todos los respetos. No podemos hacer eso. Nuestra misión era clara: Eliminar a los infectados, poner a salvo a los civiles y evacuar—dijo el soldado siguiendo al sargento por el pasillo
—Las órdenes que teníamos han cambiado. Si apareciesen civiles, acaben con ellos. Esa es mi nueva orden. —dijo el sargento.
—Mi sargento. La situación ha empeorado demasiado. Hemos perdido un gran número de militares y civiles—dijo el soldado —Si llegan civiles debemos protegerles.
—El virus se sigue extendiendo. Hemos perdido el contacto, si queremos sobrevivir, debemos apañarnos nosotros mismos. Salvar civiles sería una carga en estos momentos, pero de acuerdo ¿Quieren permitir la entrada de civiles? De acuerdo, pero si pasa algo. Todo será responsabilidad suya soldado—dijo el sargento
El soldado asintió. Entonces, el soldado y el sargento Molano se alejaron por el pasillo en dirección a las clases donde estaban los demás soldados.

Ayuntamiento de Puzol…
11:20 horas…

Bosco forzó la cerradura del ayuntamiento y entraron. El ayuntamiento parecía vacío. Había papeles por el suelo y manchas de sangre en las paredes. Había cristales rotos por el suelo y un hombre mutilado al pie de las escaleras al que le habían arrancado medio tronco. Solo podía verse el torso. Se respiraba un aire pútrido como si hubiese cientos de cadáveres en el interior del hall, y probablemente era así. Quizás hubiese cadáveres apilados en alguna de las salas y el olor llegaba hasta ellos.
—¿Por qué huele así? — preguntó Anna llevándose las manos a la nariz. Casi estuvo a punto de vomitar.
—Porque debe estar lleno de cadáveres—respondió Bosco levantando el arma al ver que el torso comenzaba a moverse. Se acercó a él y le pegó una patada en la cabeza.
—O puede que esté lleno de infectados. Es mejor no hacer mucho ruido. Hemos comprobado que es el sonido lo que los atrae—explicó Toni
—Pero si no hemos visto ninguno al venir hacia aquí—dijo Alicia —Se supone que el pueblo está lleno de ellos.
—Eso no significa que no haya aquí dentro. Puede que se hayan movido a otro punto del pueblo. Quizás sean las zonas más pobladas de Puzol donde más infectados haya. Deberíamos evitarlas. —dijo Bosco
En ese momento, escucharon un ruido en el último piso del ayuntamiento y Bosco miró a Toni.
—¿Qué ha sido eso? Ha sido un ruido muy fuerte— preguntó Anna
Bosco miró a las chicas —Vosotros quedaros aquí. Voy a ver qué ocurre. Será mucho mejor que nos aseguremos de que el lugar es seguro. Además, el helicóptero debe estar en la terraza.
—¡Espera! Voy contigo—dijo Toni caminando hacia un extintor y cogiendo una palanca de hierro que había allí. Caminó junto a Bosco, pero entonces este le hizo una señal con la mano.
—No. Tú quédate con ellas. No hay que dejarlas solas. Atrancad la puerta principal y protégelas con tu vida si es necesario—dijo Bosco avanzando hacia la escalera.
Un nuevo ruido sobresaltó a Anna y a Alicia. Entonces, Bosco le quitó el seguro al arma y comenzó a subir por las escaleras en dirección al extraño ruido. Las escaleras tenían una forma de T. Después se dividían en dos caminos y había una escalera central que llevaba al último piso. Bosco se paró un momento para tocarse el pecho. Su corazón latía muy rápido. Era evidente que tenía bastante miedo. Muchísimo. Esa situación era totalmente aterradora, no sabía en qué momento podría verse sorprendido por uno de aquellos seres.
                                                                   ******
Emilio se encontraba en una de las habitaciones del ayuntamiento. Se trataba de una habitación llena de estanterías donde se guardaban varios archivos sobre proyectos, tanto del pasado como para el futuro. Raúl, Javi, Eduardo y Rubén estaban con él. Todos habían logrado huir hacia el ayuntamiento cuando la evacuación en la placeta de Santa Marta se truncó. Había infectados entre la gente y aquello se convirtió en un baño de sangre. A Rubén, un infectado le había mordido en el cuello y ya no sangraba, pero tenía muy mal aspecto. Sudaba a mares y estaba pálido. Cada vez que Emilio lo miraba, se daba cuenta de que no le quedaba mucho. La parca, cada vez cerraba más su mortal abrazo.
—Tenemos que buscar ayuda—dijo Eduardo secándole el sudor de la frente a Rubén. —El necesita un médico. Se muere.
—¿A dónde vamos a ir? Los infectados están ahí afuera. No lograremos dar dos pasos sin que se nos echen encima. Ya no hay helicópteros volando—dijo Emilio. El pueblo entero está vacío.
—¿Es que no has escuchado antes el helicóptero que ha pasado? —dijo Eduardo levantándose de una silla. —Eso es que aún hay gente viva en algún lugar.
Emilio puso los ojos en blanco y miró a Eduardo. —Sí, pero ha pasado de largo. Es evidente que ya no hay evacuación. Si la evacuación siguiese en mente de los militares, no habrían empezado a disparar contra todos.
—¿Y qué me decís del instituto? —preguntó Raúl.
—¿Qué pasa con el instituto? —preguntó Javi sin entender a que se referían.
—Podríamos ir hacia allí. Con las vallas que tiene, es el refugio perfecto. Jamás podrán entrar esos cabrones—dijo Raúl —Este lugar no es seguro.
—A menos que ya estén dentro—dijo Javi en ese momento —Si eso es así. Nuestra situación no cambiará mucho. Será casi peor.
—¿Que sugieres? — preguntó Emilio mirando a Raúl— ¿Que vayamos hasta el instituto y nos refugiemos allí? Me parece bien. Es una buena opción.
—Por supuesto que es una buena opción— Raúl miró a todos los demás. ¿O es que os queréis quedar aquí? Este lugar no resistirá siempre. Sin embargo. El Instituto es ahora el lugar más seguro que se me ocurre. Además, pasé por delante esta mañana con el coche. Había militares. Deben haberlo tomado como su centro de operaciones o algo así.
—¿Y el ruido que escuchamos antes? Era la puerta del ayuntamiento. Alguien o algo ha entrado aquí dentro. Podrían ser infectados. Opino que es mejor que nos quedemos aquí. —dijo Javi —Puede que no tarde en llegar ayuda.
—¿Y si son supervivientes? —preguntó Eduardo.
—¿Bromeas? ¿Crees que queda alguien vivo por aquí? Sinceramente, no creo que quede nadie con vida—dijo Javi —Nosotros estamos vivos de milagro.
—Mirad. Vosotros haced lo que os salga de los cojones. Yo me voy hacia el instituto—dijo Raúl cogiendo una madera. Si alguien quiere venir conmigo, esta es su oportunidad. No habrá otra.
—¿Piensas armarte solo con eso? —preguntó Javi
—Si ¿Algún problema? —preguntó Raúl. —Si tu no vas a venir conmigo, debe serte indiferente lo que use o deje de usar como arma— Javi hizo una mueca y Raúl caminó hacia él. —¿Tienes algo que decirme?
Javi se puso de pie y se encaró con Raúl —Sí. Si sales por esa puerta. Será mejor que no vuelvas. Esa puerta no volverá abrirse. Ya tenemos suficientes problemas. No dejaré que tú nos des más.
Raúl sonrió. Se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia la puerta —Vosotros no os preocupéis. Yo no pienso volver aquí. Si pudriros aquí es vuestra decisión, que así sea.
Emilio se quedó pensativo unos segundos y miró Raúl. Cogió otra madera y se fue detrás de él. —Me voy contigo. Paso de quedarme aquí.
Javi pareció en ese momento estar en un estado de rabia. —Está bien. Iros, marcharos. Que os jodan a los dos. Estáis mal de la cabeza. Moriréis los dos— ambos escucharon a Javi, pero no respondieron. En ese momento, escucharon un ruido que provenía desde la puerta. —Os lo dije. Están dentro—dijo Javi —Si abrís esa puerta nos matareis a todos. Entonces escucharon una voz que preguntaba si había alguien ahí. Era una voz humana.
— Es un superviviente—dijo Eduardo. —Es alguien que está vivo.
—No abráis. Puede que esté infectado—dijo Javi. —Pensad un poco en vosotros.
—Me voy a arriesgar. Por la voz parece ser Bosco—dijo Emilio —Joder. Más bien juraría que es el— Entonces Emilio miró a Raúl. —¿Vamos? — En ese momento, la puerta se abrió de repente y tanto Emilio como Raúl retrocedieron. Entonces apareció Bosco empuñando un arma de fuego. Enseguida Emilio caminó hacia él y le dio una palmada en el brazo. Era evidente que se alegraba de verlo.
—¿Qué coño hacéis aquí? —pregunto Bosco bajando el arma. —No esperaba encontraros aquí. Con tanta gente muerta… Joder. Creí que vosotros también lo estaríais.
—Logramos llegar hasta aquí cuando la evacuación se jodió—dijo Emilio. —Vosotros también estabais en la plaza. Fue una locura.
—¿Estáis vosotros solos? —preguntó Bosco. —¿No hay nadie más?
—Ahora si— respondió Emilio —Antes éramos nueve, pero a los demás los fuimos perdiendo por el camino. A Guillermo, lo cogieron el último e hirieron a Rubén—dijo Emilio señalando a Rubén. —Creo que se está muriendo.
—A Guillermo lo he visto—dijo Bosco. —Hace unas horas.
—¿Que has visto a Guillermo? Entonces está vivo—dijo Javi —No puede ser.
—No. No estaba vivo. Estaba infectado.  Tuve que acabar con el—dijo Bosco —Ya sé cómo matar a esos seres.
—Bueno. Me alegro de verte, pero yo y Raúl nos vamos al instituto. Será más seguro que quedarnos aquí—dijo Emilio —¿Por qué no vienes? Dudo que quieras quedarte aquí. Este lugar no es que sea muy seguro.
—No es mala idea— admitió Bosco —Con esas vallas será imposible que entren. Sinceramente creo que es la mejor opción que tenemos. No lo había pensado.
—¿Vienes con nosotros entonces? —preguntó Raúl
—No estoy solo. Anna, Toni y Alicia están ahí abajo. Pero si, vamos con vosotros—dijo Bosco. Entonces miró al resto del grupo —¿Y vosotros os vais a quedar?
—Si. No queremos morir—respondió Javi.
Bosco no dijo nada más, supo que no iba a convencerles y miró a Emilio y Raúl —De acuerdo. Vámonos.
Bosco, Emilio y Raúl salieron de la sala y comenzaron a bajar las escaleras. Cuando estaban a punto de llegar abajo, Toni, Anna y Alicia subieron corriendo a su encuentro. Cuando Toni pasó junto a Bosco, este lo paró.
—¿Qué es lo que ocurre? —preguntó Bosco
—Infectados—respondió Toni
—¿Dónde están? — preguntó Bosco preparando el arma.
—En la plaza. Deben habernos olido o algo, porque se están acercando a la puerta—dijo Anna. —Tengo miedo.
—Vale. Todos hacia arriba—dijo Raúl
Comenzaron a subir corriendo. Al mismo tiempo que un infectado, entraba en el ayuntamiento. Este los vio subir y lanzó un grito, justo después comenzó a subir los escalones corriendo. Detrás de él entraron más infectados. Sabían que allí había gente.
Bosco entró de golpe en la sala seguido por los demás. Cerró la puerta y comenzó a dar órdenes. Javi y Eduardo se sobresaltaron al verlos entrar. Rápidamente. Raúl, Emilio y Toni pusieron una estantería delante de la puerta.
—¿Qué pasa? —preguntó Javi. —Los habéis traído hasta nosotros.
—Saben que estamos aquí—dijo Toni. —¿Qué hacemos?
—Sois unos malditos cabrones— dijo Eduardo. —Sabía que esto pasaría. Vais a hacer que nos maten. Sois… Sois…
—Deja de lloriquear y empieza a moverte si quieres salvar el pellejo— dijo Bosco mientras daba vueltas por la habitación buscando un lugar por el que salir.
En ese momento, Javi sacó una pistola y apuntó a Bosco. Por las reacciones de los demás, parecía que nadie sabía que él, tenía una pistola escondida. Bosco entonces también le apuntó.
Raúl se puso en ese momento delante de Javi —Vamos, no es momento para tonterías. Baja esa arma. Bájala Javi.
—Largo de aquí. Atraedlos fuera de aquí—dijo Javi. —Vosotros nos habéis metido en esto.
—De acuerdo— dijo Bosco— Nos vamos. Ahí atrás he visto una ventana que da a la calle. Vamos.
Javi dejó de apuntar y se alejó de ellos mientras que se acercaban a la ventana. Cuando llegaron. Vieron que cerca de la ventana había un camión. Si se descolgaban por la ventana les sería fácil alcanzarlo.
Anna miró a Bosco. Después, miró a Javi y a Eduardo. —No podemos dejarles aquí.
—Déjalos. Ellos son los que han decidido quedarse. Nosotros ya no podemos hacer nada. Primero saltaré yo y os espero ahí—dijo Bosco saliendo por la ventana. Se dejó caer sobre el remolque y se dio la vuelta para coger a Anna en brazos cuando saltó. Todos los siguieron y entonces escucharon gritos y disparos en la sala de la que habían salido. Todos se miraron y entonces vieron a Javi aparecer en la ventana. Estaba manchado de sangre y asustado. Quiso saltar, pero entonces, Rubén apareció detrás de él y comenzó a morderle. Bosco alzó el arma y disparó. La bala atravesó la cabeza de Rubén y tanto este como Javi desaparecieron de la ventana.
—Venga. No hay tiempo que perder—dijo Bosco mirando a los demás. —Vamos al instituto.

Instituto…

Leandro, David y yo, llegamos a las puertas del instituto, pero estaban cerradas. Lo habíamos logrado ocultándonos. Durante el camino habíamos visto multitud de aquellos seres. Estos, estaban comiéndose restos humanos.
—¿Cómo entramos? —preguntó Leandro. —¿Lo rodeamos?
Yo miré a través de las vallas. Quería saber si había infectados allí dentro, pero no se veía ni un alma. La calle en la que nos encontrábamos era un campamento militar destrozado. Era evidente que los infectados habían pasado por allí.
—Saltemos la valla—dijo David —Esa es la única manera de entrar.
Los tres comenzamos a trepar por la valla. Cuando cruzamos al otro lado, recorrimos el recreo y llegamos hasta una de las dos canchas. Allí dentro, vimos un autobús a medio terminar. Parecía que habían estado trabajando en el hasta hacía poco, al lado había un jeep al que le habían soldado una ametralladora con trípode en la parte trasera.
—Parece que han estado trabajando en ellos hasta hace poco, debería haber gente aquí, pero no se ve a nadie— dijo Leandro tocando la puerta del autobús.
—Podríamos usar estos vehículos para defendernos de los infectados o para salir del pueblo—dije yo —Es una opción que deberíamos contemplar para el futuro. Incluso para salir de aquí para buscar a nuestras familias. Deben seguir vivos en algún lugar.
—¿Y a donde vamos a ir? si vayamos donde vayamos está lleno de infectados —preguntó David. —Aunque lo de buscar a nuestras familias es buena idea. Podríamos traerlos aquí. Es un lugar grande, podríamos cultivar ahí— David señaló unos pequeños fosos de arena que teníamos al lado. Incluso podríamos criar animales. Podríamos…— En ese momento, vi una luz roja en el pecho de David. Él también la vio y dejó de hablar.
—Cuidado—dije yo saltando sobre David y tirándonos al suelo. Un disparo sonó y los tres nos pusimos a cubierto tras el autobús. Miré a David y me aseguré de que estuviera bien.
—¿Qué coño es esto? ¿Nos disparan? —preguntó Leandro —No somos infectados. No tiene sentido que nos disparen.
—Puede que sean militares—dije yo sacando el arma y dejándola en el suelo. —Haced lo mismo— De repente escuché la voz de un hombre. Me asomé un poco y vi que se trataba de un militar. Levanté las manos y me dispuse a salir. —Somos personas normales. No estamos infectados. Déjeme salir y se lo demostraré—dije yo.
—Diles que eres militar— me dijo David en voz baja, pero yo negué con la cabeza.
—No. Todavía no. Podrían ser desertores— respondí. Si eran desertores y yo les revelaba que era militar, podrían dispararnos por miedo a que los entregáramos a sus superiores. La deserción era un delito.
—Salid de ahí—dijo el militar. —Hacedlo con las manos en alto. Ahora.
—No dispares—dije yo —Voy a salir. Solo somos tres, primero saldré yo.
—Ten cuidado— dijo David.
—Tranquilo— dije. Entonces, salí con las manos en alto y miré al militar. Llevaba puesto un pasamontaña. Este me apuntó por el pecho. Yo podía ver el láser rojo. Entonces dos militares más aparecieron allí, también llevaban puestos pasamontañas.
—Si. Somos civiles. Su misión es evacuarnos—dije yo sin dejar de mirarlos. Entonces vi a dos militares más que salían de detrás de un muro. Estos iban con pasamontañas también.
—No disparéis. No voy armado. No somos una amenaza para vosotros—dije yo
Los militares hablaban como si llevaran una máscara de oxígeno debajo del pasamontaña. En ese momento, ocurrió algo sorprendente. Otro militar apareció corriendo y se puso entre los militares y entre mí.
—Bajad las armas. Ahora… Y quitaros los pasamontañas. Es evidente que no sirven de nada. Venga. El militar se dio la vuelta y comencé a ver de quien se trataba. Su voz me había resultado familiar, pero ahora, era evidente que lo conocía. Me lo quedé mirando.
—¿Jorge? ¿Eres tú? — pregunté. —No me lo puedo creer.
—Yo también me alegro de verte—dijo Jorge.
Le estreché la mano. Miré al otro militar que había venido con él y vi que se trataba de Paco. Otro de mis compañeros. Los tres estábamos en Jaca. De hecho, si a mí me hubiesen llamado, estaría en esos momentos con ellos.
—Estás vivo—dijo Paco estrechándome la mano. —Me alegro de ello. Sabía que estarías vivo. Sabía que no caerías.
—Si. He tenido suerte hasta ahora. ¿Quién más está aquí? ¿Quién más de nuestro grupo? —pregunté yo —¿O estáis vosotros solos?
—Arriba hay más soldados y también el sargento Molano—dijo Paco
—¿Molano está aquí? — pregunté. Entonces me di la vuelta y les dije a David y Leandro que salieran. Ellos salieron y se quedaron mirando a los soldados.
—¿Son amigos tuyos? — preguntó Leandro observando a los militares.
—Ellos sí. Os presento a Jorge y a Paco. Ellos son mis compañeros desde que me fui al ejército. Estos son David y Leandro—dije yo mirando a los dos militares.
—Hola— dijo Paco tendiéndole la mano a David. Este se la estrechó rápidamente.
—Hemos tenido mucha suerte al escapar de los infectados. Las cosas ahí fuera están fatal. Hay demasiados de esos seres. Vinimos aquí para usar la radio y quizás para refugiarnos.
—No te preocupes, aquí estamos seguros. Todas las vallas están cerradas a cal y canto. Tenemos a unos cuantos infectados en una clase de la planta baja, pero tenemos la puerta bloqueada y no pueden salir. No son una amenaza—dijo Jorge encaminándose hacia una rampa. —Seguidme. Molano tiene que veros. No quería civiles aquí, pero creo que hará una excepción… O al menos eso espero.
—¿Por qué no usamos esos vehículos para salir de aquí? —pregunté yo.
—Molano es el que da las órdenes. No podemos salir de aquí sin que él lo ordene. De todos modos, tampoco hay ningún lugar al que ir. Espero que sepas que Molano te hará entrar de servicio nada más te vea. Él es así—dijo Paco
Los tres seguimos a Paco y a Jorge hasta la clase donde estaban los demás militares. A algunos no los conocía, pero pude ver entre ellos a J.D y a Jesica. Ella, nada más verme corrió hacia mí y me dio un abrazo. Yo le respondí igualmente.
—¡¡¡Eh!!! ¡Estás vivo! — dijo ella apartándose a un lado el pelo.
—Me alegro de verte tío—dijo J.D dándome una palmada en el hombro. —Me alegro de verte, de verdad.
—Esto es un puto infierno. Hemos perdido a muchos soldados. ¿Dónde estabas tú mientras esos cabrones nos descuartizaban? Deberías haber venido en cuanto te llamaron—dijo Enzo entrando por la puerta. —¿Estabas por ahí jugando con tus amigos? — preguntó cuándo miró a David y Leandro.
—Yo también me alegro de verte Enzo—dije con ironía mirando a Enzo. Él no me caía demasiado bien. Ya habíamos tenido algunos encontronazos antes. Justo detrás de él, apareció Molano y todos los soldados allí presentes nos cuadramos delante del sargento.
—Descansen— dijo Molano mirándonos. Entonces me miró únicamente a mí —Me alegro de verle Martínez, sigue de una pieza—dijo el sargento Molano. —¿Por qué no acudió cuando le llamaron?
—Mi sargento. Lamento no haber podido presentarme en el cuartel. No recibí la llamada—dije mirando al sargento Molano. Entonces, este miró a David y Leandro.
—¿Son sus amigos? — preguntó el sargento.
—Si mi sargento— respondí yo. —Ya me dijeron que no dejaba que se quedaran civiles, pero le prometo que no molestarán. Ayudarán en todo lo que puedan. Están bajo mi responsabilidad.
—Pueden quedarse. Espero que no sean una carga. Si son un estorbo, usted mismo será quien se encargue de echarles de aquí—dijo Molano. Por el tono de su voz. Sabía que hablaba muy en serio.
En ese momento, un soldado al que no había visto nunca, vino corriendo. Entró en la clase y se cuadró delante del sargento.
—Mi sargento. Sandro y Mark se han puesto peor. Están… Será mejor que venga a verlo— dijo el soldado con voz temblorosa. Parecía aterrorizado.
El sargento Molano echó a correr siguiendo al soldado y yo fui detrás. Antes de desaparecer por la puerta. Me di la vuelta y miré a mis amigos —Quedaros aquí. Vuelvo enseguida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario