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domingo, 30 de julio de 2017

ZOMBIES Capitulo 3 Peor que la muerte

3
PEOR QUE LA MUERTE

Día 16 de junio de 2010
Instituto… Puzol…

Corrí a toda velocidad por el pasillo, siguiendo al sargento Molano y al soldado. Llegamos a una clase, de donde salió otro soldado con una herida en el brazo. Dentro se escuchaban gritos.
—Sargento. Son Mark y Sandro. Se han infectado. Me han mordido— le dijo el soldado herido a Molano. —No sabemos como ha ocurrido. Ocurrió de repente.
Yo me asomé a la clase y vi a Mark, pero ya no era el. Tal como el soldado había dicho, Mark estaba infectado. Pude ver a José, este, tenía a Mark sujeto por detrás. Sandro estaba sostenido por Ángel y Jonatán. Ambos trataban de morder a los que los sostenían. Mostraban una agresividad fuera de lo común.
—¿Que ha pasado? —preguntó Molano —¿Cómo ha ocurrido?
—Se han transformado en infectados. Parecía que habían muerto, pero de repente se han reanimado—dijo José mientras sujetaba a Mark con gran esfuerzo. Estaba sudando la gota gorda para impedir que este, se zafara de su agarre. —No hay manera de sujetarles.
Mark se movía y gritaba mientras daba mordiscos al aire. En ese momento, Sandro se soltó tras romperse un brazo, se dio la vuelta y se lanzó sobre José. Yo saqué el arma y disparé. La cabeza de Sandro reventó con el impacto de la bala. Entonces, el soldado que había sido mordido en un brazo se abalanzó sobre Molano e intento morderle. Nadie lo habíamos visto morir y aquello nos sorprendió, pero Molano, fue más rápido y le asestó un puñetazo, tirándolo al suelo. Molano le puso el pie encima y dijo —Muerde a tu puta madre cabrón— seguidamente, le disparó a bocajarro. Luego entró y disparó a Mark a la cabeza.
—Bien hecho sargento—dije yo mirando a Molano. —Es así como tiene que hacerse.
—A mi estos cabrones no me hincan el diente—respondió Molano.
—Se transmite por la mordedura— dije yo señalando el cuerpo de Mark. —Hay que aislar a todos los que hayan sido mordidos. Para eso vinimos al instituto. Queríamos usar la radio para avisar del  modo de contagio.
—¿Hablas en serio Martínez? —preguntó Molano
—Si. Un solo mordisco basta para infectarse—dije yo mirando al soldado que atacó a Molano —Pero el... Se ha convertido muy rápido. No había pasado ni un minuto desde que le mordieron. Puede que me equivoque pero es posible que el virus haya mutado y ahora reaccione antes. O quizás… Puede que el tipo de sangre del individuo tenga algo que ver.
—Pues si eso es cierto… Estamos jodidos—dijo Molano —Lamentablemente, lo de la radio no será posible. No nos funciona. Lo hemos intentado todo.
Ángel, Jonatán y José, salieron de la clase. Al verme se me acercaron para hablar conmigo.
—¿Como estás? —preguntó Ángel estrechándome la mano y dándome una palmada en el brazo. —Menuda locura ¿Eh? Es increíble cómo se ha jodido todo.
—Podría estar mejor. Esto es una puta mierda— respondí mientras les miraba—¿Y vosotros que tal vais? —pregunté a Jonatán y a José. —Veo que no muy bien.
—Hemos perdido a muchos amigos. Esto es un desastre—dijo José
—¿Qué haces aquí? —preguntó Jonatán. —¿Desde donde vienes?
—Nos envió un militar. Un sargento en concreto. Dijo que aquí había una radio. Teníamos que dar un aviso. Sobre lo de que las mordeduras son el mayor vector de infección. Así se  ha extendido tan deprisa. Si os muerden estáis condenados. Ya lo habéis visto—dije yo señalando los cuerpos de Sandro, Mark y el soldado.
Molano me miró. —¿Y que hay de usted y sus amigos? ¿Mordieron a alguno?
—No— respondí —A ninguno de nosotros nos han mordido. No lo ocultaríamos de ser así. De hecho, nosotros mismos habríamos acabado con nuestras vidas. Ser uno de esos seres es peor que estar muerto.
—Volvamos al aula con los demás. Hay que organizarse— dijo Molano —Las cosas han cambiado.
—Espere mi sargento. Ya se que dijo que la radio no funciona—dije. —Pero mi amigo Leandro sabe de electrónica. Quizás, él pueda hacer algo.
—No funciona, pero si su amigo puede solucionarlo. Adelante— dijo Molano.
—Gracias mi sargento. Le prometo que no le defraudará. Pronto tendremos la radio funcionando de nuevo. Tenemos que dar ese aviso. Quizás, aun estemos a tiempo.
—De acuerdo Martínez. A partir de ya, estás de servicio. Seguirás mis órdenes sin rechistar. Y si no obedeces, yo mismo te mataré—dijo Molano acercándose a mi —A usted y a sus amigos. ¿Queda claro? Aquí no hay sitio para los inútiles. Todos los aquí presentes aportamos algo.
—A sus órdenes— respondí cuadrándome y saludando.
Molano, Ángel, Jonatán, José y yo volvimos a la clase donde nos encontramos con Paco, Jorge, David y Leandro.
—¿Que es lo que ha pasado? Hemos escuchado disparos—dijo Paco
—¿Como están Sandro y Mark? —preguntó Jorge.
—Muertos. Sé infectaron y Sánchez también. Fue a ellos a quienes tuvimos que matar— dijo Ángel. —Tuvimos que hacerlo. Creedme, no fue algo fácil. Lamentamos su perdida.
En ese momento escuchamos un fuerte golpe en la planta baja y luego escuchamos un montón de gritos y muchos pasos que iban a la carrera por el piso de abajo.
—¿Es eso lo que pienso? — preguntó J.D. —Espero que no.
—Los infectados se han escapado. Sabía que era  un error tenerlos ahí abajo—dijo Molano
—¿Cuantos había? —pregunté mirando a Molano —Es necesario saberlo.
—Una dos docenas al menos —respondió Molano. —Seguro que algún soldado la ha cagado.
—Si vienen todos hacia aquí estaremos atrapados. Acabarán con nosotros fácilmente—dije yo
—¿Y que sugieres que hagamos entonces? —preguntó Enzo.
—En el recreo. Ahí tenemos mas libertad de movimientos. Podremos acabar con todos ellos. Será mucho más fácil—dije yo —Ya sabes. Campo abierto.
—¿Bromeas? Estaremos más a su merced. Vendrán por todas partes y nos rodearan—dijo Enzo —Yo me quedo aquí. Puede que aquí los contengamos mejor.
—Vale. Pues tu quédate aquí si quieres. Yo me voy abajo. Quien quiera que me siga. —dije yo cargándome el fusil a la espalda y saliendo por la puerta.
David, Ángel, Leandro, Jessica, José, Jonatán y J.D me siguieron mientras Enzo y Molano se quedaban allí. Entonces, Enzo miró a Molano.
—Creo que has metido la pata— dijo Molano. —Es la última vez que te ordeno nada. Vamos a solucionar este lio que has organizado… Inútil
Enzo se quedó pensativo. Había hecho lo que Molano le había ordenado y ahora lo trataba así. Tuvo la sensación de que el sargento estaba comenzando a perder el norte.
Enzo, comenzó a correr por el pasillo y no tardó en llegar a la rampa. Desde allí, vio como los demás ya comenzaban a disparar contra los infectados. Se arrepentía de lo que había hecho. Miró entonces a Martínez, y decidió que debía contarle lo que estaba pasando y lo peligroso que se estaba volviendo Molano.
******
Llegamos abajo, y vimos que los infectados venían en todas direcciones. Había más de unas dos docenas, tal y como había dicho Molano. Uno se me acercó y le disparé en la cabeza tras tres disparos errados. Eso, atrajo a más infectados. Enzo, apareció por la rampa que habíamos bajado y se puso a mi lado. Entonces comenzó a disparar a los infectados que nos rodeaban. Nosotros íbamos retrocediendo hacia el autobús. Si subíamos al techo de este, estaríamos a salvo y tendríamos a todos esos seres a tiro.
—¿Qué es lo que pasa? ¿Te cansaste de estar ahí arriba?—le pregunté mientras disparaba a otro infectado. Una mujer que tenía media cara quemada.
—Tengo que contarte algo. Es sobre Molano— dijo Enzo mientras llegábamos a las puertas del autobús. Una vez allí. David, Leandro y los otros comenzaron a trepar. Desde el techo comenzaban a disparar. Ellos no estaban muy acostumbrados a disparar y únicamente lograban hacerlos caer al suelo.
—¿Sobre Molano? — pregunté subiendo a la cabina. Tenía que hacer sonar el claxon de forma seguida. El ruido atraería a todos aquellos seres hacia nosotros. Enzo entró detrás de mí y cerró la puerta. Varios infectados se chocaron contra ella y comenzaron a tratar de entrar.
—No es lo que parece. Que estos seres  estén fuera de la sala es…— Enzo no terminó de decir la frase. En ese momento escuchamos un grito fuera. Miramos a través de la ventana y vimos a Jessica ser rodeada. Los infectados se le echaron encima y comenzaron a morderle. No tardamos en verla desaparecer debajo de multitud de cuerpos. De repente, alguien comenzó a disparar a los infectados que estaban comiéndose a Jessica. Enseguida vimos que era Molano quien estaba disparando desde la rampa.
Los cristales de la puerta del autobús comenzaron a reventar a la vez que los infectados metían la cabeza y parte de su torso dentro. Habíamos logrado lo que pretendíamos, pero en esos momentos, éramos Enzo y yo los que estábamos en peligro.
—Tenemos que salir de aquí y alcanzar la parte superior del autobús— dije al tiempo que le disparaba en la cabeza a otro infectado.
—Por ahí— dijo Enzo señalando una ventana que había en el techo. Si la cruzábamos estaríamos a salvo. —Tengo que…
—Ya me lo dirás luego. Tenemos que subir— dije al mismo tiempo que corría. Me subí a uno de los asientos y entonces, la pequeña ventana se abrió. David metió el brazo y me agarró de la mano para ayudarme a subir. Yo la cogí rápidamente y el comenzó a subirme. Justo en ese momento, varios infectados irrumpieron en el interior y Enzo se quedó a disparar.
Llegué arriba y volví a asómame, metí el brazo y llamé a Enzo. El me miró, pero estaba demasiado ocupado disparando. Fue en ese momento, cuando se le acabó la munición. El se dio la vuelta y corrió a cogerme la mano. Yo se la agarré y comencé a tirar, pero entonces, los infectados se le echaron encima y el comenzó a gritar de dolor. Entonces me miró.
—Suéltame— yo me negaba a hacerlo, pero el nuevamente insistió. —Suéltame. Juanma, ten cuidado con Molano—  entonces me dio un golpe en el brazo y yo lo solté a causa del dolor.
Enzo cayó al interior del autobús y dos infectados se le echaron encima. Yo me alejé de la ventanilla y me quedé tumbado sobre el autobús. Enzo no era precisamente mi amigo, pero su muerte no me alegraba nada, y además, estaba eso que me había dicho sobre Molano. ¿A que se referiría?
—Juanma. Ya solo nos quedan unos pocos. Acabemos con ellos— dijo David ayudándome a levantarme. Yo me levanté y comencé a disparar con rabia. Por primera vez, sentí que despreciaba a esos seres. Ya no eran personas, a pesar de que su aspecto era humano. Los odiaba con todas mis fuerzas.
—Ya falta poco. Estamos acabando con todos. Ya quedan menos—dije yo mientras volvía en mi. —Disparadles a la cabeza.
Cada vez quedaban menos infectados. Entre ellos, vi a soldados que no conocía personalmente, pero que había visto en el aula. Estaban infectados, probablemente los habían cogido antes. Me dolí muchísimo verlos así, nadie se merecía ese destino. Seguimos disparando hasta que acabamos con todos. Todos los infectados yacían muertos a nuestros pies. Entonces, comenzamos a bajar del autobús y vimos a Molano acercarse. Lo hizo con una sonrisa de oreja a oreja.
—Buen trabajo Martínez. Has sabido manejar muy bien la situación. Felicidades.
Allí solo estábamos mis amigos, Paco, Jorge, Jonatán, José, Ángel, J.D y yo, además de Molano. Tan solo nosotros habíamos sobrevivido.
—Se acabó. Estos hijos de puta son más resistentes de lo que parecen— dijo Jorge pateando a uno de los infectados que habíamos matado. Luego le escupió. —Y como huelen.
—Hay muchos muertos— dijo Paco mirando a nuestro alrededor ¿Qué hacemos con los cuerpos?
—Apiladlos y quemadlos. Será lo más humano que podamos hacer. Dejarlos aquí solo nos traerá hedor y alguna que otra enfermedad. Es una orden— ordenó Molano. Este me miró a mí —Adelante. He dado la orden y usted es soldado. Cúmplala.
Todos comenzamos a hacer lo que Molano había dicho. Comenzamos a amontonar los cadáveres, separando a los nuestros de los infectados a los que habíamos abatido. Encontramos el cuerpo de Jessica, cuando íbamos a levantarla, esta abrió los ojos y nos miró. Dio un grito casi animal y Jorge le clavó un cuchillo a través de la cuenca del ojo. Entonces Jessica volvió a morir.
—Es una verdadera lastima— dijo Jorge. —Me gustaba.
Llevamos el cuerpo de Jessica junto a los otros cuerpos y la dejamos allí. Entonces yo caminé hacia el autobús pasando por delante de Molano. Este me miró mientras entraba en el interior. Mi objetivo era claro, iba a por el cuerpo de Enzo. Entré dentro y caminé entre los asientos. El suelo estaba lleno de sangre. Llegué al final del autobús y vi los pies de Enzo, este estaba apoyado en uno de los asientos. Me acerqué dispuesto a impedir que se reanimara, pero cuando llegué, vi que seguía vivo. Me acerqué rápidamente a el.
Observé el cuerpo de Enzo, este tenía mordiscos en brazos, piernas, cuello y torso. La sangre lo había cubierto casi del todo.
—Siento que te haya pasado esto— dije. —Lo siento de verdad— Entonces Enzo intentó hablar, pero yo no entendía lo que quería decirme. Yo me acerqué más y el me agarró del cuello de la camisa, este me acercó a el y quiso hablarme al oído.
—Mol… Ano… Puerta…
En ese momento, escuché un disparo y en la cabeza de Enzo se abrió un boquete. Me quedé boquiabierto. Me di la vuelta y entonces vi a Molano con la pistola en las manos.
—Hay que matarlos cuando les muerden ¿Verdad?
—¿Qué ha hecho? — pregunté poniéndome de pie y mirando a Molano —¿Por qué lo ha hecho? Iba a decirme algo— entonces caminé hacia Molano y este levantó la pistola hacia mi. —Será mejor que se piense muy bien lo que va a hacer Martínez. Recuerde que está a mis órdenes.
Yo me detuve en seco y Molano bajó el arma. —Lleve el cuerpo de Enzo con los otros.
Molano se dio la vuelta y salió del autobús. Seguidamente vi como daba unas ordenes fuera y después caminaba hacia el interior del edificio para desaparecer en su interior.

Calles de Puzol…

Las calles estaban en ruinas, pero no se veía ningún infectado. Solamente el terrible hedor a descomposición flotaba en el aire. Era extraño, por que la mayoría de los habitantes de Puzol estaban infectados.
—¿Por qué huele así? —preguntó Raúl —Huele a muerto.
—Debe ser por los cadáveres— respondió Bosco —Debe haberlos por todas partes.
—El olor es insoportable. Eso también es un problema, podría traer muchas enfermedades. La peste, por ejemplo—dijo Emilio
—¿A dónde nos llevarán cuando nos rescaten? —preguntó Anna mirando a Bosco —Puede que nos lleven a un refugio. Sería lo lógico.
—¿Cuando nos rescaten? ¿Y que te hace pensar que nos van a rescatar?— pregunto Raúl —Si fuesen a rescatarnos. Haría tiempo que lo habrían hecho. Creo que es evidente que ahora cada uno mira únicamente por su culo.
—Seguramente saben que aun queda gente con vida. Enviarán un equipo de rescate y nos sacarán de aquí. Deben hacerlo. No nos pueden haber dado por muertos—respondió Anna —El gobierno…
—Despierta de una puñetera vez. Puede que en el mundo entero solo quedemos nosotros. Puede que incluso los que lograron evacuar estén infectados. No seas estúpida, no queda ninguna esperanza. Haceros a la idea. Estamos jodidos. Si queremos sobrevivir solo dependemos de nosotros mismos. Si no, moriremos todos—dijo Raúl
Entonces Bosco se acercó a Raúl y le pegó un empujón. —Cállate ya. Pensé que querías salir de aquí. ¿A que coño viene ese cambio de opinión? — preguntó Bosco —Estás asustando a las chicas. No quiero que sigas hablando así.
—Lo más probable es que muramos todos, o peor, que acabemos infectados. Y realmente, no quiero convertirme en uno de esos cabrones. Porque acabar así es un destino peor que la muerte. Digo lo mismo de antes. Si queremos sobrevivir, solo dependemos de nosotros mismos. Al menos es lo que haré yo—dijo Raúl
—¿Ya has acabado? — preguntó Toni —Aun nos queda un buen camino hasta el instituto. Ahora mismo ese es nuestro objetivo y nuestra mayor esperanza.
—¡¡Basta!!— Les interrumpió Alicia —Discutir entre nosotros no nos ayuda— Alicia cogió a Toni del brazo. —Tenemos que seguir.
—Ya estamos llegando al puente que pasa por debajo de las vías. Tened cuidado. Podrían salirnos de cualquier parte. Especialmente allí abajo. Ahí está algo oscuro—dijo Bosco
Cuando llegaron al puente, vieron con horror que la carretera estaba plagada de infectados. Estaban todos apelotonados entre vehículos abandonados. Bosco y los otros, se imaginaron que aquello había sido un atasco y a la vez, una trampa mortal para aquellos que se quedaron allí atrapados. Al ver aquello, Anna se abrazó a Bosco.
—Mierda. Está lleno de esos cabrones—dijo Toni a medida que se ocultaba detrás de un contenedor. Los demás le siguieron. Si todos aquellos infectados los veían, estarían perdidos. No lograrían escapar de ellos.
—Tenemos que dar la vuelta. Será un suicidio si intentamos pasar por ahí. Acabarán con nosotros— contestó Bosco al mismo tiempo que se rascaba la cabeza mientras pensaba que hacer.
—¿Qué demonios ocurre? — preguntó Emilio acercándose a Bosco. —¿Se te ocurre algo?
—Mira— Bosco, señaló hacia el puente —El puente está lleno, y más allá hay más infectados. No conseguiremos pasar por allí sin que nos vean.
—¿Y si tomamos el otro puente? — preguntó Raúl —Está a unos doscientos metros de aquí. Lo alcanzaremos rápidamente si vamos por esa calle— Raúl señaló la calle que tenían a su izquierda. —Solo nos queda esperar a que no esté  igual que este.
—¿Y dar mas vueltas es la solución? Con tanto rodeo se nos echará la noche encima. Entonces, sí que estaremos bien jodidos.
Bosco miró a su alrededor. —Escuchad. Si vemos que tampoco podemos pasar, buscaremos un lugar donde podamos pasar la noche. Ahora vamos. Será mejor que recemos para que no haya tantos de esos putos seres— el grupo emprendió la marcha.

Instituto de Puzol…
18:30 horas…

El tiempo pasaba lentamente. Yo me encontraba en una  de las clases intentando contactar con alguien por radio. Leandro la había estado mirando y arreglando. Creíamos que lo habíamos conseguido, pero aun no habíamos logrado contactar con nadie. En ese momento entró Paco en la clase. Habían estado apilando y quemando cadáveres. Desde la ventana,  podíamos ver la columna de humo que los cuerpos en llamas habían provocado.
—¿Alguna novedad? —preguntó Paco sentándose a mi lado. —¿Alguien al otro lado?
—Ninguna. No da señal. Solo interferencias—dije yo secándome el sudor de la frente. Hacía mucho calor allí.
—Molano quiere dejar atrás a tus amigos—dijo Paco en ese momento. Entonces dejé el micrófono encima de la mesa y lo miré.
—¿Qué? Eso no puede hacerlo. Se supone que vuestra misión es salvar a los supervivientes y eliminar a los infectados. Creí que ya lo habíamos dejado bastante claro. Dejar atrás a David y a Leandro sería un crimen— dije yo dando un golpe encima de la mesa.
—Molano ha enloquecido. No nos atrevemos a contradecir sus órdenes. Es capaz de matarnos— dijo Paco —Esto… Esta situación… Saca lo peor de las personas. Lo estamos viendo con Molano en estos momentos. En ese momento, escuchamos un grito. Al asomarnos por la ventana, vimos a unos infectados metiendo los brazos a través de la valla. Había muchos.
—Ahí están. Y seguirán llegando más. Vendrán a por nosotros. Saben que estamos aquí—dije yo —Puede que hayan sido los disparos de hoy… O la columna de humo lo que los está atrayendo, pero, seguirán llegando. Al menos, aquí no pueden entrar— En ese momento, vimos aparecer a Molano con una silla. Se sentó en medio del patio delante de las vallas y apuntó a los infectados con su fusil —¿Que hace ahí? —pregunté yo.
—Parece que los va a mantener vigilados. Ya te he dicho que ha enloquecido—respondió Paco —Al menos mientras siga ahí, no nos dará el coñazo a nosotros.
—Me acercaré a hablar con el—dije yo levantándome de la silla.
—¿Y qué le dirás? —preguntó Paco —Es Molano con quien vas a hablar. Será mejor que sepas que vas a decirle.
—Le haré entrar en razón—dije yo saliendo por la puerta. Comencé a recorrer el pasillo hacia el exterior. Mientras lo hacía, no dejaba de pensar en lo que había dicho Enzo y lo que había tratado de decirme antes de que Molano lo matara. Allí había ocurrido algo raro y que tenía que ver con el sargento.
Llegué por fin al patio. Al mirar hacia la valla, vi a más infectados. Había alrededor de unos cien. Era increíble ver como se habían congregado allí tan rápido. Observé sus caras mientras andaba. Había mujeres, hombres y niños. Era una visión horrible. Aparté la vista. No quería ver más. Me aterrorizaba la idea de ver a mis familiares o a los de mis amigos entre ellos. Cuando ya casi llegué hasta Molano. Este me habló sin mirarme.
—¿Ves a esos pobres infelices? Ni están vivos ni muertos. Se rigen por una sola necesidad. La de alimentarse. Nosotros solo somos comida para ellos. Eso es lo que somos. Hemos bajado unos peldaños en la cadena alimenticia. Cuando se les acabe el alimento significara que estamos muertos—dijo Molano girándose para mirarme.
—Mi sargento ¿Por qué quiere dejar atrás a mis amigos?—le pregunté —Creí que teníamos un trato. Yo entraba de servicio, obedecía sus órdenes y usted los dejaba quedarse. Leandro arregló la maldita radio.
—Una radio que aun no da señal. Sus amigos son una carga. —Si ellos se infectan. Nosotros podríamos morir—dijo Molano —¿Es eso lo que quieres?
—Nosotros también nos podemos infectar. No somos invencibles. Somos humanos también. Ese virus o lo que sea, tiene un efecto devastador en nosotros. Mírelos—dije yo señalando a los infectados de la valla. Estos nos miraban y gemían al tiempo que metían los brazos a través de los barrotes en un vano intento de cogernos.
—En mi grupo no se infectara nadie. Y si alguno de vosotros se infecta, tiene libertad para pegarse un tiro—dijo Molano —Pero sus amigos, al no ser soldados, no están preparados para esto. Ellos tienen más posibilidades de infectarse antes que cualquiera de nosotros. Aquí estamos los más fuertes. Solo los débiles han muerto.
—Eso que dice no tiene puto sentido. Ya vio a Sandro, a Mark y ese otro soldado. Ellos se suponía que eran fuertes según usted ¿Y donde están ahora? Están muertos, al igual que Enzo y Jessica—dije yo poniéndome delante de Molano —Aquí todos somos iguales. Somos humanos. Todos tenemos las mismas posibilidades.
—¿Y qué harás si te infectas? ¿No te libraras de esa pesadez y te quitaras la vida? — preguntó Molano dándome una bala. —Esta guárdala para ti o para alguno de tus amigos.
—Si es necesario y me infecto. Desde luego que me quitare la vida para no poner en peligro a mis amigos o a los otros—dije yo tirando la bala bien lejos —Pero mientras tanto, hare todo lo posible para que eso no ocurra y para salir de aquí con vida. Hay que tener esperanzas. Yo tengo la esperanza de sobrevivir. Es lo que debería estar haciendo usted, ya que es quien está al mando.
—No se si eres muy valiente o muy estúpido, pero te admiro. Quédate con tus amigos si quieres, pero cuando te de una orden la cumplirás sin rechistar— dijo Molano —Pero que sepas que si tus amigos quieren conservar su plaza aquí, van a tener que ser útiles. A partir de mañana empezarán a formarse como soldados. Tú te encargarás de ello, pero un solo error que cometan estarán fuera, y tu con ellos.
—Lo haré. Yo me ocuparé de todo—respondí. Me di la vuelta y me marché hacia el interior del instituto. Una vez dentro me encontré con Jorge.
—¿Como te fue con Molano? — preguntó Jorge. —Por tu cara… Parece que ha sido como hablar con la pared. No me sorprende. No es el mismo de siempre.
—Se ha vuelto completamente loco. Ahora quiere que David y Leandro sean instruidos para ser útiles, si no, los echará de aquí. Y para colmo, esos cabrones no dejan de aparecer. Esto es una puta pesadilla—dije yo señalando hacia el exterior. —Al menos, me alivia el hecho de que no puedan entrar. De todos modos, mañana temprano daré una vuelta por el instituto y me aseguraré de que no haya ningún punto que les permita el acceso. Lo malo es que si siguen llegando, nosotros no podremos salir de aquí. Algo que necesitaremos hacer pronto, cuando  se nos acabe la comida.
—Aun tenemos bastante comida, pero no nos durará mucho. Por cierto. La radio sigue sin funcionar. Paco lo está intentando, pero nada. Estamos completamente jodidos. Tu amigo Leandro hizo lo que pudo, pero no logró nada. Sinceramente, creo que lo que realmente pasa es que no hay nadie al otro lado. Nadie con vida al menos— dijo Jorge mientras avanzábamos a la clase donde estaba la radio. Cuando llegamos, vimos a Paco trasteando con la radio. Solo estaba el.
—¿Cómo va eso? ¿Algún avance?—pregunté yo. Aunque me esperaba la respuesta.
—Sigo sin noticias.  He probado varias frecuencias, pero nada. Hace un rato me pareció escuchar algo, creo que eran dos franceses hablando, pero enseguida los perdí. Todo lo que ha venido después han sido interferencias—dijo Paco quitándose los cascos y mirándome.
—¿Y no puedes coger alguna emisora de radio? Sería bueno saber algo de más supervivientes. Alguien  tiene que quedar por ahí. Es imposible que estemos solos. —dije yo
—También lo he intentado, pero nada. Ciertamente  es como si no quedara nadie más. Como si solo quedáramos nosotros—dijo Paco —Esta mierda nos ha pillado con el culo al aire.
—Eso no puede ser. Te digo que debe quedar más gente. Sigue intentándolo—le pedí. —Hay que conocer más e informar sobre esto. De como se transmite, y sobre todo, como acabar con ellos.
—Escucha. Antes de vernos metidos en esta mierda. En el cuartel dijeron que el virus o lo que sea, se transmite por el aire. Y justamente después nos enteramos de que se transmite por las mordeduras gracias a ti. La pregunta viene ahora, si en principio se transmitía por el aire. ¿Por que nosotros no nos infectamos?—preguntó Paco —No dejo de darle vueltas,
—Tienes razón—dije —Quizás algunas personas tengan inmunidad al contagio por el aire, pero sin embargo no lo son al contagio por mordedura. No se, solo es especulación, pero... ¿Sería posible que hubiese gente inmune a cualquiera de las dos formas de contagio?—pregunté yo —No soy un experto en virus, pero pienso que podría ser posible.
—Yo tampoco soy experto en virus, pero si, creo que si sería posible—respondió Paco
*****
Las horas pasaban y comenzó a anochecer. Estábamos cenando todos cuando entonces apareció Molano y dijo —Paco y Jorge, os toca imaginaria esta noche. Venga.
—A sus órdenes mi sargento—respondieron Jorge y Paco al mismo tiempo.
—Súbanse a la terraza del gimnasio. Desde allí podrán vigilar ambas puertas— ordenó Molano. Entonces me miró a mí. —Indíqueles donde es.
—Imaginaria… ¿que es eso?—preguntó Leandro
—Montarán guardia. Vosotros buscad donde podáis dormir. Yo me quedare con ellos. Hay muchas cosas de las que quiero hablar con ellos—dije yo. Poco después, me fui con Jorge y Paco. Leandro y David se quedaron con el resto de militares en una de las aulas.

Calles de Puzol…
21:48 horas de la tarde…

Bosco y los demás, tuvieron que dar un gran rodeo para llegar al otro puente. Había muchas calles cortadas por barricadas y vehículos en llamas. Cuando por fin llegaron al puente, vieron que allí estaba vacío. No había ningún infectado. Solo cadáveres putrefactos.
—Vamos. Esto está despejado—dijo Bosco dando unos pasos hacia delante. Entonces escuchó la voz de Anna a sus espaldas.
—Ya es de noche. Deberíamos parar a descansar. Yo estoy agotada y tengo hambre. Todos la tenemos.
—Si seguimos recto. Llegaremos al instituto en menos de quince minutos— dijo Bosco.
—Por favor— suplicó Anna.
—Anna tiene razón. Descansemos en algún sitio. Mañana con la luz del día, seguiremos nuestro camino— dijo Toni —Creo que será más seguro.
Bosco suspiró y aceptó. Lo cierto era, que él también estaba cansado y hambriento. Miró a su alrededor y vio una portería que quedaba delante del ambulatorio —Ahí. Vayamos a alguna de las casas. La registraremos de arriba abajo. Y si no hay nadie ni nada dentro. Aseguraremos y bloquearemos la puerta. Para esta noche debería valer.
Bosco, entró el primero en el portal que había escogido. Entró apuntando con el arma, pero allí no había nadie. Estaba muy oscuro. Detrás de el, iban Emilio, Raúl y Toni.
—Parece despejado—dijo Bosco dándose la vuelta hacia sus compañeros sin dejar de apuntar. —Aun así, atentos.
—¿Habrá alguien aquí? —preguntó Alicia —Me refiero al edificio entero.
—Si hubiese alguien o algo ya lo sabríamos—contestó Toni
Una vez estuvieron dentro. Emilio cerró la puerta con cuidado. No quería que el ruido atrajese a esos seres hasta allí. Allí en la entrada se quedaron un rato a oscuras.
—¿Que hacemos ahora? —preguntó Anna.
—Subiremos al último piso. Quizás tengamos que echar la puerta abajo. Si eso pasa, la bloquearemos con lo que sea. Toni, tú y yo nos turnaremos para hacer guardia esta noche—dijo Bosco señalando a Toni, Raúl y Emilio. Era evidente que no pretendía dejar a las chicas sin dormir.
—De acuerdo ¿Y que haremos si hay más gente en la casa? Podría ser.
—Teniendo en cuenta de que es el fin de los tiempos… Puede que se enrollen y nos hagan sitio—dijo Bosco con ironía. Aunque nadie se rió.
—¿Y que pasaría si hubiese gente y esa gente se mostrara hostil? —preguntó Anna. Eso hizo que todos la miraran. Ella tenía razón. Cualquier cosa podía pasar en esa situación.
—En ese caso no habría más remedio que hacerles frente. Lo más importante ahora es sobrevivir—dijo Bosco —No os preocupéis.
Comenzaron a subir por las escaleras. Iban andando lentamente sin hacer ruido. Llegaron al último piso y se dirigieron a una puerta. Esta estaba abierta debido a un cadáver que estaba tirado en el suelo. Bosco se acercó con cuidado. Le pidió la palanca a Toni. Entonces, se la clavó al cadáver en la sien. Después lo quitaron del medio y comenzaron a entrar en la casa.
—¿Hola? ¿Hay alguien en casa?—preguntó Bosco en voz baja, pero lo suficientemente alta como para ser escuchado por cualquiera que hubiese en la casa. No hubo respuesta. Entonces levantó el arma y Toni probó suerte.
—¿Hay alguien? — pero siguió sin llegar respuesta.
—Parece que no hay nadie. Cerrad la puerta—dijo Bosco
—Pues nos quedaremos aquí esta noche—contestó Toni cerrando la puerta.
Todos se dispersaron por la casa para asegurarse bien. Poco después, Bosco y Toni bloquearon la puerta con unos muebles. Aunque subieran infectados. Estos no lograrían entrar sin que ellos se enteraran. Aquel mueble los frenaría. Inspeccionaron nuevamente la casa para asegurarse de que no habían pasado nada por alto, pero definitivamente, vieron que estaba vacía. No había nadie, por como estaba todo, era evidente que los dueños se  habrían marchado de allí rápidamente. El cadáver que habían encontrado, probablemente no tenía nada que ver con esa casa, y si lo tenía, ya no importaba.
—Esto ya está. Yo haré la primera guardia. Vosotros id a dormir. Si pasa algo os avisaré. Toni, a las cuatro en punto vendrás a relevarme—dijo Bosco.
—Vale, buenas noches—dijo Toni mientras avanzaban hacia una habitación. La ultima en despedirse de Bosco fue Anna. Ella lo hizo con un beso.

Día 17 de Junio de 2010
Puzol… 01:20 horas de la madrugada…

Todos dormían tranquilamente y para no dormirse el, Bosco comenzó a dar vueltas por la casa. Se acercó a una de las ventanas y se asomó a la calle. Justo en frente de el, tenía el ambulatorio. Entonces vio una silueta caminar por la calle. Era un hombre alto y delgado, pero llevaba algo encima. Bosco se fijó mejor y se dio cuenta de que cargaba con el cuerpo de una mujer. De repente, el individuó se paró y comenzó a mirar a alrededor. Bosco tuvo que esconderse para no ser visto. No podía ser. ¿Era una persona viva o un infectado? Poco después, desapareció en el interior del ambulatorio.

Instituto…
02:00 horas de la madrugada…

Eran las dos de la madrugada. Jorge, Paco y yo, nos encontrábamos en la terraza del gimnasio. Habría sido una noche perfecta de verano si no hubiese sido por el desagradable ir y venir de los infectados y su olor. Había varios de ellos arañando la pared mientras nos observaban. Era como si quisieran trepar.
—No parecen muy listos ¿Verdad?— preguntó Jorge alumbrándolos con la linterna. Esto los excitaba más y hacía que sus movimientos fueran como más rapidos—Fijaros en su piel. Se les está pudriendo, también parece que se están volviendo más lentos. Creo que es una suerte, si siguen así, es posible que en unos días ya no puedan moverse.
—Por cierto— dije en ese momento. —Aun no me habéis contado como y cuando habéis llegado hasta aquí.
—Si quieres te lo cuento. No es una historia muy larga y tenemos toda la noche— dijo Paco.
—Adelante. Cuéntame— respondí.
Entonces, Paco comenzó a contarme como habían sido para ellos las primeras horas de toda aquella locura.

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