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domingo, 30 de julio de 2017

ZOMBIES Capitulo 5 S.O.S Llamada de Auxilio

5
S.O.S LLAMADA DE AUXILIO

Día 17 de junio de 2010
Puzol…

La noche había pasado tranquila sin ningún incidente, lo único malo y estresante, habían sido los gemidos de aquellos seres, los cuales, deambulaban por la calle. Cuando Bosco se asomaba por la ventana, los veía desplazarse tambaleantes, en solitario, en grupos o sin rumbo fijo. El sol, se colaba a través de las ventanas de la casa. Toni se despertó en ese momento y bostezó. Se levantó de donde estaba y enseguida se situó junto a Bosco para mirar por la ventana. En la calle se podían ver algunos infectados, salvo por su presencia, la calle estaba totalmente desierta. Había coches abandonados y calcinados, debido a que habían estado ardiendo toda la noche, también se veía algún que otro charco o rastro de sangre que alguien o algo había dejado.
—¿Qué tal has dormido? — preguntó Bosco mirando a las chicas, las cuales seguían dormidas.
—He dormido bien… Dentro de lo posible— respondió Toni, entonces miró a las chicas. –A ellas les he dado unos somníferos que encontré en la cocina. Supongo que lo hice por las razones de que si pasaba algo que no se enteraran. Además de para que pudieran dormir. Hemos pasado una experiencia muy traumática.
—Bien pensado— murmuró Bosco –Verás. Mientras vigilaba me he dado cuenta de una cosa. Esos seres tienen una vista increíble a pesar de estar muertos, pero de noche, parece que su visión se vuelve más aguda, es decir, de noche parece que pueden ver mejor. No sé, no sabemos nada de ellos en realidad. De día, parece que se vuelven más torpes, puede que sea por la luz del sol. Quizás, si nos movemos solo durante el día, puede que tengamos más probabilidades de escapar de ellos. De noche, al no haber luz, nosotros no veríamos bien y seriamos presa fácil.
—Tiene su lógica— respondió Toni.
—Además, esta noche, tambien vi cómo se comían a un militar. Fueron directos hacia él y lo destrozaron, pese a que parecía que estaba bien escondido, pero esta mañana, un grupo de militares ha pasado por la carretera y les ha llevado un rato verlos. Los han visto, pero ha sido a los cinco minutos, así que debemos aprovechar el día— propuso Bosco
—¿Y qué les ha pasado a esos militares? — preguntó Toni.
Bosco miró entonces a su compañero. – ¿Tu qué crees?
—Ya… ¿Entonces qué hacemos? —preguntó Toni —¿Alguna idea?
—Nos quedaremos aquí hasta mañana. Tenemos comida y agua para aguantar hasta tres días, pero mañana saldremos de aquí—dijo Bosco –Trataremos de encontrar ayuda.
—¿Crees que la encontraremos? ¿Crees que aún queda alguien con vida ahí fuera? — preguntó Toni. –Sé que has visto a los militares, tal y como has dicho, pero me refiero a otras personas, personas que de verdad puedan ayudarnos.
Bosco miró hacia la ventana. –Alguien tiene que haber ahí fuera. Es imposible que haya desaparecido todo el mundo. Deben quedar supervivientes en alguna parte.

Instituto de Puzol…
9:50 de la mañana…

Me dolía todo el cuerpo. No había dormido bien y a las seis de la madrugada había comenzado mi guardia. En ese momento, Paco y Jorge subieron por las escaleras. Paco me lanzó entonces un paquete de galletas. El cual, abrí rápidamente y comencé a comer. Realmente estaba hambriento.
—Tus amigos ya están en pie. Reúnete con ellos, están en una de las clases de la planta baja. De las de Bachiller—dijo Paco sentándose a mi lado.
—Voy— dije yo levantándome de la silla. Entonces miré a mis dos compañeros. —¿Y dónde está Molano?
—¿Quién sabe? Ya sabes cómo son los mandos, no son de dormir con sus soldados. No lo hemos visto desde anoche. Aunque te digo, no parece muy contento de tener a civiles aquí— respondió Jorge. –Te sugiero que evites tener encontronazos con él en estos momentos.
—Lo sé— respondí.
Comencé a caminar hacia el edificio principal. Crucé el recreo y subí por una de las escaleras, seguidamente me adentré en el pasillo que me llevaría hasta la clase donde estaban David y Leandro. Mientras caminaba, le iba dando vueltas a lo que estaba pasando y a lo que estaba por venir, ya que, sabía muy bien que todo aquello no había hecho más que empezar. Llegué a la clase donde estaban David y Leandro, se habían acabado de levantar y se les notaba. Se les veía cansados y me pude imaginar que no habían dormido demasiado bien.
—Buenos días—les saludé levantando una de las manos. —¿Qué tal habéis dormido? —Los dos contestaron a la vez con un buenos días.
—No he dormido muy bien que digamos. Cada ruido me despertaba, además… Esos gemidos. Toda la noche igual. ¿No duermen o qué? —dijo David con tono enfadado. –Nos van a destrozar los nervios.
—Yo he dormido un poco peor. Como dice David… Esos gemidos son un asco— dijo Leandro acercándose a mí para que le diera algunas galletas. Yo le di el paquete entero para que comieran.
—Es evidente— respondí –Hay cientos de ellos ahí fuera. De hecho, cuando cruzaba el recreo para venir hacia aquí, noté el hedor. Se están descomponiendo—dije mientras camina hacia las ventanas para poder mirar hacia las vallas. Allí pude ver varias siluetas. Detrás de ellas, las calles estaban desiertas, era como si no hubiera vida al otro lado. Solo aquellos malditos seres. Justo en ese momento, Molano apareció por la puerta. Cuando yo lo miré, vi una extraña expresión. Rápidamente me cuadré delante de él.
—Buenos días mi sargento— me apresuré a saludar.
Molano pareció ignorarme, rápidamente miró a David y a Leandro. –Ustedes dos. Cuádrense delante de mí. Ahora mismos son también soldados y yo soy su superior. Ellos se miraron y rápidamente se cuadraron del mismo modo que yo. Entonces Molano volvió a mirarme –Martínez. Estamos recibiendo una señal en la radio—dijo Molano
—¿Cómo? — pregunté sorprendido –Creí que no funcionaba— no podía evitar sonreír, por fin teníamos una buena noticia. Podríamos transmitir como se contagiaba tan deprisa. Quizás no todo estaba todo perdido.
—¿Viene ayuda? — preguntó Leandro —¿Vienen a rescatarnos?
Molano no contestó. Este me hizo entonces un gesto con la cabeza para que le siguiera. Yo miré a David y Leandro en ese momento. —Ahora cuando venga os contare lo que ha sucedido. Esperadme aquí, prometo volver cuanto antes— me despedí de mis compañeros y me fui con Molano. Mientras caminaba junto a él, lo notaba preocupado. Entonces me di cuenta de que no había ayuda en camino. Se trataba de otra cosa.

Puzol…
Edificio…

Toni se encontraba mirando por una de las ventanas, cuando Alicia se le acercó. Ella sin embargo no miró por la ventana, se limitó a sentarse en un sillón, el cual estaba un poco alejado de la ventana. No quería ver las calles, después de todo lo que había visto, no estaba preparada para ver más. Ella se abrazó las rodillas y miró a Toni. —¿Qué haces?
—Nada en particular. Solo vigilo un poco. Es increíble que haya pasado esto. Y más increíble es que hayamos sobrevivido a todo lo que ha pasado, quizás hemos tenido suerte, quizás…— Toni no terminó la frase. Se levantó de un salto y observó la calle con atención. Eso sorprendió a Alicia, la cual también se levantó. Toni la miró con una sonrisa y señaló a la calle. –Son soldados. Estamos salvados. Voy a…— entonces la expresión de Toni cambió cuando se dio cuenta de cómo se movían aquellos militares. Alicia se asomó y se dio cuenta de lo que ocurría. Eran algunos de los soldados que habían sido enviados para evacuar a los civiles. Estos tenían el uniforme rasgado y ensangrentado. Algunos, presentaban serias mutilaciones o tenían la cabeza torcida en un ángulo imposible. Era evidente que también ellos estaban infectados, estaban tan muertos como el resto.
Alicia los miró con una expresión de pena. Entonces miró a Toni. –Así han acabado. Vinieron a rescatarnos y han acabado infectados ellos también. ¿Así acabaremos nosotros también? — la mirada de Alicia se cruzó con la de Toni.
—No. De ninguna manera. No dejaré que te ocurra nada. Te protegeré con mi vida si es necesario— entonces Toni la besó y luego la abrazó fuertemente apretándola contra su pecho. En ese momento, escucharon un fuerte estruendo y se soltaron.
—¿Qué ha sido eso? — preguntó Alicia. Estaba comenzando a asustarse. 
—Creo que ha sido la puerta de entrada al edificio— respondió Toni.
—Están dentro…— murmuró Alicia con una mueca de terror.
Bosco apareció por la puerta seguido por Anna, Emilio y Raúl. En su mirada podía verse que él y los demás también habían escuchado el ruido. Toni se les acercó rápidamente.
—¿Qué demonios ocurre? Ha sido un ruido muy fuerte. Puede que haya sido la puerta de la portaría. Creo que pueden haber entrado infectados.
—Si. Seguramente. Puede que sepan que estamos aquí. Lo que no se, es como nos han descubierto— respondió Bosco.
—Vamos a morir— dijo Anna abrazándose a él, pero Bosco rápidamente la apartó para comenzar a acercar muebles a la puerta y bloquearla. Rápidamente, Emilio y Raúl comenzaron a ayudarle.
—¿Esto los detendrá? —preguntó Toni uniéndose a ellos.
Los cuatro chicos arrastraron uno de los muebles de la entrada y bloquearon la puerta. Bosco entonces los miró. –Ahora deberíamos guardar silencio. No hagáis ruido por lo que más queráis.
Raúl y Emilio aparecieron llevando muebles y sillas en él más absoluto de los silencios. Seguidamente, comenzaron a ponerlas delante de la puerta. En pocos segundos, la puerta estaba fuertemente asegurada, a menos que embistieran con todas sus fuerzas, sería imposible derribarla.
—Con esto así no podrán entrar— dijo Raúl –Al menos eso espero. Si entran y nos acorralan no podremos escapar. Habremos convertido este piso en una maldita ratonera. 
Todos retrocedieron hasta el interior de la casa y esperaron en silencio. Fuera, en las escaleras parecían escucharse pasos rápidos. Fue en ese momento cuando sonaron varias ráfagas de disparos que parecían salir de un fusil. Eso hizo que Toni y Bosco se miraran el uno al otro. Sabían muy bien que eso, no era propio de los infectados. Ellos no disparaban. Solo podía significar una cosa.
—Parece que aún queda gente viva. Puede que sean militares— dijo Anna en voz baja. Tan baja, que apenas se le escuchó –Deberíamos salir a ver qué ocurre. ¿No creéis? Quizás…
—Silencio. Ya no se escuchan disparos—dijo Raúl
En ese momento, el silencio se rompió con un sonido rítmico. Era como si estuvieran llamando a la puerta. Bosco les hizo un gesto de pedir silencio a los demás. Con paso cauto salió andando al pasillo y comenzó a avanzar hacia la puerta. Cuando ya estaba a punto de llegar, volvió a escuchar el ruido. Definitivamente, alguien estaba llamando a la puerta. Bosco se volvió y miró a los demás. Se giró de nuevo para mirar a la puerta. Tragó saliva y preguntó. —¿Quién es?
A Bosco entonces le respondió la voz de un hombre. –Gracias a dios. Estábamos seguros que habíamos visto a alguien desde la calle. Abridnos por favor. Somos militares. Estamos buscando donde escondernos. Sé que estáis ahí, por favor. No nos dejéis aquí fuera.
Bosco dudó unos momentos y volvió a preguntar. —¿Cómo podemos estar seguros de que decís la verdad? Podríais ser saqueadores o alguien que quiere echarnos de esta casa. No puedo fiarme. Mi novia está aquí también. No voy a poner su vida en peligro— Bosco escuchó en ese momento un ruido en la escalera y avanzó hacia la puerta un poco más, hasta que estuvo pegado a ella. Miró por la mirilla y entonces vio a varios chicos que iban vestidos de militar. Un par de ellos, parecían estar montando algo en la escalera. Bosco se retiró entonces un poco, era un mar de dudas. —¿Qué es lo que estáis haciendo?
—Una barricada. Eso los detendrá un poco, pero no mucho. Escuchad. Dejadnos pasar. Es solo un rato. Luego nos marcharemos, tienes mi palabra— respondió el militar que llevaba la voz cantante en el grupo.
—Quizás deberíamos dejarles entrar— dijo Alicia –Parece la voz de una buena persona. Si los dejamos fuera podrían morir… Y puede que ellos sean la única ayuda que tengamos.
—O puede ser un error muy grande dejarlos pasar. Que se busquen otro sitio— dijo Raúl cruzándose de brazos y con una mueca de desconfianza.
En ese momento, la voz del militar cambió de tono. Comenzaba a impacientarse –Escuchad. No es por meteros prisa, pero pronto llegarán más infectados y la barricada que hemos levantado no resistirá eternamente. Nos condenareis a muerte. Nosotros tenemos un vehículo. Podemos sacaros de aquí. Si nos ayudáis a refugiarnos, os ayudaremos nosotros.
—¿Qué hacemos? —preguntó Emilio hecho un mar de dudas. –Si dicen la verdad…
—Si tenéis un vehículo id a por él y marcharos. Esa puerta no se va a abrir. La confianza es algo que se gana. Vosotros no tenéis tiempo para hacer que confiemos en vuestra palabra— dijo Raúl levantando la voz.
En ese momento, la voz del militar volvió al tono amable. –Por favor. Estamos cansados, débiles y hambrientos. No nos dejéis morir. No carguéis con esa culpa. Mi nombre es Víctor. Antes… Has dicho que tu novia está ahí dentro y que la ibas a proteger. Yo también tengo novia ¿Sabes? Está esperándome en Barcelona, la única forma de protegerla es sobrevivir a esto. Ponte en mi lugar y haz lo correcto.
Bosco estaba pensativo. No podía fiarse de ellos, así como así. Si realmente fuesen militares podrían sacarlos de ese infierno, pero, si eran saqueadores, estarían muertos. La gente en situaciones extremas podía ser capaz de cualquier cosa. De repente, comenzaron a escuchar gritos y gemidos. Alicia se asomó por la ventana y vio a una gran cantidad de infectados. Unos cojeaban y eran lentos. Algunos se arrastraban debido a la mutilación de sus piernas. Los que presentaban mejor estado, eran más rápidos. Estos estaban dando golpes en la puerta de entrada al edificio. Alicia se acercó a Bosco corriendo.
—Vienen muchos. Puede que los hayan seguido a ellos.
—Pronto tomarán el edificio y no tendremos escapatoria—dijo Víctor. –Si nos dejáis pasar y nos quedamos en silencio. Se olvidarán de nosotros y la mayoría acabarán marchándose. Se lo que digo, lo he visto suceder.
Bosco gruñó y rápidamente comenzó a quitar los muebles que bloqueaban la puerta de la entrada. Toni, Raúl de mala gana y Emilio, se apresuraron a ayudarle. Cuando terminaron, y abrieron la puerta, entraron tres militares rápidamente. Entonces comenzaron a bloquear la puerta. Entonces se encontraron con Bosco apuntándoles con el arma.
—Soy Víctor— dijo uno de ellos adelantándose y mirando a Bosco. Este no dejaba de apuntarles. Víctor levantó las manos entonces. —Podéis estar tranquilos. Ellos son Luis y Juan. Nos separamos de nuestros compañeros cuando nos asediaron los infectados junto al puente de las vías. No sabemos dónde están el resto de nuestros compañeros… Aunque muy posiblemente estén muertos. Sobrevivir ahí fuera es difícil.
—Puedes bajar el arma tío. No venimos buscando problemas. Al igual que vosotros, solo queremos sobrevivir—dijo Juan
Con la puerta de nuevo asegurada. Toni, Raúl y Emilio regresaron junto a Bosco. Este ya había dejado de apuntar a los militares. Ellos, por su parte, habían dejado las armas encima de la mesa.
—Vale… Ya os hemos dejado pasar. ¿Ahora qué? — preguntó Bosco. —¿Qué se supone que vamos a hacer ahora? ¿Algún plan?
—En primer lugar, quedarnos en silencio. Luego saldremos de aquí cuando las cosas se calmen un poco ahí fuera. No sé si lo sabes, pero esos bichos son peligrosos. En solitario, uno no es nada, pero en grupo son casi invencibles. He visto morir a muchos de mis compañeros tras ser rodeados por una horda. Si entran todos los que vimos, será complicado salir de aquí. Tenemos que salir de aquí antes de que se compliquen las cosas.
—Vale, muy bien ¿Y qué es lo que sugieres? — preguntó Bosco –Se supone que al ser militar debes tener idea de maniobras en situaciones como esta.
Juan salió al balcón y miró hacia arriba, luego volvió a entrar en el salón. –No estamos muy lejos de la terraza. Hay una tubería por la que podemos trepar solo con un par de cuerdas. Es sencillo. Os ayudaremos con ello.
—¿Y por qué por la terraza? ¿No podemos salir por la puerta que entrasteis? Se supone que esperaremos a que se calme la cosa— dijo Emilio.
—Aunque las cosas se calmen, la puerta principal no es una opción. Están entrando, tu pon un pie ahí fuera, después de hacer ruido quitando esos muebles de ahí… Se te echarán encima. La idea es salir de aquí sin llamar la atención. Si nos atacan y disparamos, lo único que conseguiremos será atraer a más de ellos.
— Trepar por una tubería hasta la terraza ¿Te crees que eres Spider—Man? —preguntó Raúl con sorna –No lo lograremos. Nos caeremos.
—No seas así amigo. Podemos trepar sin necesidad de ser Spider—Man. Es sencillo, ya os hemos dicho que os ayudaremos. Os lo vamos a hacer muy fácil. Somos expertos en cosas como esta. No es nada difícil —explicó Luis al mismo tiempo que sacaba unas cuerdas y unos ganchos de escalada– Confiad en mí.
—¿Cómo lo hacemos? —preguntó Toni cogiendo una de las cuerdas para observarlas.
—Juan y yo treparemos hasta la terraza. Desde ahí os dejaremos caer las cuerdas. Luis os ayudará a trepar— dijo Víctor. Entonces miró a las chicas. –No os preocupéis. Saldrá bien. Una vez estemos en la terraza, todo será mucho más fácil y seguro.
—¿Y si nos caemos? —preguntó Anna. No parecía tener mucha fe en el plan.
—No te preocupes. Por eso mismo me quedaré abajo. Para ayudaros a trepar—dijo Luis
—Muy bien, pues hora de ponernos manos a la obra— dijo Bosco cogiendo una de las cuerdas y caminando hacia el balcón. Víctor fue tras él.
—Admiro que hayas logrado mantener vivos a tus amigos. Las cosas están muy difíciles en el pueblo.
—Y una vez salgamos de aquí… ¿Cuál será nuestra siguiente parada? — preguntó Bosco.
—Una vez salgamos de aquí, nos dirigiremos al instituto. Ese era nuestro campamento antes de que todo se fuese al infierno. Allí hay una radio que usaremos para pedir ayuda.
—¿Eso es cierto? — preguntó Bosco —¿Y si hay alguien allí?
—No. No hay nadie. Deben estar todos muertos— respondió Víctor con pesadumbre.

Instituto…
Puzol…

Llegué a la clase donde se encontraba la radio. Paco y J.D ya estaban allí. Paco me vio y enseguida me pasó el auricular que tenía en las manos —Tienes que escuchar esto. Es lo único que hemos podido grabar antes de que se cortara— Tomé el auricular y comencé a escuchar con atención. No tenía mucha calidad, pero podía escucharse bien. Se podía escuchar la voz de un hombre angustiado con explosiones, gritos y disparos de fondo.
“Soy el brigada Lucas. Estamos atrapados en el polideportivo. Los No Muertos están por todas partes. Solo quedamos cinco. Necesitamos ayuda urgente... Por favor. Necesitamos ayuda”
—¿Cuánto tiempo tiene esta grabación? ¿Cuántas horas? — pregunté dándole al botón para volver a escuchar la grabación.
—Eso no importa. Debemos ir. Le he llamado a usted porque sabe dónde está el polideportivo. Necesitamos que nos guie. Esto es una misión de rescate— dijo Molano.
—¿Y si están muertos? Salir de aquí sería correr demasiados riesgos. Riesgos innecesarios— respondí mirando al sargento.
—No los dejaremos tirados. Prepárese, es una orden— dijo Molano.
—¿Y mis amigos? ¿Qué ocurre con ellos? — pregunté
— Ellos ya son mayorcitos. Se quedarán aquí. Le daremos un arma a cada uno. Que se queden aquí y defiendan este lugar con su vida si es necesario.
—Está bien ¿Cuando salimos? — pregunté resignado.
—Dentro de diez minutos. Prepárese— dijo Molano. Yo me cuadré y salí de allí para regresar junto a David y Leandro. No tardé mucho en llegar a la clase donde estaban ellos.
— ¿Qué ocurre? ¿A dónde vas? —preguntó David
—Hemos escuchado una grabación de un grupo de militares que están atrapados en el polideportivo. Yo creo que están muertos, parece que la grabación tiene varias horas, pero son órdenes de Molano. No puedo incumplirlas. Me tengo que ir, nos veremos luego.
—¿Y qué pasa con nosotros? ¿Vamos a tener que ir también? —preguntó Leandro
—No. Molano quiere que os quedéis aquí. Os vamos a dar un arma a cada uno, pero yo os digo y os aconsejo que busquéis el sitio más seguro y nos esperéis allí. Molano se enfadará por ello, pero me da igual. Ha perdido el norte. No está en sus cabales— dije yo dándole un walkie talkie a David. El cual, lo había cogido de la sala de radio sin que nadie se diera cuenta.
—¿Para qué me has dado esto? ¿Qué quieres que haga? —preguntó David –Te la estás jugando demasiado con Molano.
—Así estaremos en contacto.
—Ten cuidado— dijo David dándome una palmada en el hombro.
—No os preocupéis. Pronto estaré aquí otra vez— dije yo colgándome el HK al hombro y saliendo por la puerta. Estábamos a punto de embarcarnos en una misión suicida.

Puzol…
Edificio…

Bosco y Víctor habían logrado llegar hasta la terraza, después se les habían unido Raúl, Emilio, Juan y Toni. Ellos al ser más fuertes se iban a ocupar de subir a las chicas. Desde allí habían dejado caer las cuerdas hasta el balcón donde esperaban los demás. Los infectados seguían deambulando por la escalera y aun no se habían percatado de la presencia humana al otro lado de la puerta. En el interior de la casa. Luis ayudaba a Anna y Alicia a prepararse una especie de arnés. Con el cual, tendrían más facilidades para subir.
—¿Esto es seguro? — preguntó Anna. –Parece muy endeble. Tengo miedo de que esto se desate mientras subo. Tengo miedo de caerme abajo.
—Es normal tener miedo, pero tranquila. Soy un experto en nudos. Esto aguantaría hasta cien kilos. Es totalmente seguro. Ahora vamos.
Anna, Luis y Alicia comenzaron a avanzar hacia el balcón. Justo cuando iban a salir. Anna tropezó con algo y cayó de bruces, provocando un fuerte ruido. Rápidamente, se puso en pie y vio que estaba sangrando por la mano. Se había hecho un corte al caer.
—¿Te encuentras bien? — preguntó Luis.
—Si. Es solo un corte… Yo…— Anna no terminó la frase. El aullido de un infectado le heló la sangre. Al aullido le siguieron otros aullidos y golpes en la puerta. Los cuales fueron en aumento.
—Dios. Nos han descubierto. Saben que estamos aquí— dijo Alicia mirando hacia el pasillo. –Si entran… Nos matarán.
Luis cargó con Anna y salió al balcón seguido por Alicia. Una vez fuera, miraron hacia arriba. Desde lo más alto, Bosco, Juan, Víctor y Toni los observaban.
—¿Qué demonios pasa? ¿Qué es ese ruido? — preguntó Bosco.
—Los infectados. Nos han descubierto. Están aporreando la puerta como locos. Van a entrar— respondió Luis.
Víctor no pudo ocultar su preocupación. No había tiempo que perder—Vamos. Comenzad a subir. Daros prisa. ¡¡¡Vamos!!!
Alicia se ató la cuerda y miró hacia arriba. Esta entonces miró a Toni. —Tengo miedo.
—Tranquila. No mires hacia abajo— respondió Toni. Seguidamente comenzaron a tirar de ella. Alicia mantenía los ojos cerrados para no mirar hacia abajo.
Luis miraba de vez en cuando al pasillo. No tardaron en comenzar a escuchar como la puerta comenzaba a abrirse. En nada, los infectados entrarían en el piso. Luis miró hacia arriba. –Vamos. Vamos…
Alicia por fin había llegado a la terraza. Allí le quitaron la cuerda y volvieron a lanzarla. Luis la cogió y comenzó a atársela a Anna. Una vez estuvo atada, comenzaron a subirla.
—Ya falta poco— dijo Bosco mientras tiraba con todas sus fuerzas. Abajo, los infectados ya habían abierto la puerta y estaban tratando de abrirse paso a través de los muebles.
Anna llegó a arriba en el momento que los infectados se abrieron paso y comenzaron a entrar. Luis abandonó rápido el balcón y se lanzó contra un mueble, derribándolo y bloqueando a los infectados que ya habían llegado al salón donde se encontraba el balcón. Rápidamente regresó al balcón y miró hacia arriba.
—Ya están dentro. Lanzadme las cuerdas— les pidió Luis totalmente desesperado. —¡¡¡Vamos!!!
Los infectados traspasaron la barrera que había puesto Luis y comenzaron a correr hacia él. Rápidamente, Luis golpeó a un infectado y lo tiró por el balcón. Otro infectado se lanzó contra Luis y este le asestó una patada en el pecho lanzándolo hacia atrás y derribando a los que venían detrás. Rápidamente cerró la puerta del balcón y aquellos seres comenzaron a estrellarse contra el cristal. Este no resistiría mucho. Justo en ese momento, las cuerdas cayeron junto a Luis y este las cogió, se ató una, alrededor de la cintura y entonces comenzó a trepar al mismo tiempo que los infectados atravesaban el cristal. La entrada fue tan brutal que algunos incluso, pasaron por encima de la barandilla y se precipitaron hacia abajo. Otros, frenaron en seco y comenzaron a agarrar a Luis por las piernas. Este forcejeó y logró quitarse a uno de encima, pero otro que fue más rápido le mordió en la pierna. Luis gritó de dolor y se soltó un poco de la cuerda, entonces, más infectados comenzaron a morderle y a tirar de él. Por su parte, Víctor y los otros también tiraban tratando de salvar a su compañero.
Luis comprendió lo que pasaba. Rápidamente se llevó una mano al bolsillo, sacó unas llaves y se las tiro a Juan. Eran las llaves del vehículo, era el quien las llevaba.
—¡¡¡Luis!!! ¿Qué estás haciendo? – preguntó Juan. –Aun puedes salvarte.
—Me han mordido y ya sabes lo que pasa cuando eso ocurre. Tenéis que marcharos— en ese momento, Luis sacó su cuchillo y miró hacia arriba. –Ha sido un placer conoceros a todos— Luis comenzó a cortar la cuerda. Cuando por fin la cortó, él y varios infectados cayeron del balcón hacia la calle. Luis cayó sobre el techo de un coche y los infectados fueron chocando contra el suelo.
Víctor presa de la rabia. Se llevó la mano al bolsillo y sacó una granada con intención de dejarla caer, pero antes de que pudiera lanzarla. Juan lo detuvo.
—¿Se puede saber qué haces? Eso ya no cambiará nada. Luis ya no está, ya no lo iba a conseguir. Ahora debemos concentrarnos en salir de aquí— Víctor parecía estar fuera de sí. Juan tuvo que agarrarle de la cara y obligarle a mirarle. –Ya no hay nada que hacer. Céntrate Víctor.
Víctor soltó un suspiro. Se limpió las lágrimas que habían comenzado a salir de sus ojos y miró a los presentes –El vehículo que tenemos que coger está cerca. Lo cogeremos y saldremos de aquí echando leches. Ahora, deberemos pasar a otra terraza y bajar por las escaleras. Ese era nuestro plan hasta que os encontramos.
Hicieron lo que Víctor dijo y finalmente llegaron a la calle. La cual, al estar al otro lado de la que estaba llena de infectados. Esta estaba completamente despejada, aunque aún podían escuchar los gemidos al otro lado. Entonces Víctor señaló un vehículo blindado.
—¿Es ese? — preguntó Bosco.
—Ese es… Vamos— dijo Víctor casi en un susurro. Se le notaba visiblemente afectado por lo de Luis. Algo que Bosco notó e hizo que se acercara.
—Siento mucho lo de tu amigo ¿Lo conocías mucho? — preguntó Bosco.
—Desde que nos alistamos en el ejército. Luis era un buen tipo. No merecía acabar así— respondió Víctor mientras abría la puerta del conductor y subía. Bosco se puso de copiloto y los demás subieron en la parte trasera. Era un vehículo bastante espacioso.
—Nadie se merece esto. Ahora solo nos queda sobrevivir por él, para que su muerte no haya sido en vano.
Víctor arrancó el motor y comenzó a conducir en dirección al instituto. Pasaron por delante del ambulatorio y entonces, Bosco vio algo. Parecía un hombre de extrema delgadez y palidez, que los observaba con una sonrisa desde una de las ventanas del centro médico. Bosco no quiso decir nada, pero en su mente se preguntaba quién demonios era ese tipo tan harapiento.

Instituto…
Puzol…

Molano extendió un mapa de Puzol sobre la mesa y señalo el polideportivo. Después me miró a mí. Como esperando que yo les señalara el camino más rápido a seguir. No en vano, iba a ser yo quien los guiara hasta allí.
—El brigada y cuatro de sus hombres se encuentran aquí. Debemos llegar hasta ese lugar atravesando hordas de esos seres. No será tarea fácil, pero somos militares. Para nosotros, eso debería ser un paseo por el parque—decía Molano mientras señalaba con un rotulador rojo la zona. –Martínez se encargará de guiarnos por el camino más rápido.
—¿Iremos a pie? — preguntó Ángel
—Veamos. No es que esté muy lejos de aquí. En condiciones normales no tardaríamos ni diez minutos en llegar, pero no estamos en condiciones normales. Con todos esos seres ahí fuera, no llegaremos muy lejos. Necesitaríamos un vehículo, puede que dos. Dependiendo de los que vayamos— expliqué mirando a Molano y a mis compañeros militares.
—¿Y qué es lo que propones? Tú dirás—dijo Molano
—Bueno. El autobús reforzado que hay ahí fuera es lo más idóneo para salir de aquí. Es espacioso y pesado. Esos seres no podrían tumbarlo, ni nada parecido. Es una garantía de éxito. Al menos eso creo—dije yo
—No tiene suficiente gasolina. Tampoco es muy rápido. Si por ejemplo ahora nos metiésemos en medio de una multitud de esos cabrones y este se quedara parado, no duraríamos nada. En el mejor de los casos acabaríamos decidiendo en qué orden nos volamos la tapa de los sesos… Y eso, es también una garantía—dijo Molano
—¿Y qué me decís de los coches que hay fuera? He visto dos o tres que tienen las llaves puestas. Los dueños los abandonaron. Prefirieron salir perdiendo el culo.
—¿Estás seguro? — preguntó José.
—Os lo mostraré— respondió Jorge.
Subimos a la terraza siguiendo a Jorge y desde allí vimos los coches abandonados a los que se refería Jorge. Paco sacó unos prismáticos y comenzó a inspeccionar los vehículos. Uno de ellos era una furgoneta de reparto de color blanco. Sobre la cual centró toda su atención. La puerta estaba abierta y en efecto, las llaves colgaban del contacto.
—Mirad esa furgoneta blanca. ¿Qué os parece? Tiene las llaves puestas. Cabemos bastantes.
—Cabemos ocho para ser exactos— dijo J.D
—No podemos ir todos. Solo unos pocos—dijo Ángel cogiendo los prismáticos y observando el también.
—Y evidentemente, tenemos que traer al brigada y a sus chicos en ella. Eso quita bastante sitio también. Aun así, esa furgoneta es la mejor opción que tenemos—dijo Molano
—Y una vez estemos allí, si nos metemos en medio de una multitud, será imposible regresar a la furgoneta. Necesitamos un plan B—dije yo mirando a todos los demás.
—No tenemos tampoco demasiada munición. Más bien necesitamos un plan, C, D, E y así todo el puto abecedario—dijo Jorge con algo de sarcasmo.
—Entonces escuchad con atención el nuevo plan— dijo Molano – vosotros vendréis conmigo, — Molano nos miró a Paco, a Jorge, a J.D y a mí— Por otra parte, Ángel, José y Jonatán se situarán sobre el techo de esa entrada de ahí. Los amigos de Martínez también. Ellos se encargarán de cubrirnos— Molano me miró a mi solamente —¿Podemos confiar en sus amiguitos señor Martínez?
—Si— respondí —Podemos confiar en ellos. Lo harán bien.
—De aquí a la furgoneta hay unos cien metros— dijo Jorge
—Y unos cuarenta infectados. Aunque me he dado cuenta de algo, parece que se están volviendo más lentos y torpes. Eso nos da cierta ventaja—dijo Paco
—Es por la descomposición— dijo J.D –Están muertos. La descomposición es el siguiente paso lógico.
—Eso nos da cierta ventaja— dijo Ángel –Nosotros somos más rápidos y listos que ellos. Eso es innegable.
—Fijaros en los que están intactos. Esos son los más peligrosos. Son los más rápidos—dijo Jorge.
—Venga. Ya basta de tanta charla. Es hora de ponernos en marcha—dijo Molano
*****
David estaba ya preparado. Con el mando de la puerta en la mano, tomó la posición que Molano le había ordenado y me lanzó una mirada y yo se la devolví. Los que íbamos a salir nos encontrábamos delante de la puerta. Al otro lado nos esperaba alrededor de una docena de infectados. Observándolos de cerca, podíamos notar que la descomposición estaba comenzando a hacer estragos en su piel. Estaban pálidos, y sus labios se estaban como plegando, dejando al descubierto sus dientes y encías. Eso les daba un aspecto aterrador. Yo respiré hondo y miré a David.
—Estoy listo para cuando me digáis—dijo David
—Muy bien. Cuando usted abra la puerta, los demás saldremos. No tarde mucho en cerrarla. Seguramente se cuele alguno de ellos, elimínenlo—dijo Molano señalando hacia los infectados de la entrada. Los cuales parecían cada vez más excitados –Jonatán y José. Vosotros dos os encargareis de atraer la atención hacia la derecha, eso nos debería quitar a algunos de ellos de la entrada. Lo que facilitará nuestra salida. Una vez salgamos, abatan a todos los que puedan.
—¿Y nosotros? No somos tiradores. Yo nunca he cogido un arma hasta ahora— dijo Leandro con un gesto de preocupación. Eso hizo que Molano me mirara a mí. Enseguida supe que tenía que intervenir.
—No os pongáis nerviosos. Simplemente apuntadles y respirad hondo. Recordad que tenéis que dispararles a la cabeza, pero si creéis que no podéis darles a la cabeza. Basta con que los hagáis caer al suelo disparándoles a las piernas o la espalda. Eso nos dará un tiempo precioso a nosotros para alcanzar la furgoneta. Confiad en vosotros mismos.
—Sigo pensando que es una locura salir ahí fuera. Debe haber otra manera de solucionar esto— dijo Leandro insistiendo en que no era buena idea abrir la puerta. Podía comprenderle. Tenía miedo de que entraran los infectados o de fallar, pero su inseguridad estaba sacando de quicio a Molano.
—Tranquilo. Todo saldrá bien. Tú simplemente haz lo que ha dicho Juanma. Respira hondo y dispara— dijo David poniéndole la mano en el hombro. Eso hizo entonces que Molano se tranquilizara. Si Leandro hubiese seguido con esa inseguridad, Molano habría sido capaz de echarles de allí sin importarle lo que les ocurriera.
Observé a Molano. Parecía estar bastante tenso, probablemente tratando de ocultar que él también tenía miedo. Aunque era bastante visible que él, al igual que nosotros, estaba asustado por lo que podía suceder. Por otra parte, temía que perdiera los papeles en algún momento e hiciera alguna locura. De hecho, lo veía capaz de pegarnos un tiro a cada uno en cualquier momento. No confiaba en él.
Con todo ya listo. Jonatán y José comenzaron a hacer ruido mientras caminaban al lado de la valla. Estaban atrayendo la atención de los infectados. Con algunos lo lograron. Solo unos pocos se quedaron en la puerta mirándonos y metiendo los brazos entre los barrotes.
Los que íbamos a salir. Ángel, Jorge, Paco, J.D, Molano y yo. Nos situamos delante de la puerta. Apuntando a los infectados. En ese momento. Molano le dio la orden a David de que abriera la puerta.
—Allá vamos— dije mirando a mis compañeros.
David, apretó el botón del mando de la puerta y esta comenzó a abrirse, arrastrando a varios infectados con ella y derribándolos. Cuando esta se abrió por la mitad, nosotros comenzamos a salir a la vez que disparábamos a los que nos bloqueaban el paso. Cruzamos rápidamente la puerta y David volvió a darle al botón para cerrarla mientras que Leandro le disparaba varias veces a un par de infectados que se habían colado dentro.
Nosotros comenzamos a correr en dirección a la furgoneta al tiempo que los demás nos cubrían las espaldas, eliminando a los que, atraídos por nuestra presencia, habían comenzado a perseguirnos. Leandro y David, lo estaban haciendo bastante bien. A los que no les daban en la cabeza, los hacían caer al suelo tras dispararles en las piernas. Eso nos estaba despejando el camino. Ya nos quedaba poco para llegar a la furgoneta.
Estábamos llegando a la furgoneta cuando un grupo de infectados apareció de una pequeña calle que había entre dos Bungalós. Estos, seguramente habían sido atraídos por los disparos.
—Infectados a la derecha ¡¡¡¡Fuego!!!!— gritó Molano mientras se detenía a disparar.
Comenzamos a disparar a los infectados que teníamos delante mientras que Paco y Jorge seguían corriendo hasta que alcanzaron la furgoneta. David y Leandro también disparaban a los demás que se nos venían encima por la espalda. Miré hacia ellos. Allí se había congregado un pequeño grupo alzando los brazos hacia ellos. José y Jonatán les disparaban a través de los barrotes o les clavaban el cuchillo en la cabeza.
Tras derribar a unos cuantos, volvimos a correr y por fin alcanzamos la furgoneta. Allí me encontré con Jorge sentado al volante. Este tenía una expresión de preocupación.
—¿Qué cojones pasa? —pregunté yo sin dejar de apuntar al frente disparando a los infectados que volvían a levantarse.
—Que el puto motor no arranca— respondió Jorge haciendo girar las llaves una y otra vez en el contacto, pero el motor estaba muerto al parecer. Eso hizo que Jorge golpeara varias veces el volante –Vamos cabrón. Muévete.
—Tenemos que arrancar esto. Vamos—dijo Paco
—Eso intento, pero no se mueve. No se mueve— repetía Jorge una y otra vez fuera de sí.
—¡¡¡Sigue intentándolo!!!— dijo Molano al tiempo que disparaba a un infectado que salió corriendo de repente por un lado de la furgoneta que no teníamos cubierto. Miró entonces a Jorge. –Tienes dos minutos para mover este cacharro o estamos muertos— Molano abrió fuego de nuevo contra un niño infectado que se había levantado y le reventó la cabeza.
—Déjame a mí— J.D se puso al volante de un salto y comenzó a hacer girar las llaves en el contacto, pero el motor seguía sin arrancar. Los infectados iban aumentando su número.
—Esto no pinta bien mi sargento. Deberíamos abortar la misión y regresar al instituto. Aún estamos a tiempo. Si siguen llegando más, no podremos volver y nos acorralarán— dijo Jorge al mismo tiempo que disparaba.
A mí se me acabó la munición y le pedí a Ángel que me cubriera mientras cambiaba el cargador. Cuando lo hice, volví a disparar y me di la vuelta para mirar a J.D –Arranca este trasto de una condenada vez ¡¡¡Vamos!!!
—Esto no es coser y cantar ¿Sabes? El puto motor debe estar jodidamente jodido— respondió J.D.
******
David y Leandro seguían disparando a los que teníamos más cerca, pero también a ellos se les estaba acabando la munición. Leandro tuvo que cambiar el cargador.
—¡¡¡Joder!!! Cada vez hay más ¿De dónde narices salen? —preguntó Leandro volviendo a cargar y disparar.
—Son los disparos. Los están atrayendo— respondió David sin dejar de disparar –Cuanto más disparemos, más llegaran, pero si dejamos de disparar, están muertos— David abatió en ese momento a una mujer de un disparo en la cabeza.
Jonatán y José subieron a donde se encontraban David y Leandro. Una vez allí, con rifles de francotirador, comenzaron a disparar con más precisión a los que nos rodeaban a nosotros.
******
Nosotros seguíamos disparando, pese a que la munición se nos estaba agotando. Todos íbamos retrocediendo y varios infectados nos iban ganando terreno. Estábamos atrapados. Iba a ser imposible regresar al instituto. Miré a J.D y vi que seguía sin conseguir nada.
—No lo consigo. No lo consigo— repetía J.D una y otra vez. Se encontraba al borde de un ataque de nervios.
—¡¡¡Vamos hostia!!!—le gritó Molano al tiempo que con una mano golpeaba el capó. –Arráncalo de una maldita vez.
A Paco se le acabó la munición justo en el instante en que un infectado se le echaba encima. El infectado intentaba morderle y Paco sacó su machete. Con un rápido movimiento se zafó de aquel ser y le clavó el machete a través del ojo. Yo me percaté de ello, entonces, justo cuando iba a pasarle uno de mis cargadores, escuchamos un rugido. El motor de la furgoneta había arrancado por fin.
—¡¡¡Ya está!!!— gritó J.D con una sonrisa de oreja a oreja.
—¡¡¡Todos a dentro!!!— gritó Molano al tiempo que golpeaba a una infectada con la culata de su fusil.
Subimos rápidamente a la furgoneta al tiempo que una docena de infectados nos rodeaban. Estos se lanzaron contra el vehículo y comenzaron a aporrearlo. J.D pisó el acelerador y embestimos a los que teníamos delante, seguidamente salimos de allí a toda velocidad pasando por encima de algunos. Lo habíamos conseguido. Yo me adelanté hacia el asiento del conductor y le puse la mano en el hombro a J.D.
—Buen trabajo. Buen trabajo. Pensé que ya no lo contábamos.
—Dímelo a mí. Casi me he cagado— respondió J.D sin apartar la vista de la carretera.
J.D siguió conduciendo mientras yo le iba dando indicaciones para llegar rápidamente al polideportivo.
******
David bajó de donde se encontraba y miró a Leandro y a los otros. —Espero que lo consigan. Por unos momentos pensé que no lo lograrían.
—Aún les queda llegar al polideportivo, rescatar a los que están allí y regresar. No será fácil— dijo José.
—¿Y que se supone que tenemos que hacer nosotros ahora? —preguntó Leandro.
—En primer lugar, cargarnos a los de las vallas. Lo haremos con cuchillos. No desperdiciaremos balas. Luego, solo nos quedará esperar a que regresen.

Puzol…

Víctor había detenido el blindado cuando estaban llegando al instituto. Habían escuchado los disparos y el ruido de un motor. Luego habían visto a una horda de aquellos seres. Víctor puso el motor de nuevo en marcha y avanzó lentamente hasta que pudieron ver el instituto. Aunque la entrada estaba llena de esos seres.
—Joder. Es imposible acercarse ahora. Aunque esto sea un blindado, si son muchos podrían hacernos volcar.  Y en el peor de los casos, podrían impedirnos avanzar al haber tantos. Puede que no pudiesen entrar, pero nosotros no podríamos salir. Esto se convertiría en un ataúd con ruedas—dijo Víctor dando un puñetazo en el volante.
—¿Y qué sugieres? — preguntó Bosco —¿Tienes alguna otra idea?
—El instituto era nuestra mejor opción. Allí tenemos comida, agua y armas, pero parece ser que todos los infectados de los alrededores están ahí. Antes hemos escuchado disparos y el ruido de un motor. Puede que haya gente dentro, puede que civiles a de los nuestros. Puede que ya no. A saber—dijo Víctor
—¿Podría haber todavía gente dentro? Si la hay… Podrían dejarnos entrar. Vosotros sois militares. A vosotros deberían dejaros pasar— dijo Toni
Víctor miró al retrovisor donde se reflejaba Toni. –Es una posibilidad, pero no olvides que se supone que éramos nosotros los que deberíamos sacarles de ahí. Y después de lo ocurrido en la plaza durante la evacuación según me habéis contado, no creo que los militares gocemos de mucha confianza en estos momentos.
—Escuchad. Aun así, deberíamos dar una vuelta alrededor y ver si hay gente. Deberíamos buscar un punto por donde no haya infectados y entrar—dijo Anna
—Está bien. Daremos la vuelta y veremos qué podemos hacer— respondió Víctor mientras aceleraba.
Mientras avanzaban, Toni no pudo evitar preguntarse qué había pasado con Juanma, David y Leandro. La última vez que los vio fue cuando se fueron de su casa.

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