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domingo, 30 de julio de 2017

ZOMBIES Capitulo 9 Pueblo Muerto

9
PUEBLO MUERTO

14 de junio de 2010
Puzol… 20:50 horas de la noche…

Bosco tenía que ir a trabajar. Estaba solo en su casa, preparándose algo para comer en el trabajo durante la media hora de descanso. Tenía el turno de noche, este solía ser bastante duro y de diez de la noche a seis de la madrugada iba a tener hambre con toda seguridad. Terminó de prepararse la comida y encendió la televisión. Le gustaba ver las últimas noticias antes de irse. Estuvo haciendo zapping hasta que vio las noticias. Parecía que habían interrumpido la programación para dar un comunicado. Le subió el volumen y escuchó atentamente. En la televisión se veían disturbios en la ciudad de Nueva york. Podía ver incluso a la unidad S.W.A.T. Era evidente que algo gordo estaba pasando. Probablemente algo relacionado con los últimos rumores de aquel virus. Justamente en ese momento sonó el su teléfono móvil. Bosco al principio no pareció escucharlo, estaba demasiado centrado en lo que estaba ocurriendo. El móvil siguió sonando y en ese momento, Bosco miró la pantalla. Era Anna, su novia, quien lo llamaba. Últimamente habían tenido algunos problemas y ella había estado a punto de dejarle, pero al final se habían querido dar otra oportunidad y lo habían hablado, aunque el sospechaba que ella aún seguía pensando en dejarle. Finalmente, Bosco cogió el móvil y respondió a la llamada.
—Dime cariño— respondió Bosco volviendo a mirar hacia la televisión.
—Yo ya he salido de mi casa. Ahora voy hacia la tuya para recogerte. Estate preparado—dijo Anna a través del altavoz.
—Vale…— respondió Bosco sin poder dejar de mirar a la pantalla. Justo debajo de las imágenes, pasaba un letrero donde parecía que estaban diciendo que en Madrid y Barcelona se estaban dando casos similares.
—¿Estás ahí? — preguntó Anna. Sacando a Bosco de esa especie de limbo en el que se había sumido mientras veía la televisión. Bosco rápidamente respondió.
—Si… Perdona. Es que estaba viendo la televisión… ¿Has visto algo antes de salir de casa?
—No… Tenía cosas más importantes en las que pensar— respondió Anna
—Esto parece importante… Hay disturbios en Nueva York… Y al parecer, el mismo tipo de disturbios se están repitiendo en otros lugares. Incluidas algunas ciudades de España. Si esto es eso de la enfermedad esta que se parece a la gripe. Queda claro se está descontrolando. No me da buena espina.
—No te calientes la cabeza. Esas cosas pasan día sí y día también. Seguro que lo están exagerando. Además, nosotros ya estamos vacunados. No vamos a enfermar. Voy a recogerte. Baja a esperarme.
Bosco colgó. Se quedó un momento mirando la televisión. Dejó escapar un suspiro y apagó la televisión. Salió de su casa y bajó a la calle. Pocos minutos después. Anna aparcó allí y él se subió al coche, entonces le dio un beso. El la notó en ese momento algo distante.
—¿Sabes? Esta mañana he hablado con Juanma. Me ha preguntado si mañana me voy a hacer deporte con él. Dice que podríamos ir a correr un poco. Es alucinante, desde que está en el ejército ha cambiado mucho. Es como si fuera otro. Antes no hacía nada de deporte… Ahora no para—dijo Bosco
—Ve si quieres— respondió Anna comenzando a conducir hacia la fábrica en la que trabajaban. Bosco la miró entonces.
—¿Te pasa algo? Pensé que ya estaba todo hablado y solucionado— dijo Bosco. Entonces Anna paró el coche cuando llegaron a un semáforo en rojo. Rápidamente miró a Bosco.
—Esto se me está haciendo demasiado pesado. Creo que al final será mejor que hagamos lo que tenemos que hacer.
—¿A qué te refieres? — preguntó Bosco. Aunque era evidente a lo que Anna se refería. Se le notaba en la cara que ya no aguantaba más.
—Lo siento, pero ya está decidido. Nos hemos distanciado demasiado. Seguir con esto no nos hará bien a ninguno de los dos. Mañana por la mañana, pasaré por tu casa a recoger mis cosas…— ambos se quedaron en silencio. Anna evitó llorar y nuevamente habló –Mira el lado positivo. Vamos juntos en el mismo grupo de amigos. Puede que al principio sea duro, pero la amistad no tiene por qué desaparecer.
Bosco se resignó finalmente. –Está bien. Supongo que tienes razón y que será lo mejor para los dos.
—Ya verás como si— respondió Anna. El semáforo se puso en verde y Anna nuevamente comenzó a conducir.
La noche no se hizo demasiado larga. A las seis de la madrugada terminaron de trabajar y se fueron a casa. Se despidieron en el portal de casa de Bosco. Casi estuvieron a punto de darse un beso, pero finalmente no lo hicieron. Bosco salió del coche y comenzó a subir los escalones.  Entró en su casa, se tumbó en el sofá pensando y se acabó quedando dormido.

15 de junio de 2010…

Toni se despertó al escuchar el despertador. Se levantó para apagarlo y mirar la hora. Vio que eran las once de la mañana. Primero desayunó y se dio una ducha, poco después llamó a su novia Alicia por teléfono. Esta tardó un poco en contestar, pero finalmente lo hizo.
—¿Qué haces? —preguntó Toni –Yo acabo de despertarme.
—Yo estoy anulando el billete para el viaje. Han cancelado todos los vuelos. Aquí en Manises hay liada una bien gorda.
Alicia iba a irse de viaje a Cuba junto a la asociación en la que trabajaba, pero los últimos acontecimientos le habían trastocado un poco los planes. Algo que a ella no le había hecho ni pizca de gracia. Se había tenido que resignar a ello y había decidido volver a planificar el viaje cuando todo aquello pasara y quedara en el olvido.
—Vente a mi casa cuando acabes ¿Vale? Pediré comida china para comer—dijo Toni
—Me parece bien… Vale, pues luego nos vemos. Te quiero— dijo Alicia
—Yo también te quiero—contestó Toni. Después colgó. En parte, y aunque podría parecer egoísta, Toni se alegraba que al final, su novia no se fuera a Cuba. No se imaginaba estar dos meses sin ella. Le gustaba tenerla cerca, porque ella había sido un gran apoyo para él.
Más tarde, Toni escuchó las sirenas de los coches de la policía y la ambulancia. Salió al balcón para ver si podía ver algo, pero no fue así. Escuchó atentamente y se dio cuenta de que parecía que venían de una de las calles cercanas a la suya. En ese momento, Alicia llegó a su casa. Era la una la una del mediodía. Cuando ella entró por la puerta, el, la miró.
—¿Has visto las ambulancias? Vienen de una de las calles de aquí atrás ¿No? —preguntó Toni –Quizás veamos algo si subimos a la terraza. Aunque si te digo la verdad, lleva escuchándose esto toda la mañana.
—Sí, algo debe haber pasado. Cuando he llegado, he visto a gente diciendo que si había gente del pueblo que había cogido esa gripe. Y cuando venía hacia aquí desde Manises, en el autobús he visto a gente que parecía muy tensa. Muchos de ellos iban con mascarilla. De hecho, un hombre ha tosido, y prácticamente lo han echado del autobús. Hay demasiada paranoia estos días. Estoy algo asustada. ¿Te importa si pasamos de la comida China y pedimos unas pizzas?
—No, para nada— Toni la abrazó entonces y le dio un beso en los labios. Mientras, pensaba en que las cosas se estaban poniendo demasiado extrañas y que lo de la nueva gripe, no se extendiera demasiado.
Unas horas más tarde, como de costumbre, Bosco y Anna llegaron a casa de Toni. Solían reunirse allí todas las semanas para planificar el próximo fin de semana. Cuando llegaron. Alicia se percató de que pasaba algo raro entre ellos y cuando tuvo ocasión, se llevó a Anna a la habitación para hablar.
—¿Va todo bien? — preguntó Alicia sentándose con Anna en la cama. —¿Ha pasado algo?
—Lo hemos dejado— respondió Anna llevándose las manos a la cara.
—Creí que lo habíais solucionado y que las cosas andaban bien— dijo Alicia poniéndole la mano en el hombro a su amiga. La conocía hacía tiempo y entre ellas se había forjado un gran vínculo.
—Créeme que lo hemos intentado, pero no ha servido de nada. Lo mejor es seguir como amigos— confesó Anna.
—Bueno. Supongo que tienes razón. Recuerda que me tienes a mí para lo que necesites— dijo Alicia. Entonces las dos se fundieron en un abrazo.
Ambas salieron de la habitación y regresaron al salón donde estaban Toni y Bosco tomándose una cerveza mientras veían la televisión. Era evidente que ellos también habían estado hablando de la ruptura.
Al poco rato, Juanma, Leandro y David llegaron a casa de Toni. Tal y como habían quedado hacía unos días. Estuvieron hablando sobre lo ocurrido en el pueblo las últimas horas y viendo un debate en la televisión. Donde el periodista y presentador de Cuarto Milenio Iker Jiménez, hablaba de que, dadas las últimas novedades con respecto a la nueva gripe, los infectados se habían convertido en zombies. Otro hombre allí presente, acusaba a Iker de estafador y mentiroso. El ambiente del debate estaba caldeándose demasiado.
Poco después, cuando Juanma, David y Leandro decidieron marcharse, Alicia y Toni comenzaron a preparar unas mochilas con ropa. Estaban evacuando el pueblo y tenían que llegar a la placeta de Santa Marta para escapar en los helicópteros que estaban saliendo desde allí.
—Toni— dijo Bosco acercándose a el —No creo que necesites tanta ropa. Tenemos que irnos ya— entonces miró a Anna y Alicia. –Tenemos que sacarlas de aquí y cuidar de ellas.
—Seguro que nos meten en algún bunker bajo tierra o algo. Eso va a ser un asco. Debemos estar preparados para cualquier cosa. Habrá más gente, la ropa podría servirnos para comerciar con otros.
—Creo que estás exagerando. Venga, vámonos ya de aquí—dijo Bosco tirando de Toni para regresar al salón junto a las chicas. A Bosco le preocupaba Anna. Ella no dejaba de repetir que quería regresar a su casa.
Llegaron al salón y allí vieron a las chicas. Anna y Alicia habían salido al balcón y estaban mirando a la calle. Todo estaba a oscuras, aunque en la calle había todo tipo de sonidos de sirenas y disparos. En un abrir y cerrar de ojos, justo después de que Juanma, David y Leandro se marcharan. En la calle había estallado lo que parecía una auténtica guerra.
—Venga. Nos vamos de aquí— dijo Bosco mirándolas.
Ellas estaban entrando de nuevo al salón, cuando de repente, la puerta de la entrada a la casa se abrió con un golpe seco. Allí apareció de repente un grupo de militares con máscaras anti gas, apuntándoles con sus rifles. Rápidamente, los cuatro levantaron las manos mientras los militares los inspeccionaban y hablaban entre sí, diciendo cosas como que no presentaban síntomas. Seguramente hablaban de los infectados.
—¿Cuantos sois? —preguntó el militar cogiendo a Bosco por la nuca y acercándolo a él. El militar le pegó una patada en la rodilla a Bosco y lo obligó a arrodillarse. –Te lo volveré a preguntar… ¿Cuántos sois?
—Cuatro personas—dijo Alicia en ese momento.
Uno de los militares miró a otro. –Están los cuatro limpios. Nos los llevamos a la plaza.
El militar que tenía agarrado a Bosco lo obligó a ponerse en pie y lo miró a través de la máscara. –Habéis tenido suerte. Andando— el militar comenzó a empujarle hacia la puerta. Otros hicieron lo mismo con Toni, Alicia y Anna.
El que empujaba a Anna se excedió tanto con un empujón que está cayó al suelo de bruces. Cuando Bosco vio eso, perdió los estribos y se lanzó contra el militar.
—No te pases. Ni se te ocurra tocarla.
Los militares agarraron a Bosco y ayudaron a Anna a levantarse. Poco a poco los fueron sacando de la casa.
—¿Que pasa aquí? —preguntó Toni saliendo por la puerta de su casa.
—Estamos evacuando el puto pueblo. Bajad a la calle e id hacia la plaza de Santa Marta. Os van a escoltar si es necesario. Ahora largo—dijo un militar empujando a Bosco.
Bosco y los demás bajaron a la portería, donde se quedaron en silencio. Allí abajo comenzaron a escucharse disparos que venían del exterior. Era de noche, pero en el cielo se podía ver un resplandor rojizo de los incendios cercanos. Los militares iban y venían por la calle. Parecía que estaban levantando barricadas.  En ese momento uno de los militares que había bajado con ellos, recibió una llamada por el walkie, de fondo, se escuchaban gritos de terror y disparos. Era imposible saber de dónde venía exactamente la llamada, porque en el pueblo reinaba el caos más absoluto.
En ese momento, uno de los militares miró a otro, el cual, parecía que era el que llevaba la voz cantante en el grupo —Mi Brigada. Tenemos contacto.
El militar que ostentaba el rango de brigada se llevó el walkie a la boca y comenzó a hablar con alguien. Bosco y los demás permanecían en silencio delante de las escaleras. Eran los únicos allí, probablemente, los vecinos hacía rato que habían abandonado el lugar.
Al poco rato de que el brigada hubiese comenzado a hablar por el walkie talkie, recibió una angustiosa respuesta. Alguien gritaba de forma desesperada al otro lado de la comunicación —¡¡¡Tenemos contacto, tenemos contacto!!! Esto es un jodido punto caliente. Vienen de todas partes, salen hasta cualquier sitio. Hay miles de ellos mi brigada. Tenemos que irnos. Nos batimos en retirada. Esto es un caos… Estamos teniendo cayendo como moscas.
—¡¡¡Sargento Ramos!!! Informe de su posición. Mandaré refuerzos— respondió el brigada.
—En la calle...  la calle…. Estamos en calle Arenales… Esto…— La transmisión se cortó con un grito ahogado, dejando a los militares perplejos. El brigada en un arrebato de furia lanzó el walkie talkie al suelo y este llegó hasta los pies de Toni.
—La situación se ha salido totalmente de control— comenzó a decir el brigada mientras daba vueltas por el interior de la portería. Entonces se detuvo y miró a Bosco y a los demás—¿Que hacen estos civiles aun aquí? Sáquenlos de aquí ahora mismo. Llévenlos a la plaza.
—Venga. Vámonos de aquí. —dijo Bosco encaminándose hacia la salida. Justo cuando pasó al lado del brigada vio la etiqueta con su nombre donde podía leerse claramente “Lucas”. Entonces lo miró —Siento mucho lo de esos hombres.
—Si… Claro…— respondió el brigada.
—Venga. Nosotros nos encargaremos de escoltaros hasta la plaza de Santa Marta—dijo otro militar abriendo la puerta de la calle. Algunos militares salieron primero apuntando en todas las direcciones posibles.
Bosco y los demás salieron a la calle escoltados por cuatro militares. En ese momento vieron un par de tanques cruzando una de las calles. Estos se pararon de repente y comenzaron a disparar en dirección a un parque. Las explosiones fueron brutales. Fue en ese momento cuando Bosco y los demás vieron cuerpos de personas saltar por los aires. Eso hizo que las chicas apartaran la vista. En ese momento, en un acto para intentar tranquilizarla. Bosco abrazó a Anna y la acercó a su pecho. Ella levantó la cabeza. Se apartó el mechón de pelo rubio que le tapaba los ojos y lo miró a él. Él le devolvió entonces la mirada. –Pase lo que pase no dejaré que te ocurra nada— Entonces Bosco miró al militar que tenía más cerca.  —¿Que está pasando? ¿Qué está ocurriendo?
—El puto gobierno ha ocultado la mayor parte de la información o realmente no saben nada. Esas cosas, sean lo que sean… Ya puedes dispararles donde sea que no caen, no se mueren—dijo un militar respondiéndole a Bosco. Entonces otro militar les interrumpió.
—Vamos. No es momento de pararse a hablar. Tenemos que llevar a estos militares al punto de evacuación.
El grupo siguió avanzando con los militares a la cabeza. Estos avanzaban con cautela y apuntando detrás de cada vehículo, contenedor y esquina.  Estaban llegando a la plaza cuando de repente, los militares se pararon en seco y obligaron a Bosco y a los demás a echarse al suelo. Antes de que Bosco pudiera decir nada, los militares comenzaron a disparar.
—¡¡¡Fuego!!!— escucharon gritar a un militar. Bosco levantó un poco la cabeza y vio como los militares disparaban contra un grupo de personas que avanzaba hacia ellos.
—¡¡Por ahí vienen más!!— gritó otro militar.
Los militares comenzaron a disparar en la dirección que señalo uno de ellos. Bosco miró también en esa dirección y vio acercarse corriendo a un gran grupo de personas. Algunos caían al suelo, pero rápidamente se ponían en pie para seguir avanzando.
—Joder—murmuró Toni sin poder creerse lo que estaba viendo.
Las personas que se acercaban corriendo, eran personas infectadas. No había duda alguna de ello. Toni recordó en ese momento las palabras de Iker Jiménez en el programa de debate. En ese momento, uno de los militares los obligó a levantarse a gritos y tirando de ellos. Una vez estuvieron de pie, ellos comenzaron a retroceder junto a los militares. Nuevamente vieron los tanques que habían cruzado la calle anteriormente. Una gran multitud de infectados los habían rodeado y comenzaban a trepar por la carrocería de estos. Eso hizo que los militares que los ocupaban, saliesen por la escotilla y abrieran fuego contra ellos. Uno de los infectados logró alcanzar a uno de los militares que disparaba y le mordió en la cara. El militar logró quitárselo de encima. Entonces se metió dentro del tanque y cerró la escotilla.
—¡¡¡Tenemos que salir de aquí ya!!!— gritó uno de los militares que los escoltaban mientras agarraba del cuello de la camisa a otro.
—Por ahí vienen más—dijo otro de los militares mientras abría fuego contra otro grupo de infectados. Cada vez había más a su alrededor.
—Nos van a rodear— dijo Alicia.
Un militar se acercó a ella y comenzó a gritarle a la cara. –Salid de aquí. ¡¡¡Marcharos!!!
—¿Y vosotros? Se supone que nos tenéis que escoltar hasta la plaza—dijo Anna
—¡¡¡Largo hostia!!!— gritó otro militar disparando sin parar a docenas de infectados que habían llegado por otra calle atraídos por el ruido de los disparos.
Bosco cogió entonces a Anna de la mano y comenzó a correr seguido por Toni y Alicia. Corrieron todo lo rápido que pudieron por la calle. Corrían sin descanso en dirección a la placeta. Estaban llegando cuando vieron como un helicóptero cruzaba el cielo y acababa estrellándose contra un edificio, haciendo que algunos cascotes y trozos de metal cayeran al asfalto. La onda expansiva de la explosión que llegó a continuación los tumbó. Sin perder tiempo, Bosco se levantó con pitidos en los oídos, comprobó que Anna estuviera bien y siguieron corriendo. Uniéndose a más personas que huían en la misma dirección que ellos. A lo lejos escucharon una explosión increíblemente fuerte.
Los cuatro llegaron por fin a la plaza. Allí pudieron ver una gran multitud de personas. Todos intentaban ser evacuados. Suplicaban y se empujaban los unos a los otros por ser los siguientes en subir a los helicópteros que iban despegando del centro de la plaza. También vieron como a ambos lados de la calle, se habían levantado unas barricadas. Tras ellas, cientos de infectados trataban de atravesarlas. Si lo conseguían, todas las personas que había en la plaza, morirían. En ese momento, vieron como un militar con un megáfono se subía a un banco de la plaza para quedar a la vista de todos. Entonces comenzó a hablar.
—Escuchen todos atentamente. Estamos haciendo todo lo posible para sacarles de aquí. Es importante que mantengan la calma y vayan subiendo al helicóptero de forma ordenada. Los infectados están al otro lado de las barricadas. No lograrán entrar.
—No estáis haciendo nada. Nos vais a dejar aquí ¡Cabrones! — gritó una mujer que había entre la multitud. Esta entonces le lanzó una piedra al militar. La cual impactó en el brazo de este. Eso hizo que la gente que había allí presente comenzara a increpar también a los militares. Algunos de los cuales, comenzaron a retroceder y a amenazar con sus armas a los civiles.
—Si. Sacadnos de aquí de una condenada vez. Ese es vuestro puto trabajo— gritó alguien que estaba entre la multitud. La cual, comenzó a alborotarse y a empujarse entre sí.
Bosco miro entonces a Anna. Después miró a Toni y a Alicia. –Esto no me gusta nada. La gente está desesperándose por momentos.
—Hay demasiada gente. Les llevará horas sacarnos de aquí— dijo Anna mirando entonces a la barricada –Esas vallas no resistirán tanto digan lo que digan. Tenemos que subirnos a un helicóptero cuanto antes.
—Entendemos que están asustados, pero por favor. Mantengan la calma. Todo será mucho mejor si están tranquilos. No se empujen— dijo un militar tratando de frenar y calmar a la marea de gente que casi se les estaba echando encima.
Un grito se escuchó entre la multitud en ese momento. La gente comenzó a empujarse más que antes. Algunos se apartaron y vieron entonces a un hombre sobre una mujer. Este le estaba mordiendo en la cara. Eso hizo que la gente allí reunida entrase en plena histeria.
—Está infectado. Ese hombre está infectado— dijo una mujer señalando al hombre. De la boca de este goteaba la sangre y trozos de piel de la cara de la mujer que yacía a sus pies.
Uno de los militares comenzó a ordenar que se apartaran de aquel tipo. Seguidamente le disparó al pecho varias veces, pero aquel hombre infectado no caía. Fue entonces cuando la mujer que estaba a los pies de su asesino, se incorporó y atacó a un hombre que estaba allí de pie, observando lo que estaba pasando.
—Hay infectados entre la gente— dijo Toni observando la escena y mirando después a Bosco.
El militar del megáfono comenzó entonces a apuntar con su fusil al lugar de donde venían los gritos de la gente. Aquello estaba comenzando a convertirse en un caos. La gente estaba cada vez más alterada.
Una mujer comenzó entonces a gritar y a señalar hacia el antiguo canal. –¡¡¡Ahí vienen más!!! ¡¡¡ Están llegando!!!
Eso hizo que la gente comenzara a dispersarse. En ese momento, Anna recibió un fuerte golpe en la espalda y cayó al suelo. Bosco la ayudó a levantarse.
—¿Estás bien? — le preguntó.
—Si… Si…— respondió Anna acercándose más a él.
—¿Que vamos a hacer ahora? —preguntó Toni –Esto se está desmadrando cada vez más.
—Tenemos que salir de aquí. Antes de que…— Bosco no pudo terminar la frase. De repente, sin previo aviso, el militar del megáfono que hasta hace poco había tratado de manejar la situación, comenzó a disparar contra toda la gente pese a que no pareciese estar infectada. Aquello era una locura. Mas disparos comenzaron a escucharse, había francotiradores en los edificios. Estaban disparando a discreción. Estaban disparando contra todos ellos.
—¡¡¡Hostia!!!— dijo Bosco agachándose y tirando de sus compañeros.
Toni que estaba agachado miró a Bosco –Están disparando contra todos ¿Qué está pasando?
—No podemos quedarnos aquí. Permaneced agachados y seguidme. Vamos— les indicó Bosco. Aquello que estaba pasando no era normal. Muy probablemente la situación se les había ido tanto de las manos a los militares que algún alto mando había ordenado la activación del protocolo de contención.
Los cuatro comenzaron a huir agachados. Evitando ser alcanzados por las balas. Los civiles que estaban por allí también trataban de huir, pero la mayoría no lo lograban. Una mujer que estaba cerca de ellos fue abatida de un tiro en la cabeza y cayó delante de Anna.
—Intentemos alcanzar uno de los helicópteros— dijo Toni señalando uno de los dos que había en la plaza.
Recorrieron el lugar rápidamente, justo cuando estaban a punto de alcanzarlo. Anna vio con horror que los dos únicos helicópteros alzaban el vuelo dejándolos en tierra. Había gente colgándose de las patas de estos. Toni miró entonces hacia arriba y vio como alguien forcejeaba con el piloto en la cabina. Aquello era una maldita locura.
El helicóptero comenzó entonces a perder estabilidad a diez metros del suelo y comenzó a perder altura. Este se precipitó de nuevo hacia la calle, las aspas comenzaron a golpear a las personas. Desmembrándolas. Había miembros cercenados por todas partes.
—Vámonos de aquí ahora mismo— dijo Bosco poniéndose de pie. El militar ya no estaba disparando contra la gente. Este había huido cuando los infectados invadieron la plaza.
El segundo helicóptero pasó a ras de suelo y acabó estrellándose en una de las barricadas. Esta cedió con un fuerte estruendo y los infectados quedaron libres. Estos, rápidamente comenzaron a correr hacia las personas.
Bosco y los demás echaron a correr a toda velocidad con cientos de infectados y civiles que trataban de huir pisándoles los talones. Si los infectados los alcanzaban, estarían perdidos. Pasaron corriendo junto a un militar y entonces escucharon una voz que salía de su walkie talkie. Quien fuera el que estaba al otro lado estaba ordenando lo que tanto había temido y pensado. Habían activado el protocolo de contención. Los militares tenían la orden de disparar contra todos. Bosco se quedó pálido.
Las calles estaban plagadas de infectados. Bosco, Toni, Anna y Alicia habían logrado dejar atrás la plaza. Corrieron por la calle sin mirar atrás, no era necesario que volvieran la cabeza para ver que detrás de ellos, había toda una locura sangrienta. Llegaron a un cruce. Delante de ellos había varios infectados cortándoles el paso. Muchos más a sus espaldas, los estaban rodeando. Bosco miró entonces a Anna, a Alicia y a Toni. Sintió que todo había llegado a su fin y que les había fallado, fue en ese momento, cuando de repente, la portería de uno de los edificios que tenían al lado, se abrió de golpe y apareció un hombre vestido con una especie de uniforme anti disturbios armado con escopeta. Este salió disparando y haciéndoles señas con una mano.
—Venid por aquí. Vamos—dijo el hombre abatiendo a un infectado de un disparo en el pecho.
Bosco y los demás entraron rápidamente por la puerta y el hombre se apresuró a cerrarla rápidamente, golpeando a algunos infectados. Estos no tardaron en comenzar a aporrear la puerta. El hombre, rápidamente puso un pesado mueble delante para impedir que aquellos seres entraran. Entonces el tipo los miró detenidamente a los cuatro.
—Bueno, bueno, bueno. Esto es lo que haremos. Subid hasta la terraza y pasad a la finca de al lado. No os preocupéis. Esto está seguro. Después, bajad hasta el cuarto piso. La puerta número ocho es mi casa. Nora es mi nieta. Ella os abrirá la puerta si le decís que vais de mi parte— dijo el hombre terminando de ajustar el mueble. Al otro lado, los infectados seguían golpeando los cristales.
Bosco y los otros hicieron lo que el hombre les dijo. No tardaron en llegar a la casa. Allí les abrió la puerta una chica joven de cabello rubio. Unos pocos minutos después, el hombre también llegó a la casa. Una vez allí puso el pestillo. Seguidamente miró a Bosco.
—Aquí estaremos seguros. Menuda se ha liado ahí fuera ¿Eh? Yo me llamo Mateo. Ella es mi nieta Nora. Por favor, sentiros como en vuestra casa. Por favor, pasad al salón— dijo el hombre mientras se quitaba el uniforme. Cuando se lo quitó, pudieron comprobar que se trataba de un hombre de unos sesenta años.
Una vez en el salón. Bosco se presentó –Encantado. Yo me llamo Bosco. Él es Toni y ella es Alicia— entonces Bosco llegó a Anna. Se quedó callado unos segundos y continuó hablando. –Ella es Anna.
—Muchas gracias por ayudarnos ahí abajo. Si no hubiese sido por usted… Quien sabe lo que podría habernos pasado. Puede que estuviésemos muertos— dijo Anna
—Habríais muerto— dijo en ese momento Nora.
—Por dios Nora. No seas tan directa. Disculpadla por favor. No tenéis que darme las gracias. Solo hice lo que debía hacer. Estamos pasando momentos muy duros. Debemos ayudarnos entre nosotros.
—Están usando el protocolo de contención— dijo Toni en ese momento. –Ha sido una locura. Los que de verdad deberían ayudarnos, no lo están haciendo. Hemos escapado de la plaza por muy poco.
—¿Hablas en serio? — preguntó Mateo frunciendo el ceño.
—Disparaban contra todos, aunque no estuviesen infectados. Han matado a mucha gente. Gente inocente. Casi nos han matado a nosotros—dijo Alicia
—Valla. Eso es terrible, pero desgraciadamente esas cosas suelen pasar cuando las cosas se salen de control—dijo Mateo sentándose en un sillón y bebiendo un trago de una taza de café que le había traído su nieta.
—¿Por qué siguen aquí? ¿Porque no han ido hasta la plaza para escapar en los helicópteros? —preguntó Anna –No es seguro permanecer encerrado en casa.
—No quise arriesgar la vida de mi nieta. Mi mujer murió hace dos años. Y sus padres murieron hace años en un accidente de tráfico. Mi niña es lo único que me queda—dijo Mateo acariciándole el cabello a la chica cuando esta se sentó en el brazo del sillón junto a él.
—Le entiendo perfectamente, pero no podemos quedarnos en este pueblo más tiempo. Tenemos que irnos cuanto antes. Vengan con nosotros—dijo Bosco
Mateo negó entonces con la cabeza –Por el momento las calles son peligrosas. No es aconsejable salir. Quedaros aquí a pasar la noche. Mañana decidiremos que hacer. Si queréis comer algo podéis coger lo que queráis de la nevera, y si queréis dormir, podéis usar mi habitación. Yo me quedaré en el salón.

16 de junio de 2010
03:00 horas de la madrugada…

Las horas pasaban lentamente.  En la calle se escuchaban los gemidos y los gruñidos de los infectados. En la lejanía, cada vez se escuchaban menos disparos. Era una señal evidente de que el ejército y las fuerzas del orden del pueblo estaban perdiendo la batalla.
—Parece que esto se está controlando— dijo Mateo dándole una taza con café a Bosco.
—Eso… O quedan menos tiradores. Las cosas ahí abajo estaban mucho peor de lo que usted ha visto. Lo de la plaza era un auténtico caos—dijo Bosco
—Entonces eso no es buena señal—respondió Mateo echándole una mirada a su nieta. Esta se había quedado dormida en el sofá. De vez en cuando parecía despertarse y se daba la vuelta. Seguidamente volvía a quedarse dormida.
—¿Qué edad tiene? —preguntó Bosco mirándola.
—Dieciocho años, pero a veces creo que es un poco niña. Lo de sus padres la dejó muy tocada— respondió Mateo al tiempo que la miraba.
—No ha hablado casi nada desde que estamos aquí. Espero no estar incomodándola.  Esto no es fácil para nadie. Este desastre va a cambiar el mundo—dijo Bosco
—Llevo rato dándole vueltas a esto. Me pregunto si no será algún tipo de castigo divino. Diría que dios se ha levantado con el pie izquierdo ¿No crees tú lo mismo?
—Yo no sé qué pensar. No soy creyente. No creo que dios tenga nada que ver con esto—dijo Bosco.
—Pues yo creo que todo tiene que ver con él. Hemos sido una raza nefasta. Nos hemos estado matando los unos a los otros y hemos pecado en infinidad de ocasiones. De algún modo creo que nos merecemos esto.
Bosco iba a responder a eso cuando Toni salió de la habitación y se acercó a ellos —Alicia y Anna se acaban de quedar dormidas. Les he dado unos tapones para los oídos y unas pastillas para dormir. No soportaban los gemidos. No le importa ¿Verdad? —preguntó Toni sentándose en una silla.
—No. En absoluto. Las chicas necesitan dormir. Esos gemidos resultan estresantes. Has hecho bien en darles también unas pastillas para dormir— dijo Mateo
—Muchas gracias. Aun no sé cómo le devolveremos el favor— respondió Toni.
—No me tenéis que devolver ningún favor. Es lo que he dicho antes. Debemos ayudarnos entre nosotros en esta crisis— dijo Mateo –Solo cooperando entre nosotros lograremos sobrevivir hasta que nos vengan a ayudar.
—Tiene usted mucha razón—dijo Toni. Entonces miró a Bosco. —¿Qué es lo que vamos a hacer?
—Yo espero que esto acabe pronto. Los ejércitos deben estar reagrupándose para contraatacar. Puede que sea cuestión de días. Con suerte puede que de horas. Tengo plena confianza en ello.
—Eso espero yo también, pero siendo sincero, dudo mucho que esto se solucione a corto plazo— dijo Bosco –Las cosas pintan terriblemente mal. Los militares estaban desbordados. No parecía que supieran que hacer.
Mateo se puso en ese momento de pie. Cogió de nuevo su escopeta y los miró –Bueno muchachos. Creo que deberíais acostaros ya y descansar. Yo me encargaré de montar guardia. Sois mis invitados, así que yo me encargo de todo. Buenas noches.
Toni y Bosco se acostaron. No tardaron mucho en quedarse dormidos. Estaban muy exhaustos. 
Durante la madrugada, Anna se despertó. Sintió náuseas y le vino justo incorporarse para vomitar a un lado de la cama. Alicia se despertó en ese momento y se acercó a ella.
—¿Te encuentras bien? — preguntó Alicia.
—Si. No es nada. Solo han sido nauseas, pero ya estoy bien—  dijo Anna. De repente le vino otra arcada y volvió a vomitar.
—No. No estás bien— respondió Alicia. –Voy a avisar a Bosco— cuando Alicia intentó levantarse. Anna la cogió del brazo.
—Te he dicho que estoy bien. No quiero que le digas nada a Bosco. Por favor— las miradas de Anna y Alicia se cruzaron en ese momento. Alicia se sentó frente a ella.
—¿Es la primera vez que vomitas? — preguntó Alicia.
Anna negó con la cabeza. –No. Lleva pasándome ya varios días.
—¿Y Bosco no sabe nada? — preguntó Alicia –Creo que, aunque ya no estéis juntos deberías decírselo…— Alicia la miró —¿Te has hecho la prueba?
—No— respondió Anna –Pero no le digas nada. Ahora volvamos a dormir.
Las horas iban pasando. Toni y Bosco estaban profundamente dormidos hasta que escucharon un ruido. Los dos se levantaron sobresaltados y se miraron el uno al otro temiendo lo peor. Rápidamente se levantaron de la cama donde estaban tumbados y salieron al comedor. Esperaron encontrar a Mateo y a su nieta, pero no había ni rastro de ellos. Toni quiso llamarles, pero Bosco le pidió silencio.
—¿Dónde está Mateo? —preguntó Toni en voz baja. —¿Dónde se ha metido? ¿Y la nieta?
—No lo sé… Mateo ¿Dónde estás? —preguntó Bosco en voz baja y mirando hacia la puerta de la entrada. Estaba comenzando a pensar que se había marchado y los había dejado allí tirados –Mateo…— Bosco volvió a llamar al anciano, pero Mateo no respondió a las llamadas de Bosco. Entonces, este vio luz en una de las habitaciones, la cual se filtraba a través de la puerta entre abierta. Era una luz débil, como la de un farolillo.
—¿Qué es esa luz? —preguntó Toni —¿Podría haber vuelto la luz?
—No creo— dijo Bosco acercándose a uno de los interruptores y prendiéndolo, pero la luz no se encendió. Se dio la vuelta y miró a Toni. –No. La luz no ha vuelto. Tendremos que mirar a ver.
Bosco y Toni se acercaron poco a poco a la habitación. Se quedaron frente a la puerta y la abrieron poco a poco. Cuando se asomaron al interior, contemplaron con horror la escena. La nieta de Mateo, Nora, estaba tumbada en una de las camas. La chica tenía la almohada sobre su cara y no se movía.
Bosco dio unos pasos hacia atrás y se quedó apoyado en la pared. —¿Qué cojones ha pasado aquí? ¿Qué le ha pasado a esa chica?
—Está muerta—dijo Toni entrando a la habitación. Le puso los dedos en el cuello buscando su pulso, pero no lo encontró. La chica estaba indudablemente muerta. Aunque aún estaba caliente. Hacía poco que estaba muerta. Bosco entró entonces en la habitación.  Fue entonces cuando en el espejo vieron el reflejo del armario. Este estaba abierto de par en par. En el interior se encontraba Mateo, colgando con un cinturón alrededor de su cuello. Se había ahorcado.
—Está muerto—dijo Toni acercándose al cuerpo. Bosco también se acercó y entre los dos lo descolgaron. Fue en ese momento cuando Toni encontró algo en el bolsillo. Era un trozo de papel –Mira. Es una carta.
Bosco la cogió y comenzó a leerla:

"Queridos amigos. Sé que encontraros esto no será fácil de digerir. Espero que comprendáis por qué hago esto. No soporto esta situación. Creí que podría, pero después de darle muchas vueltas, me he dado cuenta de que no es así. En parte es porque echo de menos a mi mujer. Sé que esta no es la mejor manera de solucionar las cosas, pero esta no es la vida que le quiero dar a mi nieta. Me he dado cuenta de que el mundo de ahora en adelante va a ser un infierno. Sé que no voy a soportarlo, prefiero estar con ella para siempre junto a mi esposa y sus padres descansando en paz en el paraíso en el que tanto creo. A vosotros os digo que espero que logréis sobrevivir y salir adelante en esta crisis. Lamento no despedirme personalmente. Pero os dejo esta carta. Mi casa es vuestra casa, podéis quedaros en ella tanto tiempo como deseos. De nuevo, os ruego que me perdonéis"

—Es una carta de suicidio— dijo Toni sentándose en el suelo.
—Primero asfixio a la chica con la almohada y luego se suicidó. El pobre hombre no soportó esto. Se rindió— dijo Bosco
—¿Y nosotros que se supone que haremos ahora? — preguntó Toni
—A ellas las dejaremos dormir hasta que amanezca. Una vez sea de día, iremos hasta la estación de trenes. Desde allí planearemos nuestro siguiente movimiento.  Deberíamos ir después al ayuntamiento. Creo que allí también estaban evacuando. De momento es lo único que se me ocurre— dijo Bosco
—¿Tú crees que será seguro? — preguntó Toni
—No lo sé, pero debemos salir de aquí sea como sea. No parece que estemos infectados. Si fuese así, creo que ya seriamos como los de ahí abajo. Además, en tu casa, los militares dijeron que estábamos limpios— respondió Bosco
—¿Y los cuerpos? ¿Qué hacemos con ellos? Pronto comenzaran a hincharse y a oler—preguntó Toni
—Lo sé, pero no podemos hacer otra cosa. Los dejaremos aquí y no les diremos nada a Anna y Alicia. Saber lo que ha pasado solo empeorará las cosas. Cuanto menos sepan, mejor—respondió Bosco mirando a Toni.  –Sé que no es lo mejor, pero ahora mismo creo que es lo único que podemos hacer.
—Sabes que preguntarán— dijo Toni —¿Qué haremos entonces?
—Les mentiremos. Les diremos que se marcharon. Supongo que nos creerán—dijo Bosco. –Ahora montaremos guardia.
Bosco y Toni envolvieron los cuerpos en sabanas y los dejaron dentro del armario. Después de eso regresaron al salón. Se asomaron por la ventana y vieron como el pueblo parecía estar muerto. Las calles se habían quedado prácticamente desiertas. Ya no se escuchaban disparos ni explosiones. Solo los gemidos de aquellos seres.
—Esto no es buena señal ¿Verdad? — preguntó Toni
—No. No lo es— respondió Bosco.

07:55 de la mañana…

Había amanecido. Anna y Alicia se despertaron y se prepararon un café en la cocina. Salieron al comedor y allí se encontraron con Toni y Bosco. Parecía que llevaban despiertos hace rato. Ellas les dieron rápidamente los buenos días. No pasó mucho rato hasta que se percataron de que Mateo no estaba allí.
—¿Dónde están Mateo y Nora? — preguntó Anna —¿Aun no se han despertado?
—Se marcharon hace un par de horas. Dijeron algo de un refugio. Nosotros decidimos no seguirles porque creí que necesitaríais dormir. Además, creo que dijeron algo sobre si en el refugio ya no había plazas— mintió Bosco. No podía contarles la verdad. Aunque le destrozaba mentirles sobre lo ocurrido.
En ese momento escucharon el ruido del motor de un helicóptero. Rápidamente se asomaron por la ventana y vieron uno. No era una alucinación. Era real, era un helicóptero de verdad. Aun había helicópteros volando. Eso significaba que todavía tenían oportunidades de escapar.
—Eso es un helicóptero. Creí que ya no había— dijo Anna con una sonrisa. De alguna manera estaba recuperando la esperanza.
—Pues tendremos que llamar su atención. Que sepan que estamos vivos—dijo Alicia
Bosco observó el helicóptero. Este iba en dirección a la playa. Miró a la calle y vio que no había ningún infectado a la vista. Estos se habían dispersado con el sonido del motor.
—¿Dónde están? — preguntó Anna
—Deben haber ido a alguna parte. Todavía pueden escucharse sus gemidos a lo lejos. Parece ser que se desplazan todos juntos— dijo Toni
—¿Notáis ese olor? — preguntó Alicia arrugando la nariz.
—Eso es el hedor de cientos, quizás miles de cadáveres. Este pueblo está completamente muerto. No se escuchan disparos. Probablemente seamos los únicos supervivientes de todo el pueblo— dijo Bosco –Debe haber muchos muertos.
—¿Que podemos hacer? ¿Cuál es el siguiente paso? — preguntó Alicia
—Salir del pueblo. Tal y como tenemos planeado. No podemos seguir aquí— dijo Toni
—Ya, pero… ¿A dónde se supone que podemos ir? —preguntó Anna
—El helicóptero. Debemos ir al ayuntamiento. Allí podremos usar la radio de la policía y ponernos en contacto con alguien. Si hay helicópteros volando, es evidente que en algún lugar deben quedar vivos— dijo Bosco.
—¿Y no nos dispararan como en la placeta? — preguntó Alicia –No quiero volver a pasar por eso.
Bosco se quedó pensativo. Sabía que Alicia tenía razón. No quería arriesgar las vidas de todos. Después de unos segundos tomó una decisión. Iban a arriesgarse.
*****
Los cuatro bajaron a la calle. No había nadie. La calle estaba completamente vacía. Comenzaron a andar con cautela para no llevarse sorpresas desagradables. Era como si hubiese pasado un tifón. Todo era un desastre. Había coches abandonados y quemados. Además de cadáveres completamente destrozados. Algunos estaban completamente devorados.
—¿No se levantarán? — preguntó Alicia manteniendo las distancias con los cadáveres que había en el suelo.
—No creo. Estos están muertos del todo— dijo Toni. –Están demasiado destrozados. Aunque se reanimaran, dudo mucho que alguno fuera una amenaza.
—No se ve a ninguno por ahí— dijo Anna
—No importa que no los veáis. Ahora, mantened los ojos bien abiertos— dijo Bosco –Si nos atacasen, tendríamos que correr.
—Si. Podrían salir de cualquier parte. Deberíamos haber cogido algo que pudiéramos usar como arma— dijo Toni
Continuaron caminando hasta que llegaron a la calle donde se encontraba la finca donde vivía Toni. Lo que vieron los dejó perplejos. El edificio había ardido y gran parte de él se había venido abajo.
—Ha ardido— dijo Toni –Habríamos muerto si hubiésemos permanecido en él.
—Habrá sido alguna explosión— dijo Bosco. Seguidamente los miró a todos. –Ya nos queda poco. Continuemos.
Siguieron andando por la calle hasta que vieron la estación de trenes a unos cien metros. Parecía que estaba muy tranquilo todo. Incluso podía verse un tren allí detenido.
Llegaron a la estación, entraron dentro y cerraron todo. Solo les quedaba ver cuál era su siguiente paso.

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