Seguidores

Agradecimientos

Gracias por seguirme desde hace tiempo o desde hace poco. Sientete comodo navegando en esta historia. Aunque no debes sentirte obligado. Se agradecerá todo donativo a este blog.

Suscribete

domingo, 6 de agosto de 2017

ZOMBIES Capitulo 15 Promesa

15
Promesa

Día 24 de junio de 2010
Instituto…

La   mano   me   temblaba a causa de los nervios. Tenía a Molano hablándome por el   walkie. Félix estaba probablemente muerto y no sabía el estado de Anna y Alicia. Aquella incertidumbre me estaba matando por dentro. Fue en ese momento cuando comenzó a sonar una música cuyo volumen, fue in crescendo.
— ¿Te gusta la música? La puse para crear ambiente para este momento tan bueno como este. Es una música muy acorde al momento en cuestión. Será algo épico… Bueno, dejando eso de lado, tengo algo que proponerte— dijo Molano —Algo a lo que no podrás negarte.
— Déjate de rollos y dime de una vez que cojones quieres— dije yo lleno de furia.
—Lo primero. Háblame con respeto. No te olvides de que sigo siendo tu superior… Por cierto ¿Cómo está el chaval? Se llama Félix ¿No? — preguntó Molano —Procuré no apretarle mucho la soga...
Miré a Félix. Este había vuelto a respirar. Lidia me miró entonces y levantó el pulgar en señal de que ya no corría peligro. Entonces, Raúl y Emilio la ayudaron a levantarlo para llevarlo al interior de uno de los coches donde estaría a salvo. Él no podía caminar, estaba muy herido, Molano seguramente le había estado golpeando.
—Sigue vivo— respondí
—Me alegro muchísimo. Me vaciló mucho antes de colgarlo. Me llegó a caer bastante bien. Espero que no me guarde rencor— dijo Molano con cinismo. Podía imaginármelo sonriendo al otro lado de la línea, observándonos desde algún punto del instituto.
— Anna, Alicia y Alex… ¿Qué has hecho con ellas? — pregunté mientras les hacía señas a los demás.
—No te preocupes por ellas. Las niñas están bien. Ninguna de las dos ha sufrido daños. Las necesito para negociar contigo— dijo Molano —Deja de hacer señas a los otros y atiéndeme de una puta vez. No me hagas prescindir de una de ellas.
Dejé de hacer señas y comencé a alejarme del grupo para hablar más tranquilo. Aunque el sonido de la música no me dejaba escuchar demasiado bien —Está bien ¿Qué es lo que quieres negociar?
—Verás, iré directo al grano. Por tu culpa, los demás dejaron de seguir mis órdenes. Ahora tú eres el líder… Felicidades. Has ascendido… Lo que te propongo, es salvar la vida de las dos chicas entregando la tuya. Es el trabajo de todo líder.  Procurar la supervivencia de los suyos. Si alguno muere, demuestras que como líder no estás a la altura— dijo Molano.
—Estás loco. Intentaste matarnos. Por eso tuvimos que inmovilizarte— respondí lleno de ira.
Los demás comenzaron a mirarme. Observaron cómo me iba poniendo nervioso por momentos. En ese momento, Bosco se me acercó. Pude notar en su cara la preocupación.
— ¿Qué está pasando? ¿Quién le ha hecho eso a Félix? ¿Y Anna y Alicia?
—Es Molano— respondí —Dice tener a Alicia y a Anna de rehenes?
— ¿Qué? —preguntó Bosco — ¿Qué tiene a mi novia de rehén?
— ¿Cómo que las tiene de rehenes? — preguntó Toni acercándose a mí. Los demás, también comenzaron a acercarse a mí. La tensión crecía por momentos.
—Mataré a ese cabrón— respondió Bosco en ese momento. Cargó el fusil que llevaba y quiso avanzar para adentrarse en el edificio, pero entonces, escuchamos un disparo y algo de arena saltó a los pies de Bosco.
—Diles a esos dos que no se les ocurra acercarse o les pegó un tiro en la cabeza a las dos chicas. Dejaré que lo escuchéis y después les reventaré la cabeza a ellos. Os tengo a tiro a todos— dijo Molano —Ahora mismo estoy apuntándole a la cabeza a Anna… Dile a Bosco que no se le ocurra moverse. Que deje el fusil en el suelo.
—Dice que… Si os acercáis… Si Bosco se mueve y no deja el fusil en el suelo… Matará a Anna…— respondí mirando a Bosco. Este gruñó e inmediatamente dejó el fusil en el suelo. Después levantó los brazos y comenzó a retroceder.
—Muy bien hecho— dijo Molano a través del walkie. —Ahora que Toni haga lo mismo o será Alicia la que pagué las consecuencias.
Tras escuchar a Molano, le hizo un gesto a Toni. Este asintió e hizo exactamente lo mismo que Bosco.
—Joder… Nos tiene fichados. Tenemos que hacer algo— dijo Toni —Tenemos que hacer algo… Puede que las haya matado ya… Esto es demencial.
Yo respiré hondo y volví a la conversación con Molano —Ya está. Ahora, dime que quieres que haga. Dímelo de una maldita vez.
—Es muy sencillo. Presta atención. Quiero que vengas tu solo. Te estaré esperando en la sala de profesores. Ya sabes dónde está. También, quiero que me traigas las llaves de uno de los coches blindados. Cuando llegues, mientras tú te quedas aquí, las chicas podrán marcharse— dijo Molano —Por cierto, ven desarmado. No necesitas armas.
—Vale… haré lo que dices, pero a mis amigos déjalos marcharse. A ellas no les hagas daño. Dame tu palabra— dije yo
—Tienes mi palabra, pero las condiciones aquí las pongo yo. Tú no estás en situación de poner condiciones de ningún tipo— dijo Molano —Aquí va una condición mía.
— ¿Cual? —pregunté yo
—Quiero que tus amigos se queden para ver cómo te ejecuto. Quiero que sean testigos de tu muerte, pero, si intentan largarse antes, si intentan intervenir, usaré el mando de las puertas y las abriré. Todos los infectados entrarán— dijo Molano.
Fue en ese momento cuando comprendí algo. Miré a las vallas y vi infectados en todas. Entonces volví a hablarle a Molano. —Por eso encendiste la música. Estabas atrayendo a los infectados hasta aquí.
—Muy avispado. Esto es la guerra y para tratar de sobrevivir, siempre hay que tener más de un plan. Si abro las puertas… Todos morirán. Solo dejaré irse a tus amigos tras matarte. Tus mueres y ellos viven. Eres su líder ¿No? Entonces debes tomar esas decisiones. Tienes que ser un buen líder.
—Eres un maldito pedazo de mierda.
—Cuidado con esa boquita. Otra cagada como esa y las mato ahora a ellas, abro las puertas y morís todos— dijo Molano —Fíjate en las vallas. Cada vez hay más muertos. No durareis ni medio minuto cuando todos empiecen a entrar. Tu no quieres eso ¿Verdad?
—Vale… Haré lo que dices…— dije yo, me sentía totalmente derrotado. Me maldije a mí mismo, porque sentí que todo aquello era culpa mía. Yo lo había provocado.
Entonces lidia se me acercó en ese momento —Juanma, pregunta por Alex.
Yo la miré a ella y después lancé la pregunta —También había un chico llamado Alex. ¿Dónde está? ¿Qué hiciste con él?
—A ese tuve que matarle. Entiéndelo. Con dos rehenes me sobraba… Y muy guapas, por cierto— dijo Molano —Ese chico sobraba mucho en este asunto. Aunque apuesto a que era majo.
— ¿Porque llegas a este extremo? — pregunté yo
Escuché entonces suspirar a Molano, justo después, escuché el chasquido del arma —Escúchame bien. Mi paciencia se agota, podemos seguir charlando y perdiendo tiempo, pero es tiempo que se resta a la esperanza de vida de tus amigas. Dispones de veinte minutos para presentarte ante mí… Ni un minuto más. Estoy siendo muy generoso. Preséntate solo, con las llaves y por supuesto desarmado.
—Estaré ahí, pero, necesito una demostración de que ellas están vivas— dije yo. Llevaba rato temiendo que ya las hubiese matado y que todo aquello no fuera más que una trampa.
— Me parece bien— Dijo Molano. Entonces hubo una pausa y segundos después escuché a Anna y a Alicia, seguían vivas — ¿Quieres decirles algo a las chicas? Es tu oportunidad de oro para tranquilizarlas.
—Anna… Alicia…  Soy Juanma, Toni y Bosco están los dos bien, están aquí conmigo. No tengáis miedo. Vais a salir de esta. Enseguida estaré ahí y Molano os dejará ir. Os lo prometo.
—Bueno, ya está. Lo dicho, aquí te espero—dijo Molano cortando la comunicación. Yo me di la vuelta y miré a los demás, haciendo esfuerzos para no romper a llorar.  Las cosas se estaban poniendo muy críticas.
—De acuerdo… Escuchadme todos. Id preparando los vehículos. Os vais esta misma noche. Siento que haya ocurrido esto.
— ¿Os vais? ¿Solo nosotros? ¿Y tú qué? ¿Vas a ceder a sus chantajes? — preguntó David —Debe haber alguna forma de salvar a las chicas y salir todos de aquí.
—Ya me habéis oído… Os marcháis. Ya está decidido— dije yo tratando de evitar el miedo que tenía.
— ¿Qué es lo que vas a hacer? — preguntó Leandro
—Hacer de líder… Toma…— dije mientras le daba mis armas a Leandro. Molano quería que fuera desarmado.
—Te va a matar… Lo sabes ¿No? — dijo Leandro tomando mis armas.
—Lo sé, pero tengo que hacerlo. Las vidas de Anna y Alicia… Las vuestras… Depende de ello— entonces miré a Paco —Dame las llaves del blindado.
Paco me pasó las llaves y me miró nuevamente —Esto es una locura. Deberíamos ir todos. Somos más que él y estamos armados. Lo tenemos fácil.
—No…— dije —Nos observa y está armado. Eso incumplirá el trato y las matará, después nos matará a todos. Dijo que fuera solo… Y es lo que haré— respondí.
******
Molano se paseaba de un lado a otro del aula. Mientras, Anna y Alicia estaban atadas a unas sillas. Observando a su captor. Este entonces las miró con una sonrisa. Estaba disfrutando del momento.
— ¿Lo veis? Ya os dije que vendría. No hay nada como poner en una balanza la vida de alguien para apretarle las tuercas a quien tú quieras… Con Juanma, era evidente que iba a funcionar. Él es tan bueno como estúpido. Entregará su vida a cambio de salvar la vuestra. Habría sido un excelente soldado, de no ser por qué decidió joderme—dijo Molano
—Eres un demente. Ojalá que Juanma te mate. Lo mereces— dijo Anna
—Voy a pasar por alto tu comentario… Básicamente porque si te mato, el trato se va a la mierda.  Quiero hacer las cosas bien…— en ese momento, Molano se acercó a Anna y le asestó una bofetada —…Pero vuelve a faltarme al respeto y te cortaré los dedos de las manos uno a uno.
******
Yo ya estaba listo. Me acerqué al edificio y comencé a subir por la rampa con el corazón golpeando en mi pecho, con tanta fuerza que parecía que iba a salírseme del pecho. Estaba completamente aterrorizado. Estaba caminando hacia mi muerte. Llegué al último piso y crucé la puerta doble que daba al pasillo. Comencé a avanzar poco a poco. El pasillo estaba oscuro y solo se iluminaba con la luz de los relámpagos. Fue en ese momento, cuando por la luz de un relámpago, vi en medio del pasillo el cadáver de Alex. Estaba atado con cuerdas por las extremidades, formando así una especie de cruz. Tenía un agujero en la cabeza y una frase grabada a cuchillo en el pecho, en el cual, podía leerse:
“Bienvenido. Sigue adelante. Sé un líder”
Pasé por debajo del cuerpo de Alex y seguí caminando. Fue entonces cuando vi una silueta. Se trataba de Molano. Este salió de la oscuridad y me sonrió. Fue entonces cuando me apuntó con una pistola.
—Te estaba esperando. Debo admitir que has superado mis expectativas. Viniste antes de lo esperado. Tienes huevos— Molano se acercó a mí y comenzó a cachearme, después me puso el cañón de su pistola en la frente. —Tienes muchos huevos… Porque, además, has venido sin armas. Te juro que pensé que vendrías armado, aunque fuese con una triste navaja multiusos. Vaya pelotas tienes. Al final vas a ser un buen líder y todo.
—Antes de dispararme… Quiero ver si es verdad que Anna y Alicia están bien. Quiero ver que siguen vivas. Llévame con ellas ahora mismo— dije yo levantando las manos.
—Bueno… Supongo que es tu última voluntad. Supongo que mereces que haga eso por ti. Le has echado un par de huevos. Es admirable. Así que cómo gustes— dijo Molano poniéndose detrás de mí y situando su pistola en la nuca —Hora de caminar.
Molano me llevaba hasta la sala de profesores. Allí estaban Anna y Alicia. Lo hacía a punta de pistola. De vez en cuando, soltaba alguna risita. Era evidente que estaba disfrutando mucho del momento. Yo no pude evitar entonces preguntar.
— ¿Por qué haces esto? No es necesario llegar más lejos. Todo puede solucionarse.
—He matado a uno… Puede que dos de los vuestros… Después de que me dejarais tirado en un polideportivo… Si. Seguro que vais a ser muy comprensivos conmigo. No me tomes por imbécil. Estaríais deseando pillarme desprevenido en cualquier momento para clavarme el puñal— Molano me empujó —Ahora calla y sigue caminando.
Llegamos a la sala de profesores. Entonces vi a Anna y a Alicia. Ellas estaban atadas a unas sillas. Al verme entrar, su expresión cambió, era una expresión de esperanza.
—Juanma… Has venido… Gracias…— dijo Anna con una sonrisa.
Yo asentí. —Os sacaré de aquí.
—Ve y cálmalas un poco. A veces se ponen muy pesadas— dijo Molano.
Caminé hacia ellas y las observé buscando heridas. Señales de maltrato. Entonces pensé en desatarlas, pero, entonces, escuché un chasquido a mis espaldas. Me di la vuelta y miré a Molano.
—No las desates. Ni se te ocurra. Dije que las calmaras, no que intentaras desatarlas. Eso vendrá después. Ahora ven hasta aquí y siéntate. Tenemos que hablar tranquilamente antes de matarte. Venga— dijo Molano señalando hacia un punto concreto de la sala.
Yo caminé hacia donde me señalaba. Una vez allí, me senté en una silla. Molano se sentó entonces frente a mí.
******

Bosco ya había cargado el jeep con las botellas de gasolina. No podía dejar de mirar a las vallas. Cientos, quizás miles de infectados seguían acumulándose allí, atraídos por la música que Molano había puesto. Por otro lado, los heridos estaban en la parte trasera del autobús. Los habían situado allí, donde estarían mucho más cómodos y seguros.
Toni se acercó a Bosco en ese momento —Comida, armas y agua ya están cargadas en los vehículos. Solo falta que bajen Anna y Alicia. Cuando ellas estén aquí, nos marchamos—dijo Toni.
— ¿Y Juanma? ¿Qué pasa con él? Es el quien se está jugando la vida— preguntó Bosco
—Ya lo sé, pero… Nosotros ya no podemos hacer nada—dijo Toni
—Me jode quedarme de brazos cruzados. Deberíamos hacer algo. Si el muere por nosotros… Será algo que nos pesará mientras vivamos— respondió Bosco apoyándose en el vehículo. Entonces, volvió a mirar a las vallas —Lo cual, no será mucho. Cada vez hay más infectados. Estaremos perdidos si entran.
Toni también miró hacia las vallas. Donde el número de infectados era cada vez mayor.
******
Lidia estaba curando a Félix. Hacía un rato que este había recuperado la consciencia. Aunque aún estaba algo conmocionado. Fue en ese momento cuando este, intentó hablar. Tosió varias veces y agarró a Lidia de las mejillas, mirándola fijamente.
—Tranquilo… No intentes hablar ahora. Espera a recuperarte un poco más. Has pasado por un trauma terrible, pero ahora… Estás a salvo— dijo Lidia con ternura. Le tenía mucho cariño a Félix y había temido mucho perderlo de esa manera.
—Quiere… Matarnos... Quiere matarnos a todos— dijo Félix sin soltar a Lidia. Sin embargo, esta se quitó las manos de el de las mejillas y lo fue tranquilizando.
— ¿Cómo está Félix? ¿Cómo están todos? — preguntó David entrando en el autobús mientras se secaba el agua de lluvia que lo empapaba.
—Están bien. El más grave es José, pero están fuera de peligro. Félix me preocupa. Aunque está bien… Está muy confuso y desorientado. Ha dicho que Molano quiere matarnos a todos— respondió Lidia
—Juanma está con él— respondió David —Espero que todo salga bien y no les ocurra nada. Ni a Juanma ni a las chicas… A nosotros solo nos queda esperar. Podríamos ir y ayudarle, pero un paso en falso y todos moriremos. Debemos confiar en Juanma.
*******
Molano estaba frente a mí. Sentado en una silla y apuntándome con su pistola mientras sonreía animadamente. De vez en cuando, miraba de reojo a las chicas y luego volvía a mirarme a mí.  Yo estaba sentado en una silla frente a él, observando el mando de las puertas y las llaves del coche blindado. Pensando, sobre todo, en cómo hacerme con el mando de las puertas y en la pistola. Eran esos dos objetos lo que marcaban la diferencia entre vivir o morir.
— ¿Porque tú? — preguntó Molano interrumpiendo mis pensamientos.
— ¿A qué te refieres? — pregunté yo —Explícate.
— ¿Porque te han nombrado a ti líder este grupo? Eres solo un niñato ¿Cómo han podido confiar en ti para esto? No reúnes las condiciones necesarias para liderar. Tú no puedes protegerles— dijo Molano —Es necesario que tengan a la cabeza a alguien más valido. Tu no lo eres.
—Puede que no tenga las virtudes necesarias para ser un líder… Puede que tengas razón en que no soy apto. Sin embargo, te equivocas en una cosa. Siendo buen o mal líder… Los sacaré de aquí con vida. Aunque no esté con ellos, aunque tú me mates aquí y ahora. Ellos saldrán vivos de aquí. sobrevivirán— dije yo
—No digas estupideces. Parece que no te has dado cuenta todavía… O no has querido hacerlo. Observa el mundo que te rodea. Observa lo que hay ahí fuera. El mundo se ha vuelto cruel. Ahí fuera… Solo existe una ley. La del más fuerte. Una ley que está hecha para mí y tipos como yo. Nosotros si estamos capacitados para liderar y construir un nuevo mundo. Uno que tú no llegarás a ver— dijo Molano con una sonrisa
—Ya. Me olvidaba que pretendes matarme. Solo así dejarás que ellas se vayan— dije yo echando una rápida mirada al mando de las puertas. Este, colgaba de uno de los bolsillos de Molano. Entonces, este se percató de ello y me miró.
— ¿Estás mirando esto? — Molano agarró el mando y me lo mostró —Yo que tú. No intentaría nada raro ni me haría el héroe. Aquí soy yo quien tiene el arma. Te dispararé antes de que puedas hacer nada. Luego mataré a las chicas y abriré las puertas permitiendo la entrada de todos los infectados. Cuando eso pase, cogeré una silla y me acomodaré en la zona más segura para observar como los infectados acaban con el resto…— dijo Molano —Será todo un espectáculo. Uno difícil de olvidar.
—Pretendes matarnos de todas formas… ¿Verdad? — pregunté entonces.
— ¿Quién sabe? Son muchas cosas las que pasan por mi mente en estos momentos. Hay veces que pienso en abrir directamente las puertas. Otras hago un esfuerzo para tomarme mi tiempo y no pegarte un tiro. Otras, me controlo para no neutralizarte las extremidades y dejarte ver cómo me las follo a las dos. Seamos sinceros… Ninguna de las dos está nada mal… Y voy necesitando desfogarme un poco. Puede que lo haga.
*****
Anna y Alicia observaban la conversación desde la distancia. Molano no solía mirarlas a menudo. Estaba demasiado ocupado apuntando a Juanma con el arma. Entonces, Alicia habló con la voz más baja que pudo. Solo para que Anna la escuchara.
—Estoy a punto de soltarme. Llevo rato moviendo las manos. Me queda un poco. Cuando termine, te desataré. Intenta no llamar la atención.
—Nos matará si nos descubre— dijo Anna totalmente nerviosa.
—Tienes que calmarte. Ya casi está. Ya casi…
Alicia logró soltarse entonces. Con mucho cuidado, alargó su mano por detrás de la espalda de Anna y comenzó a trastear con la cuerda. Sin dejar de mirar a Molano. Controlando que no las descubriera. Si Molano las miraba y veía lo que estaba sucediendo, abriría fuego contra ellas. Cuando ya casi había terminado de desatar a Anna, vio que Molano giraba su cabeza para mirarlas. Fue entonces cuando la expresión de Molano cambió.
— ¿Qué cojones?
Molano las había descubierto. Rápidamente, se levantó apuntando y con la intención de disparar. Fue en ese momento cuando vi mi oportunidad. Me levanté rápidamente y me lancé contra él, al tiempo que abría fuego. Logrando desviar el tiro. Ambos caímos al suelo y comenzamos a pelear. Rápidamente, miré a las dos chicas.
—Corred. Olvidaros de mí y corred…
Las dos chicas salieron por la puerta entonces y Molano me miró con una sonrisa mientras trataba de inmovilizarlo, manteniendo a raya la mano donde tenía la pistola. Si esa mano quedaba libre, estaría muerto.
—Que tierno… Realmente morirás por ellos.
Molano me golpeó. El golpe fue tan fuerte que me tiró al suelo. Molano se puso en pie y me pegó una patada en el costado. Este, rápidamente me apuntó con la pistola.
—Siempre tienes que complicar las cosas ¿No? — dijo Molano. Entonces, vio que seguía mirándole el mando de las puertas. Este también lo miró y sonrió. Lo cogió con una mano y me lo enseñó — ¿Es esto lo que quieres? Es increíble. Pones en una balanza tu vida, la cual, pende de un hilo porque puedo dispararte en cualquier momento. Sin embargo. Solo piensas en quitarme el mando. Muy bien— Molano dejó la pistola sobre una de las mesas. Después, me mostró nuevamente el mando. —Ahora intenta quitármelo—  Molano me cogió por el cuello.
—Vete a la mierda— dije yo escupiéndole a la cara.
Molano me soltó de nuevo y me empujó. Seguidamente, adoptó postura de combate cuerpo a cuerpo. Rápidamente comenzamos a intercambiar algunos golpes. Molano me pegó una patada en el estómago y yo caí de rodillas al suelo. Luego recibí un rodillazo en la cara y comencé a sangrar por la nariz.  Aun así, me levanté y volví a lanzarme contra Molano. Este me recibió con varios puñetazos y nuevamente volví a caer de rodillas.
—Que puta decepción. Esperaba mucho más de ti. Que resistieras un poco, pero ya estás incluso agonizando. ¿Así es como quieres liderar un grupo? ¿Así es como quieres protegerlos? No vales nada. Eres débil… Y ahora todos te verán morir.
Molano cogió la pistola y después me agarró por el pie. Me sacó a rastras de la sala de profesores. Vi como salíamos de la sala y pasábamos por delante de unas escaleras. Parecía que iba a sacarme al exterior para matarme delante de todos. Molano estaba totalmente fuera de sí. Si me mataba delante de todos, ellos, no dudarían en abrir fuego contra él, tenía las de perder.
Sin pensármelo dos veces, me agarré a un barrote y entonces me solté. Me levanté rápidamente y me lancé contra Molano, golpeándole en el pecho con mi cuerpo. Esté perdió pie al borde de las escaleras y los dos caímos rodando por las escaleras. Cayendo al rellano que había entre el primer y segundo piso.
Estaba completamente dolorido tras los golpes recibidos durante la caída. Seguramente me había roto alguna costilla. Miré a Molano con intención de quitarle el mando de las puertas, pero este, se puso de pie y puso su pie sobre mi cabeza.
—Eso último que has hecho ha estado muy bien. Me has sorprendido, aunque no lo suficiente. Tu cabezonería les ha costado la vida a tus amigos— Molano me cogió de nuevo y me levantó, me asestó varios golpes en la cara y en el cuerpo. Me acercó al borde de las escaleras, me dejó de pie y me asestó una violenta patada. Nuevamente caí por las escaleras hacia el primer piso. Sintiendo un fuerte dolor, uno cada vez más penetrante. Intenté levantarme y me pisó la espalda, impidiendo que pudiera levantarme. —Vamos a dar un pequeño paseo.
******
Anna y Alicia llegaron abajo junto a los demás. Enseguida, Bosco y Toni corrieron a su encuentro. David también corrió tras ellos.
— ¿Estáis bien? ¿Os ha hecho algo? — preguntó Bosco abrazando a Anna.
Anna negó con la cabeza. —No… Estamos bien. Juanma está…
— ¿Dónde está Juanma? — preguntó David acercándose a ella.
—Se estaba peleando con Molano cuando nos escapamos. Nos ha dicho que nos vayamos—respondió Anna mientras los demás se reunían en torno a ellas. —Nos ha salvado…
—Entonces si os ha salvado… No podemos irnos sin él. Dinos donde están, iremos a ayudarle— dijo Leandro —No podemos dejarlo que muera.
—Es lo que ha dicho Juanma… Que nos vayamos ya. No es que lo hayamos decidido nosotras— dijo Alicia —Yo no me marcharía, pero…
—Me da igual lo que dijera— dijo Bosco —No podemos irnos sin él. Eso nos pesará siempre.
—Puede que te pese a ti, pero no a mí— dijo Raúl —Él nos ha metido en esto con ese chalado. Si él dice que nos vayamos, nos vamos. Es su decisión.
—Te estás columpiando— dijo David —Se te nota mucho odio en esas palabras.
— ¿Algún problema? — preguntó Raúl —Solo expreso que lo que pienso. Él nos metió en esto. Por el casi morimos en nuestras respectivas misiones. De hecho, ya han muerto varios. No pienso sentir pena por alguien que no me importa.
—Aquí hemos sobrevivido porque hemos permanecido unidos. Juanma nos ha mantenido unidos. Si a ti no te interesa esto. Eres libre de marcharte. Si tienes algo en contra de Juanma, lo tienes en contra de todos.
Bosco y los otros asintieron. Todos estaban de acuerdo con David. No estaban dispuestos a marcharse sin Juanma.
*****

Molano había llegado a una de las aulas, llevándome a rastras. Una vez allí me sentó en una de las sillas y nuevamente me apuntó con su pistola. Yo por mi parte, tenía la cara ensangrentada. Estaba aturdido. A duras penas podía abrir los ojos, los cuales, estaban hinchados. Molano cogió nuevamente el mando de las puertas y me lo mostró. Intentó apretar el botón y yo volví a lanzarme contra él repentinamente. El no tuvo tiempo a reaccionar y logré pegarle un puñetazo en el estómago, luego le asesté un cabezazo. El apenas retrocedió y respondió con una patada en mis riñones. Yo mantuve el equilibrio y volví a golpearle. Esta vez con todas mis fuerzas. Logré entonces arrebatarle el mando de la puerta.  Con un rápido movimiento, también cogí las llaves del coche de su bolsillo. Rápidamente, comencé a acercarme a la puerta. Todo me dolía, pero, aun así, seguí avanzando. Estaba a punto de alcanzarla cuando de repente, Molano se lanzó contra mí y volvió a derribarme.
—Estás muy cabezón señor Martínez, pero se acabó— dijo Molano mientras volvía a quitarme el mando. —Podría haberle disparado, pero eso me quitaría mucha diversión. Moriría demasiado rápido y eso me rompería el corazón.
—Que te jodan— le espeté
—Esa boca Martínez— dijo Molano agarrándome del pelo para alzarme la cabeza y seguidamente golpearme contra el suelo.
Yo me mareé nuevamente y entonces, noté como ponía sus manos alrededor de mi cuello. Fue entonces cuando comenzó a apretar.
No podía respirar. Mi vista comenzó a nublarse. A tientas, comencé a buscar algo con que defenderme, entonces palpé el mango de un machete. Sin pensármelo dos veces, agarré el mango y di un tirón. Saqué el machete de su funda. Blandí el machete en el aire y lo hundí en la pierna de Molano. Este lanzó un alarido de dolor y me lanzó a un lado. Con tanta fuerza que me golpeé la cabeza con una de las mesas. Levanté la vista y vi a Molano sacarse el machete y acercarse a mí.
—Te voy a arrancar la piel a tiras— dijo Molano —Ya te he aguantado demasiado.
Molano volvió a lanzarse contra mi e intentó clavarme el machete. Yo fui más rápido y lo esquivé. Agarré una silla que tenía al lado y bloqueé otro ataque. Este lanzó un segundo tajo al aire y logró hacerme un corte en el pecho cuando fallé en el segundo bloqueo. Aun así, contesté con una patada e hice que el machete saliera volando. Esto no detuvo a Molano. Él me asestó una patada en el estómago. Yo choqué de espaldas contra la pared y caí de culo al suelo. Este me asestó una patada a la cara y caí de costado.
—Puto Martínez. Me estás dando muchos problemas. Más de los que esperaba—dijo Molano.
Yo no podía moverme apenas. Me dolía todo el cuerpo, y estaba totalmente rendido. No sabía cuánto tiempo más iba a poder aguantar. Estaba completamente a su merced. Aun así, no soltaba el mando de la puerta.
—Es increíble… Pese a todo, sigues sin soltar el mando. Te estoy reventando y tú, solo piensas en el puto mando… Dámelo o te lo quitaré a la fuerza—dijo Molano
—Que te jodan hijo de puta— dije yo entre jadeos.
—Tú mismo— Molano puso su pie sobre mi mano derecha, la cual, era la mano donde sostenía el mando. Entonces escuché un crujido seguido de un fuerte y punzante dolor. Molano me había roto la mano y me quitó el mando. Mientras yo me retorcía de dolor, Molano cogió el machete y me lo puso en el cuello —Podría matarte ahora mismo, de hecho, lo deseo, pero quiero que veas como las puertas se abren, los infectados entran y tus amigos mueren. Eso es lo ideal.
—No… No lo hagas. Ellos no tienen nada que ver. Déjalos que se vayan— dije yo entre jadeos e intentando incorporándome, aunque enseguida caía rendido.
—Demasiado tarde. Serás testigo de la masacre. Alégrate, vas a verlo en primera fila—dijo Molano levantándome del suelo de forma brusca. Entonces me empujó contra la pared.
—Te lo suplico. No les hagas daño. Por favor— dije yo, notando como las lágrimas comenzaban a surgir —Déjalos al margen.
— ¿Porque no debería hacerlo? ¿Qué me lo impide? ¿Tú? — preguntó Molano
—Es a mí a quien querías ¿No? Pues ya me tienes. Déjalos marcharse— dije yo rompiendo a llorar finalmente. Las lágrimas comenzaron a recorrer mis mejillas.
— ¿Estás llorando? —preguntó Molano —Eso si es tierno. Al final me harás llorar a mí también… O tal vez no.
—Por favor. Déjalos marchar… A mi hazme lo que quieras. Mátame si es lo que quieres. Hazlo, pero deja que ellos se marchen. Debo protegerlos— dije yo
— ¿Protegerlos? Tú no puedes proteger a nadie— dijo Molano con una gran sonrisa
—Se lo prometí ¡¡¡¡Prometí que los protegería!!!!— grité con rabia.
Molano comenzó a reír y me golpeó con rabia. Luego me cogió por el cuello y me dijo al oído —Has fracasado en tu promesa. Ahora, vas a ver cómo—  Molano me sacó a la terraza y me puso a la vista de todos.
Todos me miraban. Estaban completamente consternados. Allí estaban todos bajo la lluvia. Observando mi derrota a manos de Molano. Una derrota que los condenaba a todos. En ese momento, David y los otros apuntaron a Molano con intención de disparar, pero, este me puso el machete en el cuello y luego mostró el mando de las puertas mientras sonreía triunfalmente. Había ganado.
—Ni se os ocurra. Si me disparáis, las puertas se abrirán.  Y a vuestro líder le cortaré el cuello. Así que mejor no lo intentéis. No lograreis mucho— dijo Molano. Entonces vio a Ángel con intención de dispararle. —Quieto ahí o morís todos. No te la juegues— Ángel bajó el arma con resignación.
—Déjalos marchar. Ya has ganado, me tienes donde querías— dije yo
—Silencio— dijo Molano apretándome la mano rota.
Lancé un grito de dolor. La mano me dolía a horrores. Me dolía todo el cuerpo en realidad. Más lágrimas aparecieron en mis ojos. No podía dejar de pensar en lo mal que había terminado todo.
—Lo siento— comencé a mirar a mis compañeros. —Intenté protegeros y os he condenado a todos. No merezco ser el líder de este grupo. Lo siento… Yo os he matado a todos.
Todos me miraban estupefactos. Molano sonreía satisfecho. Entonces, me levantó la cabeza por el pelo y me susurró —Ahora observa con atención.
En ese momento, apretó el botón y las puertas comenzaron a abrirse lentamente.  Después de eso, Molano dejó caer el mando y lo pisó, haciendo que las puertas no pudieran volver a cerrarse.  Los infectados comenzaron a entrar en el instituto por todas las puertas que había. Todas y cada una de ellas estaban conectadas al mando. Molano nos había matado a todos.
—Observa bien esto. Observa como todos tus amigos mueren. Mira cómo has fracasado en tu promesa de protegerlos—  me dijo Molano al oído —No te pierdas detalle.
Pude ver como todos mis amigos comenzaban a correr mientras los infectados entraban en oleadas. Pronto, el instituto estaría infestado de aquellos seres y mis amigos no podrían escapar. Nadie podría escapar en realidad, ni siquiera Molano.
La rabia me invadió como nunca antes me había invadido. Nunca antes me había sentido así. Sin saber cómo, logré revolverme y golpeé a Molano una y otra vez mientras este, sorprendido, no sabía cómo reaccionar. Logré arrebatarle el machete tras golpearle con el puño y se lo clavé en el estómago una y otra vez.  Molano era duro y me asestó una patada. Caí de espaldas al suelo y me retorcí de dolor. Fue entonces cuando comencé a escuchar los gemidos de los infectados. Estos estaban subiendo por la rampa.  Molano los vio y comenzó a desesperarse. Tanto que comenzó a disparar a los primeros infectados que vio. Retrocedió unos pasos y entonces me apuntó con su arma. Apretó el gatillo y entonces, descubrió con horror que ya no le quedaban balas.
Con mucha rabia, tiró la pistola a un lado, agarró el machete y me miró —No necesito una pistola para matarte.

Molano se lanzó sobre mí con el machete en alto con intención de matarme. Me clavó el machete en un hombro y lancé un grito de dolor, seguidamente, me lo clavó una segunda vez en el mismo sitio donde me lo había hundido la primera vez.
—Estás durando demasiado… Señor Martínez… Demasiado.
Pese al dolor. Llevé mi mano hacia la pierna que le había herido anteriormente y hurgué en ella. Eso hizo que Molano gritara de dolor. Dejándome libre de su presa.
Me quité a un malherido Molano de encima. Me puse en pie a duras penas. Sangrando abundantemente. Me asomé para ver a mis amigos y entonces, aunque a ellos no los vi, lo que, si pude ver, fue a una gran multitud de infectados llegando hasta donde estábamos Molano y yo. Tenía que escapar de allí como fuera, pero estaba literalmente destrozado y mareado por la pérdida de sangre.
Molano y yo estábamos malheridos. Ninguno de los dos podríamos escapar. En ese momento. Molano volvió a lanzarse contra mí. Estaba furioso y comenzó a darme puñetazos. Me lanzó contra una pared y posteriormente trató de tirarme de la terraza, pero como no podía, comenzó a intentar estrangularme.
—Me tienes harto. Muérete de una maldita vez. Muere…
Alcé la vista a duras penas y vi que teníamos a los infectados a unos nueve metros. Cada vez más cerca. Fue en ese momento, en un último esfuerzo, cuando golpeé a Molano.  Me incorporé a medida que Molano trataba de volver a recuperar el equilibrio. Reuní fuerzas a la desesperada y con un último empujón, lancé a Molano contra los infectados. Los infectados lo rodearon y entonces comenzaron a morderle mientras Molano comenzaba a gritar. Eso, hizo que los infectados se concentraron en él, dándome un tiempo precioso a mí.
Yo retrocedí y comencé a alejarme de la zona aquella. Aunque no tenía a donde ir. Estaba atrapado en aquella terraza y los infectados ya se habían concentrado en mí. Estos venían directos a por mí. No tardarían en alcanzarme.
Terminé apoyándome en una pared de la terraza, debajo de una ventana. Totalmente agotado y esperando mi final.  Vi a los infectados cada vez más cerca, ya podía percibir su hedor. Fue en ese momento cuando dos siluetas aparecieron ante mí. Estas me levantaron y cargaron conmigo. Me metieron al interior del edificio y comencé a ver como los azulejos pasaban bajo mis pies. Miré a ambos lados y vi que se trataba de Toni y de Bosco.
—Venga Juanma… Aguanta… No nos abandones. No es tu hora. Todavía no— me decía Toni. Yo lo escuchaba como lejano.
—Tenemos que llegar a los vehículos. La mayoría de infectados están dentro del instituto. Aguanta— dijo Bosco
—No puedes morir ahora. Ni se te ocurra— dijo Toni
Mi vista estaba completamente nublada, aunque vi como llegábamos al exterior. Una vez allí, vi entonces como varios más de mis compañeros salían a nuestro encuentro. Estos comenzaron a disparar a los infectados. Vi cómo me subían al autobús y me tumbaban, traté de ver quien estaba allí, pero estaba demasiado débil. Sentí que me iba.
—Vamos... No te rindas ahora— dijo Lidia mientras me rasgaba la camisa.
Justo cuando noté que el autobús se movía, cerré los ojos y perdí el conocimiento.
—Lidia ¿Cómo esta Juanma? —preguntó Toni acercándose a ella.
—Está inconsciente, pero vive.  Necesita urgentemente una transfusión de sangre. Ha perdido mucha— respondió Lidia mientras ojeaba los apuntes sobre el tipo de sangre que había estado haciendo días antes.
—Salgamos de aquí de una puta vez— dijo Ángel al volante del autobús.

El autobús, seguido del jeep reforzado y los dos furgones blindados, comenzaron a atravesar el pueblo. Atropellaban a los infectados que se cruzaban. Este gran vehículo había sido preparado para abrir camino rápidamente. La noche estaba muy entrada y la lluvia caía de forma torrencial. La desesperada huida de Puzol había comenzado, dejando atrás todos los recuerdos y esperanzas que un día tuvimos y anhelamos. Todo había quedado en el pasado. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario