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domingo, 6 de agosto de 2017

ZOMBIES Capitulo 17 Un largo camino

17
Un largo camino

Día 9 de julio de 2010…
Playa del Puig…

Habían pasado tres días desde que habíamos llegado a aquella casa. Habían sido días tranquilos y no habíamos visto ningún infectado merodeando cerca de nosotros. Aunque más allá de nosotros, sí que habíamos visto alguno solitario. Dos como mucho. Nos habíamos distribuido por toda la casa y habíamos convertido en habitaciones aquellas salas que no eran muy necesarias para nuestra estancia allí, ya que, aunque estábamos cómodos, no iba a ser para siempre y tarde o temprano íbamos a tener que proseguir nuestro camino.
Yo ya estaba listo, me levanté de la cama donde solía descansar y caminé por el pasillo. Pasé entonces por la habitación donde estaba José y allí dentro vi a Lidia. Ella pasaba mucho tiempo con él, siempre cuidando de él, probablemente esperando a que ocurriera lo más probable. Eso era la muerte de mi compañero. Aunque en esos momentos, el, seguía resistiendo.
Llegué a la planta baja y una vez allí, me dirigí al jardín. Allí estaban David y Félix terminando de cargar el blindado, con el que íbamos a ir a buscar más combustible.
—Veinte garrafas… ¿No son demasiadas? —preguntó Félix cuando me vio llegar —Creo que nos hemos excedido un poco.
—Puede que nos hayamos pasado, pero, prefiero que nos sobre a que nos falte— respondí.
—Yo ya estoy preparado ¿Llevamos suficiente munición? —preguntó David mientras comprobaba la pistola y el fusil que llevaba. Después, comprobó los dos cargadores de cada que llevaba en los bolsillos del chaleco militar que se había puesto.
—Sí.  No te preocupes por eso. En caso de vernos en problemas o necesitarlo. Bastará con apuntar bien a la cabeza. Aunque, sería mejor si no tuviéramos que usarla ¿No te parece? —dije yo comprobando mi pistola y mi bayoneta. Eran las únicas armas que iba a poder usar. Todavía no tenía la mano lo bastante recuperada como para usar un fusil.
Lidia bajó en ese momento y salió al jardín. Entonces, comenzó a caminar hacia nosotros. De su mano derecha, colgaba una pequeña mochila de color blanco.
— ¿A dónde vas? Espero que no quieras venir con nosotros. Creo que es mejor que te quedes aquí. No te lo tomes a mal—dije yo
—Tranquilo adicto al suicidio. No estoy tan colgada como tú. Solo te traigo una mochila con vendas y paracetamol. También un kit de costura por si se te vuelven a saltar los puntos. Es más que nada por si pasáis más tiempo fuera del previsto— respondió Lidia con una media sonrisa. Entonces miró a Félix y David —He dejado también unos apuntes donde os enseño los pasos a seguir por si tenéis que coserle. No es difícil… Tranquilos.
—Oh, gracias— dije tomando la mochila. Me la colgué al hombro y miré a Lidia —Eres muy amable, pero, lo de adicto al suicidio me ha dolido un poco.
—Bueno. Todo listo ¿Podemos irnos ya? — preguntó Félix mientras se subía al blindado.
—Si. vámonos— dije yo subiéndome al blindado. Concretamente me senté en el asiento del copiloto. David se puso al volante. Entonces me asomé por mi ventanilla y Lidia se acercó.
—Recuerda… No fuerces el brazo o no se te curara nunca. Tardarás cerca de un mes en estar totalmente recuperado— Entonces miró a Félix y David —Y esto va para todos. No hagáis el loco. Tened mucho cuidado y regresad sanos y salvos.
Lidia fue quien nos abrió la puerta de principal. Cuando salimos, cerró rápidamente. Mientras nos alejábamos lentamente, miré hacia una de las ventanas del piso de arriba y vi a Bosco con un fusil vigilando.  Este me saludó y yo se lo devolví rápidamente. Después de eso. David pisó el acelerador y el blindado aumentó la velocidad una vez entramos en la carretera.
*****
Llevábamos casi diez minutos en la carretera. Todavía no habíamos visto ninguna gasolinera. Lo que sí que vimos, fue a algunos infectados solitarios en la carretera. Los cuales, al vernos pasar cerca de ellos, levantaban los brazos con la intención de cogernos. Al poco rato, cuando llegamos a la autopista, vimos varios coches abandonados. En varios de ellos, podíamos ver cuerpos de personas que parecían inertes, pero que reaccionaban cuando nos veían pasar. Lanzándose contra los cristales y golpeándolos con los puños.
—Pobres desgraciados. Ni siquiera fueron capaces de salir de los coches— dijo David
Los tres observábamos con atención a los infectados que permanecían dentro de sus vehículos. Dando la impresión de que eran unos féretros de hierro. No nos resultó difícil imaginarnos como había pasado. Fueron asaltados durante un atasco. Los infectados, desde el exterior, irrumpían en el interior a través de las puertas o de los cristales. Allí les mordían o simplemente, el que entraba, ya no podía volver a salir. Seguimos nuestro camino y pasamos junto a un autobús escolar. Observamos los cristales y los vimos manchados de sangre. Lo cierto, era que era un panorama desolador.
— ¿Puedes acelerar un poco? — pregunté mirando a David.
Recorrimos un trecho de la autopista tras meternos por un camino pegado a esta. Solo así íbamos a poder avanzar.
—Bueno ¿Qué gasolineras tenemos cerca? — preguntó Félix
—En el Polígono de Rafelbuñol tenemos varias. Pasaremos por ellas y las inspeccionaremos todas— respondí mientras sacaba un mapa.
—De acuerdo. Pues al polígono de Rafelbuñol— dijo David acelerando un poco más.
Logramos dejar el atasco atrás y nos metimos por un camino que nos llevaba entre campos de naranjos. Allí vimos cosas que nos helaron la sangre. Había vehículos en la cuneta. Junto a ellos, vimos un cuerpo en el suelo, sobre él, había dos infectados. Estos eran niños de unos cinco años. Un niño y una niña.
Al verlos, Félix apartó la vista —Dios… Esto es desolador. Llevamos varios días desde que empezó esto y no hemos visto a nadie más con vida. Todos son infectados. Solo infectados.
—Creo que deberíamos hacernos a la idea de que muy probablemente seamos los únicos seres vivos de la zona. Incluso, puede que del mundo… — dijo David mirando al frente mientras conducía. —Sería algo horrible…
— Deberíamos dejar de pensar en eso. Concentrarnos en lo que importa y en buscar un lugar que pueda ser seguro. Un lugar en el que comenzar una nueva vida… Quizás… Un lugar donde podamos reunirnos con nuestras familias.
— ¿De verdad piensas que puede existir ese lugar?
—Esa es la esperanza que tengo. Me niego a darlo todo por perdido. Ya hemos pasado por mucho… Y estoy seguro que esto es solo el principio, pero no pienso renunciar a encontrar un lugar donde podamos vivir seguros, tranquilos y en paz— respondí.
—Pues espero que pronto encontremos alguna evidencia de esa esperanza… Antes de que los demás empiecen a perder la suya— dijo David
—Yo sé que en Puzol ya no quedaba nadie más aparte de nosotros— dijo Félix —Creo que de haber alguien más, habríamos tenido noticias suyas durante el tiempo que estuvimos en el instituto. Es triste pensarlo, pero es así.
Seguimos nuestro camino hasta que por fin llegamos al polígono de Rafelbuñol. Allí vimos que varias de las naves industriales habían ardido hasta los cimientos. Las calles estaban llenas de ceniza.
—Esto es lo que pasa cuando no hay bomberos que controlen los incendios— dijo Félix mirando hacia una fábrica de cajas de madera.
Seguimos dando vueltas por el lugar, encontramos dos gasolineras, pero el fuego las había arrasado, de hecho, era muy probable que el fuego, se hubiese originado en una de ellas.
—Qué mala suerte— dijo David dándole un puñetazo al volante.
—Sigue conduciendo— le indiqué yo —Sigue por aquí. El fuego no alcanzó esta zona.
David condujo por una calle y al final de esta, vimos el cartel de una gasolinera Repsol. Esta parecía en muy buen estado. Solo faltaba que todavía quedase gasolina en los surtidores.

Rafelbuñol…

Cuando llegamos a la gasolinera, David detuvo el blindado y los tres bajamos con suma cautela. Félix se acercó a los surtidores y comprobó que hubiese combustible. Este nos miró y levantó el pulgar en señal de que había combustible. Enseguida, comenzamos a descargar todas las garrafas, teníamos intención de llenarlas hasta arriba.
—Parece que no hay infectados a la vista. Démonos prisa con esto. No sabemos cuándo pueden sorprendernos— decía Félix mientras llenaba una.
David y yo cogimos un par cada uno. Nos acercamos a otros surtidores y comenzamos a llenarlas. Teníamos que darnos prisa. Cuanto antes las tuviéramos. Antes podríamos regresar a la casa con los demás. Diez minutos después. Cuando ya las tuvimos todas llenas, las cargamos en el vehículo.
—Bien. Esto ya está. Regresemos— dije yo dando por finalizada aquella misión.
—Esperad— me interrumpió Félix —Esto está muy tranquilo. Vamos a coger algo de comida de la tienda. Seguro que encontramos precocinados— dijo Félix —Eso nos vendrá de lujo. No desaprovechemos esta oportunidad. No parece que nadie haya saqueado el lugar.
David y yo nos miramos. Félix tenía razón. Allí no se veía infectados y la tienda parecía estar llena. No podíamos desaprovechar una oportunidad tan buena como esa.
Los tres entramos en la tienda y en unas cestas comenzamos a cargar comida precocinada. Entonces, vi como Félix, echaba en la cesta, una caja de preservativos.
— ¿Para qué quieres eso? — pregunté yo sacando la caja y mostrándosela de nuevo.
—Porque son de mi talla XXL— bromeó Félix. Al ver que n me reía, cambió de tono — ¿No es evidente? Hay chicas en el grupo. En algún momento surgirán parejas o algún rollo— Félix señaló la caja —Protección, ante todo. No creo que sea buena idea traer niños a un mundo como este.
—No cuentes ni con Anna, ni con Alicia. Ellas ya tienen pareja. Tampoco cuentes con Lidia— dije yo
Félix mostró en ese momento una sonrisa burlona — ¿Porque? ¿Acaso te gusta? Veamos, si te gusta lo respetaré, pero si no… voy a ir a por ella. Y lo haré a cuchillo— respondió Félix —Esa chica es preciosa. Habría que estar como un cencerro para no fijarse en ella.
—No es cuestión de si me gusta o no. Simplemente, dudo que sea del tipo de chica a la que le va lo de rollo de una noche.  Parece más de relación estable— respondí.
—Bueno. Yo tenía pensado cortejarla como un verdadero galán— respondió Félix.
Íbamos a salir de la tienda, con la intención de regresar a la casa. Fue en ese momento, cuando escuchamos un ruido fuera. Nos miramos los unos a los otros y con mucho cuidado, nos acercamos a las ventanas. Ocultándonos para evitar ser vistos desde fuera. David y yo nos asomamos un poco y fue cuando vimos a una persona rebuscando en el blindado. Estaba junto a la puerta del conductor. Después, caminó hacia el maletero.
— ¿Es un infectado? — preguntó Félix mirando y preparando su arma.
—No lo creo. Parece una persona normal a juzgar por cómo se mueve y actúa. No lo hace como lo haría un infectado— dije yo mientras observaba los movimientos de aquel desconocido.
— ¿Será un saqueador? — preguntó David mirándome y hablando en voz baja.
—Puede ser… Vamos a salir.  Lo haremos poco a poco. Parece que está solo… Pero, podría haber más saqueadores escondidos. Esperando a que salgamos…— dije preparando mi pistola. Después miré a Félix. A él, le hice una señal y le dije a David que permaneciera allí dentro. Él nos cubriría.
David tomó posición mientras que Félix y yo salíamos despacio. Cada uno caminó por un lado del vehículo.  Finalmente nos situamos a las espaldas del chico y le apuntamos con las armas. sorprendiéndolo por completo.
—Quieto.  No quiero que hagas ni un puto movimiento ¿Estás solo? — pregunté mientras lo cacheaba en busca de algún tipo de arma. Aunque sin éxito. El chico estaba desarmado por completo —Arrodíllate y levanta las manos.
El chico obedeció y rápidamente se arrodilló levantando las manos —Por favor… No disparéis… Estoy yo solo— el chico estaba temblando de miedo.
—Levántate muy despacio y date la vuelta— dije mientras le hacía una señal a David para que saliera de la tienda.
El chico se levantó del suelo con las manos en alto y se dio la vuelta tal y como le había ordenado. Pese a que había dicho que estaba solo, y, de hecho, lo parecía, nosotros seguíamos apuntándole. No queríamos sorpresas.
— ¿Quién cojones eres tú? — preguntó David apuntándole directamente a la cabeza — ¿Pretendías robarnos? Eso no es muy sensato.
El chico comenzó a hablar entre balbuceos. Estaba claramente aterrorizado. Tanto, que sus piernas temblaban —No me disparéis, por favor. Me llamo Héctor… Estoy solo y no llevo armas… Tampoco me han mordido… Mirad… Mirad… Estoy sano— el chico comenzó a girar sobre sí mismo para demostrarnos que decía la verdad.
—No se… ¿Cómo podemos estar seguros de que no mientes? — preguntó Félix. Luego este me miró a mí. — ¿Cómo podemos estar seguros? Deberíamos marcharnos de aquí. Esto no me gusta nada.
— Déjate de hostias— dijo David apuntándole con el fusil. —Podrías ser un saqueador… Podrías tener a tus amigos esperando el momento oportuno para pegarnos un tiro y robarnos. No me inspiras mucha confianza.
—No lo soy… Te lo juro. Solo intentaba salir de Rafelbuñol.  El pueblo está plagado de esos seres. Hace un momento, vi un grupo de esos seres que avanzaban hacia aquí. Es un grupo bastante grande. Si yo fuese un saqueador ni os avisaría ¿No os parece? — dijo el chico sin bajar las manos.
Me quedé un momento pensativo. Observando el miedo de aquel chico. No parecía mentir. Y lo cierto era, que, si mentía y había más gente con él, estos, ya deberían habernos asaltado. Era prácticamente evidente que estaba solo. Entonces, bajé la pistola y miré a David— Baja el arma— después miré a Félix —Tu sigue apuntándole.
— ¿Qué se supone que vamos a hacer con él? — pregunto David
—No parece que mienta. Fíjate en el— dije alejándome unos pasos junto a David mientras Félix le apuntaba —Está sucio, asustado y completamente agotado. Se le nota. Este chaval ha estado vagando como nosotros, pero sin tanta suerte. Tampoco veo que mienta. No se… Podríamos llevarlo con nosotros— Nuevamente me acerqué al chico— Has dicho que te llamas Héctor ¿No? Dime ¿Has visto más gente? A lo que me refiero es si has visto a más gente viva.
Héctor asintió —Hace unos días me junté con un grupo de personas, pero están todas muertas… Solo sobreviví yo.  He estado solo desde entonces… No había visto a nadie más hasta que os vi a vosotros.
—Claro. Entonces llegaste hasta aquí, viste el coche y pensaste en cogerlo para irte ¿No? —preguntó Félix sin dejar de apuntarle. —No me fio de él. Deberíamos marcharnos, dejarlo aquí y que se joda. Podría estar esperando a jugárnosla. Recuerda a Molano y lo que nos hizo… Lo que me hizo a mí.
—Pensé que estaba abandonado como muchos otros vehículos. Solo pretendía encontrar algo de comida y marcharme. Huir lo más lejos posible de esta mierda— decía Héctor —Escuchad. No quiero malos rollos. Solo busco algo de comida. Si puede ser algún arma y alejarme. Es lo único que quiero.
Me quedé pensativo unos segundos, miré a mis compañeros y luego miré a Héctor —Escucha. Estás en una situación muy parecida a la nuestra. Haremos lo siguiente… Te llevaremos con nosotros.  Somos un grupo de casi veinte personas. Te daremos algo de comida, un arma y te ayudaremos a conseguir un vehículo para que puedas ir a donde quieras. Es lo que podemos ofrecerte.
— ¿Te has vuelto loco? No sabemos nada de este tipo. Propongo dejarlo aquí. No somos hermanitas de la caridad. Vámonos— dijo Félix.
—Te entiendo— dije mirando a Félix —A ti no te dejamos atrás. Te llevamos con nosotros. Debemos, por lo menos, darle una oportunidad a esta persona.
— ¿Y vosotros quienes sois? — preguntó Héctor — ¿De dónde venís?
—Eh…— advirtió en ese momento David señalando hacia la carretera —Tenemos compañía.
Todos miramos hacia la carretera y vimos un grupo de infectados. Estos estaban avanzando hacia nosotros. Era un grupo bastante grande. De momento, podíamos ver cerca de tres docenas.
—Salgamos de aquí— dije.
Los cuatro entramos rápidamente en el blindado y emprendimos el viaje de regreso a la casa. Una vez allí, veríamos que hacíamos con Héctor.

Playa de El Puig…
10:45 de la mañana…

Anna se había hecho el test de embarazo y tal como ella pensaba. Se había confirmado, estaba embarazada, y lo estaba en el peor momento posible. En otro momento, quizás se habría alegrado, pese a que su relación con Bosco no pasaba por su mejor momento y había pensado en dejarle. Salió del baño y se encontró con Lidia. Ella le estaba esperando fuera. Anna la miró y le enseñó el test.
—Estoy embarazada…— dijo Anna con lágrimas en los ojos. —Me ha pasado en el peor momento posible ¿Qué puedo hacer? Quizás debería abortar. No sé. No sé qué hacer.
Lidia se quedó pensativa también. Al igual que estaba complicado salvar la vida a José por las circunstancias, el hecho de practicar un aborto, era algo muy peligroso — ¿De cuánto estás? Más o menos…
—Seguramente de un mes…— respondió Anna.
—Voy a ser sincera contigo— comenzó a decir Lidia —Respetaré la decisión que tomes, pero antes tienes que saber que la situación es muy complicada. Practicarte un aborto puede ser muy peligroso. No quiero que pongas tu vida en peligro. Piénsatelo bien antes. Por otro lado, antes de tomar una decisión como esa… Debes hablarlo con Bosco. Él también tiene que ver con esto. Háblalo con él. Es lo único que puedo decirte por ahora. Yo ahora voy a volver con José, veré que tal está.
Lidia se fue y Anna se quedó sola allí, sentada sobre el inodoro, observando el test. Pensando en que decisión tomar. Finalmente, se lo guardó en el bolsillo y decidió ir a hablar con Bosco, aunque no sabía si se lo iba a decir, aunque tampoco podría ocultarlo mucho tiempo. Tarde o temprano, todos se percatarían del embarazo.

******
Bosco se encontraba en una de las habitaciones del piso superior. Estaba vigilando la calle desde una de las ventanas. Desde allí, tenía una visión completa de la zona, vería a cualquiera que se acercara, ya fuera un ser humano o un infectado. Entonces vio entrar a Anna en la habitación en la que se encontraba.
— ¿Ya vuelven? — preguntó Anna sentándose en una silla que había pegada a la pared.
—No, todavía no. No me preocupa mucho, porque ellos saben cuidarse, pero al mismo tiempo estoy inquieto. Extraño ¿No? — respondió Bosco con una sonrisa.
—Tampoco hace mucho que se fueron… Si tardan mucho, creo que si deberemos preocuparnos— dijo Anna mientras se agarraba las rodillas con las manos. Estaba visiblemente nerviosa. Tanto, que Bosco se dio cuenta de ello.
— ¿Te encuentras bien?
Anna se armó de valor y fue a responder. Iba a contarle la verdad para que tomaran la decisión juntos, pero, ese momento, Bosco se pegó a la pared y mandó a Anna agacharse rápidamente.
— ¿Qué ocurre? — preguntó Anna en voz baja y sentada en el suelo.
—Escucha. Hazlo con todo el cuidado que puedas. Baja a los pisos inferiores. Que permanezcan en silencio y preparen las armas. Tenemos visita— dijo Bosco mientras le quitaba el seguro a su fusil —Ve…
— ¿Qué pasa? ¿Son infectados? — preguntó Anna acercándose a la puerta con mucho cuidado y sin ponerse de pie. Lo cierto era que estaba inquietándose.
Bosco negó con la cabeza mientras permanecía pegado a la pared. —Es un grupo de personas. Probablemente sean saqueadores. Ve, date prisa.
Bosco se asomó un poco y vio una furgoneta de color azul circulando por la calle. Finalmente, esta se detuvo a varios metros de la entrada, delante de lo que parecía un bar. Dos hombres se bajaron de parte delantera y un tercero se bajó de la parte trasera. Eran tres tipos que vestían como mercenarios, con uniformes negros y armas de gran potencia a juzgar por el tamaño. Su aspecto no daba buena espina.
—Bosco… ¿Son saqueadores? — preguntó Anna desde la puerta.
—Baja de una puta vez— dijo Bosco totalmente tenso mientras observaba a los tres tipos caminar por la zona. Era evidente que habían llegado allí con la intención de saquear todas y cada una de las casas. Incluidos los establecimientos. Al final, terminarían entrando en la casa y descubriéndolos a ellos.
Anna bajó todo lo rápido que pudo. Se dirigió a los demás y los mandó callar a todos —Bosco dice que guardéis silencio. Ocurre algo ahí fuera.
Nada más escucharla nadie hizo preguntas. Todos comenzaron a preparar sus armas. se habían dado cuenta de que, en algún momento, iban a tener que usarlas.
— ¿Qué hacemos con nuestros vehículos? — preguntó Toni mirando a los demás.
—Todo el mundo preparado— dijo Jorge caminando por el salón y mirando por la ventana. Fue entonces cuando vio a los tres tipos que avanzaban entre los vehículos abandonados que había por la calle.
******
Los tres hombres pasaron frente a la casa y uno de ellos se detuvo. Rápidamente miró a los otros dos —Os lo estoy diciendo. Juro que me pareció ver a alguien en esa ventana.  Creo que aquí hay gente. Deberíamos entrar a mirar.
— ¿Estás seguro? — preguntó el que parecía el más mayor de los tres. El cual, poseía una barba negra muy poblada. —A ver si van a ser los efectos del alcohol. Tu aún te has recuperado del pedo de anoche. Debiste quedarte en el campamento.
—Te lo juro. Era un tío y parecía que estaba vigilando. Entremos para asegurarnos. No perdemos nada. Puede que encontremos algo de valor.
—Yo estoy de acuerdo con el… Si había alguien ahí que vigilaba, es porque está vigilando algo. Algo de valor. Vamos a ver.
Bosco los estaba escuchando y comenzó a sudar. De alguna manera le habían visto sin que él se percatara. Los hombres se acercaron a la puerta con intención de entrar. Nada se lo impediría. El enfrentamiento iba a ser inevitable.
Bosco se agachó y con mucha cautela, se movió hacia las escaleras sin levantarse. Poco a poco bajó y se reencontró con los demás. Se acercó a Víctor y comenzó a hablarle en voz baja.
—Ellos son solo tres. Nosotros somos más, pero, son personas. Personas vivas. No es lo mismo que enfrentarse a infectados— dijo Bosco con muchas dudas.
— ¿Y qué quieres que hagamos? No podemos irnos así… Sin más… José está arriba en la cama y no podemos moverlo. Juanma, Félix y David siguen fuera. No podemos irnos. Hay que hacerles frente. No nos queda otra— respondió Víctor —Olvídate de que son personas. Tienes que pensar únicamente e sobrevivir… Piensa en Anna.
—¿Te crees que no lo hago? No pienso en otra cosa. Por eso tengo tantas dudas. Hablamos de matar a personas— dijo Bosco mientras gesticulaba. Estaba a punto de sufrir un ataque de nervios.
—Asume que el mundo ha cambiado. Se ha ido a la mierda y solo queda lo que vemos. Esta no va a ser la primera ni la última vez que tengamos que enfrentarnos a una situación como esta. Cuando esos tipos entren aquí y nos vean, te aseguro que tendremos que luchar o morir… Es así… Lo comprendí cuando nos pasó lo de los caníbales aquellos— dijo Víctor
Lidia se les acercó en ese momento — ¿Estoy oyendo bien? ¿Estáis pensando en disparar contra personas? Creo que se nos está yendo de las manos. No nos volvamos locos.
—Son ellos o nosotros. Recuerda lo que pasó… Éramos Molano o nosotros. Eran los caníbales o nosotros— dijo Víctor —Las cosas han cambiado. El mundo entero ha cambiado. Lo que cuenta es sobrevivir.
—Tienes razón…— dijo Bosco asumiéndolo —Ya nada es como solía ser.
Los hombres ya estaban en la puerta. Los podían escuchar hablar. Dos de ellos estaban intentando forzar la cerradura. El otro, estaba mirando a través del cristal. Aunque no podía ver ni a Bosco ni a los otros. Estos estaban ocultos en otra de las salas.
—Ya están ahí. Tenemos que hacer algo, y tenemos que hacerlo ya— dijo Víctor mirándolos a todos. No tardarán en entrar.
—Vale— asintió Bosco. Rápidamente miró a Lidia —Coge a Anna y a Alicia. Iros arriba. A la habitación donde está José. No salgáis de ahí bajo ningún concepto. Nosotros nos encargamos de esto.
—Escuchad. Si a nosotros nos pasase algo y esos tíos os encontrasen. No dudéis ni un segundo. Abrid fuego contra ellos y luego huid de aquí lo más rápido posible ¿Entendido?
Lidia asintió y se llevó a Anna y a Alicia. Mientras subían las escaleras. Anna le lanzó una mirada a Bosco, rezando porque todo fuese bien. Rezando para que nada le ocurriese.
—Vamos. Ocupad posiciones— dijo Bosco. Estaba totalmente decidido a proteger su refugio y por supuesto a Anna. No dejaría que esos tipos le pusiesen un dedo encima.
Bosco y los demás se ocultaron. A la espera de que la puerta se abriera. Esperando el momento adecuado para sorprender a aquellos tres tipos que estaban invadiendo su casa. La puerta se abrió lentamente. Entonces los tres hombres entraron en la casa. Una vez dentro, encendieron las linternas y comenzaron a enfocar por todas partes. Ese salón en el que se encontraban, estaba bastante oscuro y llenó de muebles con mantas encima.
—Mira esto. Parece una casa de ricachones. Ya lo decía yo. Era lo que parecía desde fuera. Y ya os digo que me pareció ver a alguien en la ventana.
— ¿Crees que serán los ricachones que seguirán aquí? —preguntó otro de los tres intrusos.
Un tipo con barba y que parecía ser el más mayor de los tres sonrió. Dejando ver varias piezas dentales de oro —Vamos a ver que sorpresas nos depara esta casa. Tiene buena pinta. Estoy seguro que encontraremos muchas cosas de valor.
En ese momento, Toni y otros surgieron de sus escondites. Eso sorprendió a los tres tipos. Los cuales, se quedaron sorprendidos por tan repentina aparición.
—No me jodas— dijo uno de ellos mirando a su compañero —Tenías razón. Era cierto que habías visto a alguien— el chico los miró a todos y comenzó a contarlos —Ocho en total. Increíble…
—Largo de aquí— dijo Toni —No queremos disparar. No queremos tener que hacerlo. Esta casa es nuestra. Marcharos ahora mismo.
Víctor dio unos pasos al frente y apuntó al barbudo —Ya le habéis escuchado. Largo de aquí. En esta casa no hay sitio para vosotros.
—Tranquilos chicos. Nosotros solo estamos aquí de paso. No hagáis nada de lo que podáis arrepentiros ¿Queréis que nos vayamos? De acuerdo. Chicos, salgamos de aquí—dijo el hombre de la barba mirando a sus dos compañeros mientras andaban hacia atrás y saliendo al jardín. Pronto estuvieron fuera, con Bosco y los demás apuntándoles.
Uno de los dos más jóvenes miró a Toni. —Creo que deberías tirar el arma.
— ¿Porque debería hacerlo? — preguntó Toni sin dejar de apuntarle. El chico le miró entonces directamente.
—Porque podrías hacerte daño. Fíjate… Estás temblando. Nunca antes has matado a nadie ¿Verdad? Se te nota. Yo que tú, dejaría ese fusil en el suelo y me iría a la cama a tomarme un vaso de leche— dijo el joven con cierto tono de mofa.
—Marco ¿A ti que te parece? ¿Crees que nos dispararán? — preguntó el de la barba mirando al otro joven. —Yo creo que no. Porque si lo hacen, firmarán su sentencia de muerte. Ya que los demás lo escucharán y vendrán hasta aquí.
Aquello inquietó mucho a Bosco. Aquel tipo estaba insinuando que había más integrantes de su grupo por los alrededores. Aun así, no se dejó intimidar. Respiró hondo y siguió apuntándoles — ¿Cuantos sois? ¿Cuántos más de los vuestros hay por ahí?
—Diez… Veinte… ¿Treinta? ¿Quién sabe? Aun así. Somos suficientes como para dejaros secos a todos. No os hagáis los héroes. Es solo un consejo— dijo el de la barba con una sonrisa. —Esta casa no vale tanto como para que os maten por ella.
—No nos marcharemos— respondió Bosco —Marcharos de aquí.
—No me intimidas. Es imposible que tu o cualquiera de los que te acompañan podáis intimidarnos. Para empezar por que nosotros somos más que vosotros. Muchos más. Así que voy a ser claro y directo. Va a ser sencillo. Entregadnos las armas y la mitad de la comida que tengáis. Sois ocho. Sois muchas bocas. Así que tendréis bastante comida. Es un buen trato. Vosotros nos dais lo que queremos y Jesús no llama a los otros. Por lo tanto, nadie os rompe el culo y podéis seguir vivos un día más— dijo el de la barba sin dejar de sonreír.
—No os daremos nada. Lo necesitamos— dijo Bosco —Marcharos de aquí.
El tipo barbudo dejó de sonreír en ese momento. Su mirada también cambió de forma radical. Entonces miró a uno de los otros y le hizo un gesto. El joven entonces sacó un walkie talkie.
—Si se te ocurre llamar… Juro que te pego un tiro— dijo Toni avanzando hacia ellos. Lo hizo llevado por la desesperación. Tanto que terminó poniéndole el cañón del fusil debajo de la barbilla.
—Adelante. Mátame si te atreves. A ver si tienes huevos… Si abres fuego. Os estaréis matando a vosotros mismos. Por qué os echareis encima a todo nuestro grupo. Venga, dispara.
El chico que tenía el walkie se lo acercó a la boca. Al verlo, Toni pretendió dispararle, pero entonces, el barbudo con un rápido movimiento le golpeó, le quitó el fusil, lo agarró y le puso la pistola en la cabeza.
— ¿Ahora qué? Dejad las armas en el suelo o mato a… ¿Cómo te llamas? — le preguntó a Toni. Este respondió con su nombre —Eso. Si no dejáis las armas, mato a Toni… Jesús. Llama a los otros.
—Te dispararé lo juro. Suéltalo. Somos más que vosotros— dijo Bosco acercándose.
—Chicos. Aquí tenemos a unas personas un tanto molestas y que se niegan a cooperar— dijo el joven hablando al walkie —Son ocho tíos armados. Aunque tenemos a uno de rehén. Creo que será mejor que vengáis. Estamos en una casa bastante grande. La encontrareis enseguida. Tiene la fachada de color rojo. Es la única que tiene piscina— el chico miró a ambos lados del jardín.
En ese momento, varios hombres aparecieron en la zona. Todos comenzaron a apuntarles. Eso fue algo que ni Bosco ni los demás se esperaban. No habían contado con que podría ser que habría más tipos por la zona. Habían cometido un terrible error, pensando que solo había tres de ellos.
—Ya no sois más que nosotros ¿Eh? Os contaré un secreto. Ni siquiera están todos aquí—dijo el barbudo mirando a Víctor fijamente.
—Los otros ya están cerca. Vienen hacia aquí— dijo el del walkie talkie.
En ese momento, Lidia que lo había escuchado todo. Bajó rápidamente por las escaleras y se plantó en medio del jardín con las manos en alto. Al verla, los hombres se quedaron sorprendidos. Como si no esperasen encontrarse con una chica en un lugar como aquel.
—Si queréis la comida y las armas os las daremos todas, pero dejadnos. No tenemos por qué llegar a más. Todos buscamos lo mismo. Solo queremos sobrevivir— dijo Lidia esperando que aquellos tipos accedieran. —Lo que queréis es que cooperemos ¿No? Pues eso es lo que haremos… Cooperar.
—Ya no nos interesa cooperar. Era lo que queríamos al principio. Antes de que tus amigos se pusieran gallitos. Ahora queremos todas las armas, toda la comida…— Aquel tipo miró entonces a Lidia. Lo hizo con mirada lasciva.  —… Y a ti bonita. Queremos que vegas con nosotros. En nuestro grupo somos todos hombres. Antes había mujeres, pero digamos que las usamos demasiado y se nos fue de las manos. Ahora necesitamos otro entretenimiento. Uno más joven…— el barbudo miró a uno de los jóvenes — ¿Tú que me dices Marco? ¿Crees que esta dulce muchacha nos servirá para desahogarnos? Yo la veo bastante valida.
—A mí me serviría, aunque fuese gorda como una vaca. Llevo ya varios días cascándomela como un mono. Estoy harto de hacerme pajas y me muero por echar un buen polvo. Al verla me he empalmado tanto que me va a durar una semana. Me pido el primer turno.
Eso que dijo el joven, hizo que los demás recién llegados comenzaran a reír y a pedir su turno. Aquello estaba volviéndose macabro por momentos. Tanto, que ninguno era capaz de imaginarse lo que iba a pasar.
—Pues subimos el precio a pagar por salvar vuestras vidas.  Además de la comida y las armas, también nos la llevamos a ella. Nos espera un muy largo camino por delante. Sin un buen chocho en el que meterla se puede hacer muy aburrido… Decidme ¿Tenéis   más   chicas?  Si es así, nos las llevamos a todas.  Pensadlo bien, ellas por vuestras vidas. Es un trato de la hostia. Vosotros nos entregáis a las chicas y nosotros no os masacramos. Tenéis las de perder. Y no tenéis mucho tiempo para decidiros. En cualquier momento llegará nuestro líder. Él no es tan paciente como yo.
—Olvídalo. No quisiera tener que disparar, pero lo haré si no os marcháis. Puede que luego nos maten, pero a ti te llevaré por delante. Lo juro— dijo Bosco
En ese momento, el hombre golpeó a Toni dejándolo sin sentido y rápidamente. Varios cañones apuntaron a la cabeza de Bosco. Otros tantos apuntaron a las cabezas de los demás.
—Solo lo diré una vez más. Armas, comida y chicas. Por favor— dijo el de la barba mirando a Bosco. —No me hagas matar a este capullo.

*****

Estábamos llegando a nuestro refugio cuando David detuvo el blindado en medio de la carretera. Yo miré entonces al frente y vi un vehículo allí parado cortándonos el paso. Delante de él, había dos tipos armados y haciéndonos señas para que parasemos. David comenzó a conducir hasta ellos, cuando estuvimos al lado, cada uno de ellos se situó en una de las ventanas delanteras. El que se puso a mi lado se quedó mirándome.
—Tenéis un buen carro…— este deslizó la mano hacia dentro y observó la pistola que yo llevaba. —También me gusta tu pipa— entonces, este abrió la puerta del copiloto. —Baja por favor.
Yo bajé del blindado y entonces aquel tipo me puso la pistola en la frente. —Dame todo lo que lleves encima. Tú estás muy hecho polvo. No lo vas a necesitar— este entonces miró a Félix y a Héctor. —Vosotros dos. También… Bajad.
Félix y Héctor fueron obligados a bajar del blindado, después, junto a David, nos obligaron a quedarnos en la cuneta mientras ellos nos cacheaban. Fue en ese momento cuando escuchamos un ruido que venía del interior del vehículo de aquellos tipos. Eso los despistó de tal manera, que David y yo nos revolvimos rápidamente, les arrebatamos las pistolas y les disparamos en la cabeza.
—Que hijos de puta— dijo David —Iban a robarnos y a matarnos.
Entonces volvimos a escuchar el sonido que venia del coche de esos dos. David y yo nos acercamos y vimos que se trataba de una voz. Alguien se estaba intentando comunicar con los dos a los que acabábamos de matar.
—Javi… Fran… Soy Jesús… ¿Dónde pollas estáis? Hemos encontrado un filón aquí en la playa. Es una casa grande… Con varios tipos y unas cuantas chicas. Venid cuanto antes…
David y yo nos miramos. Enseguida pensamos lo mismo. Nuestros amigos estaban en problemas. Sin pensárnoslo mucho nos acercamos a los cuerpos, les quitamos las armas y miramos a Félix.
—Tenemos problemas.
En ese momento vi que Héctor tenía la mirada clavada en aquellos dos tipos. Entonces me miró a mí — ¿Recuerdas cuando he dicho que estaba con otras personas y que estas habían muerto? Pues fueron estos tipos… Estos dos son de ese grupo.
En ese momento le di una pistola a Héctor —Entonces prepárate para cobrar venganza…
Rápidamente, mientras que David y yo nos subíamos al blindado. Félix y Héctor se subieron al otro vehículo de aquellos dos tipos. Emprendimos el regreso. Cuando estábamos llegando, vi que donde se suponía que debían estar los nuestros vigilando, había un tipo con barba.
Aparcamos a unas calles de allí y nos bajamos. Fue entonces cuando Héctor nos lo confirmó. Esos tipos eran los que habían masacrado a su grupo y casi lo habían matado a él.
******
Más y más hombres seguían llegando.  Bajaban de sus coches y entraban en la casa. Otros se situaban por la zona para vigilarla. Incluso, habían levantado dos barricadas, una en cada lado de la calle. Montando así una especie de punto seguro. Los que habían rodeado la casa, se habían encontrado con los vehículos. En el interior de la casa, concretamente en el sótano, estaban Bosco y los demás retenidos. Los habían desarmado y después los habían encerrado allí abajo, donde no había nada que poder usar para defenderse. Aquellos tipos lo habían planeado muy bien.
—Lo siento. No tenía que haber salido. Creí que lograría convencerlos. Solo lo empeoré todo— dijo Lidia con pesadumbre. Desde que los habían encerrado allí, había estado martirizándose y culpándose por lo sucedido.
—Ya no tiene importancia. No te preocupes. Habríamos acabado aquí de todos modos o peor. Esos tres solo estaban ganando tiempo. De todos modos, aún tenemos una posibilidad de salir de esta. Juanma y los otros siguen fuera. Tarde o temprano regresarán. Solo tenemos que aguantar— dijo Bosco mientras permanecía sentado junto a Anna.
—Han llegado diez tíos más— dijo Víctor observándolos desde la pequeña ventana que había cercana al techo —Están cotilleando nuestros vehículos.
Mientras estaban allí abajo, escuchaban a los hombres contar chistes y reír. Escuchaban como rompían cosas entre carcajadas. Se estaban comportando como auténticos salvajes.
—Tengo miedo— dijo Anna mirando a Bosco y agarrándolo de la mano.
 Bosco agarró la mano de su novia y la miró —Lo sé. Yo también lo tengo, pero no permitiré que te hagan daño. Moriré antes que dejar que uno de esos cerdos miserables te ponga sus sucias manos encima.
— ¿Qué podemos hacer? Nos han quitado las armas y están vigilando las puertas. Va a sernos imposible salir— dijo Leandro mirando a la puerta. —Esto no me gusta nada. Podrían bajar a ejecutarnos en cualquier momento.
—De momento solo nos queda esperar a que bajen la guardia. Tarde o temprano ocurrirá. Esa será nuestra oportunidad. Tendremos que aprovecharla. Están muy convencidos de que han ganado la partida— explicó Víctor
******
Nos acercamos a una calle cercana con cautela. Una vez allí, accedimos a un edificio y nos subimos a la azotea. Desde allí, podíamos ver la casa en la que habíamos decidido refugiarnos hacía unos días. David los observaba con unos prismáticos. Cuando terminó, me los pasó.
—Van y vienen. No paran. Así es imposible saber cuántos hay, pero ya son más que nosotros— dijo David. —Que cabrones. Van muy bien preparados.
—Cuando me los topé, únicamente conté unos trece. Había muchos más… Demasiados— dijo Héctor tomando los prismáticos que le había pasado.
—No he visto a los demás ¿Dónde los habrán metido? — me preguntó David.
—Puede que los hayan recluido en alguna parte de la casa. Puede que en el sótano o alguna habitación… Puede que incluso los hayan matado…— respondí mientras apretaba el puño de la mano sana. Lo cierto era que pensar eso me estaba llenando de rabia.
David resopló —Sí. Eso es una posibilidad muy grande. No veo a ninguno de ellos. Si les han hecho algo… Juro que los reventaré.
—Si les han hecho algo…  No vamos a tener piedad— respondí
—De todos modos, no podemos ir a lo loco. Son más que nosotros. Solo somos cuatro. Si nos metemos ahí, nos matarán. Debemos pensar antes de actuar— dijo David
—Tienes razón. Primero planeemos lo que vamos a hacer— dije yo —Pensémoslo bien.
—Muy bien. Pues vamos a planear nuestros pasos. Tú dirás— dijo David mirándome a los ojos. Yo me senté en el suelo y miré a Félix y a Héctor.
—Bien. Creo que deberíamos esperar al anochecer. Aprovecharemos la oscuridad. Así evitaremos ser vistos. Podremos actuar y darles su merecido. Lo primero es echar abajo esas barricadas. El estruendo y la confusión les hará concentrarse en ese lado, eso nos dejará el acceso libre por la playa.
—¿Cómo pensáis hacer eso? ¿Cómo pensáis hacer volar las barricadas? — preguntó Héctor
Yo cogí mi mochila y de ella saqué lo que parecía un paquete —Lo haremos con C4. Pondremos cargas en las barricadas.
— ¿De dónde lo habéis sacado? — preguntó Héctor cogiendo el paquete que tenía en las manos.
—Ten cuidado con eso. No es un juguete— dije yo
Héctor me devolvió el paquete —Bueno. Supongo que esto pospone un poco lo de darme un arma y comida.
—Más bien, eso te convierte en uno más del grupo— dijo Félix.
Héctor suspiró —Lo cierto es que no me apetecía nada lo de quedarme solo… Os ayudaré en todo lo que pueda.
Estuvimos planeando nuestros pasos. Mientras que Félix y David irían por delante y colocarían las cargas. Héctor y yo accederíamos a la casa por la playa, para cuando las cargas detonasen y los saqueadores, se centrasen en proteger del ataque la zona delantera, nosotros podríamos sacar a los nuestros de allí.
Seguimos planeando hasta que llegó la noche. El plan daba inicio.

21:30 horas…

Preparé mis armas y miré a mis compañeros. —Muy bien. Ya os quedó claro lo que vamos a hacer ¿No? No podemos dudar, aunque sean personas. Son ellos o nosotros. Recordad que luchamos por los nuestros.
—Vamos— dijo David cargando el fusil.
Los cuatro bajamos de la azotea. Una vez en la calle nos separamos para llevar a cabo nuestro plan.
—Sabes que lo que vamos a hacer es casi un suicidio ¿No? —dijo Félix —Es posible que no lo consigamos y que fracasemos.
—Lo sé, pero, aun así, debemos intentarlo. No podemos abandonarles—dijo David
*****
Uno de los hombres abrió la puerta del sótano.  Cruzó la puerta seguido por otro hombre y bajaron los escalones. Todos los presentes se pusieron de pie y retrocedieron hasta quedarse de espaldas a la pared. Mirando todos al frente. Todos comenzaron a temerse lo peor, creyendo que iban a matarles en ese mismo instante. Los miraron a todos uno por uno hasta que miraron fijamente a Emilio. Uno de ellos, caminó al frente, agarró a Emilio del cuello de la camisa y lo sacó a rastras. Jorge y Paco trataron de impedirlo, pero fueron encañonados por el segundo de los tipos.
Sacaron a Emilio del sótano y lo sentaron en una silla. Allí lo amarraron mientras todos los hombres iban situándose a su alrededor. Todos sonreían como esperando algo. Una vez sentado, Emilio vio como un tipo calvo y con una cicatriz que le cruzaba toda la cara, cogía una silla y se sentaba ante él.
—Siento que mis chicos hayan sido tan bruscos, pero no habrías venido por las buenas. Voy a ser directo y espero que tú seas sincero conmigo. Por tu bien— el tipo de la cicatriz hizo una pausa para encenderse un cigarro que se sacó del bolsillo. Le dio una calada y le echó a Emilio el humo en la cara —Vamos a ver ¿Cuantos sois en realidad? Se sinceró.
—Solo nosotros ocho.  Los que estábamos aquí, las tres chicas y el chico herido que está tumbado en la cama de la habitación de arriba— respondió Emilio —Esa es la verdad.
—Vale ¿Y cómo llegasteis hasta aquí? ¿Desde dónde venís? Ni se te ocurra mentirme— preguntó el de la cicatriz.
—Vinimos desde Puzol— respondió Emilio —Estábamos en el instituto, pero nos vimos obligados a escapar.
— Desde Puzol ¿Eh? Fuisteis vosotros los que encendisteis esa música entonces… Qué casualidad. Nos lo estuvimos preguntando mucho tiempo. Ya tenemos una respuesta— dijo el hombre de la cicatriz. Entonces se dio la vuelta y miró a los demás saqueadores. —Que mal gusto por cierto con esa música de mierda.
— ¿Ya está todo? — preguntó Emilio —Deja que me vaya.
—No tan deprisa ¿Cómo te llamas?
—Me llamo Emilio.
—Bien Emilio… Es un placer… Me encantaría darte un apretón de manos, pero no puedes. Ahora me toca a mí sincerarme contigo. Verás, aquí donde me ves, soy un buen hombre. Trabajaba como profesor de educación física y era un hincha del Atlético de Madrid.  Me llamo Roberto. Aunque desde que me hice esto…— este se señaló la cicatriz —…Mis hombres me llaman Skar. Y aunque no lo parezca y tengan esas caras de salidos cabrones… También son muy buena gente. Nosotros, al igual que tú, también intentamos sobrevivir. Dicho esto, y terminadas las formalidades. Me temo que me estás mintiendo… Y que, además, lo estás haciendo con todo el descaro del mundo. Como si yo fuera un cualquiera. Así que, te voy a proponer un trato ¿Estás de acuerdo? Presta mucha atención—el tipo de la cicatriz se acomodó en la silla y sonrió a Emilio.
— ¿Un trato? ¿Qué clase de trato? — preguntó Emilio
—Si dices la verdad. Si eres completamente sincero. Te llevaremos con nosotros. Tendrás una cama donde dormir, no te faltara comida, estarás lo más alejado posible de esos seres y tendrás todas las chicas que quieras, para hacer con ellas lo que te de la real gana— dijo Skar sin dejar de sonreír. —Lo único que tienes que hacer, es decirme cuantos de tus amigos están ahí fuera. Sabemos que hay más de los vuestros, aunque no hemos podido averiguar cuantos exactamente.
—He dicho toda la verdad— aseguró Emilio —No hay más de los nuestros ahí fuera.
—Vale. No me das otra opción. Intenté ser amable y que hablaras por las buenas, pero voy a tener que obligarte— dijo Skar sacando un cuchillo y poniéndoselo encima de los dedos.
— ¿Qué vas a hacer? — preguntó Emilio mientras comenzaba a temblar de puro terror.
—Sujetadle para que no se mueva tanto. Estas correas son una mierda— dijo Skar.
Dos hombres agarraron fuerte a Emilio. Skar seguía sonriendo —Te lo preguntaré otra   vez. Si se te ocurre volver a mentirme, te cortaré dos dedos. ¿Cuántos de los tuyos hay ahí fuera? ¿Cuántos exactamente? ¿Cuántas armas llevan? Quiero saberlo todo.
—Te he dicho la verdad. Te juro que no hay nadie más— respondió Emilio con lágrimas en los ojos. —No tengo motivos para mentirte.
—Veo que no quieres entenderlo y que debes pensar que voy de farol— dijo Skar mirando hacia los dedos.  Fue en ese momento cuando Emilio notó un intenso dolor en la mano izquierda cuando aquel nombre comenzó a cortarle dos dedos. Emilio comenzó a gritar con tantas fuerzas que algunos de aquellos tipos, pese a que lo estaban disfrutando, se taparon los oídos.
—Por favor… Basta— dijo Emilio mientras observaba como dos de sus dedos quedaban separados de su mano izquierda. Aquel tipo lo había hecho.
— ¿Y ahora? ¿Me dirás la verdad? ¿O tengo que seguir cortándote dedos? Cuando estos se acaben, continuaré con las manos, pasaré a los de los pies… Después te cortaré los pies. No te gustará como seguiré— dijo Skar con tono burlón
—Está bien— Emilio sollozó —Está bien… Te diré lo que quieras saber.
—Bien dicho. Eres inteligente después de todo. Adelante, canta para mi…


1 comentario:

  1. Muy bueno 😀.
    Voy a esperar los que siguen.

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