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domingo, 13 de agosto de 2017

ZOMBIES Capitulo 19: Crimen

19
Crimen

Día 14 de julio de 2010
Campamento… 02:23 de la mañana…

Carol se quitó de encima de Carlos y se tumbó a su lado sobre una toalla mientras comenzaba a vestirse.  Carlos la miró y le acarició la espalda. Ambos se habían apartado del resto del grupo para tener relaciones sexuales. No era la primera vez que tenían un encuentro así, de hecho, los habían estado teniendo desde antes de salir del refugio que tenían en Castellón.
—Cada vez lo haces mejor. Me has dejado destrozado…
Carol se apartó con un gesto brusco ante la estupefacción de Carlos. Ella se puso de pie y se subió los pantalones. —Esta ha sido la última vez.
— ¿Por qué? Pensé que éramos novios. Que nos gustábamos— respondió Carlos —No puedes hacerme esto. Me gustas mucho, eres preciosa.
—Solo somos dos personas que follaban para pasárselo bien. Nada más… Tienes que aceptarlo. Ahora vístete— respondió Carol mientras se alejaba. Entonces, se detuvo y se giró para mirar a Carlos —Te agradeceré que no te acerques a mi buscando algo más que no sea hola o adiós. También te agradeceré que no te pongas a hablar de esto. Asume que se terminó.
Carol se alejó y Carlos se quedó solo. Entonces pegó un puñetazo en el suelo. Estaba totalmente furioso y se sentía utilizado. Él se había enamorado de ella y esta le había utilizado de forma mezquina. Por primera vez desde que todo había comenzado, odió a todo el mundo, odió estar vivo, odió que se hubiesen encontrado con aquel grupo. Volvió a mirar hacia Carol y entonces la vio hablar con uno de los que estaba de guardia. Se trataba de ese tal Félix… Vio entonces como este tonteaba con Carol… Y esta, además, se reía. Este por su lado, sonreía y se acercaba demasiado. Ver eso lo llenó de más odio todavía. Se iba a arrepentir, todos lo harían. Al fin y al cabo, ya no había nada por lo que luchar en ese mundo de mierda.

9:55 de la mañana…

Había amanecido un nuevo día en nuestro campamento. Era un día más en el mundo gobernado por los muertos. Pese a que seguíamos acampados en el mismo sitio donde conocimos a nuestros nuevos acompañantes, ya estábamos pensando en comenzar a desplazarnos, ya que, entre todos, habíamos decidido ir hacia Valencia. Habíamos decidido tener esperanzas en llegar a la plaza de toros, y allí, encontrar supervivientes. Hacía muy buen día. Con el sol dando calor, no obstante, en el aire, podían escucharse los gemidos de los muertos. Yo me encontraba dentro de la caravana, junto a Carol y Lidia. Ellas me estaban cambiando los vendajes y revisando la herida.
—Vale. Parece que no hay infección. Tu mano parece que mejora, dentro de poco estará recuperada… Siempre y cuando no sigas haciéndote el héroe correteando de aquí para allá como si fueras Indiana Jones… Acéptalo… No lo eres.
—Eso me alegra— respondí —Lo peor sería infectarme y ser uno de esos seres, sería jodido que me curarais oliendo a muerto.
Lidia me miró —Déjate de ironías y de bromas ¿Quieres? No es gracioso.
Carol se echó a reír en ese momento y me miró —Pues a mí sí me hizo gracia. Sería horrible tener que aguantar ese hedor.
—Me alegro de que a alguien le hagan gracia mis chistes. Aunque estos sean malos— miré entonces a Lidia —No tiene usted humor doctora.
—Quizás es que tiene la regla y por eso está tan mustia— dijo Carol mirando a Lidia con cierta malicia. Se notó que pretendió ofenderla.
En ese momento, Lidia nos miró a los dos —Quizás debería dejaros a solas para que podáis lameros el culo el uno al otro. Se ve que sois tal para cual.
Carol comenzó a reír —Sí. Eso estaría bien…— Carol me puso la mano sobre la pierna —Podrías dejarnos solos…
Lidia le lanzó una mirada asesina a Carol. Yo sentí la tensión entre ellas y justo cuando iba a intervenir para evitar la discusión, el padre Lucas entró dentro de la auto caravana con un mapa, el cual, me lo dejó delante para que pudiera verlo.
—Mira esto. Nosotros nos encontramos aquí— dijo señalando un punto del mapa —Estamos entre la Puebla de Farnals y Massamagrell.  Lo he estado hablando con el resto y hemos llegado a la conclusión de que deberíamos ir a algún sitio más cubierto. Aquí estamos demasiado expuestos. Esas vallas de ahí fuera no resistirán mucho si se acerca una horda de infectados. Necesitamos un lugar más seguro. Yo sé, que por aquí cerca hay una nave industrial, una donde trabajaban empaquetando naranjas, Las vallas de allí son mejores que estas y estaríamos a cubierto entre muros. Podríamos ocuparla hasta que terminemos los preparativos para irnos hasta Valencia ¿Qué te parece?
—Me parece bien, pero antes quisiera ir a Massamagrell. Es el pueblo donde vivían mis abuelos— respondí yo —Sé que no los voy a encontrar en la casa, pero quizás, si encuentre una pista de si están bien o no.
—Vale, prepararemos los vehículos e iremos todos juntos— dijo el padre Lucas con una sonrisa. —Puede que tengamos suerte y sigan allí.
Entonces negué con la cabeza —No, iré yo solo. Cogeré el jeep e iré a Massamagrell. Es solo a mirar. Estaré de vuelta enseguida.
— Ya estamos otra vez…— dijo Lidia poniendo los ojos en blanco — ¿Porque tu solo? Te lo vuelvo a decir otra vez. No eres el puto Indiana Jones… Tampoco eres un súper héroe ¿Quieres matarte?
—Simplemente es un asunto muy personal. Solo eso— respondí — ¿No soy yo el líder por decisión vuestra? Entonces respetad mi decisión. No pido más.
— Vale… Muy bien. Haz lo que te venga en gana ¿Quién estará al mando mientras tú no estás? — preguntó Lidia —Alguien tendrá que estar.
—Paco, David, Víctor o Jorge. Ellos pueden hacerlo fácilmente. Están muy capacitados— respondí. —No hace falta un master para ello.
—De acuerdo. No hay más que hablar. Se lo diré…— dijo Lidia dejando a un lado el botiquín y poniéndose de pie —Por favor Carol. Termina de cambiarle las vendas.
Lidia salió de la caravana. El padre Lucas me marcó entonces la zona con un rotulador rojo.  —Muy bien entonces. Mientras tú vas a donde tienes que ir, nosotros iremos a la nave que te dije. Dirígete allí cuando hayas solucionado tus asuntos. Así sabrás donde encontrarnos. Si por un casual pasara algo, regresaremos aquí otra vez.
El padre Lucas salió de la caravana y yo, me quedé a solas con Carol. Esta me miraba de vez en cuando y sonreía.
—Me pareces alguien muy valiente— dijo Carol —No hay muchos hombres como tú. Eso me gusta en un hombre.
—Gracias… Aunque Lidia tiene razón. Yo no lo llamaría ser valiente. Lo llamaría ser temerario… Incluso estúpido— respondí yo —Creo que me estoy agarrando a un clavo ardiendo creyendo que voy a encontrar a mis abuelos allí o alguna pista de dónde encontrarles.
—Hay algo más… ¿No? — preguntó Carol —Algo más personal de lo que dices.
—Pues…— murmuré.
—Crees que los vas a encontrar infectados. No quieres que estén así ¿Verdad? — dijo Carol —Te entiendo perfectamente.
Entonces miré a Carol y asentí —Eso es. Si están infectados, quiero librarlos de esa penuria. Ellos son muy mayores. Dudo a horrores que hayan podido salir de casa… No puedo permitir que sigan ahí si están infectados. Es lo único que puedo hacer, no sé nada del resto de mi familia.
Carol terminó de cambiarme las vendas y se sentó a mi lado —Yo también quería ir a Massamagrell. También quería saber el estado de unos familiares. Quiero asegurarme de que no están infectados ¿Puedo ir contigo? — preguntó Carol
—Será muy peligroso. Esto no es un paseo— respondí —No quiero poner tu vida en peligro.
—Por favor… Déjame ir… Prometo que no seré una carga para ti— dijo Carol. Yo la miré y entonces, ver unas lágrimas que recorrían su rostro. Estaba llorando.
— ¿Qué te pasa? — pregunté yo
—Al igual que tu… Necesito saber que están bien o al menos, conocer su estado. No duermo por las noches pensando en ellos. Me los imagino infectados… Deambulando por las calles. De verdad, necesito saberlo… Tanto como tú necesitas saber si tus abuelos están bien. No me lo niegues por favor— dijo Carol sin dejar de llorar. La miré y pude comprenderla. Entonces asentí.
—Está bien. Puedes acompañarme, pero llevarás un arma en todo momento. ¿Sabes disparar? No es algo difícil. Es bastante sencillo.
—Sí que se.  Mi padre me enseñó cuando era niña. De hecho, mi hermano mayor, era policía.  Justamente, el día que todo ocurrió era su primer día como policía en Puzol. Lo habían trasladado a él y a su mujer— confesó Carol —Sé que ellos no lo han conseguido. Durante el camino hacia aquí, pasamos por Puzol y vi a mi hermano. Estaba prácticamente destrozado, pero era el— Carol rompió a llorar y yo la abracé. La estuve calmando un rato y cuando terminó de llorar. Salió de la auto caravana.
Yo me puse de pie y miré a José. El, permanecía tumbado en la cama. Lo habíamos trasladado allí para que estuviera mejor. Era el mejor sitio del campamento.
—Aléjate de ella— me dijo entonces una voz. Yo me di la vuelta y vi a un chico. Este estaba de pie junto a la puerta, la cual, estaba cerrando.
—Tu eres…— dije. No recordaba cómo se llamaba exactamente.
—Soy Carlos, pero eso no importa. Solo estoy aquí para decirte que te alejes de ella. Es mi novia ¿Te enteras? Hazte un favor a ti mismo o te adelanto que acabarás mal. No sería la primera vez que parto una cabeza.
— ¿Me estás amenazando? — pregunté entonces.
—Te estoy avisando. Mantén la polla alejada de mi chica— Carlos no dijo nada más. Se dio media vuelta y salió de la caravana dando un portazo. Yo me di la vuelta y volví a mirar a José.
—Ese tipo está loco.

11:20 horas…

Comencé a preparar el jeep que iba a llevarme. Abrí la puerta trasera y metí una garrafa de gasolina, aunque imaginaba que no iba a tener que usarla, aunque era mejor prevenir que curar.  También metí algunas armas y bastante munición. también metí algo de comida y bebida para el camino. Aunque no me iba demasiado lejos del campamento. Entonces, David se acercó a mí.
— ¿Estás seguro de lo que vas a hacer? Sabes muy bien lo que puedes encontrarte… ¿Serás capaz de hacer lo que tienes que hacer si encuentras a tus abuelos infectados? — preguntó David —Tienes que estar muy seguro.
—Tengo que hacerlo. Debo ir a Massamagrell. No sé cuánto tiempo estaré fuera. Seguramente no sea mucho. Tú estás al mando— dije mientras cerraba el maletero y caminaba hasta la puerta del conductor —Vosotros os marcháis hasta la nave industrial que dijo el padre Lucas. Allí estaréis más seguros que aquí— dije yo subiendo al jeep y asomándome por la ventana.  —Nos vemos más tarde.
En ese momento, Carol llegó y se montó a mi lado. Le estreché la mano a David y después, yo puse en marcha el motor saliendo de nuevo al camino y poniendo rumbo a Massamagrell. Mientras me alejaba, pude observar como Carlos me miraba desde dentro. Fue una mirada que no me gustó.
******

David y los otros habían llegado a la nave industrial que el padre Lucas había señalado. No les había llevado mucho tiempo desde que dejaron el campamento. Aquello estaba desierto y no se veía ni un alma.  Abrieron las puertas del lugar y entraron al parking con los vehículos.  Una vez allí dentro, cerraron. Parecía seguro el lugar, además, la zona vallada que rodeaba la nave, era bastante amplia.
—Bien… Nos quedaremos aquí por el momento— dijo David
— ¿Seguro que estaremos bien aquí? —preguntó entonces Hugo. —Estamos demasiado pegados a la carretera. Si alguien pasa por ahí, verá los vehículos. ¿No será peligroso?
—No te preocupes. Montaremos guardias en el muelle de carga— dijo entonces David.
—El lugar parece bastante seguro.  Aun así, Paco, Ángel, Víctor y yo inspeccionaremos el lugar por si acaso hubiesen infectados dentro. También lo haremos por ahí detrás. Hay montones de palés cargados de cajas con naranjas que nunca fueron enviados. Parece un laberinto. Ahí podría haber infectados— dijo Jorge quitándole el seguro al arma.
—Esperad. Yo voy con vosotros— dijo David descolgándose el fusil.
—De acuerdo. Los demás abrid bien los ojos. Bosco y Toni. Vosotros vigilad desde el muelle hasta que volvamos. No os alarméis si escucháis disparos. Será que habremos hecho contacto. Si no nos veis volver corriendo, mantened la calma— dijo Jorge poniéndose en marcha junto a los otros.
******

El interior de la nave estaba vacío en cuanto a vida humana se refería. Lo único que había allí dentro, eran cajas de madera y naranjas pisoteadas y podridas por el suelo. También había papeles por el suelo. A través de las ventanas, se filtraba algo de luz haciendo que el interior no estuviese completamente oscuro. No había nada dentro y el grupo dirigido por Jorge salió al patio trasero, donde vieron algunos camiones de la empresa. Había un total de seis. Ángel se acercó a uno de ellos y comprobó que la puerta estaba abierta. Subió a la cabina y se encontró con que las llaves estaban metidas en la guantera. Cuando salió miró a Jorge.
—Este tiene las llaves dentro. Es posible que los demás también las tengan. Podríamos quedarnos uno o dos de ellos— sugirió Ángel
— ¿Para qué? Son vehículos demasiado grandes. Llamarían mucho la atención— respondió Jorge —No sé si sería buena idea.
—Perfectamente podemos usarlos como protección. Incluso, podemos usar la parte trasera para meter vehículos de pequeño tamaño. Algo así como motos o quads— dijo Ángel —Puede que ahora no, pero más adelante podríamos habilitarlos para distintos usos.
—Tú lo haces por tener un quad ¿Verdad? Te conozco muy bien. Hace unos meses te pirrabas por tener uno— dijo Víctor
—Vale… Sí, pero piénsalo. un quad no es muy grande. Este nos vendría bien para circular por caminos de montaña y más estrechos por los que el autobús y coches no puedan pasar. Nos vendrían muy bien para pequeñas incursiones— explicó Ángel acercándose a los demás.
En ese momento, un infectado apareció arrastrándose por debajo del camión. Al verlo, Ángel retrocedió unos pasos y le apuntó con su fusil. Cuando estuvo a punto de disparar, Jorge lo detuvo.
—No lo hagas. Espera, no es necesario que dispares. El disparo podría atraer a más infectados. Eso no nos conviene en absoluto. Usa el machete o un cuchillo.
Ángel asintió y sacó su machete. Se agachó delante del infectado y se lo clavó en la cabeza, matándolo al instante. Después de eso, continuaron inspeccionando el lugar por donde estaban puestos los palés llenos de cajas de madera, en busca de más infectados, pero no había ninguno. El lugar estaba completamente vacío. Habían tenido suerte.
—Zona despejada. Volvamos con los demás— dijo Víctor dando por finalizada la inspección del lugar. Ya podían sentarse a descansar.
Jorge, David, Paco, Ángel y Víctor regresaron junto a los demás. Era hora de establecerse allí y comer un poco.
******
Estuvieron comiendo un rato y después algunos se fueron a dormir. Félix por su parte y a petición de Julia. Se quedó vigilando a los dos niños en la parte trasera de la nave. Él estaba sentado en el muelle de carga mientras veía como los dos niños corrían y jugaban con un balón de futbol que el padre Lucas había sacado de la auto caravana. En la parte delantera, en los otros muelles de carga, David, Toni, Bosco y Leandro jugaban a las cartas de forma muy animada, mientras reían y bromeaban.
—Yo gano. Lo único… Y lo que más me jode, es que la pasta ya no tiene ningún valor. Ya no puedo desplumaros como os merecéis— decía David.
Leandro lo miró —No tan rápido. Esto aún no ha terminado. Aquí nadie puede asegurar que vayas a ser tu quien va a ganar. Esto no se sabe hasta el final.
—Cierto… Gano yo. Aquí tengo un full… Podéis besarme las pelotas uno detrás de otro mientras me adoráis como vuestro nuevo dios— dijo Toni mostrando sus cartas.
En ese momento escucharon un grito. Todos se levantaron y vieron a Félix corriendo como un loco. Este se cayó al suelo y cuando se acercaron, vieron que tenía sangre en las manos. Este gritaba sin parar. Los gritos despertaron a los que dormían. Jorge y Paco que estaban haciendo guardia, acudieron corriendo, apuntando con sus fusiles, creyendo que eran infectados que habían entrado, pero no era ese el caso. Había pasado otra cosa. Se acercaron a Félix y vieron que este tenía un ataque de nervios.
— ¿Qué ha pasado? —preguntó Paco. Entonces, vio la sangre que Félix tenía en las manos.
— ¿De dónde ha salido esa sangre? ¿Es tuya? — preguntó Jorge
Lidia acudió corriendo también. Cuando vio el estado en el que Félix se encontraba. Lo agarró de las mejillas y lo obligó a mirarla fijamente —Mírame Félix ¿Qué ha pasado exactamente? Tranquilízate y dínoslo.
Félix comenzó entonces a hablar entre balbuceos. Apenas se le entendía —…Solo los perdí de vista unos segundos… No sé qué pasó…
—Céntrate dinos que ha pasado— dijo Héctor situándose en cuclillas frente a Félix.
— ¿Y los niños? ¿Dónde están los niños? —preguntó en ese momento el padre Lucas. Entonces, todos miraron a Félix. Cayendo en la cuenta de que él, era quien se había quedado al cuidado de ellos.
—Yo… Los perdí de vista un momento… Estaban jugando con un balón y comenzaron a correr entre los palés. Yo los perseguí y me perdí entre los montones de cajas. Di muchas vueltas… Y cuando los volví a ver… Estaban… Estaban… Alguien los ha descuartizado—reveló Félix finalmente, justo después vomitó.
El padre Lucas alzó la vista y salió corriendo hacia el patio trasero seguido de todos los demás. Félix se quedó en el suelo, maldiciéndose a sí mismo por perder a los niños de vista. Incluso comenzó a dar puñetazos en el suelo mientras lloraba y gritaba.
******
El padre Lucas y los otros llegaron al laberinto de palés. Allí se separaron, cada grupo comenzó a correr entré las torres de cajas, por los distintos caminos. Fue entonces cuando escucharon un nuevo grupo, se trataba de Andrés, él era quien gritaba. Todos comenzaron a correr hasta los gritos y cuando llegaron, vieron la horrible escena. Los niños yacían en el suelo sobre un charco de sangre, con cabeza y extremidades separadas del tronco. Esa visión traumatizó tanto al padre Lucas que tuvo que apoyarse en las cajas de madera para no caer al suelo.
— ¿Cómo ha pasado esto? — preguntó Jorge mirando a los demás — ¿Quién ha sido? Esto no se ha hecho en un momento. Esto ha sido cuestión de más de un minuto.
— ¿Han sido infectados? — preguntó Andrea apartando la mirada y conteniendo las náuseas.
—Eso no ha sido cosa de los infectados. Si hubiesen sido ellos, estarían todavía aquí… Comiéndoselos… Ha sido alguien, alguien de aquí dentro— dijo Hugo.
Lidia miró entonces a los demás — ¿Pensáis que ha sido Félix?
—¡¡¡No!!! Félix sería incapaz de algo así— dijo Anna —Ya habéis visto como estaba. Él es buena persona.
—Molano también era buena persona… Y mira lo que pasó… Félix era el único que estaba con ellos— dijo Ángel
—Esperad… ¿De verdad creéis que ha sido Félix? Eso no tiene ningún sentido— dijo David —Me niego a pensar que ha sido él. Es imposible. No… No me lo creo.
En ese momento, Andrés sacó su arma y le quitó el seguro —Ha sido él. Ha sido ese cabrón quien ha matado a los niños. Voy a matar a ese mal nacido.  Voy a reventarlo.
Andrés comenzó a correr en dirección a la nave, pese a que detrás de él, los demás le gritaban que no lo hiciera. Llegó y entró en la nave en busca de Félix. Cuando lo vio vigilado por Lidia, corrió hacia él y le asestó una patada en la cara derribándolo. Después se situó sobre él y comenzó a golpearle sin compasión. Lidia intentó detenerlo, pero Andrés la apartó de un empujón —Te voy a matar hijo de puta— Andrés le apuntó entonces a la cabeza.
Sin embargo, Félix permanecía inmóvil. Mirando al vacío. cuando Andrés intentó disparar, David se lanzó contra él y lo tiró al suelo. Ambos rodaron y cuando Andrés se levantó, apuntó a David y apretó el gatillo. La bala pasó rozando el brazo de David y acabó impactando en la pared. Fue entonces cuando Ángel apareció y se lanzó sobre Andrés, tirándolo al suelo, desarmándolo e inmovilizándolo.
— ¿Se puede saber qué coño haces? Has intentado matarme— preguntó David apuntándole con su pistola. Estaba totalmente fuera de sí.
—Voy a matar a ese asesino. Es culpable… Mató a los niños… Y si tú lo defiendes, eres tan culpable como el— dijo Andrés desde el suelo.
—No sabemos si ha sido él. Debemos calmarnos todos. Debemos pensar con claridad— dijo Jorge ayudando a Félix a levantarse del suelo.
—Él era el único que estaba con los críos. Ha sido el… Merece morir… Es un maldito asesino— dijo Andrés
—Cierto. Es un asesino. No podemos tenerlo aquí con nosotros. Si lo dejamos vivir, tarde o temprano volverá a matar. No hay que permitírselo. Tenemos que ser justos y matarle. Si matas, mueres— dijo Jaime
—Nadie va a matarle. Si a alguien se le ocurre acercarse. Juro por dios que le disparo— dijo Jorge mirando a todos —Investigaremos el caso y si ha sido él, veremos qué hacer.
—Jorge tiene razón. No podemos actuar a la ligera. Hay que concederle en beneficio de la duda. Si no ha sido él y lo matamos… Nos pesará siempre. Tenemos que ser racionales—dijo David —Tenemos que ser humanos.
—Entonces tenemos que encerrarlo hasta que cuente la verdad— dijo Jaime —Hay que sacársela como sea. Aunque sea a golpes.
—Escuchad… Yo no quiero ponerme en contra de nadie, pero él estaba con los críos cuando los mataron.  Nos guste o no, es el principal sospechoso. Es el quien tiene todas las papeletas. Lo siento, pero es así— dijo Bosco mirando a David.
—Lo encerraremos en algún sitio. Lo vigilaremos día y noche. Cuando Juanma vuelva, le contaremos lo que ha pasado y que él, sea quien decida qué hacer con Félix— dijo Jorge.
Félix fue encerrado en uno de los cuartos de baño. Este estaba en estado de shock y no hablaba. Estaba como ausente. David y Leandro vigilaban la puerta y no dejaban que nadie se acercara. Mientras, los demás enterraban los restos de los dos niños. El padre Lucas rezaba una oración por aquellos dos pequeños.
— ¿Crees que ha sido él? — preguntó Leandro mirando hacia la puerta.
—No lo sé… Solo espero que se solucione esto rápido, porque no será posible contener a los demás mucho rato. Tarde o temprano, querrán lincharlo. Cuanto más tiempo pase, cuanto más tiempo esté sin hablar, más difícil será defender su inocencia. Debemos asumir que es muy probable que haya sido él o no, los demás acabarán matándolo —dijo David.

Massamagrell…
13:15 horas…

Carol y yo habíamos llegado a Massamagrell. Como había barricadas por todas las carreteras, eso nos dificultó que pudiésemos entrar a la calle de mis abuelos. Por eso, llevé el vehículo por un camino entre campos de naranjas, el cual, estaba a unos metros de la calle de la casa. Solo íbamos a tener que cruzar la vía para acceder al edificio.  Detuve el jeep en el camino y Carol y yo nos bajamos. Fui al maletero y saqué varias cosas. Saqué unas mochilas y un par de fusiles. Yo le di uno de ellos a Carol.
— ¿Es aquí? — preguntó Carol mirándome.
—Sí. Está al otro lado de la vía del tren. En ese edificio de ahí— dije señalando al otro lado —Si no te importa, pararemos aquí primero. Necesito ver si están bien.
—Sí. No te preocupes— respondió Carol mientras asentía.
Los dos abandonamos el camino y nos acercamos a la vía del tren. La cruzamos rápidamente y llegamos a un muro que separaba la vía de la calle. Una vez allí, me asomé y observé la zona. El parque de enfrente del edificio donde vivían mis abuelos, estaba lleno de infectados, debía haber unas dos docenas, pero estos aún no se habían percatado de nuestra presencia. Yo alcé la vista y miré hacia la ventana, con la esperanza de ver algo que me indicara el estado de mis abuelos, pero no vi nada en su ventana, sin embargo, si vi cosas en las ventanas de los vecinos. De varias de las ventanas, colgaban sabanas donde podían verse letras, escritas seguramente con pintura.  En esas sabanas podían leerse cosas como: “Ayuda” “Vivos dentro” “Help” …
—Puede que los evacuaran— dijo Carol — ¿Cuál es la ventana de mis abuelos?
—La única en la que no hay nada— respondí agachando la cabeza. Eso no me daba buena espina. Aun así, eso no me iba a impedir seguir adelante con mi empeño de saber si estaban vivos. Me llevé una mano al bolsillo y saqué un manojo de llaves.
— ¿Son las llaves de casa de tus abuelos? — preguntó Carol
—De casa de mis abuelos, de la portería esa de ahí y de mi casa en Puzol. Siempre las llevaba encima… Y después de esto no volví a sacarlas. Podría haberme deshecho de ellas, pero decidí guardarlas… Que estupidez ¿Eh?
En ese momento, Carol se llevó las manos al bolsillo del pantalón y sacó un manojo de llaves, del que colgaba un muñequito de Pikachu.
—Si guardar las llaves de tu hogar es una estupidez… Ya somos dos estúpidos. No estás solo— dijo Carol con una sonrisa. Yo la miré y también le sonreí.
—Bueno. Ahora lo que debemos hacer, es alcanzar la portería rápidamente. No importa si nos ven. Aunque si no nos ven, mejor— respondí. Miré hacia arriba y seguidamente nos pusimos los dos de pie.
Seguidamente los dos comenzamos a trepar, primero por el pequeño muro de hormigón y después por la valla. Yo al principio tuve algo de dificultad, pero como la valla no tenía más de metro y medio de alta, puede pasar fácilmente. Carol y yo nos dejamos caer al otro lado y rápidamente nos apresuramos a ocultarnos detrás de uno de los vehículos abandonados que había por la zona. Nuevamente desde allí, volví a asomarme para observar a los infectados que había en el parque. Entonces miré a Carol.
—Estamos cerca. Escucha con atención. Saldremos corriendo hasta la portería. Nada más llegar la abriremos y nos meteremos dentro, cerrando la puerta detrás de nosotros. Tú te encargarás de ello. Yo mientras te cubriré por si los infectados se acercan— dije mirando a Carol y pasándole mis llaves —Muy bien ¿Lista?
Carol asintió y entonces me levanté seguido por ella. Enseguida, ambos comenzamos a correr hacia la portería sin dejar de mirar de reojo a los infectados del parque. Estos ya se habían percatado de nuestra presencia y habían comenzado a avanzar hacia nosotros.
Llegamos a la portería, la cual, era una puerta de hierro negra y rápidamente, Carol metió la llave en el cerrojo. Abrió sin muchos problemas. Ambos pasamos al interior y rápidamente cerramos, justo cuando los infectados llegaban y comenzaban a meter los brazos entre los barrotes. Nosotros estábamos a salvo al otro lado.
—Ya no vamos a poder salir por aquí. Ellos no se marcharán— dijo Carol observando a esos seres.
—No te preocupes. Pasaremos a la terraza de otra finca y bajaremos para salir por otra portería. Ya había pensado en ello cuando veníamos. Todo está controlado, no te preocupes— le dije dándome la vuelta para acercarme a la segunda puerta.
Con mucho cuidado abrí la segunda puerta y entramos al interior, donde no tardó en llegarnos un asqueroso olor a desagüe. No tardé en encontrar el origen del olor. Fui al cuarto donde estaban los contadores del agua y se guardaban los productos de limpieza. Allí, descubrí que una de las cañerías había reventado y el agua anegaba todo el piso. Pude imaginarme el estado que tendría entonces el garaje. Aunque la verdad es que aquello no me importaba, el garaje no era algo que fuésemos a necesitar.
Salí de aquel cuarto y me acerqué a la puerta, la cual cerré con llave desde dentro. Todos los infectados que había habido antes en el parque de enfrente ya se habían concentrado en la puerta de hierro. Dudaba mucho que pudieran abrirse paso a través de esta puerta. En definitiva, estábamos seguros allí dentro… Al menos de momento.
Le hice un gesto a Carol y ambos comenzamos a subir por las escaleras hasta que llegamos al segundo piso. Ya estábamos delante de la puerta de la casa de mis abuelos. La casa donde había vivido durante cierto tiempo. Con mucho cuidado, abrí la puerta y entramos. Carol y yo nos quedamos un rato en el pasillo, escuchando atentamente. Al no escuchar nada en el interior, comencé a caminar por la casa, mirando habitación por habitación. Hasta que regresamos al pasillo.
—Aquí no hay nadie. No están— dijo Carol mirándome.
—Ya… Puede que los evacuaran a tiempo… Eso espero— respondí —Eso espero…
—Si… No me cabe duda que los evacuaron— dijo Carol acariciándome el brazo y mirándome con cierta ternura.
—Bueno… Voy a recoger algo a mi habitación. Luego nos vamos a casa de tus familiares—dije mientras caminaba hacia mi habitación. Carol me siguió de cerca. Cuando llegamos, comencé a sacar algo de ropa del armario.
—Así que esta es tu habitación— dijo Carol avanzando por esta y quitando una sábana que cubría un televisor de plasma de treinta y dos pulgadas —No está nada mal. Se nota que te cuidabas— Carol avanzó entonces hasta la estantería y comenzó a ojear los libros.
—Si. Está tal y como la dejé antes de irme al ejército. Solía venir todos los fines de semana. Aquí estaba bastante tranquilo… Y, además, les hacía compañía a mis abuelos. Nunca he sido de salir mucho y la verdad es que prefería estar aquí que de fiesta por ahí— respondí mientras sacaba una mochila grande del armario y la comenzaba a llenar de algo de ropa.
— ¿Qué vas a hacer? — preguntó Carol
—Cojo algo de ropa. Llevo la misma desde que comenzó esto. Además, tarde o temprano necesitaremos ropa todos. Para cuando el invierno llegue. Eso sobretodo.
— Entiendo— dijo Carol acercándose y cogiendo una camisa. Entonces me miró — ¿Puedo hacerte una pregunta? Es algo personal— preguntó Carol —No tienes por qué responder si no quieres.
—Claro— respondí —Pregunta lo que quieras. Por mí no hay problema.
— ¿Tienes novia? — preguntó en ese momento Carol. Esa era la pregunta que menos me esperaba.  Entonces la miré.
— ¿Yo? Que va. No… No tengo ¿Y tú tienes novio?
Carol se paseó por la habitación y se sentó sobre la cama. Entonces se tumbó —Lo tuve. Aunque un mes antes de que esto comenzase a pasar, cuando ya habían empezado los indicios que traían esto… Lo dejé. Decidí mandar a la mierda a ese capullo.
— ¿Qué paso si se puede saber? — pregunté movido por la curiosidad.
—Ese cabrón tenía la mano un poco suelta, se tiró a mi mejor amiga… Y, además, me follaba fatal. Se corría enseguida y yo me quedaba a medias. Un asco— respondió Carol incorporándose un poco.
—Claro. Y como es natural, lo dejaste al instante ¿No?
—Sí. Aunque reconozco que debí mandarlo a tomar por culo cuando me soltó la primera hostia, pero era tan imbécil que no solo me convencí de que era culpa mía, sino que, además, le quería. Tras dejarlo, también corté mi relación con aquella capulla falsa de mierda. Podría haberle avisado, y decirle que ese imbécil seguramente la forraría a hostias cuando tuviera un mal día, pero me dio igual. Cuando esto empezó los volví a ver, pero ya eran infectados, no sentí nada de pena por ellos. Solo dije: Que les jodan— explicó Carol.
—Entiendo. Aunque quizás si tuviste que avisarla. Tuviste que decirle que ese tío era un maltratador de manual— respondí.
—Tengo clara una cosa. La tuve desde el momento que empezó esto. Desde que vi que cada día podía ser el último…— dijo Carol dando unas palmadas en el colchón para que me sentara a su lado.
— ¿El qué? — pregunté mientras me sentaba a su lado. Ella sonrió entonces.
—En situaciones cercanas a la muerte. Donde no sabes cuándo vas a morir. Lo mejor es empezar a vivir la vida.  Y lo mejor de esa vida, es el sexo— dijo Carol acercándose a mi cada vez más y tocándome la pierna mientras la iba subiendo poco a poco.
—No estoy seguro de entenderte— respondí alejándome un poco de ella, aunque enseguida se situó sobre mí. Carol acercó su boca a la mía y me besó mientras metía su mano dentro de mis pantalones.
—Sé que me deseas. Estamos solos, no dejemos pasar esta ocasión. Dejémonos llevar y follemos como si fuera nuestro último día en la tierra— Carol volvió a besarme. Después se quitó la camisa dejando sus pechos al descubierto. Ambos volvimos a besarnos, yo me quité el cinturón y nos dejamos caer en la cama.

Nave industrial de las afueras de El Puig…

David se encontraba frente a Félix en el baño donde lo habían metido. Félix estaba sentado en el suelo, no hablaba y tenía la mirada perdida. Era como si no estuviera ahí. Ese hecho, estaba desesperando a David por momentos.
—Félix por favor… Tienes que reaccionar y defenderte. Yo sé que no has sido tú. Sé que no has hecho daño a esos niños, pero no podemos ayudarte si no hablas. Reacciona joder—dijo David pegándole un bofetón, pero no sirvió para nada. Félix continuaba ausente.
Lidia entró en el baño sosteniendo una bandeja con algo de comida. Ella se agachó al lado de Félix y le acercó la bandeja esperando que reaccionara, pero tampoco hubo respuesta por parte de este.
— ¿Alguna novedad? — preguntó Lidia mirando a David.
—Nada. Sigue sin abrir la boca… Está en estado de shock y no parece que vaya a recuperarse. Está demasiado ido— dijo David
—Los nuevos quieren matarle. Especialmente el grupo de los cinco chicos que visten la misma sudadera. No dejan de decir que ha sido el… Lo peor es que están comenzando a convencer a los demás… Incluso yo estoy comenzando a tener dudas…— confesó Lidia.
—Salgamos fuera— dijo David levantándose sin mirarla. Ambos salieron del baño y continuaron hablando fuera.
— ¿Qué pasa? — preguntó Lidia mientras observaba a David cerrar con llave. Eso, impedía tanto a Félix salir como impedía que los demás entraran a hacerle daño.
— Yo no creo que fuera él. De verdad que no, pero… ¿Y si de verdad fue él? ¿Y si se volvió loco y los mató? Todos hemos estado sometidos a mucho estrés— dijo David
—Yo tampoco quiero pensarlo… Pero… Es que era el quien estaba cuidando de los niños… Fue el quien entró con las manos manchadas de sangre— Lidia hizo una pausa —No… No puede haber sido él. Es imposible.
—Aun así… El caso es que ha sido uno de nosotros. El asesino es alguien que está aquí. Por eso fue tan rápido— dijo David —El asesino es alguien del grupo. No me cabe duda.
—Pero… ¿Quién?  — preguntó Lidia entonces — ¿Quién puede haber sido capaz de algo así?
—Lo averiguaremos… Pero no sé cómo— respondió David
******
David y Lidia estuvieron sentados delante de la puerta del baño, vigilando un rato hasta que les tocó el turno a Leandro y a Emilio. Ya estando desocupado, David salió fuera a la parte trasera y vio como el padre Lucas clavaba dos cruces de madera, las cuales, el mismo había tallado con las maderas de los palés. Después se arrodilló frente a ellas y comenzó a rezar. David se acercó a él, esperó a que acabara de rezar y comenzó a hablarle.
—Disculpe ¿Le interrumpo?
—Ya había terminado de rezar. Aun así, si quieres, siéntate y recemos juntos— respondió el sacerdote con una forzada sonrisa. Se le notaba muy afectado por la muerte de aquellos dos niños.
—Lo siento padre. Yo no soy creyente y hace mucho que no rezo. Concretamente desde mi primera comunión. Nunca creí en dios… Aunque también creía que era imposible que los muertos volvieran a caminar… Y ya ve…— respondió David. Entonces, consciente de que quizás había podido ofender al sacerdote, quiso aclararlo —Aunque respeto las creencias de los demás. No veo nada de malo en que usted u otros recen.
—No te preocupes. Entiendo tu punto de vista— dijo el padre Lucas poniéndose de pie. Entonces miró a David — ¿En qué puedo ayudarte joven?
—Estoy aquí por Félix— respondió David de forma tajante.
— ¿Félix? Es ese chico que parece ser que ha matado a los dos niños ¿No? — preguntó el padre Lucas
—Yo no puedo probar que no haya sido el, pero necesito que usted trate de hablar con él.  Quizás a usted si le hable. Es sacerdote… Puede que se confiese… No se…— dijo David —También necesito que hable con su gente. Necesito que les convenza de que necesitamos tiempo. No podemos dejar que lo linchen, dejándose llevar por una sospecha. Hay pocas posibilidades, pero juraría que no fue el. Me niego a pensarlo.
—Lo aprecias mucho ¿Verdad? — el padre Lucas se acercó a David y le puso la mano en el hombro —Veré que puedo hacer. Intentaré que hable y también hablaré con mi gente. Les pediré que esperen y no se precipiten. Si te soy sincero, no soy partidario de la ejecución. Nunca lo he sido… Creo que todos merecemos una redención, pese a la gravedad de nuestros pecados. Todos hemos pecado en algún momento— dijo el padre Lucas
—Padre… Lo que está claro… Es que el asesino es alguien de aquí. Alguien que está entre nosotros. Voy a hacer todo lo que pueda para encontrarlo. Cuando lo encuentre… Es muy posible que lo mate. Sea quien sea, incluso si ha sido realmente Félix. Juanma me ha puesto al mando y he estado tomando esa decisión. No podemos dejar que haya un asesino entre nosotros. Es un riesgo que no podemos permitirnos. Cada rato que pasa, nuestras vidas corren más peligro. Este podría volver a actuar— dijo David
—Hablando de Juanma ¿Ya han vuelto? Se fue con Carol creo— dijo el sacerdote.
—Todavía no regresaron, pero cuando vuelva, sé que no permitirá que hagan daño a Félix—respondió David.

Massamagrell…

Me levanté de la cama y comencé a abrocharme los botones de mis pantalones vaqueros. Entonces, Carol me agarró del brazo y tiró de mí. Yo acabé de nuevo sentado en la cama.
—Vuelve aquí ¿Qué te crees que haces? —preguntó Carol mirándome con una sonrisa. —Vuelve a la cama.
—Vístete— dije poniéndome de pie otra vez. Terminé de ponerme la camisa y volví a mirar a Carol —Tenemos que irnos. Tenemos que ir a donde viven tus familiares ¿Recuerdas?
—Por favor…— dijo Carol tumbándose de nuevo —No seas aguafiestas. Quedémonos un rato más y hagámoslo otra vez— dijo Carol levantándose y cogiéndome de los brazos mientras comenzaba a besarme en el cuello. Luego me besó en los labios y me los mordió un poco. Luego acercó su boca a mi oído mientras me tocaba en la entrepierna. —Sigo cachonda… Y tú también.
—Tenemos que irnos ahora. No perdamos más el tiempo— respondí apartándola un poco.
—Si… Iremos… Pero podemos ir después. Quedémonos un poco más ¿Voy a tener que convencerte? — preguntó Carol mientras se iba arrodillando y me bajaba la cremallera de los pantalones.
Yo la levanté y la miré a los ojos —Vamos ahora. Quiero volver con los demás lo más pronto posible. Se va a hacer de noche.
Carol se apartó de mí y comenzó a vestirse —Joder… Parece que te arrepientes de haber follado conmigo. Cuando estaba encima de ti, no estabas tan borde. Disfrutabas…— dijo Carol mientras se ponía la camisa.
—No me arrepiento… Pero ahora mismo tenemos cosas más importantes en las que pensar. Tu familia, por ejemplo. Viniste por ellos ¿Recuerdas?
—Si… Ya me queda claro…— Carol terminó de vestirse y los dos salimos por la puerta. Pensé en cerrar con llave, pero finalmente no lo hice. Ya no tenía sentido.
Carol y yo subimos a la terraza y nos asomamos. Miramos hacia abajo y vimos que el grupo de infectados seguía allí abajo. De hecho, parecía que había más que antes.
—Como suponía no se moverán de ahí a menos que alguien los distraiga— le hice un gesto con la cabeza y le dije que me siguiera. Los dos saltamos una de las paredes de la terraza y pasamos a la siguiente. Una vez en ella, nos acercamos a la puerta, accedimos al interior del edificio y comenzamos a bajar las escaleras. Llegamos a la calle que había detrás de mis abuelos y volvimos a cruzar la vía. Llegamos al coche y dejé la mochila con ropa en el maletero. Entonces miré a Carol — ¿Dónde está la casa de tus familiares?
—Está al lado de la estación de trenes del pueblo. Es un edificio con una fachada de ladrillos— respondió Carol
—Vale. Sube y vamos— respondí. Carol me miró.
— ¿Qué te pasa? ¿Estás enfadado?
—No. Solo quiero que terminemos con esto y regresemos. Nada más— respondí subiendo al coche. Carol también subió y nos pusimos en marcha.
Llegamos a la estación de trenes en diez minutos. Fue el tiempo que nos costó llegar desde donde nos encontrábamos. Al llegar, vimos que había un tren que había descarrilado y posteriormente se había calcinado. Los vagones estaban cruzados sobre las vías y habían chocado contra algunas de las casas. También había restos de personas por todas partes. Probablemente, eran los que habían muerto en aquel accidente.
—Joder… Menuda se ha liado aquí… Mira cuantos cadáveres— dijo Carol mirando los cuerpos que había desperdigados por allí.
— ¿Es ese el edificio? —pregunté yo señalando un edificio con una fachada de ladrillos.
—Si… Es esa…— respondió Carol.
Carol y yo nos acercamos a la portería. Cuando ella intentó pasar, le corté el paso. Entonces le hice un gesto de negación con la cabeza.
—No pases así por las buenas y sin mirar. Es imprudente. Podría salir un infectado por sorpresa de cualquier parte… Pueden llegar a ser muy silenciosos. No te arriesgues así.
—Tranquilo. No te preocupes por mí. Soy mayorcita— respondió Carol
—Ve detrás de mí, encanto— dije yo pasando al interior de la portería.
—Como tú quieras.
Carol y yo comenzamos a subir. Yo caminaba delante con la pistola en alto. Dispuesto a disparar en cualquier momento. Llegamos al segundo piso y entonces me giré para mirar a Carol.
— ¿En qué piso es?
—En el cuarto— respondió ella.
Subimos hasta el cuarto piso y entramos en la casa que Carol me indicó. Esta estaba bastante oscura debido a que estaba anocheciendo. Entonces encendí la linterna que llevaba. Comencé a enfocar por todo el pasillo que teníamos ante nosotros. Comenzamos a avanzar. La casa parecía estar completamente vacía. Avanzamos un poco más y cuando estábamos llegando a la cocina, escuchamos unos pies que se arrastraban. Rápidamente supe lo que eso significaba y me giré para mirar a Carol.
—Atrás— dije mientras apuntaba hacia delante, esperando a tener al infectado a tiro.
— ¿Es un infectado? — preguntó Carol pegándose a mi espalda. Pude notar como estaba temblando.
—Eso parece… Viene de la cocina al parecer— respondí mientras Carol y yo íbamos retrocediendo.
No pasó mucho tiempo hasta que pude ver una sombra que se extendía sobre el suelo de la cocina. finalmente se asomó un infectado. Se trataba de un hombre de unos cincuenta años más o menos. Únicamente llevaba unos calzoncillos de color azul y tenía la barriga al descubierto, en la que podía verse un tajo del que colgaban parte de los intestinos. Al vernos, comenzó a caminar hacia nosotros.
—Dios mío… Es mi tío…— dijo Carol
—Vámonos de aquí antes de que venga a por nosotros— dije mirando a Carol. Ella asintió.
Cuando nos dimos la vuelta, vimos a un niño de unos cinco años en la puerta. Este vestía un pijama de Spider—Man.  Nos estaba observando y estaba comenzando a avanzar. Quizás había salido de una de las habitaciones que habíamos dejado atrás. Carol se llevó las manos a la cara —Es mi primo Pablo— Carol comenzó a arrodillarse con los brazos abiertos, como esperando que el niño corriera a abrazarla.
Sin pensármelo dos veces, la cogí del brazo y tiré de ella. Ambos comenzamos a correr por el pasillo de la casa y salimos. Bajamos corriendo por las escaleras y llenamos a la entrada del edificio.
—No podemos dejarles así— dijo Carol.
Yo la miré a ella y la entendí muy bien, por qué era lo que iba a hacer yo si veía a mis abuelos en ese estado.
—Quédate aquí… Ahora bajaré— respondí.
Comencé a subir las escaleras con el cuchillo en la mano. Cuando estaba llegando al tercer piso, vi al niño. Este al verme, comenzó a caminar. Yo retrocedí un poco y le clavé el cuchillo en la cabeza. Después, seguí subiendo y regresé a la casa, donde nuevamente me encontré con aquel primer infectado que habíamos visto. Al que Carol había identificado como su tío. Me acerqué a él y le asesté una patada en las rodillas, este cayó al suelo y yo le clavé el cuchillo en la cabeza.
Después de eso, comencé a buscar por la casa y entré en una habitación. Era una de matrimonio. Nada más entrar, un hedor a descomposición me abofeteó en la cara. Me tapé la nariz y entré. Cuando llegué al final de la habitación, vi el cuerpo de una mujer tumbado en la cama. Era como si el cuerpo se hubiese fusionado a la cama. Ni siquiera al verme pudo levantarse. Yo me acerqué a ella y le clavé el cuchillo en la cabeza. Después me acerqué a una mesita de noche y cogí una foto familiar en la que aparecían el matrimonio y el niño.
Bajé de nuevo a la entrada y me encontré con Carol. Entonces le entregué la foto —Con esto los recordarás como una vez fueron. Ahora vayamos con los demás.
Los dos llegamos al vehículo y subimos. Salimos de allí y nos adentramos nuevamente en los caminos. Allí detuve el vehículo para consultar el mapa que el padre Lucas me había dado.
—Estamos cerca— dije. Al ver que Carol no me respondía, la miré — ¿Estás bien?
—No…— respondió Carol —No estoy bien. Estoy destrozada.
—Te entiendo. Yo no he encontrado a mis abuelos. Voy a seguir con la incertidumbre de si estás bien o no. La misma incertidumbre que tengo con el resto de familia. No sé nada de ninguno de ellos. Si los hubiese encontrado convertidos, por lo menos ya me habría quitado un peso de encima, pero no. Seguiré comiéndome la cabeza. De hecho… Estoy hasta preocupado por una persona que realmente no sé si existe.
— ¿Qué quieres decir? — preguntó Carol
—Supuestamente tengo una hermana por parte de padre, pero como ya dije… No sé si eso es realmente cierto. Aun así, estoy pensando en ello y preocupado.
En ese momento, Carol comenzó a llorar. Entonces yo me acerqué a ella y la abracé.
—No quiero convertirme en uno de esos seres…
—No dejaré que te suceda eso— respondí. Entonces, nuevamente nos besamos.
******
Era de noche cuando llegamos a donde el padre Lucas me había indicado. Cuando me abrieron la puerta, entré y aparqué, vi como venían a recibirme. El primero en llegar fue David, y lo hizo con una expresión que ya conocía. Algo había ocurrido.
— ¿Qué pasa? — pregunté bajándome del jeep. David me miró.

—Ha pasado algo. Tenemos un problema muy grave…— respondió David.

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