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domingo, 13 de agosto de 2017

ZOMBIES Capitulo 20: Fe Fanática

20
Fe fanática

Día 14 de julio de 2010…
Nave industrial de empaquetado de frutas…
Unas horas antes…

—Padre… ¿Puedo hablar con usted un momento? — preguntó Samuel entrando en la auto caravana. Fue entonces cuando el sacerdote se dio la vuelta para mirarlo.
—Claro… Dime Samuel. Siéntate, yo acabo enseguida— dijo el padre Lucas terminando de asear a José. Ya que él, se había ofrecido voluntario para limpiar al joven soldado mientras Lidia descansaba un poco. Ella pasaba demasiadas horas allí dentro.
Cuando el sacerdote terminó, se sentó frente a él y lo tomó de las manos. Era algo habitual, porque era algo que hacían habitualmente tanto antes de todo como después. Así había sido desde el día que la mujer e hijos de Samuel murieron en aquel accidente de coche.
—Necesito consejo. Necesito que usted me oriente. Solo usted puede ayudarme— dijo Samuel —Necesito comprender todo esto. Necesito comprender que está pasando y cuál es mi propósito en este mundo.
—Yo tampoco sé que está pasando. No sé si esto es un castigo divino. Puede que los humanos hayamos agotado la paciencia de dios.
—Y si los humanos hemos agotado la paciencia de dios… ¿Por qué nosotros no hemos sucumbido al igual que las otras personas? ¿Acaso tenemos algo de especial? — preguntó Samuel
—Tal vez si… Tal vez no. Solo el tiempo lo dirá— respondió el sacerdote.
—Gracias padre. Ha sido de gran ayuda—  respondió Samuel. Este salió de la caravana tras hablar con el sacerdote. Caminó por el interior de la nave mientras le daba vueltas a lo que había dicho el padre Lucas. Quizás era por eso por lo que habían sobrevivido. Quizás era por eso por lo que él seguía vivo.
Samuel estaba solo en un rincón. Sentado sin hablar con nadie. Vio como el líder de aquel otro grupo se preparaba para marcharse a algún lugar. Después miró a un lado y vio a Carol discutiendo con Carlos. Este estaba como fuera de sí, mientras que ella, trataba de alejarse de él por todos los medios. Este trató de forzarla y ella le abofeteó. Cuando ella se marchó, Carlos se fue en otra dirección dando grandes zancadas.
Un rato después vio como Carol se marchaba con el tal Juanma. Enseguida comenzó a pensar. Esa Carol era una buscona que había estado fornicando con Carlos y antes que él, se había estado acostando con varios militares del refugio. Ahora, esta había posado sus ojos en otra presa.
Samuel fue paseando por la nave, observando a todos y cada uno de los que allí se encontraban. Mirase donde mirase veía impureza en aquellos actos. Una pareja que se abrazaban y miraban de forma lujuriosa, una pareja que seguro que no eran ni matrimonio. Vio a la doctora entrar en la auto caravana, nuevamente para cuidar al mal herido. Ella era la más pura de todos, esta se preocupaba por los demás y no iba restregándose con nadie. Todos los demás le daban asco, pero no ella.
Entonces se dio cuenta de algo. Comprendió entonces el por qué estaba allí. Comprendió por qué había sobrevivido. Lo había hecho para traer pureza al mundo… Y para eso, debía hacer algo para que eso ocurriera, algo que antes no habría estado bien, pero en esas circunstancias, el fin, justificaría los medios. Entonces vio algo que le llamó la atención. Era el tal Félix y los dos niños. Esas pobres criaturas eran puras aun, pero no tardarían en corromperse al estar envueltos por tanta depravación y sexo. Él se ocuparía de salvarles. Él iba a continuar su trabajo donde lo había dejado, esta vez, no fallaría.

22:45 horas de la noche…

Entre en los baños y vi a Félix sentado en un rincón. Este tenía los brazos cruzados sobre sus rodillas y la cabeza entre ellos. Con mucho cuidado y con la intención de no alterarle, me fui acercando a él. Me senté frente a él y comencé a hablarle.
—Me han contado lo que ha pasado ¿Porque no hablaste con el padre Lucas ni con los demás? Escucha. Y hazlo atentamente. No creo que lo hayas echo tú. Me parece impensable que tu hayas hecho daño a unos niños, pero si te encierras en ti mismo y te niegas a hablar, no podremos demostrar tu inocencia y esto terminará con tu ejecución. Los que piensan que has sido tu quieren tu cabeza. Quieren lincharte, vendrán en cualquier momento y no podré hacer nada para protegerte— Félix no abría la boca. Seguía en silencio, con la cabeza entre sus brazos. Eso me estaba desesperando cada vez más, tanto, que agarré a Félix de los brazos y comencé a zarandearle —Maldita sea. Intento ayudarte.  Por favor, tienes que defenderte.  Tienes que hablar y decir que no has sido tú, presentando argumentos. Sal de ese maldito estado de shock— Félix seguía sin hablar, yo me levanté y me acerqué a la puerta, entonces le lancé una última mirada —Está bien. No hables si no quieres. Los demás quieren ejecutarte mañana por la noche. Si no hablas antes… Ni yo, ni nadie, podremos hacer nada para evitarlo. Debes tomar una decisión.
Salí de los baños totalmente enfurecido. La situación se me escapaba. Félix era mi amigo y su vida estaba pendiente de un hilo. Yo me veía en la obligación de hacer algo, ya no solo como su amigo, si no también, como el líder de aquel grupo. Me giré hacia la derecha para pegarle una patada a una caja y entonces me encontré con Lidia sentada encima de unos sacos. Esta me miraba fijamente.
— ¿A ti tampoco te ha hablado? No habla con nadie.
—No, no me ha hablado— dije caminando para sentarme a su lado —Y eso es malo. Tenemos que hacer algo o se lo terminarán cargando. Se le ha acusado de algo muy grave. Algo que no ha hecho.
— ¿De verdad piensas que no ha sido él? ¿De verdad estás tan seguro? — preguntó Lidia mirándome a los ojos. Yo la miré fijamente a ella.
—Sé que no ha sido él. Lo conozco… Lo conozco de hace tiempo. Desde que íbamos al puto colegio. Yo sé que él es incapaz de algo así. Lo sé muy bien… Félix no lo haría— respondí. Yo estaba completamente seguro de que no había sido el… O quizás no quería saberlo ni quería reconocer que la posibilidad de que Félix hubiese perdido la cabeza, estaba ahí.
—Pues si tú crees en el… Yo también lo haré. Tendremos que hacer algo para demostrar su inocencia— dijo Lidia —Tendremos que hacerlo ya. El reloj corre en nuestra contra y en la suya.
—Se me ocurrirá algo, mientras tanto, procuremos que no se le acerque nadie que no sea uno de nuestro grupo— hice una pausa y volví a mirar a Lidia fijamente —Dime como está José ¿Qué tal sigue?
—Aparentemente está bien, pero… Sigue sin despertarse. A veces murmura cosas sin sentido. Lo hace de una manera que llega a asustar. Si te soy sincera… Ha habido veces que he pensado… Y me duele decirlo… He pensado en poner una almohada sobre su cara y asfixiarlo. Sé que eso es matar, pero sería lo más piadoso que podríamos hacer por el en momentos como este, pero ahora… Con lo de Valencia… ¿Quién sabe? Quizás podamos salvar su vida después de todo.
David y Leandro vinieron a hacer guardia en la puerta. Fue entonces, cuando Lidia y yo no fuimos hasta donde estaba el resto de nuestro grupo, a excepción del grupo del padre Lucas. Al llegar, Manuel se acercó a nosotros, por su expresión, parecía que esperaba una respuesta positiva por nuestra parte — ¿Qué te ha dicho? ¿Ha dicho algo?
—Nada… Sigue sin hablar. Está muy encerrado en sí mismo— respondí mientras me cruzaba de brazos.
En ese momento vimos al grupo de Andrés. Estos avanzaban todos juntos hacia nosotros, y por la expresión de sus caras, no parecía que vinieran a charlar de forma amistosa. Entonces me di cuenta de que no veían hacia nosotros, sino que iban a donde estaba recluido Félix, rápidamente, nosotros nos apresuramos a interceptarles.
—Eh… ¿A dónde cojones vais? – pregunté
— ¿A dónde crees tú? — preguntó entonces Elías. —Vamos a matar a tu amigo.
—Aun puedo demostrar su inocencia. Dadnos tiempo. Por favor— les pedí.
—Nada de tiempo extra. El tiempo se os ha acabado. No hay inocencia que demostrar, fue él y lo pagará. Por eso, yo opto por hacer con él lo mismo que hizo con los críos. Cortarlo en pedazos.
—No fue el— le dije señalándole con el dedo.
—Él era el único que estaba con ellos en el momento que se los cargaron. Si quieres, argumenta que se volvió loco y no sabía lo que hacía, pero eso no cambia el hecho de que fuera él. Ahora… Desaparece de en medio si no quieres que te reviente— me amenazó Andrés —Créeme que no quiero eso, pero lo haré si me obligas.
—Dame más tiempo. Lograré que hable y se defienda— supliqué
— Muy bien listillo ¿Y quién puede haber sido? Es evidentísimo que quien los ha matado, es alguien de aquí. Era él estaba quien estaba con ellos. No hay duda de que es evidente que fue él. No hay nada más que hablar. Ahora mismo voy a matarle— dijo Andrés sacando el machete que le colgaba de la cintura, cuando iba a comenzar a andar de nuevo, me interpuse otra vez, prácticamente pegando mi cara a la suya. Éramos como dos boxeadores a punto de empezar a darnos puñetazos.
—No des un paso más— dije mientras agarraba la culata de la pistola que llevaba en la cintura —No des un paso más, por favor— lo que estaba pretendiendo con mis suplicas, era no tener que dispararle para proteger a Félix, pero Andrés no dejaba de presionar.
—Será mejor que te quites de en medio. Es por tu bien. Si proteges a un asesino, eres tan culpable como él. Apártate— en ese momento, Andrés me empujó apartándome a un lado y yo caí de bruces al suelo, haciéndome daño en la mano y en las costillas. Eso hizo que los miembros de mi grupo se interpusieran. Rápidamente y pese al dolor, me puse en pie y volví a plantarme ante Andrés.
—No vuelvas a hacer eso.
—Tú te lo has buscado. A la próxima no seré tan compasivo, pese a que seas un tullido— me amenazó nuevamente Andrés.
—Está bien… ¿Quieres empezar a buscar culpables? Muy bien, pues escúchame con atención. Escúchame bien y entiéndelo a la primera, porque si te lo tengo que volver a explicar, lo haré de una manera que no te va a gustar. Para empezar, por lo que sabemos podrías haber sido tú. Como bien has dicho, el asesino es de este grupo.
— Espera un momento… ¿Me estás acusando? ¿A mí? — Andrés volvió a propinarme un nuevo empujón. —Te estás columpiando mucho y esto acabará mal para ti.
—Lo único que estoy diciendo, es que aquí, todos somos sospechosos. Eso también te incluye a ti. Eres tan sospechoso como el resto…
—Carol y tú no estabais aquí. Eso os libra de toda sospecha— dijo Elías —Lo que dices no tiene ningún sentido.
—Eso es cierto. Félix los perdió de vista un momento.  En ese lapso de tiempo, nadie os asegura que, en cierto momento, Carol y yo, volviéramos y descuartizáramos a los dos críos. Tu podrías haber aprovechado ese mismo tiempo para matar a los niños—  le dije mirándolo a los ojos. —Eres tan sospechoso como el resto.
— ¿Estás loco o qué? ¿Has perdido la cabeza? ¿Por qué te incluyes tú mismo como sospechoso? —preguntó Manuel —No tiene sentido.
—O lo somos todos o no lo somos ninguno— respondí. Estaba dispuesto a llevar la defensa de Félix hasta las últimas consecuencias. No iba a permitir que se acercaran a el bajo ningún concepto.
— ¿Por qué? ¿Por qué te empeñas en proteger tanto a ese chaval? ¿Es por qué sois amigos? — preguntó Andrés. Entonces me pegó un nuevo empujón, pero esta vez, en lugar de caer al suelo, me di la vuelta y le apunté a la cabeza con la pistola. Casi estuve a punto de dispararle. De hecho, lo estaba deseando. Andrés estaba acabando con mi paciencia.
—No solo eso. Si, somos amigos, pero le conozco desde hace tiempo y es incapaz de hacer algo como matar a unos niños. Hemos pasado por mucho desde que empezó esto. Es mi familia, como todos ellos— dije mirando a mi alrededor —La única que me queda. Si intentas hacer daño a mi familia… Te mato. ¿Te ha quedado claro?
Andrés miró a su grupo y poco a poco se fueron alejando. Los había detenido por el momento, pero yo sabía muy bien que ese no quedaba ahí.
******
A lo largo de las siguientes horas que duró mi guardia de aquella noche, intenté hablar con Félix varias veces, pero este seguía sin hablar. Tampoco se movía.
—Félix… No puedes quedarte callado. Te estás condenando tu solo. Los del nuevo grupo están convencidos de que has sido tú. Yo quiero ayudarte, pero no podré hacer nada si tú no me dejas. Reacciona. Reacciona de una puta vez— decía agarrando a Félix de la cabeza. Fue en ese momento cuando Félix levantó la cabeza y me miró, pero este seguía sin hablar.  Yo cada vez me sentía más impotente. Era el líder y no estaba consiguiendo nada para salvar la vida de Félix.
Llegó David a sustituirme y yo me levanté para ir a dormir. Pasé entonces por el patio trasero y vi a Carol sentada en el muelle de carga. No había hablado con ella desde que habíamos regresado. Me acerqué y me senté a su lado.
— ¿Qué estás haciendo aquí tu sola?
—Ya hacía tiempo que no miraba la luna. Antes tenía un telescopio en mi habitación. Me gustaba mirar las estrellas en noches tan bonitas como esta. Me relajaba— respondió Carol. Yo pensé que la molestaba y quise levantarme, pero entonces me agarró del brazo y me miró ¿Te importaría quedarte aquí conmigo?
—Me quedaré un rato y luego me iré a dormir— respondí mientras volvía a sentarme a su lado. —Aunque no sé dónde.
—Yo dormiré en la cabina de ese camión de ahí. Ya me la he preparado y probado. Se está muy a gusto— dijo Carol con una sonrisa. Entonces se acercó a mi oído —No quiero estar ahí sola. Tampoco quiero dormir… Quiero que me folles— Carol se apartó de mi oído y luego me besó.

Día 15 de julio de 2010…
8:00 de la mañana…

Ya había amanecido. Los rayos del sol me despertaron. Miré a mi lado y vi a Carol.  Ella estaba dormida con la cabeza apoyada sobre mi pecho. Con mucho cuidado de no despertarla, la aparté y me senté a un lado. Me vestí y salí de la cabina del camión. Comencé a pasear por el patio trasero en dirección a los baños donde estaba Félix encerrados.  Fue entonces cuando me crucé con Ángel. Él se encontraba sobre el autobús vigilando.
— ¿Vas a ir ver a Félix? — preguntó Ángel —Creo que es Bosco quien lo está vigilando en estos momentos.
—Sí. Espero que hoy hable. Esto se complica por momentos. La gente del padre Lucas lo culpa, quieren matarlo, y yo, no puedo hacer nada para demostrar que es inocente por mucho que piense. Eso me frustra— respondí.
Seguí avanzando tras despedirme de Ángel. Fue entonces cuando pensé en una alternativa. En algo que quizás funcionase. Pensé en huir con mi grupo llevándonos a Félix. Solo así lo salvaríamos de una muerte segura.
******
Lidia se encontraba cuidando a José en la caravana. Llevaba allí varias horas sin comer nada y sin beber. Cada vez estaba más preocupada por él. Comenzó a dar cabezadas, dejándose vencer por el sueño, cuando en ese momento, escuchó un ruido a sus espaldas, lo cual, hizo que levantara la cabeza de golpe. Al darse la vuelta vio a un hombre. Era uno de los que iba con el sacerdote.
—Hola— saludó Lidia –Te llamas Samuel ¿Verdad? Al menos eso creo, disculpa si estoy algo confundida— preguntó Lidia
—Sí. Mi nombre es Samuel, como el profeta ¿Cómo va? — preguntó Samuel señalando a José —No parece mejorar.
—Está vivo— respondió Lidia volviendo a mirar a José —… Pero sinceramente… No sé si aguantará. Necesita un hospital con urgencia, pero claro… Estando en la situación que estamos, dudo mucho que encontremos uno que siga funcionando. José no saldrá de esta. No parece que vaya a recuperarse nunca. Está condenado a morir… En un hospital sí que podría hacer algo por ella.
—Eres medico ¿Verdad? — preguntó Samuel —Al menos eso me pareció escuchar la primera noche que nos encontramos.
—Tenía mi plaza en el hospital clínico de Valencia. Era cirujana ¿A qué te dedicabas tú? —preguntó Lidia mirando a aquel hombre.
—Trabajaba conduciendo ambulancias— respondió Samuel —Aunque en mi caso, no soy tan útil como tú— Samuel avanzó y se sentó junto a Lidia.
—Vaya. Que gran casualidad— respondió Lidia con una sonrisa.
—Si. Es una gran casualidad. Aunque eso no me ayudó para salvar la vida de mi familia cuando murió en aquel accidente de tráfico. Quizás, si yo hubiese llegado hasta ellos… Se habrían salvado— respondió Samuel mientras se le humedecían los ojos.
—Lamento escuchar eso… Lo lamento de veras.
—Ahora están en un lugar mejor. No han tenido que ver toda esta locura— dijo Samuel secándose las lágrimas. Entonces, escuchó como las tripas de Lidia rugían debido al hambre. Entonces la miró — ¿Cuánto tiempo llevas sin comer exactamente? Ve y come un poco.
—Si… ¿Le echas tu un vistazo a José? — preguntó Lidia
—Sí. Vete a comer y no tengas prisa por volver. Pasas muchas horas aquí. Mereces un descanso. Yo lo vigilo y cuido de él. Puedes confiar plenamente en mi— respondió Samuel.
Lidia salió de la auto caravana. Se fue al comedor y allí se encontró con Carol. Esta estaba comiendo tranquilamente. Cuando la vio entrar, le lanzó una mirada.
— ¿Has visto a Juanma? Quiero inspeccionarle las heridas del hombro. También quiero ver que tal tiene la mano. Va tocando que le cambie los vendajes— dijo Lidia mientras cogía una bandeja y se sentaba a su lado.
—Para eso ya estoy yo— respondió en ese momento Carol. Lo hizo mientras miraba a Lidia. Con una mirada donde podía verse desprecio —También me tendrá a mí para darle lo que necesita. Ya no es necesario que tu sigas curándole. Puedes dedicarte por completo al moribundo. Juanma ya no te necesita para nada.
— ¿A qué te refieres? No sé de qué hablas— Lidia se quedó estupefacta con las palabras de Carol. Habían sido muy repentinas y cargadas de odio.
Carol se levantó apartándose de Lidia y terminó apoyándose en la pared cruzada de brazos. Entonces, le mostró una sonrisa.
—No te acerques a él. He visto cómo le miras. Él te gusta ¿Verdad? Te lo noto— dijo Carol —Las mujeres notamos esas cosas.
—Pero… ¿Qué tonterías estas diciendo? —preguntó Lidia poniéndose de pie y dando un golpe sobre la mesa. No entendía a que venía todo aquello. Sintió ganas de callar a esa maldita estúpida.
—Él ya me tiene a mí. Yo lo tengo a él.  Esta noche lo hice disfrutar mucho… Y el a mí. Será mucho mejor para ti que te busques a otro. Alguno que no se esté acostando ya conmigo.  De hecho, no hemos tomado precauciones y quizás esté embarazada. Solo el tiempo lo dirá. Aunque es algo que pasará tarde o temprano. Esta noche volveremos a acostarnos— las palabras de Carol eran totalmente maliciosas e iban con toda la intención de hacer daño.
— ¿Juanma y tu estáis juntos? —preguntó Lidia muy sorprendida. —No me lo puedo creer… ¿Fue el quien te ha dicho que me digas esto?
—Desde ayer. Nos acostamos por primera vez en casa de sus abuelos. Te lo diré una vez más. No te acerques a él o acabarás muy mal. Es solo un consejo.
Lidia se hartó de escuchar las palabras de Carol y se levantó. Salió por la puerta del comedor dando grandes zancadas mientras apretaba los puños. Pensó varias veces en dar media vuelta, regresar al comedor y golpear a Carol, pero no lo hizo. No valía la pena.
Lidia salió al patio trasero, caminó hasta la auto caravana. Cuando subió, vio a Samuel al lado de José. Ella miró a Samuel y vio que, en sus manos, sostenía un cuchillo lleno de sangre. Samuel la miró entonces, con cara de haber sido descubierto. Lidia miró entonces a José. Fue cuando vio lo que había pasado. La cabeza de José estaba separada de su cuerpo. Lo habían decapitado. Eso dejó a Lidia en estado de Shock. Tanto, que cayó de rodillas. Fue cuando Samuel, aun con el cuchillo ensangrentado en las manos, comenzó a acercarse a ella. Lo hizo con una perturbadora sonrisa en la cara.
—Tenía que hacerlo. Él se merecía un mundo mejor como los niños. El estar al borde de la muerte lo hacía puro al no poder seguir corrompiéndose. Los niños eran puros y por eso, los maté, para que fueran puros eternamente. Solo la muerte nos salva de la corrupción del alma. Tú también eres pura, por eso te dedicas a los otros.
— No… No puede ser… Tú…— decía Lidia balbuceando — ¿Tu mataste a esos niños? ¿Tu?
—Puedo darte algo mejor… Te daré algo mejor— dijo Samuel —Aunque tenga que matarte para ello. Solo así te daré la libertad.
—Estás loco… No fue Félix. Fuiste tú… Ahora mismo voy a avisar a los demás— dijo Lidia levantándose. Samuel fue más rápido y tiró de ella, arrastrándola por el suelo. La situó debajo de él y puso sus manos en las mejillas de ella.
—Déjame salir. Suéltame… Gritaré… —dijo Lidia. Entonces, Samuel le golpeó la cabeza contra el suelo.
— ¿Por qué no lo entiendes? Lo hago por ti, por salvar tu alma… Al igual que intenté salvar las almas de todo el mundo.  Lo hice cuando dejé a los muertos entrar en aquel refugio tan corrupto. Lamentablemente, nos salvamos en el último momento… Hui junto a ellos porque debía completar mi misión— explicó Samuel.
—Aléjate de mí— dijo Lidia totalmente aturdida.
—No temas, será rápido y especial. Te mereces que sea algo mejor que lo de los niños y este chico. Mejor que lo de los demás. Algo digno de alguien tan puro como tú— dijo Samuel —No pienses que voy a matarte. Piensa que voy a salvar tu preciosa alma. Entonces, Samuel golpeó a Lidia y la dejó inconsciente. Se levantó y miró por la ventana de la auto caravana. No tardarían en encontrar el cuerpo del chico y entonces, también le descubrirían a él. Lo había decidido, se marchaba de allí.
******
Me encontraba delante de la puerta de los baños donde estaba Félix encerrado. David, Leandro, Toni, Bosco y Héctor estaban conmigo. Estábamos hablando de lo que había decidido. Todos estaban de acuerdo, íbamos a coger al resto de nuestro grupo y nos marcharíamos de allí, llevándonos a Félix. Solo así lo salvaría. Aunque eso, significase, dejar atrás a buenas personas como el padre Lucas… Y a Carol.
— ¿Estás seguro que es esto lo que quieres hacer? — preguntó David —Ya sabes lo que significa. Lo que significa para todos.
—Si. Ya no sé qué otra cosa hacer— respondí —Es lo único que se me ocurre.
— ¿Y si ha sido realmente él? Estaríamos llevando a un asesino con nosotros. Estaríamos poniendo nuestras vidas en peligro. Quizás deberíamos pensarlo un poco más— dijo Héctor
—No hay nada más que pensar.  Me niego a creer que ha sido él. Nos largamos y nos lo llevamos con nosotros. A fin de cuentas, desde que empezó esto, hemos tenido que matar a otros. Yo maté a Molano empujándolo contra los infectados. Estos lo devoraron. Después con lo de los saqueadores. Casi todos hemos matado a otros. Todos somos asesinos— respondí mirando a Héctor.
—Estoy contigo… Debemos marcharnos. Andrés y los otros no descansaran hasta matarle— dijo David. —Nos prepararemos con cautela y nos marcharemos de aquí.
—Muy bien. Hay que ir preparándose entonces. No hay que dejar que nadie que no sea uno de nosotros se acerque mientras tanto— les dije a todos mirándolos —Debemos protegerle.
— ¿Y qué haremos si después de todo ha sido él? — dijo Bosco —Yo tampoco creo que el haya matado a los niños, pero debemos contemplar esa posibilidad. Debemos contemplar que sí que fue el ¿Qué hacemos entonces?
—En ese caso… Deberemos ocuparnos nosotros. Solo nosotros. Él es nuestro amigo. Nuestra responsabilidad… La mía— respondí mirando a Bosco.
— ¿Matarlo? — preguntó Toni mientras me miraba.
—No… No estoy de acuerdo en tener que matarlo. Si al final resulta que sí que fue el… Lo abandonaremos y nos marcharemos. No volveremos a verlo. Puede que acabe muriendo a manos de los infectados o a manos de otros. Es lo único que podemos hacer. Solo en un caso extremo— aclaré. Aunque aún no había tomado del todo esa decisión.
— ¿Y qué haremos después? —preguntó Leandro
—Volveremos al plan de ir a Valencia. Tal y como ya teníamos previsto— respondí —Si realmente allí hay un refugio, permanecerán allí por tiempo indefinido.
— ¿Estás seguro de eso que dices? —preguntó Toni. Por la expresión que le vi, se le notaban muchas dudas.
—Si.  Estoy completamente seguro— respondí. Fue entonces cuando vi como Bosco y David se quedaban mirando al frente. Yo me di la vuelta y entonces, miré hacia donde ellos miraban.  Eran Andrés y a los otros, estos se acercaban de forma decidida, iban armados con palos y sus propias armas. venían dispuestos a matar a Félix. Por sus caras, ya no íbamos a poder retenerlos más. Tendríamos que enfrentarnos, y eso, iba a traer nefastos resultados para todos.
—Vamos a hacerlo fácil. Dejad que hagamos lo que vinimos a hacer. No os conviene entrometeros. Os apartaremos a la fuerza si es necesario. Os trataremos como a él si así lo queréis. No permitiremos que ese asesino siga respirando. Apartaros— dijo Andrés.
—Él no ha sido. No voy a dejar que le hagáis nada— dije yo mientras me ponía delante de la puerta. No iba a permitirles pasar. Aunque esta vez, las cosas terminaran muy mal.
—Me estás cansando con la misma cantinela de que él no ha sido. Baja de esa puta nube en la que vives y hazte a un lado. Vamos a lincharle ahora mismo. Os abriremos la cabeza si os entrometéis. Esto ha durado demasiado— dijo Jaime avanzando hacia mí con una vara de hierro en las manos.
—No os voy a dejar. Si quieres que me quite, tendrás que hacerlo tú— dije plantándome ante él. En ese momento, llegó Andrea corriendo.
—He intentado detenerles, pero no me han hecho caso. Lo siento, traté de detenerles y convencerles de que no es necesario matarlo ahora. Tenemos que estar completamente seguros— dijo Andrea. Entonces miró a los miembros de su grupo —Seamos coherentes.
—Escuchad— dije mientras trataba de relajarme —No somos animales. No podéis matarle por las buenas. Debéis esperar, debemos esperar.
— ¿Que no somos animales? — preguntó entonces Andrés caminando más hacia mí — ¿Y el que coño es? Es un jodido degenerado que ha matado a un par de críos inocentes. Vamos a pagarle con la misma moneda. La misma moneda que cobrareis vosotros como sigáis tocándome los huevos. Fuera de mi puto camino. 
—Vamos. No seáis gilipollas y quitaros del medio… U os daremos una paliza. Juro que lo haremos— dijo Elías avanzando hacia mí. Estaban dispuestos a pasar esta vez y no íbamos a poder detenerlos. El tiempo se nos había agotado.
— ¿Una paliza? Me gustaría ver como lo intentas. Venga valiente— dijo Toni adelantándose unos pasos e interceptando a Elías —Da un paso más y el único que muera aquí y ahora serás tú ¿Te queda claro ahora capullo?
—Basta todos. No tenéis porque pelearos. Podemos tener una conversación civilizada y llegar juntos a una decisión— dijo Andrea metiéndose en el medio.
En ese momento, Anna, Alicia y Carol se acercaron corriendo. Parecía que había ocurrido algo. Ellas nos alcanzaron y vimos que estaban muy alteradas.
—Ha pasado algo terrible— dijo Carol intentando relajarse. Yo me acerqué entonces a ella.
— Dime qué ha pasado ¿Por qué estáis tan alteradas?
—Es José— respondió Carol —Está muerto— la revelación de Carol hizo que todos nos miráramos. Incluso Andrés y los otros, que hasta hacía nada querían matar a Félix, se quedaron estupefactos. Carol me miró —Alguien le ha cortado la cabeza.
— ¿Qué le han cortado la cabeza a José? — preguntó Bosco mirando a Anna. Ella estaba respirando agitadamente mientras temblaba. —Ha sido horrible descubrirle.
—Ha sido asesinado…— dije mirándolos a todos —Félix no ha salido de aquí en ningún momento. Él no ha podido ser. Es inocente.
Todos los demás llegaron hasta donde estábamos nosotros. También sabían lo de José.  Y también venían diciendo que Lidia no estaba… Y que allí faltaba otra persona.
—El tío ese… Samuel tampoco está. Lo hemos buscado por aquí dentro. No lo encontramos. Ha desaparecido— dijo Víctor —Él es quien mató a los niños.
—Joder… Samuel— murmuró Jaime completamente consternado —Si parecía buen tipo.
— ¿Veis como no fue Félix? Joder. Fue Samuel, el mató a los críos y ahora, puede que haya matado también ha Lidia. Hay que buscar y encontrar a ese hijo de la gran puta.
Sin pensármelo dos veces, me di la vuelta y comencé a abrir la puerta del baño. Iba a sacar a Félix de allí, por fin había quedado demostrado que no había sido él. Estaba demostrado que era inocente. Abrí la puerta, pero cuando entré, vi algo que hizo que el corazón me diera un vuelco. Félix estaba de lado, tirado en el suelo.  Sus manos estaban cubiertas de sangre y tenía varias heridas parecidas a mordiscos en las muñecas. Al ver eso, me lancé rápidamente en su ayuda.
—¡¡¡Joder!!!
— ¿Pero qué demonios? —preguntó Bosco entrando justamente detrás de mí.
—Félix se ha intentado suicidar. Se ha mordido las muñecas— entonces le tomé el pulso en el cuello. Alcé la cabeza y miré a los demás —Creo que todavía sigue vivo ¡Carol!
Carol entró rápidamente dentro del baño y se puso junto a mí para tomarle ella el pulso.
—Su pulso es muy débil. No ha perdido mucha sangre, pero si no cortamos la hemorragia se morirá— respondió Carol.
—Tienes que hacer algo ¿No eres medico? Tienes que salvarle la vida— le espeté a ella.
—Está bien. Presiona las heridas. Que no siga sangrando. Va a necesitar una transfusión ¿Cuál es su grupo sanguíneo? — preguntó Carol mirándome.
—No lo sé. Eso lo sabía Lidia y lo tenía apuntado en una libreta. No hay tiempo para buscarla— respondí. Estaba tan agitado que pensé que en cualquier momento iba a darme un ataque de nervios. Era lo último que necesitábamos en esos momentos.
—Usad mi sangre— dijo Andrés en ese momento —Soy donante universal. Es lo menos que puedo hacer por el después de haber pretendido lincharlo. Se lo debo.
—Muy bien. Hay que sacarlo de aquí y llevarlo a un sitio que esté limpio— dijo Carol —Ayudadme a levantarlo.
Sin pensármelo y pese al latigazo de dolor que sentí. Levanté a Félix y lo saqué de allí ayudado por Andrés. Íbamos a llevarlo a las oficinas. Era el lugar que estaba más limpio allí.
—Nosotros nos ocuparemos de buscar a Lidia— dijo David mientras me miraba desde debajo de la escalera. Mientras tanto, yo subía cargando a Félix.
—Encontradla… Y encontrad también a Samuel.
Andrés y yo llegamos a las oficinas. Una vez allí, tumbamos a Félix sobre la mesa. Carol entró detrás de nosotros y cerró la puerta. Esta traía el botiquín entero. Había ido al autobús a toda velocidad y había regresado. Entonces, preparó una jeringuilla conectada a un tubo y se la pasó a Andrés.
—Clávatelo en el brazo cuando yo te diga— dijo Carol mientras le buscaba la vena a Félix.
— ¿Qué hago yo? —pregunté.
—Tu sigue presionando las heridas. Hay que cortarle esa hemorragia o la transfusión no servirá de nada— yo asentí rápidamente.
Estaba nervioso y furioso. Félix se moría, José estaba muerto y un loco peligroso que andaba suelto, había desaparecido junto a Lidia. ¿Qué más nos podía pasar?
******
Lidia estaba inconsciente, amordazada y atada.  Samuel la había metido en el maletero de uno de los coches. Había ido a abrir la puerta. Mientras, en el interior de la nave, parecía haber ocurrido algo, pero no le importaba. Tenía mejores cosas en las que pensar, como llevar a cabo su misión. Entró al interior, se sentó al volante y encendió el motor. Tenía que salir de allí. El sacrificio de la chica tendría que hacerlo bien lejos de los otros, solo así lo culminaría con éxito. En ese momento, los cuatro de los militares aparecieron delante del coche, avanzando directos hacia él. No tardaron en quedarse parados delante del coche, impidiéndole así el paso.
— ¿A dónde vas Samuel? Parece que tienes mucha prisa. Nos gustaría hablar contigo ¿Por qué no sales del coche? — preguntó Jorge dando unos pasos hacia él.
Jorge sabía muy bien lo que hacía. Tenía que parecer que no sospechaban de él. Necesitaban cogerlo vivo para sacarle donde estaba Lidia. Tampoco podían disparar contra el de buenas a primeras, porque perfectamente, Lidia podía estar dentro del coche. Probablemente en el maletero. Tenían que ser muy cautos.
—Si… Pero… Si no os importa… Hablamos luego ¿Vale? Tengo que salir un momento. He recordado que tenía algo que hacer. Estaré de vuelta muy pronto— dijo Samuel
— ¿Fuera de aquí? ¿Con miles de muertos ahí fuera? Sal del coche… Por favor— dijo Ángel situándose en la ventana del copiloto y metiendo la cabeza por la ventanilla.
—Sí… Sí.  Tranquilos. Tendré cuidado. Ya veréis, estaré de vuelta antes de que os deis cuenta— respondió Samuel mientras veía a los otros dos militares caminar hasta el maletero. Iban a descubrirle. Entonces vio que más miembros del grupo salían del interior de la nave. Estos, también comenzaban a caminar hacia el coche. Samuel comenzó entonces a sudar.
—Ha habido otro asesinato ¿Sabes? José… El militar que estaba herido. Le han cortado la cabeza— dijo Víctor desde la parte trasera — ¿Por qué no sales y abres el maletero? Si quieres salir, necesitamos saber que estarás bien. Sal y abre el maletero.
Samuel comenzó a ponerse más nervioso todavía. Sus manos comenzaron a temblar y a sudar. Su plan se estaba yendo al traste. Era evidente que los militares sospechaban de él.
— ¿Acaso escapó el chico del baño? – preguntó Samuel intentando no tartamudear.
—No, pero ya sabemos quién ha sido el asesino— dijo Jorge preparando el arma. Algo de lo que Samuel se dio cuenta. No tardó en poner las manos sobre el volante. Mientras, observaba al resto del grupo que había salido. Estaban rodeando el coche y, además, estaban apuntándole a él.
— ¿Quién…? —preguntó Samuel cada vez más nervioso. En ese mismo instante, Jorge y los otros militares apuntaron a Samuel con sus fusiles.
—Déjate de tonterías gilipollas ¿Dónde está Lidia? Dinos donde está… O te reventamos—le amenazó Ángel —Sal del coche y no me toques más los huevos.
— ¿Que estáis diciendo? Haced el favor de no apuntarme con eso. Las armas me dan miedo. Las armas como esas, las carga el diablo— decía Samuel sin soltar el volante. —Por favor…
—Sal del coche y abre el puto maletero. No me obligues a disparar. Mira a tu alrededor. No tienes a donde ir. Estás rodeado— dijo Víctor caminando y situándose delante del coche. Apuntándole directamente a la cabeza.
—No sé de qué me habláis— dijo Samuel con lágrimas en los ojos. —Dejad que me vaya. Tengo algo muy importante que hacer. Es esencial que lo haga. Dios así lo quiere.
— ¿Dios? — preguntó Paco abandonando la parte trasera y avanzando hacia la puerta del conductor. Cogió el tirador y trató de abrir la puerta. Al ver que no podía, retrocedió y apuntó. Paco estaba perdiendo los papeles —Que me digas donde está Lidia. Hazlo de una puta vez, pedazo de mierda ¿Ya la has matado cabrón?
En ese momento, con un ágil movimiento, Samuel golpeó a Paco y pisó el acelerador. Enseguida todos comenzaron a disparar. El coche conducido por Samuel salió disparado y casi los atropelló. Tuvieron que echarse a un lado cuando el coche atravesó la valla y se fue alejando por la carretera.
—Se escapa— dijo Hugo saliendo al camino mientras disparaba.
—Nosotros nos encargamos. Vosotros regresad al interior— dijo Víctor echando a correr con los demás militares detrás. Los cuatro alcanzaron y subieron al blindado. Rápidamente, salieron en persecución de Samuel. Tenían que atraparle y hacerle confesar donde estaba Lidia.
Tras la huida de Samuel. David y Bosco entraron al interior de la nave. Iban a contar lo que había pasado. Al entrar, se encontraron con Toni y Leandro, los cuales se dirigían al patio delantero, atraídos por los disparos que habían efectuado.
— ¿Qué ha pasado? Hemos escuchado disparos y un fuerte ruido— preguntó Leandro — ¿Qué ha pasado?
—Samuel ha huido. Probablemente se ha llevado a Lidia con él. Va en un coche. Víctor, Ángel, Jorge y Paco van tras el— dijo David
Andrea se acercó corriendo en ese momento a David y a los otros. Parecía estar asustada por algo.
—Andrea… ¿Qué pasa? — preguntó David agarrándola de los brazos — ¿Qué has visto?
—Infectados… Están saliendo de los campos. Vienen hacia aquí… Seguramente los han atraído los disparos— respondió Andrea —Hay muchos.
—Joder… Esto es una puta locura. Lo de los infectados ya es lo que nos faltaba. Hay que cerrar las puertas y quedarnos callados, puede que pasen de largo— dijo David corriendo hacia las puertas. Una vez allí, comenzó a hacerles señas a los que permanecían fuera, para que regresaran corriendo al interior.
—Vienen directos hacia aquí— dijo Emilio pasando corriendo por la puerta.
Todos los que permanecían fuera entraron y con la ayuda de Bosco, David cerró la gran puerta de hierro principal. Se quedaron todos en silencio, esperando que pasaran de largo, pero entonces, comenzaron a escuchar los primeros golpes. Los infectados habían llegado a la puerta, no habían pasado de largo.
—Ya están aquí… ¿Qué hacemos? — preguntó Leandro.
David los miró a todos —Muy bien. Escuchadme con atención. Los que no puedan luchar que busquen inmediatamente un lugar seguro. Vamos a tener que defendernos sin usar armas de fuego. Usaremos el cuerpo a cuerpo para matarlos. No podemos arriesgarnos a atraer a más. Tenemos que acabar con ellos para que cuando Jorge y los otros regresen. No se encuentren con ellos.
—Que no nos rodeen o estaremos muertos. Para evitarlo, tendremos que movernos continuamente y no quedarnos en espacios pequeños. Eso marcará la diferencia entre la vida y la muerte ¿Entendido? — dijo Bosco cogiendo una barra de hierro y pasándole otra a Manuel. Entonces miró a Anna y a Alicia. —Id a un lugar seguro y no salgáis. Marcharos todas— dijo mirando al resto de chicas. Las veía demasiado confusas y asustadas.
—Andrea… Ve con ellas— dijo David acercándose a ella, pero esta se negó.
—No. Dejadme ayudaros. Puedo hacerlo— dijo Andrea cogiendo una tubería —No pienso quedarme mirando mientras vosotros arriesgáis la vida. Estoy capacitada para luchar— David la miró y asintió.
Con todos preparados, David y Bosco avanzaron hacia un lado de la puerta y la abrieron. Dejando que los infectados entraran dentro de la nave.
—A por ellos. Defended este lugar a muerte— dijo David mientras seguido por los demás, se lanzaban al ataque y comenzaban a golpear a los infectados.
******
Carol estaba manchada de sangre. Félix estaba entre la vida y la muerte. Yo presionaba con todas mis fuerzas sobre las heridas que Carol no estaba suturando. La mano que tenía rota me dolía a horrores por la fuerza que estaba haciendo con ella. Mientras tanto, Andrés, que se estaba sacando sangre para donársela a Félix, estaba comenzando a sentirse mareado. Las cosas se habían descontrolado por completo y yo, me sentía completamente impotente. Fue entonces cuando comencé a escuchar gemidos abajo y gritos, seguidos de fuertes golpes y crujidos de cráneos al romperse. Era evidente que habían entrado infectados y que nuestro grupo estaba luchando para salvar sus vidas y las nuestras. Fue en ese momento cuando me di cuenta de algo… Y eso era que, si salíamos airosos de esta, nuestra nueva vida en un planeta muerto, no había hecho nada más que comenzar y que ese momento, solo era uno de muchos que vendrían en adelante y que serían mucho peores y duros.

Continuará…

Fin del volumen 1 de Zombies

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