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Gracias y bienvenidos al blog. En este blog podréis leer desde el principio la historia titulada Zombies (Esta vez corregida y mejorada), a la que le seguirán sus secuelas: Necroworld y The Survivors Land. En ellas, seguiréis el periplo de un grupo de supervivientes que iniciarán su historia en el pueblo Valenciano de Puzol, pasando por Valencia capital, Barcelona y Madrid. Un periplo que les llevará hasta los Estados Unidos. Esta historia es probablemente la historia de Zombies más larga de la red, ya que cada una de sus partes, cuenta con 200 capítulos en su totalidad. Si te gusta, sígueme en el blog y mis redes sociales, contacta conmigo por Email y suscribete via Email en la pestaña Email address para estar informado de las publicaciones. Esta historia también puede leerse en Wattpad.

domingo, 14 de enero de 2018

ZOMBIES: Capitulo 002 Pandemia

Capítulo 002
Pandemia

Día 15 de junio de 2017…
Puzol… 9:00 horas de la mañana…

—Mamá… No pierdas más el tiempo. Coge el equipaje que tengas que coger y sal de casa con papá. Id al instituto… Juanma y yo iremos más tarde. El sigue en la comisaria— decía Cristina mientras con una mano, llenaba su mochila. Las cosas en el pueblo se habían desmadrado tanto que las autoridades y el ejército, habían comenzado a actuar, convirtiendo ciertos puntos del pueblo como el instituto y el polideportivo, en refugios para los habitantes de Puzol. Ahí era donde permanecerían hasta que todo pasara… Con suerte.
— ¿Estás segura hija? — preguntó su madre. En la voz, podían detectarse muchas dudas.
—Si. Nos reuniremos con vosotros más tarde. Lo prometo…

Día 16 de junio de 2017
7:00 horas...

Los tres nos quedamos atónitos ante la masiva llegada de mensajes. Por lo visto, la línea había vuelto por unos segundos, permitiendo que los mensajes llegasen. Rápidamente, Cristina abrió la aplicación y vio que la mayoría de mensajes eran escritos, pero, había tres de ellos, con una duración superior a un minuto.
Los mensajes escritos mostraban una hora concreta, todos habían sido mandados a media noche, pero como en esos momentos no había línea, no habían llegado. Podíamos leer que preguntaba si tardaríamos mucho en llegar, esos eran los mensajes más tranquilos, pero a medida que la hora de los mensajes iba en aumento, también lo hacía el nerviosismo en la escritura. Llegamos por fin a los mensajes de audio y los escuchamos atentamente, lo primero que nos dimos cuenta, fue el ruido de fondo, eran gritos, disparos y explosiones.
En los primeros audios se escuchaba hablar a la madre, a mi suegra. Totalmente nerviosa. Nos decía que estaban dentro del gimnasio del instituto y que los muertos eran muchos. También, en otro de los mensajes, la madre de Cristina trataba de decirnos algo sobre mi suegro, pero el ruido no nos dejaba entender que quería decir. El último mensaje se cortó con la voz de mi suegra, diciéndole a Cristina que la quería, y diciéndome a mí, que cuidara de su hija.
Los tres volvimos a mirarnos, al no haber más mensajes, era imposible saber que más había pasado. Aunque ese último mensaje, sonaba a despedida. Cristina se guardó el móvil de nuevo en el bolsillo y se cargó su mochila al hombro.
—Tenemos que ir… Mis padres nos necesitan…
—Cris…— David iba a decir algo. Probablemente lo mismo que yo estaba pensando, pero Cristina se adelantó.
—No lo digas… No te atrevas a decirlo— ella me miró a mí —Tú me entiendes ¿No? Sabes que debemos ir.
Miré a David en ese momento —Aun existe la posibilidad de que sigan vivos. Nuestras familias también se encuentran allí… Debemos comprobarlo.
David asintió entonces —Muy bien. Pues hagámoslo. Salgamos de aquí.
Los tres salimos por la puerta y nos quedamos de pie ante el cobertizo. En el suelo aun podían verse las huellas de los pies descalzos de la mujer que habíamos visto durante la noche y que, en algún momento, esta se había marchado.
Miramos al cielo y lo vimos de un color grisáceo, pero no por que estuviera nublado, sino porque la ceniza de los distintos incendios, lo cubría todo.
Caminamos hasta la orilla del rio y comenzamos a caminar con intención de alcanzar el segundo puente. Íbamos caminando con todos los sentidos alerta, fue entonces cuando vimos lo que parecía un cuerpo flotando en el agua, y conforme nos íbamos acercando, confirmamos que efectivamente se trataba de un cuerpo humano… Y no era el único. Había bastantes cuerpos más, eran hombres y mujeres de distintas edades, había incluso niños.
—Probablemente eran pasajeros del avión— dijo David señalando los restos del aparato volador que todavía podíamos ver en la distancia.
— ¿Podemos seguir? — preguntó Cristina apartando la mirada de las más de tres docenas de cuerpos.
Seguimos caminando hasta que llegamos al puente. Este estaba en muy buen estado, aunque en él, había varios vehículos parados.
—Puede que podamos utilizar alguno— dijo David acelerando el paso. Comenzó a caminar entre los coches, observando dentro de ellos con la esperanza de ver las llaves puestas en alguno. Finalmente, vio las llaves puestas en uno y su cara se iluminó. —Estamos de suerte—David cogió el tirador y entonces se activó la alarma.
El sonido de aquella alarma era ensordecedor allí, tanto que tuvimos que taparnos los oídos. Los faros también comenzaron a encenderse de forma intermitente.
—Apaga eso— le dije alzando la voz. El, asintió y comenzó a toquetear los botones del salpicadero, pero sin éxito. Fue en ese momento cuando vi varias siluetas avanzar hacia nosotros por ambos lados del puente. Al principio, pensé que eran personas, pero cuando los vi mejor, supe que estaba muy equivocado. Eran caminantes. De repente, uno de aquellos seres apareció arrastrándose por debajo de uno de los coches y agarró el tobillo de Cristina. Este intentó morderla y yo tuve que moverme rápidamente para evitarlo, le asesté una violenta patada en la cabeza y aquel ser soltó a mi mujer, pero, aun así, no pareció que mi patada le hiciese daño. Este se puso en pie lentamente y yo lo empujé con todas mis fuerzas. El cadáver viviente pasó por encima de la barandilla del puente y se precipitó al agua. Cuando alcé la cabeza, vi que cada vez había más de aquellos seres rodeándonos. Había tantos que nos iba a ser imposible avanzar con el coche. Estábamos atrapados en el centro del puente, con la alarma del coche, sonando sin poder ser apagada.
—Salgamos de aquí— les dije a David y a mi mujer —Saltemos.
David asintió y se alejó del coche que había tratado de coger, pero cuando lo hizo, se vio sorprendido por un hombre muerto. Este lo agarró del hombro y trató de morderle, pero entonces, David se zafó de él, lo empujó y abrió fuego contra él, disparándole tres veces en el pecho. El cuerpo cayó de espaldas, pero aún no había terminado de tocar el suelo con todas las extremidades, cuando estaba comenzando a levantarse de nuevo.
— ¿Pero qué cojones?...
Sin perder más tiempo, tomé a mi mujer del brazo y tiré de ella. Nos acercamos a la barandilla de hierro del puente y entonces me miró. —No sé nadar— pero sin embargo ignoré aquello. Su madre me había pedido que la protegiera y eso iba a hacer. La cogí en brazos y salté al agua.
Ambos salimos a la superficie al mismo tiempo que David tras efectuar un par de disparos, saltaba al agua. Rápidamente, me apresuré a coger a mi mujer para sacarle la cabeza del agua.
—Nademos hacia la orilla— dijo David señalando hacia la orilla que queríamos alcanzar atravesando el puente.
David y yo, con mi mujer prácticamente subida sobre mi como si fuera una barca, comenzamos a nadar mientras veíamos a los muertos vivientes doblarse sobre la barandilla y caerse al agua para no volver a salir a flote.
Logramos alcanzar la orilla y nos paramos a descansar. Cristina se había dejado caer a cuatro patas y había comenzado a toser, expulsando la poca agua que había tragado.
—Al menos ya sabemos que no saben nadar— dijo David mirándome y después, mirando a los cuerpos que seguían cayendo al agua.
—Salgamos de aquí— dijo Cristina incorporándose.
Los tres subimos el terraplén y alcanzamos la acera. Justo delante de nosotros, teníamos una tienda de pesca junto a una tienda de revelado de fotos. Desde allí, vimos a varios de aquellos muertos que habían comenzado a caminar hacia nosotros. La alarma ya había dejado de sonar.
Los tres comenzamos a correr, sin dejar de mirar a nuestras espaldas. Íbamos a intentar despistarlos. Nos adentramos en una calle estrecha y peatonal. Seguimos adelante y llegamos a una avenida. Allí, lo que vimos nos dejó atónitos. A ambos lados de la avenida, había vehículos calcinados o destrozados, ninguno de ellos nos iba a servir. La zona era como si hubiese estallado una guerra terrible, no se veía ni un alma, ni siquiera en los bloques de viviendas que teníamos frente a nosotros. Lo único que veíamos en las ventanas de las viviendas, eran sábanas blancas con mensajes de socorro escritos.
—Mira eso— dijo en ese momento David mientras señalaba la calle por la que habíamos venido. Esta estaba llenándose de caminantes que seguían nuestros pasos. También comenzaban a surgir de otra de las calles cercanas.
Sin perder más tiempo, los tres comenzamos a correr, ya ni siquiera mirábamos atrás. Doblamos una nueva esquina y llegamos a otra calle, la recorrimos a toda velocidad y llegamos a otra avenida, pero fue entonces cuando nos detuvimos en seco. Lo que vimos allí no podía compararse a la avenida anterior. Ante nosotros, había miles de caminantes parados y deambulando por la zona. También podíamos ver restos de helicópteros y otros vehículos militares, todo destrozado. Aquello fue tan repentino que apenas tuvimos tiempo de reaccionar, ni siquiera cuando al vernos, comenzaron a caminar hacia nosotros. Inesperadamente, se movieron demasiado rápido. Entonces, David y yo nos vimos obligados a levantar nuestras armas y abrir fuego mientras retrocedíamos.
Nuestros disparos retumbaban por toda la avenida, y era lo único que estábamos consiguiendo, porque los disparos no hacían mella en ellos, seguían avanzando, prácticamente acorralándonos. Lograron hacernos retroceder hasta que llegamos a una nueva calle por la que comenzamos a correr, esquivando a los muertos vivientes que nos salían al paso y trataban de agarrarnos. Llegamos a una plaza, esta era la principal del pueblo, y allí, se encontraban el ayuntamiento del pueblo y una iglesia… Y también, otra gran cantidad de aquellos seres se acercan a nosotros desde otro punto, cortando todas nuestras vías de escape. David y yo, nuevamente comenzamos a disparar. Disparamos hasta que la munición del cargador que teníamos puesto comenzó a agotarse… Y cuando eso sucediese, estaríamos muertos.
—Al camión— dijo en ese momento mi mujer mientras señalaba a un punto. Y miré a donde señalaba y entonces vi a lo que se refería. Había un camión de color verde empotrado en una de las paredes del ayuntamiento. Rápidamente, supimos a lo que se refería y comenzamos a correr hacia él, mientras agotábamos la munición. Logramos alcanzar la cabina del camión y trepamos por ella, alcanzando así el tráiler. Una vez allí, cambiamos los cargadores y apuntamos a aquellos seres por si intentaban subir, pero eso no sucedió. Una cantidad cada vez más creciente de aquellos seres, se aglomeraba a ambos lados del camión, alzando los brazos para alcanzarnos. Nosotros, los observábamos desde arriba. Viendo como gruñían y gemían.
—Lo hemos conseguido— dijo Cristina sentándose —Y aquí no parece que puedan subir. Ni siquiera lo intentan.
—Pero nosotros ya no podemos bajar. Lo único que hemos conseguido es aplazar un poco más nuestro final— dijo David sentándose también en el suelo.
Mi compañero y amigo tenía razón. Habíamos logrado escapar de esos seres, pero al mismo tiempo, habíamos en parte, cometido un error. No íbamos a poder bajar de ahí nunca y así, solo aguantaríamos unos pocos días antes de morir de hambre y de sed.
*****
Pasaron varias horas hasta que llegó el medio día, el calor comenzó a volverse sofocante. Al mismo tiempo, los gruñidos y los gemidos cada vez se iban volviendo más insoportables. Estaban acabando con nuestros nervios. David estaba dando vueltas por encima del remolque del camión mientras yo me sentaba junto a mi mujer.
—Hasta aquí llegamos…— dijo ella sacándose la fotografía de nuestra hija del bolsillo. —Supongo que pronto estaremos con ella.
—Lo siento… Se supone que debía protegerte… Así lo expresó tu madre en ese mensaje. Lo único que he conseguido ha sido traerte a un punto de no retorno— respondí conteniendo las ganas que tenía de llorar. Me sentía fatal, me sentía como si yo mismo hubiese matado a mi mujer y a mí mismo. En cierto modo así era.
—Míralo de este modo. Al menos podremos elegir el modo en que queremos morir. En ese sentido somos afortunados ¿Cómo lo podemos hacer? ¿Una bala para cada uno?
—No vamos a morir. Yo no dejaré que suceda— respondí —Vamos a sobrevivir a esto. Aun no sé cómo, pero vamos a sobrevivir a esto— en ese momento, Cristina me puso la mano en la mejilla y me miró a los ojos, en los cueles, pude ver la derrota y la desesperanza. Iba a hablar, pero entonces escuché a David llamarme. Yo entonces miré a mi mujer —Ahora vengo.
Me levanté y caminé hacia David. Él estaba de pie al borde del tráiler en el que estábamos subidos, frente a nosotros, teníamos la pared del ayuntamiento. La fachada presentaba varios salientes.
—Fíjate— dijo David señalándome hacia una de las ventanas que estaba abierta, esta estaba a unos metros por encima de nosotros. Otra ventana estaba más o menos cerca de nosotros, pero cerrada. —Se me ha ocurrido algo. Podría trepar hasta esa de ahí arriba, bajar unos pisos y abrir esa de ahí. Tender una especie de puente y así, vosotros dos podríais entrar.
—¿Estás loco? Aunque lograses agarrarte a los salientes… Un paso en falso te haría caer… Morirías. No pienso dejar que lo hagas.
—Gracias por la preocupación, pero no te estaba pidiendo permiso. Solo te informaba de lo que iba a hacer— respondió David mirándome mientras se llevaba las manos a la cintura y luego volvía a mirar a la ventana. —Si logro alcanzar esa ventana, tendremos posibilidades. Quedarnos aquí arriba… Lo único que nos traerá es la muerte. Hay que hacer algo. Además, sabes que escalo bien.
Lo que decía David era cierto, más de una vez habíamos ido de escalada y con diferencia, él era el que mejor escalaba de todos. No había ni punto de comparación, si alguien lograba alcanzar esa ventana, ese sería el sin duda.
—Está bien, pero ve con cuidado— dije dándole una palmada en el hombro. —Suerte.
—Si… Por qué a ti no te dejo esta responsabilidad ni de coña— respondió el con una sonrisa.
Era momento de prepararse. Él se quitó el cinturón con la pistola y me lo entregó a mí — ¿Qué harás si te encuentras a alguno de estos ahí dentro? — le pregunté.
—Un par de hostias y finiquitado. Esto es a mano, el cinturón solo me estorbaría— respondió David.
—Aun estás a tiempo de echarte atrás— le dije intentando que se lo pensara mejor.
—Ya está decidido. Allá voy— dijo el acercándose al borde y mirando abajo. Después retrocedió unos pasos hasta el otro extremo del tráiler para coger carrerilla. Una vez se preparó, comenzó a correr y saltó. Fue un salto increíble y preciso. Sin problemas, logró agarrarse a uno de los salientes y se quedó colgado. Debajo de él, los caminantes comenzaron a apelotonarse los unos contra los otros, levantando los brazos para agarrarlo.
Rápidamente, David se balanceó en el saliente y logró alcanzar con los pies otro. Se soltó del primero y se quedó totalmente agarrado. Cristina y yo lo observábamos desde la superficie del tráiler, ambos teníamos el corazón en un puño. Un solo error y estaría muerto.
—Cristina— dije mirando a mi mujer. Entonces le di la pistola de David —Si algo pasa… Si David cayese… Bajaré a por el… Necesitaré que nos cubras desde arriba… Incluso… Si ves que no lo vamos a conseguir…
—Nunca haría eso— respondió ella —Él lo conseguirá— Cristina sabía muy bien que iba a decirle si nos veía en problemas. Ambos volvimos a observar a David. Él estaba nuevamente trepando por la pared, con cuidado y buscando siempre un saliente del que poder agarrarse. Lo cierto era que lo estaba haciendo muy bien. Si seguía así, no tardaría en alcanzar la ventana que tenía como objetivo.
David logró alcanzar por fin la ventana. Con un rápido movimiento, logró introducirse en el interior del ayuntamiento, una vez dentro, se aseguró que no hubiese nadie más allí dentro con él. rápidamente, se asomó por la ventana.
—Veré que puedo encontrar. Quizás en el cuarto de mantenimiento pueda encontrar una escalera que utilizar como puente.
—Muy bien, pero ve con cuidado ahí dentro— respondió Cristina.
David se apartó de la ventana y miró a su alrededor, confirmando nuevamente que no hubiese nadie más allí. Se dio cuenta de que se encontraba en una especie de oficina. Así lo delataban la cantidad de ordenadores que había allí, los archivadores y las mesas. Por las pintas del lugar, parecía que habían abandonado el lugar rápidamente. Algo que a David no le sorprendió en absoluto, estaba seguro de que la comisaria en la que trabajaba, estaba más o menos igual.
Se acercó a la única puerta del lugar y giró el pomo, por suerte estaba abierta. Salió a un pasillo oscuro, donde enseguida notó un olor bastante nauseabundo, enseguida supo a que era debido, a unos metros de él, tumbado boca abajo, se encontraba el cuerpo de una mujer rubia de pelo rizado. Su ropa estaba hecha girones y manchada de sangre.
Caminó hacia delante y pasó por encima del cuerpo, entonces, ocurrió algo que casi hizo que se le parara el corazón. El cadáver alzó la mano y trató de agarrarle. David lo esquivó rápidamente y se apartó. El cadáver trató de arrastrarse hacia él, pero estaba tan destrozado que no podía moverse demasiado.
David no quiso perder más el tiempo, se alejó del cadáver y alcanzó las escaleras que daban al piso inferior. Tenía que alcanzar el cuarto de mantenimiento del ayuntamiento. Allí dentro debía haber algo que le sirviera, lo que más le interesaba, es que allí dentro hubiese una escalera.

Bajó rápidamente los escalones, pero sin dejar de mirar en todas direcciones, asegurándose de que no hubiese más seres de esos allí dentro, pero era evidente que estaba solo, aun así, seguía escuchando los gemidos y gruñidos del exterior. Por fin llegó a la planta baja del ayuntamiento. Allí el ambiente era tan desolador como el de la oficina, una muestra más de que se habían largado sin mirar atrás. Miró entonces hacia la puerta y vio a través de los cristales las sombras de aquellos seres de la calle, también vio parte del destrozo que había hecho el camión al empotrarse contra la pared. Por lo poco de la cabina que se veía, esta había reventado parte de la pared y había bloqueado por completo la entrada. Lo que más se veía eran escombros, cristales rotos y restos de aquellos seres. Lo que más le llamó la atención, fue una cabeza que había en el suelo, esta aun abría y cerraba la boca, era un espectáculo macabro. Rápidamente apartó la vista y se dirigió al cuarto de mantenimiento, recordaba donde estaba. Llegó a la puerta y cuando se dispuso a abrirla, se vio sorprendido por la espalda, el cañón de un arma se situó en su nuca y la voz de un chico le advirtió que no se diera la vuelta o estaría muerto.

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