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Gracias y bienvenidos al blog. En este blog podréis leer desde el principio la historia titulada Zombies (Esta vez corregida y mejorada), a la que le seguirán sus secuelas: Necroworld y The Survivors Land. En ellas, seguiréis el periplo de un grupo de supervivientes que iniciarán su historia en el pueblo Valenciano de Puzol, pasando por Valencia capital, Barcelona y Madrid. Un periplo que les llevará hasta los Estados Unidos. Esta historia es probablemente la historia de Zombies más larga de la red, ya que cada una de sus partes, cuenta con 200 capítulos en su totalidad. Si te gusta, sígueme en el blog y mis redes sociales, contacta conmigo por Email y suscribete via Email en la pestaña Email address para estar informado de las publicaciones. Esta historia también puede leerse en Wattpad.

domingo, 25 de febrero de 2018

ZOMBIES: Capitulo 008 La visita de la muerte

Capítulo 008
La visita de la Muerte

Día 19 de junio de 2017
Centro comercial… 19:45 horas…

Tomás subía los escalones a duras penas. Su vista se nublaba por la pérdida de sangre y se sostenía el estómago para evitar que se le saliesen las tripas que comenzaban a colgar por la herida que tenía. De vez en cuando, miraba a sus espaldas para ver la muchedumbre que le seguía, pero pronto, todo eso dejaría de importar, pronto estaría en el piso superior con todos los demás, pronto estaría a salvo. Lidia le curaría sus heridas.

Caserón…
19:15 horas…

Jordi, el recién llegado, nos había reunido a todos en el salón de la casa, y todos, a excepción de Bernardo, nos habíamos reunido allí. Nada más llegar, me había percatado de la cara de preocupación de nuestro nuevo compañero.
—Mi hijo ha empeorado. Tiene mucha fiebre y los medicamentos que le hemos dado no han bajado la fiebre. Solo quería deciros eso— dijo Jordi mirándonos a todos. —Si mi hijo muere… No sé qué podré hacer.
En ese momento miré a Leandro, él era el que más conocía el proceso. Él lo había vivido de primera mano — ¿Cuánto tiempo pasó desde el momento que mordieron a tu hermana hasta el momento que murió?
—Fue cuestión de horas y no pudimos tratarla. Ahora, sin embargo, hemos tratado al muchacho con Ibuprofeno y Paracetamol. Parece que hemos retrasado un poco la infección. Puede que también tenga que ver el tipo de sangre del individuo… No lo sé— respondió Leandro.
—Quizás con un medicamento más fuerte consigamos que la fiebre baje del todo— dijo en ese momento Anna. Eso hizo que todos la miráramos.
—Es posible. Por lo que se, es la fiebre la que te mata. Quizás, si no hay fiebre, no muera y así le salvemos la vida. Aunque hay que destacar que cuando comenzaron los primeros casos, el procedimiento de los medicamentos fuertes se llevaría a cabo. Puede que no sirva de nada— dijo Leandro cruzándose de brazos —Hay muchas cosas que desconocemos.
—El caso… Es que mientras nosotros perdemos el tiempo aquí, discutiendo que hacer, a ese niño se le acaba el tiempo— interrumpió Cristina. —Tenemos que actuar… Y tenemos que hacerlo ya.
En ese momento, Sonia, que nunca solía hablar, dio un paso al frente —Cristina tiene razón. Mientras discutimos que hacer, hay un niño a punto de morir. Hay que hacer algo ya. Ese niño necesita un medicamento fuerte para bajarle la fiebre y evitar que muera. Podríamos usar Metamizol. Se suministra vía intravenosa.
— ¿Y cómo sabes tú eso? — preguntó Bosco.
—Hace años… Antes de casarme… Fui auxiliar de enfermería— respondió Sonia.
—Vale. Pues ya está, vamos a una farmacia y asunto solucionado— dijo Bosco.
—No conseguiréis el Metamizol en una farmacia cualquiera… Para conseguir eso, habrá que ir al mismísimo hospital— respondió Sonia, que de repente, se había convertido en la voz cantante de la conversación.
—Eso del hospital… No suena demasiado bien— dijo en ese momento David tras lanzar un suspiro.
— ¿Por qué lo dices? — preguntó Leandro.
—Porque cuando se armó el gran follón. El hospital vomitaba muertos vivientes como un quinceañero que se ha puesto hasta las cejas de alcohol. Ir al hospital es prácticamente una idea suicida. Por no hablar de que fue objetivo de saqueadores— respondió David —Resumiendo. No digo que no vayamos, lo que digo, es que debemos saber a qué nos vamos a enfrentar. Si lográsemos volver, que no está claro, es probable que lleguemos tarde. Una vez allí, las cosas se nos podrían complicar mucho.
—No. Para ir al hospital, tendremos que llevar al chico y administrarle allí el medicamento— comencé a decir —A lo que voy es que tendremos que proteger al chico en todo momento.
—Yo me puedo ocupar de mi hijo. Lo protegeré con mi vida— dijo en ese momento Jordi.
Entonces me quedé mirando al resto —Entonces vamos a ponernos en marcha ahora mismo— miré a Mateo —Nuevamente voy a necesitar la furgoneta. Pondremos un colchón ahí y tumbaremos al chico— Mateo asintió en señal de que no había problema y después, miré a David —Odio pedirte esto, pero necesito que me acompañes.
—Ya lo había decidido. Así que cuenta con ello— respondió David.
—Yo también te acompañaré— dijo en ese momento Cristina. Eso, hizo que la mirara rápidamente. Ella, se apresuró a hablar —No pienso quedarme esperando aquí de brazos cruzados esperando a que regreses y padeciendo por que no sabré si volverás o no. Además, se disparar. Me enseñaste bien.
—Yo no le llevaría la contraria— dijo en ese momento David.
—Entonces yo también voy— dijo en ese momento Leandro.
—No. Tu no— me apresuré a decir.
— ¿Por qué no? Yo también se disparar— dijo Leandro dando unos pasos hacia delante. —También quiero ser útil.
—Ya lo eres. Tu eres el único que sabe de electrónica. Dependemos de ti para arreglar esa radio. Si te pasa algo, el resto estarían vendidos. David y yo somos polis… Somos prescindibles.
—Yo también os acompañaré. Tengo experiencia disparando— dijo en ese momento Mateo. Algo que hizo que todos lo miráramos con asombro. Y la primera que dio la negativa, fue su nieta.
—Abuelo… No— Nora caminó hacia su abuelo y lo abrazó. —No soportaría que te pasase algo— entonces Mateo le devolvió el abrazo.
—Tranquila. Tu abuelo es un tipo muy duro. Tu eso ya lo sabes. Además, quiero ayudar a estas buenas personas. Aquí ahora mismo, pese a que seamos desconocidos… Estamos aprendiendo a vivir juntos y a cooperar. Ninguno estaríamos vivo de no ser así. Quédate en casa y prometo que volveré sano y salvo.
—Entonces ya está. Nosotros seremos los que vayamos— miré entonces a Bosco. Este miró primero a Anna y luego a mí.
—Siento no haberme ofrecido voluntario, pero…
—No. Me parece bien que te quedes. No quisiera que la casa se quede desprotegida mientras no estamos. Quédate con Anna y los demás— respondí. Después de eso, miré a los demás. —Bien. Es hora de prepararnos. Nos vamos dentro de unos minutos.
*****
Nos encontrábamos en la habitación donde habíamos dejado las armas bajo llave. Allí, estábamos preparándonos para la partida. Íbamos a prepararnos bien. Estaba probando uno de los fusiles cuando vi entrar a Sonia.
—¿Qué haces aquí? — pregunté mirándola. David y Mateo estaban a mi lado y también la miraron.
—Yo también voy a ir— dijo en ese momento Sonia. Eso hizo que mirara a David.
—Te saltaste la clase de tiro. Te limitaste a mirar. No estás preparada para esto. Estaremos muy pendientes de proteger al chico como para protegerte a ti también. Lo siento— dijo en ese momento David.
—¿Sabéis poner una vía? — preguntó en ese momento Sonia. Esa pregunta hizo que los presentes en aquella habitación nos quedáramos mirándonos. Nuestra respuesta obviamente fue negativa. —Entonces vais a necesitar que vaya con vosotros. Me necesitáis.
—Está bien. Mantente cerca de nosotros en todo momento ¿Y tu marido? — pregunté.
—Durmiendo la mona. No necesito su aprobación— respondió Sonia.
Con todo listo, nos dirigimos al exterior, donde la furgoneta ya estaba lista. Allí Mateo se estaba despidiendo de su nieta y Jordi estaba poniéndole un trapo húmedo en la frente a su hijo, el cual, ya estaba tumbado en la parte trasera de la furgoneta. Yo subí allí y me dirigí a él, entonces, le hice entrega de un destornillador.
—¿Para qué es esto?
—Es solo por si acaso. Por si muriera antes de llegar. No dejes que regrese como uno de esos seres. Si muere, clávaselo en el cerebro a través del oído. Sé que no será fácil.
Jordi asintió y yo bajé de la parte trasera, donde me crucé con Cristina. Ella miró a Jordi y luego a mí —Yo iré aquí detrás también, por si él no se atreviese… Lo haré yo.
—Bien— dije asintiendo. Después de eso, me dirigí a la parte delantera y subí. Allí, me encontré con Mateo y con David, este, estaba al volante. Cuando Sonia subió a la parte trasera, nos largamos del caserón en dirección al hospital. Miré mi reloj, eran las 19:46 horas de la tarde.

Centro comercial…
19:46 horas…

Rosa y Manuel solían apartarse del resto cuando necesitaban intimidad. Para ello, habían cogido un colchón y lo habían metido detrás del mostrador de una tienda de ropa. Era allí donde pasaban la mayor parte del tiempo.
Rosa se incorporó, se levantó del colchón y comenzó a vestirse. Cuando terminó, se dio la vuelta para mirar a su novio. —Será mejor que te vistas— al ver que este no la miraba. Chasqueó los dedos para que la mirara —¿Estás en la tierra o en algún planeta lejano?
Manuel pareció volver en sí y la miró.
—Sí, perdona. Estaba dándole vueltas a lo nuestro y me he dado cuenta de que te quiero— dijo Manuel mirándola al tiempo que se sentaba y se encendía un cigarro.
—¿Te estás poniendo romántico? ¿Tu? ¿Qué ha sido de ese Manuel duro como el hormigón? — preguntó Rosa con una sonrisa.
—He estado dando vueltas a todo lo que hemos perdido y me he dado cuenta de que solo me quedas tú. No sé lo que haría si te perdiese. Este rollo del fin del mundo me ha servido para madurar.
—Eres muy tierno— dijo Rosa a medida que se inclinaba para besarle.
Rosa salió de la tienda con una sonrisa en los labios. Lo cierto era que se sentía distinta. Desde que el mundo se había ido al infierno, se sentía más unida que nunca a Manuel.
Caminó por aquel pasillo con tiendas a ambos lados, primero pasaría por el baño y luego iría a la tienda donde estaban todos los demás reunidos. Cogería algo de comida con permiso de Lidia y volvería a la tienda junto a Manuel.
Estaba a punto de llegar cuando escuchó un ruido y enseguida vio aparecer a Tomás, este andaba a paso lento mirando en todas direcciones, fue entonces cuando la miró a ella y ella lo miró fijamente a él. Fue en ese momento, en ese preciso instante cuando vio algo que no era normal. Tomás estaba sangrando por la boca y varios hilos de sangre le recorrían la barba y goteaban hasta el suelo. También tenía la ropa manchada de sangre y se sostenía algo en el estómago. Eran sus propias entrañas. Tomás trató de decir algo y entonces se desplomó en el suelo, al mismo tiempo, detrás de él, surgieron gran cantidad de personas pálidas y mugrientas. Algunas presentaban terribles amputaciones. Eran muertos vivientes. Algunos de ellos, se echaron sobre el cuerpo maltrecho de Tomás. Fue en ese momento cuando Rosa gritó.
*****
—Facebook y YouTube— dijo Jana mirando al resto de compañeros. Hacía cerca de una hora que habían iniciado una especie de debate sobre cosas que se habían ido al infierno junto con el mundo, y que nunca iban a ver como mejoraban o seguían.
—La saga Star Wars— dijo Alex en ese momento —Nadie verá ya “Los Últimos Jedi”
—Gran Hermano— dijo en ese momento uno de los chicos allí presentes —No habrá más ediciones.
—Lo cual es una suerte— dijo Félix —Se acabaron los ninis que quieren vivir del cuento.
En ese momento, Lidia le dio un trago a una botella de agua y miró al resto con una sonrisa —Juego de Tronos. Ni libros ni serie. Doblete.
—Joder… Es cierto. El fin del mundo es una putada… Me encantaba Jon Snow. Es monísimo— dijo en ese momento Alex. —Bueno, al menos vi como acababa “Perdidos”.
Fue en ese momento cuando les llegó el sonido de un grito. Un grito que enseguida supieron que era de Rosa. Rápidamente, Félix y Lidia se miraron, se pusieron en pie y Félix se colgó el fusil al hombro. Salieron de la tienda corriendo seguidos por todos los demás y fue en ese momento cuando vieron la cantidad abrumadora de caminantes que estaba invadiendo su piso, el cual, hasta ese momento había sido seguro. Los muertos habían logrado acceder allí arriba. Estaban en serios problemas.
Había caminantes por todas partes, y seguían llegando. Félix se dio cuenta de algo en ese momento, el lugar por donde estaban accediendo, era por la escalera de emergencia, la misma por la que él y Lidia habían bajado hacia unos días para ir a la farmacia, cuando pretendieron salvar la vida de aquel niño.
Sin mediar palabra, Félix abrió fuego contra aquellos seres, mientras gritaba a los demás que corrieran para salvar la vida. Lidia comenzó en ese momento a gritar para que la siguieran. Se iban a dirigir a la terraza, allí estarían a salvo.
Mientras Félix disparaba a los más cercanos, Lidia corría con todos los demás detrás. Había cundido el pánico y la gente se empujaba. Uno de ellos, un hombre, pasó corriendo junto a un chico más joven y lo golpeó, estaba tan cerca de la barandilla, que el chico joven acabó pasando por encima de esta y cayó al piso inferior, chocando contra uno de los maceteros de obra.
Llegaron por fin a la escalera que daba a la terraza, Lidia se lanzó a abrirla, pero algo que no esperaban, sucedió. La puerta de la terraza estaba cerrada con llave, y eso no podía ser. Esa puerta debía estar abierta. Rápidamente y sin saber qué hacer, Lidia miró a los que tenía detrás. Estos al ver la expresión de esta, comenzaron a retroceder, pese a que ella les gritaba que volvieran.
—¡¡¡No!!! Volved.
Alex trató de detener a Jana, pero esta se zafó de el con un manotazo y comenzó a correr junto a los demás. Julián observaba lo que estaba sucediendo mientras permanecía al lado de Lidia.
*****
Félix seguía disparando. Lo hacía de forma selectiva, pero, aun así, por cada disparo, los muertos vivientes se iban fijando más y más en él, hasta el punto que habían comenzado a rodearlo. Al ver que iba a quedar atrapado, comenzó a retroceder. Necesitaba encontrar un lugar seguro. Fue en ese momento cuando escuchó de nuevo un grito que pertenecía a Rosa. La buscó con la mirada y la vio, ella y Manuel se habían encerrado en una tienda y estaban luchando, tratando de mantener la persiana metálica cerrada. Eso no estaba siendo fácil, los No Muertos metían los brazos entre las oberturas de esta y estaban prácticamente agarrándolos, arañándoles la cara. Era como un pulso, en el momento que Rosa y Manuel cedieran un poco, la persiana se abriría, los muertos entrarían y ellos estarían muertos.
Sin pensárselo dos veces, Félix comenzó a correr hacia ellos, disparando cada vez que era necesario. Estaba llegando cuando algo lo agarró del pie y Félix cayó de bruces al suelo. Alzó la cabeza y entonces vio a Tomás agarrándolo del tobillo, pero ya no era el, era uno más de aquellos seres. A su alrededor, más No Muertos comenzaban a cerrar un circulo en torno a él. Se le echarían encima en pocos segundos.
La cabeza de Félix iba a mil por hora, pero, aun así, alzó el fusil, apuntó directamente a la cabeza de Tomás y abrió fuego. Tras una ráfaga, la cabeza de Tomás estalló, salpicando a Félix con sangre, trozos de cráneo y con trozos de cerebro.
Libre del agarre, Félix se puso de pie ayudándose del fusil y volvió a iniciar su carrera contra reloj. Golpeó a los caminantes que se le cruzaban, derribándolos por completo. Llegó por fin a donde estaban Rosa y Manuel atrapados y allí abrió fuego, abatiendo a los caminantes que había intentado entrar. Llegó a la persiana y la abrió, dejando salir a sus dos compañeros.
—Salgamos de aquí— les dijo Félix, pero cuando este se dio la vuelta. Vio que el grupo de Lidia, no había accedido a la terraza. Estaban corriendo en dirección contraria y muchos de ellos estaban siendo rodeados y apresados por los caminantes. Vio como Jana era rodeada y entre gritos, desaparecía debajo de una pila de cuerpos putrefactos.
Entonces, vio a Lidia, a Alex y a Julián. Estos estaban corriendo y luchando por sus vidas. Fue en ese momento cuando Félix pensó que hasta ahí habían llegado. No habría un mañana para ninguno de ellos. Iban a morir todos.
—¿Qué hacemos? — preguntó Rosa. Cuando Félix la escuchó, se dio la vuelta para mirarla. Miró a Manuel.
—Yo… Lo siento… No sé qué hacer…— Félix volvió a mirar al resto del grupo. La mayoría ya habían caído en las garras de aquellos malditos seres. Vio a una pareja que agarrados de la mano y dándolo todo por perdido, pasaban por encima de la barandilla y tras mirarse el uno al otro, saltaban al piso inferior. Lo siguiente que se escuchó, fue un golpe seco.
*****
Lidia golpeó a un caminante con todas sus fuerzas y lo derribó. Miró a sus espaldas y vio que Alex estaba golpeando a otro. Unos metros más adelante, Julián estaba machacando la cabeza de una mujer contra el suelo… Y unos metros más adelante, vio el pasillo que daba a las salas de cine. Fue en ese momento, cuando se le ocurrió algo. Las puertas allí eran fuertes y podrían permanecer dentro.
—Hacia el cine— dijo en ese momento Lidia a sus dos compañeros. Estos la miraron y rápidamente asintieron. También lo hizo un chico joven que había aparecido cojeando y sangrando por la pierna. Ella fue junto a ese joven y cargó con el mientras avanzaban hacia la entrada. Allí había una gran persiana metálica que una vez la bajaran, sería complicado que los infectados la levantaran o tiraran abajo.
Lidia, Julián, Alex y aquel chico comenzaron a avanzar y llegaron fácilmente a la persiana que daba a los cines, justo cuando iban a cruzarla, la doctora miró buscando a más supervivientes y entonces vio a Félix, a Manuel y a Rosa. Entonces llamó a su compañero.
*****
Félix escuchó la llamada de Lidia. Rápidamente la buscó con la mirada y la encontró. Estaban a unos treinta metros de ellos, en la entrada de los cines del centro comercial. Una zona que todavía no habían ocupado, pensaban hacerlo más adelante, pero en esos momentos, parecía que se había convertido en la única vía de escape.
—Prepararos para correr hacia donde está Lidia— dijo en ese momento Félix mirando a Manuel y a Rosa. —Os iré cubriendo… ¡¡¡Ahora!!!
Manuel y Rosa comenzaron a correr mientras Félix los seguía de cerca, disparando una única bala o golpeando a los muertos. No tardaría en quedarse sin munición.
Recorrieron rápidamente el trecho que les separaba. Lograron alcanzar la entrada del cine y enseguida, Julián, que los esperaba al otro lado, con un gran esfuerzo, cerró la persiana, justo cuando otros miembros del grupo, llegaban a la persiana.
—Ábrenos la puerta— dijo un chico que sangraba por el brazo y donde podía verse un mordisco. Detrás de ellos, iba formándose una horda que no tardó en echarse encima de aquel chico y otros que habían llegado. Julián no los dejó pasar.
Los supervivientes retrocedieron unos pasos y se ocultaron en una de las salas de cine, una donde aún se podía ver el cartel de la película “La Momia”, la cual se estaba emitiendo en esas fechas. Una vez dentro de aquella sala, oculta de la vista de los muertos vivientes que se agolpaban contra la persiana, cerraron las puertas y para más seguridad, las bloquearon con unas cadenas desde dentro.
—Por lo menos, si cruzan la persiana, no nos encontrarán— dijo Félix sentándose en una de las butacas. Miró a la puerta y allí vio a Julián alejándose. Después, miró unas butacas más abajo, donde Lidia, estaba mirándole la herida de la pierna a un chico. Cuyo nombre, Félix creía recordar que se llamaba Ricardo.
— ¿Qué hacemos ahora? — preguntó Alex acercándose a su compañero.
—No lo sé…— respondió Félix resoplando. Estaba totalmente agotado y aterrado.
Las cosas se habían complicado de repente. Parecía que la seguridad de la que gozaban hasta ese mismo momento habían sido un espejismo. Su suerte se había acabado.
*****
Lidia observaba la herida de Ricardo. Se veían claramente las marcas de los dientes del caminante que le había mordido, y el chico sabía que era lo que le esperaba, aunque no quería aceptar el cruel destino que le aguardaba.
—Puede que a mí no me pase ¿No? Puede que lo del mordisco no sea para todos igual.
Lidia miraba a Ricardo, podía comprender el miedo que aquel joven tenía. No quería aceptar que probablemente en unas pocas horas, enfermara gravemente, hasta el punto de que acabaría muerto. Lidia sabía que iba a suceder, pero, aun así, trató de calmarlo.
—Esperaremos a ver qué sucede. Puede que así sea y no estés infectado. Es evidente que no sabemos nada de cómo funciona todo esto. Tenemos que tener fe— decía Lidia, aunque sabía perfectamente que estaba siendo muy ingenua. Entonces, vio a Julián, con un extintor en las manos, situándose a su lado.
—Es un mordisco ¿No? — preguntó aquel tipo.
—Sí, pero…— dijo Lidia. Ricardo la adelantó.
—Seguro que estábamos equivocados con lo del mordisco y realmente no estoy infectado. Ya verás…— Ricardo no terminó la frase. Julián lo golpeó en la cabeza con el extintor, y luego lo golpeó varias veces, hasta dejar la cabeza de Ricardo totalmente destrozada.
Todos miraron atónitos a Julián, acababa de matar a golpes a un muchacho. Julián alzó la cabeza y miró a los otros cinco.
—Ahora mismo aquí mando yo. Las cosas van a cambiar mucho desde este mismo instante. Lo primero… Si han mordido a alguien más, es mejor que lo diga ahora.


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