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Gracias y bienvenidos al blog. En este blog podréis leer desde el principio la historia titulada Zombies (Esta vez corregida y mejorada), a la que le seguirán sus secuelas: Necroworld y The Survivors Land. En ellas, seguiréis el periplo de un grupo de supervivientes que iniciarán su historia en el pueblo Valenciano de Puzol, pasando por Valencia capital, Barcelona y Madrid. Un periplo que les llevará hasta los Estados Unidos. Esta historia es probablemente la historia de Zombies más larga de la red, ya que cada una de sus partes, cuenta con 200 capítulos en su totalidad. Si te gusta, sígueme en el blog y mis redes sociales, contacta conmigo por Email y suscribete via Email en la pestaña Email address para estar informado de las publicaciones. Esta historia también puede leerse en Wattpad.

domingo, 11 de marzo de 2018

ZOMBIES: Capitulo 010 Lo que nos espera

Capítulo 010
Lo que nos espera


Día 19 de junio de 2017…
Cine, Centro comercial… 21:00 horas…

Habían pasado unas horas desde que se habían encerrado en la sala de cine. Solo se habían logrado salvar ellos de un grupo de casi veinte personas. Un golpe duro para Lidia, que, desde el principio, tanto en el polideportivo como en el centro comercial, había pretendido mantener a salvo a los demás, pero el destino había sido cruel.
Lidia miró a su alrededor y se fijó en el cuerpo cubierto de Ricardo. Pronto comenzaría a oler y debían sacarlo. Siguió mirando y se encontró con Julián, este, se había quedado dormido en unas butacas.
—Lidia…— la voz en tono bajo de Félix le llamó la atención. Ella se dio la vuelta y lo vio detrás de ella en una de las butacas. —Necesito hablar contigo. Es importante.
Lidia se levantó de la butaca donde estaba, miró nuevamente a Julián que seguía dormido y siguió a Félix hasta la sala de proyección. Allí los recibió Manuel abriéndoles la puerta. Nada más verlo, Lidia se dio cuenta de que tenía cara de preocupación. Cuando entraron, se toparon con Rosa en un rincón cubierta con lo que parecía una cortina. Esta estaba muy pálida y tiritaba a pesar del calor. Ella, enseguida se percató de lo que le sucedía, pese a que cuando Julián quiso saber si habían mordido a alguien, no había visto nada que confirmara que así fuera.
Lidia se acercó un poco a Rosa, le posó el dorso de la mano en la frente y efectivamente, notó que tenía fiebre. Se giró entonces hacia Manuel — ¿Cuánto hace que está así?
—Hace unos diez minutos. Dijo que se encontraba mal y luego se puso peor— explicó Manuel en voz baja mientras Félix se apoyaba en la puerta. No podían permitir que Julián se enterase, si eso ocurría, Rosa correría la misma suerte que Ricardo.
Lidia miró a Rosa y la chica enferma la miró a ella mientras la doctora la cogía de las mejillas —Rosa. Dime cuando te mordieron.
—Creo que fue cuando estábamos con la persiana metálica antes de que Félix nos ayudara. Es una pequeña herida entre los dedos de la mano izquierda— dijo Manuel —Lo vi hace nada. Al principio se nos pasó por alto.
Lidia, con mucha delicadeza, tomó la mano de la chica que Manuel le había indicado y ciertamente vio la herida. Aunque era muy pequeña, apenas una pequeña incisión, aunque se notaba que era una herida producida por dientes y, además, había un tono azulado en torno a la herida. Entonces, con la misma delicadeza que había tomado la mano, volvió a dejarla cubierta con la cortina. Lidia se puso de pie y miró a Manuel y Félix.
—Julián no puede enterarse de esto. Querrá matarla antes de que se transforme— explicó Lidia — ¿Lo sabe Alex? Por cierto ¿Dónde está?
—No lo sabe. Y en cuanto a la otra pregunta, está fuera. Vigilando la entrada a los cines— respondió Félix.
— ¿Y qué hacemos con Rosa? Tenemos que hacer algo para salvarla. Puede que con antibióticos podamos salvarle la vida. ¿Vosotros no reunisteis varios fármacos de la farmacia hace unos días para salvar al hijo de Carmen?
—Si… Pero están ahí fuera… Junto con la única comida que teníamos— respondió Félix. —Aquí arriba no es que tengamos mucho. Podríamos alimentarnos de nachos durante unos días, pero no es suficiente.
—Aun así. Tarde o temprano vamos a tener que salir de aquí— dijo Lidia. —Estamos en una carrera contrarreloj…
—Tenemos otro problema— dijo en ese momento Félix —Me comentaste hace unas horas que no pudisteis salir a la terraza porque estaba cerrada con llave.
—Si. Lo cual es extraño— respondió Lidia
—Julián está muy tranquilo— dijo Félix —Creo… Solo creo que él tiene algo que ver con lo sucedido. No lo sé, ese tío no me da buena espina. No me gustó desde el primer día.
—Rosa me contó que fue culpa de Tomás. Este venía con toda la horda detrás. Se deduce que este abrió la puerta de abajo y lo atacaron. Regresó aquí arriba y los muertos vivientes lo siguieron— dijo en ese momento Manuel.
Lidia se apartó un mechón de pelo de la frente. Suspiró y miró a sus compañeros —Sea como sea, tenemos un grave problema y tenemos que pensar en algo que nos saque de aquí.
—Un momento ¿Y qué pasa con Rosa? Ella es mi chica. No quiero perderla— dijo Manuel.
Lidia se giró para mirar a Rosa. Pensó que ya no había nada que hacer, solo les quedaba esperar y una vez su vida se apagara, impedir que regresase. Aun así, no sabía que decirle a Manuel. Ella nunca había sabido que decir a los familiares de un paciente que moría en quirófano. Entonces, pensó en el hospital, quizás, allí podrían salvarle la vida a Rosa y quizás, también, allí todavía quedaba gente viva, incluido Nacho, su pareja.

Hospital de Puzol…

Adrián descansaba sobre una camilla mientras el metamizol iba entrando en su organismo gracias a la rápida maniobra de Sonia. La mujer había logrado en tiempo record, ponerle la vía y comenzar a suministrarle el medicamento.
Nosotros nos habíamos trasladado hasta el último piso del hospital. Lo habíamos logrado subiendo por las escaleras, evitando los pisos del medio, donde según el doctor, estaban llenos de muertos que permanecían encerrados gracias a las pesadas puertas dobles.
En la habitación 420 era donde estaba Adrián junto a su padre y unas pendientes Cristina y Sonia. Ellas eran quienes estaban controlando el estado del niño. Por otro lado, David, Mateo y yo, habíamos acompañado al doctor a uno de los despachos, convertido en una especie de laboratorio. Una vez dentro, el doctor se limpió un poco y luego nos miró.
—Disculpad mis pintas. Solo así se puede andar entre ellos. Lo descubrí ayer.
— ¿A qué se refiere doctor? — preguntó Mateo caminando hacia el médico.
—No es muy higiénico, pero me refiero a que, si te untas entrañas de esos seres, hueles como ellos y funciona como camuflaje. Al menos por un tiempo más o menos largo— respondió el médico. Eso, hizo que David, Mateo y yo, nos miráramos. Nunca habríamos sospechado esa posibilidad, la cual, de cara a un futuro podría sernos muy útil.
— ¿Qué es todo esto? — preguntó Mateo mirándolo todo.
—Es un despacho que convertí en mi pequeño laboratorio. Estoy trabajando en una cura. Aunque supongo que me llevará tiempo. Soy el único médico que queda aquí, y no es fácil llevarlo a cabo todo esto. Os pedí que me acompañarais porque quiero sacaros un poco de sangre… Si me lo permitís, claro. Podría ser un gran avance en mi investigación.
Yo me adelanté un poco y miré al médico —Aun no nos dijo su nombre, doctor.
—Cierto. Disculpad mis modales. Soy Alejandro Sánchez— dijo tendiéndome la mano. Yo se la estreché mientras me presentaba. Mateo y David hicieron lo mismo.
— ¿Para qué necesita sangre? — preguntó David
—Para comprobar algo. No necesito mucho, me basta con un tubo— respondió el médico.
—Muy bien— respondí. —Empecemos con eso— me senté en una silla frente al escritorio y extendí el brazo por encima. El Doctor me miró y sonrió.
—Esto podría ser un gran paso para el futuro de la humanidad.
*****
Sonia y Cristina estaban sentadas en unos sillones observando al niño. Jordi estaba sentado al lado de la cama donde Adrián estaba tumbado y le agarraba la mano mientras luchaba por quedarse despierto, pero el cansancio estaba ganando.
— ¿Por qué no duerme un poco? — preguntó Sonia —Nosotras cuidaremos de él. Necesitas dormir. Por la cara que tienes, se diría que hace días que no duermes.
—Tienes razón— dijo Jordi mirando a Sonia —Pero puedo resistirlo. Cuando él esté mejor, ya dormiré. Espero que Mateo nos deje quedarnos unos días.
—Él es un buen hombre. Si nos acogió a nosotros, no tendrá problemas en acogeros a vosotros— dijo Cristina.
Jordi miró el gotero y luego miró a Sonia —Ha sido una gran suerte poder contar contigo. Si no llega a ser por ti y tu ofrecimiento, no habríamos sabido que hacer y el habría muerto. Muchas gracias.
—Solo hice lo que debía— dijo en ese momento Sonia —No podía dejar morir al chico.
—Te debo la vida— dijo Jordi. Al escuchar esas palabras, Sonia hizo una mueca y entonces se le humedecieron los ojos. Al ver eso, Jordi se levantó y se acercó a ella — ¿He dicho algo malo?
—No… Todo lo contrario. Hacía tiempo que nadie me decía cosas como esa. Tanto, que casi había olvidado que existe gente buena. Mi marido me tenía completamente anulada— Sonia se limpió en ese momento las lágrimas y miró a Jordi, después, miró a Cristina. —Para ser sincera…Durante años me pegó palizas hasta que reuní el valor de denunciarlo. Eso lo llevó a la cárcel— las palabras de Sonia estaban sorprendiendo mucho a Cristina y Jordi.
— ¿Y qué haces con él? Si él es esa clase de persona, hay que decírselo a Mateo para que lo eche de la casa. No podemos consentir que ese tipo esté cerca de ti o de cualquiera de nosotros— dijo en ese momento Cristina.
—Yo… No había vuelto a verlo desde el año pasado, cuando se presentó en mi casa, pero, cuando todo esto comenzó. El mismo día que Puzol empezó a ser evacuado… Se presentó en la puerta de mi casa otra vez, y desde ese momento, no pude alejarme de él… Me ha hecho creer que ha cambiado y que le necesito para sobrevivir— las palabras de Sonia estaban dejando a Cristina anonadada. —Hay más…
En ese momento, Sonia se quedó en silencio y después rompió a llorar. Eso hizo que Cristina la cogiera de los hombros y después la abrazara. —No te preocupes más por él. Haremos lo que sea para alejarlo de ti. No vamos a permitir que te vuelva a hacer daño.
—Lo siento. Siento lo que os hizo el…— dijo en ese momento Sonia mirando a Cristina.
— ¿A qué te refieres? — preguntó Cristina — ¿Qué nos hizo?
Sonia iba a responder, pero entonces, Jordi se levantó de la silla rápidamente y se inclinó sobre su hijo. Esa reacción, hizo que tanto Cristina como Sonia se pusieran de pie y se acercaran. Sonia rápidamente se inclinó sobre él y notó que el chico no respiraba. Rápidamente, Sonia se giró y miró a Cristina.
—Ve y busca al doctor. Lo necesitamos ahora mismo.
Cristina asintió mientras daba unos pasos hacia atrás. Se dio la vuelta y comenzó a correr por el pasillo para buscar al doctor.
*****
—La jeringuilla estará limpia ¿No? — preguntó David mientras le ofrecía su brazo al doctor para que le pinchara. —Lo último que me faltaba ya en este mundo de mierda, es pillar alguna mierda por que la jeringa no estaba suficientemente limpia.
Mateo y yo, que ya nos habían hecho la extracción de sangre, observábamos con una sonrisa la escena. Yo sabía muy bien que a mi compañero no le gustaban nada las jeringuillas, y que siempre que le habían hecho un análisis de sangre, él había acudido a regañadientes. Entonces, David me miró.
— ¿Te hace gracia cabrón?
Iba a responderle, pero entonces, la puerta del despacho se abrió de golpe. Cristina la cruzó y miró al doctor.
—Es el niño…

Caserón…
21:50 horas…

Leandro se pasó las manos por la cabeza mientras le pegaba un trago a la taza de café. Llevaba horas así, tantas, que al final había seguido trabajado en la radio a la luz de unas velas, pero por fin estaba terminada y solo quedaba probarla. Miró a sus espaldas y vio a Nora tumbada en la cama, la chica se había quedado dormida de repente.
El joven brasileño la miró con una sonrisa y se levantó de la silla, le puso una mano en el hombro, acto seguido, la despertó con suavidad.
—Nora. La radio está terminada. Despierta…
— ¿Ya está? — preguntó Nora despertándose poco a poco. Hasta que se quedó sentada en la cama —No te ha llevado mucho.
—Gracias a los cafés— respondió el. —¿Podrías bajar al sótano para dar la corriente? Voy a conectarla a la luz.
—Si. Ahora mismo— respondió Nora tomando una linterna.
******
Nora salió de la habitación enfocando con la linterna en todas las direcciones para ver por dónde iba. No tenían la luz en marcha para ahorrar el combustible del motor que daba corriente a la casa. No les quedaba demasiado y debían ahorrar.
Bajó los escalones y llegó a la planta baja. Hasta ella llegó el resplandor rojo de unas velas y vio a Bosco y a Anna tumbados en distintos sofás. Ambos estaban dormidos. Nora llegó a la puerta que daba al sótano y cogió el pomo para girarlo, pero entonces, escuchó un ruido detrás de ella. Se dio la vuelta para ver que había sido eso y enfocó con la linterna, pero no vio nada. Quizás podía haber sido un ratón de campo o cualquier otra cosa, no le importaba, lo cierto era que no le preocupaba, sabía bien que no podía ser un muerto viviente.
Nora abrió la puerta del sótano y comenzó a bajar los escalones. Llegó a bajo del todo y se acercó al motor. Sin perder nada de tiempo, accionó el interruptor y la luz se hizo en toda la casa.
******
La luz de la habitación se encendió y rápidamente, Leandro se sentó delante de la mesa donde estaba la radio. Comenzó a tocar botones y enseguida se escuchó el ruido estático. Comenzó a girar la rueda buscando frecuencias hasta que dio con lo que buscaba, una voz. Era una voz masculina. Eso hizo que el joven brasileño esbozara una sonrisa y abriera los ojos de par en par. Cogió el micro y comenzó a hablar.
— ¿Hola? ¿Hola? ¿Me oye?...
— ¿Hola? — preguntó la voz masculina como respuesta. Había veces que incluso parecía que se iba a cortar y no se escuchaba demasiado bien.
—Si. Hola… ¿Con quién hablo? Por favor…Dígame su ubicación…— pidió Leandro.
— ¿Con quién hablo? — preguntó la voz masculina.
—Mi nombre es Leandro… Formo parte de un grupo que está situado…
— ¿Son militares? Necesitamos ayuda… Somos los…— se escuchó una pausa y seguidamente se escuchó la voz de otro hombre.
—Aquí Sandro Álvarez, soldado de... Por favor… Identifíquese….
Nuevas interferencias hicieron notar a Leandro que probablemente, esas personas donde quiera que estuvieran, tenían problemas con su radio. Aunque podía escucharlos, había muchas interferencias, y era probable que ellos no estuviesen escuchándole a él correctamente. Eso hizo que se desesperara.
— ¿No me oyen? Aquí Leandro Oliveira… ¿Hola? Responded, vamos… ¿Soldado?
De pronto, las voces se cortaron y solo se escuchó ruido estático nuevamente. Eso hizo que Leandro diera un puñetazo en la mesa. Iba a volver a intentarlo cuando entonces escuchó un grito. El cual, sin duda era de Nora.
*****
Nora no lo había visto antes. Ella había encendido la luz y justo cuando se dio la vuelta, se encontró a Bernardo bajando por las escaleras mientras la miraba. Este había bajado los escalones, sosteniendo una botella en una mano y una pistola en la otra.
—¿Qué haces aquí tu solita? Una muchacha tan guapa no debería estar en un sitio como este ¿Te ha mandado el sucio brasileño? — preguntó Bernardo. —Dime ¿Qué tal folla? Dicen que los morenos tienen la polla grande.
Nora no dijo nada. Trató de pasar de Bernardo, y justo cuando iba a alcanzar el primer escalón. Bernardo la agarró del hombro y la obligó a darse la vuelta.
—Déjame— dijo Nora tratando de soltarse. Podía olerle el aliento a ese tipo. Olía a alcohol.
En ese momento, Bernardo le pegó un bofetón a Nora y la lanzó hacia un lado, esta se pegó un golpe en la cabeza y se mareó. Cayó de rodillas y enseguida notó el peso de Bernardo sobre ella. Este la tumbó boca arriba y se le puso encima.
—Mi mujer no está y yo estoy caliente. Se una mujer y haz tu trabajo— decía Bernardo mientras trataba de quitarle el cinturón. Fue en ese momento cuando ella gritó.
*****
Leandro bajó rápidamente los escalones con la pistola en la mano. Cuando llegó a la planta baja, se topó con Bosco y Anna. También ellos habían escuchado el grito.
— ¿Dónde está Nora?
En ese momento volvieron a escuchar un nuevo grito y lo que pareció un golpe, y este, venía del sótano. Bosco, Leandro y Anna corrieron hacia la puerta del sótano y cuando el joven brasileño intentó abrirla, pero la puerta estaba cerrada desde el otro lado.
Leandro comenzó a dar golpes intentando entrar, pero sin lograrlo, al final, retrocedió unos pasos y lanzó una tremenda patada, tirando la puerta abajo.
Con la puerta echada abajo, se metieron rápidamente en el sótano y comenzaron a bajar las escaleras. Cuando llegaron abajo, vieron a Bernardo sobre Nora. Cuando este vio a Leandro. Rápidamente se levantó, puso a Nora de escudo humano y le posó el cañón de la pistola en la sien.
—Un paso más y le reviento la cabeza a la cría— dijo Bernardo cuando vio que Anna, Bosco y Leandro le estaban apuntando. —Bajad las armas y ella vivirá. De lo contrario me la cargo.
—Suéltala, pedazo de cabrón— le amenazó Leandro.
—Venga. Dispárame si tienes huevos…— Bernardo se cubrió más con el cuerpo de Nora.
 Leandro deseaba disparar. Quería matar a Bernardo por estar encañonando a la chica. Fue en ese momento cuando vio que tenía el cinturón desabrochado y los pantalones casi bajados. Enseguida supo lo que ese tipo había pretendido.
—Suéltala ahora mismo. No compliques más las cosas.
—Claro que sí. Bajad las armas y yo la dejaré irse. Total, ya me habéis jodido el plan— respondió Bernardo mientras andaba con Nora de rehén. Estaba rodeándolos y caminando hasta las escaleras. Cuando por fin alcanzó el primer escalón, comenzó a subir. —Ya no me interesa estar aquí. Yo me largo y que os den a todos.
—Entonces suéltala y lárgate de aquí— dijo Leandro.
—Claro. Para que me tengáis a tiro— respondió Bernardo mientras subía los escalones de espaldas. Cuando llegó a lo más alto, empujó a la chica y esta cayó rodando por las escaleras. Acto seguido, Bernardo comenzó a correr.
Leandro paró a Nora en las escaleras y mientras Anna y Bosco la socorrían. El subió las escaleras para dar caza a Bernardo. No se le iba a escapar, los tipos como él, le causan mucha repulsa. Iba a matar a ese mal nacido.

Hospital…
22:00 horas…

Los esfuerzos por traer de vuelta al muchacho habían sido en vano. Adrián había muerto. Todos nos encontrábamos alrededor de la cama donde estaba tumbado. Nada de lo que habíamos hecho había servido para nada, no habíamos conseguido nada. Jordi estaba aún agarrando la mano de su hijo mientras le hablaba en voz baja.
—Escucha…— comenzó a decir el médico —Ahora sé que quizás no sea el mejor momento para decir esto, pero debemos impedir que se reanime. Hay que clavarle algo en el cerebro. Yo tengo un bisturí que…
Jordi miró en ese momento al doctor y luego nos miró a todos.  —Se lo que hay que hacer. No soy estúpido, pero necesito que me dejen solo con él. Es lo único que les pido.
Todos nos miramos y enseguida entendimos aquello. Especialmente Cristina y yo, que hacía un año habíamos perdido a nuestra única hija. En aquellos momentos, solo queríamos estar solos, no queríamos a nadie más con nosotros, el dolor era solo nuestro.
—Hagamos lo que pide— dijo en ese momento Cristina.
Sin decir nada más, todos comenzamos a desfilar fuera de aquella habitación. El último en salir fue el doctor, este, dejó el bisturí cerca de Jordi y después salió al pasillo con todos nosotros. Cerramos la puerta y allí permanecimos en silencio con la mirada clavada en el suelo. Estando apoyados en la pared, noté como Cristina me cogía de la mano, era como estar reviviendo lo que fue el peor día de nuestras vidas.
—Creí que podría ayudar— dijo en ese momento Sonia.
—Has hecho lo que has podido. Está visto que no hay nada que hacer una vez te muerden— dijo David dando un puñetazo en la pared. —Ese es nuestro destino si nos muerden.
—Yo tampoco he visto que alguien mordido sobreviviese. Cuando os vi y supe de vuestra intención, creí que quizás lograríais evitarlo…— dijo el doctor —Quise tener esa esperanza. Siento lo de vuestro amigo, pero ahora, debo ir a mi laboratorio a seguir trabajando. Os sugiero que os quedéis aquí esta noche. Seguramente los muertos del aparcamiento se habrán marchado mañana.
—Gracias— dijo Sonia.
El medico asintió y se alejó por el pasillo mientras nosotros nos quedábamos allí en silencio y sin saber que decir exactamente. Dentro de la habitación no se escuchaba nada y era seguro que yo, no era el único que pensaba en la posibilidad de que Jordi se quitase la vida. Era un pensamiento que, sin duda, todos teníamos.
De pronto, escuchamos un forcejeo al otro lado de la puerta, seguido de un golpe. Después de eso, la puerta se abrió y Jordi salió. Este nos miró a todos los que estábamos allí.
—Gracias por todo lo que habéis hecho. Lo digo de verdad. Ahora, necesito estar solo. Espero que lo entendáis.
— ¿Necesitas algo? — preguntó Cristina.
—No, tranquilos. Estaré bien… Tampoco os preocupéis. No voy a quitarme la vida— respondió Jordi. Después se alejó de nosotros y desapareció doblando una esquina.
Los demás nos quedamos allí, poco después, decidimos ir a descansar un poco. Lo necesitábamos. Pasaríamos la noche allí y al día siguiente, tras enterrar o incinerar al muchacho, volveríamos a casa de Mateo.

Caserón…
22:15 horas…

Leandro perseguía a Bernardo por el exterior de la casa. Bernardo, iba disparándole cada vez que podía y Leandro buscaba rápidamente una cobertura, vio como Bernardo llegaba a la puerta y trataba de trepar la puerta, entonces, Leandro salió de detrás de la cobertura y le apuntó.
—Alto ahí.
Bernardo se detuvo en seco y levantó las manos. Comenzó a darse la vuelta y miró a Leandro. — ¿Qué pretendes? ¿Vas a disparar?
—No quiero tener que hacerlo, pero lo haré si tengo que hacerlo. Eres un cerdo que no merece vivir… Incluso en medio de esta mierda, los tipos como tu aun…
En ese momento, Leandro escuchó un ruido a sus espaldas y se dio la vuelta, perdiendo de vista a Bernardo por un momento, fue entonces, cuando este, apuntó a Leandro y abrió fuego.
Leandro reaccionó tarde y sintió un intenso dolor que llegó después de un fuerte sonido. Cayó de espaldas y antes de perder el conocimiento, vio a Bernardo abrir la puerta y salir corriendo. También escuchó los gritos lejanos de Bosco y Anna. Después, finalmente, se desmayó.

Hospital…
Día 20 de junio de 2017…
02:35 horas…

Cristina, David, Mateo, Sonia y yo nos habíamos ido a dormir a una de las salas de espera. Creíamos que era mejor estar todos juntos por si pasaba algo. Por otro lado, íbamos a poder dormir tranquilamente por que no era necesario vigilar.
Yo estaba en medio de un profundo sueño cuando un ruido me despertó. Me levanté despacio y vi que todos los demás seguían dormidos, el único que parecía haberse despertado también, era David. Aunque rápidamente volvió a dormirse. Miré a mi mujer y me levanté con cuidado para no despertarla a ella ni a nadie. Cogí mi pistola y salí al pasillo. Lo fui recorriendo siguiendo el ruido y finalmente, llegué al despacho del médico. Era ahí donde se escuchaba el ruido, preparé la pistola y entré.
Nada más entrar, me encontré con un escenario dantesco. Todo estaba destrozado y el doctor estaba rompiendo la pantalla de un ordenador. Cuando me vio, agarró el teclado y lo partió contra la pared.
— ¿Qué demonios está haciendo? Esta es toda su investigación.
—Mi investigación es una mierda— respondió el médico. Fue por el tono de voz, por lo que me di cuenta que estaba borracho —Lárgate de aquí.
Ignoré las palabras del médico y me lancé sobre el para evitar que siguiera destrozándolo todo. Logré inmovilizarlo y lo senté en su silla. El intentó levantarse y yo volví a sentarlo.
—Ya basta doc— le dije —No siga destrozando esto.
En ese momento, el medico comenzó a reír y me miró. —Pobre hombre que no sabe lo que pasa. No hay esperanza para ninguno de nosotros. Ya tenía mis sospechas, pero, aun así, quise asegurarme. Cuando os saqué las muestras de sangre me convencí. Es exactamente lo mismo.
— ¿Nuestras muestras de sangre? ¿Qué pasa con ellas? — pregunté.
—Pasa que estamos muy jodidos. Condenados a un destino cruel— respondió el doctor.
— ¿De qué demonios está hablando? — pregunté. En ese momento, el doctor me hizo a un lado y se levantó. Caminó hacia un armario y de ahí sacó una botella de alcohol y dos vasos. Después me miró.
—Te sugiero que tomes un trago. Lo que te voy a contar te dejará muy tocado. Así que el alcohol de ayudará.
—Paso— respondí. No quería beber nada de alcohol.
—Tú mismo— el doctor se llenó el vaso. Pegó un trago tan largo que lo vació. Después, me volvió a mirar —Vuestra sangre me ha confirmado que todos nosotros estamos infectados. Todos tenemos ese virus.
La respuesta del doctor me impactó. Aunque fue en ese momento cuando enseguida me vino a la mente Leo. Él no tenía mordiscos, él se había suicidado y, aun así, había revivido. Todo comenzaba a cobrar sentido.
—Al menos no nos afectará a menos que muramos— dijo el médico mirándome. —Y si nos muerden a alguno. Lo único que cambiará es que moriremos y reviviremos antes.

Todo había dado un dramático giro. Yo sabía que todos estábamos infectados y no sabía cómo decírselo a los otros o si, por lo contrario, debía guardarlo en secreto. Todo era demasiado complicado. Todos, estábamos condenados de alguna manera y todos acabaríamos convertidos en muertos vivientes.

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