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Gracias y bienvenidos al blog. En este blog podréis leer desde el principio la historia titulada Zombies (Esta vez corregida y mejorada), a la que le seguirán sus secuelas: Necroworld y The Survivors Land. En ellas, seguiréis el periplo de un grupo de supervivientes que iniciarán su historia en el pueblo Valenciano de Puzol, pasando por Valencia capital, Barcelona y Madrid. Un periplo que les llevará hasta los Estados Unidos. Esta historia es probablemente la historia de Zombies más larga de la red, ya que cada una de sus partes, cuenta con 200 capítulos en su totalidad. Si te gusta, sígueme en el blog y mis redes sociales, contacta conmigo por Email y suscribete via Email en la pestaña Email address para estar informado de las publicaciones. Esta historia también puede leerse en Wattpad.

domingo, 1 de abril de 2018

ZOMBIES: Capitulo 013 Teme a los vivos

Capítulo 013
Teme a los vivos

Día 21 de junio de 2017…
Puzol. 10:00 horas de la mañana…

David y Bosco habían salido tras Bernardo poca antes del amanecer. Primero, habían rastreado toda la zona alrededor de la propiedad de Mateo, pero no había habido suerte. Era evidente que Bernardo no estaba allí ya, no iba a ser tan estúpido. Todo lo contrario, el buscaría una manera de evitar que fueran a buscarlo, y David lo sabía muy bien, él tampoco era estúpido, no era la primera vez que iba a darle caza a un tipejo huido.
La persecución los había llevado a la entrada de Puzol. Nuevamente se habían adentrado en el pueblo, el cual, a sus ojos estaba terriblemente cambiado. El pueblo estaba tan distinto que ni siquiera parecía el mismo donde habían vivido prácticamente toda su vida. Había casas prácticamente derruidas, coches calcinados o abandonados, a los que les habían quitado las ruedas u otras piezas, probablemente habían sido personas que habían pasado por allí.
Bosco y David se adentraron en una avenida y después, se metieron en una agencia de viajes. Necesitaban descansar y resguardarse de la tormenta. La lluvia azotaba con fuerza y los truenos seguían, todavía no había parado.
—No recuerdo una tormenta así en años…—  dijo Bosco mientras bajaba la persiana lentamente e intentando no hacer ruido mientras David se aseguraba que no hubiese ningún caminante allí dentro que pudiera sorprenderles de repente. Cuando vio que era seguro, regresó junto a su compañero.
—Despejado. Descansaremos media hora y nos adentraremos en el centro del pueblo— dijo David sacando una botella de agua de la bolsa y pasándosela a Bosco tras darle un trago.
Bosco tomó la botella, le dio un trago y cuando la cerró, se la devolvió a David — ¿Crees que daremos con él? Ese cabrón podría aprovechar para regresar a la casa.
David negó con la cabeza —La otra vez nos pilló por sorpresa. Nadie se lo esperaba y ocurrió lo que ocurrió. Ahora están en alerta y vigilando. Sabe que no le funcionará. No se arriesgará.
— ¿Te has topado con muchos como él? — preguntó Bosco mientras ojeaba unos folletos.
—En más de una ocasión— respondió David —Y aunque se dice que el ser humano es el único que tropieza dos veces con la misma piedra. Existen casos donde el humano no tiene los huevos suficientes. Así es Bernardo. Un maltratador es un cobarde. No regresará a la casa y menos ahora. No tiene nada. Es un cobarde, pero no estúpido. Sabe que en el momento que asome la nariz, estará muerto. Tanto Leandro como Mateo le tienen ganas. Ambos estaban en distintas ventanas con un rifle de francotirador.
—Yo tengo miedo por Anna… Y más ahora, que sé que está embarazada.
—Cierto… No te había felicitado. Me alegro por vosotros… Aunque la situación es la que es— respondió David.
—Estuve a punto de cometer un error hace nada— dijo en ese momento Bosco dándose la vuelta para mirar a David.
— ¿A qué te refieres?
—Bernardo…— comenzó a decir Bosco —Ese desgraciado trató de comerme el coco. Quiso hacerme creer que vosotros erais los malos. De hecho, quise convencer a Anna de largarnos del caserón. Fue cuando me enteré de su embarazo. Ese cabrón dijo que Juanma y tú, queríais ser los líderes y que acabaríais siendo unos dictadores o algo así. En resumen, que me quiso poner en vuestra contra.
—Eso es típico en los cobardes— dijo en ese momento David —Tratan de manipular a otros. Esta situación le vino de perlas y…
David no terminó la frase. En ese mismo momento, se escuchó un fuerte ruido que por unos momentos pensaron que se trataba de un trueno más, pero enseguida se dieron cuenta de que no era eso, se trataba de otra cosa. En pocos segundos, un enorme vehículo irrumpió en la calle. Rápidamente, Bosco y David se lanzaron al suelo para ocultarse, pero teniendo todavía una visión clara de la calle. Se arrastraron por el suelo y se acercaron al cristal para ver mejor, pero ocultos todavía por un escritorio tumbado.
Se trataba de un gran camión de color verde de aspecto militar. Sobre el, se veía a varios hombres con ponchos. Debía haber cerca de una docena de ellos, y todos, iban armados con fusiles.
—Supervivientes… No estamos solos— dijo Bosco con una sonrisa e intentando levantarse, pero entonces, David lo agarró y se lo impidió — ¿Pero qué haces?
—No te muevas. Ni se te ocurra— respondió David.
—Pero… Podrían ayudarnos— respondió Bosco.
—O podrían no hacerlo— respondió en ese momento David —Piénsalo. Ellos son una docena más o menos. Si nos descubren, podrían descubrir donde vivimos y no ser precisamente amistosos. Piensa en Anna. Primero debemos observarlos.
David y Bosco se quedaron mirando al grupo de recién llegados. Estos detuvieron el enorme vehículo en la calle y comenzaron a bajar para dividirse en grupos. Uno de esos grupos, comenzó a acercarse peligrosamente a la agencia de viajes donde ellos se encontraban, se acercaron tanto que incluso pudieron escucharlos hablar.
— ¿A dónde vas? Eso es una agencia de viajes ¿Qué esperas encontrar ahí dentro?
A la primera voz le respondió una segunda —Solo quería…
—Nada. Hemos venido a buscar suministros. Ahí no hay nada interesante.
Aun así, el tipo que se había acercado a la puerta, hizo caso omiso y comenzó a subir la persiana. La llevaba ya por la mitad. Eso hizo que David apuntara hacia la puerta con la pistola, dispuesto a abrir fuego si era necesario, pero entonces, un segundo tipo apareció y golpeó al que estaba subiendo la persiana. Eso hizo que soltase la persiana de golpe y esta bajase de nuevo rápidamente, provocando un fuerte ruido cuando tocó el suelo.
— Pero… ¿Qué te acabo de decir? No vayas a tu puta bola. Te he dicho que ahí no busques nada. Que no hay nada interesante. Además, estas haciendo ruido ¿Quieres atraer a todos los muertos de la zona? De momento esta zona está despejada, que siga siendo así.
—¿Qué cojones pasa aquí? — dijo una tercera voz que apareció de repente.
—Quería entrar aquí no se para que— dijo la voz del segundo que había aparecido.
En ese momento se escuchó un forcejeo y después como si alguien se estuviese ahogando. David se asomó un poco sin que lo vieran y entonces vio lo que estaba sucediendo. Había tres hombres de pie, parados frente al cristal. Uno de ellos, aparentemente más joven que los otros dos, estaba pegado al cristal, pero no lo estaba mirando, lo que ocurría era que un chorro de sangre brotaba de su cuello y manchaba todo el cristal mientras el cuerpo iba deslizándose hacia abajo. Detrás, estaban los otros dos y uno de ellos, estaba limpiando la hoja de un cuchillo de caza, el cual, había utilizado para cortarle el cuello a ese chico. David en ese momento se dio cuenta de un detalle en el que no se había fijado antes. Eran las ropas de esos tipos, las que estaban debajo de los ponchos. Eran monos carcelarios.
— ¿Era necesario matarlo? — preguntó uno de los hombres. A ninguno podían verle bien la cara.
—No me caía bien. Era propenso a cagarla. Si el jefe pregunta, los muertos lo rodearon y lo devoraron— respondió el otro. Segundos después, ambos tipos se marcharon.

11:50 horas…

Los tipos aquellos comenzaron a marcharse. Habían permanecido bastante rato allí fuera. Saqueando todas las tiendas de la avenida. Al menos, todas las que tenían cosas útiles, como tiendas de comida, farmacia, estancos y tiendas de ropa. Habían conseguido un buen botín. Durante el tiempo que había durado el saqueo. David y Bosco habían permanecido ocultos. Solo pudieron salir de su escondite cuando aquellos tipos se subieron de nuevo al camión y se marcharon. Solo entonces, pudieron respirar tranquilos.
—No me avergüenza decir que lo he pasado fatal. Por poco no me cago en los pantalones— dijo Bosco señalando hacia el cristal donde aun permanecía visible la mancha de sangre. — ¿Quién cojones eran esos tipos?
—Me fijé en sus ropas debajo de los ponchos— comenzó a decir David mientras revisaba la munición de todas las armas que llevaba —Esos tipos vestían ropas de presos.
— ¿Qué quieres decir? ¿Qué eran presos fugados? — preguntó Bosco.
—Probablemente— respondió David dejando el fusil en el suelo y comprobando de nuevo el cargador de su pistola. —Aunque francamente me da igual si están fugados o no. Ya has visto lo que han hecho con su compañero. Si nos ven, te aseguro que no vendrán a comentar con nosotros el mal tiempo que hace. Acabo de comprobar con mis propios ojos lo jodido que está el mundo.
— ¿Qué hacemos ahora? ¿Volvemos a casa o seguimos buscando a Bernardo? — preguntó Bosco.
—Lo seguimos buscando. Aunque quiero que quede una cosa clara antes de que salgamos de aquí…— dijo David mirando a Bosco —Las reglas han cambiado. La ley ha cambiado. Ahora mismo es la del más fuerte. Habrá que hacer lo que sea para sobrevivir.
— ¿Qué quieres decir?
—Quiero decir que si es necesario. Habrá que matar a otros— respondió David —Si nos topásemos con esos tipos, nos tocará luchar. Yo haré lo que sea necesario para no morir, pero tú también. Aquí y ahora, júrame que matarás a otros si es necesario.
—Quizás no sea necesario… Quizás…
—Se han cargado a un amigo suyo porque les ha dado la gana. A nosotros nos harían igual o peor. Piensa en Anna. Piensa en lo que le harían a ella… Y a su bebé… Todo ha cambiado y nosotros debemos ser más fuertes. Lo que te digo, es que debes estar dispuesto a matar a otros si tu vida es amenazada ¿Queda claro?
—No soy un asesino— respondió Bosco en ese momento.
—Yo tampoco. Nunca he matado a nadie en todos los años que he sido policía— respondió David —Pero eran otros tiempos. Ahora sé que tendría que hacerlo y lo he asumido. Hazlo tú también.
Bosco asintió —Vale. Está bien.
Con todo hablado. Ambos salieron de la agencia de viajes y de nuevo, se encontraron en la calle. Se cubrieron la cabeza con la capucha de sus ponchos y se prepararon para seguir su camino. Entonces, Bosco vio algo que le llamó la atención. El cuerpo del chico estaba boca abajo y todavía sangraba por el cuello pese a que se había formado una especie de rio de sangre que se iba perdiendo en el interior de una alcantarilla. Lo que le llamó la atención a Bosco fue que el cuerpo comenzaba a moverse.
—David…— dijo en ese momento Bosco llamándole la atención a su compañero.
David miró hacia donde Bosco le señalaba y entonces, vio lo que estaba sucediendo. Ese chico, el cual era bastante joven y que había sido asesinado por uno de sus compañeros, estaba volviendo como uno más de los muertos vivientes.
—Apártate… Déjame esto a mí— dijo David sacando un cuchillo y caminando hacia el cuerpo cada vez más activo de aquel No Muerto. Se arrodilló a su lado, posó una mano sobre la cabeza y con un rápido movimiento, clavó el cuchillo en la sien izquierda.
Poco a poco, David se fue poniendo en pie mientras observaba a aquel joven recluso. Se dio cuenta de que no sabía nada de él, ni su nombre ni los delitos que lo habían llevado a ser encarcelado, los cuales, podrían haber sido delitos leves. Para David, existían dos tipos de delincuentes, aquellos que tenían delitos graves como asesinato o violación y que bajo su punto de vista no merecían oportunidad de reinserción, y los delincuentes cuyos delitos eran leves y que merecían una segunda oportunidad. David nunca sabría que llevó a ese chico a la cárcel.
David se dio la vuelta y miró a Bosco —Continuemos. Sigamos buscando a ese mal nacido, pero ten los ojos abiertos. Ahora no solo tenemos un problema, además de Bernardo, también tenemos a esos tipos. Sea lo que sea, pase lo que pase, si es necesario, abre fuego. Piensa en que debes volver junto a tu pareja. Mientras pienses en eso, serás capaz de cualquier cosa.

Afueras de Puzol…
11:50 horas…

Lidia, Alex y Félix salieron del almacén donde se habían refugiado y permanecieron debajo de una uralita mientras Alex iba a buscar algo. Todavía llovía y podían permanecer allí dentro hasta que parara del todo, pero Lidia no quería esperar, ella quería alcanzar el hospital lo antes posible, quería reencontrarse con su novio, el cual, creía que todavía estaba en el hospital… O al menos, eso quería creer. Félix la observaba y en todo momento quería decirle lo que pensaba, quería decirle que creía que su novio probablemente ya no vivía… Pero ¿Quién era capaz de decir algo así y quitar la esperanza a una persona que apreciaba?
—Nos pondremos esto— dijo Alex entregándoles unos plásticos que había recogido. —Los usaremos para protegernos del agua. Siento que no tengan una mejor calidad.
—Eso es lo de menos— respondió Lidia mientras cogía el plástico y se lo ponía por encima como si fuera una manta.
Cuando los tres tuvieron los plásticos por encima, comenzaron a caminar bajo la lluvia. Hacía mucho tiempo que una tormenta así no se daba en Puzol. Era con todas las letras, una tormenta de verano.
— ¿Qué haremos una vez lleguemos al hospital? — preguntó Alex dándose la vuelta para mirar a Lidia. Ella andaba solo unos metros por detrás al lado de Félix. —Ya sé que es por tu novio, pero ¿Qué más haremos?
—El hospital es muy grande y al igual que en el centro comercial, podríamos empezar de nuevo o simplemente, esperar a que esto pase— respondió Lidia.
—Con el tiempo que llevamos ya… Si no se ha solucionado…— replicó Félix, solo paró de hablar cuando Lidia lo miró. Hizo una pausa y miró a sus compañeros —…No he dicho nada.
Siguieron caminando por el lado de una de las carreteras. No vieron muchos muertos vivientes. Solo veían algún que otro solitario, para nada grandes grupos como los que se esperaban, pero así era mejor, menos peligroso.
Llegaron a una parte, donde vieron varios vehículos abandonados. Algunos incluso, tenían muertos vivientes atrapados en el interior, que, al verlos, trataban de salir golpeando los cristales. Caminaron durante un largo rato entre los vehículos, siempre alejados de las ventanas. No querían arriesgarse a que uno de aquellos seres lograra atravesar la ventana y agarrarlos.
Por fin dejaron un poco atrás el atasco y comenzaron a vislumbrar las primeras casas del pueblo. El hospital estaba al otro lado. Para llegar a él, deberían cruzar todo el pueblo.
Estaban pasando por delante de una gasolinera cuando escucharon como les rugían las tripas, no habían comido nada desde que habían escapado del centro comercial.
—Deberíamos mirar ahí dentro a ver si conseguimos algo para comer. Quizás tengamos suerte— señaló Alex mirando hacia el cartel.
Los tres se encaminaron hacia la gasolinera y cruzaron los surtidores de gasolina y se quitaron los plásticos. Allí debajo de la plataforma, estaban cobijados de la lluvia. Poco a poco fueron caminando hacia la puerta y se pararon delante para observar el interior. Querían asegurarse de que no hubiese caminantes dentro. Seguía pareciéndoles muy extraño que hubiesen visto tan pocos.
—Esto está vacío… Y parece que nadie ha pasado por aquí— dijo Alex pegándose al cristal de la tienda y mirando al interior. —Los estantes están llenos todavía. Hemos tenido suerte.
Sin mucho esfuerzo lograron abrir la puerta y entrar dentro. Una vez allí, comenzaron a comer sin miramientos. Estaban totalmente hambrientos.

13:00 horas…
Puzol, Gasolinera…

Por fin había dejado de llover. Había parado de repente y eso los cogió por sorpresa. Incluso comenzaron a verse los primeros rayos de sol que comenzaban a atravesar los nubarrones. Quizás ya no volvería a llover.
—Al final se va a quedar un día bonito… Si omitimos algunas cosas— dijo Alex con una sonrisa mientras se levantaba y caminaba hacia un estante de donde tomó una botella de vino. Miró a sus compañeros —Vamos a celebrarlo ¿No?
— ¿Qué vamos a celebrar exactamente? — preguntó Lidia.
—Que puede ser que la vida empiece a sonreírnos un poco después de tanta mierda. Por el momento ya está saliendo el sol. Si te parece bien… Claro— Alex miró entonces a Lidia. Ya que sabía que ella tenía cierta prisa por llegar al hospital.
Lidia miró primero a Alex y luego miró a Félix. Estuvo a punto de negarse, pero entonces pensó en algo que no había pensado antes, algo en lo que ni siquiera había caído. Ella había querido ir al hospital desde el principio y ellos no habían puesto pegas de ningún tipo. Se dio cuenta también de que estaba siendo egoísta. Ella quizás tenía a Nacho en el hospital, pero ellos también debían tener una familia a la que podían querer ver y al igual que ella tenía la esperanza de que su novio siguiese vivo, ellos podían tener la misma esperanza con sus parientes.
—Está bien. Creo que podemos estar aquí un poco más e incluso pasar la noche. Comer y recuperar fuerzas. No nos vendrá nada mal en absoluto. Si Nacho ha aguantado hasta ahora, seguro que puede aguantar unas horas o un día más— respondió Lidia con sinceridad.
Alex sonrió por fin y abrió la botella. Cogió unos vasos de plástico de uno de los estantes y comenzó a llenarlos. Una vez los tuvo llenos, levantó el vaso para hacer un brindis —Quiero brindar por los buenos amigos. Los cuales, hace tiempo que no he tenido.
Lidia y Félix brindaron con él y bebieron, mientras, se daban cuenta de que todavía no se conocían bien. Habían hablado entre ellos muchas veces y habían hablado de sus vidas antes, pero nunca extensamente. De Lidia sabían que era médico cirujano, de Félix que solía dar paseos largos con la bicicleta por el monte y de Alex, que era homosexual y que tenía un show de Drag Queen en un local de Valencia, pero más allá de eso, no sabían más.
Pasaron allí horas donde hablaron de todo. Lidia les contó que había conocido a Nacho en el mismo hospital y que este, había tardado casi dos años en confesarle sus sentimientos. También les contó que una vez se le murió un paciente y lo mal que lo pasó.
Félix contó que había trabajado en el ayuntamiento de Puzol un tiempo y que este consistía en hacer varios trabajos tanto en la superficie como bajo el pueblo en las alcantarillas y en los túneles de metro. También contó que hasta hacía relativamente poco, había tenido una relación con una chica que un buen día se largó sin decir nada. La historia de Alex fue quizás la más triste. Su padre y hermanos habían dejado de hablarle el día que dijo ser homosexual, de hecho, su progenitor le echó de casa. Después de eso, y por culpa de una depresión había cometido errores, hasta que conoció a un hombre que lo devolvió de nuevo al buen camino y con el que tuvo una relación, dicho hombre había caído durante el primer brote. Al que en vano intentó salvar.
—Tu padre era un pedazo de cabrón— dijo en ese momento Lidia —Y disculpa que lo diga así…
—No te disculpes. Tienes toda la razón. Ahora, sabiendo que es posible que esté muerto, no me da la más mínima pena, él ya tomó una decisión hace tiempo y fue que yo ya no era su hijo— respondió Alex.
—Está anocheciendo— dijo en ese momento Félix
Era cierto, estaba anocheciendo y pronto estarían completamente a oscuras. Se había vuelto a nublar, y aunque no llovía todavía, estaban empezando a verse relámpagos. La tormenta no tardaría en volver a estallar.
—Creo que deberíamos dormir. Aquí estaremos seguros durante la noche. Mañana deberíamos ponernos en marcha ¿Te parece bien? — preguntó Alex mirando a Lidia. Ella asintió —Pues muy bien. Id a dormir, yo me quedaré vigilando.
Félix y Lidia se fueron hacia el fondo de la tienda y se sentaron apoyados en la pared. No tardaron en quedarse dormidos. Mientras tanto, Alex se sentó cerca de las ventanas. Fue entonces cuando de nuevo comenzó a llover.

Día 22 de junio de 2017…
Gasolinera… 01:45 horas…

Alex estaba dando cabezadas, a punto de quedarse dormido. De repente, se escuchó un ruido fuera muy similar a un trueno, aunque parecía mucho más fuerte. Levantó rápidamente la cabeza y miró al exterior. En ese momento vio varias luces de faros de vehículos, de al menos un par. Alex se levantó rápidamente y se acercó a las ventanas y confirmó que había tres vehículos grandes en el exterior bajo la lluvia. Gracias a los faros que alumbraban a otro de los camiones que había delante, Alex vio de que se trataba. Eran camiones del ejército español, y sobre ellos, había personas.
Alex se alejó de las ventanas y fue a avisar a sus compañeros. Lo hizo con una sonrisa, por que daba por hecho que estaban salvados. Los militares habían llegado.
— ¿Qué pasa? — preguntó Lidia despertándose y mirando a Alex.
—Los militares… Hay militares ahí fuera. Estamos salvados— dijo Alex levantándose y dirigiéndose a la puerta para salir al encuentro de aquellas personas.
Alex abrió la puerta y salió corriendo. Su corazón latía a cien por hora a causa de la emoción. No podía creérselo, pero ahí estaban. Había cerca de dos docenas de militares. Estaban cubiertos con ponchos y de debajo de estos, asomaban los cañones de sus fusiles reglamentarios.
Lidia se fue asomando mientras despertaba a Félix. Miró hacia el exterior y vio la silueta de Alex de espaldas a ellos. Este ya había alcanzado a otras siluetas. Fue en ese momento cuando todo ocurrió. Alex se detuvo en seco y levantó las manos cuando le apuntaron. Parecía que estaba hablando con ellos, de pronto, sin motivo aparente, uno de aquellos supuestos militares lo golpeó con la culata de su fusil en la cabeza y lo derribó. Después, abrió fuego contra él. Lidia, aun desde su escondite, pudo ver como la sangre brotaba de la cabeza de su amigo, el mismo con el que habían estado contándose su vida aquella misma tarde y que hasta hacía muy poco, habían estado sobreviviendo en un centro comercial.
Lidia retrocedió impactada por lo que acababa de presenciar. Volvió a situarse junto a Félix detrás de unos estantes mientras en el exterior. Aquellas personas que habían ejecutado a Alex, avanzaban hacia el interior. Iban a descubrirlos, y solo dios sabía lo que harían entonces con ellos.

01:59 horas…
Afueras de Puzol… Cerca del caserón…

Bosco y David estaban regresando. No habían logrado dar con Bernardo pese a que habían estado dando vueltas al pueblo. No había ni rastro de aquel tipo.
Finalmente, el cansancio y el hambre les había obligado a regresar. Podrían haberse quedado en algún lugar, aprovechando la poca cantidad de No Muertos que había por el pueblo, lo cual era extraño. Aun así, decidieron que mejor era volver a casa, dormir bien y al día siguiente, volver a salir, peinando nuevamente la zona.
—Mañana temprano volveremos a salir. Espero que no llueva tanto. Es un verdadero incordio— decía David mientras llegaban al camino que llevaba al caserón.
—Ojalá Leandro y Juanma estuviesen en condiciones. Cubriríamos el doble de terreno— respondió Bosco. —Incluso si contásemos con Jordi y el medico ese que os encontrasteis.
—Mejor Jordi en este caso. En el caserón debe quedarse alguien por si a ese desgraciado de Bernardo se le ocurriese volver a terminar lo que empezó. Quizás…— David no terminó la frase. Se paró en seco y miró a Bosco. Ahí había algo que no estaba bien.
— ¿Qué pasa? — preguntó Bosco parándose también.
— ¿No oyes eso? — preguntó David mirando a su compañero.
Bosco se quedó en silencio y escuchó. Al principio solo escuchaba el sonido de la lluvia y un trueno de vez en cuando, pero enseguida escuchó algo más. Se trataba de un sonido que estaba casi eclipsando al de la lluvia, uno que, además, iba en aumento. Un ruido que enseguida identificaron como gruñidos y gemidos, una gran multitud de ellos.

David miró a su alrededor y enseguida se fijó en un sauce que había junto al camino. Corrió hacia él, seguido de cerca por Bosco. Trepó las ramas como pudo y cuando estuvo lo bastante alto, buscó el caserón. Por fin lo vio, pero también visualizó algo más. Era como si hubiera un mar en el camino. Fue entonces cuando un relámpago iluminó la zona. Lo que David vio, hizo que se le helara la sangre. Una marabunta de No Muertos ocupaba todo el camino, rodeaba el caserón e incluso, habían logrado penetrar al interior de la propiedad. ¿Qué había pasado? ¿Cómo habían llegado allí todos esos muertos vivientes? Y lo más importante… ¿Qué habría sido de los que estaban esperando allí?

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