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Gracias y bienvenidos al blog. En este blog podréis leer desde el principio la historia titulada Zombies (Esta vez corregida y mejorada), a la que le seguirán sus secuelas: Necroworld y The Survivors Land. En ellas, seguiréis el periplo de un grupo de supervivientes que iniciarán su historia en el pueblo Valenciano de Puzol, pasando por Valencia capital, Barcelona y Madrid. Un periplo que les llevará hasta los Estados Unidos. Esta historia es probablemente la historia de Zombies más larga de la red, ya que cada una de sus partes, cuenta con 200 capítulos en su totalidad. Si te gusta, sígueme en el blog y mis redes sociales, contacta conmigo por Email y suscribete via Email en la pestaña Email address para estar informado de las publicaciones. Esta historia también puede leerse en Wattpad.

domingo, 8 de abril de 2018

ZOMBIES: Capitulo 014 Marea de carne putrefacta

Capítulo 014
Marea de carne putrefacta

Día 21 de junio de 2017…
Caserón… 17:00 horas…

Me encontraba junto a mi mujer dentro de la misma habitación donde me había despertado. Ambos cuidábamos de una inconsciente Sonia, la cual, no sabíamos si despertaría, lo cierto era que su aspecto no era nada bueno. De vez en cuando, la escuchábamos hablar en sueños, lo hacía de forma confusa, y eso nos hacía pensar en lo peor, en lo que le ocurría. Con toda seguridad, Sonia tenía algún traumatismo.
De vez en cuando, yo me acercaba a la ventana para contemplar la lluvia, que seguía cayendo con fuerza, y no parecía que fuese a parar. No era la primera vez que veía una tormenta de ese tipo, pero hacía tiempo que no veía una como esa. Quizás, de haber tenido algún canal que emitiese, podríamos haber visto el pronóstico y habríamos visto llegar esa tormenta, pero los informes meteorológicos se habían terminado para siempre, igual que otras muchas cosas. Lo que también pensaba mientras observaba la lluvia, era lo muy atractivas que estas parecían, y el tiempo que, junto a mi hija, pasé frente a la ventana, queriendo enseñarle que no debía tener miedo y en lo bonita que una tormenta podía llegar a ser. Aunque mi hija, en esos momentos, tampoco estaba con nosotros. Alguien nos la arrebató hacía poco más de un año, y ese mismo alguien había estado comiendo en la misma mesa que yo y sin saberlo. El mismo tipo que se dio a la fuga aquella vez y que en los mismos precisos instantes que yo observaba esa lluvia incansable, este estaba suelto en algún lugar pudiendo volver en cualquier momento, pese a que Bosco y David habían salido en su busca, nada nos garantizaba que hubiesen dado con él.
—Juanma…— la voz de Cristina a mis espaldas me hizo darme la vuelta para mirarla.
Cristina se encontraba junto a la inconsciente Sonia mientras la tomaba de la mano y me miraba totalmente pálida. Yo me acerqué a paso lento y observé a Sonia. Me acerqué a ella y también tomé el pulso de Sonia. No tenía, estaba muerta.
Sin pensármelo mucho, me saqué el cuchillo del cinturón y me dispuse a clavárselo en la cabeza. Si Sánchez estaba en lo cierto, ella iba a volver, aunque no la hubiesen mordido. Entonces, Cristina me puso sus manos sobre la mía.
—Aun no lo sabemos cierto. Ese medico podría estar mintiendo. Nunca lo hemos visto suceder.
Cristina tenía razón en eso. Nunca habíamos visto como alguien volvía de la muerte. Sin embargo, no podía arriesgarme. Si Sonia volvía, nos atacaría.
En ese preciso momento, escuchamos algo que nos llamó la atención. Sonia comenzó a emitir sonidos similares a gemidos. Poco a poco abrió los ojos y entonces, vi que eran exactamente iguales que los de los demás muertos vivientes. Lo que Sánchez nos contó se había confirmado totalmente. Era algo real, todos estábamos infectados, y volveríamos como No Muertos una vez que muriéramos.
Sonia comenzó a incorporarse en la cama. Lo hizo poco a poco y nos miró a ambos. Entonces, me abalancé sobre ella y la inmovilicé, presioné su cara contra la almohada y le clavé el cuchillo en la sien. Inmediatamente dejó de moverse.
Me senté en la silla y nuevamente miré a mi mujer —Habrá que decírselo a los otros. Habrá que contarles la verdad de todo. Deben saberlo. Igual que lo sabéis David y tú.
—Está bien. Los reuniré a todos en el salón— dijo Cristina — ¿Qué harás tú?
—Iré a enterrarla fuera— respondí mientras me ponía de nuevo en pie y cubría el cuerpo de Sonia con las sabanas. Después me dirigí hacia la puerta. Iba a ir al exterior para comenzar a cavar la tumba de nuestra compañera.
Bajé las escaleras hasta llegar a la planta baja. Salí por la puerta y comencé a caminar por el exterior, con la lluvia cayendo sobre mí.  Caminé hasta la parte trasera del caserón y me acerqué al cobertizo. Abrí la puerta y busqué una pala con la que comenzar a cavar. Solo me faltaba decidir el lugar donde la enterraríamos. Una vez tuve la pala en mis manos, me di media vuelta y me quedé de pie allí. Miré a mi alrededor, buscando el lugar perfecto, fijándome muy bien en lo grande que era toda la zona vallada y que rodeaba el caserón de Mateo. Entonces me fijé en una higuera, quizás ahí fuera buen lugar.
Salí del cobertizo y caminé de vuelta a la casa, quería hablar antes con Mateo, ya que, aunque bajo la higuera me parecía el mejor sitio, antes necesitaba que el anciano me diera su permiso. Cuando estaba llegando a la casa, pasé frente al garaje, allí vi a Mateo, este estaba trabajando en la furgoneta. Yo me acerqué a él y esté dejó lo que estaba haciendo cuando me vio llegar. Se limpió la grasa de las manos, caminó hacia un lado, tomó una botella de agua, dio un trago y luego me la ofreció a mí. No tardó en percatarse de que llevaba una pala.
— ¿Ha ocurrido algo?
—Sonia. Ha muerto…— respondí tras dar un trago y cerrar de nuevo la botella de agua.
—Lamento escuchar eso. Quizás podría haberse salvado si Sánchez hubiese venido con nosotros— respondió Mateo. —Era una buena mujer que se preocupaba más por los demás que por ella misma. Es una pena que haya muerto así.
—¿Morir? A ella la han matado. Fue Bernardo quien lo hizo… Y sigue ahí fuera… Sin pagar por las cosas que ha hecho… Ni, aunque los muertos lo hubiesen rodeado y devorado… Ni aun así paga lo que ha hecho. Me gustaría hacérselo pagar… Por mi hija.
—Entiendo lo que sientes… De verdad que sí, pero, eso ya no te solucionaría nada. Solo conseguirías condenarte como persona… Y yo no quiero ver cómo te hundes así. Eres un buen hombre— dijo Mateo. —Tienes buen corazón.
—Las cosas han cambiado Mateo…— respondí. Lo que quería decir con eso, era que desde que los muertos habían comenzado a volver a la vida, habíamos visto cosas terribles.
—Bueno… Eso ya no importa. Hay que enterrar a Sonia y había pensado en enterrarla debajo de la higuera de la parte trasera. Quería pedirte permiso. Al fin y al cabo, esta es tu casa— le dije a Mateo.
—Si. No tengo inconveniente.
—Gracias— respondí dándome media vuelta para ir a cavar, pero antes de salir, Mateo me llamó de nuevo y yo me di la vuelta.
— ¿Necesitas ayuda hijo?
Yo negué con la cabeza y salí del garaje. Caminé nuevamente bajo la lluvia, regresando a la parte trasera. Fue en ese momento cuando escuché ladrar al perro. Lo miré y vi al animal ladrando desde su caseta. Me acerqué a él pensando que podría estar mojándose, aunque su caseta era lo bastante grande y estaba lo bastante cubierta como para que el animal no se mojara en caso de lluvia torrencial. Pensé que podría meterlo en la casa y que estuviese con nosotros.
Llegué a la caseta y me acerqué al perro, le acaricié la cabeza, pero, aun así, el perro no dejó de ladrar. Todo lo contrario, ladraba con más fuerza. Por un momento pensé que me estaba ladrando a mí, pero no, estaba ladrando hacia el exterior. Yo me di la vuelta y miré hacia donde el animal estaba ladrando. Lo hacía concretamente hacia la pinada. Fue entonces cuando lo vi, entre los arboles había una persona de pie. No tardé en reconocer la ropa, la cual la había visto más de una vez. De pronto, la silueta desapareció entre los árboles y la maleza, a mí, me entró una especie de arranque de ira. Me puse de pie, tiré a un lado la pala y me saqué la pistola del cinturón.
Esa persona que me miraba desde el otro lado de la valla, era Bernardo, no había ninguna duda de ello. Había vuelto. Sin pensármelo dos veces, y sin ninguna intención de avisar a nadie más. Corrí hacia la valla y la salté. No se me iba a escapar… Iba a acabar con el de una vez por todas.
*****
Leandro se encontraba en la habitación trabajando en la radio. Como no había luz, iba a tener que pensar en otra manera de ponerla en marcha, y esa manera había sido acoplar unas baterías. Con eso, conseguiría unos resultados aceptables.
— ¿Ya lo has terminado? — preguntó Nora dejando el cómic que estaba leyendo sobre el colchón y sentándose —Eres todo un manitas.
—Espérate a ver si funciona. Luego, ya me dices si soy o no soy un manitas— respondió Leandro encendiendo el botón. La radio se encendió y buscó la frecuencia. Entonces, dio señal. Leandro se giró para mirar a Nora y sonrió —Si… Soy un manitas.
Nora comenzó a dar saltos de alegría y después abrazó a Leandro. Lo hizo tan fuerte que le hizo daño en la herida del hombro y este no pudo evitar lanzar un quejido. Nora se retiró rápidamente.
—Lo siento. Lo olvidé…
—No te preocupes. Ahora crucemos los dedos y recemos para dar con alguien que nos responda— respondió Leandro tomando el micro de la radio. Entonces, comenzó a hablar. Aunque no estaba seguro del alcance de la radio. Podría no ser mucho. Aunque tampoco es que esperara hablar con alguien de china. Ni sabía hablar chino ni le iban a servir de nada. —Aquí superviviente en Puzol retrasmitiendo para quien me escuche…
— ¿Superviviente de Puzol? ¿No se te ocurrió nada mejor? — preguntó Nora arqueando una ceja.
—Casi pruebo con DJ Leandro, pero habría sonado como que me cachondeo… ¿Te importa? Intento contactar con alguien… Y la situación no está para formalismos.
En ese momento, se escuchó algo de ruido en el altavoz. Se escuchó mucho barullo y después, cuando este se calmó, la voz de una mujer respondió a Leandro. Una voz con un acento extraño.
—Te oímos superviviente de Puzol…
Leandro sonrió enseguida. Estaba totalmente alegre —Hola. Me llamo Leandro. Estoy en un caserón a las afueras de Puzol. ¿Con quién hablo?
Se escuchó un nuevo silencio y después la voz de mujer respondió —Mi nombre es Rei Cheng…— la presentación de aquella chica le sacó una sonrisa a Leandro. Ese nombre era asiático, parecía casi irónico debido a lo que había pensado antes sobre lo de hablar con china. La chica de pronto, la chica habló otra vez —Le paso con la persona al mando.
A la primera mujer la relevó una segunda, cuyo acento era totalmente español. Esta no perdió tiempo, se presentó directamente —Aquí Andrea Ferreiro. Soy quien está al mando aquí ahora.
Leandro comprobó la frecuencia. Era la misma de hace unos días. Entonces respondió —Hace unos días hablé con un hombre llamado Sandro ¿Le conoce?
Hubo una pausa y finalmente, Andrea respondió —Lamento comunicar que Sandro falleció— aquello sorprendió a Leandro, pero al menos, tenía claro que estaba en la frecuencia correcta.
—Lo lamento. Tuve oportunidad de hablar con él hace unos días… Aunque se cortó— respondió Leandro.
—Si— respondió Andrea —Al principio tuvimos problemas con la radio, pero creo que ya están solucionados todos los problemas.
Hubo una pausa y se escucharon los ladridos del perro que venían desde el exterior. Eran tan fuertes que incluso Andrea, que estaba al otro lado de la comunicación, los pudo escuchar. Nora al escucharlo, se levantó y miró por la ventana. Vio a su perro ladrar y a Juanma saltar la valla, para después, perderse entre la maleza. Algo pasaba.
—Está pasando algo— dijo en ese momento Nora. Aunque Leandro no le prestó mucha atención, estaba muy concentrado en la conversación con Andrea.
—Escucha. Quiero ir directo al grano ¿Dónde estáis? Quizás podamos ayudarnos— comenzó a decir Leandro.
—Estamos en Puzol. Es todo cuanto puedo decir— respondió Andrea —Comprende que uno ya no puede fiarse ni de su sombra… No te ofendas.
Leandro tuvo que haber previsto eso y no podía culpar a la chica que había al otro lado, ya que tenía toda la razón del mundo. No se conocían de nada y por supuesto, no había una confianza. Él tampoco había dado mucha información, había dicho que estaba en un caserón, pero no había especificado en cual, por lo tanto, era imposible averiguar cuál a la primera, ya que en las afueras de Puzol debía haber al menos una docena de ellos.
—No me ofendo. Te entiendo perfectamente— respondió Leandro —No nos conocemos al fin y al cabo… Antes deberíamos establecer un vínculo de confianza.
—Me parece correcto— respondió Andrea. — ¿Cuántos sois vosotros?
—Actualmente somos casi una docena de personas ¿Y vosotros? — preguntó Leandro.
—Somos alrededor de cincuenta personas…— respondió Andrea. Esa respuesta sorprendió mucho a Leandro. Eran un grupo muy grande.
— ¿Estáis armados? — quiso saber Leandro. La respuesta iba a ser muy esclarecedora. Podía mentir o ser sincera y Leandro enseguida lo iba a notar.
—Sinceramente… Apenas tenemos armas— respondió Andrea.
Eso era lo que Leandro esperaba. Si hubiese dicho que estaban armados hasta los dientes hubiese quedado claro que mentía y que quería asustarle, pero no era así. Era evidente que no tenían armas, pero, al mismo tiempo estaba pecando de confiada.
—Nosotros si tenemos armas. Cogimos todas las armas que había en la comisaria— dijo Leandro. —Pensamos que podríamos necesitarlas para defendernos de cualquier ataque externo. Por los refugios se lucha.
—Estoy de acuerdo… Ahora que lo dices… ¿Habéis visto los camiones militares? — la pregunta de Andrea, descolocó a Leandro. No sabía a qué se refería.
—No. No los hemos visto. ¿A qué te refieres? — preguntó Leandro.
—Hay un grupo por ahí que pueden parecer militares… Pero no lo son. Tened mucho cuidado. Son saqueadores que no tienen reparos en asesinar a otros— comenzó a decir Andrea —Ya nos los hemos topado varias veces… He perdido a gente por su culpa. Por suerte no nos encontrarán.
Nora escuchaba a Leandro hablar, mientras ella miraba por la ventana y veía a su perro ladrar. Parecía muy nervioso, y Juanma hacía rato que había saltado la valla. Algo extraño estaba pasando y ella tenía un muy mal presentimiento.
*****
Lo había perdido de vista. No lo encontraba, pero estaba seguro que lo había visto. Yo había visto a Bernardo allí fuera observándome. O quizás solo me lo había imaginado debido a lo que me obsesionaba el hecho de que quería dar con el matarle.
Me detuve en medio del bosque de pinos, mojándome con la lluvia. Fue en ese momento cuando presa de la frustración comencé a gritar.
—¡¡¡Bernardo!!! ¡¡¡Da la cara!!! Ven a por mí… ¡¡¡Bernardo!!!
En ese momento escuché un ruido a unos metros de mí y alcé la pistola para apuntar. Volví a escuchar otro ruido, este venía de delante de mí. Apunté con mi arma y entonces vi como varias aves alzaban el vuelo. Al verlos aparecer de repente hicieron que el corazón me diera un vuelco y retrocediera rápidamente, hasta el punto que me caí al suelo de espaldas.
Tumbado en el suelo comencé a pensar en todo lo que había pasado. Las probables muertes de mis padres y hermanos. La muerte de los padres de Cristina. La muerte del hijo de Jordi, al que habíamos intentado salvar... La reciente muerte de Sonia… La muerte hacía un año de la única hija que tenía… Y, por último, el fin del mundo. Todo se había ido al infierno y yo, me preguntaba si merecía la pena vivir.
Volví a escuchar ruidos y al principio pensé que era por la lluvia, pero a medida que me levantaba, me fui dando cuenta de que no era el ruido de las gotas de agua. Entonces, vi algo que me dejó petrificado, había casi tres docenas de siluetas avanzando hacia mi… Y detrás de estas, muchas más. No pude contarlas, pero debía haber un centenar de caminantes avanzando hacia mí, pero no es que vinieran hacia mí, es que avanzaban hacia el caserón. Sin pensármelo un segundo, apunté a la cabeza del primero y disparé.

Caserón…
18:00 horas…

Cristina se encontraba con Anna en el salón. Le había contado que Sonia había muerto. Eso le sentó como un jarro de agua fría. Pensó que Sonia iba a salvarse, pero al enterarse de eso, Anna comenzó a pesar que quizás ninguno de ellos lo lograría, que todos iban a morir. Entonces, Anna posó sus manos sobre su vientre y pensó en que quizás, su hijo nunca llegaría a nacer… Quizás sería lo mejor… Quizás…
En ese momento escucharon los disparos que venían del exterior. En ese momento Mateo entró por la puerta y Nora bajaba por las escaleras.
— ¿Eso no son disparos? — preguntó Cristina. —Alguien está disparando por ahí fuera— entonces miró a Mateo — ¿Dónde está Juanma? Fue a pedirte una pala para cavar la tumba de Sonia.
—Hace un rato lo vi saltar la valla y comenzar a correr por el bosque— dijo en ese momento Nora.
En ese momento, el corazón de Cristina casi se detuvo en seco. Juanma no estaba y se estaban escuchando repetidos disparos que venían del bosque. A eso se sumaba lo que había dicho Nora. No cabía duda, todo cuadraba… Y Juanma no iba a estar disparando por nada. Algo pasaba. Sin pensárselo un solo segundo, Cristina salió corriendo de la casa, abrió la puerta de hierro y también ella se adentró en el bosque. Su marido estaba en peligro.

Bosque…

Cada vez había más de aquellos seres. No dejaban de avanzar y a mí se me acababa la munición. Era mi último cargador. Abrí fuego varias veces más y abatí a un caminante. Se trataba de una mujer joven de larga cabellera rubia. Sus ropas, aunque rasgadas y sucias, me revelaban que eran los restos de un vestido de novia.
Fui retrocediendo mientras disparaba a otro No Muerto, este era un anciano sin camisa que tenía magullado el costado y las costillas asomaban. También podían verse las venas de su cuerpo totalmente marcadas y negras. Tenía que pararlos, pero estaba consiguiendo todo lo contrario. Entonces me di cuenta de algo, un numero aun mayor de aquellos seres se acercaba entre los árboles. No era la primera vez que veía un número tan grande de esos seres, los había visto delante del ayuntamiento, probablemente era la misma horda.
De repente, vi caer abatido a un No Muerto delante de mi tras escuchar un disparo, me di la vuelta y entonces vi a mi mujer. Ella había acudido en mi ayuda.
Ambos comenzamos a retroceder mientras disparábamos, sin embargo, los No Muertos estaban rodeándonos. Me giré hacia ella y le grité.
—¡¡¡Deja de disparar y corre!!!
Ella asintió y ambos comenzamos a correr de vuelta al caserón. Mientras corríamos, iba viendo como el bosque se llenaba de siluetas tambaleantes. Llegamos al camino y entonces vi lo terrible que era la situación. Había miles de caminantes avanzando hacia nosotros, pisándonos los talones.
Estábamos llegando a la puerta cuando Mateo salió a recibirnos abriendo la puerta de hierro y comenzando a disparar. Al mismo tiempo vi que rodeando la valla de la propiedad, venían muchos más No Muertos. Aquello era increíble, dos hordas desde distintos puntos habían llegado al caserón ¿Qué demonios significaba eso?
Cruzamos la puerta y yo me frené en seco. Me di la vuelta y me lancé contra la puerta. Con todas mis fuerzas la cerré rápidamente impidiendo la entrada de algunos de aquellos seres que también la habían alcanzado. En pocos segundos, había cerca de tres docenas de infectados golpeando la puerta y ejerciendo presión, tanta que estaba cediendo.
—La puerta no aguantará mucho. Tenemos que hacer algo— dije mirando a Mateo, pero él no respondió. Estaba totalmente atónito observando lo que teníamos delante de nosotros. Volví a mirar a Mateo y le grité —¡¡¡Mateo!!!— fue en ese momento cuando este me miró. Sin decir nada, comenzó a correr todo lo que sus piernas le permitían y desapareció doblando la esquina de la casa.
Miré a mi alrededor buscando una forma de impedir que la puerta cediera, pero no veía nada que pudiera serme útil. Entonces vi a Nora que salía a coger a su perro para llevárselo a la casa, también me fijé en Cristina.
—Regresa al interior de la casa. Vete de aquí. Cuida de la niña.
En ese momento, cuando Cristina iba a responderme, escuchamos un ruido y seguidamente, vimos aparecer la furgoneta de Mateo. Esta pasó por delante de nosotros y se paró delante de la puerta, bloqueándola. Mateo se movió por el interior y salió por la puerta del copiloto.
—Esto debería entretenerlos, pero no sé cuánto aguantara— dijo el anciano caminando hacia mí, pero sin perder de vista todo lo que se nos venía encima. —Ni con toda la munición que tenemos podríamos hacer nada.
Tuve que pensar rápidamente, necesitaba ver que hacer. Necesitaba encontrar una solución que nos salvara la vida. Entonces di con algo, quizás no funcionara, pero, era lo único que se me ocurría. —Entremos en la casa. Bloqueemos puertas y ventanas y luego bajemos al sótano— miré entonces a Cristina, ella todavía no se había movido del sitio. Estaba paralizada.
Fue en ese momento, cuando caminaba hacia ella para cogerla del brazo y llevarla hasta la casa, llegó la explosión que nos lanzó por los aires.
*****
Leandro no sabía muy bien que pasaba fuera. Estaba escuchando mucho ruido y Nora se había ido a por su perro. Él también quería bajar, pero estaba demasiado ocupado con la radio. Había estado hablando con Andrea y esta, había cortado la comunicación para debatir con sus compañeros si revelaba donde se encontraban, por eso, Leandro no podía dejar la radio.
La voz de Andrea volvió y Leandro se apresuró a responder. Cogió rápidamente el micro y habló —Estoy aquí.
—He estado hablando con mis compañeros… Hemos llegado a la conclusión de que no eres una amenaza y que podemos confiar en ti. Por eso, te diré dónde estamos. Quizás podamos ayudarnos mutuamente— comenzó a decir Andrea —Sin embargo. Si por casualidad intentases jodernos, te diré que te arrepentirás.
—Puedes confiar en mi— respondió Leandro. Hubo una nueva pausa y entonces, la respuesta que le dio Andrea, lo dejó de piedra.
—Estamos en el instituto…
— ¿En el instituto? Eso no es posible. No hace mucho que estuve por allí. El lugar estaba totalmente arrasado— respondió Leandro. Entonces pensó que quizás hubiesen llegado después o que simplemente, cuando estuvo con Juanma, David y Cristina, ellos estaban escondidos. 
Aun así, la respuesta de Andrea no llegó. Antes de que eso sucediera, llegó el fuerte ruido de una explosión y el cristal de la ventana reventé en pedazos. Incluso la onda expansiva alcanzó al joven brasileño tirándolo al suelo.
*****
Me encontraba tirado en el suelo, totalmente rodeado de humo. Los oídos me pitaban y no veía nada. Intenté levantarme y entonces vi las siluetas que avanzaban hacia donde yo estaba. Por un momento, pensé que podrían ser Cristina o Mateo, que eran los que estaban conmigo cuando sucedió aquello, pero de pronto, me di cuenta de que no. Eran infectados.
Me puse en pie y comencé a retroceder buscando la casa, siguiendo los gritos de Nora.
Entonces la vi a ella, acompañada de Anna, ambas estaban cargando con Mateo, aunque no veía a Cristina. Entonces, escuché sus gritos y me pareció verla entre la nube de humo forcejeando con uno de los caminantes, corrí hacia ella y me lancé sobre el caminante. Lo agarré por la cabeza y lo golpeé contra el suelo repetidas veces. Estaba tan cegado que no vi al infectado que se me echaba encima a mí.
El No Muerto y yo, rodamos por el suelo. Este estaba a punto de morderme cuando Cristina vino en mi ayuda. Agarró al caminante y me lo quitó de encima. Ambos cayeron al suelo y comenzaron a forcejear. Yo quise ir a ayudarla, pero entonces, otro caminante me agarró del hombro. Aunque en ese momento, pude ser más rápido y quitármelo de encima con una patada. Quise ir a por mi mujer, pero ella ya se había librado del caminante y corría hacia mí. Cogí a mi mujer de la mano y corrimos hacia el interior de la casa.

Cruzamos la puerta de madera y la cerramos a nuestras espaldas. Aunque esta no aguantó las acometidas de los infectados que nos habían seguido. Tampoco lo hicieron las ventanas. Los No Muertos estaban entrando dentro. Todos nos encontrábamos en el salón sin saber qué hacer. 

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