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Gracias y bienvenidos al blog. En este blog podréis leer desde el principio la historia titulada Zombies (Esta vez corregida y mejorada), a la que le seguirán sus secuelas: Necroworld y The Survivors Land. En ellas, seguiréis el periplo de un grupo de supervivientes que iniciarán su historia en el pueblo Valenciano de Puzol, pasando por Valencia capital, Barcelona y Madrid. Un periplo que les llevará hasta los Estados Unidos. Esta historia es probablemente la historia de Zombies más larga de la red, ya que cada una de sus partes, cuenta con 200 capítulos en su totalidad. Si te gusta, sígueme en el blog y mis redes sociales, contacta conmigo por Email y suscribete via Email en la pestaña Email address para estar informado de las publicaciones. Esta historia también puede leerse en Wattpad.

sábado, 14 de abril de 2018

ZOMBIES: Capitulo 015 Los Marginados


Capítulo 015
Los Marginados

Día 21 de junio de 2017…
Puzol… 08:25 horas…

— ¿Tu? — preguntó Bernardo sin dejar de apuntar.
El tipo al que Bernardo estaba apuntando, se fue dando la vuelta poco a poco hasta que su mirada se clavó en la de este. Entonces sonrió.
—Creí que habrías muerto.
— ¿Julián? ¿Qué cojones haces aquí? — preguntó Bernardo.
Julián se fue apartando un poco y terminó sentándose en el suelo frente a él, se descolgó la bolsa que llevaba colgada al hombro y nuevamente miró a Bernardo con una sonrisa. —Lo mismo podría preguntarte yo a ti. No tenía ni idea de que seguías vivo. ¿Dónde cojones has estado todo este tiempo? Por cierto… Ya puedes dejar de apuntarme con esa mierda.
Bernardo fue bajando el arma. Después, se dio la vuelta y caminó hacia la puerta de la tienda, la cerró con cuidado y después volvió a mirar a Julián.
— ¿Me has seguido hasta aquí?
—Te contestaré a esa pregunta con otra pregunta ¿Estás de coña? Tienes que estarlo. Llegué aquí por casualidad y aquí estabas. Yo te daba por muerto desde hace días. Te empeñaste en ir a buscar a la zorra de tu mujer y a mí me dejaste tirado— Julián miró a su alrededor y después miró a Bernardo de nuevo —A juzgar por el hecho de que estás solo, debe ser que no conseguiste que ella se fuera contigo.
—Es una larga historia— respondió Bernardo
—Comprendo. No es necesario que me la cuentes. No me interesa en absoluto. Ahora tengo que hacer algo más importante que escuchar tus batallitas— dijo Julián mientras sacaba un frasco y unas vendas de la bolsa. Después se subió el pantalón y dejó al descubierto un moretón. Eso hizo que Bernardo se alarmara.
— ¿Te han mordido?
—No… Una puta de mierda me golpeó para usarme de cebo con los muertos y así poder huir… Pero le salió mal la jugada. Cuando me recupere, saldré a buscarla y es posible que le devuelva el favor. Aunque es probable que primero me lo pase bien con ella.
Julián se estuvo curando la herida de la pierna y luego volvió a mirar a Bernardo —Bien. Esto está listo ¿Ahora qué? Nos hemos reencontrado por casualidad… O quizás sea cosa del destino…— Julián se fijó entonces en la pistola. — ¿De dónde la has sacado? Me vendría bien una.
—Te lo diré… Con una condición— respondió Bernardo, mirando primero la pistola y después mirando a Julián —Aceptarás. Aquí salimos los dos beneficiados.
—Tú dirás— dijo Julián. Mostrándose esta vez interesado en lo que le podía decir Bernardo.
—Hasta ahora… He estado en un caserón con mi mujer y otros, pero las cosas allí no salieron bien y tuve que huir… Teníamos muchas armas bajo llave…
—Interesante— respondió Julián.
Bernardo se lo contó todo. Todo lo que había sucedido desde el principio y como había huido de allí. Esa historia hizo que Julián abriera los ojos de par en par. Al final, la historia que no quería que Bernardo le contara, había resultado ser mucho más interesante de lo que había pensado. Nunca se podía haber imaginado que su antiguo compañero, tuviera algo tan interesante prácticamente al alcance de la mano.
—Mi mujer sigue allí… Quiero llevármela y matar a los que están allí. Necesito que me ayudes. A cambio de tu ayuda, podrás quedarte las armas y las otras tías que hay allí. El problema es cómo llegar allí con todos los muertos que hay… Además, deben estar buscándome… Son más que nosotros además…
En ese momento, Julián sonrió —El número no es problema. Sé muy bien cómo ayudarte y acabar con ellos sin problemas. Atiende bien lo que te voy a contar. Tómatelo como un favor por los viejos tiempos.

Día 15 de agosto de 2016…
Prisión de Piccasent…

Bernardo se apoyó en la pared por orden del guarda de la prisión, separó las piernas y entonces notó como este, le introducía los dedos en el recto, en busca de algo que pudiera haberse guardado ahí. Cuando se los sacó, escuchó como le decía a un segundo guarda que el preso estaba limpio.
Bernardo y los otros presos se dieron la vuelta y siguieron las señas de los guardas. Los llevaron en fila hasta lo que parecía una ducha, allí les echaron agua con una manguera y después les entregaron el uniforme. Poco después fueron distribuidos en celdas. La de Bernardo era la numero 311, cuando la cruzó, cerraron la puerta a sus espaldas y fue entonces cuando se dio cuenta de que había tocado fondo, eso hizo que comenzara a temblar como si fuese un flan. Un temblor que se acrecentó cuando vio a sus dos compañeros de celda, uno era delgado y teñido de rubio platino, muy blanco de piel. En sus brazos, podían verse marcas de pinchazos. El otro era un tipo grandote y de una edad muy similar a la suya. Este tipo seguía tumbado en su litera leyendo una revista con una chica desnuda en la portada.
—Mira tú por dónde. Nos han traído carne fresca— dijo el más delgado mientras lo rodeaba y lo observaba de tal manera que parecía que lo estaba escaneando. Incluso le tocó la espalda — ¿Cómo te llamas cariño?
—No seas guarra y déjalo en paz— dijo en ese momento el tipo grande mientras cerraba la revista y se sentaba en el colchón —Dudo que le vaya tu rollo.
—A todos les va tarde o temprano… Sobre todo, cuando te sientes solo— respondió el tipo delgado. Después miró a Bernardo —Yo soy Secun… Y ese hombretón de ahí es Julián.
—Bernardo— se presentó
— ¿Es tu primera vez en el talego? Se te nota. Pareces un jodido flan. Si los otros presos te ven así, no tardarás en ser la putita de alguno… O de varios… Incluso de algún guardia. Fíjate en Secun… Se mete unos chutes de la hostia… ¿Y cómo crees que lo consigue? ¿Cómo crees que los guardas hacen la vista gorda?
Bernardo no sabía que decir. Estaba en prisión rodeado de criminales y compartiendo celda con dos tipos que podían ser muy imprevisibles. Unos que tan pronto podían ser totalmente confiables como podían terminar clavándole un hierro oxidado. Eso era la cárcel, un lugar donde no sabías que te esperaba a la vuelta de cada esquina, pero en esos momentos, solo tenía a esos dos para sobrevivir dentro de aquel lugar.

Día 21 de junio de 2017…
Puzol… 09:45 horas…

Bernardo siguió a Julián hasta una de las calles del pueblo. Allí había dos caminantes quietos. Habían estado buscando a un grupo reducido y por fin los habían encontrado. Julián miró a Bernardo en ese momento.
—Quédate aquí y observa con atención.
Julián caminó con cuidado bajo la lluvia. Se plantó junto a los dos No Muertos y los golpeó rápidamente a los dos, derribándolos y después, destrozándoles la cabeza a ambos.
— ¿Eso es lo que querías enseñarme? También se hacerlo yo.
—Esto no— respondió Julián mirándolo y después volviendo a los muertos. Con ambas manos, abrió el vientre del muerto sobre el que estaba inclinado. Fue fácil, la carne estaba totalmente podrida. Poco a poco, fue extrayendo las vísceras y comenzó a untárselas por la ropa. Eso, hizo que Bernardo frunciera el ceño.
— ¿Qué pretendes hacer con eso?
—Lo descubrí por casualidad… Para mí fue una verdadera sorpresa…— iba explicando Julián mientras se frotaba el pecho con los trozos de carne. —Creí que iba a morir cuando me caí al suelo rodeado de muertos, pero, el hecho de que tuviera entrañas de estos seres por encima tras destrozar a varios, me salvó la vida. Fue camuflaje en toda regla.
—Caminar entre los muertos…— murmuró Bernardo.
—Hay más… Y te lo voy a enseñar— respondió Julián poniéndole las manos en los hombros. Eso hizo que Bernardo sintiera un puñetazo de hedor. — ¿Quieres acabar con los de ese caserón? Pues vamos a hacerlo juntos. Después, nos quedaremos con esas armas. Vamos a llevarles una horda a las puertas. No podrán pararla. Vamos a ser como pastores… Luego, solo nos quedará esperar a que los muertos se larguen.
— ¿Saldrá bien? — preguntó Bernardo dubitativo.
—Confía en mí. Recuerda que sigues vivo gracias a mi— respondió Julián —Y cuando tengamos esas armas… Iremos a buscar a los que intentaron matarme. Hoy por ti, mañana por mí. Ahora, úntate las vísceras de ese.
Bernardo asintió. Le gustaba ese plan, sin embargo, aún se preguntaba como haría para sacar a Sonia de la casa, para que no siguiera a los otros en su destino.

Día 23 de octubre de 2016…
Prisión de Picassent… 10:00 horas…

La vida en prisión era rutina para Bernardo. Cada día era una fotocopia del anterior. Por las mañanas los dejaban salir de las celdas e iban a las duchas. Después, era dar paseos por el patio y los módulos, siempre observados por los guardas.
Pese a que Bernardo pensó que no iba a sobrevivir allí dentro, pronto se dio cuenta de que no era así. Encontró amistad y protección en sus dos compañeros de celda, especialmente en Julián. Este, era algo así como uno de los jefes de la cárcel, encarcelado en 2005 por el asesinato de su ex mujer, la pareja de esta y los padres de ella. Secun por su parte, estaba condenado por tráfico y posesión de drogas. Bernardo les había contado su historia: Había tenido varias denuncias por malos tratos, las cuales, después habían sido retiradas por Sonia, su mujer. Tras la última discusión, él se había ido de casa y había atropellado a una niña, se dio a la fuga y mientras huía, en un intento de dejar atrás todo, había asaltado una propiedad, donde acabó con la vida de dos ancianos, robó todos los objetos de valor y trató de escapar, pero entonces, la policía lo detuvo por asesinato, aunque nunca salió a la luz el delito de atropello y fuga. Poco después, se enteró que la niña a la que atropelló, era la única hija de un inspector de policía. De haber salido a la luz eso, la pena habría sido mucho mayor.
Aquella mañana, Bernardo acudió a las duchas como cualquier otro día. Se encontraba solo cuando vio a un grupo de presos entrar allí. Estos se situaron a su alrededor, todo parecía normal, pero pronto dejó de serlo. Uno de ellos, al que apodaban Hammer, comenzó a hablarle.
—Tu eres ese tal Bernardo. El que mató a dos viejos y curraba a su mujer— dijo Hammer. — ¿Hoy no te paseas con tu amigo Julián?
Bernardo no respondió, siguió lavándose, esta vez más rápido, para así, salir de allí lo más rápido posible. Aquello no tenía muy buena pinta y podía predecir que no acabaría nada bien. Aun así, de repente se vio golpeado y aprisionado contra la pared. Detrás de él, Hammer y otros, lo inmovilizaban para que no se moviera.
—Te vamos a enseñar lo que hacemos con los que matan a viejos y le pegan a su mujer— dijo uno de los acompañantes de Hammer —Separadle las piernas.
En ese momento, Bernardo vio que uno de ellos estaba preparando una botella de vidrio. No hacía falta ser un lince para saber lo que iban a hacerle. Ya lo había visto antes, cuando uno de los recientes presos, condenado por pedofilia, había sido encontrado en las duchas, con el recto rasgado.
Bernardo quiso luchar, pero eran más que él, y ejercían mucha presión. Cerró los ojos y apretó los dientes cuando notó la botella en su trasero. Esperando lo inminente y que pasara lo antes posible.
—Soltadlo ahora mismo— la voz de Julián sonó como un canto celestial. Había aparecido en el mejor momento. Aunque no podía girarse para verlo.
—Desaparece de aquí— dijo en ese momento Hammer —No te metas. Vamos a enseñar a este cabrón. A partir de mañana va a tener que cagar de costado.
—Atrévete a tocarlo y tú no volverás a cagar, porque estarás alimentando a los gusanos— amenazó Julián —Me conoces bien y sabes que no amenazo en balde. Que cuando lo hago, siempre aparece un cadáver.
Hammer y los suyos soltaron a Bernardo y se fueron de las duchas. Después de eso, Julián caminó hacia su compañero de celda.
—Te debo una. Esos cabrones iban a darme por el culo con esa botella.
—Son unos hipócritas de mierda. Ninguno de aquí es inocente. Todos estamos por asesinatos, drogas o crímenes sexuales. Creen que por hacer lo que hacen, los hace menos culpables, pero en el fondo, todos somos la misma mierda. Somos los marginados de la sociedad— dijo Julián —Ahora salgamos de aquí.

Día 21 de junio de 2017…
Puzol… 11:00 horas…

Bernardo y Julián anduvieron durante horas por el pueblo. Estaban buscando una horda muy grande en la que probar el camuflaje del que había hablado Julián. Llegaron por fin a la plaza del ayuntamiento y allí, encontraron lo que estaban buscando. Había miles de aquellos seres deambulando por allí, muchos más de los que Julián había visto en el centro comercial. Miró a Bernardo y sonrió.
—Ha llegado el momento, sígueme.
Los dos comenzaron a caminar hacia la marea de carne putrefacta que formaban todos aquellos muertos. Bernardo caminaba indeciso, a unos pocos pasos por detrás de su viejo compañero de celda. Cuando estuvieron en frente de aquellos seres, ocurrió aquel milagro del que hablaba Julián. Los muertos ni se inmutaron con su presencia, era como si de verdad no estuviesen allí. Julián decía la verdad.
Ambos siguieron caminando, introduciéndose todavía más en la marabunta. Pese a la lluvia, la cual al principio Bernardo había pensado que les quitaría el olor, ellos seguían siendo invisibles para aquellos seres. Julián se había asegurado de que tuvieran varias capas de vísceras por encima para que eso no sucediese.
Ambos abandonaron la marabunta y ocuparon un puesto alto para poder hablar y al mismo tiempo estar seguros, no querían arriesgarse a que el hecho de hablar, si los delatara.
Una vez en un sitio seguro, Julián comenzó a hablarle de la gente con la que había estado y de cómo convenció al borracho del pueblo para que este, fuese un peón que traería la muerte al grupo. Un hombre llamado Tomás al que convenció de que podía bajar a por alcohol y luego regresar como si tal cosa. Su plan salió como esperaba, Tomás metió la pata y dejó la puerta abierta, después, los muertos lo siguieron. Mientras eso sucedía, Julián se había hecho con las llaves de la azotea y había cerrado, para así, que los otros no pudiesen huir. Aquello casi le salió bien.
—Cuando acabemos con los que yo estuve, te acompañaré a buscar a los tuyos. Y los mataremos.
—Será fácil. Solo quedan tres de ellos— respondió Julián echándole una mirada rápida a la horda —Si conseguimos que uno o dos nos sigan, el resto también lo hará. Recorreremos todas las calles, más y más se irán sumando. Seremos un puto ejército.
En ese momento, escucharon un ruido similar a un motor, el de un gran vehículo. Ambos miraron hacia el origen del ruido y entonces vieron un camión cargado de lo que parecían militares. Los observaron bien y entonces, se dieron cuenta de que los conocían. Ese camión no era conducido por militares, eran personas que les eran muy familiares. Eran personas que les hacían trasladarse al día que todo comenzó a irse al infierno y que les situó en el punto de partida.
Julián volvió a sonreír, pero esta vez, lo hizo con la sonrisa más amplia que Bernardo había visto —Tengo una idea. Una muy gran idea.

Día 12 de junio de 2017
Prisión de Picassent… 20:00 horas…

Bernardo, Secun y Julián se encontraban dentro de su celda. Escuchando los disparos y las explosiones que venían tanto de dentro de los bloques como del patio. Durante las últimas semanas, en la televisión no se hablaba de otra cosa que no fuera un virus. Al final, todo derivó en la descabellada historia de que los muertos estaban volviendo a la vida… Era una historia que al principio les pareció absurda, pero que pronto, se volvió totalmente real. Los muertos volvían a caminar.
Julián sacó el brazo entre los barrotes sosteniendo un espejo. Lo hizo para ver que sucedía en el pasillo. Pudo ver humo, pudo ver destellos rojos producidos por el fuego, y podían escuchar los gritos de otros presos que imploraban la libertad.
—Esto se va a la mierda— dijo Julián cuando vio a varios guardas reflejados correr en todas direcciones. También podía verlos en la galería. Incluso vio a uno de ellos ser derribado por uno de aquellos muertos. De pronto, Julián metió rápidamente el brazo dentro y a continuación, uno de los guardas apareció ante la celda. Rápidamente, sacó un manojo de llaves.
—Tenéis que largaros de aquí— dijo el guarda mirando a Julián.
Julián, Secun y Bernardo salieron de la celda y fueron testigos, con mayor nitidez de lo que sucedía. Muchas de las celdas estaban abiertas. Solo las que permanecían cerradas, tenían muertos vivientes dentro, los cuales, sacaban sus brazos a través de los barrotes.
Julián, que conocía al guarda y tenía ciertos negocios con él, lo miró — ¿Tan mal está la cosa?
—Peor…— respondió el guarda —Van a cerrar la prisión. Escucha— el guarda agarró a Julián del brazo —A partir de aquí estaréis muertos como el resto de los presos. No sobrevivirá ninguno, pero el mes que viene, quiero el ingreso de cuarenta mil euros que me has prometido.
—Descuida— respondió Julián con una sonrisa.
—Os llevaré hasta fuera. Tienes un coche esperando— dijo el guarda.
Comenzaron a seguir al guarda hasta el exterior. El camino fue tortuoso. Mirasen donde mirasen, había una masacre. Vieron a un grupo de presos que luchaban por salir. Cuando lograron abrir la puerta, una avalancha de muertos vivientes irrumpió y comenzó una auténtica batalla. Una que no pudieron quedarse a observar. Vieron también como un grupo de presos lograba abrirse paso. No eran los únicos que estaban escapando.
Lograron alcanzar el exterior rápidamente. Allí, las cosas eran muy distintas al exterior. Había incendios por todas partes y pudieron ver como varios guardas huían despavoridos.
De pronto, se vieron rodeados por un grupo de aquellos muertos, los cuales, antes habían sido funcionarios y reclusos. Julián y Bernardo se adelantaron y derribaron a los que tenían delante, pero Secun no tuvo tanta suerte, varios de los muertos se le echaron encima y desapareció debajo de sus cuerpos putrefactos entre gritos de dolor y de socorro.
Ya no había nada que hacer por Secun. Julián y Bernardo corrieron hacia las vallas y comenzaron a trepar, al otro lado estaba la libertad.
Bernardo miró hacia las torres de vigilancia, donde siempre había guardas armados, dispuestos a disparar contra todo aquel que intentase escapar, pero ningún guarda ocupaba su puesto en esos momentos.
Saltaron al otro lado del muro. Solo lo hicieron ellos dos, el guarda se quedó al otro lado y ya no volvieron a verlo.

Día 13 de junio de 2017
Afueras de Picassent… 04:00 horas…

Hacía varias horas que Bernardo y Julián habían dejado atrás la prisión. Se encontraban caminando en la oscuridad, donde iban a permanecer para no ser descubiertos por las autoridades, aunque en esos momentos dudaban que estas prestaran algún tipo de atención a dos tipos, tenían cosas más importantes que hacer.
Llegaron a un puente y allí se pararon a descansar. Julián miró entonces a su compañero — ¿Qué se supone que haremos ahora?
—Yo volveré a Puzol a buscar a mi mujer. Sé que es arriesgado, pero es mi mujer y ella debe estar conmigo— respondió Bernardo.
— ¿Tu mujer? ¿La misma zorra que te denunció por malos tratos? Mira a tu alrededor. Olvídate de ella y que le den. Nosotros deberíamos aprovechar esto y largarnos— dijo Julián.
—Iré a por ella, tu haz lo que quieras— dijo de nuevo Bernardo. Él estaba decidido a ir a por su mujer. Creía que aun podía arreglar las cosas.
—Tú mismo— dijo en ese momento Julián —Pero lo primero que debemos hacer es cambiarnos de ropa. Llamaremos la atención vestidos así, con el uniforme de preso. De momento, pasaremos la noche aquí. Mañana, conseguiremos ropa— Julián se acercó a Bernardo en ese momento, lo agarró por las mejillas y le dio un beso en la frente —Alegra esa cara, joder. Somos libres.
—Si… Somos libres— murmuró Bernardo.

Día 21 de junio de 2017…
Puzol… 11:15 horas…

Hammer y los demás presos se encontraban saqueando tiendas en Puzol. Solo estaban de paso. Eso era lo que habían estado haciendo desde que lograron salir con vida de la prisión. Después de escapar, habían dado con los vehículos abandonados del ejército, con soldados todavía vivos incluidos, a los cuales, no habían tenido reparos en asesinar. Fue ahí cuando les tocó el premio gordo, eran casi cinco docenas de presos que se habían escapado y habían encontrado vehículos y armas en un mundo que se había ido al infierno.
Hammer como mano derecha del líder de aquel grupo, sonreía triunfante observando todo lo que habían conseguido, estaba tan ensimismado con el botín que no vio llegar el desastre. Solo se dio cuenta cuando comenzaron los gritos. El alzó la cabeza y vio a una multitud incontable de No Muertos, los cuales estaban rodeándolos y acabando con ellos.
Hammer logró abatir a varios de aquellos seres por pura suerte y logró subirse a la parte más alta del camión, ahí creyó que estaba a salvo, pero entonces fue golpeado por una figura humana que se había logrado acercar sigilosamente a él. Cayó del camión y rodó por el asfalto, cuando alzó la cabeza, se encontró con una figura familiar.
— ¿Me recuerdas? — preguntó Bernardo. Luego le golpeó la cabeza repetidas veces contra el suelo.
Habían pasado unos minutos cuando Julián llamó a Bernardo. Este acudió a la llamada de su compañero y vio lo que le quería mostrar. Además de varias armas de fuego, encontraron algo que los hizo sonreír. Se trataba de una caja de metal que albergaba un lanzacohetes y una única carga.
—Nos ha tocado el gordo amigo. Ahora sí que nos ha tocado el gordo.
Bernardo observó el lanzacohetes y no pudo evitar sonreír. Ciertamente estaban de suerte. Miró entonces a los cadáveres de los presos que habían muerto, estaban volviendo de la muerte.
—Ahora vayamos a por tu mujer y a darles su merecido a los otros— dijo Julián —Hoy será un gran día.

Día 15 de junio de 2017
Puzol… 13:00 horas del mediodía…

Julián y Bernardo habían llegado a Puzol. Habían conseguido ropa al robarla en un camping y se habían cambiado. Aunque como ya suponían, nadie les habría prestado atención. Los últimos días, las cosas se habían puesto mucho peor, la presencia militar se había incrementado en todas las localidades y trataban de mantener a raya al número más creciente de infectados.
Ambos se encontraban de pie en el parque, observando el balcón de la casa donde vivía Sonia, asegurándose de que estaba en casa, y así era, estaba en casa.
—Iré a por ella— dijo en ese momento Bernardo
—Te acompaño— respondió rápidamente Julián.
—No… Esto es cosa mía. No sé lo que podré tardar— Bernardo sacó un papel y con un bolígrafo le anotó una dirección —Me reuniré contigo allí. Espéranos.
—Muy bien— respondió Julián leyendo el papel y luego guardándoselo en el bolsillo. Después se despidió de su compañero y se fue alejando sin llamar la atención.
Bernardo cruzó la carretera, se adentró en el portal y comenzó a subir las escaleras. Llegó a la puerta de la casa y llamó al timbre. Allí esperó con paciencia.

Día 21 de junio de 2017…
Caserón… 18:45 horas…

El plan había salido bien. Julián y Bernardo habían logrado llevar a la horda al caserón. Una vez allí, dividieron al rebaño para rodear toda la propiedad, consiguiendo así evitar que pudieran escapar. Por su parte, Bernardo se había permitido el lujo de dejarse ver por Juanma y así, conseguir que saliera a por él, así, de paso, haría que este mismo fuera quien atrajese a los muertos todavía más… Y le salió bien, poco después, Juanma y su mujer estaban corriendo de vuelta a la casa con la horda pisándoles los talones. La cosa se les complicó tanto que tuvieron que usar la gran furgoneta para bloquear la puerta de hierro. Fue en ese momento, cuando Bernardo cogió el lanzacohetes y disparó la única carga, haciendo saltar por los aires la puerta de hierro, la furgoneta y parte del muro, provocando así que desapareciera la única defensa.
La explosión provocó una gran humareda, pero cuando esta se disipó, pudo ver que los caminantes estaban ya tratando de entrar en el caserón. A Bernardo ya no le importaba su mujer, pese a que su idea principal era llevársela, ya no le importaba si moría junto a todos los demás.
—Creí que vinimos a por tu mujer— dijo Julián apareciendo de repente por su lado.
—Que se pudra como todos los demás— respondió Bernardo.
— ¿Qué hacemos entonces? ¿Nos vamos y volvemos cuando se dispersen los muertos? — preguntó Julián observando el mar de carne putrefacta que había entre ellos y el enorme caserón.
Bernardo negó con la cabeza —No… Quiero ver este espectáculo. Quiero ver el resultado de nuestra obra.
Julián sonrió —Así se habla. Observemos y deleitémonos con nuestro triunfo.

Día 15 de junio de 2017
Puzol… 13:05 horas del mediodía…

Sonia estaba preparando el equipaje para irse a uno de los puntos seguros del pueblo cuando llamaron al timbre. Ella caminó rápidamente hacia la puerta para abrirla. Cuando la abrió y vio quien estaba al otro lado de la puerta, su corazón dio un vuelco y deseó no haber abierto, era Bernardo quien estaba allí
—Hola amor mío… Vengo a llevarte conmigo.

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