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Gracias y bienvenidos al blog. En este blog podréis leer desde el principio la historia titulada Zombies (Esta vez corregida y mejorada), a la que le seguirán sus secuelas: Necroworld y The Survivors Land. En ellas, seguiréis el periplo de un grupo de supervivientes que iniciarán su historia en el pueblo Valenciano de Puzol, pasando por Valencia capital, Barcelona y Madrid. Un periplo que les llevará hasta los Estados Unidos. Esta historia es probablemente la historia de Zombies más larga de la red, ya que cada una de sus partes, cuenta con 200 capítulos en su totalidad. Si te gusta, sígueme en el blog y mis redes sociales, contacta conmigo por Email y suscribete via Email en la pestaña Email address para estar informado de las publicaciones. Esta historia también puede leerse en Wattpad.

domingo, 29 de abril de 2018

ZOMBIES: Capitulo 017 Asediados


Capítulo 017
Asediados

Día 22 de junio de 2017…
Gasolinera… 01:50 horas…

El cuerpo de Alex yacía sobre el asfalto frente a la gasolinera. Félix y Lidia seguían dentro, observando horrorizados lo que acababa de suceder. Lo habían matado aun sabiendo que estaba vivo. Una nueva ráfaga impactó en el cuerpo del joven asesinado, demostrando una vez más que sabían de primera mano que habían matado a una persona viva. No había dudas al respecto.
El grupo de recién llegados comenzó a avanzar hacia el interior de la gasolinera. Los iban a descubrir, y cuando eso sucediera, correrían la misma suerte que el pobre Alex.
Félix miró a Lidia fijamente —Tenemos que salir de aquí ya— Félix miró hacia el fondo de la tienda y vio una apertura por la que podían salir, se trataba de una ventana rota. Volvió a mirar a Lidia —Cuando yo diga, salimos por ahí y corremos sin mirar atrás ¿De acuerdo?
— ¿Qué pretendes hacer? — preguntó Lidia. El tiempo se les acababa. Ya estaban entrando dentro de la tienda de la gasolinera. Iban a dar con ellos.
Los asesinos entraron en la tienda apuntando con sus armas, dispuestos a disparar en el momento que fuese. No dudarían.
Cuando Félix vio la silueta de uno de aquellos tipos, se levantó de un salto y empleó todas sus fuerzas para empujar la estantería que tenía al lado y hacer que esta cayera sobre el asaltante, provocando un gran estruendo y una gran confusión. Era momento de salir huyendo.
Félix y Lidia salieron corriendo y pasaron a través de la ventana rota. Una vez en el exterior, comenzaron a correr bajo la lluvia y sin mirar atrás.  A sus espaldas, escuchaban las voces y los gritos de aquellos tipos. Había iniciado una persecución en la oscuridad, una persecución de final incierto.

Caserón…

Bosco se llevó las manos a la cabeza al observar lo que había sucedido. Entre ellos y el caserón había una incontable cantidad de No Muertos. Todo el camino estaba plagado, y no solo eso, sino que también, estaba plagada la propiedad de Mateo y el interior de la casa. Tanto Bosco como David podían ver las siluetas tambaleantes en las ventanas de los pisos superiores. Los muertos estaban dentro de la casa.
—Dios mío… Anna…— murmuró Bosco —No me lo puedo creer. Si hubiese estado con ella…— Bosco miró entonces a David —Si no me hubiese ido contigo…
— ¿Me vas a echar la culpa? — preguntó David mirando a su compañero —Aunque te hubieses quedado aquí, eso no habría cambiado nada. Esto habría sucedido de todos modos— David miró de nuevo hacia el caserón —Nada nos garantiza que estén muertos. Podrían estar vivos todavía. Puede que les diese tiempo a ocultarse. Incluso puede que se marcharan antes de que llegaran. No podemos asegurar que hayan muerto.
La respuesta de David, hizo que Bosco perdiera los nervios por completo. Señaló hacia la marea de carne putrefacta y comenzó a gritar —¡¡¡Míralo bien!!! ¡¡¡Hay miles de muertos!! ¡Tanto dentro como fuera de la casa!!!
Los gritos de Bosco hicieron que varios de los muertos comenzaran a reparar en ellos. Incluso algunos comenzaban a avanzar en su dirección. Eso hizo que David se pusiera nervioso.
—Cállate— dijo David en voz baja y acercándose a él para que guardara silencio —Los estás atrayendo hacia nosotros. Vas a lograr que nos maten— David trató de taparle la boca, pero Bosco se la apartó de un manotazo.
—Ya me da igual. Ya no tengo nada por lo que vivir. Prefiero que me devoren.
Bosco empujó a David y después se dio la vuelta para comenzar a caminar hacia el encuentro de los caminantes. Estaba dispuesto a morir.
David no se rindió y corrió detrás de Bosco. Lo agarró del hombro y tiró de el para llevárselo e impedir que se suicidara. Fue en ese momento cuando Bosco se giró repentinamente y golpeó a David con el puño cerrado. Después, se le echó encima y comenzó a darle puñetazos mientras los muertos comenzaban a rodearles. Pronto se les echarían encima.
*****
Bernardo entró dentro de la casa. Lo hizo a paso lento para no llamar la atención entre los muertos que lo rodeaban. Hacía horas que había perdido de vista a Julián, aunque no le importaba ya. A él le interesaban otras cosas como encontrar a Sonia viva o muerta.
Comenzó a subir los escalones hasta que llegó al piso superior donde estaban las habitaciones. Fue recorriéndolas todas una por una hasta que dio con la que albergaba el cuerpo de Sonia. La vio tumbada en una de las camas, sobre ella, había dos caminantes hurgando en su vientre y llevándose sus intestinos a la boca.
Bernardo se acercó a ellos y los apartó de un empujón. Observó el cuerpo de su mujer con detenimiento. Vio varias heridas, una de ella producida por algo afilado o con punta. Rápidamente ató cabos y entendió lo que había pasado. Ella había muerto antes de la llegada de la horda y se habría reanimado, por eso le habían clavado algo en la cabeza.
Bernardo no lloró. No le salían las lágrimas. Ya no.
Salió de la habitación y comenzó a caminar por el pasillo, observando a los muertos con los que se cruzaba. Había mujeres, hombres y niños. Si hubiese sido otro tipo de persona, podría ser que hubiese sentido compasión por todas aquellas personas, pero no lo era y aquello le estaba causando una gran indiferencia. En esos momentos se convenció a si mismo de que lo que se había dicho siempre de él, era totalmente cierto. Era realmente un monstruo que había pegado a su mujer, había matado y había huido tras atropellar a una niña pequeña. Unos hechos que nunca le habían hecho arrepentirse. Era todo cierto, el, Bernardo, era un monstruo sin sentimientos. Había hecho falta que el mundo se fuese al infierno para que el mismo se lo confirmara. Realmente era un sociópata.
*****
Sostenía entre mis manos la mano de Cristina, la cual estaba tumbada en el suelo de la buhardilla sobre un montón de mantas. Su estado había empeorado muchísimo. El tiempo se nos estaba acabando y no había nada que pudiéramos hacer para evitarlo.
—¿Nunca te he contado que tengo una hermana en Estados Unidos? Ni siquiera sé cómo es… No he hablado nunca con ella, solo sé que existe y que se llama Katrina…— hice una pausa —… O existía… Quería contactar con ella y visitarla… No me importan las circunstancias en las que nació… Es hermana mía, al fin y al cabo.
Mientras hablaba y sostenía la mano de Cristina, podía notar como se iba yendo poco a poco, y pese a que lo sabía, me negaba a aceptarlo.
—Juanma— la voz de Nora me hizo levantar la mirada y darme la vuelta para mirar a la joven. Ella estaba al otro lado de la buhardilla. Mirando a través del ventanal redondo que había allí. Estaba observando el exterior. Era un ventanal lo bastante grande como para que pudiéramos salir de allí.
— ¿Qué? — pregunté
—La zona de por aquí abajo está algo despejada. Podríamos bajar y correr— respondió Nora acercándose a mí para hablar conmigo en voz baja. También para mirar a Cristina, con la que se había encariñado muchísimo desde nuestra llegada. —Deberíamos intentarlo.
Primero miré a Nora y luego volví a mirar a mi esposa —Cristina no puede moverse. No puedo dejarla aquí… No así.
Nora miró a Cristina y me miró fijamente a mí —Ya sabes lo que va a pasar…
—Yo no me marcharé de aquí sin ella. No voy a dejarla así… Me quedaré con ella hasta el final— respondí. Entonces me descolgué el rifle que llevaba al hombro, le entregué mi pistola y el cuchillo que llevaba en la cintura. —Has aprendido a disparar. Si coges esto, podrás escapar. No tienes por qué esperarme a mí. Sálvate tú.
—Hace unos días. Sé que mi abuelo os pidió que os ocuparais de mi si a él le pasaba algo. Sé que se lo prometisteis. No puedo quedarme sola, te necesito a ti también. Ahora mismo solo quedamos tu y yo. No sabemos que ha sido de Anna y Leandro. Tampoco conocemos el paradero de David y Bosco. Ahora mismo solo te tengo a ti.
—No me necesitas para nada. A mí no…— respondí.
—Claro que…— replicó Nora, pero enseguida la interrumpí.
—No me voy a mover de aquí. Si lo que quieres hacer es marcharte, no pierdas más el tiempo y hazlo ya. Te irá mucho mejor sin mí.
Yo no estaba dispuesto a irme. No así, mi mujer estaba allí y yo iba a estar con ella hasta el final. Una vez llegara el momento y Cristina se fuera, yo la seguiría. No iba a decírselo a Nora, pero me había rendido. No quería seguir.
*****
Leandro hizo un último esfuerzo y logró bloquear la puerta. Habían logrado encerrarse en el sótano sin llamar la atención de los muertos. Solo había logrado colarse uno, pero Leandro había acabado rápidamente con él. Ahora, el cuerpo de aquel ser, yacía en un rincón con un destornillador clavado en el ojo. Anna estaba de pie, temblando de pies a cabeza.
Leandro descansó un poco y luego fue bajando los escalones poco a poco. Tenía que hacerlo así para evitar que la herida de bala le hiciese más daño del que ya le hacía.
—Por el momento estaremos a salvo aquí abajo. Hemos tenido suerte de que no nos vieran meternos, de lo contrario estarían aporreando esa puerta. Eso sí que sería un problema.
Anna se tranquilizó, pero aun así seguía preocupada. Estaban seguros allí abajo y tenían armas con algo de munición, pero no tenían comida. Además, el cuerpo putrefacto del caminante, despedía un hedor terriblemente desagradable que hacía que la atmosfera del lugar se fuera tornando asfixiante por momentos. Según pasaran las horas, la situación allí abajo se volvería insostenible, tanto que podría ocurrir cualquier cosa.
— ¿Y cómo saldremos de aquí? — preguntó Anna
—En algún momento se tendrán que marchar. Será cuando salgamos de aquí— respondió Leandro. —Podemos aguantar por lo menos unos días sin comer. Sin embargo, el problema es el agua. Si nuestra estancia aquí se prolonga… Podríamos morir deshidratados.
— ¿Y cuánto tardaríamos en morir deshidratados? — quiso saber Anna.
—Días. Una semana como mucho… Menos en las condiciones en las que estamos… Eso según mis cálculos. Aquí abajo hace calor y hay humedad… Puede que tres días.
—Eso no es nada bueno…— murmuró Anna llevándose las manos a la barriga. Fue cuando Leandro recordó que ella estaba embarazada. Que ya no era solo ella, que también estaba esa vida que crecía en su interior. Una vida que representaba el futuro de la humanidad y lo que quedaba de ella.
—No te preocupes. Saldremos de aquí como sea. Estoy pensando en ello— dijo Leandro acercándose a ella. —Saldrás adelante… Y ese bebé nacerá.
En ese momento, Leandro notó una brisa de aire fresco, muy débil, pero era una brisa de verdad. Miró a su alrededor buscando de nuevo esa brisa, por algún lado debía venir. Buscó por allí abajo y encontró un rastro de agua que venía de algún lado y que iba directo a un desagüe. Siguió el rastro y finalmente tras apartar un pequeño armario, vio un agujero pequeño por el que corría el agua que venía desde el exterior. Se acercó rápidamente y miró a través de él, vio que al otro lado había un pequeño túnel de tierra por el que cabía perfectamente una persona y por el que podía arrastrarse para salir al exterior.
Anna miró el agua y sonrió —Tenemos agua.
Leandro se apartó del agujero y la miró —No es eso. Dudo que sea buena idea beber de ahí. Es agua que se ha filtrado a través de ahí y lleva muchas bacterias que ha ido arrastrando por la tierra… No hay que beber. Aquí hay algo mucho mejor…
Leandro comenzó a dar vueltas por allí y se acercó a un armario, recordando que allí, Mateo guardaba herramientas. Abrió y encontró picos, palas y mazas. Precisamente lo que podía necesitar, habían tenido suerte. Leandro sacó un pico y se dirigió hacia la pared donde estaba el agujero casi oculto. Iba a picar y a abrir una salida, le daba igual el dolor del brazo, le daba igual que los caminantes lo oyeran. Picaría con todas sus fuerzas y pasase lo que pasase, al menos se salvaría Anna. Alzó el pico y dio el primer golpe.
******
David y Bosco estaban enzarzados en una pelea mientras los caminantes iban cerrando el círculo en torno a ellos. El primero en darse cuenta de ello, fue David. Con un rápido movimiento, logró quitarse de encima a Bosco, se puso en pie y comenzó a disparar contra los No Muertos. Bosco comenzó a disparar también, se había dejado llevar tanto por la rabia, que había olvidado por completo la situación. 
Los cuerpos de los infectados comenzaron a caer al suelo tras ser abatidos, mientras, Bosco y David iban alejándose, sin embargo, el rebaño de No Muertos había comenzado a fijar toda su atención en ellos. Eso hizo que David tuviese una idea, miró entonces a Bosco.
—Los alejaremos de aquí. Sigue llamando su atención.
Bosco asintió, aunque sabía lo que eso significaba, iban a alejar a los muertos vivientes y en caso de seguir vivos, los que estaban en el caserón, tendrían una posibilidad, pero… ¿Qué pasaría con ellos? Se estaban echando encima a toda la horda, la cual, estaban todos caminando hacia ellos.
David y Bosco lograron atraer a una gran cantidad de aquellos seres. Todos avanzaban como un enorme rebaño, había una gran cantidad de ellos. Muchísimos.
******
Cuando Julián escuchó los disparos, pensó que podría tratarse de Bernardo, del cual se había separado hacía horas, desde el momento que habían llegado a la casa y se habían dividido para hacer exactamente lo que habían acordado y planeado. Un plan que consistía en que los infectados rodearan esa casa, impidiendo así que aquellos desgraciados pudieran salir, pero había ocurrido algo con lo que no contaba. No contaba con que, pasadas las horas, los infectados iban a comenzar a dispersarse.
Julián comenzó a correr todo lo que su pierna herida le permitía. Corría hacia los disparos. No le llevó mucho rato llegar hasta ellos, cuando por fin lo consiguió, se percató de que no era Bernardo. Eran dos tipos a los que nunca había visto. Dos tipos que probablemente, eran miembros de aquel grupo.
Sin pensárselo dos veces, siguiendo el plan de lo que tenía que hacer, decidió ir a por ellos. Apareció detrás de ellos y abrió fuego intentando abatirlos.
*****
Fue repentino, pero no contundente. David vio a aquel tipo aparecer de repente armado con una pistola. Lo vio por el rabillo del ojo y este, fue lo bastante rápido como para apartar a Bosco y luego disparar varias veces, olvidando por un momento a la horda de cadáveres que se estaba abalanzando sobre ellos.
David siempre había tenido una puntería envidiable, y en esos momentos, no iba a ser la excepción. Alzó la escopeta que portaba y apretó el gatillo. Inmediatamente derribó a aquel tipo, abriéndole una enorme flor roja en el vientre.
Los infectados más cercanos, no tardaron en abalanzarse sobre aquel tipo que todavía seguía vivo, y que comenzó a gritar de puro terror cuando vio a aquellos seres sobre él, atrayendo a más y más de aquellos seres que se comenzaron a disputar los restos de aquel infeliz.
— ¿Quién es ese tipo? — preguntó Bosco acercándose a David. Ambos habían alcanzado un lugar seguro después de aquello.
—No tengo ni idea— respondió David —Pero… Estoy seguro que él, tiene algo que ver con esto— David miró a su alrededor y vio que la multitud de muertos vivientes se había dispersado todavía más. Algunos incluso habían comenzado a regresar hacia el pueblo.
— ¿Qué hacemos ahora? — preguntó Bosco.
—Ahora iremos a la casa— respondió David mirando a su compañero. Cuando este asintió, David siguió hablando —Ahora mismo, debemos estar abiertos a cualquier posibilidad. Es muy posible que encontremos algo que no nos guste. Lo entiendes ¿Verdad?
Bosco asintió. David tenía razón, era muy posible que en el momento que alcanzaran el irrecuperable caserón, viesen a sus compañeros, siendo unos muertos vivientes más. La posibilidad estaba ahí. Con todas las posibilidades asumidas y el camino más despejado, Bosco y David comenzaron a caminar hacia la gran casa.
*****
Bernardo lo había visto todo desde su posición. Había visto como David y Bosco acababan con Julián, pero no le importó en absoluto. Al fin y al cabo, ya no lo necesitaba, ya no le era útil.
Bernardo decidió entonces marcharse de allí. Allí ya no tenía nada que hacer. Se dirigiría hacia el pueblo y allí descansaría, después, ya pensaría en algo. Todo había terminado, empezaría una nueva vida en ese mundo gobernado por los muertos vivientes.

Puzol…

Lidia y Félix comenzaron a correr entra los arboles tras abandonar la carretera y el atasco. Aun así, sus perseguidores seguían sobre sus pasos. Eran muchos perseguidores.
Mientras corrían, Lidia tropezó y Félix regresó sobre sus pasos para levantarla del suelo. Eso les restó un tiempo precioso, tanto, que algunos de los que les perseguían, se les acercaron peligrosamente. Viendo que casi los tenían encima, Félix agarró a Lidia y ambos acabaron ocultándose junto a una entrada a las alcantarillas. Ambos se quedaron allí ocultos y en silencio. Fue entonces cuando escucharon un ruido, había gente sobre el túnel donde se habían ocultado, en el momento que bajaran y con sus linternas alumbraran en el interior, estarían perdidos.
Vieron los haces de luz de las linternas. Justo cuando parecía que iban a bajar, escucharon una conversación, después, los que les perseguían abandonaron la persecución.
Félix y Lidia pudieron respirar por fin tranquilos. Esperaron un rato y justo entonces dejó de llover.  Por fin había pasado la tormenta.
—Deberíamos pasar aquí la noche e ir mañana al amanecer al hospital— comenzó a decir Lidia.
—Me parece bien. Yo estoy agotado— respondió Félix —Mañana a la luz del día será todo más fácil… O eso espero.
Ambos se quedaron allí, pero ninguno de ellos durmió. No podían. Quedaban pocas horas para el amanecer. Cuando llegara el alba, se pondrían en marcha hacia el hospital, donde esperaban tener un descanso.

Caserón…
04:00 horas…

El agujero por fin estaba abierto y Leandro se desplomó apoyándose en la pared. El hombro le dolía, y la sangre le bajaba por el brazo. Era una señal evidente de que se le habían saltado los puntos. Miró entonces a Anna, ella, había querido ayudarle, pero él no se lo había permitido, no quería poner en peligro su embarazo.
—Tienes el camino libre. Debe haber unos siete metros hacia la salida. Arrástrate por ahí y sal, pero ten cuidado al salir. Asegúrate de que no tienes caminantes cerca.
— ¿Y qué harás tú? — preguntó Anna interesándose por su compañero.
—Eso no importa ahora mismo. Vete ya, corre todo lo que puedas y no mires atrás— respondió Leandro mirándose la herida del hombro. No tenía buen aspecto.
Anna caminó hacia el agujero y luego volvió a mirar a Leandro — ¿Y hacia donde debo ir después?
—Hay gente en el instituto. Si logras llegar, di que me conoces y que estás buscando a Andrea. Solo así demostrarás que eres de mi grupo— dijo Leandro ejerciendo presión sobre la herida. —Venga, vete ya.
Anna se inclinó sobre Leandro y le dio un beso en la frente, después, se adentró en el agujero y comenzó a arrastrarse hacia el exterior.
Leandro se quedó allí sentado con una sonrisa en los labios. No pudo evitar pensar en las cosas malas que hizo en sus tiempos en Brasil y en cómo, de alguna manera, desde que dejó atrás aquella vida, se había estado redimiendo de sus pecados. Había logrado darle una oportunidad a Anna.
En ese momento, Leandro reparó en los golpes de la puerta. No había muchos muertos vivientes al otro lado y tardarían en entrar, pero cuando eso sucediese, él ya se habría desangrado, al menos moriría feliz.
*****
Anna alcanzó el otro extremo del túnel de tierra. Se encontraba cansada y los brazos le dolían del esfuerzo, pero, aun así, hizo un último esfuerzo y comenzó a salir del agujero hacia el exterior. Se vio allí sola en el exterior. Había varios No Muertos por la zona, pero ya no eran tantos, se habían dispersado.
Tal y como Leandro le había dicho, comenzó a caminar alejándose de la casa. No miró atrás. Pasó a través de la obertura que había provocado la explosión, y cuando estuvo a punto de adentrarse entre los árboles, vio dos siluetas avanzando hacia el caserón. Se fijó bien y entonces, se dio cuenta de quienes se trataba, eran Bosco y David.
Bosco y David estaban a punto de llegar al muro cuando escucharon un grito de mujer. Uno que llamaba a Bosco por su nombre. Ellos se dieron la vuelta y entonces vieron a Anna avanzar hacia ellos.  Al verla, Bosco corrió hacia ella y la abrazó levantándola un poco del suelo, después la besó en los labios.
—¿Estás bien? Dime que estás bien.
—Estoy bien. Estoy bien. No me han mordido ni nada. Todo está bien, estoy bien— Anna se llevó las manos a la tripa —Los dos estamos bien.
David se acercó a ella en esos momentos — ¿Solo estás tú? ¿Dónde están los demás?
—Solo se el estado de Leandro. El sigue en el sótano, pero no sé nada de Juanma y los otros— respondió Anna —Lo siento.
David agachó la cabeza, pensativo y cuando la alzó, miró a Bosco y a Anna —Vosotros buscad un lugar seguro. yo voy a buscar a Leandro.
David se dio la vuelta y comenzó a adentrarse en el caserón para ir a por Leandro. Sabía dónde estaba. Nada más cruzar el umbral de la puerta, se topó con un caminante que le resultó familiar, se trataba de Mateo. David avanzó hacia él, mientras por dentro, lamentaba ver en ese estado a un hombre que le había parecido tan respetable desde el momento que lo conoció. Preparó el cuchillo que llevaba, inmovilizó a Mateo contra la pared y le clavó el cuchillo en la frente. Conteniendo las lágrimas, siguió hacia delante hasta que llegó a la puerta que daba al sótano. Allí había tres muertos vivientes, a los que mató rápidamente.
Intentó abrir la puerta y se dio cuenta de que había algo al otro lado. Tuvo que hacer un gran esfuerzo para poder abrirla, cuando lo consiguió, comenzó a bajar las escaleras para encontrarse con Leandro.
Allí estaba Leandro, apoyado en la pared y sentado en el suelo. Se acercó rápidamente a él y observó la herida. Se arrancó un trozo de camisa y le hizo un torniquete para parar la hemorragia, no había tiempo para más. Cargó con él, Leandro estaba débil, pero consciente. Subió las escaleras y finalmente salieron al exterior para ir al encuentro de Anna y Bosco. No tardaron en encontrarlos.
— ¿Qué hacemos ahora? — preguntó Bosco.
—Hay gente en el instituto— dijo en ese momento Anna —Leandro contactó con ellos antes de que todo esto pasara. Deberíamos ir allí.
David los miró a todos y luego miró hacia la casa. Finalmente volvió a mirar a sus compañeros —Vamos hacia allá entonces.
— ¿Y qué hacemos con Juanma, Cristina, Nora y Mateo? — preguntó Bosco.
—Mateo está muerto— dijo David —En cuanto a Juanma, si sigue vivo dará con nosotros. Ahora mismo aquí estamos expuestos. Tenemos a un herido y a una chica embarazada. Seamos coherentes y salgamos de aquí.
Todos estuvieron de acuerdo y comenzaron a alejarse de la casa, aunque, a cada paso que daban, David no dejaba de desear que Juanma estuviese vivo de verdad y que diese con ellos. Confiaba en ello y en su compañero.
*****
Cristina dejó de respirar. Se había ido y no había nada que yo pudiera hacer por ella. la muerte finalmente nos había separado.
—Juanma… — dijo Nora cuando se percató.
—Lo sé— respondí dándome la vuelta para mirar a la joven muchacha — ¿Me prestas el cuchillo? — Nora se acercó a mí y me depositó el cuchillo en la mano —Ahora aléjate.
Nora hizo caso a lo que le dije y se fue apartando mientras yo, contemplaba el cuerpo de Cristina, esperando a que sucediera lo que iba a suceder de forma inevitable.
Pasados unos minutos, el cuerpo de Cristina comenzó a reaccionar. Estaba volviendo. Comenzó con un movimiento de las manos similar a un temblor, después, se escuchó un sonido similar a la respiración, pese a que eso no era posible, ella ya no respiraba.
Los ojos de Cristina comenzaron a abrirse y luego se fue incorporando. Fue en ese momento cuando me acerqué a ella y la abracé de una forma que hacía imposible que pudiera morderme, pese a que lo estaba intentando. Al ver eso, Nora quiso intervenir, pero yo no se lo permití.
Situé el cuchillo en la nuca de Cristina y comencé a hablar —Siento no haber podido hacer más por ti. Siento que haya tenido que ser así, pero te prometo… Que encontraré al causante de esto y se lo haré pagar. Se lo haré pagar todo. Tienes mi palabra.
En ese momento, hundí el cuchillo en la nuca de Cristina y esta se quedó inmóvil. Después, con mucha delicadeza, volví a tumbar a mi mujer, le cerré los ojos con la mano, le di un besó en los labios y la cubrí con las mantas. Después de eso, me fui a un lado de la buhardilla y me senté.
— ¿Estás bien? — preguntó Nora.
—Intenta dormir. Mañana al amanecer saldremos de aquí— respondí. No le dije nada más a la joven, pero yo ya estaba urdiendo mi propio plan. El culpable de aquello, seguía por allí fuera en algún lugar, y no se iba a ir de rositas.

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