Seguidores

Agradecimientos

Gracias y bienvenidos al blog. En este blog podréis leer desde el principio la historia titulada Zombies (Esta vez corregida y mejorada), a la que le seguirán sus secuelas: Necroworld y The Survivors Land. En ellas, seguiréis el periplo de un grupo de supervivientes que iniciarán su historia en el pueblo Valenciano de Puzol, pasando por Valencia capital, Barcelona y Madrid. Un periplo que les llevará hasta los Estados Unidos. Esta historia es probablemente la historia de Zombies más larga de la red, ya que cada una de sus partes, cuenta con 200 capítulos en su totalidad. Si te gusta, sígueme en el blog y mis redes sociales, contacta conmigo por Email y suscribete via Email en la pestaña Email address para estar informado de las publicaciones. Esta historia también puede leerse en Wattpad.

jueves, 10 de mayo de 2018

ZOMBIES: Capitulo 019 Hospital


Capítulo 019
Hospital


Día 23 de junio de 2017…
Puzol… 10:00 horas…

Era hora de partir en dirección al hospital. La noche había pasado muy tranquilamente y habíamos podido descansar. Especialmente yo.
Al amanecer, habíamos estado hablando con nuestros dos nuevos compañeros, les habíamos contado con detalles todo lo que habíamos vivido, incluido el tiempo que estuvimos en el hospital. Ellos por su parte también nos habían contado sus vivencias y nos habían hablado de un grupo armado que los había perseguido. En cierto modo, los cuatro habíamos establecido una unión. Al fin y al cabo, todos buscábamos lo mismo: Sobrevivir.
Poco después nos pusimos en marcha, después de repartir las armas que llevábamos, todos debíamos ir armados para defendernos de cualquier problema que se nos presentara. No tardaríamos mucho en alcanzar el hospital. Una vez allí, decidiríamos nuestro siguiente paso, el mío desde luego, iba a ser ir al instituto a buscar a David y al resto de mi grupo.
*****
Bernardo se despertó. Se encontraba tumbado sobre unos cuantos sacos de grano. Levantó la cabeza y vio a varios No Muertos a su alrededor, los cuales no reparaban en él.
Bernardo había aprendido un gran truco gracias a Julián. Lo cierto es que le había ayudado mucho, tanto dentro como fuera de la cárcel, pero la gran ayuda, el regalo de verdad, había sido revelarle que untarse las vísceras de esos seres servían como camuflaje.
Se fue levantando poco a poco y observó a sus putrefactos compañeros, después, decidió que debía ponerse en marcha, aunque no sabía a donde se iba a dirigir.
Salió del almacén seguido por varios de los caminantes y comenzó a caminar, observando lo que quedaba del pueblo. Entonces vio algo que le llamó la atención. En un balcón vio a una mujer salir a sacar una sábana donde podía leerse “S.O.S”. Se encontraba indudablemente en el cuarto piso.
Bernardo se detuvo y observó de nuevo la situación, después miró a los caminantes que lo acompañaban y sonrió, pensó entonces en algo que iba a ser divertido. Miró a uno de sus compañeros muertos y lo agarró haciendo que comenzara a caminar a su lado. Los demás caminantes no tardaron en seguirle.
Bernardo entró dentro del edificio que tenía en frente y comenzó a subir las escaleras. Llegó al cuarto piso y buscó la puerta de la casa a la que pertenecía el balcón donde había visto a la mujer. Finalmente dio con ella y caminó con decisión, una vez ante la puerta, la golpeó con los nudillos.
Segundos después de golpear la puerta, la tímida voz de una mujer respondió. Fue cuando Bernardo sonrió. —He visto que necesita ayuda…
La respuesta debió ser una gran noticia para la mujer, porque ni siquiera miró por la mirilla. Directamente abrió la puerta con una sonrisa, esperando que llegara el rescate, pero cuando la puerta quedó abierta y vio lo que había al otro lado, la sonrisa desapareció.
Los muertos que estaban en el rellano irrumpió dentro de la casa y se abalanzó sobre aquella mujer.
Bernardo también entró en la casa con una gran zancada mientras sonreía escuchando los gritos de la mujer. Se cruzó entonces con un chico joven, que, atraído por los gritos, salió de la cocina y se topó con él. Bernardo lo agarró por el cuello y miró con una sonrisa al sorprendido chico. Seguidamente le mordió en el cuello y sintió la sangre del muchacho inundándole la boca. Soltó al chico, que cayó al suelo cubriéndose la herida del cuello. Sobre este no tardaron en echársele encima los muertos vivientes que habían acompañado a Bernardo, a estos se sumaron un grupo más de caminantes que entraron en la casa atraídos por los alaridos.
Bernardo observó la escena y la disfrutó. Se divirtió como nunca, tanto que se tuvo que contener para no empezar a reír histéricamente. Entonces, escuchó otra cosa. Siguió el sonido esperando que fuera lo que él pensaba, llegó a una habitación donde se encontraba aquel balcón donde ondeaba la sabana con las siglas “S.O.S”.
Se encontraba en una habitación de matrimonio, con una gran cama, y junto a esta, había una cuna. Se acercó a ella y vio que dentro se encontraba un bebé de pocos meses, al parecer una niña.
Con una gran sonrisa, se inclinó sobre la cuna y tomó en brazos a la niña. Justo en ese momento, un par de No Muertos entraron en esa misma habitación. Bernardo miró primero a los caminantes y luego a la niña. Nuevamente sonrió con la idea que había tenido.

Hospital de Puzol… 11:35 horas…

Nos encontrábamos ante las puertas de urgencias del hospital, el mismo lugar por el que accedimos la primera vez que llegamos. Para llegar allí no habíamos tenido problemas, cada vez que veíamos un grupo de No Muertos, nos ocultábamos.
La entrada a urgencias del hospital, presentaba un aspecto diferente a cuando llegamos la primera vez. Las puertas estaban bloqueadas desde dentro con estanterías, camillas, mesas y sillas, era imposible entrar por ahí. Al parecer, eso había sido obra de Jordi y el doctor.
—Habrá que buscar otra manera de entrar— dijo Lidia mirando a su alrededor. Buscando una entrada.
—Bueno, se supone que tu trabajas aquí. Si alguien conoce todas y cada una de las entradas— dijo en ese momento Félix.
—Mirad eso— Nora llamó nuestra atención señalando hacia un punto del parking donde nos encontrábamos. Allí había varias ambulancias aparcadas, pero una de ellas en concreto, estaba más cerca de la pared. Seguimos el dedo de Nora con la mirada y entonces vimos una escalera de mano, que llevaba desde la zona superior del vehículo hasta una de las ventanas de la segunda planta.
—Ya sabemos cómo entrar— dije, entonces miré a Lidia —Eso no estaba el otro día.
Los cuatro nos encaminamos hacia el vehículo. Subimos a la parte superior y Félix se acercó a la escalera y la agarró, intentó moverla y comprobó que estaba totalmente firme, apenas se movió. Félix entonces nos miró.
—Parece bien firme. Primero subiré yo para comprobar la estabilidad— Después de eso, Félix comenzó a subir. No tardó demasiado en alcanzar la ventana, cuando lo consiguió, se adentró en el interior y luego se asomó para hablarnos. —Todo despejado y seguro, podéis subir.
Lidia comenzó a subir y yo me quedé abajo con Nora, esperando. Fue en ese momento cuando ella me habló — ¿Estás bien? Después de lo que ha pasado, no has hablado mucho. Sé que es duro, yo perdí a mis padres y hace nada a mi abuelo. Puedo entender lo que sientes o lo que se te pasa por la cabeza.
—No te preocupes. Estoy bien dentro de lo malo. Sigo adelante por ella, si yo ahora me derrumbara… Estaría fallándole a Cristina. No pienso rendirme. No puedo hacerlo.
—Comprendo— respondió Nora —Yo tampoco me rendiré. Seguiré adelante por mi abuelo.
Lidia terminó de subir y rápidamente, Nora y yo la seguimos. Primero subió Nora. Después me tocó el turno a mí y comencé a subir. En mi caso, me costó un poco más debido al dolor de mi pierna, pero finalmente logré llegar a la ventana y Félix me ayudó a pasar al interior, donde pude sentarme en el suelo y respirar.
Apenas dos minutos después, me puse en pie ayudándome de Félix y miré a ambos lados de la sala de espera donde nos encontrábamos.
—Esto parece vacío— dijo Félix.
Los cuatro abandonamos la sala de espera y comenzamos a recorrer el pasillo. Mi intención era llegar al mismo pasillo donde estaba la habitación donde perdimos a Adrián y donde Sánchez había montado su laboratorio.
Alcanzamos el pasillo que buscaba, busqué la habitación donde murió el hijo de Jordi y la encontré. Esta estaba totalmente limpia, no había ni una gota de sangre.
Salí de la habitación y me dirigí hacia el laboratorio de Sánchez, cuando llegamos, vi que no quedaba nada. Lo habían quitado todo. Probablemente, Jordi y el doctor se habían ido a otra habitación o a otra planta.
— ¿Crees que seguirán por aquí? — preguntó Lidia mirándome.
Primero me encogí de hombros y le respondí —Sinceramente no lo sé, aunque espero que sea así. Deberíamos buscarlo por las distintas plantas. La sala de urgencias y el sótano estaban llenas de muertos vivientes. Esas zonas están descartadas.
Los cuatro volvimos sobre nuestros pasos y llegamos a las escaleras. Una vez allí comenzamos a subir hasta que llegamos a la quinta planta, donde podía leerse “Cirugía”.
Recorrimos un nuevo pasillo y nos paramos delante de una puerta que estaba cerrada, en ese momento, Lidia sacó unas llaves.
—Este es mi despacho— Abrió la puerta y nos adentramos en aquel despacho. Lidia cerró entonces la puerta y nos miró. —Vamos a descansar un poco aquí y seguiremos buscando.
Pasamos allí cerca de una hora y yo me harté de esperar, miré a Nora y comencé a hablar con ella.
—Escucha. Voy a hacer algo y tú no puedes acompañarme.
— ¿Qué quieres decir? — preguntó Nora.
—Voy a acercarme al instituto, primero para ver si los nuestros están allí… Luego para ver si es seguro. Cuando haya comprobado eso, regresaré a por ti. Te lo prometo— sentencié.
Nora asintió en ese momento, se llevó la mano al bolsillo y sacó un reloj de pulsera que yo nunca antes había visto. Esta me agarró la mano y me lo depositó en la palma de esta —Este reloj me lo dio mi abuelo al morir mis padres, ese día, me dijo que se lo entregara a alguien en quien confiara… Ese eres tú.
Quise devolverle el reloj, pero ella no me lo permitió, volvió a tomarme la mano y me puso el reloj alrededor, después puso el cierre. Observé el reloj y después le di un abrazo a la muchacha.
Nora y yo nos separamos y entonces miré a nuestros dos nuevos compañeros. —Cuidad de ella hasta que regrese. Espero no tardar demasiado.
— ¿A dónde vas? — preguntó Félix
—Voy al instituto, a ver si es seguro. Después regresaré a por vosotros— respondí.
En ese momento, Lidia caminó hacia mí y me entregó unas llaves. —Son las llaves de mi coche— Después de entregármelas, caminó hacia la ventana y señaló a la calle. Yo la seguí y vi el vehículo. Era un cuatro por cuatro de color negro. —El deposito está lleno.
Miré a Lidia y asentí —Gracias— me di la vuelta y caminé hacia la puerta, miré a Nora una última vez y luego me alejé por el pasillo en dirección a la calle.
Volví sobre nuestros pasos y bajé las escaleras, nuevamente estaba en el exterior. Rodeé el hospital y alcancé el vehículo de Lidia. Abrí la puerta y me senté delante del volante. Me recosté en el asiento y entonces me fijé en una foto que había junto a la guantera. En ella podía ver a Lidia junto a un chico.  Ambos estaban abrazados en la cubierta de un barco y de fondo, podían verse montañas nevadas, un paraje que me recordó mucho a los parajes noruegos. Supuse que ese chico era un marido o novio.
Dejé de observar la fotografía y puse las llaves en el contacto, las giré y el motor arrancó con un rugido, algo que llamó la atención de un par de caminantes que salieron de detrás de un camión volcado. Segundos después pisé el acelerador y me fui alejando del hospital.
*****
Nora había estado mirando por la ventana, rezando para que Juanma tuviera éxito. Cuando vio alejarse el vehículo, pudo respirar tranquila, él lo había conseguido sin problemas.
—Confías mucho en el ¿Verdad? — preguntó Lidia mirando a la muchacha.
—Ahora mismo es la persona en la que más confío… Aunque lo conozca desde hace poco.
En ese momento, Félix tomó uno de los rifles y se encaminó hacia la puerta. Eso llamó la atención de Lidia.
— ¿A dónde vas?
—Se supone que aquí debería haber un médico ¿No? Iré a ver si lo encuentro.
—Vale, pero ten mucho cuidado— respondió Lidia.
Félix asintió y salió por la puerta. Caminó por el largo pasillo y alcanzó las escaleras. Iba a comprobar piso por piso, si ese medico seguía allí, tendría que estar en algún lado… Y más, después de saber por boca de Juanma, que este se encontraba buscando una cura para ese virus o lo que fuera. Antes de comenzar a bajar, se acercó a un panel que había al lado, quería consultar como estaban distribuidas las plantas. Entonces dio con una que enseguida relacionó con laboratorios, esa era el sótano, donde había varias zonas entre las que se podía leer: “Laboratorios”, “Farmacia”, “Cocina”, “Morgue” …
Félix sonrió y comenzó a bajar escalones, si el medico estaba en el hospital, era seguro que iba a estar trabajando allí.
Después de bajar varios pisos se encontró con la puerta que daba al sótano del hospital, esta era una puerta corrediza de hierro que estaba cerrada con una cadena y un candado. Sin pensárselo mucho, dio unos pasos hacia atrás y disparó. El candado saltó por los aires y la puerta quedó abierta. La corrió y comenzó a bajar los escalones, pensando que quizás, el medico lo había hecho por pura seguridad para que nadie bajara a molestarlo. Por fin, Félix alcanzó el sótano, aunque no fue como él se esperaba. El esperaba algo de luz, aunque esta fuera mínima, pero en vez de eso, lo que encontró, fue la oscuridad más absoluta.
Se llevó la mano al bolsillo y sacó un mechero, al prenderlo y surgir la llama, vio que no era gran cosa, la oscuridad seguía siendo mayor que ese pequeño haz de luz que llevaba consigo. Aun así, comenzó a avanzar por el sótano del hospital, de pronto se detuvo en seco, un fuerte olor a putrefacción le abofeteó la cara. Al principio le pareció normal, dado que la morgue estaba cerca y no había nada de luz, era probable que se hubiesen dejado algún cadáver fuera y este hubiese empezado a oler, aunque el olor parecía provenir de más de uno, algo bastante lógico, pero entonces, se dio cuenta de lo equivocado que estaba y del error que había cometido. De la oscuridad comenzaron a llegar sonidos de pies arrastrándose, además de sonidos guturales.
No tardó en ver la primera silueta, aunque no podía verla muy bien, supo que se trataba de una mujer. Esta tenía los mechones de pelo cubriéndole la cara e iba desnuda, el color de su piel era grisáceo y podían verse unas venas negras muy marcadas. Detrás de ella, surgieron más siluetas, todas avanzando hacia Félix, este comenzó entonces a recular, con el corazón latiéndole tan fuerte que estaba a punto de salírsele por la boca.
Félix se dio media vuelta y comenzó a correr sin mirar atrás, estaba tan desesperado que no miraba por donde iba, dobló varias esquinas, totalmente perdido en la oscuridad, fue en ese momento, sin saber dónde se encontraba exactamente, cuando tropezó y cayó de bruces perdiendo el mechero, lo que provocó que se quedara completamente a oscuras, escuchando como los pasos estaban cada vez más cerca. Estaba completamente aterrorizado. Había sido muy imprudente y había cometido el mayor error de su vida, uno, que haría que esta llegara a su fin. Pensó en gritar, pero no lo hizo, solamente se encogió y se quedó tumbado en el suelo en posición fetal, abrazándose las rodillas.
Resignado a morir era como se sentía, fue entonces cuando se encendieron unas luces alumbrándolo a él. Félix alzó la cabeza y entonces vio unos focos. Sacó fuerzas y se levantó, corrió hacia el lugar de donde venía la luz, pese a que estaba medio cegado. Finalmente chocó contra lo que parecía una placa de hierro, alzó la cabeza y vio que se encontraba delante de lo que parecía una barrera.
En ese momento, un hombre de pelo canoso se asomó por encima de la pared y lo observó estupefacto. Segundos después, una puerta se abrió a su lado y aquel tipo le instó a que entrara. Félix no se lo pensó y entró, seguidamente la puerta por la que había entrado se cerró. Fue en ese momento cuando se dio cuenta de que se encontraba en una especie de caja. Una segunda puerta se abrió y Félix se apresuró a abandonar aquella caja.
Por fin pudo Félix respirar tranquilo, pero entonces, se encontró con aquel mismo hombre que lo había salvado, este le estaba apuntando con una pistola.
— ¿Qué se supone que debo hacer ahora contigo?
Félix levantó las manos en señal de rendición —No soy una amenaza ¿Vale?
—Eso debería juzgarlo yo ¿No te parece? Cuando alguien dice no ser una amenaza, después resulta ser todo lo contrario— dijo el médico, después hizo una pausa —No te ofendas.
— ¿Doctor Sánchez? — preguntó en ese momento Félix. Esa pregunta hizo que el medico arqueara una ceja.
—Parece que me conoces…
—Vine con un hombre llamado Juanma… Y con una mujer que trabaja aquí… Se llama Lidia— explicó Félix esperando que esa revelación le sacase las castañas del fuego.
—Así que con Lidia ¿Eh? Llévame con ella— respondió el medico sin dejar de apuntar.
Félix asintió y llevó al médico de nuevo al piso donde estaban Lidia y Nora. Nada más entrar por la puerta, se produjo el encuentro. Lidia salió de detrás de su mesa y corrió a abrazar al médico ante la mirada atónita de Félix.
—Me alegro mucho de verte querida— dijo Sánchez abrazándola.
—Y yo también de verte a ti… ¿Nacho está aquí también? — preguntó en ese momento Lidia. Ella esperaba una respuesta afirmativa, pero no fue así.
—Lo siento. Él se fue el mismo día. Se estaba preocupando mucho por ti y pese a que le dije que esperara, no lo hizo. Ahora no sé dónde está— después de eso, el medico miró a su alrededor y después volvió a mirar a Lidia — ¿Dónde está Juanma?
—Se ha tenido que ir— respondió en ese momento Nora.
El medico se relajó y se sentó en una de las sillas del despacho. —Me alegro de ver a más gente. Desde que Jordi se fue, he estado solo.
—Un momento ¿Qué quiere decir eso de que Jordi se ha ido? — preguntó Nora.
—Si. Primero me ayudó a reforzar el lugar y luego dijo algo de que se tenía que marchar. Yo no lo quise retener— respondió el doctor —Todos tenemos que seguir las decisiones que tomamos. Aunque quizás, luego estos no sean los correctos.
Allí se quedaron hablando, contándose las experiencias que habían tenido, y esperando a que Juanma regresara en algún momento.

Puzol… 12:00 horas del mediodía…

Detuve el coche delante de mi casa, a la cual no había vuelto desde que nos habíamos marchado de allí hacía unos días. Primero miré que estuviese la zona despejada y después bajé del 4x4 de Lidia. La calle estaba completamente vacía.
Crucé la puerta de hierro que daba al jardín de casa y me adentré en el interior de la vivienda, tras comprobar que la puerta había sido abierta a la fuerza. Nada más entrar vi lo que había pasado, alguien había pasado por allí y se había llevado todo lo que había querido, incluso se habían llevado el televisor, aunque eso me daba igual, mi decisión de ir allí había sido por otra cosa.
Subí los escalones y entré en la habitación de matrimonio, la cual estaba intacta. Me acerqué a la cómoda y abrí uno de los cajones, allí dentro hallé lo que estaba buscando. Se trataba de un álbum de fotos familiar, donde había fotos tanto mías con Cristina, como de la boda, como del bautizo de mi hija y fotos con la pequeña. Ahora mismo, eso era mi tesoro más preciado. Busqué en el armario y saqué una pequeña mochila, metí el álbum dentro y después me la colgué al hombro.
Regresé al vehículo y de nuevo me puse a conducir, esta vez alcanzaría el instituto y vería cual era la situación allí, solo entonces estaría tranquilo del todo.
Llegué a una avenida unos minutos después de abandonar mi casa, observé todo a mi alrededor, comprobando el gran desastre que había provocado el alzamiento de los muertos. Fue en ese momento cuando vi algo que me llamó la atención, vi una sábana en un balcón, en la cual, podía leerse la palabra S.O.S.
Bajé la vista segundos después y vi que uno de los caminantes salía andando por la puerta del edificio, este entonces se quedó quieto observando el vehículo, yo me lo quedé observándolo a él mientras pasaba de largo, resultándome este terriblemente familiar.
De pronto frené bruscamente y miré en el retrovisor, ese caminante seguía de pie, parado y observándome. Fue entonces cuando lo reconocí, era Bernardo. Tomé el fusil y salí del vehículo rápidamente, cuando este me vio, se dio media vuelta y echó a correr mientras yo comencé a disparar con el fusil. El hombre que me había hundido la vida, estaba allí y estaba vivo. Esta vez no se me escaparía.
Bernardo dobló la esquina sin que pudiese acertarle un solo disparo, corría demasiado rápido y por mi parte, además de que no quería matarlo demasiado pronto, el dolor de la pierna me impedía concentrarme, pero era cuestión de tiempo que diera con él y le diera su justo y merecido castigo.
Doblé la esquina persiguiendo a Bernardo, pero entonces, tuve que lanzarme al suelo cuando me dispararon, después me arrastré hasta ocultarme detrás de un contenedor.
Me asomé un poco y vi a Bernardo ocultándose detrás de un coche, nuevamente volvió a dispararme. Cuando paró comenzó a gritar.
— ¿Qué coño quieres? Yo no tengo nada que ver contigo. ¡Deberías estar muerto!
Comprobé el cargador del fusil y vi que le quedaban pocas balas. Entonces alcé la voz para que el me escuchara. —Todo esto acaba aquí… Y tienes mucho que ver conmigo. Me has arrebatado demasiado y me lo vas a pagar— rápidamente me levanté y comencé a disparar contra el vehículo donde él se encontraba, agotando así el cargador del fusil.
Una vez agotado el cargador, me colgué el fusil al hombro y saqué la pistola que llevaba. Entonces volví a hablar —Te diré lo que va a suceder. En una situación normal, habrías ido a la cárcel, pero en la situación actual… Solo te espera la muerte.
—Eres poli, tienes unos principios que te impiden matarme. No eres un asesino— respondió Bernardo desde su cobertura— en ese momento se puso en pie y disparó, pero no me disparó a mí. Estaba disparando al aire.
Me quedé escuchando hasta que dejó de disparar, probablemente había agotado el cargador, lo que no entendía, era porque había disparado al aire.
Me asomé para ver que hacía, y cuando pretendió abandonar la cobertura, volví a disparar, por pocos centímetros no le acerté a él. Faltó muy poco.
—Tienes muy mala puntería… Me sorprende que seas poli…— dijo Bernardo con sorna.
—No es eso— respondí —Es que no quiero matarte rápido. Quiero que sea poco a poco.
En ese momento vi a un grupo de No Muertos doblar la esquina y caminar hacia mí. Fue en ese momento cuando comprendí el por qué había disparado al aire, estaba llamando su atención.
Sin pensármelo ni un segundo, me puse en pie y comencé a dispararles. Las balas atravesaban sus cabezas de forma certera y se derrumbaban. Miré a mis espaldas y vi a más de aquellos seres, estos estaban cerca del vehículo donde se encontraba Bernardo, pero no parecía que repararan en él, venían directos a por mí. Fue en ese momento cuando vi a Bernardo levantarse y echar a correr, vi como pasaba a través de ellos empujándoles, sin que estos repararan en él, fue en ese preciso momento cuando entendí lo que pasaba, recordé lo que nos había contado Sánchez en el hospital.
Dejé de disparar a los muertos que me rodeaban y apunté a Bernardo. Este estaba a punto de desaparecer doblando otra esquina cuando le apunté a él y le disparé, acertándole de lleno en una pierna. Después, me concentré en librarme de los caminantes que me rodeaban.
Cuando logré quitarme de encima a unos cuantos, corrí hacia la esquina por la que había desaparecido después de que le disparara, pero él no estaba allí, lo único que encontré, fue un rastro de sangre que me llevaba a un edificio en obras. Bernardo se había dirigido allí. Apreté los puños y comencé a caminar. No se iba a escapar, esta vez no.

No hay comentarios:

Publicar un comentario