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Gracias y bienvenidos al blog. En este blog podréis leer desde el principio la historia titulada Zombies (Esta vez corregida y mejorada), a la que le seguirán sus secuelas: Necroworld y The Survivors Land. En ellas, seguiréis el periplo de un grupo de supervivientes que iniciarán su historia en el pueblo Valenciano de Puzol, pasando por Valencia capital, Barcelona y Madrid. Un periplo que les llevará hasta los Estados Unidos. Esta historia es probablemente la historia de Zombies más larga de la red, ya que cada una de sus partes, cuenta con 200 capítulos en su totalidad. Si te gusta, sígueme en el blog y mis redes sociales, contacta conmigo por Email y suscribete via Email en la pestaña Email address para estar informado de las publicaciones. Esta historia también puede leerse en Wattpad.

sábado, 2 de junio de 2018

ZOMBIES: Capitulo 023 Solitarios


Capítulo 023
Solitarios


Día 4 de enero de 2018…
Vías del tren, Sagunto…
8:00 horas de la mañana…

Jordi se despertó cuando sonó la alarma del reloj. Poco a poco se fue incorporando y miró a su alrededor. Seguía estando en aquel vagón de carga, pese a que su ultimo sueño, lo había llevado a un prado con toda su familia, pero la alarma lo había traído de nuevo a la triste realidad.
Desde que Jordi abandonó el hospital, había estado dando vueltas por la comunidad Valenciana, siempre alejándose del centro de los pueblos y sin adentrarse en las ciudades. Estaba totalmente solo. No hacía más que ver rebaños de aquellos seres o alguno solitario, también había visto a otras personas, pero nunca había interactuado con ellas, aunque tampoco lo habría intentado. Quería estar solo.
Recogió el saco de dormir y la lámpara, comió algo de pan bando que había conseguido y se calentó algo de café. Una vez terminó, abrió la puerta del vagón y se dejó caer de pie sobre las vías.
Se sentía diferente, la barba le había cubierto gran parte de la cara y el cabello había crecido hasta el punto que comenzaba a parecer una melena, la cual, había tenido que recogerse. También había perdido bastante peso.
Comenzó a caminar por la vía del tren en dirección a Castellón, siempre atento a lo que pudiera pasar. No se podía estar seguro de cuando algo podía suceder y de cuando podía ser asaltado por maleantes. Eso era algo que ya había visto con anterioridad, observó como una familia era asesinada por dos jóvenes. El no hizo nada para impedirlo, aunque perfectamente podría haberlo hecho. Lo que vio, lo perseguiría siempre.
Las vías parecía que no iban a terminarse nunca. Llegó a la estación de Almenara y decidió pararse a beber agua y descansar. Se sentó en el andén y sacó la botella. Justo cuando iba a darle el primer trago escuchó un ruido, era muy similar a un grito humano.
Jordi se puso de pie rápidamente y sacó su arma, la única que tenía y cuyo cargador estaba casi vacío, le quedaban como mucho cinco balas, las cuales, se aseguraría de no usar, en todo caso, solo usaría una y sería consigo mismo, si llegase el momento que se rindiese,
Llegó a una esquina del edificio de la estación y se asomó, fue entonces cuando en el mismo parking de la estación de trenes de Almenara, vio a dos tipos acorralando a una mujer, ellos vestían unas ropas que parecían militares. Estaban como jugando con ella. persiguiéndola entre los coches abandonados y cortándole el paso.
—¿A esta también la vas a dejar morir?
Jordi gruñó y miró hacia su derecha, allí estaba de nuevo, mirándolo con desaprobación. Su mujer, la cual, había muerto hace meses y a la que había comenzado a ver desde no hacía mucho.
—No estás aquí…— murmuró el apartando la vista de ella y volviendo a mirar la escena. Vio como uno de los tipos agarraba a la chica y la empujaba contra un coche de color rojo. La tiró sobre el capó y allí la puso boca abajo, uno de los tipos la sujetaba mientras el otro, se quitaba el cinturón.
—Sabes lo que va a pasar… ¿Vas a quedarte mirando sin hacer nada?
Jordi apretó los dientes y abandonó su escondite. Avanzó hacia los tipos y les apuntó con el arma. Eso hizo que aquellos dos tipos se quedaran sorprendidos.
—Dejad a esa mujer— dijo Jordi mientras miraba a la chica. Era una mujer que debía tener unos cuarenta años. Era blanca de piel y de cabello oscuro, el cual, al estar casi tumbada en el capó, le estaba cubriendo la cara. Fue cuando uno de esos tipos, le habló en un idioma que Jordi enseguida identificó como francés.
El tipo le hablaba en francés y le hacía gestos con la mano, indicándole que se marchara. Sin embargo, Jordi no hizo caso. Justo cuando el tipo que le hablaba fue a sacar algo, Jordi apretó el gatillo y abatió a aquel primer tipo ante la mirada atónita del segundo.
El segundo francés soltó a la chica y después se marchó corriendo. Jordi se acercó a la mujer y la miró. Los ojos de ella eran marrones.
—¿Estás bien? ¿Hablas mi idioma?
La chica asintió sin articular palabra y Jordi respondió asintiendo también. Se dio media vuelta y caminó hacia el tipo que había abatido. Le había acertado en el pecho y no lo había matado, aunque no le quedaba mucho, estaba agonizando.
—¿No has visto lo que iba a hacer? No lo remates. Déjalo que se convierta— murmuró su mujer —Es lo único que se merece.
Jordi la ignoró, sacó un pequeño cuchillo y se lo clavó en la cabeza. Rebuscó entre las pertenencias de aquel tipo, pero no encontró nada. Solo unos prismáticos y un puñal con una inscripción. Se levantó y miró a la chica de nuevo. Después se dio media vuelta y se alejó de allí sin mirar atrás y dejando sola a aquella mujer. Podría haberse quedado con ella o haberle dicho que le acompañara, pero el, quería estar solo.
Era cerca del mediodía cuando Jordi llegó a la estación de Castellón. Un lugar bastante grande donde también, dentro del complejo, había multitud de tiendas, bares y demás. Muy similar a la estación del Norte de Valencia capital. El lugar parecía desierto, aunque el, sabía muy bien que eso solo era algo que quería creer, la realidad era que muy probablemente, habría varios caminantes allí. La mayoría de ellos, viajeros que nunca llegaron a coger el tren o empleados que nunca abandonaron su puesto de trabajo.
Para acceder al interior de la estación, debía hacerlo por uno de los andenes, y para acceder a este, primero debía atravesar un no muy largo túnel, aunque oscuro como la boca de un lobo.
Avanzó hasta la entrada del túnel, pero no entró, se quedó quieto. Tenía que pensarse muy bien si eso era lo que quería hacer, si quería adentrarse en ese lugar. Finalmente se armó de valor, sacó la linterna que llevaba y se descolgó una palanca que llevaba en la mochila. Eso le serviría para defenderse si le atacaban, aunque no le serviría de nada si los muertos vivientes lo atacaban en grupo y lo acorralaban.
Jordi se adentró en el túnel y lo primero que notó, fue el frio que hacía allí dentro, después, notó el olor a quemado que había allí dentro. No tardó en ver de dónde salía ese aroma. Ante él, se podía ver un amasijo de hierros calcinados amontonados. Se trataba de vagones de tren. Era evidente que había descarrilado.
Jordi avanzó hacia los vagones destrozados y vio que le bloqueaban en paso. Se ayudó de la linterna para buscar un punto hueco por el que poder pasar y finalmente dio con él. Uno de los vagones tenía una obertura por la que podía colarse. Este estaba colocado de tal forma que, una parte estaba medio enterrada en el suelo y la otra casi tocaba el techo del túnel. Prácticamente, iba a tener que trepar por dentro
Sin pensárselo dos veces, se aventuró hacia el interior del vagón y comenzó a avanzar ayudándose de los barrotes de agarre y de los asientos, cada paso que daba, la estructura crujía y el vagón parecía que se desplazaba hacia un lado.
—Vas a tener que ir con cuidado. Un paso en falso hará que lo pases mal— Jordi escuchó la voz de su mujer y la buscó con la mirada. La encontró sentada en uno de los asientos mirándolo. Aun así, no le respondió, sabía que no estaba allí. Ella estaba muerta desde hacía meses. El hecho de que la viese, solo podía significar que la soledad le estaba pasando factura y que, de alguna manera, esa era la forma que él tenía de combatir eso, pese a que el mismo era quien había escogido ese camino.
Siguió avanzando, ignorando las palabras de la alucinación. Se impulsó para agarrarse a una de las barras de hierro y fue en ese momento cuando una silueta medio calcinada surgió de entre unos asientos y lo agarró del brazo. El No Muerto intentó morderle y Jordi se lanzó hacia atrás para evitarlo. Perdió agarre y se precipitó rodando hacia abajo, golpeándose con asientos y barras de hierro. Chocó contra otro de los asientos y su cuerpo se vio lanzado hacia uno de los lados. Atravesó una de las ventanas y se precipitó al exterior, cayendo sobre las vías y golpeándose violentamente contra ellas. Sintió un fuerte dolor y el tiempo pareció ir a cámara lenta. Después, perdió el conocimiento.
Jordi despertó en la oscuridad y enseguida sintió una punzada de dolor en el costado, se llevó las manos a la zona afectada y tocó la palanca, parte de la cual, se había clavado en su costado. Gritó de dolor y maldijo no haber sido prudente.
—Hasta aquí has llegado. Has durado más de lo que pensabas— dijo su mujer. Esta vez, estaba sentada entre los hierros, alumbrada por la linterna.
—Deja de atormentarme— respondió Jordi —¿Acaso lo merezco? Hice todo lo que pude por salvaros.
—Morirás desangrado… Supongo que ya sabes lo que debes hacer— dijo su mujer ignorando las palabras de él —Hazlo. Adrián y yo te estamos esperando. Sabes que quieres reunirte con nosotros.
Jordi sabía muy bien lo que eso quería decir. Sabía que era lo que su mujer le estaba insinuando. Con gran esfuerzo y un agudo dolor, logró alcanzar la pistola. Comprobó que estuviese todavía sujeto el cargador y después que no se hubiese disparado durante la caída. Las balas estaban ahí… Solo quedaba algo por hacer.
Se llevó la pistola a la cabeza y cerró los ojos. Su mano derecha comenzó a temblar y sus ojos se llenaron de lágrimas. Así era como iba a morir. Fue en ese momento cuando escuchó un ruido hacia su derecha, abrió los ojos y miró. Su mujer ya no estaba allí, en su lugar, estaba esa misma mujer que había salvado algún tiempo antes. Esta lo miraba y finalmente negó con la cabeza. Por unos momentos, Jordi pensó que no era real, que era otra proyección como la de su mujer. Sin embargo, la chica se arrastró entre los hierros y lo alcanzó.
—No lo hagas.
Tardaron mucho tiempo, pero finalmente, aquella chica logró sacarlo de entre los hierros. Ella le quitó el hierro y finalmente, taponó la herida, la cual no era muy profundo.
—¿Por qué me has salvado? No tenías el por qué… No me conoces de nada. Debiste dejar que me matara y acabara con esto.
—Si de verdad hubieses querido hacerlo, lo habrías hecho. No era tu momento— respondió la chica —Además. Tú me salvaste a mi primero. Estoy aquí gracias a ti.
—¿Cómo te llamas? — preguntó finalmente Jordi.
—Me llamo Amelia Marquina— dijo la chica.
—Yo me llamo Jordi Ayala ¿Cómo me encontraste?
—Decidí seguirte y me adentré en el túnel. Vi la luz de la linterna y también te escuché hablar con alguien.
—No es nada—  Jordi intentó ponerse en pie, pero le dolía demasiado el costado. Volvió a quedarse sentado y Amelia lo miró.
—Aun debes descansar un poco.
—Ya puedes seguir tu camino. Gracias por ayudarme, pero quiero estar solo… No necesito a nadie conmigo— respondió Jordi —Si sigues conmigo es probable que acabes muerta. Ya les ha pasado a algunos. Gente muy importante para mí.
—¿Quiénes eran? — la pregunta sorprendió a Jordi. Tanto que se quedó en silencio. Amelia se respondió a si misma —¿Mujer e hijos? Yo perdí a mis hijos el primer día…  Todos hemos perdido a alguien muy importante.
—Yo perdí primero a mi mujer y después a mi hijo Adrián. A él le mordieron y no pude salvarle pese a que lo intenté. Fracasé como padre y marido— explicó Jordi —Te irá mejor sin mí. Sigue tu camino antes de que te acabe matando.
—De momento creo que debemos permanecer juntos ¿Hacia dónde te dirigías?
—Hacia ningún lugar en concreto— respondió Jordi —Simplemente camino y camino ¿Y tú?
—Yo si tenía un lugar al que me dirigía… Me dirigía a la ciudad. A Valencia.
La respuesta de Amelia hizo que Jordi arqueara una ceja. Esa chica hablaba de llegar a una ciudad, donde el número de muertos vivientes era alarmantemente más alto que en cualquier otro pueblo en los que había estado. Algo muy importante debía haber allí para que esa mujer decidiese arriesgar la vida adentrándose allí.
— ¿Qué hay en Valencia? — preguntó finalmente Jordi. Le llamaba mucho la atención.
—Hace unos días. Escuché un mensaje en una radio. Un mensaje que lleva repitiéndose desde hace pocos días. En el Mestalla hay un campo de refugiados. Tienen alimentos y mucho abastecimiento para todo aquel que llegue.  Si vamos, viviremos mejor que aquí fuera.
—Puedo acompañarte para que no vayas sola— respondió Jordi —Pero… No me quedaré. Prefiero seguir solo. Es lo mejor para mí.
—Me parece bien…— dijo Amelia —Aunque quizás te guste lo que encuentres. Quizás te termines quedando.
—Lo dudo, la verdad— Jordi hizo una pausa y miró entonces a su compañera —Pero bueno. De momento será mejor que busquemos un lugar donde descansar por hoy y mañana temprano ponernos en camino. Con suerte, llegaremos en un día o dos.
—Me parece bien— respondió Amelia tendiendo la mano para que Jordi se la estrechara. Este, pese a que al principio dudó, finalmente se la estrechó.
Jordi notó la mano de la chica, era totalmente real. No era otro producto de su imaginación.

Día 5 de enero de 2018…
7:00 horas…

Jordi y Amelia se despertaron cuando la alarma del reloj sonó. Eran las siete en punto de la mañana y era hora de partir. Ambos habían pasado la noche dentro de un almacén que había entre las vías. Allí era donde cargaban los vagones de carga hacia bastantes años.
— ¿Qué tal has pasado la noche? — preguntó Amelia señalando la herida. Antes de dormir, ella se la había curado y cosido. Al mismo tiempo, la chica había revelado que había sido veterinaria.
—De vez en cuando me duele, pero eso no me matará.
—Cuando lleguemos al campamento, seguramente encontremos a alguien que pueda hacerte un mejor remiendo que el mío. Yo estaba bastante limitada— respondió Amelia.
Ambos salieron del almacén y comenzaron a caminar por las vías en dirección a Valencia. Hacía mucho frio, debían estar a unos cero grados o menos.
Jordi y Amelia caminaban uno al lado del otro, sin separarse demasiado. Hablaban de todo un poco. Se contaban cosas del pasado. Jordi le contó a ella sus vivencias, pasando por lo ocurrido en el caserón, hablando de la gente que había conocido y de cómo llegó al hospital, del que se fue después de que ayudara al doctor Sánchez a construir un mecanismo de captura de caminantes con los que posteriormente experimentaría con intención de encontrar una cura. El medico trató de convencerle de que se quedara, pero Jordi era firme en su decisión.
Amelia por su parte le contó que había estado en un grupo de más de treinta personas, del cual, solo quedaron ella y otra persona. Un hombre que, en cierto momento, al no tener nada que comer, intentó matarla. Ella se defendió y acabó asesinando a ese otro superviviente. También le contó cómo había sido el encuentro con aquellos dos franceses. Los cuales, al principio, se presentaron como personas amistosas, pero que no tardaron en demostrar su verdadera cara e intentaron abusar de ella.
Cerca de las once de la mañana llegaron a la estación de Puzol y Jordi se quedó parado. Hacía meses que no regresaba a su pueblo natal.
—¿Quieres pasar por el hospital? Quizás ese médico del que me hablaste pueda ayudarte. A mí no me importa— dijo Amelia, pero Jordi negó con la cabeza.
—No. Sigamos avanzando. Este pueblo me trae demasiados recuerdos y ninguno bueno.
—Como quieras— respondió Amelia.
Siguieron su camino hasta que tocadas las dos del mediodía, se pararon a descansar y a comer en un nuevo almacén entre El Puig y El Cabanyal. En aquella zona había una gran multitud de vías, en las cuales, había multitud de vagones de carga de distintos colores. Era como una especie de estación para esos vagones. La zona estaba prácticamente rodeada de vallas y parecía segura y despejada.
—Podríamos quedarnos hoy aquí y pasar la noche. Mañana deberíamos llegar a Valencia— sugirió Amelia. Además, estoy agotada.
Jordi miró a su alrededor, buscando quizás alguna señal de peligro o siluetas de muertos vivientes, pero no había nada. Fue entonces cuando se fijó en una torre de hierro muy alta. Si se subía a ella, tendría una visión mucho más amplia de la zona y podría cerciorarse de que el lugar era realmente seguro. No quería imaginarse lo que pasaría si acampaban tan confiados y después, se veían sorprendidos por una horda de caminantes que no habían visto antes.
—Voy a asegurarme de que la zona sea segura— Jordi señaló la torre y Amelia negó con la cabeza.
—No puedes subirte ahí con esa herida. Podrías marearte por una punzada de dolor y caer. Yo me encargaré de eso. Déjame tus prismáticos.
Jordi al principio tuvo dudas, pero finalmente asintió y le entregó los prismáticos a Amelia.
Con los prismáticos en la mano, caminó hacia la torre y comenzó a subir. Estaba siendo un gran esfuerzo. Jordi no lo habría conseguido o quizás se le habrían saltado los puntos.
Amelia alcanzó la parte más alta y se llevó a los ojos los prismáticos. Observó la zona y vio que no había nada que representara una amenaza. Miró en más direcciones y posó su mirada sobre Jordi, este estaba abajo y parecía que hablaba con alguien, parecía que estaba discutiendo más bien.
******
— ¿Vas con ella porque te gusta o porque simplemente no quieres estar solo? — preguntaba su mujer mirándolo fijamente —Parece que me tienes olvidada ya ¿Por eso me dejaste morir? ¿Para poder tirarte a otra? Dime… ¿Cuánto tiempo pasará hasta que intentes metérsela?
—No estás aquí… No eres real…— repetía Jordi una y otra vez sin mirarla.
—Ya sabes lo que le pasará. Ella morirá también.
—¡¡¡Cállate!!!— gritó Jordi cerrando los ojos con fuerza. Cuando los abrió, su mujer había desaparecido y en su lugar se encontraba Amelia mirándolo.
— ¿Con quién hablas?
—Con nadie— respondió Jordi rodeándola y siguiendo adelante —Solo son alucinaciones.
—La zona es segura— respondió entonces Amelia
—Me parece muy bien— respondió Jordi, pero lo hizo de forma bastante brusca.
Ambos se adentraron en uno de los almacenes y allí descansaron. No intercambiaron palabras durante el resto del día. Ni siquiera cuando comían, Jordi estaba totalmente distante. Y así continuó hasta que llegó la noche.

11:45 horas…

Amelia se había quedado dormida. Jordi preparó su equipaje y había escrito una nota donde le decía que no seguiría con ella y que tuviera suerte. El trataba de convencerla que no estaría segura viajando con él.
Con mucho cuidado para no despertarla, dejó la nota junto a ella y después salió del almacén. Comenzó a caminar por las vías sin mirar atrás. Temía que, si lo hacía, volvería junto a Amelia.
Su mujer había dado en el clavo, Amelia le gustaba y eso era peligroso. No había pasado ni un año desde que su mujer había muerto y ya se sentía atraído por otra mujer. Quizás fuera la soledad o el instinto del ser humano, pero no le importaba, debía mantenerse alejado de ella. Solo así, evitaría que sucediesen cosas que después lo perseguirían.
—Has hecho lo correcto— dijo su mujer —La habrías acabado matando de haber seguido viajando con ella. Tu destino es ser un solitario. No necesitas a nadie, ni nadie te necesita a ti.
Llegó a lo que parecía un laberinto de vagones y comenzó a caminar entre ellos. Fue entonces cuando vio una silueta oscura delante de él. Pensándose que podría ser peligroso, se armó con la palanca y avanzó con ella en alto y en silencio. Volvió a ver la silueta y justo cuando se iba a lanzar sobre ella, fue derribado con un fuerte golpe. Rodó por el suelo y cuando pretendió levantarse, fue golpeado en la cara. Quedó tumbado boca arriba y entonces se encontró a alguien sobre el sosteniendo una katana, cuya punta estaba en su cuello.
— ¿Me estabas siguiendo?
La voz era de una chica. Fue precisamente cuando Jordi la vio bien, ciertamente era una chica que estaba cubierta por una chaqueta con capucha. Y esta no parecía muy amistosa.

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