Seguidores

Agradecimientos

Gracias y bienvenidos al blog. En este blog podréis leer desde el principio la historia titulada Zombies (Esta vez corregida y mejorada), a la que le seguirán sus secuelas: Necroworld y The Survivors Land. En ellas, seguiréis el periplo de un grupo de supervivientes que iniciarán su historia en el pueblo Valenciano de Puzol, pasando por Valencia capital, Barcelona y Madrid. Un periplo que les llevará hasta los Estados Unidos. Esta historia es probablemente la historia de Zombies más larga de la red, ya que cada una de sus partes, cuenta con 200 capítulos en su totalidad. Si te gusta, sígueme en el blog y mis redes sociales, contacta conmigo por Email y suscribete via Email en la pestaña Email address para estar informado de las publicaciones. Esta historia también puede leerse en Wattpad.

domingo, 1 de julio de 2018

ZOMBIES: Capitulo 025 Desvio


Capítulo 025
Desvío

Día 6 de enero de 2018…
Cabanyal… 8:30 horas de la mañana…

Sandra se despertó por los lametones de Yako, su perro Pastor Alemán de pelaje marrón casi rojizo de cinco años. Era su única compañía desde que todo había comenzado a desmoronarse. El único ser vivo que había permanecido cerca de ella cuando todos los vecinos de su bloque habían ido abandonando el lugar o habían decidido acabar con todo y lanzarse desde lo más alto del edificio.  Casi nueve meses encerrada en aquel bloque de cemento y viviendo del racionamiento de los víveres que había conseguido en distintas viviendas, pero como todo, esos víveres no duran para siempre y es cuando toca armarse de valor y salir al exterior.
Se fue levantando de la cama poco a poco y acarició la cabeza de su fiel compañero mientras le sonreía. Era como si el, ya supiera que había llegado el momento de marcharse.
—Imagino que tienes ganas de salir de aquí… Tranquilo chico… No tardaremos mucho.
Se levantó por completo de la cama y caminó por el pasillo en dirección al baño, pasando por delante de la asegurada puerta de la entrada, por la que no pudo evitar pararse para mirar por la mirilla. Siguió su camino hasta el baño y cuando llegó se sentó para orinar. Después, abrió el grifo de la bañera en posición de caliente y dejó caer el agua hasta que esta se calentó. Aunque lo cierto, era que no tardaría en desaparecer el agua caliente, aunque ella, ya no estaría en casa cuando eso sucediese. En esos momentos, iba a disfrutar de su ultimo baño.
El baño fue tranquilo y apacible, se relajó como nunca se había relajado, tanto que casi volvió a dormirse, pero se sobrepuso a Morfeo y salió de la bañera. Se miró al espejo y se vio a sí misma, su pelo castaño había crecido en los últimos meses, hasta que casi le estaba cubriendo los ojos color miel que había heredado de su madre.
Abrió uno de los armarios y sacó unas tijeras, acto seguido miró a su perro. El cual, movió la cabeza a un lado cuando comenzó a hablarle —No sé cómo quedará el corte, pero hay que hacer algo con estos pelos de loca— seguidamente comenzó a cortar.
Desde que todo había comenzado y se había atrincherado en su casa, con comida y agua hasta arriba, había seguido una estricta rutina, hacer ejercicio, comer bien y sobretodo, aprender de aquellos seres todo lo posible.
Observaba a los muertos vivientes noche y día, aprendiendo de su comportamiento. Aunque lo cierto era que únicamente había aprendido que eran bastante torpes y que, si algo les llamaba la atención, acudían como las moscas a un farolillo. La decisión de cortarse el pelo había surgido en una de esas observaciones, cuando un grupo de personas aparecieron intentando saquear una tienda de electrodomésticos y una de ellas, al tener el pelo largo, fue el primero en caer cuando uno de los infectados lo agarró de la cabellera y tiró de él, la muerte que vino a continuación, fue algo que a Sandra se le gravó a fuego.
Terminó de cortarse el pelo, lo dejó bastante corto como para evitar que la agarraran, aunque, de todos modos, se pondría una gorra para evitar problemas mayores. Su perro la observaba moviendo la cabeza hacia los lados mientras sacaba la lengua.
—Debes pensar que se me ha ido la cabeza…
Volvió a la habitación y allí comenzó a vestirse, eligió ropa de abrigo gruesa, así por lo menos, evitaría que los dientes atravesasen la tela, pero por si acaso, debajo del abrigo, se había forrado la ropa con espuma y cinta aislante, todo lo necesario para evitar los mortíferos mordiscos de los infectados.
Con la ropa puesta, se dispuso a coger el arma que había fabricado. Había afilado un palo de escoba de madera. Además de eso, en el cinturón, se colocó varios cuchillos de cocina. A su espalda, sujeto a un cinturón, llevaba la parte de hierro de un paraguas, cuya punta de hierro, podría hundirla en la cabeza de uno de ellos si era necesario.
Cogió su mochila y la abrió para comprobar que estuviese todo y no se dejase nada. Había unos prismáticos, dos botellas de agua y unas latas de conserva tanto de anchoas como de fruta, las cuales, le durarían un par de días, unos días durante los cuales, si tenía suerte, encontraría más comida o podría cazar algo.
Con todo listo, se puso la gorra Adidas que colgaba del perchero al lado de la puerta y se la puso, después miró a Yako. —Tu turno compañero.
Cogió la correa de su perro y con mucho cuidado se la puso. Cuando terminó, besó a Yako en la cabeza y se puso en pie. Miró a través de la mirilla, comprobó que no hubiese nada ni nadie, cuando se aseguró, quitó toda la seguridad y la abrió. Se encontró en el rellano vacío, aunque podía percibir el olor a descomposición de algún cuerpo cercano, aun así, eso no la hizo volver atrás. Había decidido que era hora de partir y que no quería morir allí encerrada. Simplemente salió por la puerta y la cerró tras de sí para no regresar.

Vías del tren…

—Debe haber millones… Es la primera vez que veo un rebaño tan grande ¿Qué hacen ahí parados? — preguntó Mishuro desde lo alto de un vagón de tren. Después, le pasó los prismáticos a Luci para que ella pudiera mirar.
—Podríamos pasar a través de ellos— respondió Luci tras echar un vistazo rápido.
Mishuro hizo un gesto con la cabeza para señalar a Jordi y Amelia, estos seguían de pie en las vías junto al vagón — ¿Y qué harán ellos? ¿Acaso quieres que mueran?
—No son asunto nuestro… No debiste juntarte con ellos. Solo nos retrasan.
—Oye… Que estamos aquí…— dijo Amelia como protesta a lo que Luci acababa de decir. Lo que recibió como respuesta, fue una severa mirada por parte de la chica de la katana.
—Por eso lo dije en voz alta, para que me escucharais.
Mishuro se bajó del vagón y se dirigió a sus dos nuevos compañeros —Disculpadla. A veces es demasiado borde y no mide sus respuestas.
—Las mido perfectamente y por eso digo lo que pienso siempre— respondió Luci al tiempo que bajaba del vagón de un salto —Si estuviésemos nosotros solos, pasaríamos a través de ellos con los ojos cerrados, a la pata coja y con una mano detrás de la espalda.
—No vayas tan de sobrada. Atravesarlos es imposible. Os morderían— dijo Amelia.
En ese momento, Luci se levantó la manga de la chaqueta y mostró lo que parecía un traje de neopreno de color azul marino —Mishuro y yo llevamos esto debajo. Evita que los dientes penetren en la piel. Así no nos infectamos.
—De todos modos— comenzó a decir Mishuro —Ellos tienen razón. Hay muchos y no lograríamos atravesarlos. Si nos rodean y acorralan, el neopreno no nos servirá de nada.
La mirada de Luci fue fulminante cuando miró a su compañero. Sentía que estaban perdiendo demasiado tiempo por dos desconocidos que no les aportaban nada y que, además, no confiaba en ellos.
— ¿Y qué sugieres? — preguntó Luci —Algo se te habrá ocurrido.
—Rodearlos. Nos dirigimos a Valencia. Nos adentramos en el Cabanyal, avanzamos unos kilómetros y volvemos a las vías. Puede que, si esos están ahí, el pueblo sea seguro. Fíjate de donde vienen. Debemos intentarlo de ese modo, perderemos un día… Como mucho.
—Un día ya es demasiado tiempo. Llevo esperando demasiado— respondió Luci malhumorada —Creí que íbamos a ir sin detenernos apenas.
—Si. Es cierto que te dije eso… Pero no contaba con eso…— Mishuro señaló a la horda. —No debemos precipitarnos.
—Oye… Mishuro tiene razón… No…— Luci interrumpió a Amelia.
—Que yo sepa no pedí tu opinión— Luci los miró a todos y comenzó a caminar en dirección al pueblo. Los demás, la siguieron.
Jordi observaba a Luci caminar varios pasos por delante. Caminaba con paso firme y con una mano sobre la empuñadura de la katana. Dispuesta a usarla en cualquier momento. Fue entonces cuando Mishuro se situó a su lado.
—Debéis disculparla una vez más. Ella es muy maja en realidad.
— ¿Qué le pasa exactamente? — preguntó Jordi mientras Amelia se situaba a su lado para participar en la conversación.
Mishuro comenzó a hablar en voz baja —No tengo todos los detalles. Ella es bastante reservada, pero, en resumen. Ella pasó nueve años en prisión por un delito que no especificó. Eso provocó que le quitaran a su hija y esta pasará a un hogar de acogida. Cuando salió de prisión, la localizó, pero entonces, comenzó a pasar todo esto. La familia de acogida vive en Valencia. Así que es por eso por lo que quiere llegar allí cuanto antes.
—Con la mala leche que tiene… Seguro que mató a alguien…— replicó Amelia — ¿Seguro que no es peligrosa?
—Solo si me oye contaros esto— respondió Mishuro con una sonrisa sarcástica.
Llegaron a unas vallas y las fueron saltando. Cuando estuvieron al otro lado, se encontraron en un parking de la estación de trenes de El Cabanyal.
El parking no estaba vacío, había varios vehículos, pero todos habían sido desguazados. Quizás por otros grupos en busca de piezas y combustible. Nada más llegar, Amelia se estremeció y Jordi se percató de ello, al principio, no cayó en que podía ser, pero no tardó en dar con la explicación, había sido en un parking donde se habían conocido, justo después de que Jordi matara a un hombre que intentaba violarla.
—No te preocupes. Todo irá bien— dijo Jordi mirando a su compañera.
En ese momento, Luci se paró de golpe y les hizo un gesto con la mano. Segundos después, un No Muerto apareció tambaleándose y Luci le atravesó la cabeza con la espada con un rápido movimiento.
Abandonaron el parking y comenzaron a caminar por una carretera. Tal y como Mishuro había dicho, atravesar el pueblo sería seguro, ya que la gran mayoría de muertos, se encontraban en esos momentos en las vías, aunque tampoco podían bajar la guardia.
Siguieron adelante y se adentraron en una amplia avenida, la situación allí no era muy distinta a la que ya habían visto en el parking. En el medio de la carretera, había una hilera de palmeras que terminaban en una rotonda. Había vehículos abandonados y desguazados a ambos lados de la calle. Además de mucha basura por todas partes.
—Si tan solo encontráramos un coche que funcionara— dijo Amelia acercándose a la ventana de un coche de color blanco al que le habían quitado las ruedas.
—No hagas eso tan a la ligera. Hay veces que hay muertos dentro. Si te ven acercarte, atravesarán el cristal para agarrarte— dijo Luci desde unos pasos más adelantados.
—Pensé que no te importábamos una mierda— respondió Amelia apartándose de la ventanilla.
—Y no me importáis, pero tampoco es plato de buen gusto ver morir a alguien de una forma tan estúpida. Tu no vayas a tu bola y punto— respondió Luci yendo hacia delante.
—Se le ablandará el corazón al final. Tranquilos— dijo Mishuro con una sonrisa —Es muy maja. De verdad.
Siguieron adelante, no tardarían en atravesar el cabanyal por aquella zona y regresar a las vías. Donde esperaban que los No Muertos no estuviesen, o que por lo menos, su número se hubiese reducido.
*****
Sandra salió a la calle por primera vez desde hacía meses. A su lado, Yako el perro permanecía tranquilo. Cuando se le erizase el pelo, sabría que debía tener cuidado.
Yako había desarrollado una especie de instinto desde que los muertos habían vuelto a la vida, en ellos veía algo peligroso que nunca vería en las personas vivas. Pese a que no había tenido contacto directo nunca. Caminaron por la avenida, mirando siempre detrás, con todos los sentidos en alerta.
—Tranquilo chico… Tranquilo. Ahora no hay peligro…
Avanzaron lentamente y pasaron al lado de dos vehículos que habían colisionado y ardido. Dentro, aun podían verse los restos calcinados de los ocupantes. Lo que más le llamó la atención de estos, fue la sillita para bebés que había sobre los asientos traseros y que todavía albergaba los restos del infante. A Sandra le asaltó un sentimiento de tristeza ¿Qué habían hecho los humanos para merecer semejante castigo?
Sandra no era creyente, no creía en una fuerza superior, pero hasta ese momento, tampoco creía que los muertos pudiesen volver a caminar y el destino se lo había estampado en la cara de forma violenta y extremadamente cruel.
Pasaron de los vehículos y llegaron a una plaza, fue allí donde el pelo del lomo de Yako comenzó a erizarse.
A unos metros de ellos, se encontraba un autobús escolar siniestrado, y alrededor de este, más de dos docenas de No Muertos de pequeña estatura. Niños y niñas que apenas llegaban a los diez años. Era una imagen impactante y emocionalmente demoledora.
El corazón de Sandra se aceleró mientras retrocedía al tiempo que los niños muertos avanzaban. No quería enfrentarse a ellos, no sabía cómo hacerlo.
Sandra se dio media vuelta y comenzó a correr junto a Yako, sin mirar atrás. Doblaron una esquina y fue cuando Sandra se dio de bruces con un cuerpo blando, tropezó y cayó al suelo, haciéndose daño en las costillas. Quiso levantarse rápidamente, pero antes de que pudiera moverse, se encontró con un cuerpo sobre ella y una cara destrozada con dientes ennegrecidos que trataba de morderla.
Sandra intentaba quitárselo de encima, pero sus manos se hundían en la putrefacta carne de aquel ser, si se seguían hundiendo, acabaría siendo mordida por aquel No Muerto. De pronto, vio como Yako se lanzaba sobre aquel muerto viviente y comenzaba a morderle en el cuello. Con la ayuda de su perro, logró quitarse de encima a aquel ser, se arrastró por el suelo y entonces se puso en pie, agarró el palo de escoba y se lo clavó repetidas veces al No Muerto en la cabeza, hasta que se quedó completamente inmóvil.
Yako regresó junto a su dueña, y ella le acarició la cabeza. Si no hubiese sido por él, probablemente habría muerto.
—Te debo la vida…
Sandra comprendió en ese momento que el exterior, más allá de lo que veía por su ventana, era mucho más peligroso de lo que había imaginado. Se sintió estúpida por pensar que lo lograría, y se planteó regresar a su casa y volver a encerrarse allí, por lo menos, tardaría más en morir.
Se sentó en el suelo cavilosa, pensando en si debía volver o no a casa. Repasó pros y contras de las decisiones que había tomado y que tomaría. Ninguna iba a ser fácil. Fue cuando alzó la cabeza y decidió que no se rendiría, que saldría de Cabanyal y buscaría un lugar donde el número de muertos fuera ínfimo.
Sandra se puso en pie y comenzó a andar con la cabeza alta. Llegó a una avenida y fue entonces cuando vio algo que le llamó la atención, a no más de veinte metros de ella, vio cuatro siluetas que avanzaban juntas de espaldas a ella. Se fijó bien en ellas, buscando una señal que le indicara que eran más muertos vivientes, pero andaban como cualquier otra persona.
Lo que Sandra estaba viendo, eran personas que indudablemente estaban vivas. Sintió entonces esa esperanza que pensó que nunca recuperaría, ya no estaba sola con Yako. Sin pensárselo dos veces, levantó los brazos y comenzó a agitarlos a la vez que gritaba para llamar la atención de aquellos cuatro.
******
La primera en escuchar los gritos fue Amelia. Ella se dio la vuelta y entonces, vio a alguien moviendo los brazos. Los demás no tardaron en darse la vuelta y verla también.
—Parece que no estamos solos— dijo Mishuro mirando a la chica que los llamaba y luego mirando a Luci — ¿Qué te parece?
—No tenemos tiempo para eso— respondió Luci mientras veía como la chica se iba acercando corriendo con un perro a su lado.
—Tiene un perro…— respondió Mishuro esperando que Luci se ablandara. Aunque lo único que consiguió, fue que esta simplemente se cruzara de brazos y guardara silencio —Me tomaré eso como un sí.
La chica llegó junto a ellos y lo primero que hizo fue sonreírles —Sois los primeros seres vivos que veo desde hace meses. No podéis ni imaginaros lo feliz que eso me hace. Me llamo Sandra, y este es mi perro Yako.
—Es un placer. Yo soy Mishuro y ellos son Amelia, Jordi y la callada con cara de mala leche es Lucia, pero la llamamos Luci. Que no te perturbe su cara de mala hostia. Aprenderás a quererla.
Las palabras de Mishuro hicieron que Luci resoplara, no soportaba que su compañero y único amigo en aquel mundo de locos, le tomara tanto el pelo.
— ¿Hacia dónde te dirigías? — preguntó Jordi en ese momento. —Nosotros nos dirigimos a Valencia capital. Al parecer hay un campo de refugiados allí.
—No me dirigía a ninguna parte en concreto. Solo pretendía abandonar el Cabanyal. Encontrar un lugar seguro— respondió Sandra.
—Bueno. Puedes acompañarnos si lo deseas— dijo en ese momento Mishuro, mientras, ignoraba los constantes resoplidos de Luci.
— ¿Puedo hablar un momento contigo? — preguntó en ese momento Luci mirando al joven japonés.
—Igual tendrías que esperar a que…
—Ahora…— replicó Luci.
—Disculpadme un momento— dijo Mishuro. Después, se retiró con Luci a un punto para hablar en privado.
— ¿Se puede saber de qué vas? Esto no es una excursión de fin de semana en la que se pueda invitar a todo el mundo ¿Te recuerdo la importancia de nuestro viaje? No hacemos más que acoger a gente— preguntó Luci.
—No podemos dejarlos tirados…  Y menos cuando nos dirigimos al mismo sitio— respondió Mishuro —Yo no te dejé tirada a ti. Lo sencillo habría sido ignorarte y seguir, pero no pude hacer eso.
—Quizás debiste hacerlo— respondió Luci —Habría sobrevivido de todos modos.
Mishuro se cruzó de brazos, miró primero al suelo y luego a Luci de nuevo —No me cabe duda de que podrías haberlo hecho. Eres fuerte y muy capaz. Pero la soledad hace estragos— Mishuro entonces le puso las manos en los hombros —Tienes que intentar abrirte a los demás.
Luci miró a los ojos de Mishuro —Está bien. Iremos todos juntos a Valencia, pero una vez allí me largaré por mi cuenta. Solo me interesa encontrar a mi hija. No me interesa un campo de refugiados. Y si quieres acompañarme, serás bienvenido, pero solo tú.
—Como quieras. Ahora regresemos con los demás— dijo Mishuro.
Mishuro y Luci regresaron junto a los demás. Después, se pusieron en marcha, regresaron a las vías y allí vieron que el número de No Muertos era inferior, podrían dejarlos atrás andando un poco. Y así lo hicieron.
Anduvieron cerca de un kilómetro cuando se toparon con un túnel que se metía bajo tierra. Al atravesarlo y salir al otro lado, se encontrarían ya en el último tramo de vías, el cual, los dejaría ya en la estación del Norte de Valencia, a unos pasos menos de encontrar el campo de refugiados ubicado en el estadio del Valencia C.F. Estaban a pocos pasos de unas esperanzas que se negaban a abandonar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario