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Gracias y bienvenidos al blog. En este blog podréis leer desde el principio la historia titulada Zombies (Esta vez corregida y mejorada), a la que le seguirán sus secuelas: Necroworld y The Survivors Land. En ellas, seguiréis el periplo de un grupo de supervivientes que iniciarán su historia en el pueblo Valenciano de Puzol, pasando por Valencia capital, Barcelona y Madrid. Un periplo que les llevará hasta los Estados Unidos. Esta historia es probablemente la historia de Zombies más larga de la red, ya que cada una de sus partes, cuenta con 200 capítulos en su totalidad. Si te gusta, sígueme en el blog y mis redes sociales, contacta conmigo por Email y suscribete via Email en la pestaña Email address para estar informado de las publicaciones. Esta historia también puede leerse en Wattpad.

martes, 16 de octubre de 2018

ZOMBIES: Capitulo 031 El Edificio


Capítulo 031
El Edificio

Día 8 de enero de 2018…
Valencia… 12:00 horas…

Luci se despertó de golpe. Cuando se intentó incorporar, notó que estaba atada de pies y manos, tumbada en un colchón sucio que apestaba como recién sacado de las cloacas. A decir verdad, el nauseabundo hedor parecía impregnar toda aquella sala en la que se encontraba.
El lugar en el que se había despertado, parecía un trastero de paredes mugrientas llenas de fotos y recortes de periódicos. La poca luz que había, provenía de una lámpara de camping gas. Siguió mirando a su alrededor y vio su katana apoyada en la pared.
Al principio no recordaba cómo había llegado allí, pero enseguida, comenzaron a llegarle flashes de lo sucedido hacía horas.
No había pasado mucho tiempo desde que se había quedado colgada boca abajo cuando un caminante irrumpió en el mismo cobertizo. Aquel ser se lanzó sobre ella y se defendió como pudo. Al no tener la katana a mano, tuvo que coger al No Muerto por la cabeza e introducir sus dedos a través de las cuencas de los ojos, después apretar con todas sus fuerzas y aplastarle el cráneo.
Después del incidente, intento quitarse la cuerda sin éxito. No recordaba cuanto tiempo lo había estado intentando, pero de pronto, sintió un pinchazo y segundos después, quedó inconsciente. Después de eso, había recobrado el conocimiento en aquella sala. Había perdido horas de su vida. Se sintió como abducida.
Intentó levantarse para alcanzar su arma, pero entonces se dio cuenta de que había una cadena que no le permitía moverse demasiado. Lo intentó varias veces más hasta que escuchó unos pasos. Dirigió su mirada hacia la única puerta que había y no tardó en ver una silueta enfundada en una gabardina, una capucha, una braga y gafas de sol. Llevaba un rifle de mira telescópica a la espalda y del cinturón colgaban dos grandes cuchillos.
Luci se lo quedó mirando desafiante y aquel desconocido se le acercó sin mostrar miedo.
— ¿Quién cojones eres tú? ¿Por qué me has traído aquí?
El desconocido no respondió. Caminó hacia la katana y la tomó entre sus manos, después miró a Luci. A ella en ese momento, se le pasaron varias cosas por la cabeza. Pensó que iba a decapitarla en ese momento, pero no ocurrió nada. Ese tipo dejó la katana en el mismo sitio.
El desconocido caminó de nuevo hacia el fondo de aquella habitación y comenzó a quitarse la gabardina y todo lo que llevaba encima. Quedándose únicamente en jersey y pantalones vaqueros. Luci lo miró a la cara. se trataba de un hombre rubio, con el pelo bastante largo, alborotado y sucio hasta los hombros, de unos cuarenta años, sus ojos eran verdes y tenía una barba bastante poblada.
—Aquí las preguntas las hago yo ¿A qué viniste aquí? ¿Te han mandado para matarme? — preguntó aquel tipo mientras se cruzaba de brazos y se apoyaba en una mesa de trabajo sobre la que Luci no había reparado todavía.
Observó la mesa y vio varias cosas que le llamaron la atención. Había marcos son fotos, todas familiares, pero ninguna parecía de aquel tipo. Luci miró de nuevo las fotos de la pared, entonces, llegó a la conclusión de que aquellas fotografías, eran de personas que vivían, o, mejor dicho, habían vivido en aquel edificio.
—Te he hecho una pregunta. Una bastante simple ¿Te han mandado a matarme? — preguntó aquel tipo —Tienes treinta segundos para responder… Y el reloj corre en tu contra.
—No sé de qué me hablas. No he venido a matarte. Mi presencia aquí es por otro motivo— respondió rápidamente Luci —Vine buscando a una persona.
—A mi…— respondió aquel tipo de forma tajante — ¿Qué te han ofrecido a cambio de matarme?
—Que no me han mandado a matarte hostia— respondió Luci. Entonces, el tipo se abalanzó sobre ella, tocando prácticamente la cara de Luci con la suya — ¿Te crees que soy un mamón al que le puedes mentir en la puta cara? Mírame a los ojos y dime la verdad. Se sincera, porque si me mientes, lo sabré… Y te romperé el cuello.
—No sé de qué coño me estás hablando— respondió Luci desafiante y con los ojos clavados en los de aquel tipo —No sé qué paranoias tienes en la cabeza, pero me importan un bledo.
En ese momento, la expresión de aquel tipo cambió de golpe y sonrió —Veo que los dioses están de tu parte— Aquel tipo se retiró, caminó hacia la mesa y volvió a darse la vuelta con los brazos cruzados —Luego te daré algo para comer. Imagino que estás hambrienta. Luego quiero que te marches.
—No. He venido aquí a hacer algo… Y no me marcharé hasta que lo solucioné— respondió Luci — ¿Te queda claro o te lo deletreo?
— ¿Y de que se trata? — preguntó aquel tipo.
Por unos momentos, Luci dudó si debía decir la verdad sobre lo que había ido a hacer allí. Finalmente optó por ser sincera y comenzó a hablar. Aquel tipo parecía conocer bien ese lugar y a los que allí vivían.
—Vine buscando a mi hija. Me la arrebataron hace nueve años y sus padres de acogida vivían aquí con ella. Vine a recuperarla. Su padre de acogida es uno de los muertos que hay en la piscina.
Aquel tipo caminó hacia una de las paredes y tomó una de las fotos, volvió junto a Luci y se la mostró — ¿Es esta familia?
Luci miró la foto, en ella aparecía una familia aparentemente alegre. Eran un matrimonio joven y sonriente junto a un caballo. Sobre el caballo, había una niña de nueve años con un sombrero de cowboy, también sonreía. En la foto también aparecían dos niños que Luci dedujo que eran dos niños camboyanos. Los cuales, debían tener entre tres y seis años.
—Manuel Ramírez y su mujer Claudia Iborra. No podían tener hijos y siempre buscaban adoptar. No los conocía mucho, pero a la niña la recuerdo muy bien. Jugaba con mi hijo— respondió aquel desconocido — ¿En serio es tu hija? ¿Por qué te la quitaron?
—Me la quitaron cuando entré en prisión— respondió Luci con sinceridad —Vine aquí a buscarla.
— ¿Por qué te encarcelaron? — preguntó aquel tipo. Su mirada se volvió más intensa.
— ¿Qué más dará? Eso no es importante— respondió Luci intentando esquivar esa pregunta.
—Debo saberlo. Quiero saber hasta qué punto puedes ser peligrosa— aquel tipo miró la katana —Y si has sobrevivido hasta ahora, manejas esa espada y al muerto del cobertizo lo mataste con tus propias manos, deduzco que no eres una mosquita muerta.
Luci respiró hondo y comenzó a hablar —Acababa de dar a luz a mi hija… Y estábamos literalmente en la mierda. Por medio de él que por aquel entonces era mi novio, me propuso un trabajo…
— ¿Qué tipo de trabajo?
—Un robo en una mansión. El caso es que cuando llegué, después de desconectar las alarmas, dormir al perro y asegurarme de que no había cámaras de vigilancia… Entré…— Luci hizo una pausa y siguió hablando —Era una puta trampa. Alguien se había cargado al dueño y había preparado todo para que me comiera yo el marrón. Imagino que fue el cabrón de mi novio. Después de eso, entre el juicio y demás, se llevaron a mi hija a una casa de acogida… Allí pasó un tiempo hasta que la familia que vivía aquí, se la llevó.
—Así que tu novio te la jugó— respondió aquel extraño tipo.
—Si…  Pero se llevó su merecido. Salí de prisión justo cuando esto comenzaba a ocurrir… No estaba tan extendido por aquel entonces. Di con ese cabrón y acabamos huyendo juntos, junto a otras personas— Luci hizo una nueva pausa —Esas personas fueron muriendo, algo bastante normal si lo miras desde el punto en que este mundo es una trampa mortal. Al final, solo quedábamos tres personas, mi ex, la que por esos momentos era su nueva novia y yo. Pasamos varios meses en un almacén de importación y exportación. Estábamos los tres juntos allí… Y aunque ese mamón me daba asco… Había buen rollo… Hasta que un día, mordieron a la novia de mi ex. Ella lo ocultó y casi logra cargárselo, aunque como era de esperar, el muy cabrón volvió a tener suerte y se salvó. Después de eso, intentó matarme a mí. Supuestamente por que no se fiaba. Entonces, durante el forcejeo, llegó hasta mis manos una katana. La utilicé para matarlo. En ese momento, se puede decir que corté definitivamente con ese cerdo asqueroso. Antes de morir, le saqué unas cuantas cosas, la más importante de todas, la dirección de este lugar.
Aquel tipo miraba a Luci con los ojos muy abiertos, mientras asentía. De pronto, se dio la vuelta y sacó unas llaves, volvió a mirar a Luci —Voy a quitarte esas cadenas y a liberarte. No intentes nada raro.
El tipo caminó hasta Luci y comenzó a quitarle las cadenas. Cuando estuvo libre, ella se masajeó las muñecas y los tobillos, después, miró a su extraño anfitrión.
—Me llamo Lucia, puedes llamarme Luci— ella le tendió la mano a él, y este se la estrechó.
—Juan Izquierdo.
— ¿Y cuál es tu historia? ¿Vives aquí?
—Así es. Bienvenida a “El Espai Verd”— respondió Juan con una sonrisa.
—Entonces, quizás puedas decirme dónde está mi hija. ¿Dónde está la niña de la foto? — Luci señaló la foto de su hija que siempre llevaba encima.
Juan miró la foto y luego la miró a ella —Ella sigue aquí. Nadie consiguió salir del edificio. De los que vivían aquí, solo yo sigo con vida…
En ese preciso momento, el corazón de Luci dio un vuelco. Si lo que decía Juan era cierto, su hija seguía vagando por el edificio.

Valencia… Barrio del Carmen…
15:00 horas del mediodía…

— ¿Dónde están? ¿Qué habéis hecho con ellas? — Jordi golpeó fuertemente al prisionero, tan fuerte que tiró también la silla en la que lo habían atado sobre el suelo del cuarto de baño donde lo tenían.
—No tan fuerte… O lo matarás antes de que hable— dijo Mishuro mientras volvía a poner la silla en su sitio. Después de eso, miró a aquel tipo —Te sugiero que respondas a lo que te preguntamos ¿Dónde están las chicas que había aquí?
El prisionero se llamaba Damián. Después de que lo encontraran herido en la despensa de la casa, le habían curado las heridas, literalmente le habían salvado la vida, aunque solo lo habían hecho para que les dijera donde estaban Sandra y Amelia. Era indudable que él, tenía algo que ver con su desaparición.
—No sé de qué me estáis hablando. Yo solo pasaba por aquí— respondió Damián mientras escupía un gargajo de sangre que cayó cerca de las botas de Jordi.
— ¿Pretendes que nos creamos eso? — preguntó Jordi caminando de nuevo hacia el con intención de golpearle, ero Mishuro lo paró a tiempo y negó con la cabeza, sabía que Jordi se ensañaría con él.
—Escucha, no has dormido nada en toda la noche. Ve y descansa, yo me encargo de esto— Jordi quiso decir algo, pero Mishuro nuevamente se adelantó —Estás muy estresado… Yo puedo ocuparme de esto.
Jordi salió del cuarto de baño dando grandes zancadas y cerrando de un portazo. Estaba furioso, aunque Mishuro tuviera razón en lo que decía. Una vez fuera, se sentó en uno de los sofás rasgados del salón y comenzó a pensar en muchas cosas.
— ¿A ellas también vas a dejarlas morir como a mí? — la voz de su hijo Adrián sonó justo a su lado, incluso Jordi logró verlo por el rabillo del ojo, sentado en una de las sillas.
—No te dejé morir… Es que no había nada que hacer— respondió Jordi —Tampoco las dejaré morir a ellas. Cuando sepamos donde están, yo mismo iré a salvarlas.
—Qué bonito— la mujer de Jordi apareció por uno de los lados del sofá acariciándole la nuca y se sentó a su lado —Es muy tierno. De verdad… Lástima que solo sean palabras.
Jordi se golpeó varias veces la cabeza, tratando de sacar a su mujer e hijo de allí para que dejaran de hablarle, pero ni así lo logró —No estáis aquí. Fuera de mi cabeza.
—Con nosotros no decías esas cosas— dijo su hijo.
—No. Nosotros éramos una carga y por eso no moviste un dedo cuando moríamos. Sobretodo yo— añadió su mujer —Yo era un estorbo… Cuando conociste a Amelia te vino de perlas que a mí ya se me estuviesen comiendo los gusanos… ¿Cómo si no ibas a poder follartela? Que patético.
— ¿Por qué no me salvaste?
En ese momento, Amelia apareció sentada frente a él. Vestía exactamente igual que el día que la conoció, pero la herida del muslo era visible y sangrante, como si no la hubiesen curado. En su vientre, se podían ver varias heridas, como si la hubiesen apuñalado repetidas veces.
— ¿Amelia? — preguntó Jordi con lágrimas en los ojos.
—Vaya por dios. A ella si le da credibilidad— murmuró su mujer con sarcasmo.
—No sabía lo que estaba sucediendo. Yo estaba buscando antibióticos para evitar infecciones ¿Cómo iba a saber que ibas a desaparecer? Sandra cuidaba de ti— respondió Jordi poniéndose de pie y caminando hacia ella.
******
—Te lo pediré amablemente. Dime donde están las dos chicas que estaban aquí. Te hemos curado las heridas y te has salvado. Ahora, quiero que me digas lo que quiero saber— dijo Mishuro tratando de mantener la calma, la cual, estaba minándose cada vez más por culpa de las respuestas negativas de aquel tipo. Por si fuera poco, estaba escuchando a Jordi hablar solo… Y Damián también lo escuchaba.
—Yo que tú, me preocuparía más por el tarado de tu amigo. Hablar solo… No es buena señal. Algo le funciona mal en el coco. Olvídate de tus amiguitas.
— ¿Dónde están? — preguntó Mishuro —No me hagas preguntártelo más veces. No te gustarán las formas. De momento estoy siendo amable.
— ¿Y qué vas a hacer Jakie Chan? ¿Vas a hacerlo tú mismo o vas a mandar por una vez a algún doble? Me muero de ganas de saberlo.
Mishuro no respondió, caminó hacia la mugrienta bañera y abrió el grifo dejando correr el agua, menos mal que aún quedaba. Era algo que todavía no había desaparecido, a diferencia de la luz eléctrica, que hacía tiempo que había dejado de funcionar, mandándolos prácticamente a la edad media.
—Te conviene ser sincero y decir la verdad— respondió Mishuro.
Damián movió el cuello haciéndolo crujir y sonrió mirando al joven de origen japonés — ¿Y por donde quieres que empiece? ¿Empiezo a contarte como las encontramos? ¿O prefieres que te cuente lo que estarán haciendo con ellas ahora? Bueno, con ella, la de la herida en la pierna tenía muy mala pinta. A la otra, puede que se estén turnando para follarsela. Cuando hayan terminado con ella, estará tan zumbada que será como tirarse a uno de esos muertos, ya ni pestañeará. Será cuando imagino que se la darán de comer a los perros.
— ¿Dónde están? — preguntó Mishuro.
—Busca en las páginas amarillas… Igual por afinidad de color… Te da mejores resultados.
La bañera terminó de llenarse y Mishuro cerró el grifo. Miró de nuevo a Damián —Ultima oportunidad ¿Dónde están?
—Que te den— respondió Damián escupiéndole a Mishuro.
Sin mediar palabra, el japonés agarró al prisionero y lo inclinó sobre la bañera que estaba a rebosar —El ser humano, tiene una capacidad pulmonar limitada. El tiempo máximo en el que una persona puede aguantar la respiración, es de un minuto. En ocasiones, ha habido gente que ha aguantado más. Vamos a comprobar cuál será tu record— Mishuro hundió la cabeza de Damián bajo el agua y la mantuvo ahí.
******
—¿Qué es lo que harás ahora? Te estás dando cuenta que es muy posible que hayas perdido a una mujer por la que empezabas a sentir algo…  Otra vez estás perdiendo a alguien ¿Se puede ser más desgraciado? — preguntaba la mujer de Jordi. Esta se encontraba sentada en el sofá con las manos sobre su regazo —Menudo inútil.
—La soledad no era una buena idea— dijo Adrián desde su silla.
—Ni la compañía— añadió Amelia —Fíjate como ha acabado todo… ¿Recuerdas la vez que nos encontramos en ese túnel? Ibas a matarte… Yo te salvé y después te confié mi vida… ¿Y para qué? Yo estoy ahora quien sabe dónde… Probablemente muerta. Mientras tanto, tu, andas perdiendo el tiempo lloriqueando. Eres un desastre.
Jordi no podía soportarlo más, solo quería que se callasen de una maldita vez.
******
Mishuro sacó la cabeza de Damián del agua cuando vio que comenzaba a ahogarse. Lo cogió del pelo y echó su cabeza hacia atrás.
— ¿Dónde están?
—¡¡¡Que te jodan cabrón!!!— respondió Damián con un grito.
—Respuesta errónea— respondió Mishuro al tiempo que volvía a meterle la cabeza en al agua. No pasó mucho tiempo hasta que Damián volvió a comenzar a ahogarse. Cuando se la sacó, volvió a mirarlo —No te daré más oportunidades. Si no respondes, pasaré de ahogarte a comenzar a cortarte partes del cuerpo. Mientras puedas hablar, te sobran brazos y piernas. No me obligues a llegar a ese punto— Damián no respondió. Eso hizo que Mishuro lo tirara al suelo.
Mishuro le liberó una mano a Damián y con un pie, le pisó el brazo, desenvainó su katana y se la mostró a su prisionero.
—Estás loco— dijo Damián entre jadeos, estaba sudando de puro terror.
—Loco no. Solo aprendí bien— respondió Mishuro al mismo tiempo que le cortaba la mano. El grito de Damián fue estremecedor, tanto que incluso a Mishuro se le heló la sangre — ¿Hablarás ahora?
En ese momento, Damián comenzó a hablar —Está bien. Te diré lo que quieres saber, pero para. No me dejes morir.
Mishuro salió del baño tras asegurarse que Damián ni se escapaba ni se desangraba, tenía la intención de encontrarse con Jordi y contarle lo que había sucedido. Al salir, vio a su compañero sobre una de las sillas, llorando amargamente. Rápidamente corrió hacia él y lo obligó a mirarle.
—Eh ¿Estás bien? Vuelve conmigo de donde estés. Ese cabrón ha hablado y va a confesar donde están. Primero tenemos que curarlo— Mishuro miró a su alrededor — ¿Qué ha pasado? ¿Hablabas con alguien?
—No… Con nadie— respondió Jordi mirando a su compañero. De pronto, la mirada y expresión de Jordi cambió —Veamos lo que nos tiene que decir ese desgraciado.

Valencia…

Los ojos de Sandra se acostumbraron a la oscuridad del lugar. Había más gente a su alrededor, todos al igual que ella, encadenados.
El olor allí dentro, desde que se había despertado, era una mezcla nauseabunda. Olía a orina, excrementos, vómitos y descomposición. Primero miró a su derecha y vio a un hombre mayor que respiraba con dificultad. Cuando miró a su izquierda, se encontró con el rostro putrefacto de un No Muerto que intentó morderla. Aunque gracias a las cadenas, no pudo alcanzarla.
Sandra volvió a mirar a su alrededor haciéndose varias preguntas ¿Dónde estaba? ¿Y dónde estaba Amelia? Ella estaba herida y necesitaba ayuda urgente.
Sandra comenzó a recordar lo que había pasado antes de verse en aquel lugar. Ella estaba en aquel piso del barrio del Carmen cuando un grupo de personas irrumpieron en el inmueble. Todo ocurrió muy rápido, tanto que no le dio tiempo a disparar. En pocos segundos se vio apresada y golpeada. Lo último que recordaba antes de desvanecerse, fue a su perro Yako abalanzándose sobre uno de los intrusos ¿Qué habría pasado con su fiel compañero? ¿Y cuál habría sido la reacción de Jordi y Mishuro al volver a la casa?

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