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Gracias y bienvenidos al blog. En este blog podréis leer desde el principio la historia titulada Zombies (Esta vez corregida y mejorada), a la que le seguirán sus secuelas: Necroworld y The Survivors Land. En ellas, seguiréis el periplo de un grupo de supervivientes que iniciarán su historia en el pueblo Valenciano de Puzol, pasando por Valencia capital, Barcelona y Madrid. Un periplo que les llevará hasta los Estados Unidos. Esta historia es probablemente la historia de Zombies más larga de la red, ya que cada una de sus partes, cuenta con 200 capítulos en su totalidad. Si te gusta, sígueme en el blog y mis redes sociales, contacta conmigo por Email y suscribete via Email en la pestaña Email address para estar informado de las publicaciones. Esta historia también puede leerse en Wattpad.

jueves, 18 de octubre de 2018

ZOMBIES: Capitulo 032 La Ciudad Sometida


Capítulo 032
La ciudad sometida

Día 9 de enero de 2018…
Valencia…  12:35 horas de la mañana…

Mishuro observó “La ciudad de las artes y las ciencias” de Valencia desde lo alto de uno de los edificios que había justo delante. Era tal y como Damián les había confesado. No había mentido en nada.
Lo que hace tiempo fue un complejo dedicado al ocio y la cultura, se había convertido en una especie de Metrópolis donde sus habitantes iban y venían, protegidos en todo momento por vallas electrificadas gracias a unas placas solares y por tipos totalmente armados hasta los dientes que mantenían a raya a los caminantes que se acercaban.
Jordi tomó los prismáticos para mirar el también, quería sobretodo comprobar la seguridad del lugar.
—No podremos sacar a Sandra y a Amelia de ahí, así como así— murmuró Jordi observando todo el lugar. En ese momento, vio como dejaban paso a un convoy de varios vehículos y volvían a cerrar las vallas tras su paso.
—Aquí subsisten mediante el trueque…— comenzó a decir Damián —Así es como comercializan con la gente de fuera. Trafican con personas a las que venden por gran cantidad de armas y comida.
—Las cambiaremos por ti— dijo en ese momento Jordi. Algo que hizo mucha gracia a Damián —¿He dicho algo que te ha hecho gracia?
—Haced memoria ¿Cómo me encontrasteis? — preguntó Damián. Cuando Mishuro y Jordi intercambiaron una mirada, el siguió hablando —Exacto. Me dejaron por muerto y ni siquiera volvieron la vida atrás. No os darán una mierda por mi… —Damián les enseñó el muñón —…Y ahora aun os darían menos por un hombre al que le falta una mano. Estáis jodidos.
Mishuro sintió ganas de golpear a Damián, pero se controló y no lo hizo, respiró hondo y miró a Jordi —A nosotros no nos conocen de nada. Si nos acercamos, imagino que nos dejarán pasar.
—¿Cómo estás tan seguro?
—Viven a base del trueque ¿No? Pues aprovecharemos esa ventaja. Seremos uno más de ellos. Tiempo más que suficiente para dar con las chicas— continuó diciendo Mishuro.
En ese momento escucharon un ruido parecido a un motor. No tardaron en ver un helicóptero de color blanco surcando los cielos, muy cerca de su posición. En un lateral del fuselaje, podían verse dos grandes letras de color dorado “J.S”.  Rápidamente, Mishuro y Jordi se ocultaron, no podían dejarse ver.
El helicóptero pasó justo por encima de donde se encontraban y no tardó en comenzar a tomar tierra, precisamente en el lugar al que pretendían ir. Mishuro y Jordi salieron de su escondite y se asomaron.  Aunque no pudieron ver quien o quienes se bajaban del aparato, si pudieron notar que era alguien importante.
—Oye… ¿Qué significa esto? — Mishuro quiso preguntar a Damián, pero este había desaparecido. Rápidamente, el joven japonés comenzó a correr por la azotea buscando al rehén huido —Maldita sea. Solo lo perdí de vista unos segundos ¿Cómo ha podido huir?
—Tenemos que encontrarlo antes de que avise a los otros— dijo Jordi.

Edificio Espai Verd…
Valencia…

—¿Lo has entendido? — preguntó Juan. Cuando Luci asintió, prosiguió hablando —Una vez ahí dentro no habrá vuelta atrás. Tuve que encerrarlos porque eran demasiados para mí.
Luci volvió a asentir e introdujo las manos en el vientre del No Muerto al que acababan de matar, después, comenzó a untarse las entrañas por todo el cuerpo. Juan hizo lo mismo.
—Te lo repetiré. Debemos acabar con todos ellos, con este camuflaje será un paseo. Cuando lleguemos al ático y allí veas a tu hija… No lo dudes.
Luci asintió de nuevo. Juan le había contado que todos los habitantes murieron. Que su hija era una No Muerta que deambulaba por los pisos superiores. Se encontraba justo en el bloque por la que cuya puerta no había podido pasar. Juan le había contado también que aquel edificio había albergado a más personas cuando todo comenzó a suceder.
—Cuando encuentre a mi hija…— comenzó a decir Luci —Quiero que me dejes a solas con ella. Es solo asunto mío.
—De acuerdo, pero se prudente. Eso sobretodo— respondió Juan.
Ambos comenzaron a subir pisos del bloque despejado y llegaron a uno de los pisos cuyas casas estaban abiertas. Se adentraron en una de ellas y se asomaron por una de las ventanas.
—Ahora avanzaremos por aquí hasta la otra zona y entraremos a través de esa ventana de allí— Juan señaló una ventana que había al otro lado. Iban a tener que ir muy pegados a la pared si no querían caer abajo. Había cuatro pisos de caída.
Juan se giró hacia Luci y la vio pensativa —¿Qué ocurre?
—¿Cómo cayó este lugar? — preguntó en ese momento Luci. No había hecho antes esa pregunta, la realidad era que le aterraba saberlo.
Juan respiró hondo y la miró —¿Recuerdas cuando te pregunté si venías a matarme? — Luci asintió y Juan continuó hablando —Aquí en Valencia existían tres grandes concentraciones de supervivientes. Una era esta, la otra…
—El Mestalla— dijo rápidamente Luci.
Juan asintió —La otra es la ciudad de las artes y las ciencias. Al principio, todo iba bien entre las tres, pero… Un día, el que estaba al mando en la ciudad de las artes y las ciencias, decidió que bastaba con una comunidad. Así que… En primer lugar, ofreció que todos nos uniéramos, pero hubo negativas por parte nuestra y de El Mestalla. Las represalias no tardaron en llegar.
—¿Quién es el responsable de La ciudad de las artes y las ciencias? — preguntó Luci.
—Solo lo he visto una vez… Pero su nombre es Jonah Snyder… Lo llaman “El Bebé”. Al parecer es un traficante de drogas y de armas. Es un sádico de corta estatura.
Luci asintió —Cuando hagamos lo que hemos venido a hacer, iré a la ciudad de las artes y las ciencias y me cargaré a ese bastardo. Él es el responsable de la muerte de mi hija.
Juan asintió y miró a Luci —Es lo correcto.

Ciudad de las artes y las ciencias…
Valencia…

Jonah Snyder, más conocido como el bebé, bajo de su helicóptero privado y puso sus zapatos más nuevos sobre el césped de los jardines que había alrededor de su gran propiedad. Aunque su estatura era corta, ciento quince centímetros, ejercía un gran terror sobre todos aquellos que vivían en su territorio. Se había montado un imperio, uno que lo hacía sentirse como un rey. Un soberano tiránico que había sometido a toda una ciudad.
Nació en Alemania, y enseguida fue diagnosticado de acondroplasia, una enfermedad que le producía enanismo, pero eso, no le impidió ser el hombre que era.
—Bienvenido señor— dijo uno de sus mayordomos mientras se inclinaba para besarle la mano. Snyder clavó sus ojos verdes en él y sonrió.
—¿Acaso quieres meterme ficha? Déjate de mariconadas ¿Me habéis preparado el baño? — preguntó Snyder.
—Con pétalos de rosa, velas y chicas— respondió su asistenta —Tenemos chicas nuevas.
—¿Están limpias? — preguntaba Snyder mientras caminaba —Hoy quiero follar sin goma y no quiero encontrarme con una colección de venéreas. O peor, con alguna a la que hayan mordido recientemente.
—No señor… Todas han sido exhaustivamente revisadas y están perfectas… Y son fértiles— respondió su asistenta mientras se ajustaba las gafas.
—¿Alguna menor? — preguntó Snyder parándose y mirando a los que le seguían. Al ver que todos se miraban, sonrió —Estaba de coña ¿Pensáis que soy un pedófilo de mierda? Solo os estaba tomando el pelo… Pero, suelen pagar mucho por ellas.
Snyder avanzó junto a sus asistentes y guardaespaldas hasta el gran museo de las artes y las ciencias, allí, él, a lo largo y ancho de toda la estructura, tenía su habitación y otras estancias más. Solo él y sus protectores tenían acceso. Era como el castillo del reino.
Llegó hasta lo que era su habitación y nada más llegar, se encontró a una chica joven vestida de doncella sentada en la cama. Era morena de piel y tenía el cabello oscuro. Snyder se fijó en sus ojos, pese a estar totalmente atemorizados, comprobó que eran exactamente idénticos a los suyos, de un color verde oscuro. Parecía árabe.
— ¿Cómo te llamas? — preguntó Snyder mientras caminaba hacia la cama quitándose la corbata. —Mi nombre es Jonah.
—Me llamo Fátima— respondió la chica. Al mismo tiempo, por su acento, se delató como una chica quizás de marruecos.
—No tienes por qué tener miedo. No soy ningún monstruo— Snyder se subió a la cama con cierta dificultad debido a su pequeño tamaño, pero cuando lo consiguió, se situó detrás de la muchacha y le puso las manos en los hombros. Notando el temblor de la chica — ¿Te han dicho para que estás aquí?
—Para complacerle señor— respondió la chica casi en balbuceos.
Snyder deslizó sus manos hasta los pechos de la chica y los acarició. Comenzaba a excitarse —Estás nerviosa… ¿Eres virgen? — Snyder recibió como respuesta un movimiento afirmativo de cabeza por parte de la chica —Eso me gusta… No te imaginas cuanto, porque voy a poder enseñarte.
Snyder dirigió a la chica hasta que la tumbó en la cama, allí la desnudó despacio, tomándose su tiempo. Cuando le quitó toda la ropa, comenzó a quitársela él. La muchacha no lo miraba, únicamente miraba al techo.
Snyder comenzó a lamerle los muslos, la chica no dejaba de temblar. Él se incorporó y la miró —Así no habrá manera. Tienes que relajarte y aceptar lo que va a pasar… Además, puede que pienses en golpearme y escapar… Pero permíteme decirte que no llegarías muy lejos— Snyder se lanzó sobre ella y sonrió —Vas a disfrutar…
Lo siguiente que notó Fátima, fue como aquel tipo tan desagradable, la penetraba. Después, sintió como la embestía mientras gotas de saliva caían de la boca de él, sobre su cara y pecho, además de un fuerte dolor. Ella solo estaba deseando que acabara.
No pasó mucho tiempo hasta que notó como aquel hombre terminaba dentro de ella. Lo hizo con un gemido, después, cuando lo notó salir, tuvo la sensación de que algo que parecían gotas, corrían por su entre pierna.
—Ha estado muy bien— comenzó a decir Snyder —Lo tienes prieto, justo como a mí me gusta.
Ella no respondió, estaba asqueada y en estado de shock. Aquel maldito engendro la había violado. Se sintió destruida, no podía soportarlo. Rápidamente se levantó de la cama y comenzó a mirar en todas direcciones mientras respiraba agitadamente, estaba teniendo un ataque de pánico. Fue en ese momento cuando fijó su mirada en aquel que la había violado, se lanzó contra él y puso sus manos en el cuello del enano.
Snyder comenzó a dar golpes en los brazos de ella con los puños cerrados mientras intentaba gritar, pero sin éxito.
Snyder estaba perdiendo el conocimiento cuando escuchó un estruendo y unas gotas cayeron sobre su rostro. Abrió los ojos y vio una flor de color rojo en el pecho de la chica, después, esta se desplomó sobre la cama. Snyder se arrastró sobre las sabanas y cayó al suelo.
Se calmó y miró hacia la puerta de su habitación y se encontró con un rostro familiar. Le habían salvado la vida.
— ¿Todo bien Jonah?
—Teodoro… ¿Qué te trae de nuevo por aquí?
******
Jordi y Mishuro bajaron los escalones desesperados, Damián les llevaba una ventaja de dos pisos, podían verlo bajando rápidamente, saltando los peldaños de dos en dos. Tenían que alcanzarlo.
Mishuro aceleró el paso, pese a que comenzó a chocarse contra las barandillas de las escaleras y contra las paredes. Logró alcanzar a Damián en un tiempo record y lo hizo en la planta baja del edificio. Lo embistió con tanta fuerza que ambos chocaron contra la pared más cercana y cayeron al suelo.
Justo en ese momento, Jordi los alcanzó poco después y logró inmovilizar a Damián contra el suelo mientras miraba a su compañero.
— ¿Estás bien?
—Si— respondió Mishuro apoyándose en la pared —No dejes que se vuelva a escapar.
—No te preocupes— dijo Jordi. En ese momento, agarró una de las piernas de su prisionero y se la partió. El crack que sonó, fue rápidamente tapado por el desgarrador grito de Damián —Ya no se volverá a escapar.
—¡¡¡¡Estás loco maldito desgraciado!!!!— gritó Damián.
Justo en ese momento, ante la puerta de la entrada, comenzaron a aparecer figuras tambaleantes que comenzaban a tocar el cristal. Eran No Muertos atraídos por el grito.
—Volvamos a arriba. Si no nos ven, pronto perderán el interés— dijo Mishuro incorporándose.
Ambos hombres cogieron a Damián por los brazos y comenzaron a subir los escalones. Se plantaron ante una puerta que daba a una vivienda y el joven asiático abrió la puerta de una patada. Entró con la espada en alto y cuando vio que era seguro, le indicó a Jordi que pasara.
Una vez estuvieron dentro, cerraron la puerta y la aseguraron con un mueble. Una vez estuvieron más tranquilos, Mishuro tumbó a Damián en el sofá del salón y comenzó a observarle la pierna.
—Se la has destrozado— dijo Mishuro mirando a Jordi, el cual, se había acercado a una de las ventanas para mirar hacia la calle.
—Que no hubiese intentado huir… ¿Qué hacemos ahora?
—Ya sabemos dónde están. Para entrar ahí tendremos que infiltrarnos. Elaboremos un plan— respondió Mishuro —Si por mi fuese, estaríamos ya dentro, pero sería entrar a ciegas. Hay que ser cautos, si metemos la pata, muertos no les serviremos de nada. Ten paciencia.
Jordi entendía lo que su compañero quería decir, solo esperaba que no llegaran demasiado tarde.

Espai Verd…
Valencia…

Juan y Luci avanzaron por la cornisa, muy pegados a la pared, un paso en falso sería el fin para uno de ellos.
No tardaron mucho en alcanzar la ventana que había indicado Juan, cuando la cruzaron, se encontraron en una sala de estar llena de maniquíes y varios percheros llenos de ropa. En un rincón había una mesa con una máquina de coser y varias prendas de ropa, además de varios rollos de tela.
—Aquí vivía una mujer que se hacía su propia ropa, por eso los maniquíes— explicó Juan mientras Luci se acercaba a uno de ellos. De haber entrado de noche, aquella estancia sería bastante inquietante —Era muy maja.
Luci no parecía escucharlo, se dirigió directamente hacia la puerta de aquella habitación. Cuando la abrió, se encontraron en un pasillo bastante largo con un tronco de árbol atravesando una de las ventanas.
Pasaron por debajo del tronco y enseguida se toparon con una No Muerta. Era una mujer rubia que únicamente vestía un albornoz de color azul manchado de sangre, en un costado podía verse la herida que le produjo la muerte, un impacto de bala con un arma de gran calibre. Luci avanzó hacia ella sin que la caminante reparara en ella y le clavó la hoja de la espada en la cabeza. El cuerpo se derrumbó como un saco de patatas.
—Llegaron de noche y comenzaron a matar aleatoriamente a todos los que se cruzaban. Querían que se convirtieran— explicó Juan.
Luci lo miró en ese momento — ¿Y mi hija cómo murió?
Juan negó con la cabeza —No lo sé. Creo que ella y su madre de acogida quedaron atrapadas y las devoraron… No las he visto… Escucha… Si esto va a ser duro para…
Luci no escuchó más, siguió adelante y salió de la vivienda en dirección al piso que quería llegar, acabando con todos aquellos caminantes que se cruzaban en su camino.
Subió pisos a gran velocidad. Finalmente, llegó al piso que quería ir y se centró en la vivienda. Caminó hacia ella y abrió la puerta. Se encontraba en uno de los áticos.
Los cristales del gran ventanal estaban rotos y el salón se había llenado de hojas secas. Luci recorrió toda la casa en busca del cuerpo reanimado de su hija, pero sin éxito. Finalmente, solo le quedó una habitación en la que mirar.
Se plantó ante la puerta y puso su mano sobre el pomo. Su corazón comenzó a acelerarse justo cuando Juan apareció allí también.
— ¿Estás segura de lo que quieres hacer?
Luci asintió, tragó saliva y abrió la puerta. Lo primero que sintió fue el olor a descomposición. Lo siguiente, fue ver cuatro cuerpos. Uno de ellos, el de una mujer, estaba sentado en el suelo y apoyado en un armario, junto a ella, todavía en su mano derecha, descansaba una pistola. Lo que más le impactó, fueron los tres cuerpos de menor tamaño que había tumbados en la cama, eran dos niños y una niña.
Luci sintió en ese momento que todo se desmoronaba. Comenzó a llorar y avanzó hacia la cama, cogió el cuerpo de la niña en brazos y después se sentó en el suelo con él. comenzó a mecerla mientras estallaba en un llanto.
Juan la observó sin decir nada, comprendía bien esa reacción, porque prácticamente había pasado por ello. Miró a su alrededor y entonces vio una videocámara de la que colgaba una nota en la que podía leerse: “Para quien lo encuentre”
Juan tomó la videocámara y la encendió, comprobó que estuviese cargada la batería y vio que no lo estaba, de todos modos, eso tenía fácil solución. Guardó la cámara en una pequeña mochila que descolgó de una silla y volvió a mirar a Luci.
—Tenemos que salir de aquí. Hay cuerpos que enterrar— hizo una pausa —He encontrado una videocámara que puede esclarecer que pasó aquí. Puedo cargar la batería ahí abajo.
Luci se incorporó con su hija en brazos y miró a su compañero —Cuando la haya enterrado… Cuando los hayamos enterrado a todos…— tumbó de nuevo a su hija en la cama —…Cuando hayamos limpiado esto… Iremos a cazar a un cabrón.

Ciudad de las artes y las ciencias…
Valencia…

Snyder y Teodoro se encontraban en una especie de terraza, ambos sentados en una mesa con una botella del vino más caro y dos copas. Los guardaespaldas de “El bebé” permanecían en silencio y de pie.
—Bueno viejo amigo ¿Qué te trae por aquí? Hacía meses que no te veía— dijo Snyder mientras hacia un gesto para que les llenaran las copas. Un chico joven no tardó en acercarse para completar la orden.
—Necesito armas… Armas de gran calibre— respondió Teodoro
—Ya te llevaste armas no hace mucho… Somos amigos, pero debo preguntar para qué. Un arma de gran calibre no son unas 9mm. Si se tratara de eso, no haría preguntas.
Cuando la copa de Teodoro estuvo llena, comenzó a beber. Consumió rápidamente su copa y la dejó sobre la mesa —Mi hijo ha muerto. Lo mataron. En concreto lo mató un tipo. Ese malnacido es al que quiero dar caza… No solo eso, quiero matar a todos y cada uno de los que están con él, quiero desmoronar el puto castillo en el que vive.
Snyder bebió también de su copa, pero no se la terminó, la dejó sobre la mesa y miró a Teodoro —Lamento escuchar eso. Chris era un buen chico, tenía actitud para sobrevivir en este nuevo mundo… Aun así, estamos hablando de armas potentes… Y las tengo, pero no son precisamente baratas. Tienen un alto coste. No puedo dártelas sin más, ni aun siendo amigos… Como mucho, puedo hacerte una rebaja.
—Pagaré lo que sea necesario, pero las necesito ya— respondió Teodoro.
—Lo sé. De momento, pasa aquí la noche y distráete. Echa un polvo si lo deseas… Mañana hablaremos de negocios.

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