Seguidores

Agradecimientos

Gracias y bienvenidos al blog. En este blog podréis leer desde el principio la historia titulada Zombies (Esta vez corregida y mejorada), a la que le seguirán sus secuelas: Necroworld y The Survivors Land. En ellas, seguiréis el periplo de un grupo de supervivientes que iniciarán su historia en el pueblo Valenciano de Puzol, pasando por Valencia capital, Barcelona y Madrid. Un periplo que les llevará hasta los Estados Unidos. Esta historia es probablemente la historia de Zombies más larga de la red, ya que cada una de sus partes, cuenta con 200 capítulos en su totalidad. Si te gusta, sígueme en el blog y mis redes sociales, contacta conmigo por Email y suscribete via Email en la pestaña Email address para estar informado de las publicaciones. Esta historia también puede leerse en Wattpad.

miércoles, 28 de noviembre de 2018

ZOMBIES: Capitulo 042 El Placer de matar


Capítulo 042
El Placer de matar

Día 17 de enero de 2018…
11:00 horas de la mañana…
Instituto de Puzol…

Sánchez decidió regresar al hospital y Lidia lo acompañó hasta la puerta donde esperaba su coche, desde la derrota de los cazadores, el doctor se había trasladado al instituto junto a los heridos a los que había tratado en el hospital. Había estado muy pendiente del estado de J.D hasta que este evolucionó favorablemente. Con todo más tranquilo, debía volver a su laboratorio para seguir trabajando en la cura.
— ¿Hay avances? — preguntó Lidia mientras caminaba hacia el vehículo.
—Eso creo, pero al estar solo… Y sin demasiados medios… El proceso es lento ¿Por qué no vienes conmigo y me ayudas con la investigación? — Sánchez se paró y agarró a Lidia de la mano —Serias de gran ayuda.
Lidia lo agarró de la mano y lo miró con una sonrisa —Todo eso terminó. Ya lo sabes. Y aquí hay gente que me necesita.
Sánchez sonrió —Bueno… Ya no insistiré más. Tienes razón en que todo aquello terminó. Sin embargo, si necesitas algo, quiero que sepas que las puertas del hospital están abiertas. Por otro lado, si descubro algo, regresaré a compartirlo con vosotros.
Llegaron al vehículo y allí, el doctor se subió. Después, Lidia hizo un gesto a los guardas para que abrieran las puertas. Sánchez se despidió de nuevo de Lidia y abandonó el instituto.
Lidia se dio media vuelta y comenzó a caminar de nuevo hacia el interior del edificio, había quedado con Bosco y con Anna para revisar que tal iba el bebé. No quedaba mucho para que naciese, y dados los últimos acontecimientos, cabía la posibilidad de que el parto se adelantase, debían estar preparados.
Entró dentro del edificio y recorrió los pasillos, pasó entonces junto a la armería y fue cuando vio a Raúl y a otros sacando armas. Lo cual era extraño, eso solo pasaba cuando se preparaba una salida y no se había programado ninguna para ese día.
— ¿Qué estáis haciendo? — preguntó Lidia acercándose al grupo. Allí vio a Toni cagando con un rifle. Cuando Raúl la vio, se acercó todo lo rápido que las muletas le permitieron.
—Doctora… Es un placer verla— dijo Raúl.
— ¿Quién ha autorizado esto? No hay programada ninguna salida.
Raúl se giró para mirar a los demás y después se giró hacia ella —En realidad si la hay. Aunque usted no tiene el por qué estar metida en ella— Lidia no entendió aquello y arqueó una ceja, Raúl suspiró y siguió hablando —Le ofrezco la posibilidad de quedarse aquí. Vamos a echar de aquí al resto de sus compañeros. Y lo haremos a la fuerza si es necesario.
Lidia seguía sin entender a que se refería, pero cuando retrocedió unos pasos, se encontró con que dos hombres se habían situado detrás de ella y le estaban apuntando.
—Será mejor que no grite ni haga una estupidez. Queremos evitar la violencia…— dijo Raúl con una sonrisa.
******
Me encontraba con Nora en la enfermería. La había acompañado para limpiar su herida y de paso ver a J.D, al que todavía no conocía mucho. Allí, esperando a Lidia también se encontraban Bosco y Anna.
—…Y existen seis gemas…— Nora me estaba contando una trama de unos comics de marvel, aunque yo no estaba prestando demasiada atención, por lo tanto, ella me pegó un golpe en el hombro —No me estás escuchando. Te estoy hablando de un arco de “Avengers” y tú no me estás haciendo caso.
—Yo he sido más de manga, la verdad— respondí —Aunque hace años que no sigo nada relacionado con el tema. Estaba hasta arriba de trabajo. Ahora, la verdad es que pienso menos en mis aficiones de juventud.
—Sí, dentro de nada serás un abuelo cebolleta— respondió ella.
—Parecéis padre e hija— dijo en ese momento Anna mientras nos miraba con una sonrisa al mismo tiempo que se acariciaba la abultada barriga —Habláis del mundo que hemos dejado atrás y me hace pensar que eso para nuestro hijo, no serán más que leyendas. Él nunca lo conocerá.
—Pero conocerá a sus padres— respondí yo. Aunque lo que decían era totalmente cierto, ese bebé nacería en un mundo que, para él, sería el único, a diferencia nuestra, que sabíamos a la perfección todo lo que se había perdido.
—Ya me ocuparé yo de contarle historias…— dijo Bosco acariciando el cabello de su novia.
—Hablando de historias… Y no quiero parecer cabrona, pero creo que para los futuros niños les hablaré de películas como si fueran historias creadas por mí. Total, nadie me va a cobrar los derechos de autor.
—Star Wars ni tocarla— dijo J.D desde su camilla y con una sonrisa —Esa me la adjudico yo.
No pude evitar reír a carcajadas. Era la primera vez que disfrutaba de un momento así, era como si no hubiese pasado nada y que aun estuviésemos viviendo una vida cotidiana. Pensé en el futuro y en los años que viviríamos allí, donde ahora más que nunca, pensaba en que, aunque fuese a pequeña escala, podríamos recomenzar una pequeña civilización. Por primera vez, no veía un futuro oscuro.
La puerta se abrió de repente y vi entrar a Lidia, justo cuando me dispuse a saludarla, vi que detrás de ella entraban Raúl y varios hombres más. Uno de ellos, apuntaba a Lidia en el costado con una pistola. Al ver eso, saqué la mía y les apunté.
— ¿Qué está pasando aquí? — pregunté mirándolos a todos los recién llegados y a Lidia.
—Baja el arma y puede que lo entiendas… De lo contrario, matarás a la doctora y a todos los que están contigo aquí… Y créeme… No quiero que corra la sangre— dijo Raúl.
Miré a los que estaban en la enfermería, los cuales se habían quedado petrificados ante la interrupción. Yo no entendía que ocurría, pero por el bien común, bajé el arma.
—Muy bien. Ahora déjala en el suelo y empújala con el pie— dijo Raúl. Yo hice lo que dijo y él sonrió, miró a Toni y le hizo un gesto con la cabeza. Este pasó junto a él y comenzó a cachearme.
—Lo siento— dijo Toni mientras me cacheaba. Cuando terminó, se giró y miró a Raúl —No lleva nada más.
—Perfecto. Cachead a los demás— ordenó Raúl. Acto seguido, varios de sus acompañantes avanzaron por la enfermería y comenzaron a cachear a Anna, a Bosco, a Nora y a J.D. De los cuales, al único que le encontraron una pistola, fue a Bosco.
— ¿Me vas a decir de una vez lo que está pasando aquí? — pregunté de nuevo mirando a Raúl.
—Esto es una insurrección. Hemos llegado a la conclusión de que ya no sois bienvenidos. Las cosas se complicaron para nosotros desde que llegasteis… Y la gota que colmó el vaso, fue que tu… — Raúl me señaló —… Trajeras a esos cazadores hasta nosotros. Lo siento por todos vosotros, pero os largáis de aquí. Ahora, empezad a desfilar.
Nora, J.D, Anna, Bosco y yo fuimos sacados de la enfermería, Nora y yo ayudábamos a caminar a J.D. Ya que él, era el que estaba peor de entre todos. Nos sacaron al recreo y allí nos encontramos con varios de nuestro grupo, todos desarmados.
Nos hicieron reunirnos y allí me encontré con David, Andrea, Moussa, Héctor, Félix y Leandro, el cual parecía que había sido golpeado al defenderse. Éramos once personas allí, totalmente desarmadas y siendo apuntados por los que habían sido nuestros compañeros.
—Ya basta de tanta broma ¿De qué va todo esto? — preguntó David
—No es ninguna broma… Nos hemos hartado de vosotros. Ahora guarda silencio o hago que cierres la boca para siempre— respondió uno de los hombres que acompañaba a Raúl.
David quiso responder e incluso acercarse para golpear a aquel tipo, pero Andrea no le dejó.
Minutos después, vimos como más hombres traían a punta de pistola a Molano y a los demás militares. A algunos de ellos también les habían golpeado, incluso parecía que Ángel llevaba una herida de bala en el brazo. Cuando llegaron junto a nosotros, crucé una mirada con Molano.
— ¿Ya están todos? — preguntó Raúl. Como respuesta, uno de sus hombres asintió. Raúl sonrió entonces —Muy bien. Creo que no hay mucho más que decir por que ya está todo hablado— señaló la puerta que llevaba fuera del instituto —Ahora la cruzareis y no volveréis la vista atrás. Y si a alguno de vosotros se le ocurre volver a asomar la nariz por aquí, no seremos tan comprensivos.
— ¿A Andrea también la echáis? Ella estaba con vosotros…— respondió David. Seguramente con la intención de no exponer a su novia a los peligros del exterior.
—Ella ya decidió cuando se metió en tu cama— respondió Raúl —Desde ese preciso momento, dejó de ser de los nuestros para ser de los vuestros. Una verdadera lástima. Nos lo habríamos pasado tan bien.
David quiso abalanzarse sobre Raúl, pero entonces le apuntaron varias armas —Yo no lo haría si estuviese en tu lugar. Ahora, cruzad esa puerta— Raúl vio a un grupo de caminantes en ese momento —Y os sugiero que corráis… Los que podáis.
Todos comenzamos a caminar a punta de pistola, cada paso que dábamos, nos alejaba más y más de una vida feliz allí. Todas esas ilusiones que me había hecho momentos antes, se estaban desmoronando como un castillo de naipes. Yo, no solo dejaba atrás un refugio, sino que también, el cuerpo de mi mujer, que seguía allí enterrado.
No nos enfrentamos a ellos, estábamos desarmados y no habría servido absolutamente de nada. Habríamos sido acribillados si hubiésemos intentado algo. Ni siquiera Molano, que hasta ese momento había sido el líder del instituto tras la muerte de Roberto, luchó por conservar su puesto. De hecho, estaba muy tranquilo.
Tal y como había dicho Raúl, nos alejamos del instituto sin mirar atrás.
******
Alicia y Rei observaron la partida del grupo desde la ventana, ninguna de ellas había querido participar en aquello. Vieron como cerraban las puertas y como los que los habían echado, se felicitaban entre sí por aquella proeza. La insurrección había sido un rotundo éxito.
—Esto que hemos hecho hoy… Nos perseguirá siempre— murmuró Alicia
—Nosotras no hemos participado. Yo tampoco estaba de acuerdo, pero es Raúl quien manda ahora y debemos acatar sus órdenes— respondió Rei.
—No hemos participado directamente, pero lo hemos permitido. Esto no ha terminado y sé que algún día nos arrepentiremos de esto. Prácticamente hemos matado a esa gente.
Toni apareció en esos momentos en el pasillo y se unió a sus compañeras, los tres observaron a través de la ventana y vio como varios de los habitantes lo celebraban. Se habían desecho de un grupo al que ellos consideraban problemáticos.

Puzol…
13:00 horas del mediodía…

Nos habíamos detenido a varias manzanas del instituto, necesitábamos descansar y curar el brazo herido de Ángel. Nos adentramos dentro de una iglesia y allí por el momento estaríamos ocultos. Nos asentamos allí tras comprobar a conciencia que era segura y que no había caminantes allí dentro.
Ayudé a sentarse a Nora y comprobé que los vendajes de Nora estuviesen correctos. Cuando me aseguré, la miré a los ojos.
—Siento que haya pasado esto…— le dije —Ojalá te hubiesen dejado quedarte.
—Yo no me habría querido quedar. Vosotros sois mi gente ¿Acaso crees que al ver como os echaban me habría quedado callada? No, para nada. Mi sitio está con vosotros.
En ese momento, la puerta de la iglesia se abrió y Molano pasó al interior, después cerró. A él, como siempre, lo acompañaba Enzo. Para ese soldado, Molano era como un dios al que había que proteger a cualquier precio… Y eso el comandante lo sabía tan bien que no le importaba usarlo a su favor.
—¿Todo bien ahí fuera? — preguntó David acercándose a ellos.
—Un rebaño está cruzando. No tardarán mucho en pasar de largo. Quizás en un par de horas— respondió Molano. En ese momento, el comandante me miró y me hizo un gesto con la cabeza. Eso significaba que tocaba hacer una pequeña reunión.
Lidia, Moussa, Jorge, Paco, Andrea, Víctor, María, Leandro y yo nos reunimos en torno a ellos y comenzó la reunión.
—Y bien… ¿A dónde nos dirigimos? La iglesia parece segura por el momento, pero tarde o temprano tendremos que salir de aquí… Si no queremos morir de inanición. Aunque si por mi fuera, volvería al instituto para pegarle una patada en los huevos a ese capullo— dijo Víctor refiriéndose a Raúl —¿Quién coño se ha creído que es?
—Te dispararían. No somos bienvenidos— respondió Moussa, que se encontraba de brazos cruzados a su lado —Debemos asumir que ahí no podemos volver.
—Iremos al hospital— dijo en ese momento Lidia —Alejandro me dijo que, si algo pasaba, siempre podríamos ir allí. Me lo dijo antes de largarse.
—Muy bien, pues allí iremos. Una cosa solucionada… Ahora queda otra cuestión ¿Cómo llegamos? El hospital está al otro lado del pueblo y no tenemos armas. No duraríamos mucho— dijo Paco —Somos casi veinte personas. Llamaríamos mucho la atención. Seriamos un blanco fácil para rebaños como el de fuera. Por no hablar de si nos intercepta algún grupo de saqueadores.
—Si nos intercepta algún grupo de saqueadores, no habrá gran cosa que saquear ¿No crees? — Preguntó María mirando a su compañero.
—Esos cabrones siempre encuentran algo que saquear. No los subestimes— añadió Jorge mirando a la militar —Nos encontramos en una situación que hasta saquean a las mismas personas. Las mujeres de este grupo no serías más que un producto más… Y no os matarían, pero desearíais estar muertas. Odio admitirlo, pero ahora mismo estamos en la mierda.
—De momento descansemos. Pasaremos aquí la noche y mañana por la mañana será otro día— dijo Molano —Cuando amanezca pensaremos en algo, y después nos dirigiremos al hospital.
La reunión quedó disuelta y regresé junto a Nora para contarle todo lo que se había hablado en esa pequeña asamblea.

Día 18 de enero de 2018…
Puzol… Iglesia…
07:00 horas…

Habíamos pasado la noche en aquella iglesia y esta había sido tranquila, aunque estábamos hambrientos. No teníamos nada que llevarnos a la boca. Me levanté del banco y observé que Nora seguía dormida, tuve que moverme despacio para no despertarla. Caminé hasta el altar, me senté en uno de los bancos más cercanos y me quedé mirando al cristo en la cruz.
—Nunca he sido creyente— comencé a decir —No creo para nada que haya alguien que cuide de nosotros ahí arriba… Y si lo hay… Tienes un pésimo sentido del humor… Sin embargo, si hay algo ahí… Lo que sea, debes ayudarnos. No nos dejes tirados ahora. Ya nos has jodido bastante.
—Siempre escucha—  dijo en ese momento Moussa sentándose a mi lado —Aunque no siempre da la respuesta deseada.
—¿Eres creyente? — pregunté
Moussa hizo una mueca —Siempre he seguido la religión musulmana. Aunque dejé de rezar hace mucho tiempo. Dejé de hacer muchas cosas… Pero creo que ahora deberíamos hacerlo…
—Yo nunca he rezado… Y lo que estoy haciendo ahora…— negué con la cabeza —No sé ni lo que es.
—Solo pides ayuda— dijo Moussa —Yo la pedí antes de aquella noche en la que nos conocimos. Recé para que me permitiera sobrevivir. De alguna manera me escuchó. O quizás es lo que quiero creer… El caso es que aquí estoy.
En ese momento, Molano comenzó a despertarnos —Muy bien gente. Es hora de salir de aquí. La calle está despejada y el rebaño se ha alejado unas manzanas.
Comenzamos a movilizarnos y acudí de nuevo junto a Nora. Con ella estaba Lidia.
—¿Cómo le ves la herida? — le pregunté a la doctora
—Está todo bien— respondió Lidia mirándome, pero mi mirada se dirigió en esos momentos a Bosco y Anna. El, la estaba ayudando a ponerse en pie.
—¿Y ellos?
—El embarazo de Anna va bien y pronto saldrá de cuentas. Es preferible que estemos en el hospital para entonces… De lo contario…— respondió Lidia mirándolos. —¿Qué haremos?
—Saldremos a las afueras y desde ahí avanzaremos hacia el hospital— respondí.
Todos estábamos listos. Habíamos usado manteles y cortinas para abrigar a los heridos y a Anna. Yo cargaría con Nora, mientras que otros se turnarían para cargar con J.D.
Los primeros en salir de la iglesia fueron Molano y los militares, cuando vieron que la calle seguía despejada, nos hicieron unas señas para que fuéramos saliendo. Nada más abandonar la iglesia, noté que Nora tembló de frio.
—Pronto entrarás en calor— le dije con una sonrisa.
Nos dirigimos hacia las afueras del pueblo, vigilando constantemente para no ser sorprendidos por los caminantes. Cruzamos uno de los puentes y por fin salimos del pueblo. Seguimos uno de los caminos y casi al medio día, tras varios descansos, llegamos al hospital, donde el doctor Sánchez nos recibió extrañado por nuestra presencia. Fue Lidia quien le contó todo lo sucedido mientras los demás nos situábamos.
El hospital era grande y seguro, durante los últimos meses, Sánchez solo y con nuestra ayuda, había asegurado entradas y patios, convirtiendo así el hospital en otra zona segura y un hogar habitable por si había alguna emergencia. Una emergencia que había llegado tras nuestro destierro. Allí íbamos a poder vivir, y, además, teníamos comida, aunque pronto en algún momento, tendríamos que salir a buscar suministros para alimentar a una veintena de personas que pronto aumentarían su número.

Día 20 de enero de 2018…
Instituto de Puzol…

Habían pasado varios días desde que habían echado a todos los que consideraban que no debían estar allí. Desde entonces, las cosas parecía que marchaban bien. Raúl observaba sus dominios desde una de las ventanas. Lo había conseguido, al no estar su hermano ¿Quién mejor que el para liderar aquella comunidad? Nadie escogió a Molano, el solo se adjudicó el puesto de líder, y Raúl, solo quería hacerlo desaparecer, algo que había conseguido con un importante plus, que era ni más ni menos que echar también a aquellos que llegaron y que al menos para él, nunca fueron bienvenidos, aunque hicieran una gran contribución saliendo al exterior a recoger suministros, algo que pronto, él tendría que tener en cuenta y designar a grupos para que salieran fuera. Tendría que hacer pronto una reunión y formar los grupos, aun sabiendo que muchos se negarían, pero si eso sucedía, sabía muy bien como retorcerles el brazo si era necesario.

00:10 horas de la madrugada…

Raúl regresó a su habitación tras una pequeña fiesta en la cafetería, él era el único además de los guardas que seguía despierto. En esa pequeña fiesta, como líder, se había tomado la libertad de beber todo el alcohol que su cuerpo le permitió y esnifar algo de la cocaína que su hermano guardaba con recelo. Quizás alguien protestase por aquello, pero el líder era el, y él era quien decidía todo. Y si alguien alzaba la voz en su contra, sería desterrado.
Entró en la habitación y se dejó caer sobre la cama, donde no tardó en quedarse dormido.
Se despertó en la madrugada, todavía algo borracho, pero lo bastante despejado como para notar que no estaba solo allí, de pronto, una figura salió de la oscuridad y se lanzó sobre él, lo inmovilizó y le tapó la boca para que no pidiera ayuda. Enseguida, sintió un penetrante dolor en el vientre, después, la cara de su agresor quedó al descubierto, era Molano.
—No te imaginas las ganas que tenía de hacer esto… Lo estoy disfrutando tanto o más que cuando maté al imbécil de tu hermano…— Molano sacó el cuchillo de caza y lo volvió a clavar —Quizás me has hecho perder este lugar, pero mañana no estará para nadie…
Molano soltó a Raúl y se puso en pie observando como agonizaba, con los ojos clavados en él. Después miró por la ventana de la habitación y vio como el rebaño de muertos vivientes comenzaba a tomar el complejo estudiantil. Algo que él había provocado.
Salió de la habitación y se dirigió al exterior, pasando junto a los cuerpos de los guardas que el mismo había matado y que ya estaban reanimándose.
Salió tranquilamente por la puerta esquivando a los muertos vivientes y corrió por la carretera, notando como nuevamente volvía a tener una erección. Matar le proporcionaba un gran placer.
Llegó a su vehículo y se puso en marcha para regresar al hospital, del que había salido sin ser visto. Escuchó disparos dentro del instituto, pero los ignoró, había tantos muertos dentro, que ninguno de los demás habitantes, los mismos que los habían echado, llegarían vivos al día siguiente. Todos morirían. Y Molano, disfrutaría sabiendo que era el quien los había matado. Molano giró las llaves en el contacto, pisó el acelerador y comenzó a conducir de regreso al hospital, su nuevo hogar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario