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Gracias y bienvenidos al blog. En este blog podréis leer desde el principio la historia titulada Zombies (Esta vez corregida y mejorada), a la que le seguirán sus secuelas: Necroworld y The Survivors Land. En ellas, seguiréis el periplo de un grupo de supervivientes que iniciarán su historia en el pueblo Valenciano de Puzol, pasando por Valencia capital, Barcelona y Madrid. Un periplo que les llevará hasta los Estados Unidos. Esta historia es probablemente la historia de Zombies más larga de la red, ya que cada una de sus partes, cuenta con 200 capítulos en su totalidad. Si te gusta, sígueme en el blog y mis redes sociales, contacta conmigo por Email y suscribete via Email en la pestaña Email address para estar informado de las publicaciones. Esta historia también puede leerse en Wattpad.

viernes, 4 de enero de 2019

ZOMBIES: Capitulo 043 Al descubierto


Capítulo 043
Al descubierto


Día 1 de febrero de 2018…
Hospital de Puzol… 8:00 horas de la mañana…

Habían pasado varios días desde que habíamos sido desterrados del instituto y nos habíamos establecido en el hospital. Allí, habíamos llevado a cabo distintas construcciones que impedían el paso de los muertos vivientes. Al instituto no habíamos regresado para nada, ni siquiera nos habíamos acercado a dos manzanas. Habíamos comenzado una nueva vida, o al menos lo estábamos intentando.
Al igual que en el instituto, Molano había asumido el liderazgo de nuestro grupo, y era el quien organizaba los grupos que iban a salir a buscar suministros o avanzadas de reconocimiento para asegurarse de que no había peligros a nuestro alrededor.
Normalmente, las salidas las llevábamos a cabo entre los militares supervivientes, David, Moussa, Leandro, Héctor, Félix, Andrea, Bosco y yo. En el caso de Bosco, era más complicado, él no quería alejarse demasiado y casi siempre optaba por las guardias junto a Nora, a la cual, explícitamente, yo le había prohibido que saliese, su contribución se limitaría únicamente a la vigilancia.
Lidia, cuando no estaba trabajando con Sánchez en la búsqueda de una cura, estaba pendiente del embarazo de Anna, el cual ya se encontraba en su recta final y daría a luz en cualquier momento. No quedaba demasiado.
******
Aquella mañana me levanté temprano para despedirme de mis compañeros Jorge y Paco. Ellos habían sido designados por Molano para ir a buscar placas solares. Las íbamos a necesitar para tener luz en el hospital. Cuando las tuviésemos, sería Leandro quien se encargase de su instalación.
Bajé a la planta baja y salí al aparcamiento del hospital, el cual habíamos asegurado fuertemente con vehículos, madera y placas de hierro. Así era como impedíamos la entrada de los caminantes.
Nada más salir al exterior, me encontré con Paco y Jorge, que ya tenían la furgoneta lista y estaban a punto de salir.
— ¿Has venido a despedirte? —  preguntó Jorge levantando la cabeza del mapa que estaba ojeando.
—Si— respondí —Me gustaría poder acompañaros, pero tengo otras obligaciones. Hacia las diez de la mañana, David y yo saldremos hacia el puerto. Queremos ver la situación allí. Vamos a ver si de paso tenemos algo en las redes que pusimos hace dos días.
— ¿Aceptas peticiones? Guardad unos peces para hacer sushi— dijo Paco.
En ese momento, Enzo apareció por la zona para relevar a Bosco en la guardia. Bosco se encontraba subido en la torreta que habíamos construido. Cuando pasó junto a nosotros, nos saludó y nosotros respondimos de forma muy natural.
— ¿Cómo va el asunto del que nos hablaste? — preguntó Jorge mientras seguía con la mirada a la mano derecha de Molano — ¿Crees en la palabra de Teodoro? Ese tipo era un cabrón.
—Tanto si es cierto como si no, es algo que averiguaré. Soy poli ¿Recuerdas? – respondí —De momento, aunque la validez de las palabras de ese tipo sea nula, también hay cosas que no encajan. Y más después de decirme que cuando nos emboscaron, a vosotros en concreto, cuando los vehículos saltaron por los aires, fue mucha casualidad que el único que no explotara fue aquel en el que Molano iba.
— ¿No le has dicho nada a Molano? — preguntó Paco.
Negué con la cabeza —Considero que no es conveniente decirle nada de momento.
—Hablando del rey de Roma— murmuró Jorge mirándome por encima del hombro. Yo me giré y fue cuando vi a Molano salir por la puerta. A él lo acompañaba María Alcántara, la teniente. Venían hacia nosotros.
— ¿Ya estáis listos? — preguntó Molano cuando llegó junto a nosotros. Jorge asintió rápidamente —Bien. Poneros en marcha.
Jorge y Paco me estrecharon la mano, se subieron a la furgoneta y yo fui a abrirles la puerta. Poco después, salieron y comenzaron a alejarse del hospital. Cerré nuevamente la puerta y miré a Molano.
—Harán un buen trabajo. Confío en ellos.
—Ve preparándote junto a tu compañero. Nos vemos esta noche cuando volváis— dijo tajante el comandante. Se dio media vuelta y se alejó junto a María. Me los quedé un rato mirando y después, le lancé una mirada a Enzo. Este no me miraba a mí, y tampoco a la calle, miraba a Molano y a María. Mientras miraba a Enzo, repasaba una y otra vez las palabras que me había dicho Teodoro al poco de encerrarlo en aquella celda improvisada. Si había sido totalmente sincero, había sido Enzo quien nos había traicionado y nos había vendido a los cazadores. Si íbamos directamente, no lo confesaría, debía delatarse el solo.

10:00 horas de la mañana…

Enzo vigilaba la carretera, desde ahí, tenía una visión clara de la rotonda que tenía en frente y de ambos lados del camino. Vería acercarse cualquier cosa, tanto vivos como muertos. De la parte trasera del hospital, donde estaba el parking de las ambulancias y la entrada a urgencias, se encargaban Víctor y Ángel.
De pronto, una piedra salida de la nada impactó justo a su lado. Enzo miró primero la piedra y luego buscó su procedencia en vano. Volvió a mirar la piedra y se dio cuenta de algo inusual, había un papel envolviéndola, sujeto con varias gomas. Cogió la piedra y la separó del papel, se trataba de una nota. La leyó con atención y el corazón le dio un vuelco. Se quedó completamente paralizado.
— ¿Qué haces?
La voz de J.D lo sacó de su estado y rápidamente se guardó el papel en el bolsillo —No hago nada. Solo me he distraído un poco.
—Vengo a relevarte— respondió J.D subiendo a la torreta —Ve y come algo.
Enzo se bajó de la torreta y se dirigió directo de nuevo al interior del edificio. Caminó con paso nervioso, lo que ponía en esa nota, hacía peligrar su estancia en el hospital y quizás su vida. Tenía que ponerle remedio cuanto antes. Aquel trato que hizo, ya no lo necesitaba, y al no necesitarlo, tampoco hacía falta que aquellos cazadores siguieran respirando, por eso, acudiría a la cita y los mataría.
*****
Leandro había cumplido con su parte. Él había lanzado la piedra hacia Enzo, con la nota que David había escrito para tenderle la trampa al militar. En la nota le indicaban un punto de encuentro, para recibir lo que había pedido a cambio de su traición. La nota, estaba supuestamente escrita por cazadores que habían logrado escapar.
Leandro regresó al interior del hospital y se encontró con Héctor y Moussa.
—¿Lo has hecho? — preguntó el senegalés.
Leandro asintió —Ha cogido la nota. Por el momento, se confirma que realmente nos traicionó. Palideció cuando comenzó a leerla. Eso, directamente lo convirtió en culpable. El cabrón de Teodoro dijo la verdad.
—El muy estúpido ha caído de lleno en la trampa— dijo Héctor —Estoy ansioso de que llegue la noche para ver qué cara pone.

Día 8 de enero de 2018…
Instituto de Puzol… 23:00 horas…

Enzo se encontraba paseando junto a las vallas del instituto. La mayoría de los habitantes estaban durmiendo, y aunque el también debería estar metido en la cama, prefería pasear.
En ese momento, vio algo que le llamó la atención fuera. Era una chica rubia y delgada, vestida con una chaqueta de color negro que le estaba haciendo gestos. Enzo sacudió la cabeza, pensando que podría ser una alucinación, pero pronto comprobó que no lo era. Se acercó a la valla y la chica también lo hizo.
—Tú no eres de aquí ¿Verdad? — preguntó Enzo mirando hacia los guardas. No parecían haberse percatado de la presencia de la chica. Ella había sido bastante hábil.
—No… No lo soy… Aunque me preguntaba si me dejarían entrar…
—Bueno. Ahora se lo diré a…
—¿Por qué no te las arreglas para salir? Antes de entrar… Quiero que me cuentes cosas… Que nos conozcamos más… Luego, decidiré lo que quiero hacer— la chica se pasó las manos por el pecho mientras sonreía. Enzo entendía muy bien lo que significaba eso. Lo estaba seduciendo.
Enzo miró a ambos lados, controlando nuevamente que los guardas no lo viesen. Esa chica lo estaba eligiendo a él, precisamente a él. No quería perdérselo. Se acercó más a las vallas y se pegó a ellas, después, poco a poco, comenzó a trepar. Pasó por encima y se dejó caer al otro lado. Tomó a la chica del brazo y corrió junto a ella hacia uno de los callejones, ocultándose así de la vista de los vigías, pero todavía dentro de la seguridad del lugar. Allí, Enzo rodeó a la chica con sus brazos mientras ella se rozaba con él. Después la puso contra la pared.
—Dime una cosa… ¿Por qué me has elegido a mí?
—Llevo días por los alrededores… Observando… Observándote a ti…
—Escucha— comenzó a decir Enzo mientras se quitaba el cinturón —Tendrá que ser un polvo rápido… ¿Tienes condones? Yo no… Yo…
Enzo no terminó la frase. Antes de que pudiese darse cuenta, se vio asaltado por la espalda. Alguien le puso una capucha y fue golpeado hasta que perdió el conocimiento.
*****
Enzo despertó, desnudo, dolorido y con las manos esposadas detrás de la espalda. Se encontraba tumbado de lado sobre un suelo de azulejos. Estaba mojado, alumbrado por una luz cegadora y escuchando las aspas de un ventilador. Miró a su alrededor y sobre él.  Vio ganchos colgados del techo y un desagüe en medio de la habitación. Frente a él, había una puerta de metal.
La puerta se abrió y varias personas entraron allí. Un hombre iba a la cabeza, tenía el pelo canoso y una cicatriz en la cara junto al ojo. Detrás de él, estaba la chica que lo había hecho salir del instituto.
—¿Cómo te llamas? — preguntó el tipo de las canas situándose frente a él y mirándolo fijamente a los ojos. Yo me llamo Teodoro, y como te estarás imaginando, soy quien manda aquí.
—Me llamo Enzo… Enzo Gaztañaga— respondió el militar incorporándose todo lo que su estado le permitió. —Por favor. No me matéis…
— No te vamos a hacer nada, no te preocupes por eso Enzo. Vamos a ser rápidos con esto. No queremos que noten que faltas— dijo el tipo canoso —Llevamos días vigilando el instituto y hemos visto que planean atacar, pero nada más allá de eso. Tú debes estar al tanto seguramente del plan. Cuéntame todo lo que sepas.
—No puedo traicionar a…
El tipo canoso lo interrumpió —A ver si lo pillas. La cosa está en que pueden ser ellos o tú. Imagino que no eres tan estúpido.
Enzo se quedó un rato en silencio y miró al tipo canoso —Está bien. Pero quiero algo a cambio de contaros todo.
—Tú dirás— respondió el tipo canoso y con la cicatriz —Me parece razonable lo de hacer un trato.
—Si los traiciono… Si los vendo… Mi vida peligrará. Me descubrirán tarde o temprano. No podré seguir con ellos…
—No te enrolles y habla…— le interrumpió el tipo de las canas.
—Quiero un coche con gasolina, cargado de armas y comida. Y varios bidones… Necesitaré alejarme lo antes posible— respondió Enzo.
—Me parece correcto y posible. Lo tendrás.
—Ahora cuéntame todo y te daré unas indicaciones extra.
Enzo contó todo el plan que se llevaría a cabo, el número exacto de los participantes y como se dividirían. Después de eso, fue llevado de nuevo al instituto. Con un aviso, no jugársela a ellos ni jugar a dos bandas, pero, aun así, el militar tenía también sus propios planes. Solo Molano quedaría fuera de la masacre, y Enzo sería su mano derecha hasta el final.

Playa de puzol…
12:00 horas del mediodía…

David y yo llegamos a la playa. Detuvimos el coche en el paseo marítimo, que estaba despejado, bajamos y miramos a ambos lados.
—Admítelo. Te hubiese gustado quedarte con Andrea en el hospital— dije mirando a mi compañero.
—Ella tenía cosas que hacer hoy. Iban a bajar al sótano Félix, Víctor, Ángel y ella, para conseguir un par de caminantes para Sánchez, le gusta hacer eso. Aunque, ese hombre sigue trabajando en algo que creo imposible— respondió David.
— ¿No crees que consiga hallar una cura? — pregunté mientras caminábamos en dirección a donde habíamos dejado las redes.
—No es que quiera ser pesimista, pero no, no lo creo.
—Esperemos que te equivoques— respondí adentrándonos en el puerto.
Comenzamos a caminar por el muelle y llegamos al final, allí teníamos montadas las redes. Ambos cogimos los extremos de la primera red y la fuimos sacando sin problemas. Habíamos conseguido varios peces y moluscos. Cargamos todo y volvimos a dejar la red tal y como estaba, habíamos tenido suerte de que nadie pasara por allí y se las llevara.
Hicimos lo mismo con la segunda red y en esta ocasión, notamos algo de peso. David y yo nos miramos y seguimos tirando, no tardamos en sacar a la superficie lo que hacía que la red pesara tanto.
Un caminante emergió enredado en la red. Debía llevar mucho tiempo debajo del agua, ya que estaba hinchado y se habían acoplado a él varias criaturas maridas, tales como percebes o mejillones.
Al vernos, el caminante comenzó a gruñir y a intentar alcanzarnos con su único brazo libre, el otro, estaba en una posición extraña detrás de su espalda.
—Yo me ocupó— dijo David sacando el cuchillo. Se acercó a él, lo agarró fuerte del cuello, inmovilizándolo y clavó la hoja en la cabeza. Después nos miramos —Se han estado alimentando de él… ¿Crees que será buena idea comernos esto?
Miré lo que recolectamos y habíamos metido en un cubo. Fue cuando lo cogí y lo tiré todo al mar —No. No lo creo. Recojamos las redes, esto así no vale la pena.
David miró al caminante que había matado y le asestó una patada —Maldito pedazo de mierda.
Nos alejamos del muelle y fuimos regresando al vehículo. Entonces miré a mi compañero —Yo sí que tengo fe en Sánchez. Creo que podrá conseguir la cura, aunque le cueste.
—Admiro tu optimismo— respondió David.
En ese momento escuchamos un sonido potente. Era como si alguien tocara un trombón. Ambos nos miramos y miramos al mismo tiempo hacia el mismo punto. En medio del mar vimos algo en la lejanía. Lo veíamos como un objeto oscuro, pero era evidente de lo que se trataba.
— ¿Eso es un barco? — preguntó David sorprendido.
La sorpresa de mi compañero no era nada extraña. Desde el día que pusimos las redes, teníamos la idea de que, si hubiese barcos en el muelle, quizás podríamos usar alguno con el que poder largarnos a algún lugar donde pudiésemos vivir tranquilos. Quizás alguna isla pequeña, donde el número de muertos vivientes fuera mínimo o nulo. Pero no habíamos tenido suerte.
Rápidamente, David sacó los prismáticos y miró a través de ellos. No tardó en fijar su mirada sobre el barco. Pudo ver que se trataba de un barco grande con varios conteiner en la cubierta, el casco era de color negro y en un lateral se veía algo escrito, aunque no pudo descifrarlo.
—Es un carguero… Y pone algo en el casco, aunque no logro descifrarlo. Creo que es ruso— David me miró — ¿Llamamos su atención de alguna manera?
Negué con la cabeza —Regresemos a casa.
Durante el camino de regreso a casa, estuvimos hablando de que podríamos ir a cazar al día siguiente a la montaña. Quizás pudiésemos cazar algún jabalí o algunos conejos. Después de acordar lo de ir de caza, surgió el otro tema, el de Enzo. Antes de salir del hospital, habíamos puesto en marcha un plan que hiciera que él se delatara. A esas horas, Leandro ya habría hecho su parte y el traidor, estaría de los nervios.
—¿Se lo dirás a Molano?
Yo asentí —Hay que decírselo. Al igual que al resto. De eso depende que salga bien.
Pronto estaríamos de nuevo en el hospital y la trampa comenzaría a dar sus frutos.

Hospital de Puzol…
12:30 del mediodía…

Andrea atrajo al caminante hacia uno de los puntos del sótano. Habían logrado separar a uno del resto. Lo hicieron atravesar la trampa. Lo derribaron, fue cuando entre Ángel y Víctor le arrancaron los brazos y la mandíbula inferior. Después Félix le puso el collar para perros que va sujeto a un palo.
—Esto ya está— dijo Víctor quitándose los guantes de látex que llevaba —Llevemos a nuestro apestoso amigo con el doctor Frankenstein.
Llevaron al caminante por el pasillo en dirección al laboratorio de Sánchez. Cuando llegaron, vieron a los demás sujetos que ellos mismos habían cazado, aunque solo algunos estaban enteros.
—Aquí estamos doc— dijo Félix mientras miraba a su alrededor — ¿No está Lidia?
Sánchez apareció de detrás de unas camillas y negó con la cabeza —Estará con Anna y Bosco… ¿Habéis cerrado bien los portones de la trampa?
Víctor asintió —Sí. Ninguno cruzará esas puertas. Es una buena construcción ¿Quién le ayudó a montarlo? Para eso se necesita a más de una persona.
—Un hombre llamado Jordi… De hecho, la idea fue suya… Aunque él no está aquí. Se fue hace mucho tiempo. No sé si seguirá vivo.
Desde el momento que Víctor vio aquello se sintió fascinado. Se trataba de una construcción similar a un corral de varios compartimentos, situada en medio del pasillo del sótano, con un único camino que conectaba con una única puerta que daba al exterior y que siempre estaba abierta. Así, los muertos vivientes entraban y salían. Cuando querían atrapar a uno, bastaba con que hicieran sonar una campana.
Cuando Sánchez necesitaba sujetos de prueba, siempre los hacia bajar a capturar uno o dos. Acto seguido, los llevaban al laboratorio del sótano.
—Lidia no está ¿Podéis ayudarme? — preguntó Sánchez
—Claro. Usted dirá— dijo Ángel.
—Si a nosotros no nos necesita, nos volvemos a arriba— dijo Andrea refiriéndose a Félix y a ella misma. El medico asintió y ambos salieron de allí.
Subieron a la primera planta y se cruzaron con Enzo, el cual caminaba nervioso, tanto que pasó junto a ellos y se chocó con ellos. Félix lo miró —Al menos discúlpate— pero Enzo no respondió.
—Déjalo, parece nervioso por algo— dijo Andrea mirando a su compañero —Salgamos a tomar el sol. Hoy hace un buen día.
*****
—Te quedarás aquí. El bebé vendrá de un momento a otro y si estás aquí, todo será más fácil y estaré aquí enseguida si pasa algo. Llevo días trabajando para que puedas acomodarte— decía Lidia mientras les mostraba a Bosco y a Anna su nueva habitación. Una que la doctora había estado habilitando para que vivieran allí y al mismo tiempo, sirviera para traer al bebé al mundo.
—Muchas gracias— respondió Anna mientras se sentaba en un sillón —Te estás implicando mucho.
—Pienso traer a ese niño al mundo, sano y salvo— respondió Lidia. En su cabeza y todavía más en su corazón, seguía pesando la culpa de no haber podido salvar la vida de Camila y su bebé. Aunque había llegado a la conclusión de que el bebé de Camila llevaba horas muerto cuando nació. Al contrario que el de Anna, que seguía en perfecto estado. Aunque el miedo seguía ahí.
—Todo irá bien. Yo no pienso apartarme de tu lado— dijo en ese momento Bosco cogiendo a Anna de la mano —He hablado con Molano para que no me pongan guardias o me mande fuera a partir de este mismo momento. Creí que no se lo tomaría bien, pero no ha sido así.
Lidia se apartó un poco de la pareja y se dirigió hacia la ventana más cercana. Fue cuando vio que las puertas se abrían dejando paso a un vehículo. Juanma y David habían vuelto antes de lo previsto.
*****
Me bajé del coche y David fue a aparcarlo. Nora corrió hacia mí y me abrazó. Yo le devolví el abrazo y después la miré.
—¿Dónde está Molano? Tengo que hablar con él.
—¿No habéis traído pescado? — preguntó Nora.
—No. Lo siento… Había un caminante en las redes y creemos que los peces de su alrededor se podrían haber estado alimentando de él. Aun así, mañana David y yo iremos a la montaña a cazar. Pondremos trampas y rezaremos para que los muertos no nos lo estropeen— en ese momento vi a Molano y me despedí de Nora dándole un beso en la frente.
Caminé hacia el comandante, al que acompañaba María y le conté lo sucedido, omitiendo lo del barco, ya que no creí que fuera algo importante, estaban demasiado lejos de todos modos. También le conté que David y yo iríamos de caza al día siguiente.
—Me parece bien lo que habéis hecho. No quisiera que nos infectáramos por algo así…— Molano hizo una mueca al darse cuenta que realmente estábamos ya infectados y rectificó —Quiero decir que no quisiera que nos afectara el virus antes de tiempo. Tú ya me entiendes.
Miré a mi alrededor buscando a Enzo, y al no verlo, miré a Molano —Tengo que contarte algo Julio. Es algo importante para todos. Algunos ya lo saben.
—¿De qué se trata? — preguntó Molano.
—Es sobre Enzo… Fue el quien nos traicionó— respondí.
Molano y María se miraron mutuamente y después me miraron a mí. Fue el comandante el único que habló de los dos —Cuéntamelo todo.

21:00 horas de la noche…
Hospital de Puzol…

Enzo estaba sufriendo un ataque de nervios. No dejaba de leer la carta una y otra vez. Lo que ponía en ella, era una cita, una donde debía reunirse con los cazadores que escaparon y recibir su recompensa. Pero el ya no la quería. Sin embargo, en la carta lo presionaban y exigían que acudiera, si no lo hacía, los cazadores se presentarían allí y el sería descubierto. Eso no iba a permitirlo, así que debía hacer algo.
Arrugó la hoja de papel y comenzó a prepararse. Cogió un rifle y munición, también un cuchillo y una pistola. Su intención era acudir al punto de encuentro, ubicado en el mismo monte Picayo, un lugar muy cerca del pueblo. Una vez allí asesinaría a todos los cazadores. Solo así cubriría su rastro.
Recorrió rápidamente el hospital hacia el aparcamiento. Le pareció extraño no ver a los demás por ninguna parte, aunque se imaginó que estarían cenando o haciendo cualquier otra cosa. Aunque francamente, le importaba un bledo. A él solo le importaba una cosa.
Salió al parking y se encontró con J.D montando guardia. Al ver a Enzo lo saludó.
—¿Qué haces aquí? ¿Vas a coger un coche?
Enzo no se lo esperaba, así que tuvo que pensar en algo rápidamente —Sí. Tengo que coger un coche. Le he dicho a Molano que quería dar una vuelta y me lo ha concedido. Déjame salir.
—¿A dar una vuelta? Esto no es como dar un paseo por el parque.
La respuesta de J.D hizo que Enzo estallara —¿Quieres abrirme la puerta de una puta vez y dejarme salir?
J.D levantó las palmas de las manos —Vale… Vale… No es necesario que te pongas así.
Enzo cogió uno de los coches y salió del hospital en dirección al monte Picayo. Dispuesto a salvarse el cuello a cualquier precio.
*****
J.D observó el coche conducido por Enzo. Se alejaba a toda velocidad. Rápidamente, el soldado cogió su walkie y habló —El conejo se dirige inminentemente a la trampa.

Monte Picayo…
Punto de encuentro…

Enzo llegó a donde le habían indicado. Se trataba de una especie de campo rodeado de pinos. Estaba oscuro y el aire era frio. El militar comenzó a temblar, pero no por el frio, si no por los nervios.  Cogió la pistola y le quitó el seguro, también cogió una linterna. Después de eso, se bajó del vehículo y comenzó a caminar rodeando el coche, alumbrando en todas las direcciones. Allí no había nadie, y a esas horas debían estar esperándole.
—¡¿Dónde estáis?!— preguntó a gritos —He venido.
En ese momento, varios faros de vehículos lo alumbraron cegándolo. Enzo tuvo que cubrirse la cara. Todo aquello había sido tan inesperado.
—Tira el arma— una voz familiar le hizo obedecer. No se resistió.
Recuperó la vista y se vio rodeado, pero no eran los cazadores. Allí, ante él, se encontraban Juanma, David, Leandro, Félix, Andrea, Moussa, Héctor, Víctor, Ángel y María. Enseguida se dio cuenta de lo que pasaba… Los cazadores no habían vuelto a contactar con él, todo había sido una trampa. Pensó en lanzarse sobre el arma y comenzar a disparar. Valoró en su mente varias opciones, pero en todas y cada una de ellas, terminaba abatido.
En ese momento, a sus espaldas escuchó unos pasos. Al darse la vuelta, se encontró cara a cara con Molano. El hombre por el que daría la vida, aquel al que pese haber traicionado al grupo, nunca quiso hacer daño. En esos momentos, el comandante se encontraba frente a él, mirándolo fijamente.
—Comandante…— comenzó a decir Enzo —…Puedo explicarlo…
Molano negó con la cabeza y volvió a mirarlo —Me has decepcionado… Mucho.
Enzo comenzó a mirar en todas las direcciones. Nos miraba a todos. Era como si buscara un punto por el que escapar, pero estaba totalmente acorralado. Miró nuevamente a Molano.
—Lo siento. Ellos me obligaron… Yo no quería… Yo… ¡¡¡Esto es una maldita trampa!!!— Enzo estaba perdiendo los nervios. Nos miraba a todos. Miraba a Molano.
—Déjalo estar— dijo David —No intentes actuar. Eres peor actor que Tommy Wisseau. Tu solo te has descubierto.
—Nos traicionaste— comenzó a decir Molano —Y por culpa de tu traición perdimos a varios.
—Pero le protegí. Siempre he dado mi vida por usted… No puse explosivos en su vehículo porque sabía que siempre estaría en él. Soy un soldado leal.
—Eres un traidor— dijo María a sus espaldas.
—Regresemos al hospital y allí decidiremos que hacer contigo— dije mirándolo y caminando hacia él. Justo en ese momento, Enzo se agachó y cogió de nuevo su pistola. Fue en ese momento cuando me apuntó a mí.
Al ver eso, todos alzaron sus armas.
—Tira el arma Enzo. No compliques las cosas— dijo Moussa.
Enzo nos miró nuevamente a todos. Fue en ese momento, cuando con un rápido movimiento se puso la pistola debajo de la barbilla, cerró los ojos y apretó el gatillo.
La bala atravesó su cabeza y el cuerpo de Enzo se desplomó en el suelo ante la atónita mirada de todos los presentes, salvo Molano, el cual, lo miraba con cierta indiferencia.
Molano nos miró a todos y solo una frase salió de su boca —Volvamos a casa. Dejemos aquí a este despojo.
Todos nos dimos la vuelta de regreso a nuestros vehículos. Nadie se preocupó por el cuerpo sin vida de Enzo. Él nos había traicionado, cuando se había visto descubierto y acorralado, había optado por quitarse la vida. Una vez más, el mundo demostraba lo que había cambiado.
Me subí al vehículo con David y Andrea. Entonces, miré por el retrovisor, ahí se veía reflejado el cuerpo de Enzo… Y también los caminantes que, atraídos por el disparo, habían acudido al lugar. Definitivamente, después de casi nueve meses, el mundo estaba en un punto de no retorno. Nunca volvería a ser lo que fue, y nosotros íbamos a tener que acostumbrarnos, porque de ahora en adelante, las pruebas a las que nos íbamos a tener que enfrentar iban a ser mucho más duras.

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