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Gracias y bienvenidos al blog. En este blog podréis leer desde el principio la historia titulada Zombies (Esta vez corregida y mejorada), a la que le seguirán sus secuelas: Necroworld y The Survivors Land. En ellas, seguiréis el periplo de un grupo de supervivientes que iniciarán su historia en el pueblo Valenciano de Puzol, pasando por Valencia capital, Barcelona y Madrid. Un periplo que les llevará hasta los Estados Unidos. Esta historia es probablemente la historia de Zombies más larga de la red, ya que cada una de sus partes, cuenta con 200 capítulos en su totalidad. Si te gusta, sígueme en el blog y mis redes sociales, contacta conmigo por Email y suscribete via Email en la pestaña Email address para estar informado de las publicaciones. Esta historia también puede leerse en Wattpad.

sábado, 7 de julio de 2018

Regreso de Zombies

El parón veraniego llegará a su fin el día 30 de Septiembre, ese día publicaré el capitulo 26 (Y puede que el 27) de Zombies, y a partir de ahí, los capítulos los publicaré según los termine.  Os espero.

domingo, 1 de julio de 2018

ZOMBIES Volumen 2 Integro

Da inicio el volumen numero 2. La forma de publicación va a ser de la siguiente forma. Los capítulos no tendrán una fecha concreta de publicación, se publicarán según los termine. Eso significará que habrá semanas que haya un capitulo o dos, incluso, puede que por falta de tiempo, en una semana no haya ninguno (Aunque no será lo habitual).
Esta entrada se mantendrá fija siempre mientras dure el volumen numero 2. En ella estarán los enlaces a los capítulos, y debajo de esta, el capitulo o capítulos más recientes.

Capitulo 21: Otras fronteras
Capitulo 22: Deuda
Capitulo 23: Solitarios
Capitulo 24: Confianza
Capitulo 25: Desvio

ZOMBIES: Capitulo 025 Desvio


Capítulo 025
Desvío

Día 6 de enero de 2018…
Cabanyal… 8:30 horas de la mañana…

Sandra se despertó por los lametones de Yako, su perro Pastor Alemán de pelaje marrón casi rojizo de cinco años. Era su única compañía desde que todo había comenzado a desmoronarse. El único ser vivo que había permanecido cerca de ella cuando todos los vecinos de su bloque habían ido abandonando el lugar o habían decidido acabar con todo y lanzarse desde lo más alto del edificio.  Casi nueve meses encerrada en aquel bloque de cemento y viviendo del racionamiento de los víveres que había conseguido en distintas viviendas, pero como todo, esos víveres no duran para siempre y es cuando toca armarse de valor y salir al exterior.
Se fue levantando de la cama poco a poco y acarició la cabeza de su fiel compañero mientras le sonreía. Era como si el, ya supiera que había llegado el momento de marcharse.
—Imagino que tienes ganas de salir de aquí… Tranquilo chico… No tardaremos mucho.
Se levantó por completo de la cama y caminó por el pasillo en dirección al baño, pasando por delante de la asegurada puerta de la entrada, por la que no pudo evitar pararse para mirar por la mirilla. Siguió su camino hasta el baño y cuando llegó se sentó para orinar. Después, abrió el grifo de la bañera en posición de caliente y dejó caer el agua hasta que esta se calentó. Aunque lo cierto, era que no tardaría en desaparecer el agua caliente, aunque ella, ya no estaría en casa cuando eso sucediese. En esos momentos, iba a disfrutar de su ultimo baño.
El baño fue tranquilo y apacible, se relajó como nunca se había relajado, tanto que casi volvió a dormirse, pero se sobrepuso a Morfeo y salió de la bañera. Se miró al espejo y se vio a sí misma, su pelo castaño había crecido en los últimos meses, hasta que casi le estaba cubriendo los ojos color miel que había heredado de su madre.
Abrió uno de los armarios y sacó unas tijeras, acto seguido miró a su perro. El cual, movió la cabeza a un lado cuando comenzó a hablarle —No sé cómo quedará el corte, pero hay que hacer algo con estos pelos de loca— seguidamente comenzó a cortar.
Desde que todo había comenzado y se había atrincherado en su casa, con comida y agua hasta arriba, había seguido una estricta rutina, hacer ejercicio, comer bien y sobretodo, aprender de aquellos seres todo lo posible.
Observaba a los muertos vivientes noche y día, aprendiendo de su comportamiento. Aunque lo cierto era que únicamente había aprendido que eran bastante torpes y que, si algo les llamaba la atención, acudían como las moscas a un farolillo. La decisión de cortarse el pelo había surgido en una de esas observaciones, cuando un grupo de personas aparecieron intentando saquear una tienda de electrodomésticos y una de ellas, al tener el pelo largo, fue el primero en caer cuando uno de los infectados lo agarró de la cabellera y tiró de él, la muerte que vino a continuación, fue algo que a Sandra se le gravó a fuego.
Terminó de cortarse el pelo, lo dejó bastante corto como para evitar que la agarraran, aunque, de todos modos, se pondría una gorra para evitar problemas mayores. Su perro la observaba moviendo la cabeza hacia los lados mientras sacaba la lengua.
—Debes pensar que se me ha ido la cabeza…
Volvió a la habitación y allí comenzó a vestirse, eligió ropa de abrigo gruesa, así por lo menos, evitaría que los dientes atravesasen la tela, pero por si acaso, debajo del abrigo, se había forrado la ropa con espuma y cinta aislante, todo lo necesario para evitar los mortíferos mordiscos de los infectados.
Con la ropa puesta, se dispuso a coger el arma que había fabricado. Había afilado un palo de escoba de madera. Además de eso, en el cinturón, se colocó varios cuchillos de cocina. A su espalda, sujeto a un cinturón, llevaba la parte de hierro de un paraguas, cuya punta de hierro, podría hundirla en la cabeza de uno de ellos si era necesario.
Cogió su mochila y la abrió para comprobar que estuviese todo y no se dejase nada. Había unos prismáticos, dos botellas de agua y unas latas de conserva tanto de anchoas como de fruta, las cuales, le durarían un par de días, unos días durante los cuales, si tenía suerte, encontraría más comida o podría cazar algo.
Con todo listo, se puso la gorra Adidas que colgaba del perchero al lado de la puerta y se la puso, después miró a Yako. —Tu turno compañero.
Cogió la correa de su perro y con mucho cuidado se la puso. Cuando terminó, besó a Yako en la cabeza y se puso en pie. Miró a través de la mirilla, comprobó que no hubiese nada ni nadie, cuando se aseguró, quitó toda la seguridad y la abrió. Se encontró en el rellano vacío, aunque podía percibir el olor a descomposición de algún cuerpo cercano, aun así, eso no la hizo volver atrás. Había decidido que era hora de partir y que no quería morir allí encerrada. Simplemente salió por la puerta y la cerró tras de sí para no regresar.

Vías del tren…

—Debe haber millones… Es la primera vez que veo un rebaño tan grande ¿Qué hacen ahí parados? — preguntó Mishuro desde lo alto de un vagón de tren. Después, le pasó los prismáticos a Luci para que ella pudiera mirar.
—Podríamos pasar a través de ellos— respondió Luci tras echar un vistazo rápido.
Mishuro hizo un gesto con la cabeza para señalar a Jordi y Amelia, estos seguían de pie en las vías junto al vagón — ¿Y qué harán ellos? ¿Acaso quieres que mueran?
—No son asunto nuestro… No debiste juntarte con ellos. Solo nos retrasan.
—Oye… Que estamos aquí…— dijo Amelia como protesta a lo que Luci acababa de decir. Lo que recibió como respuesta, fue una severa mirada por parte de la chica de la katana.
—Por eso lo dije en voz alta, para que me escucharais.
Mishuro se bajó del vagón y se dirigió a sus dos nuevos compañeros —Disculpadla. A veces es demasiado borde y no mide sus respuestas.
—Las mido perfectamente y por eso digo lo que pienso siempre— respondió Luci al tiempo que bajaba del vagón de un salto —Si estuviésemos nosotros solos, pasaríamos a través de ellos con los ojos cerrados, a la pata coja y con una mano detrás de la espalda.
—No vayas tan de sobrada. Atravesarlos es imposible. Os morderían— dijo Amelia.
En ese momento, Luci se levantó la manga de la chaqueta y mostró lo que parecía un traje de neopreno de color azul marino —Mishuro y yo llevamos esto debajo. Evita que los dientes penetren en la piel. Así no nos infectamos.
—De todos modos— comenzó a decir Mishuro —Ellos tienen razón. Hay muchos y no lograríamos atravesarlos. Si nos rodean y acorralan, el neopreno no nos servirá de nada.
La mirada de Luci fue fulminante cuando miró a su compañero. Sentía que estaban perdiendo demasiado tiempo por dos desconocidos que no les aportaban nada y que, además, no confiaba en ellos.
— ¿Y qué sugieres? — preguntó Luci —Algo se te habrá ocurrido.
—Rodearlos. Nos dirigimos a Valencia. Nos adentramos en el Cabanyal, avanzamos unos kilómetros y volvemos a las vías. Puede que, si esos están ahí, el pueblo sea seguro. Fíjate de donde vienen. Debemos intentarlo de ese modo, perderemos un día… Como mucho.
—Un día ya es demasiado tiempo. Llevo esperando demasiado— respondió Luci malhumorada —Creí que íbamos a ir sin detenernos apenas.
—Si. Es cierto que te dije eso… Pero no contaba con eso…— Mishuro señaló a la horda. —No debemos precipitarnos.
—Oye… Mishuro tiene razón… No…— Luci interrumpió a Amelia.
—Que yo sepa no pedí tu opinión— Luci los miró a todos y comenzó a caminar en dirección al pueblo. Los demás, la siguieron.
Jordi observaba a Luci caminar varios pasos por delante. Caminaba con paso firme y con una mano sobre la empuñadura de la katana. Dispuesta a usarla en cualquier momento. Fue entonces cuando Mishuro se situó a su lado.
—Debéis disculparla una vez más. Ella es muy maja en realidad.
— ¿Qué le pasa exactamente? — preguntó Jordi mientras Amelia se situaba a su lado para participar en la conversación.
Mishuro comenzó a hablar en voz baja —No tengo todos los detalles. Ella es bastante reservada, pero, en resumen. Ella pasó nueve años en prisión por un delito que no especificó. Eso provocó que le quitaran a su hija y esta pasará a un hogar de acogida. Cuando salió de prisión, la localizó, pero entonces, comenzó a pasar todo esto. La familia de acogida vive en Valencia. Así que es por eso por lo que quiere llegar allí cuanto antes.
—Con la mala leche que tiene… Seguro que mató a alguien…— replicó Amelia — ¿Seguro que no es peligrosa?
—Solo si me oye contaros esto— respondió Mishuro con una sonrisa sarcástica.
Llegaron a unas vallas y las fueron saltando. Cuando estuvieron al otro lado, se encontraron en un parking de la estación de trenes de El Cabanyal.
El parking no estaba vacío, había varios vehículos, pero todos habían sido desguazados. Quizás por otros grupos en busca de piezas y combustible. Nada más llegar, Amelia se estremeció y Jordi se percató de ello, al principio, no cayó en que podía ser, pero no tardó en dar con la explicación, había sido en un parking donde se habían conocido, justo después de que Jordi matara a un hombre que intentaba violarla.
—No te preocupes. Todo irá bien— dijo Jordi mirando a su compañera.
En ese momento, Luci se paró de golpe y les hizo un gesto con la mano. Segundos después, un No Muerto apareció tambaleándose y Luci le atravesó la cabeza con la espada con un rápido movimiento.
Abandonaron el parking y comenzaron a caminar por una carretera. Tal y como Mishuro había dicho, atravesar el pueblo sería seguro, ya que la gran mayoría de muertos, se encontraban en esos momentos en las vías, aunque tampoco podían bajar la guardia.
Siguieron adelante y se adentraron en una amplia avenida, la situación allí no era muy distinta a la que ya habían visto en el parking. En el medio de la carretera, había una hilera de palmeras que terminaban en una rotonda. Había vehículos abandonados y desguazados a ambos lados de la calle. Además de mucha basura por todas partes.
—Si tan solo encontráramos un coche que funcionara— dijo Amelia acercándose a la ventana de un coche de color blanco al que le habían quitado las ruedas.
—No hagas eso tan a la ligera. Hay veces que hay muertos dentro. Si te ven acercarte, atravesarán el cristal para agarrarte— dijo Luci desde unos pasos más adelantados.
—Pensé que no te importábamos una mierda— respondió Amelia apartándose de la ventanilla.
—Y no me importáis, pero tampoco es plato de buen gusto ver morir a alguien de una forma tan estúpida. Tu no vayas a tu bola y punto— respondió Luci yendo hacia delante.
—Se le ablandará el corazón al final. Tranquilos— dijo Mishuro con una sonrisa —Es muy maja. De verdad.
Siguieron adelante, no tardarían en atravesar el cabanyal por aquella zona y regresar a las vías. Donde esperaban que los No Muertos no estuviesen, o que por lo menos, su número se hubiese reducido.
*****
Sandra salió a la calle por primera vez desde hacía meses. A su lado, Yako el perro permanecía tranquilo. Cuando se le erizase el pelo, sabría que debía tener cuidado.
Yako había desarrollado una especie de instinto desde que los muertos habían vuelto a la vida, en ellos veía algo peligroso que nunca vería en las personas vivas. Pese a que no había tenido contacto directo nunca. Caminaron por la avenida, mirando siempre detrás, con todos los sentidos en alerta.
—Tranquilo chico… Tranquilo. Ahora no hay peligro…
Avanzaron lentamente y pasaron al lado de dos vehículos que habían colisionado y ardido. Dentro, aun podían verse los restos calcinados de los ocupantes. Lo que más le llamó la atención de estos, fue la sillita para bebés que había sobre los asientos traseros y que todavía albergaba los restos del infante. A Sandra le asaltó un sentimiento de tristeza ¿Qué habían hecho los humanos para merecer semejante castigo?
Sandra no era creyente, no creía en una fuerza superior, pero hasta ese momento, tampoco creía que los muertos pudiesen volver a caminar y el destino se lo había estampado en la cara de forma violenta y extremadamente cruel.
Pasaron de los vehículos y llegaron a una plaza, fue allí donde el pelo del lomo de Yako comenzó a erizarse.
A unos metros de ellos, se encontraba un autobús escolar siniestrado, y alrededor de este, más de dos docenas de No Muertos de pequeña estatura. Niños y niñas que apenas llegaban a los diez años. Era una imagen impactante y emocionalmente demoledora.
El corazón de Sandra se aceleró mientras retrocedía al tiempo que los niños muertos avanzaban. No quería enfrentarse a ellos, no sabía cómo hacerlo.
Sandra se dio media vuelta y comenzó a correr junto a Yako, sin mirar atrás. Doblaron una esquina y fue cuando Sandra se dio de bruces con un cuerpo blando, tropezó y cayó al suelo, haciéndose daño en las costillas. Quiso levantarse rápidamente, pero antes de que pudiera moverse, se encontró con un cuerpo sobre ella y una cara destrozada con dientes ennegrecidos que trataba de morderla.
Sandra intentaba quitárselo de encima, pero sus manos se hundían en la putrefacta carne de aquel ser, si se seguían hundiendo, acabaría siendo mordida por aquel No Muerto. De pronto, vio como Yako se lanzaba sobre aquel muerto viviente y comenzaba a morderle en el cuello. Con la ayuda de su perro, logró quitarse de encima a aquel ser, se arrastró por el suelo y entonces se puso en pie, agarró el palo de escoba y se lo clavó repetidas veces al No Muerto en la cabeza, hasta que se quedó completamente inmóvil.
Yako regresó junto a su dueña, y ella le acarició la cabeza. Si no hubiese sido por él, probablemente habría muerto.
—Te debo la vida…
Sandra comprendió en ese momento que el exterior, más allá de lo que veía por su ventana, era mucho más peligroso de lo que había imaginado. Se sintió estúpida por pensar que lo lograría, y se planteó regresar a su casa y volver a encerrarse allí, por lo menos, tardaría más en morir.
Se sentó en el suelo cavilosa, pensando en si debía volver o no a casa. Repasó pros y contras de las decisiones que había tomado y que tomaría. Ninguna iba a ser fácil. Fue cuando alzó la cabeza y decidió que no se rendiría, que saldría de Cabanyal y buscaría un lugar donde el número de muertos fuera ínfimo.
Sandra se puso en pie y comenzó a andar con la cabeza alta. Llegó a una avenida y fue entonces cuando vio algo que le llamó la atención, a no más de veinte metros de ella, vio cuatro siluetas que avanzaban juntas de espaldas a ella. Se fijó bien en ellas, buscando una señal que le indicara que eran más muertos vivientes, pero andaban como cualquier otra persona.
Lo que Sandra estaba viendo, eran personas que indudablemente estaban vivas. Sintió entonces esa esperanza que pensó que nunca recuperaría, ya no estaba sola con Yako. Sin pensárselo dos veces, levantó los brazos y comenzó a agitarlos a la vez que gritaba para llamar la atención de aquellos cuatro.
******
La primera en escuchar los gritos fue Amelia. Ella se dio la vuelta y entonces, vio a alguien moviendo los brazos. Los demás no tardaron en darse la vuelta y verla también.
—Parece que no estamos solos— dijo Mishuro mirando a la chica que los llamaba y luego mirando a Luci — ¿Qué te parece?
—No tenemos tiempo para eso— respondió Luci mientras veía como la chica se iba acercando corriendo con un perro a su lado.
—Tiene un perro…— respondió Mishuro esperando que Luci se ablandara. Aunque lo único que consiguió, fue que esta simplemente se cruzara de brazos y guardara silencio —Me tomaré eso como un sí.
La chica llegó junto a ellos y lo primero que hizo fue sonreírles —Sois los primeros seres vivos que veo desde hace meses. No podéis ni imaginaros lo feliz que eso me hace. Me llamo Sandra, y este es mi perro Yako.
—Es un placer. Yo soy Mishuro y ellos son Amelia, Jordi y la callada con cara de mala leche es Lucia, pero la llamamos Luci. Que no te perturbe su cara de mala hostia. Aprenderás a quererla.
Las palabras de Mishuro hicieron que Luci resoplara, no soportaba que su compañero y único amigo en aquel mundo de locos, le tomara tanto el pelo.
— ¿Hacia dónde te dirigías? — preguntó Jordi en ese momento. —Nosotros nos dirigimos a Valencia capital. Al parecer hay un campo de refugiados allí.
—No me dirigía a ninguna parte en concreto. Solo pretendía abandonar el Cabanyal. Encontrar un lugar seguro— respondió Sandra.
—Bueno. Puedes acompañarnos si lo deseas— dijo en ese momento Mishuro, mientras, ignoraba los constantes resoplidos de Luci.
— ¿Puedo hablar un momento contigo? — preguntó en ese momento Luci mirando al joven japonés.
—Igual tendrías que esperar a que…
—Ahora…— replicó Luci.
—Disculpadme un momento— dijo Mishuro. Después, se retiró con Luci a un punto para hablar en privado.
— ¿Se puede saber de qué vas? Esto no es una excursión de fin de semana en la que se pueda invitar a todo el mundo ¿Te recuerdo la importancia de nuestro viaje? No hacemos más que acoger a gente— preguntó Luci.
—No podemos dejarlos tirados…  Y menos cuando nos dirigimos al mismo sitio— respondió Mishuro —Yo no te dejé tirada a ti. Lo sencillo habría sido ignorarte y seguir, pero no pude hacer eso.
—Quizás debiste hacerlo— respondió Luci —Habría sobrevivido de todos modos.
Mishuro se cruzó de brazos, miró primero al suelo y luego a Luci de nuevo —No me cabe duda de que podrías haberlo hecho. Eres fuerte y muy capaz. Pero la soledad hace estragos— Mishuro entonces le puso las manos en los hombros —Tienes que intentar abrirte a los demás.
Luci miró a los ojos de Mishuro —Está bien. Iremos todos juntos a Valencia, pero una vez allí me largaré por mi cuenta. Solo me interesa encontrar a mi hija. No me interesa un campo de refugiados. Y si quieres acompañarme, serás bienvenido, pero solo tú.
—Como quieras. Ahora regresemos con los demás— dijo Mishuro.
Mishuro y Luci regresaron junto a los demás. Después, se pusieron en marcha, regresaron a las vías y allí vieron que el número de No Muertos era inferior, podrían dejarlos atrás andando un poco. Y así lo hicieron.
Anduvieron cerca de un kilómetro cuando se toparon con un túnel que se metía bajo tierra. Al atravesarlo y salir al otro lado, se encontrarían ya en el último tramo de vías, el cual, los dejaría ya en la estación del Norte de Valencia, a unos pasos menos de encontrar el campo de refugiados ubicado en el estadio del Valencia C.F. Estaban a pocos pasos de unas esperanzas que se negaban a abandonar.

domingo, 24 de junio de 2018

ZOMBIES: Capitulo 024 Confianza


Capítulo 024
Confianza

Día 6 de enero de 2018…
Torre de vigilancia, Pantano de Navajas…
0:15 horas…

Héctor se acercó al cuerpo de su mujer, mientras esta, trataba de agarrarlo, Con lágrimas en los ojos, logró inmovilizarla y seguidamente, con una piedra que cogió del suelo, la golpeó varias veces en la cabeza hasta que dejó de moverse. Después de eso, se sentó en el suelo al lado del cadáver y me miró.
—Se cortó las venas… Había amenazado con hacerlo desde que vio que me costaba mucho llevarla de un lado a otro. Decía que no quería ser una carga… Y yo no paraba de decirle que eso no era cierto. Debí sospechar que era por eso por lo que ella me hizo dejarla sola. Lo tenía todo pensado.
—¿No sabíais que si moríais os reanimaríais después? — pregunté.
—Yo sí que lo sabía. Solo que nunca se lo dije. No quería preocuparla. Pensé que, si se lo ocultaba, mantendría la esperanza y lucharía por sobrevivir, Me equivoqué— Héctor me miró nuevamente —Ya no es necesario que sigas aquí. Puedes irte si quieres, Yo me quedaré aquí unas horas y al amanecer, buscaré algún sitio desde el que saltar.
—Yo también perdí a mi mujer— comencé a decir —Se llamaba Cristina también. Yo mismo tuve que matarla cuando se reanimó. Pensé exactamente como tú. Pensé en quitarme de en medio, pero… Me lo pensé mejor y decidí que quitarme del medio era una falta de respeto a su memoria. Así que decidí seguir adelante. Haz tu lo mismo, vive por ella.
—¿A ti que más me da? No me conoces de nada. No sabes nada de mi ¿Por qué te importa tanto? — quiso saber Héctor —Simplemente lárgate.
—Tienes razón. Ni se nada de ti, ni te conozco… Aun así, quiero que tengas una oportunidad. Quiero que sobrevivas. Por eso, quiero que vengas conmigo. Podrás tener un hogar— respondí. Le tendí la mano a Héctor para ayudarlo a levantarse y este la tomó. Seguidamente se levantó.
—Gracias… Por todo esto…
—No me las des. Vas a tener un hogar, pero también tendrás que aportar cosas a la comunidad. Yo, por ejemplo, soy de los pocos que salen del instituto para buscar suministros— respondí.
—Me parece lógico— respondió Héctor —¿Y dónde tenéis vuestro refugio?
—En Puzol… Nos queda un largo camino todavía. Quizás podamos encontrar algo. David y Félix se llevaron el único vehículo que teníamos en estos momentos. Ya deben estar cerca de Puzol.
Ambos comenzamos a caminar por el bosque, vigilando siempre nuestras espaldas.

Vías de tren…

Jordi permanecía tumbado en el suelo. Sobre él, seguía aquella extraña chica, amenazándolo con una Katana. Solo unos centímetros lo separaban de que le cortaran el cuello… Y algo le decía, que, si la chica tenía que hacerlo, no dudaría.
—Te lo preguntaré una vez más… ¿Me estabas siguiendo? De tu respuesta, dependerá que veas un nuevo amanecer…— preguntó nuevamente la chica.
Jordi notó la punta de la espada en el cuello, pudo notar como esta, había penetrado unos milímetros, lo bastante como para que empezase a sangrar un poco —¿Me creerías?
—Luci…— en ese momento, la voz de un hombre, hizo que Jordi mirara de reojo hacia su derecha. Allí, vio una segunda silueta. Esta vez la de un hombre, sostenía una linterna, El tipo avanzó hacia ellos y se situó a su lado —Puedes dejar que se levante, No creo que sea una amenaza.
—¿Una corazonada tuya? — preguntó la chica —Normalmente fallas más que una escopeta de feria. No juzgas bien a las personas.
—¿Y tú sí?
Jordi escuchaba la conversación. Ambos eran jóvenes, pese a que no podía verles la cara. En el caso de él, había algo más. Tenía un acento muy peculiar y que no podía identificar, lo que estaba claro, era que no era español.
—Solo me dirigía a Valencia… O a algún otro lado. No quiero problemas con nadie— comenzó a decir Jordi —Deja que me levante y después, cada uno por su lado.
La chica se retiró y Jordi se ayudó de uno de los laterales del vagón para ponerse en pie. Aunque, sentía que, en cualquier momento, la chica podría separar su cabeza del cuerpo con un rápido movimiento.
Una vez de pie, Jordi los miró a los dos. Primero miró al hombre, era un poco más alto que él y delgado, su pelo era ondulado y llevaba una barba de varios días. Fue entonces cuando se fijó en sus rasgos. Se trataba de un chico japonés. Después, miró a la chica. Esta se ocultaba debajo de una capucha, pero puedo ver su cara y parte de su pelo. Era evidente que llevaba el pelo recogido en una cola de caballo. También se fijó en su cuerpo, por lo que parecía, era una chica bastante atlética. Probablemente musculosa debajo del atuendo que llevaba.
—Cada uno por su lado— repitió en ese momento la chica. Miró por encima del hombro a Jordi y se centró en su compañero —Mishuro. Es hora de seguir.
Justo cuando el chico japonés iba a moverse, una silueta apareció de improviso y lo derribó. Jordi no tardó en darse cuenta de que se trataba de Amelia.
El chico japonés, tumbado en el suelo, se vio amenazado por una tubería oxidada, la cual, temblaba en manos de una mujer que estaba muy nerviosa. Al verla, Luci desenvainó de nuevo la espada y le apuntó.
—Deja que mi compañero se levante y nadie tendrá que lamentar nada.
—Amelia…— comenzó a decir Jordi situándose entre su compañera y la chica de la Katana. Primero miró a Luci y levantó la palma de la mano para que no hiciera nada. Después, nuevamente miró a su compañera —Puedes dejar que se levante. Ellos no son un peligro. Todo fue un mal entendido… Pero ya está más que solucionado.
Amelia los miró a todos y luego con mucho cuidado se retiró y dejó de amenazar al hombre japonés. Segundos después, los cuatro se encontraban mirándose los unos a los otros en silencio. Solo la chica de la katana rompió el silencio.
—Mishuro… Nos vamos.
—Espera— Mishuro miró a Luci y luego dirigió su mirada hacia los otros dos viajeros — ¿Vosotros también os dirigís a Valencia? Eso es lo que tu dijiste— señaló a Jordi. El cual, asintió. Amelia hizo lo mismo. —Podemos ir juntos.
—De ningún modo— replicó en ese momento Luci —No necesitamos a nadie más con nosotros. Y todavía necesitamos menos a gente que pueda ser un maldito lastre. Creí que había quedado claro.
—Luci…— comenzó a decir Mishuro —Probablemente se dirigen al mismo lugar que nosotros. Nosotros somos solo dos y tardaremos un día más en llegar por lo menos. No nos vendría mal algo de compañía. Gente con la que hablar y turnarnos para las guardias. Piénsalo, juntos y cooperando habrá más posibilidades de tener éxito— fue entonces cuando el joven japonés miró a Jordi y Amelia —Si a vosotros os parece bien… Claro.
Amelia miró entonces a Jordi y rápidamente miró a Mishuro —A mí sí.
Jordi se dio cuenta entonces que su compañera no iba a dejar que la abandonara, así como así. Sabía que iban a tener que seguir juntos, así que simplemente asintió tras mirar a Mishuro.
El joven japonés sonrió y miró a Luci —Asunto solucionado. Por el momento viajaremos juntos— Luci lo miró con un gesto de desaprobación, pero, aun así, finalmente cedió.
—Tú mismo. Espero que no tengamos que arrepentirnos después por esto.
—En primer lugar. Paremos a pasar la noche. No hemos descansado nada desde ayer. Únicamente hemos andado y andado. Ni siquiera hemos comido— Mishuro parecía bastante afable y rápidamente comenzó con las presentaciones —Yo soy Mishuro Oka y ella es Lucia. Aunque prefiere que la llame Luci. No os dejéis engañar por ese humor de perros que se gasta. No lleva muy bien lo de confiar en otros. No tiene tan buen ojo como yo. Sin embargo, a medida que la vayáis conociendo, os percatareis que es un pedazo de pan y un encanto. Aunque ahora gruño como si fuera un Bulldog.
—Yo soy Amelia— entonces señaló a Jordi —Él es Jordi. Nos conocimos hace poco y decidimos que viajaríamos juntos a Valencia. Nuestro objetivo es el campo de futbol “Mestalla”
—También es nuestro objetivo. Al menos uno de ellos. Luci cree que allí puede encontrar a…
—¿Por qué no les cuentas también la postura en la que cago? Es lo único que te falta.
—Disculpadla. No suele confiar en otros. Confía en mi… Que ya es un milagro… También es un poco humorista como habéis podido comprobar— rio Mishuro ante la frase de su compañera.
Poco después, Amelia y Jordi condujeron a Mishuro y a Luci hasta donde habían estado durmiendo. Una vez allí dentro. Luci se alejó para hacer la primera guardia. Aunque según Mishuro, lo hacía más bien para no acercarse demasiado a sus nuevos acompañantes.
Habían pasado cerca de dos horas cuando Jordi y Mishuro, que no conseguían dormir. Comenzaron a hablar.
—Estaba huyendo cuando me topé con vosotros— confesó Jordi mientras miraba a Amelia —No considero que sea buena idea que permanezca cerca de ella… Ni de nadie. La verdad es que empiezo a perder el juicio.
—¿En qué sentido? — preguntó Mishuro —Quiero decir… ¿Qué te hace pensar que estás perdiendo el juicio?
—Veo constantemente a mi esposa y me habla…— respondió Jordi tajantemente —Aún estoy lo bastante cuerdo como para saber que eso no es normal.
—¿Consideras que murió por tu culpa? Por qué puede que sea por eso por lo que la ves. No serias ni el primero ni el ultimo que pasa por algo así… Y la soledad no ayuda en ese sentido. De hecho, creo que es lo que ha propiciado que tengas esa alucinación. Al fin y al cabo, no es más que una representación tuya en la que te culpas a ti mismo— explicó Mishuro.
—¿Eres Psicologo? — preguntó Jordi.
—¿Acaso lo parezco? No. Antes tenía una tienda de importación de cosas de Japón. Más bien era como una tienda de antigüedades. Traían armaduras samurái y kimonos. Además de Katanas 100% reales. La que lleva Luci se la di yo— en ese momento, Mishuro sacó una katana de su bolsa para mostrársela a Jordi —Esta es la mía.
Jordi tomó la espada y le quitó la funda para ver el filo —Está muy afilada.
—Las afilo yo mismo— Jordi le devolvió la espada y entonces se fijó en Luci, la cual apareció paseando por delante de la puerta del almacén, controlando que esta, estuviese bien cerrada desde dentro. Mishuro se dio cuenta que Jordi la miraba y volvió a hablar —La historia de Luci es mucho más larga que la mía y más interesante. Ella y yo no nos conocíamos de antes. Nos conocimos un día de hace cuatro meses. La encontré vagando por las calles de Castellón, totalmente ensangrentada y con la katana que lleva— Jordi arqueó una ceja sin entender a donde quería ir su compañero, así que, Mishuro continuó con su relato —No regresaba a la tienda desde que ocurrió todo esto. logré encerrarme en casa y abastecerme todo lo que pude, tanto de agua como de comida. Entonces, llegó un día en el que se agotó y tuve que irme de casa. No sabía a donde iba a ir y como el camino sería largo, decidí que debía pasar por la tienda y coger alguna de las katanas… Y una armadura…— Mishuro hizo una pausa —Es que eso me protegería de mordiscos. Fue entonces cuando me encontré con ella. Habían estado viviendo en la tienda, ella y otras tres personas más. Solo quedaba ella cuando la encontré… En la tienda había tres cadáveres.
Jordi arqueó de nuevo una ceja —¿Ella los mató?
—Solo a uno de ellos. Era su novio según me contó. Aquel tipo mató a los otros dos y trató de matarla a ella. Luci solo se defendió y lo atravesó con la katana. Ese tipo perdió la cabeza de verdad. Después de eso, ella y yo nos encontramos y yo le enseñé a manejar la espada.
*****
Luci observaba a su compañero mientras hablaba con el otro tipo. Ella no quería viajar con nadie más que no fuera el, no confiaba en los demás y bajo su punto de vista, no necesitaban a nadie. Ella y Mishuro se habían apañado bastante bien hasta ese momento.
Dio varias vueltas, comprobando una y otra vez todas las puertas y ventanas del almacén, nunca estaba completamente segura, y siempre pensaba que alguien o algún muerto, podría sorprenderlos en cualquier momento.
Pasó varias veces más por delante de la puerta y entonces escuchó un ruido. Desenvainó la katana y salió fuera con sigilo. Nada más hacerlo, se dio cuenta de que había comenzado a hacer viento, y este venía bastante helado. El ruido que había escuchado había sido un tablón que el viento había tirado. En ese momento se dio cuenta de algo más, algo que venía con el viento. No solo era frio, sino que, además, traía hedor a descomposición, como si hubiese varios cuerpos pudriéndose por allí cerca.
Cuando Luci se dio la vuelta para volver a entrar, se encontró con Jordi y Mishuro. Ellos también habían salido y habían notado el hedor.
—Huele como un montón de cuerpos descomponiéndose. Podrían estar cerca…— dijo en ese momento Mishuro —Podría tratarse de una horda.
—Gracias por la aclaración Sherlock— respondió Luci con ironía mientras se daba la vuelta.
—Podrían estar lejos o cerca. Es imposible saberlo con exactitud— dijo Jordi.
—Mañana cuando nos pongamos en marcha hacia Valencia, tendremos que ser cuidadosos. Si un rebaño nos rodease, no saldríamos vivos de ahí. Volvamos al interior— dijo Mishuro haciendo un gesto con la mano.
Una vez dentro, cerraron las puertas a cal y canto, por si la horda se movía y pasaba por allí. No los atacasen.

Sagunto…
05:45 horas de la madrugada…

David detuvo el vehículo cuando llegaron a un atasco en la autopista. Durante todo el lento trayecto desde Navajas. No había dejado de darle vueltas al hecho de que Juanma hubiese decidido quedarse con un completo desconocido y confiar en el de esa manera. Era algo que siempre le reprocharía a su compañero, el exceso de confianza.
—¿Vamos a mover los coches para pasar? Hay un montón— dijo Félix mirando al frente. Al ver que David no respondía, le pegó un leve empujón —Tierra llamando a David. Responda— David miró a su compañero y Félix preguntó —¿Los vamos a mover o damos la vuelta?
—Daremos la vuelta y tomaremos otro camino— respondió David.
—¿En qué demonios piensas? — preguntó Félix
—En Juanma y su manía de querer ayudar a todo el mundo. En el exceso de confianza que tanto lo caracteriza. Si sigue así, al final cometerá un error y eso derivará en un suceso que no tendrá remedio. Ha decidido quedarse con ese tipo al que no conoce de nada…
—Podemos volver si quieres— respondió Félix
—Sería como buscar una aguja en un pajar. Primero llegaremos al instituto y después, si no ha vuelto, saldré a buscarlo otra vez. El muy mamón cree que puede salvar a todo el mundo— respondió David mientras hacía que el vehículo diese la vuelta.
—Para la próxima, deberíamos trazar las rutas en un mapa. Así nos libraríamos de dar tantas vueltas— dijo Félix tratando de cambiar de tema —Tendríamos ya nuestras propias rutas.
—¿No te he contado cuando le dispararon? — preguntó David
—Sé que le dispararon poco antes de conocernos en el parque aquel. Aunque supongo que no te refieres a ese disparo— respondió Félix.
—Acudimos a una llamada. Un tipo se había atrincherado dentro de la iglesia. Estaba armado y tenía varios rehenes. Además de un cinturón de explosivos… Que, por cierto, resultó ser falso— David hizo una pausa y prosiguió —Acudimos sin saber mucho. Lo cierto es que lo único que se sabía, era que era un hombre y que estaba solo. Cuando llegamos, la cosa se complicó. Nadie nos dijo que era un chaval de diecisiete años. Cuando nos topamos con él, Juanma intentó calmarlo y conversar con él, bajó el arma y aquel chico disparó a bocajarro. El disparo no fue nada grave… Y, además, ese chico estaba nervioso. De haberlo tenido más claro, Juanma habría muerto, pero no, ese chico temblaba como un flan… Y claro, Juanma pensó que podría hablar con él. Se confió demasiado.
—Escuché algo de eso. El chico fue abatido.
—Y le disparé— confirmó David. —Había herido a mi compañero y amigo ¿Qué podía hacer? Lo peor es que luego, se descubrió el motivo por el que ese chico hizo lo que hizo. El cura había abusado de él y de su hermano pequeño. Había comprado la pistola en la Deep Web y quiso vengarse del sacerdote, pero después, se le fue todo de las manos— Félix se mantuvo en silencio mientras David le relataba todo aquello —Aun así, después de aquello. Juanma ha seguido siendo confiado. No puede seguir así y debe cambiar.
—Entiendo, pero lo cierto, es que es buena persona— dijo Félix.
—Lo es. De eso no me cabe duda. De hecho, decidió abandonar el ejército antes que enfrentarse a un superior que, en principio, era amigo suyo. Pese a que discutieron y se pelearon, él nunca lo delató por no joder a la familia de este. Aunque nunca me contó que ocurrió exactamente. Quizás algo de dopaje o drogas— contó David —Esa es mi teoría.
— ¿Y quién era ese?
—Por aquel entonces era un sargento. Un tal Julio Molano— respondió David al tiempo que tomaba una curva —Hiciese lo que hiciese, es algo que se guarda para él.
El vehículo se adentró en un camino que los llevaría derechos a Puzol. En poco tiempo llegarían al instituto y podrían alegrar a todos con los suministros que habían logrado reunir.
******
Las puertas del instituto se abrieron cuando el vehículo de David llegó. Nada más cruzarlas, David se dio cuenta de que Andrea había llegado también recientemente. Aunque también se dio cuenta de algo más. Algo nuevo había, se trataba de varios vehículos nuevos y de aspecto militar. Algo que no tardó en confirmar cuando vio a varios de esos militares deambulando por allí.
—¿Qué es todo esto? ¿De dónde han salido?
—Llegaron mientras estabas fuera. Están aquí solo de paso por lo visto— respondió Andrea mirando a David. Fue en ese momento cuando vio a Roberto ir hablando con otro militar. De hecho, era el militar que parecía más veterano —Ese es el comandante según me han dicho. Es el quien manda en su grupo. Un tal Julio Molano o algo así.
Al escuchar el nombre, a David le dio algo similar a un escalofrío. Ese hombre era el mismo que hizo que Juanma se marchara del ejército.

Vías del tren…
8:30 horas…

Habían recogido sus cosas y habían salido del almacén a las ocho de la mañana. Habían andado durante varios minutos mientras el viento se iba volviendo más fuerte, trayendo con él, ese hedor que se iba haciendo cada vez más intenso. Estaban llegando a Cabanyal cuando Luci divisó algo a lo lejos en las vías.
—Alto todo el mundo— dijo la chica mientras levantaba el puño.
Todos se detuvieron y Luci comenzó a avanzar. Se subió a un vagón de mercancías y observó el horizonte. Rápidamente se bajó y regresó junto al resto, aunque prácticamente ignoró a Jordi y Amelia. Ella solo le habló a Mishuro.
—¿Qué ocurre? ¿Malas noticias?
—Será mejor que lo veas tú mismo y decidamos que hacer— respondió Luci.
Ambos se subieron al vagón que Luci había utilizado en un principio. Después, Jordi se subió y sacó los prismáticos para mirar. Cuando los retiró, su rostro estaba completamente pálido. A unos cien metros de ellos había miles de No Muertos deambulando por las vías y cortándoles el paso. Era de esos precisamente de donde venía el hedor que el aire transportaba… Y eran un obstáculo en su camino hacia Valencia capital.

sábado, 2 de junio de 2018

ZOMBIES: Capitulo 023 Solitarios


Capítulo 023
Solitarios


Día 4 de enero de 2018…
Vías del tren, Sagunto…
8:00 horas de la mañana…

Jordi se despertó cuando sonó la alarma del reloj. Poco a poco se fue incorporando y miró a su alrededor. Seguía estando en aquel vagón de carga, pese a que su ultimo sueño, lo había llevado a un prado con toda su familia, pero la alarma lo había traído de nuevo a la triste realidad.
Desde que Jordi abandonó el hospital, había estado dando vueltas por la comunidad Valenciana, siempre alejándose del centro de los pueblos y sin adentrarse en las ciudades. Estaba totalmente solo. No hacía más que ver rebaños de aquellos seres o alguno solitario, también había visto a otras personas, pero nunca había interactuado con ellas, aunque tampoco lo habría intentado. Quería estar solo.
Recogió el saco de dormir y la lámpara, comió algo de pan bando que había conseguido y se calentó algo de café. Una vez terminó, abrió la puerta del vagón y se dejó caer de pie sobre las vías.
Se sentía diferente, la barba le había cubierto gran parte de la cara y el cabello había crecido hasta el punto que comenzaba a parecer una melena, la cual, había tenido que recogerse. También había perdido bastante peso.
Comenzó a caminar por la vía del tren en dirección a Castellón, siempre atento a lo que pudiera pasar. No se podía estar seguro de cuando algo podía suceder y de cuando podía ser asaltado por maleantes. Eso era algo que ya había visto con anterioridad, observó como una familia era asesinada por dos jóvenes. El no hizo nada para impedirlo, aunque perfectamente podría haberlo hecho. Lo que vio, lo perseguiría siempre.
Las vías parecía que no iban a terminarse nunca. Llegó a la estación de Almenara y decidió pararse a beber agua y descansar. Se sentó en el andén y sacó la botella. Justo cuando iba a darle el primer trago escuchó un ruido, era muy similar a un grito humano.
Jordi se puso de pie rápidamente y sacó su arma, la única que tenía y cuyo cargador estaba casi vacío, le quedaban como mucho cinco balas, las cuales, se aseguraría de no usar, en todo caso, solo usaría una y sería consigo mismo, si llegase el momento que se rindiese,
Llegó a una esquina del edificio de la estación y se asomó, fue entonces cuando en el mismo parking de la estación de trenes de Almenara, vio a dos tipos acorralando a una mujer, ellos vestían unas ropas que parecían militares. Estaban como jugando con ella. persiguiéndola entre los coches abandonados y cortándole el paso.
—¿A esta también la vas a dejar morir?
Jordi gruñó y miró hacia su derecha, allí estaba de nuevo, mirándolo con desaprobación. Su mujer, la cual, había muerto hace meses y a la que había comenzado a ver desde no hacía mucho.
—No estás aquí…— murmuró el apartando la vista de ella y volviendo a mirar la escena. Vio como uno de los tipos agarraba a la chica y la empujaba contra un coche de color rojo. La tiró sobre el capó y allí la puso boca abajo, uno de los tipos la sujetaba mientras el otro, se quitaba el cinturón.
—Sabes lo que va a pasar… ¿Vas a quedarte mirando sin hacer nada?
Jordi apretó los dientes y abandonó su escondite. Avanzó hacia los tipos y les apuntó con el arma. Eso hizo que aquellos dos tipos se quedaran sorprendidos.
—Dejad a esa mujer— dijo Jordi mientras miraba a la chica. Era una mujer que debía tener unos cuarenta años. Era blanca de piel y de cabello oscuro, el cual, al estar casi tumbada en el capó, le estaba cubriendo la cara. Fue cuando uno de esos tipos, le habló en un idioma que Jordi enseguida identificó como francés.
El tipo le hablaba en francés y le hacía gestos con la mano, indicándole que se marchara. Sin embargo, Jordi no hizo caso. Justo cuando el tipo que le hablaba fue a sacar algo, Jordi apretó el gatillo y abatió a aquel primer tipo ante la mirada atónita del segundo.
El segundo francés soltó a la chica y después se marchó corriendo. Jordi se acercó a la mujer y la miró. Los ojos de ella eran marrones.
—¿Estás bien? ¿Hablas mi idioma?
La chica asintió sin articular palabra y Jordi respondió asintiendo también. Se dio media vuelta y caminó hacia el tipo que había abatido. Le había acertado en el pecho y no lo había matado, aunque no le quedaba mucho, estaba agonizando.
—¿No has visto lo que iba a hacer? No lo remates. Déjalo que se convierta— murmuró su mujer —Es lo único que se merece.
Jordi la ignoró, sacó un pequeño cuchillo y se lo clavó en la cabeza. Rebuscó entre las pertenencias de aquel tipo, pero no encontró nada. Solo unos prismáticos y un puñal con una inscripción. Se levantó y miró a la chica de nuevo. Después se dio media vuelta y se alejó de allí sin mirar atrás y dejando sola a aquella mujer. Podría haberse quedado con ella o haberle dicho que le acompañara, pero el, quería estar solo.
Era cerca del mediodía cuando Jordi llegó a la estación de Castellón. Un lugar bastante grande donde también, dentro del complejo, había multitud de tiendas, bares y demás. Muy similar a la estación del Norte de Valencia capital. El lugar parecía desierto, aunque el, sabía muy bien que eso solo era algo que quería creer, la realidad era que muy probablemente, habría varios caminantes allí. La mayoría de ellos, viajeros que nunca llegaron a coger el tren o empleados que nunca abandonaron su puesto de trabajo.
Para acceder al interior de la estación, debía hacerlo por uno de los andenes, y para acceder a este, primero debía atravesar un no muy largo túnel, aunque oscuro como la boca de un lobo.
Avanzó hasta la entrada del túnel, pero no entró, se quedó quieto. Tenía que pensarse muy bien si eso era lo que quería hacer, si quería adentrarse en ese lugar. Finalmente se armó de valor, sacó la linterna que llevaba y se descolgó una palanca que llevaba en la mochila. Eso le serviría para defenderse si le atacaban, aunque no le serviría de nada si los muertos vivientes lo atacaban en grupo y lo acorralaban.
Jordi se adentró en el túnel y lo primero que notó, fue el frio que hacía allí dentro, después, notó el olor a quemado que había allí dentro. No tardó en ver de dónde salía ese aroma. Ante él, se podía ver un amasijo de hierros calcinados amontonados. Se trataba de vagones de tren. Era evidente que había descarrilado.
Jordi avanzó hacia los vagones destrozados y vio que le bloqueaban en paso. Se ayudó de la linterna para buscar un punto hueco por el que poder pasar y finalmente dio con él. Uno de los vagones tenía una obertura por la que podía colarse. Este estaba colocado de tal forma que, una parte estaba medio enterrada en el suelo y la otra casi tocaba el techo del túnel. Prácticamente, iba a tener que trepar por dentro
Sin pensárselo dos veces, se aventuró hacia el interior del vagón y comenzó a avanzar ayudándose de los barrotes de agarre y de los asientos, cada paso que daba, la estructura crujía y el vagón parecía que se desplazaba hacia un lado.
—Vas a tener que ir con cuidado. Un paso en falso hará que lo pases mal— Jordi escuchó la voz de su mujer y la buscó con la mirada. La encontró sentada en uno de los asientos mirándolo. Aun así, no le respondió, sabía que no estaba allí. Ella estaba muerta desde hacía meses. El hecho de que la viese, solo podía significar que la soledad le estaba pasando factura y que, de alguna manera, esa era la forma que él tenía de combatir eso, pese a que el mismo era quien había escogido ese camino.
Siguió avanzando, ignorando las palabras de la alucinación. Se impulsó para agarrarse a una de las barras de hierro y fue en ese momento cuando una silueta medio calcinada surgió de entre unos asientos y lo agarró del brazo. El No Muerto intentó morderle y Jordi se lanzó hacia atrás para evitarlo. Perdió agarre y se precipitó rodando hacia abajo, golpeándose con asientos y barras de hierro. Chocó contra otro de los asientos y su cuerpo se vio lanzado hacia uno de los lados. Atravesó una de las ventanas y se precipitó al exterior, cayendo sobre las vías y golpeándose violentamente contra ellas. Sintió un fuerte dolor y el tiempo pareció ir a cámara lenta. Después, perdió el conocimiento.
Jordi despertó en la oscuridad y enseguida sintió una punzada de dolor en el costado, se llevó las manos a la zona afectada y tocó la palanca, parte de la cual, se había clavado en su costado. Gritó de dolor y maldijo no haber sido prudente.
—Hasta aquí has llegado. Has durado más de lo que pensabas— dijo su mujer. Esta vez, estaba sentada entre los hierros, alumbrada por la linterna.
—Deja de atormentarme— respondió Jordi —¿Acaso lo merezco? Hice todo lo que pude por salvaros.
—Morirás desangrado… Supongo que ya sabes lo que debes hacer— dijo su mujer ignorando las palabras de él —Hazlo. Adrián y yo te estamos esperando. Sabes que quieres reunirte con nosotros.
Jordi sabía muy bien lo que eso quería decir. Sabía que era lo que su mujer le estaba insinuando. Con gran esfuerzo y un agudo dolor, logró alcanzar la pistola. Comprobó que estuviese todavía sujeto el cargador y después que no se hubiese disparado durante la caída. Las balas estaban ahí… Solo quedaba algo por hacer.
Se llevó la pistola a la cabeza y cerró los ojos. Su mano derecha comenzó a temblar y sus ojos se llenaron de lágrimas. Así era como iba a morir. Fue en ese momento cuando escuchó un ruido hacia su derecha, abrió los ojos y miró. Su mujer ya no estaba allí, en su lugar, estaba esa misma mujer que había salvado algún tiempo antes. Esta lo miraba y finalmente negó con la cabeza. Por unos momentos, Jordi pensó que no era real, que era otra proyección como la de su mujer. Sin embargo, la chica se arrastró entre los hierros y lo alcanzó.
—No lo hagas.
Tardaron mucho tiempo, pero finalmente, aquella chica logró sacarlo de entre los hierros. Ella le quitó el hierro y finalmente, taponó la herida, la cual no era muy profundo.
—¿Por qué me has salvado? No tenías el por qué… No me conoces de nada. Debiste dejar que me matara y acabara con esto.
—Si de verdad hubieses querido hacerlo, lo habrías hecho. No era tu momento— respondió la chica —Además. Tú me salvaste a mi primero. Estoy aquí gracias a ti.
—¿Cómo te llamas? — preguntó finalmente Jordi.
—Me llamo Amelia Marquina— dijo la chica.
—Yo me llamo Jordi Ayala ¿Cómo me encontraste?
—Decidí seguirte y me adentré en el túnel. Vi la luz de la linterna y también te escuché hablar con alguien.
—No es nada—  Jordi intentó ponerse en pie, pero le dolía demasiado el costado. Volvió a quedarse sentado y Amelia lo miró.
—Aun debes descansar un poco.
—Ya puedes seguir tu camino. Gracias por ayudarme, pero quiero estar solo… No necesito a nadie conmigo— respondió Jordi —Si sigues conmigo es probable que acabes muerta. Ya les ha pasado a algunos. Gente muy importante para mí.
—¿Quiénes eran? — la pregunta sorprendió a Jordi. Tanto que se quedó en silencio. Amelia se respondió a si misma —¿Mujer e hijos? Yo perdí a mis hijos el primer día…  Todos hemos perdido a alguien muy importante.
—Yo perdí primero a mi mujer y después a mi hijo Adrián. A él le mordieron y no pude salvarle pese a que lo intenté. Fracasé como padre y marido— explicó Jordi —Te irá mejor sin mí. Sigue tu camino antes de que te acabe matando.
—De momento creo que debemos permanecer juntos ¿Hacia dónde te dirigías?
—Hacia ningún lugar en concreto— respondió Jordi —Simplemente camino y camino ¿Y tú?
—Yo si tenía un lugar al que me dirigía… Me dirigía a la ciudad. A Valencia.
La respuesta de Amelia hizo que Jordi arqueara una ceja. Esa chica hablaba de llegar a una ciudad, donde el número de muertos vivientes era alarmantemente más alto que en cualquier otro pueblo en los que había estado. Algo muy importante debía haber allí para que esa mujer decidiese arriesgar la vida adentrándose allí.
— ¿Qué hay en Valencia? — preguntó finalmente Jordi. Le llamaba mucho la atención.
—Hace unos días. Escuché un mensaje en una radio. Un mensaje que lleva repitiéndose desde hace pocos días. En el Mestalla hay un campo de refugiados. Tienen alimentos y mucho abastecimiento para todo aquel que llegue.  Si vamos, viviremos mejor que aquí fuera.
—Puedo acompañarte para que no vayas sola— respondió Jordi —Pero… No me quedaré. Prefiero seguir solo. Es lo mejor para mí.
—Me parece bien…— dijo Amelia —Aunque quizás te guste lo que encuentres. Quizás te termines quedando.
—Lo dudo, la verdad— Jordi hizo una pausa y miró entonces a su compañera —Pero bueno. De momento será mejor que busquemos un lugar donde descansar por hoy y mañana temprano ponernos en camino. Con suerte, llegaremos en un día o dos.
—Me parece bien— respondió Amelia tendiendo la mano para que Jordi se la estrechara. Este, pese a que al principio dudó, finalmente se la estrechó.
Jordi notó la mano de la chica, era totalmente real. No era otro producto de su imaginación.

Día 5 de enero de 2018…
7:00 horas…

Jordi y Amelia se despertaron cuando la alarma del reloj sonó. Eran las siete en punto de la mañana y era hora de partir. Ambos habían pasado la noche dentro de un almacén que había entre las vías. Allí era donde cargaban los vagones de carga hacia bastantes años.
— ¿Qué tal has pasado la noche? — preguntó Amelia señalando la herida. Antes de dormir, ella se la había curado y cosido. Al mismo tiempo, la chica había revelado que había sido veterinaria.
—De vez en cuando me duele, pero eso no me matará.
—Cuando lleguemos al campamento, seguramente encontremos a alguien que pueda hacerte un mejor remiendo que el mío. Yo estaba bastante limitada— respondió Amelia.
Ambos salieron del almacén y comenzaron a caminar por las vías en dirección a Valencia. Hacía mucho frio, debían estar a unos cero grados o menos.
Jordi y Amelia caminaban uno al lado del otro, sin separarse demasiado. Hablaban de todo un poco. Se contaban cosas del pasado. Jordi le contó a ella sus vivencias, pasando por lo ocurrido en el caserón, hablando de la gente que había conocido y de cómo llegó al hospital, del que se fue después de que ayudara al doctor Sánchez a construir un mecanismo de captura de caminantes con los que posteriormente experimentaría con intención de encontrar una cura. El medico trató de convencerle de que se quedara, pero Jordi era firme en su decisión.
Amelia por su parte le contó que había estado en un grupo de más de treinta personas, del cual, solo quedaron ella y otra persona. Un hombre que, en cierto momento, al no tener nada que comer, intentó matarla. Ella se defendió y acabó asesinando a ese otro superviviente. También le contó cómo había sido el encuentro con aquellos dos franceses. Los cuales, al principio, se presentaron como personas amistosas, pero que no tardaron en demostrar su verdadera cara e intentaron abusar de ella.
Cerca de las once de la mañana llegaron a la estación de Puzol y Jordi se quedó parado. Hacía meses que no regresaba a su pueblo natal.
—¿Quieres pasar por el hospital? Quizás ese médico del que me hablaste pueda ayudarte. A mí no me importa— dijo Amelia, pero Jordi negó con la cabeza.
—No. Sigamos avanzando. Este pueblo me trae demasiados recuerdos y ninguno bueno.
—Como quieras— respondió Amelia.
Siguieron su camino hasta que tocadas las dos del mediodía, se pararon a descansar y a comer en un nuevo almacén entre El Puig y El Cabanyal. En aquella zona había una gran multitud de vías, en las cuales, había multitud de vagones de carga de distintos colores. Era como una especie de estación para esos vagones. La zona estaba prácticamente rodeada de vallas y parecía segura y despejada.
—Podríamos quedarnos hoy aquí y pasar la noche. Mañana deberíamos llegar a Valencia— sugirió Amelia. Además, estoy agotada.
Jordi miró a su alrededor, buscando quizás alguna señal de peligro o siluetas de muertos vivientes, pero no había nada. Fue entonces cuando se fijó en una torre de hierro muy alta. Si se subía a ella, tendría una visión mucho más amplia de la zona y podría cerciorarse de que el lugar era realmente seguro. No quería imaginarse lo que pasaría si acampaban tan confiados y después, se veían sorprendidos por una horda de caminantes que no habían visto antes.
—Voy a asegurarme de que la zona sea segura— Jordi señaló la torre y Amelia negó con la cabeza.
—No puedes subirte ahí con esa herida. Podrías marearte por una punzada de dolor y caer. Yo me encargaré de eso. Déjame tus prismáticos.
Jordi al principio tuvo dudas, pero finalmente asintió y le entregó los prismáticos a Amelia.
Con los prismáticos en la mano, caminó hacia la torre y comenzó a subir. Estaba siendo un gran esfuerzo. Jordi no lo habría conseguido o quizás se le habrían saltado los puntos.
Amelia alcanzó la parte más alta y se llevó a los ojos los prismáticos. Observó la zona y vio que no había nada que representara una amenaza. Miró en más direcciones y posó su mirada sobre Jordi, este estaba abajo y parecía que hablaba con alguien, parecía que estaba discutiendo más bien.
******
— ¿Vas con ella porque te gusta o porque simplemente no quieres estar solo? — preguntaba su mujer mirándolo fijamente —Parece que me tienes olvidada ya ¿Por eso me dejaste morir? ¿Para poder tirarte a otra? Dime… ¿Cuánto tiempo pasará hasta que intentes metérsela?
—No estás aquí… No eres real…— repetía Jordi una y otra vez sin mirarla.
—Ya sabes lo que le pasará. Ella morirá también.
—¡¡¡Cállate!!!— gritó Jordi cerrando los ojos con fuerza. Cuando los abrió, su mujer había desaparecido y en su lugar se encontraba Amelia mirándolo.
— ¿Con quién hablas?
—Con nadie— respondió Jordi rodeándola y siguiendo adelante —Solo son alucinaciones.
—La zona es segura— respondió entonces Amelia
—Me parece muy bien— respondió Jordi, pero lo hizo de forma bastante brusca.
Ambos se adentraron en uno de los almacenes y allí descansaron. No intercambiaron palabras durante el resto del día. Ni siquiera cuando comían, Jordi estaba totalmente distante. Y así continuó hasta que llegó la noche.

11:45 horas…

Amelia se había quedado dormida. Jordi preparó su equipaje y había escrito una nota donde le decía que no seguiría con ella y que tuviera suerte. El trataba de convencerla que no estaría segura viajando con él.
Con mucho cuidado para no despertarla, dejó la nota junto a ella y después salió del almacén. Comenzó a caminar por las vías sin mirar atrás. Temía que, si lo hacía, volvería junto a Amelia.
Su mujer había dado en el clavo, Amelia le gustaba y eso era peligroso. No había pasado ni un año desde que su mujer había muerto y ya se sentía atraído por otra mujer. Quizás fuera la soledad o el instinto del ser humano, pero no le importaba, debía mantenerse alejado de ella. Solo así, evitaría que sucediesen cosas que después lo perseguirían.
—Has hecho lo correcto— dijo su mujer —La habrías acabado matando de haber seguido viajando con ella. Tu destino es ser un solitario. No necesitas a nadie, ni nadie te necesita a ti.
Llegó a lo que parecía un laberinto de vagones y comenzó a caminar entre ellos. Fue entonces cuando vio una silueta oscura delante de él. Pensándose que podría ser peligroso, se armó con la palanca y avanzó con ella en alto y en silencio. Volvió a ver la silueta y justo cuando se iba a lanzar sobre ella, fue derribado con un fuerte golpe. Rodó por el suelo y cuando pretendió levantarse, fue golpeado en la cara. Quedó tumbado boca arriba y entonces se encontró a alguien sobre el sosteniendo una katana, cuya punta estaba en su cuello.
— ¿Me estabas siguiendo?
La voz era de una chica. Fue precisamente cuando Jordi la vio bien, ciertamente era una chica que estaba cubierta por una chaqueta con capucha. Y esta no parecía muy amistosa.