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Gracias y bienvenidos al blog. En este blog podréis leer desde el principio la historia titulada Zombies (Esta vez corregida y mejorada), a la que le seguirán sus secuelas: Necroworld y The Survivors Land. En ellas, seguiréis el periplo de un grupo de supervivientes que iniciarán su historia en el pueblo Valenciano de Puzol, pasando por Valencia capital, Barcelona y Madrid. Un periplo que les llevará hasta los Estados Unidos. Esta historia es probablemente la historia de Zombies más larga de la red, ya que cada una de sus partes, cuenta con 200 capítulos en su totalidad. Si te gusta, sígueme en el blog y mis redes sociales, contacta conmigo por Email y suscribete via Email en la pestaña Email address para estar informado de las publicaciones. Esta historia también puede leerse en Wattpad.

sábado, 29 de junio de 2019

ZOMBIES Volumen 5 integro (Capitulo semanal desde el 20 de Octubre ) (20 capítulos)

A partir del próximo día 20 de Octubre, comenzará a publicarse  el volumen 5 con un capitulo semanal. 

ZOMBIES Volumen 4 Integro (20 capítulos)

Capitulo 67: Más de un año entre muertos
Capitulo 68: Construir un nuevo mundo
Capitulo 69: El Mesías inmune
Capitulo 70: Tomar precauciones
Capitulo 71: Muros
Capitulo 72: Campanas de boda
Capitulo 73: Langostas
Capitulo 74: Intrusa
Capitulo 75: Envidia
Capitulo 76: La decisión correcta
Capitulo 77: Por el futuro de la humanidad
Capitulo 78: La entrega más esperada
Capitulo 79: La boca del lobo
Capitulo 80: Títere
Capitulo 81: Uno de los nuestros
Capitulo 82: Selección natural
Capitulo 83: Ya no hay vuelta atrás
Capitulo 84. El fin justifica los medios
Capitulo 85: Ira
Capitulo 86: El principio del fin



Faltan por publicar tres capítulos, suponiendo que no se alargue más este volumen, por motivos de falta de tiempo y bloqueo, el capitulo 84 se publicará el día 15 de Junio. Lo habria publicado mañana, pero no me gustaba como estaba quedando.
Los tres últimos capítulos se publicarán los siguientes días:
Capitulo 84 (15 de junio)
Capitulo 85 (22 de junio)
Capitulo 86 (29 de junio)

ZOMBIES: Capitulo 086 El Principio del fin


Capítulo 086
El principio del fin

Día 22 de agosto de 2018…
Espai Verd, Valencia, 13:50 horas…

Tras la explosión llegó el fuego cruzado desde todas las direcciones en torno al edificio. David y yo salimos de lo nube de humo y nos adentramos en uno de los pasillos cubiertos. Justo detrás de nosotros, un par de chicos entraron con intención de dispararnos, pero nosotros, como policías y tiradores experimentados, fuimos más rápidos y nos ocultamos detrás de la garita del conserje, desde allí respondimos rápidamente y abatimos a los dos chicos sin problemas, sin embargo, más chicos comenzaron a irrumpir.
—No dejan de venir… Parecen una plaga…— dijo David al mismo tiempo que disparaba.
Ambos seguimos disparando y abatimos a uno más.
******
Desde lo alto del edificio, Kuznetsov observaba la batalla de los chicos con los miembros del grupo del edificio. Lo que veía lo estaba llenando de rabia, la balanza se había decantado a favor de los otros. Veía como dos chicas, una asiática y una delgada, recibían con golpes de kung fu a los chicos y sin muchos problemas los derribaban.
Vio a otra chica cubriendo una de las entradas y usando una katana. Ese grupo era realmente duro y estaba cantado que los chicos no iban a salir vivos de allí, de hecho, algunos, los más jóvenes, habían emprendido la retirada. Huían como las ratas. 
Kuznetsov sabía que aquella batalla estaba perdida, lo estaba desde antes de empezar. Viendo desaparecer a unos chicos en una de las calles, el decidió dar media vuelta y marcharse. Esa batalla estaba perdida, pero la guerra todavía no.
******
David y yo abatimos al último de los chicos y parecía que ya no veían más. Fue en ese momento cuando Juan, Leandro, Lucas y Mishuro llegaron por el pasillo, pude fijarme en que el japonés, llevaba la katana manchada de sangre.
—¿Cómo está la situación en las otras calles? — preguntó David.
—Despejada… Hemos matado a muchos, otros han huido… Eran solamente niños, al fin y al cabo— respondió Mishuro.
En ese momento, vimos al padre Lucas, con la mirada perdida, ir de cuerpo en cuerpo, clavando un cuchillo en la sien a los chicos y después cerrarles los ojos mientras recitaba una oración.
—¿Está bien padre? — preguntó Juan.
El sacerdote fue a responder, pero entonces, de la nada, un chico surgió y le atravesó el costado con una lanza. Este lanzó un grito de dolor y nosotros rápidamente disparamos contra el chico, el cual, cayó de espaldas al suelo.
Corrimos rápidamente a socorrer al sacerdote y comprobamos la herida. Rápidamente, David y yo cargamos con él y corrimos en dirección a la enfermería. Los demás, mientras tanto, terminaban de asegurar aquella zona, no queríamos arriesgarnos a que al igual que con aquella mujer que se escondió, alguno de aquellos chicos se infiltrara allí.
******
Nora había dejado los trasteros y había ido al encuentro de Eric. Cuando se reunió con él, el joven se encontraba sentado en el suelo y apoyado en la pared de uno de los pasillos, a sus pies, se encontraban los cadáveres de dos chicos literalmente iguales.
—Eran buenos chicos— dijo Eric sin mirar a Nora —Se llamaban Alfonso y David… Dieciséis años… Y yo he acabado con sus vidas.
Nora se acercó un poco más y se percató de que Eric ya les había clavado algo en la cabeza para impedir que se reanimaran. La chica se sentó entonces junto a Eric.
—Hiciste lo que debías hacer… Lo hiciste por nosotros— dijo Nora tomándole de la mano. Notó enseguida como temblaba. Se imaginaba lo confuso y dolido que debía estar Eric en esos momentos —Nos has ayudado.
En ese momento, Eric apoyó su cabeza en el hombro de Nora y comenzó a llorar amargamente. Ella solo lo abrazó.
*****
David y yo entramos rápidamente en la enfermería con el sacerdote a cuestas. Allí, estaban Sandra, Lola y Lidia atendiendo a Elena, la cual estaba herida en el hombro y acompañada por Luci.
—Llevadlo a esa camilla— Nos indicó Lidia —¿Qué ha pasado?
—Uno de los críos lo atacó con una lanza— respondí mientras tumbaba al sacerdote en la camilla que nos habían indicado.
Lidia miró la herida y luego a nosotros —Puede que le haya afectado al riñón izquierdo. Voy a tener que operar— miró entonces a Sandra —Necesitaré tu ayuda— Sandra acudió a la llamada de Lidia y prestó atención a lo que esta le decía —Necesito Lidocaína, es para anestesiar, está en el estante de la derecha junto a la nevera.
Sandra asintió y comenzó a buscar lo que Lidia le había pedido, segundos después lo trajo y Lidia comenzó a administrárselo al sacerdote, en sus ojos podíamos ver el dolor y en los de Lidia la preocupación.
—¿Saldrá de esta? — le pregunté
La mirada que me dedicó Lidia dijo mucho, no estaba segura y no iba a darme falsas esperanzas. Allí dentro en la enfermería, la tensión se podía cortar con un cuchillo. Fue en ese momento cuando fuera comenzamos a escuchar disparos. David y yo nos miramos y salimos, Luci nos siguió tras despedirse de su pareja y dejarla en manos de Lola.
*****
—Así… Ahora ponte de rodillas y suplica— dijo Jonás apuntando a la cabeza de un chico de unos catorce años. A su lado, se encontraban los cuerpos de otros dos chicos. Jonás y el chico se encontraban cerca de los muros.
—No me mates… Por favor— suplicó el joven.
—¿Y tú me habrías perdonado la vida? — preguntó Jonás mientras en su rostro se dibujaba una sonrisa —Vinisteis aquí a masacrarnos. Matasteis a cuatro de los nuestros ahí fuera. Queríais llevaros a las mujeres de nuestro grupo para que las preñara vuestro mesías…
—Jonás— le interrumpió Moussa apareciendo de repente —No es necesario que hagas esto. La mayoría de sus compañeros han huido ya. Déjalo que se vaya… Ya ha habido demasiadas muertes innecesarias.
Jonás miró a Moussa, pero sin dejar de apuntar al chico —Ellos nos han atacado. Ellos solos se han metido en la boca del lobo. No podemos dejarlos campar a sus anchas. Si lo dejo marchar, serán capaces de volver. No podemos ser tan confiados.
—No volveremos… Se lo prometo…— suplicó el chico. Sin embargo, Jonás apretó el gatillo y el cuerpo del chico se desplomó al lado de los cuerpos de sus compañeros.
En ese momento, David, Luci y yo llegamos al lugar, donde nos encontramos con Moussa y con Jonás. También vimos lo que el ex miembro de la resistencia había hecho.
—Hay que ir a por los que han huido y al hotel. Hay que poner fin a esto.
Jonás pasó por nuestro lado sin mirarnos y terminó desapareciendo de nuestra vista. Parecía que el ataque había terminado.

17:00 horas…

Habíamos sacado los cadáveres y alejado a unos caminantes que se habían acercado a causa del ruido. La normalidad había vuelto a Espai Verd. Por un lado, el padre Lucas había sobrevivido gracias a la rápida acción de Lidia y algunos nos estábamos preparando para ir al hotel Las Arenas, donde esperábamos encontrar a las chicas que tenían allí.
Jorge, Paco, Ángel, Víctor y yo íbamos a ser los encargados de ir al hotel indicado por Úrsula, para ello, estábamos preparando uno de los autobuses que usamos en su día para viajar de Puzol a Valencia.
—No tardaremos mucho en volver— le dije a Lidia mientras comenzaba a subir al autobús —Preparad varias camas. Traeremos alrededor de unas treinta chicas, puede que alguna esté embarazada.
—Id con cuidado— me pidió Lidia, después nos abrazamos y nos besamos.
—Lo tendremos— respondí.
—Venga Romeo…— dijo Jorge desde el asiento del conductor.
Yo lo miré y asentí, fue entonces cuando vi llegar a Eric y a Nora. Ambos venían cogidos de la mano. Cuando llegaron a donde estaba, el chico comenzó a hablar.
—Quizás debería acompañaros.
—No te preocupes. Quédate aquí. Nosotros no tardaremos demasiado— dije poniéndole la mano en el hombro al chico. Después de eso, me subí al autobús y partimos de Espai Verd. Habíamos ganado pese a que habíamos perdido a varias personas, ellos eran Jordi y Amelia, por un lado, de los cuales, tan solo habíamos podido recuperar el cuerpo de ella, no sabíamos nada de donde se encontraban los cuerpos de Jordi, Félix y Héctor.
Antes de partir, mientras revisábamos los cuerpos de los atacantes que habíamos abatido, muchos habían escapado, entre ellos, el ruso. Esperábamos que, tras la derrota sufrida, no volviéramos a verlo.
******
Nora y Eric habían visto partir el autobús. Después de eso, regresaron a la casa y allí, en la terraza, comenzaron a celebrar la victoria. Habían tenido valiosas pérdidas humanas, pero ellos seguían allí y todo lo que envolvía a Eric, parecía haber terminado.
Eric se levantó de la silla y se asomó por la cornisa, ante él, se extendía todo el jardín central de aquel gran edificio. Nora lo miró y se levantó también, se situó a su lado y fue cuando vio las lágrimas en sus ojos, además de eso, su mirada estaba clavada en Bosco y Anna, ellos paseaban por el jardín con su bebé.
—¿Estás bien? — preguntó Nora tocándole la mejilla.
Eric asintió —Estoy feliz. Por primera vez en mi vida, me siento verdaderamente libre. Me he quitado una gran losa de encima. Todo ha terminado, desde ahora empiezo una nueva vida… A tu lado— Eric miró a Nora —Podemos tener una vida feliz, y quizás, algún día, podamos formar una familia de verdad, donde no importe si nuestros hijos son o no son inmunes. Quiero ser feliz.
Nora sonrió y se acercó para besarle apasionadamente, se separó de él y lo miró a los ojos.
—Ven conmigo.

Hotel Las Arenas…
Afueras de Valencia…

—Es aquí, según la reina de las locas— dijo Jorge deteniendo el autobús en el aparcamiento del hotel. Allí, un enorme cartel, nos revelaba que era allí.
—Pues parece que no hay nadie— dijo Paco.
Mis cuatro compañeros militares y yo, bajamos del autobús y miramos a nuestro alrededor, era evidente que allí no había nadie. Según las explicaciones que nos había dado Eric, su hermana le había revelado que el grupo estaba allí escondido y que tenían a las chicas en la última planta, dentro de una habitación enorme.
Lo único que veíamos allí, era que realmente, alguien había estado viviendo hasta hacia poco, de hecho, veíamos las marcas de neumáticos recientes.
—Avancemos y con cuidado— les indiqué a mis compañeros.
Nos adentramos en el hall, apuntando en todas las direcciones. Subimos por las escaleras, viendo señales de que realmente, allí habían estado viviendo hasta hacia poco. Sin duda, estábamos en el sitio correcto. Subimos hasta la última planta, donde estaban las habitaciones más lujosas y, por lo tanto, más caras.
Miramos habitación por habitación hasta que llegamos a la última. Nos acercamos a la puerta y comencé a hablar cuando me pareció ver movimiento por debajo de la puerta.
—Hemos venido a ayudaros… Tranquilas… Vamos a abrir la puerta— dije mientras tomaba el pomo. Al ver que estaba cerrada con llave, nos apartamos un poco y disparé sobre este. La puerta quedó abierta, y cuando lo hizo, una No Muerta salió por la puerta para abalanzarse sobre mí. Yo la esquivé rápidamente y Jorge la mató clavándole un cuchillo en la cabeza. Después de eso, entramos en la habitación y lo que vimos, hizo que el corazón me diera un vuelco. Allí, dentro de la habitación había habido una verdadera masacre, todas las chicas habían sido asesinadas brutalmente. Era como si alguien, hubiese entrado y hubiese comenzado a disparar a discreción.
Todas las chicas estaban muertas, pero solo algunas reanimadas, otras, pese al ser muertas vivientes, estaban tan destrozadas que apenas podían moverse.
—Quien hizo esto… Se tomó su tiempo— dijo Jorge observando la macabra escena —Vació y cargó varios cargadores. Quien hizo esta barbaridad… Lo hizo en un arranque de ira.
—Esto lo ha hecho un verdadero animal— añadió Paco refiriéndose a la desgarradora escena.
Sin decir nada, saqué un cuchillo y me acerqué a la No Muerta más cercana, la inmovilicé y le acuchillé la cabeza, luego me dirigí a una segunda. Mis compañeros militares, pronto comenzaron a hacer lo mismo que yo. No podíamos dejarlas así. Estábamos acabando con su sufrimiento, después, las incineraremos en el aparcamiento.
Eran casi las siete cuando abandonamos el lugar y emprendimos el camino de regreso a Espai Verd. Entramos en una de las calles y fue cuando encontramos unas barricadas que no debían estar ahí.
—Seguramente fue aquí donde cogieron a Jordi y a Amelia— dijo Jorge. Yo asentí como respuesta.
Dimos la vuelta y nos metimos por una calle que estaba libre. Fue allí donde nuevamente nos detuvimos al ver una silueta tambaleante que caminaba dándonos la espalda, en la cual, se veía una gran herida. Lo que nos llamó la atención de aquel No Muerto, fue la ropa, la cual nos era totalmente familiar.
—Yo me encargo— dije.
Bajé del autobús y caminé hacia el caminante. Cuando estuve a poco más de un metro, el No Muerto se percató de mi presencia y se dio la vuelta para mirarme. Nuestra mirada se cruzó. Ante mí, se encontraba Héctor, al que había visto por última vez saliendo junto a Félix en persecución de Jordi y Amelia.
Héctor se giró del todo y levantó los brazos hacia mí.
—Siento esto que te ha pasado— dije agarrándolo del hombro para mantenerlo alejado de mí. Rápidamente, alcé el cuchillo y se lo clavé a través del ojo. Cuando se desplomó, me arrodillé a su lado.
—¿Estás bien? — preguntó Paco caminando hacia mí.
—Cuando le conocí, y le sugerí venir conmigo… Lo hice prometiéndole que estaría bien. Ahora, me doy cuenta de que el mundo se ha endurecido y nuestras vidas se han vuelto frágiles. Me doy cuenta… Más que nunca, que la muerte, puede llevarnos en cualquier momento y, de cualquier forma.
—Y nosotros vivimos para recordar a los que ya no están… Venga, te ayudaré a cargarlo en el autobús. Le daremos un entierro digno— dijo Paco, fue entonces cuando me vio mirar hacia todas partes —¿Qué pasa?
—Félix iba con el… Supuestamente también le mataron… Debería estar por aquí— respondí.
—Lo buscaremos mañana y le daremos también su funeral. Ahora regresemos.
Paco y yo levantamos el cadáver de Héctor y lo subimos al autobús, después emprendimos el camino de regreso.

Espai Verd, Valencia…
19:00 horas…

Jonás estaba rabioso. No se había quedado satisfecho con los chicos a los que había matado. Aquella gente había matado a gente de los suyos, a los que les había cogido cariño. Jonás tomó la decisión que debía tomar, cogió un cuchillo y decidió acabar con el origen del problema. Salió de su casa, en silencio se cruzó con algunos miembros del grupo y se dirigió a los trasteros del sótano.
Una vez allí abajo, avanzó hacia la puerta del trastero donde se encontraba la chica y se topó con Juan, el cual estaba montando guardia.
—¿Qué haces aquí?
—Vengo a sustituirte— respondió Jonás —Ve y descansa.
—¿Estás seguro? — preguntó Juan —No me importa terminar mi turno.
—Puedes irte tranquilo— respondió Jonás.
Juan asintió, se despidió de Jonás con normalidad y se marchó de los trasteros, dejando únicamente a Jonás.
El ex miembro de la resistencia estaba allí solo, con las llaves del trastero en las manos, y al otro lado de la puerta, estaba esa chica. Primero la mataría a ella, y luego se ocuparía del chaval.
******
Úrsula estaba sentada en el suelo cuando vio abrirse la puerta. Cuando esta quedó abierta, vio entrar a un hombre joven de cabello y barba castaños, de no más de treinta años.
—¿No es pronto para la cena? — preguntó Úrsula con sorna.
—Ponte en pie y date la vuelta. No me mires— dijo aquel tipo mostrándole el cuchillo —Apoya las manos en la pared.
—¿Vas a matarme? — preguntó Úrsula con una sonrisa.
Jonás cerró entonces la puerta del trastero desde dentro.
******
Lidia había dejado al padre Lucas al cuidado de Lola. La mujer había decidido quedarse con el sacerdote.
La doctora había decidido ir a la casa de Juanma y esperarlo allí. Abrió la puerta con las llaves y fue entonces cuando a sus oídos llegaron unos ruidos que venían desde la habitación de matrimonio. Se quedó en la entrada escuchando atentamente y reconoció las voces de Eric y Nora. También escuchaba besos y fue cuando escuchó un gemido. Enseguida, supo lo que estaba pasando en esa habitación y sonrió. Nora estaba siendo feliz. Decidió cambiar de opinión y esperar a Juanma fuera, iban a dejar a los dos a solas.

19:40 horas…

Llegamos a Espai Verd tras dar varias vueltas. Nos abrieron las puertas y lo primero que hicimos, fue bajar a Héctor para informar a todos y enterrarlo. Llevamos su cuerpo hacia el cementerio del jardín y allí cavamos un hoyo, donde lo introducimos envuelto en unas sábanas de color blanco, al día siguiente, sería el funeral. Me despedí de mis compañeros militares y me dirigí a mi casa, fue cuando en el camino me reencontré con Lidia.
—Vamos a mi casa. En la tuya están Nora y Eric, necesitan intimidad…
Sonreí levemente y asentí. Después acompañé a Lidia a su casa. Necesitaba descansar, al día siguiente arreglaríamos las cosas que tuviésemos que arreglar.

Día 23 de agosto de 2018…
Espai Verd, Valencia…
07:00 horas de la mañana…

Me levanté de la cama con cuidado para no despertar a Lidia y me vestí. Cuando acabé, me marché de casa de Lidia y me dirigí a la mía. Abrí la puerta con mis llaves y entré. La casa estaba totalmente silenciosa, decidí darme primero una ducha, podría habérmela dado en casa de Lidia, pero no quería despertarla. Cuando terminé de ducharme, me dirigí a la cocina y preparé el desayuno para cuatro personas.
El desayuno para Eric y Nora lo dejaría en la entrada de la habitación donde estaban ellos y el que compartiría con Lidia, lo llevaría a su casa, donde desayunaríamos juntos.
Me acerqué a la puerta de la habitación donde solía dormir yo y donde según Lidia estaban los dos jóvenes. Me paré en la puerta y escuché, no quería ni molestar ni despertarles. Al no escuchar nada, di por hecho que estarían durmiendo, así que, con mucho cuidado, tomé el pomo y abrí con mucho cuidado. No tenía intención de mirar dentro, solo abriría un poco, lo bastante como para dejar la bandeja.
Cuando había abierto un poco, no pude evitar mirar al suelo de parqué, fue entonces cuando vi una mancha de sangre en el suelo, eso me hizo abrir los ojos de par en par y empujar la puerta. Cuando esta quedó abierta de par en par, me topé con la cama vacía, con manchas de sangre, y al lado de esta, junto a la ventana y de espaldas a mí, se encontraba Nora, llevaba un camisón de color blanco, pero en el que podían verse múltiples manchas de sangre. Ver aquello me chocó tanto que la bandeja con el desayuno se me cayó de las manos. Justo cuando chocó contra el suelo, Nora se dio la vuelta para mirarme.
Los ojos de la chica no tenían vida, su color verde había desaparecido y sus labios estaban pálidos, tanto como el resto de su piel. Sus mechones de cabello rojo prácticamente le tapaban la cara. Su cuerpo estaba lleno de flores rojas y sangrientas, como si la hubiesen acuchillado varias veces.
—Nora…— susurré cuando la vi acercarse a mí.
******
Mishuro acudió a relevar a Jonás a los trasteros y darle el desayuno a la chica, aquel tipo se había quedado allí toda la noche y no había sido relevado por nadie. Cuando el japonés llegó a la zona, vio que todo estaba normal. Sacó la copia de las llaves y abrió la puerta, cuando lo hizo, se encontró con algo que no se esperaba.
Dentro del trastero no se encontraba la chica, en su lugar, estaba Jonás, tumbado boca abajo, con la cabeza prácticamente separada del tronco. No llevaba pantalones, y al lado de su cuerpo, se encontraba parte de su pene seccionada.
Mishuro miró la cara de Jonás y vio que alguien había clavado algo en su ojo, por eso no se había reanimado. Fue entonces cuando el ruido de un único disparo resonó en todo el edificio.

sábado, 22 de junio de 2019

ZOMBIES: Capitulo 085 Ira


Capitulo 085
Ira

Día 22 de agosto de 2018…
Valencia, 12:00 horas del mediodía…

Jordi conducía por las calles de Valencia mientras se alejaba de Espai Verd, a su lado, Amelia no dejaba de hablarle y de reprocharle que estuvieran huyendo de esa manera. Sin embargo, él no la escuchaba, tampoco escuchaba a la imagen de su mujer, a la que veía sentada en el asiento trasero y reflejada en el espejo.
Llegaron a una calle y de pronto, Jordi frenó en seco, ante ellos, había levantada una barricada, algo que no debería estar ahí. Habían pasado muchas veces por esa zona y nunca habían visto aquello.
—Espérame aquí mientras soluciono esto— dijo Jordi preparando su arma y mirando a Amelia.
Jordi se bajó del vehículo y caminó hacia la barricada. Se trataba de algo construido hacia poco, con la única intención de bloquear el camino.
La construcción constaba de maderas y vallas de hierro. También habían utilizado vehículos. Sujetos a esta, mediante cadenas y barras de acero, había varios caminantes, los cuales, ante la presencia de Jordi, comenzaron a levantar los brazos hacia él y a abrir y cerrar sus bocas emitiendo grotescos sonidos.
Jordi eliminó a los que más le molestaban y trató de mover una de las vallas, pero esta estaba soldada al suelo. Algo que sorprendió a Jordi. Era evidente que esa barricada estaba recientemente levantada y que lo habían hecho para que nadie pasara.
La situación le dio mala espina a Jordi y este decidió volver al vehículo. Lo alcanzó rápidamente y se subió. Amelia lo miraba preocupada.
—Daremos la vuelta y cogeremos otra calle— dijo Jordi comenzando a conducir de nuevo.
El vehículo dio la vuelta y se metió en otra calle, allí se toparon con otra barricada que tampoco debía estar allí.
—Volveremos por donde hemos venido— dijo Jordi, por el tono de su voz, comenzaba a estar realmente preocupado.
Volvieron sobre sus pasos y de repente, se toparon con una nueva barricada que había aparecido de repente. Ver eso, hizo que Jordi se sintiera como si los estuviesen enjaulando.
—Igual debiste quedarte en el edificio— dijo su mujer desde al asiento trasero.
—Tenemos que volver— dijo Amelia.
—Bajaré a quitar eso… No salgas del coche…
Jordi se bajó del vehículo y corrió hacia la barricada. Esta eran sobretodo, placas de metal sujetas a los laterales de vehículos cruzados entre sí. No era muy fuerte, pero servía para retrasar y hacer perder el tiempo.
Comenzó a mover uno de los vehículos y casi lo había apartado cuando escuchó la voz de Amelia. Se giró para mirarla y fue cuando vio a varias personas rodeando el vehículo y uno de ellos, amenazaba a Amelia.
Desesperado ante esa situación, Jordi trató de abrir fuego, pero entonces, de la nada, un chico joven apareció por un lado y hundió una lanza en su costado. Jordi gritó de dolor y cayó de rodillas al suelo perdiendo el arma.
Intentó alcanzar el arma con una mano mientras con la otra se cubría el costado herido. Fue en ese instante cuando un segundo joven apareció y con un machete le cortó varios dedos de la mano. Jordi nuevamente comenzó a gritar mientras sangraba y observaba los dedos de su mano derecha esparcidos por el asfalto. Se inclinó sobre sí mismo haciéndose un ovillo y apretó su cara contra el asfalto. Fue entonces cuando vio unas botas de cuero caminar hacia él. Jordi levantó un poco la cabeza y miró a esa persona. Se trataba de un tipo alto y musculoso. Llevaba gafas de sol y el pelo rapado, aunque se notaba que el color de su cabello era rubio.
Aquel tipo se quitó las gafas de sol y lo miró con desprecio —Solo necesitamos a uno de ellos— dijo con un marcado acento ruso. Entonces miró al chico que le cortó los dedos —Córtale la cabeza.
Jordi alzó la cabeza para mirar a Amelia, pero de pronto, todo se oscureció.
*****
Amelia vio rodar la cabeza de Jordi sobre el asfalto después de que se la cortaran. La imagen, fue tan devastadora que se quedó en shock, acababa de ver como un adolescente decapitaba al hombre que amaba.
Amelia vio como cogían la cabeza de Jordi y la metían en un sacó, después, el que parecía dar las ordenes, se acercó a ella y le sonrió.
—Lamento que hayas tenido que ver algo así, pero era inevitable… Vienes con nosotros…
—Por favor…— dijo Amelia entre sollozos —No me hagáis daño… Estoy embarazada…
Aquella revelación pareció sorprender al ruso. Este llevó entonces sus manos al vientre de la mujer —¿De cuánto estás?
—Dos o tres semanas…— respondió Amelia, estaba comenzando a hiperventilar.
—Cálmate… Sería una pena que perdieras también al bebé… Que golpe tan duro…— el ruso miró a los chicos y con un gesto hizo que se la llevaran directa a un furgón pese a los gritos de socorro de ella.
—Esa gente tiene a mi nieta también— dijo en ese momento Marga saliendo de uno de los vehículos —Tenemos que recuperarlos a ambos, a Úrsula y a Eric.
—Ya lo sé abuela… Solo estoy asegurando el éxito de nuestra misión. Si no quieren ver morir a la preñadita, tendrán que negociar. Así funciona esto desde que yo estoy al mando.
De pronto, una lluvia de balas cayó sobre ellos de forma repentina. Marga fue abatida al instante y Kuznetsov se lanzó al suelo milagrosamente, únicamente herido en el brazo. Se arrastró por el asfalto y buscó cobertura detrás de unos coches calcinados mientras veía caer a varios de los chicos.
*****
Héctor y Félix habían seguido a Amelia y Jordi desde Espai Verd, con la intención de hacerlos volver. Ellos también se habían visto afectados por culpa de las repentinas barricadas que habían comenzado a bloquear las calles. Tanto que los habían perdido en cierto momento. Haciéndolos seguir a pie. Solo los encontraron cuando escucharon los gritos de Jordi, llegaron justo cuando la cabeza de Jordi rodaba por el asfalto, no fue hasta que comenzaron a llevarse a Amelia cuando abrieron fuego.
Félix logró abatir a una señora mayor y herir al tipo alto. En esos momentos, ambos se hallaban en un fuego cruzado con varios chicos muy jóvenes.
Félix y Héctor se ocultaron dentro del portal de un edificio. Desde allí, se turnaban para disparar, pero siendo solo ellos dos, estaban en clara desventaja.
Félix se asomó para disparar de nuevo y vio como varios vehículos comenzaban a marcharse, y uno de ellos, era el furgón negro donde habían metido a Amelia. Rápidamente, Félix se ocultó cuando vio que los estaban rodeando y acorralando.
—Tenemos que salir de aquí y avisar a los otros— dijo Héctor asomándose para disparar y volviendo a ocultarse.
—Tendríamos que haber cogido un walkie talkie…— respondió Félix asomándose para abrir fuego, volvió a ocultarse y miró a su compañero —Aquí no resistiremos mucho.
—Sal… Yo te cubro— dijo en ese momento Héctor —Pero vas a tener que correr hacia la esquina y doblarla. La tienes a cinco metros. Después tendrás que cubrirme a mí.
—Me parece bien…— respondió Félix jadeando. La situación era cada vez más tensa.
—Bien… Prepárate— en ese momento, Héctor se asomó y comenzó a disparar con una ráfaga rápida. Fue también cuando Félix aprovechó para salir y correr hacia la esquina que su compañero le había indicado. Estaba solo a diez metros de la salvación.
Félix corrió a gran velocidad sin mirar atrás, pero escuchando como su compañero le cubría. Alcanzó la esquina, tomó cobertura y se asomó un poco para ver como Héctor nuevamente volvía a tomar cobertura en el portal. Le tocaba a él.
Héctor salió del portal y comenzó a correr hacia su compañero. Félix mientras lo cubría, pero justo cuando estaba a punto de alcanzarlo, algo pareció impactar en Héctor. Este echó el pecho hacia delante y la cabeza hacia atrás, después cayó de bruces y Félix, pudo ver la mancha de sangre en su espalda.
Félix intentó salir para ayudarlo, pero una lluvia de balas se lo impidió. Volvió a intentarlo, pero vio entonces que Héctor no respiraba, se encontraba tirado en el suelo, con un charco de sangre debajo y con los ojos abiertos. Estaba muerto.
Félix ya no podía hacer nada por él, solo le quedaba huir de allí y avisar a los demás. Corrió por la calle sin mirar atrás, justo cuando iba a llegar a un nuevo cruce, un camión apareció por delante cerrándole el paso y disparándole. Félix se frenó en seco y se lanzó al suelo para ocultarse detrás de unos contenedores tumbados.
Desde su cobertura, escuchó como se bajaban varios chicos y comenzaban a ir hacia él. Félix se levantó desesperado y corrió hacia un portal que estaba abierto. Fue alcanzado por una bala cuando llegó a la entrada del edificio, la bala le atravesó la pierna, pero aun así y pese a la cojera, gracias a la adrenalina, siguió adelante. Llegó a las escaleras y las subió, fue cuando se paró a descansar y mirarse la herida, estaba sangrando mucho.
—¡¡¡Seguid el rastro de sangre!!!— escuchó decir a alguien. Eso le hizo seguir subiendo hasta que se encontró con que estaba atrapado en un rellano.
Se quedó quieto ante una de las puertas cerradas del tercer piso, y al darse la vuelta, se encontró cara a cara con un par de chicos apuntándole con pistolas. Félix vio que eran jóvenes y trató de razonar con ellos, especialmente con el que tenía las manos temblorosas.
—No tenéis por que hacer esto… Mirad…— dijo Félix levantando las manos.
Fue en ese momento cuando Félix recibió dos disparos, uno en el hombro izquierdo y otro en el pecho. Eso lo hizo retroceder y quedar apoyado en la puerta de la vivienda. Después, poco a poco se fue desplomando, hasta quedar totalmente moribundo. Lo último que vio antes de cerrar los ojos, fue a los dos chicos alejarse escaleras abajo.

Espai Verd, Valencia…
13:20 horas…

Los disparos que habíamos escuchado en la distancia habían cesado de repente. Además, seguíamos sin noticias de Jordi, Amelia, Héctor y Félix. Los primeros habían huido por miedo y no podía culparles, en cuanto a Héctor y Félix, los demás me habían dicho que salieron detrás para intentar convencerles de que regresasen al edificio.
—Ya no se oye nada— dijo David mirándome —¿Crees que eran los nuestros?
—Es lo más posible— respondí
En ese momento, Eric se acercó a nosotros —Mi hermana ha hablado. Ha dicho que están en un hotel llamado Las Arenas. En las afueras de Valencia.
—Me suena— respondió David —Pero… ¿Seguro que no mintió?
—Mi hermana no es una persona que mienta— respondió Eric —Puedo acercarme en un momento y hablar con ellos. Puedo convencerles de que detengan esto. Puedo hacerlo.
En ese momento escuchamos gritar a Moussa desde la valla —¡¡¡Viene alguien!!!
David, Eric y yo nos miramos, después, los tres comenzamos a correr hacia el lugar donde estaba Moussa.
******
Nora se encontraba junto al trastero donde estaba encerrada Úrsula. Ambas estaban separadas por la puerta, pero eso no impedía que la chica escuchara hablar a la hermana de Eric.
—Así que la novia de mi hermano… ¿Y ya te lo has tirado?
—Eso no es asunto tuyo— respondió Nora.
—Interpretaré tu respuesta como un “No” rotundo— respondió Úrsula —Se nota que te gusta… Y no puedo culparte… Y más te gustará cuando le veas la polla. El chico se gasta una buena tranca… Ni te imaginas lo mucho que me hizo disfrutar en nuestros momentos más íntimos…
—¿A ti que te pasa? — preguntó Nora.
—No me pasa absolutamente nada… Querida… Ahora mismo estoy esperando a que pase lo que tiene que pasar. Verás lo divertido que será. Este lugar está a punto de caer.
******
Llegamos junto a Moussa y miramos a la calle, fue cuando vimos a un chico de unos quince años avanzar por la calle, sosteniendo con ambas manos una caja de cartón grande. El chico la dejó en el asfalto y después se alejó corriendo. Eso hizo que David y yo nos miramos. Moussa por su parte miró la caja y vio que tenía algo escrito con un rotulador de color negro.
—Ahí pone “Abrir caja” … Y tiene al lado una cara sonriente dibujada…
—Vaya sentido del humor tienen tus amiguitos— dijo David mirando a Eric.
—Habrá que ver que hay dentro…— dije mirando a Moussa y a los demás. Acto seguido, caminé hacia la puerta, la abrí y salí. Alcancé la caja y me dispuse a abrirla, fue cuando David me alcanzó.
—Podría ser una bomba…
David y yo nos miramos otra vez. Lo cierto era que podía ser cualquier cosa, incluso un explosivo, tal y como decía mi compañero. Sin embargo, me armé de valor y abrí la caja. Ambos miramos dentro y lo que vimos nos provocó que el corazón nos diera un vuelco.
Dentro de la caja estaba la cabeza de Jordi reanimada y al lado de esta había un walkie talkie.
Cogí el walkie evitando que la cabeza de Jordi me mordiera y lo encendí. Fue cuando al otro lado escuchamos una voz masculina con acento europeo.
—Buenas tardes…
—Buenas tardes… Cabrón…— respondí mirando a mi alrededor mientras buscaba donde podían estar ocultándose — ¿Qué es lo que quieres?
—Eso ya lo sabes… En la caja, debajo de la cabeza de tu amigo, tienes una carpeta con las indicaciones…
Cuando David escuchó eso, miró dentro de la caja y justo vio la carpeta. Sacó un cuchillo, lo clavó en la cabeza de Jordi y cogió la carpeta, esta estaba manchada de sangre.
—Dentro de esa carpeta están las fotos de las mujeres que queremos llevarnos. Además de ellas, queremos llevarnos al chico inmune y a su hermana. Sabemos que ella está aquí también.
David y yo nos adentramos de nuevo en Espai Verd, aprovechando la seguridad de nuestros muros. Allí, abrimos la carpeta y comenzamos a mirar las fotos. En ellas aparecían Nora, Lidia, Andrea, Alicia, Rei, Anna, Luci, Elena, Pamela y Sandra. Un total de diez mujeres.
—No te las vamos a entregar— respondí.
—Imaginaba que dirías eso— respondió aquel tipo —La cosa está así. Con nosotros tenemos a una mujer de vuestro grupo. Se llama Amelia y está embarazada… Si no quieres verla morir, entréganos a las chicas. Salvarás dos vidas…
—Y condenaremos diez— respondí tajantemente.
—No. Ellas no morirán. Servirán a un propósito mayor.
—Las tendréis como esclavas— dije mientras hacia un gesto a Leandro para que fueran tomando posiciones todos los demás. Estábamos a punto de recibir un inminente ataque.
—Será mejor que la muerte… Mira hacia arriba. En la azotea del edificio con ladrillos rojos en la fachada— Aquello me hizo mirar en aquella dirección, y en lo alto, vi a un tipo corpulento y alto. Junto a él, estaba Amelia, a la que retenía a punta de pistola. —Hasta ahora, hemos matado a tres de los tuyos… Imagino que no quieres que la cosa se incremente. Primero morirá la cogita y después nos veremos obligados a asaltaros, ahí morirán más. La decisión está en tus manos.
******
Todos en Espai Verd iban tomando posición. Lola y Pamela habían ido a ocultarse, incluso se habían llevado a Christian con ellas.
El padre Lucas se situó en una de las ventanas con un rifle de francotirador y miró que en otra se situaba Juan. Al igual que otros, estaban ocupando todo el edificio, para tener una perfecta visión de todas y cada una de las calles. Estaban preparándose para repeler el ataque viniese de donde viniese.
—Hágame un favor padre— dijo Juan mientras apoyaba el rifle en la ventana —No soy un creyente y estoy lejos de serlo, pero no estaría de más que rezara por todos nosotros. Si entonces salimos de esta, prometo creer en dios y en quien usted me diga.
El sacerdote sonrió —Hoy más que nunca, rezaré para llegar a mañana.
******
Eric cogió uno de los fusiles y se apoyó en una de las ventanas. Junto a él, Moussa iba preparando los cargadores. Entonces miró al chico.
—No dudes… Si estás con nosotros, estás con nosotros.
—Lo sé. Defenderé este lugar con mi vida…
******
Las manos me temblaban, no sabía qué hacer, tomase la decisión que tomase, alguien perdía. Si me negaba, Amelia moriría, aquel maldito la dejaría caer desde lo alto de la azotea. Si cedía, condenaría a todas las mujeres de nuestro grupo. Fue en ese momento cuando pensé en algo.
—Con nosotros tenemos a Eric y a Úrsula. Los dejaremos ir…
—Ya te he dicho lo que quiero. Entrega a las mujeres— respondió aquel tipo.
—Podemos negociar de otra manera. Esto no es…— intenté convencerlo de forma desesperada, pero entonces me interrumpió.
—Se me acabó la paciencia…
En ese momento, vi como aquel tipo empujaba a Amelia. El cuerpo de la mujer se precipitó hacia la calle desde una altura de ocho pisos, mientras caía, dejaba escapar un grito, que se apagó de golpe cuando el cuerpo de ella chocó contra el parabrisas de un coche gris que había mal aparcado en la calle.
Antes de que pudiéramos reaccionar, un autobús escolar apareció por la calle a toda velocidad, venía directo hacia nosotros. Los miembros del grupo que estaban apostados en las ventanas, abrieron fuego para intentar detenerlo, pero sin éxito.
El autobús atravesó las barreras de madera en forma de X que teníamos en la calle y acabó atravesando el muro junto al que estábamos nosotros. La parte delantera se acabó incrustando en la pared ante nuestro asombro.
—¡¡¡Lleva explosivos!!!
El grito de Moussa nos alcanzó desde el otro lado. Fue en ese momento cuando los explosivos del autobús detonaron lanzándonos a mí y a David por los aires.
******
La columna de humo no permitía ver nada, pero Kuznetsov no lo necesitaba. Ya habían logrado llevar a cabo una parte del plan. Faltaba la parte final, nuevamente se llevó el walkie a la boca y habló.
—Entrad…

sábado, 15 de junio de 2019

ZOMBIES: Capitulo 084 El fin justifica los medios


Capítulo 084
El fin justifica los medios


Día 20 de agosto de 2018…
Espai verd, Valencia…
22:40 horas…

Regresamos a Espai verd tras inspeccionar el hotel de arriba abajo. Allí no habíamos encontrado a ningún miembro del grupo de Eric, todos se habían marchado y no sabíamos a donde. Por otro lado, habíamos encontrado gran parte de las armas que nos habían robado, las que se habían llevado, eran todas las que podían cargar.
Reunimos al grupo en mi casa y allí comencé a hablarles a todos, era evidente que en cualquier momento podían atacarnos y teníamos que estar preparados para cualquier cosa.
—Tenemos que estar listos en todo momento. Es posible que nos ataquen en cualquier momento. Vienen a por las mujeres del grupo y tenemos que evitar que se las lleven.
—Muerta antes que dejar que me lleven— dijo en ese momento Elena —Que vengan cuando quieran.
—Tu eres buena en enfrentamientos, pero no todas estamos igual de formadas que tu— respondió Anna mientras tenía en brazos a su hijo —La señora Lola y Amelia son muy vulnerables.
—Escuchad— interrumpió David —Solo hay una manera de evitar que se lleven a nadie… Y es que no crucen las puertas. Así que, bastará con mantenerlos a raya.
—El caso es que no solo vienen por las mujeres— Jonás miró a Eric mientras se ponía en pie y caminaba hacia el chico —También vienen por él. Deberíamos entregárselo y que se vayan a tomar por saco.
—Eso no cambiaría nada— replicó Eric —Seguirían viniendo a por las chicas.
—Entonces no nos sirves para nada— dijo Jonás. Repentinamente, agarró a Eric por el cuello de la camisa y se lo llevó a rastras hasta el balcón, allí lo levantó y lo sacó por encima de la cornisa, si lo soltaba, la caída lo mataría —Debería dejarte caer.
Todos se quedaron petrificados, sin embargo, yo irrumpí en el balcón y le puse el cañón de mi pistola en la sien a Jonás.
—Déjalo en paz… Si lo matas, solo complicarás las cosas.
—Todo esto es por su culpa y de la chica que trajiste…— replicó Jonás sin mirarme.
—No te lo volveré a repetir— dije mientras le quitaba el seguro a la pistola —Déjalo en paz.
En ese momento, Jonás metió a Eric para adentro del balcón y lo empujó contra las plantas. Fue cuando nos miró a todos.
—Os arrepentiréis de esto…
Acto seguido, el ex miembro de la resistencia abandonó la reunión dando un fuerte portazo.
—Bueno… Y ahora… ¿Cómo nos preparamos para lo que viene? — preguntó Luci.

Día 22 de agosto de 2018…
Hotel las arenas, valencia…
06:00 de la madrugada…

El nuevo hotel donde el grupo se había asentado, era quizás mucho más lujoso que el hotel imperium. Cuando Úrsula llegó, se encontró con que ya le habían elegido y preparado su habitación, mucho más grande que la otra y con un gran jakuzzi en el baño.
Por otro lado, la llegada de Kuznetsov había desembocado en un entrenamiento intensivo para todos los chicos del grupo. Úrsula los veía entrenar desde la ventana de su habitación, el ruso mostraba mano dura y no dudaba en agredir a aquellos que hacían mal lo que les ordenaba. El día anterior, ella había presenciado como el ruso le rompía la mano a un chico que no le puso el seguro a un arma encasquillada. Kuznetsov era como el típico sargento duro de las películas, pero para ella, para su gusto, mucho más joven, fuerte y atractivo. En un principio, los métodos y su presencia no le gustaron, pero comenzaba a darse cuenta de que solo así lograrían algo. Kuznetsov estaba convirtiendo en hombres a un grupo de niños.
Úrsula decidió bajar para ver de cerca el entrenamiento. Se apartó de la ventana y cuando salió al pasillo, se topó con su abuela.
—Justo ahora iba a verte— dijo la anciana.
—Dime…
—Kuznetsov quiere atacar dentro de dos días, será al amanecer.
—¿Tan pronto? — preguntó Úrsula sorprendida, pensaba que tardarían un poco más. Algo tan temprano, con unos chicos tan poco preparados, la cosa no podía salir bien —No están preparados, son jóvenes e inexpertos… Muchos morirán.
—¿Ahora te preocupas por ellos? — preguntó Marga —Antes nunca te han importado.
—Si ellos mueren, nada de lo que hagamos servirá para nada, estaremos como al principio… Por no hablar de que, en medio de la confusión, podrían herir a cualquiera de los objetivos o al mismo Eric. Creo que debemos esperar un poco más.
—No podemos esperar, no importa cuántos caigan mientras consigamos a las chicas y recuperemos a tu hermano— respondió la anciana —El fin justifica los medios.
—Bueno abuela, voy a ver como entrenan los demás. Luego te veo— Úrsula abrazó a su abuela y se alejó por el pasillo. Salió al exterior y allí observó a los chicos entrenar y practicar a las órdenes del ruso. 
Mientras los observaba, sintió que no serían capaces de cumplir la misión que les había encomendado, se dio cuenta de que iban directos al desastre y ella ya no quería tomar parte. Fue en esos momentos cuando tomó una decisión. Buscaría a su hermano, al que de verdad quería y amaba, lo convencería para que huyeran juntos y vivirían alejados de todo lo demás. Empezarían una nueva vida juntos.
Úrsula con su decisión tomada, caminó hacia donde tenían los vehículos y se subió a una de las motocicletas. Arrancó el motor y salió del hotel ante la mirada de todos los demás.
—¡¡¡Volved al trabajo!!!— les gritó el ruso a los chicos.

Espai Verd, Valencia…
10:00 horas de la mañana…

Observaba entrenar a todos los que lo necesitaban, entre ellos estaban Eric y Lola. La ex monja había decidido ser más fuerte y no depender de los demás. Todos lo estaban haciendo bien. Mi atención se centró sobre todo en Eric y Nora, ellos se habían hecho amigos y gracias a la chica, los demás también comenzaban a confiar en él, algo que creí complicado, pero definitivamente, se había convertido en uno más de los nuestros.
Eric alzó el arco y apuntó en dirección a la diana, tensó la cuerda y soltó la flecha, la cual terminó clavada cerca del centro.
—No está mal— dijo Nora imitándolo. La flecha de ella dio justo en el centro, entonces miró a Eric —Más practica…
—Ya…— murmuró el chico.
Nora sonrió y se situó detrás del chico, posó sus manos sobre las de él y juntos volvieron a poner el arco en posición. Ella era quien estaba dirigiendo el tiro, apuntaron y soltaron la flecha, que acabó dando en el centro esta vez. Eric sonrió.
—Lo he hecho…— miró a Nora y ambos se acercaron, se abrazaron y fue en ese momento cuando ella juntó sus labios con los de él.
—¿Y esto?
—Lo siento— respondió Nora.
Yo los observé, pero no intervine, ambos eran jóvenes y para Nora, teniendo en cuenta lo que sabía de ella, eso era lo más cercano al amor que había tenido nunca. De pronto, Héctor se acercó corriendo, venía de montar guardia, cuando lo vi llegar, me di cuenta de que estaba muy nervioso.
—¿Qué pasa? — pregunté
—Ven a la puerta… Ahora…
Seguí a Héctor hasta la puerta, donde nos esperaban Jordi, Félix y Moussa. Me subí a uno de los puestos de vigilancia y miré a la calle. Allí, junto a una moto y con las manos en alto, estaba la misma chica que lo acompañaba la vez que vinieron a por Isabel, se trataba de su hermana. Estaba de pie y en silencio, mirándome.
—¿Cuánto hace que ha llegado? — pregunté en voz baja.
—Hace un minuto escaso— respondió Héctor sin dejar de mirarla.
En ese momento miré en todas las direcciones posibles y a las azoteas, quería saber si venía sola o había alguien más.
—He venido sola— dijo ella sin bajar las manos —Y cómo puedes ver, he venido desarmada…
En ese momento bajé del puesto de vigilancia y caminé hacia la puerta para abrirla y salir, pero Jordi me agarró del brazo.
—¿Qué vas a hacer?
—Voy a hablar con ella, parece que viene sola, pero no me fio, cubridme por si acaso— respondí al tiempo que abría la puerta y salía a su encuentro.
Alcancé a la chica y esta sonrió al verme —Te echaba de menos.
Yo no respondí, me limité a rodearla, buscando armas que pudiera llevar escondidas, entonces procedí a cachearla. Cuando terminé, supe que decía la verdad, no llevaba armas.
—¿Qué quieres? — pregunté plantándome nuevamente ante ella.
—Pues si vuelves a tocarme como me has tocado ahora… Estaría bien que me tumbaras sobre algún capó y me echaras el polvo de mi vida.
En ese momento saqué mi pistola y le apunté directamente a la cabeza, situándole el cañón entre los ojos —No te pases de lista conmigo. Te lo preguntaré una vez más ¿Qué quieres?
—A mi hermano— respondió tajantemente.
En ese momento, más miembros de mi grupo comenzaban a tomar posiciones al otro lado de la valla y a apuntar a la chica, aunque ella ni se inmutó.
—Tu hermano no está aquí— le dije.
En ese momento, ella bajó los brazos y puso los ojos en blanco mientras hacía una mueca de incredulidad —Ahora eres tu quien se está pasando de listo. No me tomes por una estúpida. Sé que mi hermano está aquí y he venido a por él.
En ese momento, Eric hizo acto de presencia allí también, cruzó la puerta y corrió hacia nosotros, pero yo le dije que no se acercara más.
—Úrsula… ¿Qué haces aquí? — preguntó el desde la distancia, justo en ese momento, Nora también apareció detrás de él.
—Vine a buscarte— respondió la hermana de Eric
—No pienso volver— respondió Eric agarrando a Nora de la mano, algo de lo que su hermana de dio cuenta —Aquí he encontrado una familia. Ya me han aceptado como uno más de los suyos. Lo que teníamos nosotros no era una familia ni era nada, solo una red de mentiras similar a una secta.
—Yo tampoco pienso volver— respondió Úrsula —Por eso vine a buscarte. Podemos irnos lejos, donde nadie nos conozca… Y empezar de cero.
Eric miró en ese momento a Nora —Yo ya he empezado de cero.
Úrsula cambió la expresión en ese momento y alzó la voz para ser escuchada por todos —Así que esto termina así ¿Eh? Cambias a tu hermana, a la que amas, por una putilla débil a la que acabas de conocer… ¿Le has contado ya las veces que te has acostado conmigo? ¿Le has dicho lo mucho que eso te gustaba?
—Eso ya se terminó… Al igual que muchas cosas— respondió Eric —Ahora márchate y no vuelvas por aquí.
—Ya lo has oído… Si te marchas… No habrá represalias— dije mirando a la chica —Ahora mismo, tienes más de veinte personas apuntándote.
—¿Y esas veinte personas están preparadas para lo que se les viene encima? — preguntó en ese momento Úrsula —En cualquier momento, mi grupo aparecerá por aquí, con un soldado ruso a la cabeza. Con la única misión de arrasar este lugar, mataros a todos, recuperar a mi hermano y llevarse a todas las mujeres.
Esas palabras me hicieron golpear a Úrsula y derribarla. Una vez en el suelo la inmovilicé al tiempo que otros miembros del grupo salían para esposarla. Cuando la tuvieron detenida la miré a ella y después a David.
—Llevadla a uno de los trasteros e interrogadla. Que diga todo lo que sabe.
David asintió y se llevó a Úrsula. Yo me quedé mirando a Eric.
—Lo siento… Creo que os he metido en un buen lio…
—Eso ya no importa, de todos modos, ya sabíamos que vendrían en cualquier momento… Lo que quiero saber, es si crees que estarán dispuestos a negociar.
—Mi hermana ha dicho que ahora los lidera un ruso… Yo no sé nada de eso. Así que sinceramente, no sé qué nos espera realmente.
Yo asentí como respuesta a las palabras de Eric, pasé a su lado dándole unas palmadas en el hombro y me adentré de nuevo en el edificio. Eric y Nora se quedaron a solas allí fuera.
—Lo que ha dicho mi hermana… Siempre era ella quien se acercaba así a mi…
—Eso ya ha pasado— respondió Nora abrazándolo. Él había comenzado a gustarle casi de forma repentina, quizás era porque al tener más o menos la misma edad, la hacía sentirse más cercana a él.
******
Jordi cerró la puerta después de que entraran Eric y Nora, fue justo en ese momento cuando se encontró nuevamente cara a cara con su difunta mujer, a la que hacía tiempo que no veía.
—Lo has escuchado ¿No? Os van a atacar, con la intención de llevarse a todas las mujeres de aquí. Eso incluye a tu querida y cojita Amelia… Vas a volver a perderlo todo… Yo que tú, haría las maletas y me marcharía de aquí antes de que te arrepientas… No quiero ni imaginarme cómo afectaría a tu cordura el hecho de que Amelia fuera raptada por unos degenerados.
—No estás aquí…— dijo Jordi dándose palmadas en la cabeza
—No… No lo estoy realmente… Pero eso no cambia el hecho de que tu Amelia está en peligro… Dime ¿Qué piensas hacer?
******
Nora y Eric entraron en casa. Él, no dejaba de darle vueltas al asunto. Habían capturado a su hermana y en esos momentos estarían interrogándola, por otra parte, un ruso había tomado el mando de su grupo y se disponían a atacarles.
—Deberíamos hacer algo…— comenzó a decir Nora.
—¿El qué? — preguntó Eric sentándose en la cama y llevándose las manos a la cabeza.
—No se… Se supone que antes te seguían a ti, eres como un dios para ellos… Quizás, si hablas con ellos, detengan esta locura. A ti te harán caso.
—O me matarán…
—Puedo acompañarte, puedo ir contigo… Solo se trata de hablar…— replicó Nora —Puede hacerse.
Eric asintió. Lo que decía Nora era verdad, a él lo habían seguido hasta ahí, quizás, lograse convencerles de que no hicieran nada y que dejaran de seguirle. 
—Está bien— dijo Eric —Hablaré con ellos, pero iré yo solo. No pienso ponerte en peligro, pero primero tengo que hablar con mi hermana, ella sabe dónde están.
—A tu hermana la están interrogando en estos momentos— dijo Nora.
******
—¿Cuántos son los de tu grupo en realidad? Me refiero a los que andan por aquí— dijo David sentándose en una silla ante Úrsula, ella permanecía sentada en el suelo con las manos esposadas en la espalda.
—Hablas como los polis… Me ponen muy cachonda los maderos— respondió ella con sorna.
—A ti parece que todo te pone cachonda. Has dicho sin cortarte que te tirabas a tu hermano— respondió David —Eso solo tiene un nombre.
—Ya…— respondió Úrsula —¿Qué le voy a hacer? Fui muy fan de la serie de “Los Serrano”
—La última temporada fue una mierda inmensa y al final, todo fue un sueño de Resines… Fin del Spoiler… Ahora ¿Vas a dejar de andarte por las ramas y decirme lo que quiero saber?
—Suéltame y te diré todo lo que quieres saber…
—Dime lo que quiero saber y tal vez te dejemos irte— replicó David.
—No es un gran trato…
—El trato es que, si nos dices lo que queremos saber, tu seguirás viva— dijo mi compañero sacando la pistola y enseñándosela a la chica —No nos vamos a andar con tonterías y yo no tengo miedo de volarte los sesos aquí mismo. Es muy sencillo, simplemente responde a mis preguntas.
En ese momento la puerta del tratero se abrió y Eric entró seguido por Nora.
—Chicos… No podéis estar aquí.
—Necesito hablar con mi hermana…— respondió Eric intentando abrirse paso, pero David no se lo permitió —Por favor… Es importante.
—Ya recordareis viejos polvos después…
—Puedo ayudaros, pero no podré hacer nada si no hablo con ella antes. Puedo parar todo esto…
—Déjale intentarlo— le pidió Nora a David.
David se quedó pensativo unos segundos y miró al chico —Está bien. Te doy diez minutos para que hables con ella, pasado ese tiempo se acabaron las oportunidades y le sacaré lo que quiero saber a la fuerza.
Úrsula sonrió al escuchar esa conversación —Dejadme a solas con mi hermano.
David salió del trastero seguido por Nora. Antes de cerrar la puerta, mi compañero miró a los dos hermanos —No intentéis nada raro. Hay un reluciente cañón esperándoos al otro lado de la puerta.
Eric se plantó delante de su hermana —Tienes que decirme donde están los demás. Solo así podré ir a hablar con ellos y detener esta locura. Si lo haces… Puedo interceder por ti y conseguir que te quedes aquí. Esta gente son buenas personas.
—No tengo ningún interés en quedarme con esta gente… Lo que quiero, es que tú y yo nos marchemos lejos y empecemos una nueva vida.
—No puedo hacer eso— respondió Eric —Aquí he conocido lo que es el verdadero amor.
Úrsula comenzó a reír —¿Hablas en serio? ¿Me estás diciendo que te has enamorado de esa chica? — Eric asintió y Úrsula se carcajeó con más fuerza —Te has vuelto un blandengue.
—No… Solo he decidido cambiar… Necesito que me digas donde están los demás para que pueda hablar con ellos e impedir un enfrentamiento— fue en ese momento cuando Eric sacó un afilado cuchillo de caza y se lo enseñó a su hermana —Dime lo que quiero saber, por favor.
******
Jordi entró en la casa rápidamente y se encontró con Amelia, ella iba a decirle algo, pero él la interrumpió —Recogemos las cosas y nos vamos. No nos queda demasiado tiempo.
—Un momento ¿De qué estás hablando? — preguntó Amelia.
—Aquí se va a producir un enfrentamiento y no quiero que estés aquí cuando eso ocurra. Así que nos marchamos… Ya he preparado un coche.
—¿Y qué pasa con los demás? No podemos dejarles así— replicó Amelia.
—Ellos lo entenderán… De momento nos vamos a la comunidad de Alicante— dijo Jordi mientras caminaba a la habitación y llenaba de ropa una mochila. Cuando salió, cogió la silla de ruedas y sentó en ella a Amelia —También he cogido comida de la despensa.
Salieron de la casa y bajaron a donde tenían los vehículos. Se subieron al que él había preparado y avanzaron hacia la puerta. Jordi se bajó nuevamente para abrirla y después volvió a subirse al coche. Pisó el acelerador y salieron de allí a toda velocidad.
Yo vi salir el coche y también vi a Jordi al volante. No me esperaba esa reacción, pero no me resultó difícil comprender a que se debía. Jordi estaba tratando de proteger lo que quería, en cierto modo, nosotros también deberíamos irnos en esos momentos, todavía estaba a tiempo.
En ese mismo momento vi salir un segundo vehículo, esta vez era Félix quien iba al volante, y parecía ser que Héctor iba de copiloto. ¿Se estaban largando también?