Seguidores

Agradecimientos

Gracias y bienvenidos al blog. En este blog podréis leer desde el principio la historia titulada Zombies (Esta vez corregida y mejorada), a la que le seguirán sus secuelas: Necroworld y The Survivors Land. En ellas, seguiréis el periplo de un grupo de supervivientes que iniciarán su historia en el pueblo Valenciano de Puzol, pasando por Valencia capital, Barcelona y Madrid. Un periplo que les llevará hasta los Estados Unidos. Esta historia es probablemente la historia de Zombies más larga de la red, ya que cada una de sus partes, cuenta con 200 capítulos en su totalidad. Si te gusta, sígueme en el blog y mis redes sociales, contacta conmigo por Email y suscribete via Email en la pestaña Email address para estar informado de las publicaciones. Esta historia también puede leerse en Wattpad.

domingo, 24 de marzo de 2019

ZOMBIES Volumen 3 Integro

Llega el volumen 3 de Zombies. Como siempre, haz click sobre los enlaces para ir al capitulo deseado.

ZOMBIES: Capitulo 065 En territorio enemigo


Capítulo 065
En territorio enemigo


Día 21 de febrero de 2018…
Valencia, ciudad de las artes y las ciencias…
11:00 horas de la mañana…

Jordi y Mishuro estaban en la cabina del camión. Era el japonés quien conducía. Ante ellos había una cola de camiones, todos penetrando dentro de la ciudad de las artes y las ciencias. Desde ahí, podían ver la seguridad del lugar y a los guardas. Estos, hacían bajarse a los que llegaban, les quitaban las armas y los interrogaban, también se subían a los vehículos para inspeccionar la mercancía con la que pretendían entrar.
Había tensión, si los descubrían, todo el plan se iría al traste y acabarían muertos. El plan era arriesgado. Muy arriesgado.
—Estoy tan acojonado que puede que me mee en los pantalones— murmuró Jordi mirando al frente y limpiándose el sudor de la frente mientras se iban acercando.
—¿Te confieso una cosa? Yo también…— respondió Mishuro.
Tras veinte minutos, llegaron a la puerta y los guardas se acercaron a la cabina. Mishuro y Jordi se fijaron en ese momento en las armas que llevaban. Eran ametralladoras totalmente nuevas y relucientes.
Uno de los guardas, un tipo totalmente rapado, tanto que ni tenía cejas y la cabeza le relucía como una bola de billar, se acercó a la ventanilla y se dirigió a Mishuro.
—Bajad del camión… Los dos… Y entregad las armas que lleváis…
Mishuro y Jordi se bajaron al unísono del camión y los dos guardas comenzaron a cachearlos tras quitarles las armas. Cuando terminaron, el guarda de calva reluciente comenzó a hablarle a Mishuro.
—¿Qué traéis?
—De todo un poco— respondió Mishuro —Son cosas que hemos ido saqueando de aquí y de allá… De casas y de comercios.
Los guardas se miraron y con un gesto se dirigieron a la parte trasera junto a Jordi y Mishuro. Allí les ordenaron abrir las puertas. Mishuro obedeció rápidamente y allí se encontraron con grandes cajas de madera y algunos electrodomésticos sueltos.
—Joder— dijo el otro guarda. Un hombre con poblada barba negra y trenzas en el pelo —Traéis bastante material.
El guarda barbudo se subió a la parte trasera y comenzó a ojear todo. En ese momento, la tensión fue en aumento. Podía descubrir a sus compañeros en cualquier momento. Este se acercó a una de las cajas de madera y levantó la tapa. Allí dentro encontró una cantidad de flechas y lo que parecían prótesis hechas a partir de trozos de maniquí. Cogió un brazo y se lo mostró a su compañero. Incluso se lo lanzó para que lo cogiera al vuelo.
Bola de billar cogió el brazo al vuelo y lo ojeó, después miró a Mishuro —¿Lo habéis hecho vosotros?
—Los hice yo— dijo Jordi. Su rápida respuesta hizo que bola de billar lo mirara.
—Son un muy buen trabajo. Podrían venderse a un alto precio… ¿A qué te dedicabas antes?
—Hacía de todo— respondió Jordi —Aunque siempre se me han dado bien este tipo de cosas.
—Ya veo. Eres un manitas— respondió bola de billar pasándole el brazo a su compañero.
—También hay flechas…— dijo el barbudo cogiendo un par para mostrárselas a su compañero.
Bola de billar se subió a la parte trasera para ver las flechas. En esos momentos, la tensión era ya insoportable. Jordi y Mishuro estaban rezando para que no los descubrieran. Estaban a centímetros de sus compañeros.
—Abre las otras cajas.
Ambos guardas comenzaron a abrir las cajas de madera y a ojear el contenido de estas. Parecían muy interesados. Uno de ellos sacó varios discos de vinilo y comenzó a ojearlos uno por uno.
—Estos le gustarán a “El retaco”
Ambos guardas rieron ante la falta de respeto a su líder y acto seguido cerraron las cajas para bajarse del camión. Una vez sus pies tocaron el asfalto, cerraron las puertas y se dirigieron a Jordi y Mishuro.
—Todo correcto. Entrad y llevad el camión al parking. Allí lo dejareis. Podéis daros un paseo y disfrutar de vuestra estancia. Por la tarde, a partir de las tres, dará inicio el comercio y el trueque. Adelante.
Mishuro y Jordi respiraron tranquilos y volvieron a la cabina. No tenían las armas, pero estaban dentro. Todo había salido bien. La infiltración había sido un éxito.
******
Snyder observaba la llegada de los distintos vehículos desde lo alto del museo. La voz de su resurgimiento había corrido como la pólvora durante los últimos días y se había extendido. Los que llegaban, lo hacían desde distintos puntos de la geografía española. En esos momentos se sintió como el rey de España. Todos acudían allí y aunque en principio algunos podían parecer rivales, allí dentro no eran más que simples invitados.  Nadie se atrevería a intentar nada en su propio territorio. Lo malo era que por el momento no tenía personas vivas con las que comerciar, eso era lo más demandado.
Ver aquello lo llenaba de felicidad, pero no tenía lo que más ansiaba… Esa chica que había intentado matarle y con la que se había obsesionado hasta un punto que podría decirse que era preocupante. Cada noche soñaba con ella, y cuando no dormía, reproducía una y otra vez los videos donde ella aparecía. Ojalá el destino los cruzara pronto.
Se apartó del gran cristal y se sentó frente a su ordenador. Necesitaba verla nuevamente.
Justo cuando iba a darle al play para reproducir el video, uno de sus guardaespaldas se acercó a él.
—Señor… Hemos batido record de asistencia.
—No esperaba menos— dijo Snyder con una sonrisa —¿Sabes si alguno de los que llegan traen personas que vender? Me interesa alguna mujer para pasar el rato.
—Parece ser que no. Los que llegan traen sobretodo ganado, armas, medicamentos y algún que otro vehículo. Pero nada de personas…
—Bueno. Tampoco importa demasiado— respondió Snyder reproduciendo el video en la pantalla del ordenador —A mí solo me importa ella.
—Nuestros hombres no han sido capaces de encontrarla. Sabe bien como y donde esconderse. Seguiremos buscándola con más ahínco.
—¿Puedes dejarme solo? Aún faltan horas para mi aparición pública.
Su guardaespaldas asintió y lo dejó a solas con su ordenador. Snyder acarició la pantalla y sonrió —Pronto nos veremos querida.
****** 
Jonás, Juan, Elena y Luci abandonaron la parte inferior de las cajas cuando les avisaron de que todo estaba despejado. Nada más salir, Luci le entregó a Mishuro la Katana que había conseguido en casa de Dai. Esta vez no estaba dispuesto a perder otra espada.
—Casi me cago encima cuando subieron a la parte trasera— dijo Jonás asomándose desde el interior de la parte trasera del camión. Se encontraban en el parking rodeados de camiones y alguna que otra persona que apenas estaba reparando en ellos. Jonás se giró para mirar a sus compañeros —¿Lo tenéis todo listo?
Luci asintió —Ahora viene la parte más difícil. Hay que evitar llamar la atención.
Todos comenzaron a ponerse unas chaquetas que Jordi les entregaba, debajo de estas, sería donde ocultarían las armas. Al estar ya dentro, nadie se molestaría en volver a cachearlos. El mayor problema residía en aquellos a los que ya les habían visto la cara con anterioridad. Iban a tener que cubrírsela para poder mezclarse entre la multitud.
Luci se colocó la capucha y un pañuelo para cubrirse la cara. Jonás y Elena se colocaron un sombrero y una peluca respectivamente. Allí en la parte trasera del camión parecía que se preparaban para un desfile. Mientras tanto, Mishuro vigilaba.
—Así pasaremos algo desapercibidos— dijo Elena ajustándose la peluca de color negro. Después se puso unas gafas de sol —Aunque es indudable que parecemos un chiste.
—No te quejes tanto— respondió Luci mientras se dirigía hacia las puertas de la parte trasera. Se dejó caer de un salto y miró a su alrededor. Entonces, vio a unas personas que llevaban varias ovejas. Uno de ellos, un chico joven levantó la mano para saludar y ella respondió.
Todos bajaron y se quedaron junto al camión.
—Mantened siempre una mano en las armas. Podríamos tener que usarlas en cualquier momento— informó Luci a su grupo. Acto seguido comenzaron a caminar. Salieron del parking y fue cuando comenzaron a mezclarse entre la multitud.
Mientras andaban por allí, pudieron darse cuenta de varias cosas. Una de ellas eran la cantidad de carpas que tenían a ambos lados. Allí había todo tipo de productos. Algunos llamaban bastante la atención, como armas hechas a partir de huesos. Lo otro que les llamó la atención, fue que había una clara diferenciación de clases. Había personas en cuyas ropas se notaba que tenían un alto estatus y que probablemente vivían en lugares bien protegidos. Ese grupo andaba alejado del resto, que se notaba que eran personas que al igual que ellos, vivían en unas condiciones más precarias.
—Esto parece el Titanic…— murmuró Elena al observar las diferentes clases.
Pasaron junto a una carpa donde el que la presidia, anunciaba a voces que se hicieran un retrato junto a los caminantes que estaban encadenados detrás. Luci reconoció enseguida a ese charlatán. Era el mismo que premiaba con el arco la última vez que ella estuvo allí.
Este miró entonces a su grupo y sonrió —Parecen interesados ¿Por qué no se acercan para fotografiarse con estos especímenes? Son fotos instantáneas.
Jonás observó a los caminantes que había detrás de aquel tipo. Uno de ellos era una mujer vestida con ropa de oficina. El otro, y este fue el que le llamó más la atención, era un hombre sin la ropa superior. En su cuerpo podían verse multitud de heridas producidas por algún arma punzante. Lo miró a la cara y enseguida lo reconoció, era ni más ni menos que Adler Wolf. Su antiguo líder.
Al ver que Jonás miraba fijamente al caminante masculino. El charlatán sonrió —Este fue un tipo importante no hace mucho. Pero se pasó de listo y acabó así ¿Por qué no te haces una foto con él?
Jonás sintió rabia. Por debajo de la chaqueta tomó el mango del cuchillo que llevaba. Lo único que pensaba era el clavárselo en la cara a ese tipejo que parecía divertirse con aquello, pero entonces, Elena lo agarró y miró con una sonrisa al charlatán.
—Lo siento, pero esto no nos va. Vinimos aquí buscando otro tipo de distracciones— El grupo siguió su camino sin mirar atrás. Elena comenzó a hablar a Jonás sin dejar de mirar al frente —Se lo que sientes, pero no mandes esto al traste por un calentón.
—Tienen expuesto a Wolf como si fuera un trofeo— protestó Jonás.
Llegaron a una zona cercana al museo de las ciencias. Allí se pararon y Luci observó la estructura.
—Ahí es donde el enano vive la mayor parte del tiempo. Hoy está ahí— murmuró Juan.
—Entonces es ahí donde debemos entrar— dijo Luci
El grupo intentó avanzar, pero se toparon con una barrera y unos guardas que a ellos les cortaban el paso.
—No podéis pasar— dijo uno de los guardas.
—¿Por qué no? — preguntó Jordi —Hay gente que está pasado al interior.
—Solo personal autorizado.
—Solo peces gordos quieres decir— respondió Luci al observar que los únicos que pasaban entrar eran aquellos que parecían tener un estatus social alto.
—Daros la vuelta y no toquéis más los cojones. La mugre no se puede mezclar con lo más alto.
El grupo se dio la vuelta al ver que no les dejarían pasar y se alejó. Se apartaron hasta un punto donde podían hablar sin levantar sospechas. Eran otro grupo más.
—Así no llegaremos nunca ¿Qué podemos hacer? — preguntó Jonás levantando la mirada para mirar el terreno que les había sido vetado. Allí, la gente bien vestida entraba y salía como quería.
—Pues tenemos que buscar una forma de acceder— dijo Juan mientras le daba vueltas al asunto. Allí había una clara diferencia de clases. Los comerciantes estaban entrando por una zona distinta a la que entraban los que iban bien vestidos. No permitían que se mezclaran.
—El objetivo es Snyder— comenzó a decir Luci —Basta con que alguno de nosotros lo alcance. Solo uno. Un grupo mayor fracasaría.
—Y esa quieres ser tu— dijo Jonás —¿Es así? Todos tenemos cuentas pendientes con él.
—Así es… Él está ahí dentro— respondió Luci tajantemente.
—Pues habrá que ver como accedemos al interior del museo— dijo Juan mirando hacia el museo, y al mismo tiempo, ocultándose cuando vio pasar a dos guardas.
—Lo haremos al anochecer. Nos coloremos sin ser vistos— dijo Luci mientras observaba un punto con poca vigilancia y por el que podrían entrar. Miró entonces a sus compañeros —Jordi y Mishuro. Regresad al camión y preparad las cosas que hemos traído. Debéis hacer lo que creen que habéis venido a hacer. Comerciar. Nos encontraremos al anochecer allí— Luci señaló en ese momento el punto que había observado.
—Muy bien. Hasta luego entonces— dijo Jordi. Después, el y Mishuro se separaron del resto y volvieron al camión.
—Espero que tengas un buen plan— dijo Jonás.
—No te preocupes. Lo tengo— respondió Luci mientras observaba aquel punto débil.
El punto en el que Luci había visto la esperanza, se encontraba detrás de las carpas y separado del mercado por unas verjas de hierro que parecían bastante endebles. Era una puerta de hierro corrediza que daba directamente a un área muy cercana al museo. Allí, veía ir y venir a varias personas cargadas con bandejas y bolsas. Estaban entrando allí para preparar la cena o lo que fuera. Si lograban entrar por ahí, llegarían al interior del museo. El problema sería salir.

21:00 horas de la noche…

La noche estaba allí y el mercado había comenzado a vaciarse. Ya eran pocos los comerciantes los que quedaban, y estos no tardarían mucho en marcharse.
Mientras Jordi y Mishuro interpretaban su papel de comerciantes. Luci, Jonás, Elena y Juan observaban con atención todo. El plan estaba claro, se ocultarían y después, cruzarían aquella entrada semi oculta. Una vez conseguido, se acercarían con cautela al museo y entrarían.
Durante las horas transcurridas habían visto todo tipo de cosas. Gente que comerciaba con animales vivos. Algunos comerciaban directamente con la carne de estos. Había herreros que trabajaban a destajo para hacer herraduras para caballos o herramientas de trabajo. Había gente que comerciaba con ropa u otras cosas que habían saqueado de distintos comercios. Era como volver a tiempos del medievo.
A cada hora que pasaba, Luci estaba más nerviosa. Estaban ocultos dentro de una de las carpas y a unas horas de cumplir su venganza, y cuando esta llegara, no se contendría. Lo haría sin remordimientos. Mientras pensaba en como lo haría, Juan se sentó a su lado.
—¿Cómo lo llevas?
—Estoy ansiosa— dijo ella —Tengo ganas de matar a ese enano. Siento no dejarte a ti ese gustazo.
—No te preocupes. A mi también me vale eso— respondió el. Entonces la miró —En todo este tiempo no he tenido tiempo de disculparme contigo.
—¿A qué te refieres? — preguntó Luci.
—Cuando te dije hace tiempo que tu hija deambulaba por los pisos— respondió Juan —No pensé en que quizás hubiese pasado otra cosa.
—Estaba muerta de todos modos. Lo único positivo de eso, fue que no tuve que ser yo quien la matara. Quizás no hubiese podido hacerlo— respondió Luci —Hoy terminará todo.
—No. No lo hará— respondió Juan —Estamos ya en un punto de no retorno. Este mundo ya no cambiará. Hoy acabaremos con Snyder, pero esto no acabará con la gente como él. Desgraciadamente, este mundo ha sacado lo peor de muchas personas y les ha dado oportunidades que antes no habrían tenido.
—Pero también ha sacado lo mejor de otros— respondió Luci.
En ese momento, la lona de la carpa se apartó y Jordi entró dentro junto a Mishuro.
—No hay moros en la costa— dijo el japonés.
—Entonces vamos a por el— respondió Luci.
******
Snyder terminó de ser vestido. Sus mayordomos lo habían ataviado con el mejor de los trajes. Una chaqueta de color blanco con una rosa roja en el pecho, unos pantalones negros y unos brillantes zapatos. La corbata era de color rojo fue ajustada rápidamente y después, se engominó el cabello. Se miró al espejó y sonrió. Se sentía afortunado. Era el rey de una ciudad en ruinas.
Caminó junto a sus guardaespaldas hasta el palco y miró hacia abajo para ver a todos sus invitados. Eran los más poderosos de España. Los que gracias a su poder habían conseguido sobrevivir al fin del mundo.
—Buenas noches a todos. Bienvenidos una vez más. Esta noche celebramos mi cumpleaños. El primero en este nuevo mundo creado para nosotros. Somos los herederos de la tierra. Nosotros somos la civilización más poderosa. Somos el futuro… Hagamos un brindis— Snyder levantó su copa.
Los invitados lo miraron con una sonrisa. Todos ellos levantaron las copas mientras sonreían. Se sentían, tal y como su anfitrión decía, poderosos. Ellos se sentían como unos elegidos, gente que había sobrevivido al apocalipsis cuando otros no lo habían conseguido. Eso debía ser por algo.
Snyder iba a beber cuando comenzaron los disparos. Fue algo repentino, algo que obligó a sus guardaespaldas a cubrirlo rápidamente. Intentaron llevarlo rápidamente hacia la salida de emergencia, la que los llevaría hacia el helicóptero. De nuevo huiría, pero la puerta estaba cerrada a cal y canto.
—A la habitación. Y vigiladla— dijo el jefe de los guardaespaldas.
Mientras los disparos llenaban el museo. Snyder fue llevado a su habitación y fue encerrado allí para su seguridad mientras los guardas protegían con su vida la puerta para que nadie entrara.
Snyder retrocedió hacia su cama y se sentó. Rápidamente sacó el ordenador para ver las cámaras, necesitaba ver que estaba pasando. Encendió la pantalla e hizo clic sobre el programa de cámaras. Cuando comenzó a ojearlas vio que estaba pasando. Sus invitados no lograban salir por las puertas, las cuales habían sido bloqueadas, encerrándolos dentro. Eso hizo que se desesperara y se preguntara que demonios estaba pasando ¿Quién los atacaba? ¿Los miembros de la resistencia? Eso no podía ser, los habían diezmado durante el ataque, y su líder había sido ejecutado por el mismo.
Snyder golpeó el teclado, preso de la frustración, no entendía que era lo que estaba pasando.
En ese momento, la hoja de una espada se posó en su cuello y la voz de una chica se dejó oír. Snyder se dio la vuelta lentamente y la vio a ella, la chica con la que se había obsesionado. Estaba allí ante él.
—Ya era hora de que nos viéramos las caras— dijo la chica —¿Estás listo para morir? No me iré de aquí sin tu vida.

21:30 horas de la noche…

—Ahora estamos solos tu y yo. No te imaginas las ganas de que llegara este momento— dijo Luci sin quitar la hoja de la espada del cuello de Snyder. Estaba conteniéndose para no matarlo en ese preciso instante. Fuera, seguían escuchándose disparos por doquier.
Snyder no hablaba, se limitaba a mirarla con los ojos muy abiertos y fijamente. Entonces sonrió. Después habló por fin —Llevo tiempo deseando verte… Desde que intentaste matarme aquella vez. Hoy se cumplió mi sueño, pero, no tienes por qué hacer esto.
En ese momento, la puerta de la habitación se abrió dejando paso a cinco personas más. Acto seguido cerraron la habitación.
Jonás miró entonces a Snyder y caminó hacia él, entonces le puso la pistola en la cabeza —Llegó tu hora. Sucio bastardo.
Todos habían conseguido llegar a la habitación de su objetivo. En primer lugar, no les había costado mucho cruzar las puertas de hierro, después, se habían adentrado dentro del museo y allí se habían dividido. Elena y Jonás se habían encargado de cerrar todas las puertas y eliminar a los guardas que las vigilaban. Así, nadie podría volver a salir o entrar.
Juan, Mishuro y Jordi se habían encargado de generar confusión abriendo fuego contra los guardas del interior. Luci, por su lado, había encontrado la habitación de Snyder tras interrogar a uno de los guardas y lo había esperado allí dentro.
—Si vais a hacer algo, hacedlo ya— dijo Mishuro desde la puerta —Tenemos que marcharnos.
—No tenéis por que hacer esto— comenzó a decir Snyder —Puedo daros mucho. Puedo proporcionaros una gran información y puedo conseguir que viváis tranquilos y seguros el resto de vuestras vidas.
—No hay nada que nos puedas dar— dijo Jonás —Llevo mucho tiempo queriendo hacer esto. Tu gente, enviados por ti, destruyeron gran cantidad de comunidades en la zona. Todo por tu ego y tus ansias de ser el único que dominara esta ciudad. Después, masacraste a mis amigos y compañeros de la resistencia. Y ahora, exhibes a Wolf ahí fuera como una mera atracción.
—Así que amiguito de Wolf… No tienes ni idea de quien era en realidad ese hombre… Os utilizó a ti y a todos tus compañeros diciendo mentiras. Él no quería librar la ciudad de nada. Solo quería ocupar mi lugar ¿Nunca os dijo que éramos amigos y que juntos creamos esto hasta que lo eché? — Snyder miró a Jonás con una sonrisa. Mientras, Elena se iba acercando para escuchar —Vosotros no erais más que un instrumento, unos peones. Os estaban engañando y vosotros os lo tragasteis. Es triste.
En ese momento, Jonás golpeó tan fuerte a Snyder que lo tiró de la cama. Una vez en el suelo comenzó a patearlo mientras gritaba. Luci tuvo que detenerlo. Después, la chica agarró a Snyder de la corbata y lo levantó con brusquedad para volver a sentarlo en el colchón.
—Basta.
Snyder escupió sangre y miró a todos sus captores —Puedo ofreceros grandes privilegios. Solo debéis dejarme vivir. Os prometo que viviréis como unos reyes. Esta ciudad será vuestra si lo deseáis.
—Tenemos que marcharnos ya. Cárgatelo y larguémonos— dijo Mishuro mientras se escuchaban gritos fuera —Esto se llenará pronto de caminantes.
Lo que quería decir Mishuro era que habían abatido a los guardas disparándoles en varios puntos, evitando siempre dispararles en la cabeza. En esos momentos, seguramente muchos ya estarían poniéndose en pie y atacando a los demás.
—Tengo un arsenal en el puerto— dijo en ese momento Snyder —Os lo doy. Hay una gran cantidad de armas. Tantas que ni os imagináis. Os diré dónde está si me dejáis vivir.
En ese momento, Luci, harta de escuchar las palabras de su rehén, clavó la punta de su katana en el muslo de Snyder. Este gritó de dolor mientras se agarraba la pierna.
—¿Y a mi hija? ¿A ella puedes devolvérmela? ¿Puedes devolverle su hijo a Juan? — Luci miró a su compañero. Este únicamente miró a Snyder. Ella nuevamente miró a su rehén —No. No puedes, porque tu avaricia acabó provocándoles la muerte. Esos niños murieron, tu provocaste la muerte de nuestros hijos. Tu… Solo tú. No me puedes comprar con nada porque no quiero nada de ti.
En ese momento, Luci hizo un rápido movimiento y la garganta de Snyder se abrió. La sangre comenzó a brotar manchando su blanca chaqueta. Este se llevó la mano al cuello mientras intentaba hablar, pero ya no lo haría.
El hombre conocido como “El Bebé” volvió a caer de la cama. Lo hizo de rodillas mientras agonizaba. Intentó agarrar a Luci, pero ella de una patada en el pecho lo tiró de espaldas. Finalmente, la vida de Snyder se apagó sobre un charco de sangre.
—Todo ha terminado— dijo Luci mirándolos a todos —Salgamos de aquí.
Luci y su grupo abandonaron la habitación y comenzaron a caminar por el museo. A través de los cristales podían ver las consecuencias de sus actos. Vieron huir a los hombres de Snyder que quedaban vivos, vieron a los invitados quedar atrapados rodeados de un grupo de caminantes que antes habían sido guardas y amigos.
Llegaron a una de las terrazas del museo y allí vieron el helicóptero. Luci o recordaba bien. Era el mismo en el que Snyder había huido la primera vez.
—Vamos… Os llevaré a casa— dijo Jonás caminando hacia el aparato metálico.
—¿Sabes pilotarlo? — preguntó Jordi
Jonás asintió con una sonrisa —Hace años tomé unas clases. Vamos.
Todos avanzaron junto a él y tomaron asiento allí. Luci se sentó de copiloto y miró a Jonás.
—Siento que no hayas podido vengarte, pero yo tenía que hacerlo así…
—Lo comprendo perfectamente— respondió Jonás —Tenias unos motivos y debías hacerlo. Lo que cuenta al final es que ese cabrón está ya muerto. Su reinado ha terminado. Volvamos a casa y descansemos.
Jonás comenzó a poner en marcha el motor del helicóptero y Luci miró a través de la ventana. Todo había terminado por fin. Ella ya había hecho justicia.

Espai Verd, Valencia…
22:40 horas…

Sandra, Gorka y Amelia estaban junto a la joven Pamela. Estaban enseñándole a hablar español mediante libros y la repetición de palabras. En su puesto de seguridad estaban tranquilos, ya que estaban ocultos y en teoría nadie los encontraría. Aunque eso no les quitaba la preocupación de los suyos, los que estaban arriesgando su vida.
Amelia estaba un poco más apartada, se había sentado en un sofá, era la que estaba más preocupada, pensaba mucho en Jordi y en lo que podría pasarle. Hacía poco que había empezado algo con él y no quería que se terminara tan rápido.
—¿Va todo bien? — preguntó Sandra mirándola.
—Estoy preocupada por Jordi. Llevan fuera varias horas. No sé cuál será su estado…— respondió Amelia —Mentiría si dijera que no estoy preocupada.
—Volverán. No te preocupes— respondió Sandra con una sonrisa —Ten fe.
En ese momento, Pamela pareció percatarse de algo. Los demás no tardaron en comenzar a escuchar el ruido del que la chica se había dado cuenta. Era un sonido identificable como el de un motor. Después, identificaron el ruido de las aspas de un helicóptero.
Gorka alzó la cabeza y miró hacia el techo. Los recuerdos del jardín botánico se le vinieron encima en ese momento. Eso lo hizo estremecerse de los pies a la cabeza. La historia se repetía.
El motor se detuvo, lo que significaba que el aparato había tomado tierra. Los minutos fueron pasando y terminaron escuchando ruido al otro lado de la puerta. Gorka y Sandra apuntaron con sus pistolas y esperaron. Cuando la puerta se abrió, vieron a los demás. Estaban de vuelta. El primero en pasar fue Jordi, este corrió rápidamente a abrazar a Amelia. Juan, Jonás, Mishuro y Elena entraron a reencontrarse con los demás.
Sandra miró a todos y cada uno de ellos, pero se extrañó al no encontrar a Luci.
—¿Dónde está Luci?
—En las tumbas. Dijo que necesitaba estar sola— respondió Mishuro.
******
—No sé si estarías orgullosa de mi, pero ya terminó todo. Ahora en cierto modo ya puedes descansar en paz. Discúlpame no haber estado contigo antes— dijo Luci sentada delante de la tumba donde estaba enterrada su hija —A partir de ahora, viviré por las dos y no dejaré que nada ni nadie se interponga. Viviré la vida que a ti te arrebataron. Ahora me siento liberada.

sábado, 23 de marzo de 2019

ZOMBIES: Capitulo 064 Caminos separados


Capítulo 064
Caminos separados


Día 20 de febrero de 2018…
Afueras de Valencia, 08:00 horas de la mañana…

El despertador sonó como cada mañana y Juan sacó la mano de debajo del saco de dormir para apagarlo. Después, se incorporó para desperezarse. Se puso en pie y comenzó a hacer ejercicio. Era esa su rutina en aquella fábrica de colchones en la que se había refugiado después de abandonar el Espai Verd. Concretamente había escogido la zona de exposición y venta del segundo piso para más seguridad.
Juan iba a quedarse allí. No por miedo, ya que no temía a Snyder y a sus hombres. Simplemente no quería involucrarse en una guerra que no traería nada bueno. Solo quería vivir en paz todo lo posible en ese nuevo mundo.
Terminó de hacer ejercicio y se preparó el desayuno sobre una bombona de camping gas. Cuando terminó de prepararlo, se dispuso a consumirlo, pero entonces escuchó un ruido. Suspiró con resignación y sacó uno de sus cuchillos, bajó los escalones de las distintas plantas y salió al exterior, allí, junto a la valla, al otro lado, había un par de caminantes. Rápidamente los eliminó clavándoles el cuchillo en la cabeza a través de los barrotes para que no atrajeran a más. Después, abrió la puerta y salió para retirar los cuerpos. Los dejó sobre una carretilla y fue a tirarlos a unos veinte metros de su refugio. Después, cuando regresó, se encontró con Luci apoyada en una moto de gran cilindrada de color negro.
—¿En serio has cambiado el Espai Verd por esta pocilga? Te creía con mejor gusto.
Juan pasó junto a ella y la miró de reojo —¿Qué haces aquí? ¿Cómo me has encontrado?
—Te he estado siguiendo y vigilando desde que te largaste sin despedirte… Y he venido para pedirte que vuelvas. Te necesitamos junto a nosotros— respondió Luci apartándose de la moto.
—No debiste seguirme— respondió Juan mientras entraba dentro de su refugio y cerraba la puerta corrediza en la cara de Luci. Ella se dirigió hacia los barrotes para seguir hablando.
—Vamos a ir a por Snyder. Mishuro, Jonás, Elena, Jordi y yo. Te necesitamos junto a nosotros. Solo acabando con él y sus hombres nos traerá la paz.  Mientras sigan vivos no podremos vivir tranquilos.
Juan se acercó a los barrotes —Estamos en inferioridad. Nunca lo conseguiremos.
—Yo tengo un plan— respondió Luci.
—No sé cómo será ese plan, pero si estoy en él, será mejor que me saques. No pienso hacer nada. No vas a convencerme— Juan agarró los barrotes —Y no vuelvas por aquí.
—Vendré las veces que haga falta— Luci se alejó de espaldas de los barrotes. Llegó a la moto y se subió, justo cuando iba a ponerse el casco. Vio a un caminante avanzando por la carretera. Sin pensárselo dos veces, se descolgó el arco de la espalda, cargó una flecha y la lanzó. Esta se clavó la cabeza del No Muerto, abatiéndolo al instante. Luci miró entonces a Juan —Esa te la regalo.
Luci se puso el casco, arrancó la moto y se alejó de allí a toda velocidad. Después de eso, Juan regresó al interior de la fábrica y comenzó a recoger. Se marchaba de allí para no ser encontrado.
Cuando lo tuvo todo recogido y listo, salió dela vieja fábrica de colchones. Comenzó a caminar por la carretera sin mirar atrás. Únicamente pensaba en que estaba haciendo lo correcto, pero por otro lado se sentía como un verdadero cobarde. El huía y los demás se preparaban para una guerra que seguramente no ganarían.
Le habría gustado quedarse en la fábrica, pero tras la visita de Luci, cambió de opinión. No quería saber nada del enfrentamiento, aunque Snyder y su gente fueran los responsables de la muerte de su hijo. Si, podría tomárselo como una venganza, pero esa venganza no lo haría sentirse mejor ni reviviría a su hijo, además de que matar a Snyder no garantizaba nada, ya que alguien ocuparía su lugar después.
La carretera estaba vacía de caminantes, lo único que había, eran vehículos de todo tipo abandonados, de hecho, probó con varios para ver si alguno funcionaba todavía, pero sin suerte. A todos los vehículos les pasaba algo.
Siguió adelante mientras las horas iban pasando. Cuando iba a anochecer, se paró para descansar en una casa rural que había en medio del campo y a varios metros de la carretera que hasta ese momento había estado siguiendo. Además, iba a llover. Al menos era lo que presagiaban los negros nubarrones que habían comenzado a formarse.
La casa parecía vacía a simple vista, pero Juan no se confiaría. Lo primero que hizo fue rodearla y mirar a través de cada ventana para ver si veía movimiento en el interior. Llegó a la parte trasera y vio los restos de un tractor, también vio leña cortada y un hacha clavada en un tronco. Juan agarró el hacha y vio que estaba en buen estado, así que se la guardó.
Regresó a la parte delantera y se acercó a la puerta. Esta estaba cerrada y Juan tuvo que forzar la cerradura con ayuda de un alambre.
La puerta se abrió con un chirrido y Juan pasó al interior. Ante él tenía unas escaleras que iban hacia arriba. Siguiendo recto había un pasillo de unos cinco metros de largo que daba a dos puertas. A la izquierda y derecha de Juan había dos salas de estar bastante amplias.
Juan sabía, tras rodear la casa, que en la planta baja no había movimiento, pero eso podría ser distinto en la segunda planta. Se dio la vuelta para cerrar la puerta y cuando la cerró, puso sus pies en el primer escalón, y con el mango del hacha, comenzó a dar golpes en la barandilla, lo bastante fuerte para que el ruido rebotara en las paredes de la casa.
Juan no tardó en escuchar ruido en la planta superior, lo que delataba la presencia de caminantes, aunque no podía determinar el número. Se paró a escuchar y además de ver que ninguno aparecía, llegó a la conclusión de que los muertos vivientes estaban atrapados tras alguna puerta. Dejó todo su equipaje a los pies de las escaleras y tomó el hacha con ambas manos. Comenzó a subir los escalones sin prestar atención a las fotos de familia y cuadros que habían colgados en la pared.
Llegó a la planta superior y allí vio cinco puertas, pero solo una de ellas se sacudía con los golpes. Además, era la única que estaba cerrada y con maderas tapiándola para impedir que saliera. Había algo más que a Juan le llamó la atención. En la puerta colgado de un clavo que había clavado, se movía un rosario. Lo hacía de un lado al otro como si fuera un péndulo.
Juan se acercó hacia la puerta y se paró frente a ella. Estaba claro que el muerto jamás iba a salir, pero no podía dejarlo ahí así. Y menos si pretendía quedarse a vivir allí una temporada.
Comenzó a quitar las tablas de la puerta. Cuando los quitó todos, tomó el pomo de la puerta y lo hizo girar. Cuando se abrió, Juan vio a una mujer mayor. Tenía mechones de cabello blanco colgando. Intentó alcanzar a Juan, pero este la mantuvo alejada usando el hacha. La rodeó un poco hasta situarse detrás, la derribó de una patada en las piernas y cuando cayó de rodillas, la remató con un golpe en la cabeza.
Con la caminante totalmente muerta observó la habitación de la que había salido. Allí vio todo tipo de maquinaria. Llegó a la conclusión de que aquella mujer, hasta el momento de su muerte había necesitado una máquina de oxígeno. También vio varias bombonas y una silla de ruedas motorizada. También le llamó la atención la biblia que había sobre la mesita de noche, de entre las hojas del libro, se podía ver una foto. Juan la ojeó y vio a un hombre de unos cuarenta, con bigote y barba, medio calvo y con gafas vestido de sacerdote sentado en una silla junto a la mujer. Probablemente era la casa de un sacerdote y aquella mujer era su madre.
Cargó con el cuerpo de la mujer y la bajó. Salió de la casa y nuevamente la rodeó.  En la parte trasera dejó el cuerpo en el suelo. La enterraría al día siguiente, ya que estaban comenzando a caer las primeras gotas de lluvia.
Regresó al interior de la casa y se sentó junto a la ventana mientras en la pequeña bombona comenzaba a hacerse la cena. En el exterior, la lluvia comenzaba a caer con fuerza.

Valencia, Espai Verd…
21:00 horas de la noche…

Amelia observaba la lluvia a través de la ventana. Se encontraba en el apartamento que había tomado como su casa. Le encantaba ver llover y aunque la situación no era buena, no podía evitar ver aquel bonito espectáculo. Además, podía ser el último.
—¿Qué haces? — preguntó en ese momento Jordi saliendo con unas velas de la cocina.
—Miro como llueve. Siempre me ha gustado…— respondió Amelia —Esta podría ser la última vez que vea algo así. Hay que aprovechar.
—No pienses en eso. Todo saldrá bien, ya verás. Ya tengo lista la cena— dijo Jordi —He hecho espaguetis con tomate. Siento no tener otra cosa más sabrosa.
—No… Está bien— respondió Amelia alejándose de la ventana. Entonces, la silla de ruedas chocó con uno de los sillones del salón y Jordi acudió rápidamente para ayudarla. No terminaba de acostumbrarse a la silla. Al menos, la prótesis de la pierna no le causaba problemas y se estaba acostumbrando bastante bien.
Jordi empujó la silla hacia la mesa y allí, Amelia observó su plato. Después miró a Jordi con una sonrisa —Gracias por esto. Incluso parece una cena romántica.
Jordi sonrió y se sentó frente a ella —Se hace lo que se puede.
En ese momento, escucharon un trueno y ambos miraron hacia la ventana.
—Esto es la calma que precede a la tempestad— comenzó a decir Jordi —Mañana junto a Luci, Mishuro, Jonás y Elena, nos adentraremos en la ciudad de las artes y las ciencias. Gorka, Sandra, Pam y tú os quedareis aquí. Os iréis a los túneles si las cosas se torcieran.
—Ojalá pudiera ayudaros un poco más, pero en mi estado…— se lamentó Amelia —Me siento inútil…
—No lo eres. Además, yo me quedo más tranquilo si te quedas aquí. Nos vamos a meter en un buen lio y puede que alguien muera mañana. Aunque espero que no…
En ese momento, Amelia agarró la mano de Jordi y lo miró —Pase lo que pase, quiero que regreses— Jordi entrelazó su mano con la de ella y la miró. Segundos después, se levantó y se acercó a ella para besarla. Ambos juntaron sus labios y después se miraron a los ojos.
—Volveré… Ahora más que nunca, porque nuevamente tengo motivos por los que vivir.
*****
—¿Os queda claro el plan entonces? — preguntó Luci mirando a Jonás, Mishuro y Elena —La cosa va de entrar dentro de la ciudad de las artes y las ciencias. No reventarla de buenas a primeras. El objetivo es claro…
—¿Y dónde está Jordi? ¿No debería estar aquí? — preguntó Jonás.
—Él ya está al tanto de todo. Ahora está con Amelia, dejadlos solos— respondió Luci —Ahora os repetiré el plan. Así que prestad atención. Llevamos días vigilando la ciudad, mañana tienen prevista la llegada de gente para hacer una fiesta o lo que sea. Traerán gente a la que vender a otros, también traerán armas y demás productos. Mishuro y Jordi serán quienes conduzcan el camión que encontramos. Ellos no serán reconocidos. El problema somos nosotros tres— dijo Luci refiriéndose a sí misma y a los dos miembros de la resistencia.
—A nosotros nos tienen una manía un tanto especial. Mucho tiempo jodiendoles la marrana— dijo Elena. Hizo una pausa y miró a Luci —Tu casi te cargas a la rata de su jefe.
Luci respondió con una sonrisa y siguió con el plan —Exacto. Nosotros tres lo tenemos un poco más jodido. Estamos en su lista de los más buscados. Por eso no podremos entrar tal cual. Nosotros tendremos que ir ocultos— Luci hizo una pausa antes de seguir —Jordi ha preparado varias cajas de madera con doble fondo que ya hemos cargado con cosas que llevaremos para hacernos pasar por comerciantes.
Para el plan, habían tenido que saquear piso por piso y acumular lo más interesante que encontraban: Electrodomésticos varios, libros, citas VHS, DVD, Blu Ray… Un sinfín de cosas que despertarían el interés de los que allí vivían. A ello, había que añadir las flechas y prótesis que Jordi había estado fabricando con la ayuda de los demás.
—Pero nos quitarán las armas nada más entrar ¿Cómo nos las apañaremos una vez dentro? — preguntó Mishuro.
—Una vez dentro os harán llevar el camión a un lugar donde habrá más camiones. Será cuando salgamos y nos encontremos con vosotros. Tendremos que ser muy sigilosos. Especialmente cuando crucemos las puertas, ya que querrán inspeccionar la mercancía y se subirán a la parte trasera. Ahí habrá que rezar para que no nos descubran. Iremos a por el Leprechaun para mandarlo al infierno con un solo billete de ida. Yo me encargaré personalmente de ir a por él.
—¿Y cómo saldremos después? Porque lo vamos a tener muy jodido. En el momento que iniciemos el ataque. Todos los soldados se nos echarán encima.
—Ya lo sé… Ya tendremos tiempo de pensarlo— respondió Luci tajantemente —Mañana es el día clave— suspiró y dio por finalizada la reunión.
Luci regresó a su apartamento, abrió una cerveza y se sentó en el sofá. Echó la cabeza hacia atrás, pensando que esa podría ser su última noche con vida. Al fin y al cabo, ella iría directamente a por Snyder, y eso, seguramente acabaría costándole la vida. Bebió un trago más de cerveza y entonces llamaron a la puerta.
—¿Quién es? — preguntó Luci desde el sofá.
—Soy Elena.
Luci suspiró y se levantó. Cuando abrió la puerta se encontró con la chica de pelo rosa que había formado parte de la resistencia.
—¿Puedo pasar?
Luci respondió haciendo un gesto con la cabeza y la chica pasó al interior del apartamento. Ambas pasaron al salón y se sentaron a la mesa, frente a frente.
—¿Nerviosa por lo de mañana? — preguntó Elena.
Luci negó con la cabeza —No exactamente. Aunque no te negaré que estoy pensando en rezar para que todo salga bien… Y eso que no creo en ningún dios— se quedó un rato pensativa y siguió hablando —He visto a Juan. He intentado convencerle de que nos ayudara, pero no lo conseguí. En parte puedo entenderlo, realmente no volverán nuestros seres queridos al cargarnos al enano, pero al menos, tendremos cierta libertad. Hay que derrocarlo.
—Estoy de acuerdo— dijo Elena acercando su mano a la de Luci —Yo te apoyaré en todo. Ese cabronazo provocó la muerte de muchos amigos míos. Hay que acabar con él, aunque nos cueste la vida.
Luci entrelazó en ese momento su mano con la de ella —Lo vamos a conseguir. Mañana, Valencia dejará de estar sometida.
******
Jordi se levantó de la cama y miró a Amelia, ella seguía dormida. Salió con cuidado de la habitación para ir a beber agua. Cuando encendió la luz de la cocina se encontró con su mujer, a la que no veía hacía tiempo.
—Te veo feliz.
—No estás aquí— respondió el más para sí mismo que para ella. Jordi volvió a mirarla y vio que había desaparecido. Estaba intentando dejar atrás el pasado y la culpa, solo así, sus fantasmas se marcharían. Solo así evitaría perder la cordura del todo.
Escuchó un trueno y salió al salón, fue en ese momento cuando escuchó voces en el pasillo. Se acercó a la puerta de la casa y miró a través de la mirilla, fue en ese momento cuando vio a Sandra acompañando a la chica llamada Pamela. Aquella muchacha no hablaba mucho, y cuando lo hacía, hablaba en inglés. Y prácticamente hablaba solo con Sandra. En lo referente a los hombres, aquella muchacha mostraba desconfianza. Algo obvio después del trauma que había pasado.
Jordi regresó a la habitación y volvió a tumbarse en la cama junto a Amelia. Ella se despertó en ese momento y lo miró.
—¿A dónde has ido?
—Necesitaba beber agua— respondió Jordi mirándola. Ella le acarició la mejilla y levantó la cabeza para besarlo. Era la primera vez que se sentía feliz desde que todo había comenzado, y era algo que quería conservar.
—Me da miedo lo que pueda pasar mañana. Lo que pueda pasarte a ti. Me gustaría pedirte que no vayas, pero supongo que no me harás caso.
—Saldrá bien— respondió Jordi mirándola a los ojos —Luci lo ha planeado todo al milímetro. Puede que surjan contratiempos, pero estoy convencido de que saldrá bien. Lo lograremos.
Amelia sonrió —He estado pensando. Cuando todo termine… Si quieres, me gustaría que formáramos una familia. Quiero tener hijos contigo.
Jordi sonrió —Yo también.

Día 21 de febrero de 2018…
Afueras de Valencia, 06:00 horas de la mañana…

Juan se despertó con un trueno. Él se había refugiado en aquella casa rural y se había acostado en la habitación más grande. El colchón era muy cómodo. Se incorporó en la cama y se quedó sentado mirando hacia la ventana, donde se iban acumulando las gotas de agua.
Juan pensó en volver a acostarse, pero supo que ya no se volvería a dormir. Así que decidió empezar a aprovechar el día. Se puso la ropa y comenzó a hacer ejercicio. Hizo flexiones y abdominales. Se dirigió al baño y calentó agua con la que darse una ducha.
Cuando Juan terminó de ducharse, se miró al espejo y la persona que vio, apenas le resultaba familiar. Evidentemente era el, pero la barba y el pelo le cubrían toda la cara.
Buscó en su mochila unas tijeras y unas maquinillas de afeitar desechables. También sacó un bote de espuma de afeitar que había sacado de una gasolinera hacía dos días. Se miró al espejo nuevamente y comenzó a afeitarse.
Media hora después, su rostro en el espejo ya era más familiar. Se había cortado el pelo y se había quitado la barba. Volvía a ver a ese hombre que una vez fue, ese hombre que había sido un padre de familia. Un hombre que por su familia lo había dado todo hasta que se los arrebataron. Y el responsable, no era otro que Jonah Snyder “El Bebé”.
—No puedes quedarte de brazos cruzados. Esto está llegando a su fin. Ha llegado el momento. No debes huir…— se dijo a sí mismo.
Juan apretó los puños y se miró fijamente a los ojos. Se acabó lo de seguir caminos separados.

Valencia, Espai Verd…
10:00 horas de la mañana…

El camión estaba listo y había llegado el momento de partir. El plan estaba claro y la lluvia había amainado un poco, aunque había momentos que nuevamente volvía a caer con fuerza durante unos minutos para después, parar de forma abrupta.
Sandra, Amelia, Gorka y Pam habían salido junto a los demás para despedirse pese a la lluvia. Si no lo hacían en ese momento, quizás ya no podrían hacerlo después, ya que podían pasar mil cosas en las próximas horas.
—Id con mucho cuidado— les pidió Sandra —Ojalá pudiera acompañaros.
—Tranquila. Ya tendrás tiempo de ir a misiones suicida con nosotros— respondió Luci acercándose para abrazarla. También le dio un beso en la mejilla.
Lo tenían todo listo. Jonás, Elena y Luci iban a subirse a la parte trasera del camión para ocupar su puesto. Solo tenían que quitar unos tablones de las cajas de madera que había fabricado Jordi y meterse dentro, donde ya habían colocado las armas.
Jordi se despidió de Amelia con un beso y Luci se acercó a hablar con Pamela —Escúchame bien jovencita. Cuando vuelva, te pienso enseñar a hablar español de carrerilla. Esto de hablar inglés no es lo mío.
La joven respondió a Luci con el gesto de OK y después miró a Mishuro. Sin pensárselo dos veces, avanzó hacia él y lo abrazó. El joven japonés era el único de los hombres con el que no mantenía las distancias. A fin de cuentas, él era quien la había sacado de aquel sótano.
En ese momento, escucharon como alguien llamaba a la puerta del complejo residencial. Aquello, provocó que los presentes se miraran los unos a los otros.
—Poneros a cubierto— ordenó Luci mientras miraba a Sandra, Gorka, Amelia y Pamela.
Ellos corrieron a ocultarse dentro del edificio, mientras, Luci y los demás con las armas en la mano, corrieron a la puerta, dispuestos a defenderse de quien quiera que fuera.
Llegaron junto al portón de hierro. Justo cuando Luci iba a preguntar quién era, la voz de Juan se escuchó al otro lado de la puerta. Rápidamente, Jordi abrió la puerta y allí, bajo la débil lluvia, cubierto con un poncho se encontraron a Juan, aunque al principio no lo reconocieron.
—Has venido— dijo Luci bajando la katana y sonriendo.
—No iba a perderme la diversión. Le he dado muchas vueltas y al final he decidido que yo también quiero ir a por ese cabrón. Es hora de devolverle todo el mal que ha hecho— dijo Juan totalmente decidido.
Luci sonrió —Ahora sí que ha llegado el momento decisivo.

domingo, 17 de marzo de 2019

ZOMBIES: Capitulo 063 Como en los viejos tiempos


Capítulo 063
Como en los viejos tiempos


Día 19 de febrero de 2018…
Puzol, Establos Hannibal, 15:00 horas…

—Aquí no hay nadie— dijo Moussa mirando a David. Ellos dos junto a Leandro. Eran los que habían ido con la auto caravana a buscar a Juanma y a Lidia, pero estos no estaban allí. Se estaban retrasando.
David se rascó la cabeza, cogió el walkie y buscó el canal en el que comunicarse con su compañero, pero no tuvo suerte, nadie le respondía, ni siquiera Lidia o el doctor.
—¿Nada? — preguntó Leandro. David negó con la cabeza y siguió probando.
—¿Por qué cojones no responde? — se preguntó David. Volvió a probar —Juanma… ¿Me escuchas? Responde si me oyes. Estamos esperándote en el sitio acordado ¿Dónde estáis?
Moussa iba a decir algo, pero vio a una caminante mujer y se acercó para acabar con ella, después miró a David —Seguiremos esperando. Puede que hayan tenido algún problema.
David asintió mirando a Moussa, pero en el fondo pensaba que, si Juanma no estaba allí, era porque algo les había pasado.

Puzol, polígono industrial…

Molano nos iba pisando los talones, disparándonos cada vez que quería, aunque no nos disparaba a matar. No quería matarnos así. Sus disparos además estaban movilizando a gran cantidad de No Muertos que salían de las diferentes naves industriales, sin contar el rebaño que se estaba dirigiendo a nosotros desde el hospital.
Lidia y yo doblamos una esquina y nos paramos a descansar, a mí me estaba faltando el aire y me dolía el costado.
—Estás sangrando— dijo en ese momento Lidia.
Yo me miré el costado y en efecto vi la sangre. Se me había abierto la herida, pero no podíamos pararnos, teníamos que seguir y despistar a Molano. Miré a Lidia para decirle que íbamos a seguir y entonces, escuchamos hablar a Molano.
—¿Qué opinas de este fin de los tiempos? Yo diría que nos ha traído grandes cosas. Ha sacado nuestra verdadera naturaleza… Yo, por ejemplo, he descubierto lo placentero que me resulta matar a otros. Ni te imaginas las cosas que he hecho. O a quienes he matado.
Miré a Lidia y con un gesto de la cabeza le indiqué que corriéramos otra vez. Cuando lo hicimos, Molano volvió a disparar contra nosotros. Este, seguía hablando.
—En primer lugar, maté a mi hermano… Se supone que debería sentir algo similar a angustia y arrepentimiento, pero no… Iba a morir de todos modos, pero yo decidí arrebatarle la vida. Nunca soporté estar a sus órdenes después de que el mundo se fuera a la mierda.
Lidia y yo llegamos a una nueva calle y nos topamos con un gran grupo de caminantes. Eran demasiados y nosotros habíamos topado con un callejón sin salida. Detrás de nosotros iba Molano, lo único que pudimos hacer Lidia y yo, fue dirigirnos hacia la derecha y adentrarnos dentro de una de las naves que tenía la puerta de hierro prácticamente levantada. Una vez dentro de esta, me di la vuelta y con ayuda de Lidia conseguí bajarla. Por el momento habíamos dejado fuera a Molano y a los caminantes.
—Atravesemos esto y salgamos a la otra calle. Tenemos que llegar a los establos— dije mirando a mi alrededor. Nos encontrábamos en la enorme siderúrgica de Puzol.
—Esto parece un laberinto— dijo Lidia mientras miraba a nuestro alrededor —¿Por dónde salimos?
—Sígueme— dije caminando entre la maquinaria y los fosos de metal fundido. Subimos unas escaleras y cruzamos una pasarela. Fue entonces cuando nuevamente escuchamos la voz de Molano. Él también había entrado allí, y en esos momentos, era imposible saber dónde estaba, por lo tanto, podría atacarnos en cualquier momento desde cualquier sitio. Eso me hizo sacar la pistola. La descarga de adrenalina en ese momento era enorme.
—También maté a Roberto. Lo destripé con mi cuchillo… Y no solo eso… También maté a Teodoro y a sus hombres. Los ejecuté como si fueran ganado… Y lo disfruté todavía más.
—Da la cara— dije sin atreverme a moverme de donde estaba mientras apuntaba en todas direcciones —Deja de jugar con nosotros.
—El instituto…— comenzó a decir Molano —Yo hice que los caminantes lo invadieran. Me cargué a Raúl y a otros, lo hice a propósito para que se reanimaran. No te imaginas lo mal que me sentí cuando vi que esas chicas y los putos críos habían sobrevivido. Luego maté a ese tarado de Samuel por que no soporto a los fanáticos.
En ese momento, escuchamos un disparo y Lidia gritó mientras se agarraba la pierna. Ella cayó de rodillas y pude ver como sangraba. Yo apunté hacia el lugar de donde había venido el disparo y vi a Molano subido a otra pasarela. Nos estaba sonriendo.
Apunté a Molano y comencé a disparar, pero él logró cubrirse. Yo agoté mi munición.
—Por cierto— dijo Molano —He dejado las puertas abiertas para que los caminantes entraran. Estamos aquí atrapados los tres.
Cargué con Lidia pese a que yo también estaba herido y comencé a alejarme por la pasarela. Detrás de nosotros, Molano salía de su cobertura y comenzó a acercarse con una sonrisa, totalmente seguro de sí mismo.
—¿Sabes sin embargo que es lo peor que hice? Lo peor que he hecho fue no dejarte caer en el instituto. Te salvé la vida cuando podría haberme sentado a verte morir… Y luego, tuve que donarte sangre…
Llegué al extremo de la pasarela y cruzamos una puerta que daba a los que parecía un almacén. Molano seguía detrás de nosotros. No nos dejaría en paz.
—Lo último que he hecho… Con la intención de veros morir… Fue atraer a los muertos al hospital. Lo demás ha venido solo… Con sus inconvenientes— siguió diciendo Molano —Sin embargo, todo acabará aquí.
Lidia y yo atravesamos otra puerta y llegamos a una nueva pasarela. Aquella siderúrgica parecía no tener fin, y los muertos ya estaban invadiéndola, por debajo de la pasarela ya comenzaban a pasar grandes grupos.
—Déjame. Te estoy retrasando— dijo Lidia mientras subíamos por unas escaleras que nos llevaban a una pasarela superior. Yo negué con la cabeza. No iba a dejarla atrás.
Vimos desde arriba a Molano y este comenzó a dispararnos. Una de las balas pasó rozándome el brazo izquierdo y produciéndome un rasguño. Enseguida, dejaron de escucharse los disparos. Molano se había quedado sin munición.
Llegamos a una nueva puerta y llegamos a otro almacén. Por el momento, habíamos perdido de vista a Molano, pero no tardaría en alcanzarnos nuevamente.
Me detuve con Lidia detrás de un conteiner y allí la ayudé a sentarse, tenía que ver la herida. La observé bien y vi que la bala no tenía orificio de salida.
—Hay que sacarla— dijo Lidia. Y tenía razón, pero en esos momentos no teníamos tiempo. Rápidamente, me quité el cinturón para hacerle un torniquete. El walkie talkie se lo di a Lidia.
—Esto te irá bien por el momento— le dije intentando sonreír.
Justo en ese momento fui golpeado. Caí al suelo y vi a Molano a mi lado.
—Fin de trayecto— dijo Molano mientras miraba a Lidia —Esto se acaba aquí. Os mataré a los dos y después iré a buscar al resto del grupo para ir matándolos a todos uno a uno.
Desde donde estaba, miré nervioso a mi alrededor, entonces, me fijé en la ventana que estaba detrás de Molano a unos casi metro y medio. Fue cuando sin pensármelo dos veces, me puse en pie y me lancé contra Molano con todas mis fuerzas.
Lo golpeé fuerte y ambos atravesamos el cristal de aquella ventana. Caímos abajo y los dos golpeamos las pasarelas con nuestros cuerpos. Yo caí en la de más abajo y Molano en la que tenía por encima.
Pese al dolor que sentía, me levanté agarrándome de la barandilla al tiempo que Molano ya estaba en pie y descendía de un salto para plantarse delante de mí, golpeándome con el puño antes de que yo pudiera reaccionar. Caí de espaldas y di un grito.
—En pie. Vamos a hacer esto como hombres— dijo Molano.
Rodé sobre mí mismo y me quedé boca abajo, viendo a través de las rejillas de la pasarela como el piso inferior estaba lleno de caminantes. Después, poco a poco me fui poniendo en pie. Me di la vuelta y miré a mi antiguo sargento.
—Esto no tiene por qué acabar así— dije —Podemos…
—Acabará aquí y ahora— respondió Molano.
Viéndome en aquella situación, recordé mis tiempos en el cuartel. Recordé aquel día que, como amigos, Molano y yo nos habíamos visto las caras en el ring del gimnasio, recordé que él me superó con creces.
—Como los viejos tiempos supongo— dije.
—Exactamente— sentenció Molano —Solo que mejor.

Establos Hannibal…
15:45 horas…

David estaba nervioso. Llevaban en el punto de encuentro varios minutos. Casi había pasado una hora y seguían sin noticias de Juanma, Lidia y Sánchez. Eso no era normal, les había tenido que pasar algo. Siguió probando con el walkie hasta que logró una respuesta. Era Lidia.
—¿Dónde estáis? — la pregunta de David llamó la atención de Moussa y de Leandro. Estos se acercaron rápidamente —Llevamos casi una hora esperando.
—Estamos atrapados en la siderúrgica… Sánchez está muerto y Juanma está peleando con Molano… Se ha vuelto completamente loco. Ha intentado matarnos…— la voz de Lidia se cortaba a veces, parecía que había problemas de comunicación.
—Repite… ¿Has dicho siderúrgica? — preguntó David. La respuesta de Lidia fue afirmativa antes de que se perdiera la comunicación.
—¿Qué pasa? — preguntó Leandro
—Tenemos que ir a buscarlos a la siderúrgica de Puzol. Están allí— dijo David corriendo hacia la auto caravana.

Siderúrgica Puzol…

Caí al suelo de espaldas y cuando me di la vuelta, escupí sangre, después, poco a poco me puse en pie ayudándome con una de las barandillas y nuevamente miré a Molano. Él era indudablemente más fuerte que yo. Sus golpes eran contundentes y sabía dónde debía golpear. Lo que no entendía era por qué no me mataba ya. Más bien estaba jugando. Aun así, no pensaba rendirme. Me lancé contra el e intenté golpearle, el bloqueó el puñetazo, momento que aproveché para intentar golpearle con el otro, logrando esta vez sí, golpearle en el mentón.
A causa del golpe, Molano me soltó y retrocedió unos pasos. Nuevamente me lancé contra el con todo mi cuerpo y lo derribé. Caí sobre él y comencé a golpearle. Iba a darle un fuerte puñetazo y el me agarró donde tenía la herida del costado, pude notar como uno de sus dedos penetraba en mi carne, el dolor fue tan atroz que lancé un grito. Aquello me desestabilizó y Molano me golpeó. Nuevamente caí de espaldas, debajo de mí, bajo la pasarela, los muertos alzaban sus brazos, casi tocando el acero.
—No lo haces mal, pero no eres lo bastante bueno— dijo Molano mientras se agachaba y me agarraba del cuello de la camisa, después, de un tirón me puso en pie —Después de tantos años habría esperado algo más de ti… Sobre todo, siendo un policía. Intenté golpearle, pero él me agarró la mano —Al menos eres persistente.
—¿Por qué haces esto? — pregunté
—Por puro placer. Me gusta matar y me gusta ser quien está al mando— respondió Molano. En ese momento me torció la mano y escuché un crack al mismo tiempo que sentí un fuerte dolor. Acababa de romperme la mano —Ahora te mataré. Luego, subiré a donde está tu amiguita y también me la cargaré, lo haré con disfrute.
Me asestó un rodillazo en el estómago y me dejó caer de rodillas al suelo. Yo me quedé inclinado sobre mí mismo. Escuchando como seguía hablando.
—Cuando acabe con vosotros, me ocuparé de vuestros demás compañeros. Los mataré a todos. A unos los mataré rápido y a otros los haré sufrir mucho. En especial a esa niña tuya. Se llama Nora ¿Verdad? A ella no la mataré enseguida, la mantendré viva durante semanas, con ella me aliviaré de todas las formas posibles, finalmente la mataré, pero se irá al infierno con el recuerdo más horrible posible. Y lo hará odiándote. Te odiará por haberla dejado morir.
Mientras Molano hablaba, yo observaba todo lo que nos rodeaba. Ambos estábamos en una pasarela cuyas barandillas se habían estado moviendo con nuestros movimientos. Parecían bastante débiles. Bajo nosotros, tratando de alcanzarnos, había más de dos docenas de caminantes.
Lentamente me puse en puse en pie agarrándome a la barandilla con la mano que todavía tenía sana. Totalmente exhausto, me planté frente a Molano. Este me observó con una sonrisa irónica.
—¿Enserio? ¿Aun pretendes hacerme frente? — Me acerqué tambaleándome, traté de golpearle sin éxito. Acabé apoyado en su pecho y el me agarró de la cabeza. Tiró de mi cabello hacia atrás y me miró sonriendo —De verdad que eres increíble. Aun estando hecho mierda, sigues intentando golpearme.
—No quería golpearte— dije. En ese momento me agarré a él con todas mis fuerzas. Logrando inmovilizarlo. Molano se quedó sorprendido. Justamente en ese momento, antes de que me fallaran las fuerzas y Molano se librara de mí. Me lancé con él por encima de la barandilla, precipitándonos sobre los caminantes. Ninguno de los dos saldría vivo de allí.
Ambos caímos sobre el suelo de hormigón y sobre dos No Muertos. Una vez allí abajo, totalmente aturdidos los dos a causa del golpe, comenzamos a ser rodeados por los caminantes.
El primero en ser alcanzado por los muertos vivientes fue Molano. Pude ver como se echaban sobre él y comenzaban a morderle. Molano gritaba de dolor, intentando liberarse del mortífero agarre de los muertos, pero, aunque lo consiguiera, ya estaba condenado. Yo, por mi parte, me alejé gateando hasta que me apoyé en algo cubierto por una lona, allí me senté y esperé a que llegara mi hora. Ya no me importaba morir, había conseguido que Molano no pudiera hacer nada a nadie más.
Allí sentado, observé como Molano dejó de gritar, desaparecido bajo un montón de cuerpos podridos. Desde donde me encontraba, pude ver como los caminantes que al principio habían sido atraídos por los gritos de Molano, comenzaban a acercarse a mí.
El primer No Muerto en llegar era un hombre con una camisa de cuadros sucia y con poco cuero cabelludo. Este se inclinó sobre mí, acercando su boca hacia mi cuello y yo cerré los ojos. Fue entonces cuando comenzaron los disparos.
El cuerpo del caminante con camisa de cuadros se desplomó sobre mí. Yo abrí los ojos sorprendido y fue cuando vi a Moussa y a Leandro ante mí, disparando a los No Muertos. Después vi a David, mi compañero agarrarme y decir que no iba a morir.
Entre David y Leandro me levantaron y me sacaron a rastras de allí mientras Moussa nos cubría. Atravesamos la siderúrgica rápidamente y llegamos al exterior donde lo primero que sentí, fue la brisa fresca. Miré al frente y vi a Lidia junto a la auto caravana abriéndonos la puerta.
Me metieron dentro del vehículo y me tumbaron sobre los asientos laterales. Allí, totalmente confuso y casi inconsciente, vi a Lidia inclinarse sobre mí.
—No te preocupes. Cuidaré de ti…— después de eso me desvanecí.

Día 20 de febrero de 2018…
09:00 horas de la mañana…

Me desperté tumbado en un colchón. Me noté que tenía la mano derecha vendada y que me habían cambiado los vendajes de la herida del costado. Miré al techo y me di cuenta de que estaba dentro de uno de los autobuses.
Me incorporé poco a poco y finalmente me puse en pie. Fue cuando miré a través de la ventana. Al otro lado de esta, vi arena y mar, sobretodo mar. Me acerqué con cuidado al cristal y miré a través de el para comprobar que no era una ilusión.
Me alejé de la ventana y me dirigí hacia la puerta, cuando la abrí, puse mis pies sobre la arena. Allí me llegó la brisa marina y el olor a salitre. Indudablemente estaba vivo. No había muerto cuando ya lo había dado por hecho y aceptado.
Escuché entonces las voces de los demás, parecía que estaban al otro lado. rodeé el vehículo y me encontré con una zona asegurada por mis compañeros. Habían usado cuerdas con latas atadas de un autobús a otro para crear una especie de alarma. En el medio de aquel campamento improvisado, estaban todos los demás.
—Veo que estás despierto— la voz de David me llamó la atención. Yo miré hacia arriba y lo vi sentado en una hamaca sobre el otro autobús. Sostenía un fusil entre sus manos. Estaba vigilando. Sus palabras, hicieron que todos se giraran para mirarme.
—¿Dónde estamos ahora? — pregunté caminando hacia los demás. Parecía que estaban desayunando.
—En la playa de La Puebla de Farnals. Decidimos parar aquí para descansar. Siéntate a desayunar con nosotros— dijo el padre Lucas —Gracias a dios estás bien. Lidia no se ha apartado de ti ni un momento— el padre Lucas se dio la vuelta para mirar a la única doctora que quedaba en el grupo. Ella estaba junto a Nora, pude fijarme en que a su lado había un bastón. Nora estaba a su lado y se levantó para venir a abrazarme.
—¿Cuánto tiempo llevamos aquí? — pregunté mientras caminaba junto a Nora. Terminé sentándome entre Paco y Jorge.
—Desde ayer por la tarde— respondió Paco.
—Estábamos esperando a ver como evolucionabas antes de seguir— añadió Lidia —Ahora que estás bien. Mañana podremos seguir nuestro camino. Si todo va bien. Llegaríamos a Valencia mañana al anochecer o por la mañana del día siguiente.
—Hay que ser cautos. Hay muchos atascos, además— dijo Víctor —No ganaríamos nada si tenemos que dar muchas vueltas. Sea como sea, mañana o pasado estaremos allí.
Yo asentí. Todo había salido más o menos bien. Allí éramos un grupo de más de veinte personas. Habíamos perdido a varios y eso era triste, pero nosotros vivíamos, y eso era de agradecer.
Molano ya no estaba, yo mismo lo había visto morir. Eso significaba que su amenaza había desaparecido por completo. Eso me dejaba tranquilo.
—Está bien. Mañana nos ponemos en marcha— dije. Pensé en lo que Lidia me había dicho en la gasolinera y asumí entonces mi papel de líder. Esa gente confiaba en mí y me seguiría. Yo por mi parte, como nuevo líder del grupo, me encargaría de que todos llegasen a nuestro destino. La ciudad de las artes y las ciencias de Valencia. Allí, deseábamos con todas nuestras fuerzas, encontrar un lugar donde poder vivir en paz y sin miedo.