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Gracias y bienvenidos al blog. En este blog podréis leer desde el principio la historia titulada Zombies (Esta vez corregida y mejorada), a la que le seguirán sus secuelas: Necroworld y The Survivors Land. En ellas, seguiréis el periplo de un grupo de supervivientes que iniciarán su historia en el pueblo Valenciano de Puzol, pasando por Valencia capital, Barcelona y Madrid. Un periplo que les llevará hasta los Estados Unidos. Esta historia es probablemente la historia de Zombies más larga de la red, ya que cada una de sus partes, cuenta con 200 capítulos en su totalidad. Si te gusta, sígueme en el blog y mis redes sociales, contacta conmigo por Email y suscribete via Email en la pestaña Email address para estar informado de las publicaciones. Esta historia también puede leerse en Wattpad.

martes, 16 de octubre de 2018

ZOMBIES Volumen 2 Integro

Da inicio el volumen numero 2. La forma de publicación va a ser de la siguiente forma. Los capítulos no tendrán una fecha concreta de publicación, se publicarán según los termine. Eso significará que habrá semanas que haya un capitulo o dos, incluso, puede que por falta de tiempo, en una semana no haya ninguno (Aunque no será lo habitual).

ZOMBIES: Capitulo 031 El Edificio


Capítulo 031
El Edificio

Día 8 de enero de 2018…
Valencia… 12:00 horas…

Luci se despertó de golpe. Cuando se intentó incorporar, notó que estaba atada de pies y manos, tumbada en un colchón sucio que apestaba como recién sacado de las cloacas. A decir verdad, el nauseabundo hedor parecía impregnar toda aquella sala en la que se encontraba.
El lugar en el que se había despertado, parecía un trastero de paredes mugrientas llenas de fotos y recortes de periódicos. La poca luz que había, provenía de una lámpara de camping gas. Siguió mirando a su alrededor y vio su katana apoyada en la pared.
Al principio no recordaba cómo había llegado allí, pero enseguida, comenzaron a llegarle flashes de lo sucedido hacía horas.
No había pasado mucho tiempo desde que se había quedado colgada boca abajo cuando un caminante irrumpió en el mismo cobertizo. Aquel ser se lanzó sobre ella y se defendió como pudo. Al no tener la katana a mano, tuvo que coger al No Muerto por la cabeza e introducir sus dedos a través de las cuencas de los ojos, después apretar con todas sus fuerzas y aplastarle el cráneo.
Después del incidente, intento quitarse la cuerda sin éxito. No recordaba cuanto tiempo lo había estado intentando, pero de pronto, sintió un pinchazo y segundos después, quedó inconsciente. Después de eso, había recobrado el conocimiento en aquella sala. Había perdido horas de su vida. Se sintió como abducida.
Intentó levantarse para alcanzar su arma, pero entonces se dio cuenta de que había una cadena que no le permitía moverse demasiado. Lo intentó varias veces más hasta que escuchó unos pasos. Dirigió su mirada hacia la única puerta que había y no tardó en ver una silueta enfundada en una gabardina, una capucha, una braga y gafas de sol. Llevaba un rifle de mira telescópica a la espalda y del cinturón colgaban dos grandes cuchillos.
Luci se lo quedó mirando desafiante y aquel desconocido se le acercó sin mostrar miedo.
— ¿Quién cojones eres tú? ¿Por qué me has traído aquí?
El desconocido no respondió. Caminó hacia la katana y la tomó entre sus manos, después miró a Luci. A ella en ese momento, se le pasaron varias cosas por la cabeza. Pensó que iba a decapitarla en ese momento, pero no ocurrió nada. Ese tipo dejó la katana en el mismo sitio.
El desconocido caminó de nuevo hacia el fondo de aquella habitación y comenzó a quitarse la gabardina y todo lo que llevaba encima. Quedándose únicamente en jersey y pantalones vaqueros. Luci lo miró a la cara. se trataba de un hombre rubio, con el pelo bastante largo, alborotado y sucio hasta los hombros, de unos cuarenta años, sus ojos eran verdes y tenía una barba bastante poblada.
—Aquí las preguntas las hago yo ¿A qué viniste aquí? ¿Te han mandado para matarme? — preguntó aquel tipo mientras se cruzaba de brazos y se apoyaba en una mesa de trabajo sobre la que Luci no había reparado todavía.
Observó la mesa y vio varias cosas que le llamaron la atención. Había marcos son fotos, todas familiares, pero ninguna parecía de aquel tipo. Luci miró de nuevo las fotos de la pared, entonces, llegó a la conclusión de que aquellas fotografías, eran de personas que vivían, o, mejor dicho, habían vivido en aquel edificio.
—Te he hecho una pregunta. Una bastante simple ¿Te han mandado a matarme? — preguntó aquel tipo —Tienes treinta segundos para responder… Y el reloj corre en tu contra.
—No sé de qué me hablas. No he venido a matarte. Mi presencia aquí es por otro motivo— respondió rápidamente Luci —Vine buscando a una persona.
—A mi…— respondió aquel tipo de forma tajante — ¿Qué te han ofrecido a cambio de matarme?
—Que no me han mandado a matarte hostia— respondió Luci. Entonces, el tipo se abalanzó sobre ella, tocando prácticamente la cara de Luci con la suya — ¿Te crees que soy un mamón al que le puedes mentir en la puta cara? Mírame a los ojos y dime la verdad. Se sincera, porque si me mientes, lo sabré… Y te romperé el cuello.
—No sé de qué coño me estás hablando— respondió Luci desafiante y con los ojos clavados en los de aquel tipo —No sé qué paranoias tienes en la cabeza, pero me importan un bledo.
En ese momento, la expresión de aquel tipo cambió de golpe y sonrió —Veo que los dioses están de tu parte— Aquel tipo se retiró, caminó hacia la mesa y volvió a darse la vuelta con los brazos cruzados —Luego te daré algo para comer. Imagino que estás hambrienta. Luego quiero que te marches.
—No. He venido aquí a hacer algo… Y no me marcharé hasta que lo solucioné— respondió Luci — ¿Te queda claro o te lo deletreo?
— ¿Y de que se trata? — preguntó aquel tipo.
Por unos momentos, Luci dudó si debía decir la verdad sobre lo que había ido a hacer allí. Finalmente optó por ser sincera y comenzó a hablar. Aquel tipo parecía conocer bien ese lugar y a los que allí vivían.
—Vine buscando a mi hija. Me la arrebataron hace nueve años y sus padres de acogida vivían aquí con ella. Vine a recuperarla. Su padre de acogida es uno de los muertos que hay en la piscina.
Aquel tipo caminó hacia una de las paredes y tomó una de las fotos, volvió junto a Luci y se la mostró — ¿Es esta familia?
Luci miró la foto, en ella aparecía una familia aparentemente alegre. Eran un matrimonio joven y sonriente junto a un caballo. Sobre el caballo, había una niña de nueve años con un sombrero de cowboy, también sonreía. En la foto también aparecían dos niños que Luci dedujo que eran dos niños camboyanos. Los cuales, debían tener entre tres y seis años.
—Manuel Ramírez y su mujer Claudia Iborra. No podían tener hijos y siempre buscaban adoptar. No los conocía mucho, pero a la niña la recuerdo muy bien. Jugaba con mi hijo— respondió aquel desconocido — ¿En serio es tu hija? ¿Por qué te la quitaron?
—Me la quitaron cuando entré en prisión— respondió Luci con sinceridad —Vine aquí a buscarla.
— ¿Por qué te encarcelaron? — preguntó aquel tipo. Su mirada se volvió más intensa.
— ¿Qué más dará? Eso no es importante— respondió Luci intentando esquivar esa pregunta.
—Debo saberlo. Quiero saber hasta qué punto puedes ser peligrosa— aquel tipo miró la katana —Y si has sobrevivido hasta ahora, manejas esa espada y al muerto del cobertizo lo mataste con tus propias manos, deduzco que no eres una mosquita muerta.
Luci respiró hondo y comenzó a hablar —Acababa de dar a luz a mi hija… Y estábamos literalmente en la mierda. Por medio de él que por aquel entonces era mi novio, me propuso un trabajo…
— ¿Qué tipo de trabajo?
—Un robo en una mansión. El caso es que cuando llegué, después de desconectar las alarmas, dormir al perro y asegurarme de que no había cámaras de vigilancia… Entré…— Luci hizo una pausa y siguió hablando —Era una puta trampa. Alguien se había cargado al dueño y había preparado todo para que me comiera yo el marrón. Imagino que fue el cabrón de mi novio. Después de eso, entre el juicio y demás, se llevaron a mi hija a una casa de acogida… Allí pasó un tiempo hasta que la familia que vivía aquí, se la llevó.
—Así que tu novio te la jugó— respondió aquel extraño tipo.
—Si…  Pero se llevó su merecido. Salí de prisión justo cuando esto comenzaba a ocurrir… No estaba tan extendido por aquel entonces. Di con ese cabrón y acabamos huyendo juntos, junto a otras personas— Luci hizo una nueva pausa —Esas personas fueron muriendo, algo bastante normal si lo miras desde el punto en que este mundo es una trampa mortal. Al final, solo quedábamos tres personas, mi ex, la que por esos momentos era su nueva novia y yo. Pasamos varios meses en un almacén de importación y exportación. Estábamos los tres juntos allí… Y aunque ese mamón me daba asco… Había buen rollo… Hasta que un día, mordieron a la novia de mi ex. Ella lo ocultó y casi logra cargárselo, aunque como era de esperar, el muy cabrón volvió a tener suerte y se salvó. Después de eso, intentó matarme a mí. Supuestamente por que no se fiaba. Entonces, durante el forcejeo, llegó hasta mis manos una katana. La utilicé para matarlo. En ese momento, se puede decir que corté definitivamente con ese cerdo asqueroso. Antes de morir, le saqué unas cuantas cosas, la más importante de todas, la dirección de este lugar.
Aquel tipo miraba a Luci con los ojos muy abiertos, mientras asentía. De pronto, se dio la vuelta y sacó unas llaves, volvió a mirar a Luci —Voy a quitarte esas cadenas y a liberarte. No intentes nada raro.
El tipo caminó hasta Luci y comenzó a quitarle las cadenas. Cuando estuvo libre, ella se masajeó las muñecas y los tobillos, después, miró a su extraño anfitrión.
—Me llamo Lucia, puedes llamarme Luci— ella le tendió la mano a él, y este se la estrechó.
—Juan Izquierdo.
— ¿Y cuál es tu historia? ¿Vives aquí?
—Así es. Bienvenida a “El Espai Verd”— respondió Juan con una sonrisa.
—Entonces, quizás puedas decirme dónde está mi hija. ¿Dónde está la niña de la foto? — Luci señaló la foto de su hija que siempre llevaba encima.
Juan miró la foto y luego la miró a ella —Ella sigue aquí. Nadie consiguió salir del edificio. De los que vivían aquí, solo yo sigo con vida…
En ese preciso momento, el corazón de Luci dio un vuelco. Si lo que decía Juan era cierto, su hija seguía vagando por el edificio.

Valencia… Barrio del Carmen…
15:00 horas del mediodía…

— ¿Dónde están? ¿Qué habéis hecho con ellas? — Jordi golpeó fuertemente al prisionero, tan fuerte que tiró también la silla en la que lo habían atado sobre el suelo del cuarto de baño donde lo tenían.
—No tan fuerte… O lo matarás antes de que hable— dijo Mishuro mientras volvía a poner la silla en su sitio. Después de eso, miró a aquel tipo —Te sugiero que respondas a lo que te preguntamos ¿Dónde están las chicas que había aquí?
El prisionero se llamaba Damián. Después de que lo encontraran herido en la despensa de la casa, le habían curado las heridas, literalmente le habían salvado la vida, aunque solo lo habían hecho para que les dijera donde estaban Sandra y Amelia. Era indudable que él, tenía algo que ver con su desaparición.
—No sé de qué me estáis hablando. Yo solo pasaba por aquí— respondió Damián mientras escupía un gargajo de sangre que cayó cerca de las botas de Jordi.
— ¿Pretendes que nos creamos eso? — preguntó Jordi caminando de nuevo hacia el con intención de golpearle, ero Mishuro lo paró a tiempo y negó con la cabeza, sabía que Jordi se ensañaría con él.
—Escucha, no has dormido nada en toda la noche. Ve y descansa, yo me encargo de esto— Jordi quiso decir algo, pero Mishuro nuevamente se adelantó —Estás muy estresado… Yo puedo ocuparme de esto.
Jordi salió del cuarto de baño dando grandes zancadas y cerrando de un portazo. Estaba furioso, aunque Mishuro tuviera razón en lo que decía. Una vez fuera, se sentó en uno de los sofás rasgados del salón y comenzó a pensar en muchas cosas.
— ¿A ellas también vas a dejarlas morir como a mí? — la voz de su hijo Adrián sonó justo a su lado, incluso Jordi logró verlo por el rabillo del ojo, sentado en una de las sillas.
—No te dejé morir… Es que no había nada que hacer— respondió Jordi —Tampoco las dejaré morir a ellas. Cuando sepamos donde están, yo mismo iré a salvarlas.
—Qué bonito— la mujer de Jordi apareció por uno de los lados del sofá acariciándole la nuca y se sentó a su lado —Es muy tierno. De verdad… Lástima que solo sean palabras.
Jordi se golpeó varias veces la cabeza, tratando de sacar a su mujer e hijo de allí para que dejaran de hablarle, pero ni así lo logró —No estáis aquí. Fuera de mi cabeza.
—Con nosotros no decías esas cosas— dijo su hijo.
—No. Nosotros éramos una carga y por eso no moviste un dedo cuando moríamos. Sobretodo yo— añadió su mujer —Yo era un estorbo… Cuando conociste a Amelia te vino de perlas que a mí ya se me estuviesen comiendo los gusanos… ¿Cómo si no ibas a poder follartela? Que patético.
— ¿Por qué no me salvaste?
En ese momento, Amelia apareció sentada frente a él. Vestía exactamente igual que el día que la conoció, pero la herida del muslo era visible y sangrante, como si no la hubiesen curado. En su vientre, se podían ver varias heridas, como si la hubiesen apuñalado repetidas veces.
— ¿Amelia? — preguntó Jordi con lágrimas en los ojos.
—Vaya por dios. A ella si le da credibilidad— murmuró su mujer con sarcasmo.
—No sabía lo que estaba sucediendo. Yo estaba buscando antibióticos para evitar infecciones ¿Cómo iba a saber que ibas a desaparecer? Sandra cuidaba de ti— respondió Jordi poniéndose de pie y caminando hacia ella.
******
—Te lo pediré amablemente. Dime donde están las dos chicas que estaban aquí. Te hemos curado las heridas y te has salvado. Ahora, quiero que me digas lo que quiero saber— dijo Mishuro tratando de mantener la calma, la cual, estaba minándose cada vez más por culpa de las respuestas negativas de aquel tipo. Por si fuera poco, estaba escuchando a Jordi hablar solo… Y Damián también lo escuchaba.
—Yo que tú, me preocuparía más por el tarado de tu amigo. Hablar solo… No es buena señal. Algo le funciona mal en el coco. Olvídate de tus amiguitas.
— ¿Dónde están? — preguntó Mishuro —No me hagas preguntártelo más veces. No te gustarán las formas. De momento estoy siendo amable.
— ¿Y qué vas a hacer Jakie Chan? ¿Vas a hacerlo tú mismo o vas a mandar por una vez a algún doble? Me muero de ganas de saberlo.
Mishuro no respondió, caminó hacia la mugrienta bañera y abrió el grifo dejando correr el agua, menos mal que aún quedaba. Era algo que todavía no había desaparecido, a diferencia de la luz eléctrica, que hacía tiempo que había dejado de funcionar, mandándolos prácticamente a la edad media.
—Te conviene ser sincero y decir la verdad— respondió Mishuro.
Damián movió el cuello haciéndolo crujir y sonrió mirando al joven de origen japonés — ¿Y por donde quieres que empiece? ¿Empiezo a contarte como las encontramos? ¿O prefieres que te cuente lo que estarán haciendo con ellas ahora? Bueno, con ella, la de la herida en la pierna tenía muy mala pinta. A la otra, puede que se estén turnando para follarsela. Cuando hayan terminado con ella, estará tan zumbada que será como tirarse a uno de esos muertos, ya ni pestañeará. Será cuando imagino que se la darán de comer a los perros.
— ¿Dónde están? — preguntó Mishuro.
—Busca en las páginas amarillas… Igual por afinidad de color… Te da mejores resultados.
La bañera terminó de llenarse y Mishuro cerró el grifo. Miró de nuevo a Damián —Ultima oportunidad ¿Dónde están?
—Que te den— respondió Damián escupiéndole a Mishuro.
Sin mediar palabra, el japonés agarró al prisionero y lo inclinó sobre la bañera que estaba a rebosar —El ser humano, tiene una capacidad pulmonar limitada. El tiempo máximo en el que una persona puede aguantar la respiración, es de un minuto. En ocasiones, ha habido gente que ha aguantado más. Vamos a comprobar cuál será tu record— Mishuro hundió la cabeza de Damián bajo el agua y la mantuvo ahí.
******
—¿Qué es lo que harás ahora? Te estás dando cuenta que es muy posible que hayas perdido a una mujer por la que empezabas a sentir algo…  Otra vez estás perdiendo a alguien ¿Se puede ser más desgraciado? — preguntaba la mujer de Jordi. Esta se encontraba sentada en el sofá con las manos sobre su regazo —Menudo inútil.
—La soledad no era una buena idea— dijo Adrián desde su silla.
—Ni la compañía— añadió Amelia —Fíjate como ha acabado todo… ¿Recuerdas la vez que nos encontramos en ese túnel? Ibas a matarte… Yo te salvé y después te confié mi vida… ¿Y para qué? Yo estoy ahora quien sabe dónde… Probablemente muerta. Mientras tanto, tu, andas perdiendo el tiempo lloriqueando. Eres un desastre.
Jordi no podía soportarlo más, solo quería que se callasen de una maldita vez.
******
Mishuro sacó la cabeza de Damián del agua cuando vio que comenzaba a ahogarse. Lo cogió del pelo y echó su cabeza hacia atrás.
— ¿Dónde están?
—¡¡¡Que te jodan cabrón!!!— respondió Damián con un grito.
—Respuesta errónea— respondió Mishuro al tiempo que volvía a meterle la cabeza en al agua. No pasó mucho tiempo hasta que Damián volvió a comenzar a ahogarse. Cuando se la sacó, volvió a mirarlo —No te daré más oportunidades. Si no respondes, pasaré de ahogarte a comenzar a cortarte partes del cuerpo. Mientras puedas hablar, te sobran brazos y piernas. No me obligues a llegar a ese punto— Damián no respondió. Eso hizo que Mishuro lo tirara al suelo.
Mishuro le liberó una mano a Damián y con un pie, le pisó el brazo, desenvainó su katana y se la mostró a su prisionero.
—Estás loco— dijo Damián entre jadeos, estaba sudando de puro terror.
—Loco no. Solo aprendí bien— respondió Mishuro al mismo tiempo que le cortaba la mano. El grito de Damián fue estremecedor, tanto que incluso a Mishuro se le heló la sangre — ¿Hablarás ahora?
En ese momento, Damián comenzó a hablar —Está bien. Te diré lo que quieres saber, pero para. No me dejes morir.
Mishuro salió del baño tras asegurarse que Damián ni se escapaba ni se desangraba, tenía la intención de encontrarse con Jordi y contarle lo que había sucedido. Al salir, vio a su compañero sobre una de las sillas, llorando amargamente. Rápidamente corrió hacia él y lo obligó a mirarle.
—Eh ¿Estás bien? Vuelve conmigo de donde estés. Ese cabrón ha hablado y va a confesar donde están. Primero tenemos que curarlo— Mishuro miró a su alrededor — ¿Qué ha pasado? ¿Hablabas con alguien?
—No… Con nadie— respondió Jordi mirando a su compañero. De pronto, la mirada y expresión de Jordi cambió —Veamos lo que nos tiene que decir ese desgraciado.

Valencia…

Los ojos de Sandra se acostumbraron a la oscuridad del lugar. Había más gente a su alrededor, todos al igual que ella, encadenados.
El olor allí dentro, desde que se había despertado, era una mezcla nauseabunda. Olía a orina, excrementos, vómitos y descomposición. Primero miró a su derecha y vio a un hombre mayor que respiraba con dificultad. Cuando miró a su izquierda, se encontró con el rostro putrefacto de un No Muerto que intentó morderla. Aunque gracias a las cadenas, no pudo alcanzarla.
Sandra volvió a mirar a su alrededor haciéndose varias preguntas ¿Dónde estaba? ¿Y dónde estaba Amelia? Ella estaba herida y necesitaba ayuda urgente.
Sandra comenzó a recordar lo que había pasado antes de verse en aquel lugar. Ella estaba en aquel piso del barrio del Carmen cuando un grupo de personas irrumpieron en el inmueble. Todo ocurrió muy rápido, tanto que no le dio tiempo a disparar. En pocos segundos se vio apresada y golpeada. Lo último que recordaba antes de desvanecerse, fue a su perro Yako abalanzándose sobre uno de los intrusos ¿Qué habría pasado con su fiel compañero? ¿Y cuál habría sido la reacción de Jordi y Mishuro al volver a la casa?

viernes, 12 de octubre de 2018

ZOMBIES: Capitulo 030 Aquel día hace unos meses


Capítulo 30
Aquel día hace unos meses


Día 14 de junio de 2017…
Madrid… 22:00 horas de la noche…

Las explosiones y disparos del exterior retumbaban en el interior de la sede de juzgados donde Molano y varios militares de distintos rangos se habían refugiado. Algunas detonaciones eran tan fuertes que hacían que cayera polvo. Fuera, la ciudad estaba cayendo bajo una invasión de un número cada vez más creciente de muertos vivientes.
La situación se había descontrolado en Madrid. Lo había hecho de forma alarmante, y la situación, a nivel mundial, no era muy diferente, incluso, peor en otras ciudades y países. Habían llegado incluso a lanzar bombas nucleares.
Una nueva explosión sacó a Molano de sus pensamientos. Él se había metido a solas en una de las salas, apartándose del resto de soldados. Este se levantó de una de las sillas, y miró rápidamente por una de las ventanas que daban a la calle y vio como un edificio comenzaba a venirse abajo.
—Julio— la voz de su hermano Daniel, hizo que Molano se diera la vuelta para mirarlo.
Daniel era un año menor que Julio y tenía el rango de comandante al igual que él había tenido hace tiempo. Ambos habían alcanzado dicho estatus al mismo tiempo, pero solo uno lo había conservado. Aun habiendo perdido Julio el rango, habían permanecido juntos desde entonces, más unidos que nunca. Físicamente se parecían muchísimo, aunque eran caracteres distintos.
— ¿Qué ocurre? — preguntó Julio volviendo a mirar hacia la calle y dirigiendo su mirada hacia las torres Kio. Una de ellas humeaba y resplandecía de color rojo, debido al fuego que se había originado en su interior.
—La ciudad no durará mucho…— comenzó a decir Daniel —Los que no han huido, están muertos. También hemos perdido contacto con el coronel Beltrán. Ya no queda nada que podamos hacer aquí. Debemos irnos y llevarnos a los demás con nosotros.
Molano se apartó de la ventana y caminó hacia la puerta de la sala donde se encontraba en solitario, se asomó un poco y vio a las dos docenas de soldados que todavía quedaban vivos — ¿Por qué deberíamos irnos con ellos? La mayoría son soldados rasos y novatos.
Daniel suspiró y miró a su hermano mayor —Aquí y ahora, los rangos que tengamos cada uno, dan igual. Somos todos personas, ni más ni menos. Tenemos que irnos de aquí y mantenernos todos juntos.
— ¿Has asumido el mando? — preguntó Julio
—Tú te metiste aquí y…
—No me des más explicaciones. Me parece bien— Julio posó su mano en el hombro de su hermano —Eres una persona más que apropiada.
—Entonces salgamos ahí fuera y preparemos un plan de fuga.

Día 8 de enero de 2018…
Instituto de Puzol… 9:30 horas de la mañana…

Desplegué un mapa de toda la comunidad valenciana sobre una de las mesas de la biblioteca. Allí estábamos reunidos, David, Molano, Paco, Jorge, Héctor, Leandro, Toni y yo.
Cogí un rotulador de color rojo y señalé la zona donde Héctor y yo fuimos capturados. La reunión consistía en dar con el refugio de aquellos cazadores e ir a por ellos, el problema, era que como nos habían llevado encapuchados, no tenía muy claro donde se encontraban, solo podíamos especular, calculando el trayecto y luego, buscando todas las fábricas de aquella zona.
— ¿Cómo era la fábrica a la que os llevaron? — preguntó David.
—Estaba adaptada para que pudieran vivir ellos, pero tenía toda la pinta de que se trataba de una fundición. Había ganchos colgados del techo— respondió Héctor —Creo recordar que vi máquinas para fundir, pero no estoy seguro del todo. Estaba demasiado confuso, aturdido y asustado en esos momentos.
Toni avanzó unos pasos hacia la mesa y comenzó a marcar cruces —Lo que está claro es que la fábrica estaba relacionada con la metalurgia. Si el refugio se encuentra en esta zona que has señalado… Las posibilidades se reducen a ocho fabricas… Estas que he señalado.
— ¿Cómo lo sabes? — preguntó Molano.
—Fui transportista un tiempo… Y trabajé esa zona— Toni miró primero a Molano y luego a mí —Si estabais dentro de esa zona, tiene que ser una de esas.
Levanté la cabeza y miré a Héctor — ¿Puedes ir a buscar a Moussa? A él también lo llevaron allí. Quizás, él pueda aportar algo de información.
Héctor asintió y salió por la puerta. Entonces nos separamos un poco y nos distribuimos por la biblioteca, David y yo nos adentramos en uno de los pasillos y comenzamos a hablar en privado. Horas antes, había hablado con él y con Gloria contándoles que pretendía asaltar a esos cazadores, aunque la respuesta fue distinta a la que me esperaba.
—Creo que deberías dejarlo pasar. Te lo dije antes y te lo digo ahora ¿Qué necesidad tienes de atacarlos? Escapasteis de ellos.
—Esos tipos son peligrosos…— hice una pausa y suspiré, entonces, le conté a David algo que había ocultado ante Gloria —Maté al hijo del gran jefazo de ese grupo. A estas horas deben estar buscándonos. Esto no acabará bien para nadie, pero si atacamos nosotros antes.
David se pasó la mano por el pelo, se dio la vuelta y después volvió a mirarme a mí —Se ha prendido la mecha de la dinamita y no hay forma de pararla… Vale… ¿Qué planes tienes? Los de verdad.
—Primero tenemos que sorprenderlos… Después veré que podemos hacer… No quiero tener que volver a matar a nadie— hice una pausa y de nuevo miré a mi compañero —Desde que maté a ese chico, no he dejado de sentir culpa y de pensar en el… En cómo me miraba mientras lo mataba. Lo hice consumido por la rabia, por que mató a un pobre crio… Por si no tuviera bastante con Bernardo…
—Con Bernardo hiciste lo correcto. Ese desgraciado provocó varias muertes. Se llevó su merecido. No te sientas culpable por haberte cargado a semejante montón de mierda. Yo maté a su amiguito y no siento remordimientos de ningún tipo.
—Ya lo sé, pero a mí me está costando mucho. Hay noches que sueño con Cristina, repitiendo una y otra vez ese día… Intentó salvarla y nunca lo consigo— respondí —Este mundo está acabando conmigo…
—Te sobrepondrás a ello. Lo sé, eres fuerte— respondió David.
Justo en ese momento, Héctor entró en la biblioteca acompañado por Moussa. Nada más entrar, aquel hombre miró a su alrededor, como desconfiando. Yo me acerqué a él.
—Tranquilo, le pedí a Héctor que te buscara para que nos ayudaras— Moussa asintió y seguí hablando — ¿Puedes decirnos donde te capturaron? Estamos tratando de averiguar donde se esconden.
— ¿Y qué pasará cuando lo averigües? — preguntó Moussa.
—Les atacaremos— respondió Molano entrando en la conversación —Se la devolveremos.
—Entonces yo también quiero participar— respondió Moussa. En su mirada pude ver el odio que les tenía a esas personas.
—Me parece correcto. Bienvenido al ejercito— dijo Molano con una sonrisa. Cuando lo vi, sentí que estaba volviendo a ver a ese hombre que me hizo abandonar el ejército.

Día 16 de junio de 2017…
Afueras de Madrid…
09:00 horas de la mañana…

Molano apuñaló varias veces la cabeza de aquel No Muerto, que hasta hacía una hora, había sido uno de sus soldados más leales. Se trataba de Gabriel Lozano, un chico joven que procedía de Barcelona, al que habían mordido cuando huían de Madrid.
Durante la huida de Madrid habían perdido a varios, los cuales habían sido rodeados y devorados, otros habían sido heridos y mordidos, los cuales, pronto se convertirían en caminantes.
Daniel se acercó entonces a su hermano, este se había sentado debajo de un olivo junto al cuerpo del soldado al que acababa de matar.
—Hay que enterrar a ese chico… Su tumba ya está lista. También se han cavado las tumbas para Sandro y Mark. A ellos no les queda mucho tampoco. Al parecer, varía según la sangre del individuo…— Daniel hizo una pausa —Aunque el mordisco nos afecta a todos por igual… Una vez nos muerden, pase el tiempo que pase, morimos y nos reanimamos.
Julio se sacó una petaca del bolsillo y le pegó un trago —Pues vaya mierda. Sea como sea, estamos jodidos.
—Hay que ser positivos. Aun podemos recuperarnos. El mundo es muy grande, y al igual que nosotros, debe haber más supervivientes. Solo debemos encontrarlos, unirnos a ellos y tratar de reconstruir la sociedad, es posible— Daniel se sentó junto a su hermano.
—¿De verdad lo crees así? Admiro tu positivismo, la verdad— Julio le dio otro trago a la petaca. Aunque no fue muy largo, el contenido se acabó —Otra cosa buena que se acaba— Julio lanzó la petaca lejos y miró a Daniel de nuevo —Espero que tu positividad nos lleve hasta una licorería decente y que no haya sido saqueada todavía. Aunque lo dudo.
En ese momento, escucharon dos disparos, que enseguida identificaron como los que habían acabado con Mark y Sandro. Ya eran dos menos en el cada vez más menguante grupo militar.

Día 8 de enero de 2018…
Instituto de Puzol… 11:00 horas de la mañana…

Ya estaba todo claro. La zona de búsqueda estaba marcada y no íbamos a tardar mucho en salir en busca de los cazadores. Habíamos cogido el mapa del que disponíamos y habíamos comenzado a fotocopiarlo para repartirlo entre los distintos grupos que íbamos a salir en busca de ese lugar. Uno de esos grupos eran los militares, con los que me reuní junto a Molano.
—Te presento a mis chicos. Ya conoces a dos de ellos desde hace tiempo— dijo Molano refiriéndose a Paco y Jorge. A continuación, comenzó a presentármelos uno por uno. Comenzó por Enzo Gaztañaga, un sargento francotirador y que era algo así como la mano derecha de Molano.
Estaba la teniente María Alcántara, una mujer de piel muy morena y cabello castaño rizado, sus ojos eran verdes. Era hija de un hombre que llegó desde Colombia hacía años. Su apellido era el de su madre.
Juan Durá, más conocido por J.D era quizás el militar más joven de ese grupo. Como varios de ellos, tenía el pelo rapado prácticamente al cero. Sus ojos eran marrones y era bastante delgado, su piel era blanca, a simple vista costaba entender como alguien así podía ser militar. Molano se refirió a él como un experto en comunicaciones e informática.
Víctor Garcés era un tipo fuerte, tenía el pelo algo largo y negro, lo tenía prácticamente sujeto por una cinta del pelo, sus ojos eran marrones y era delgado. A su lado se encontraba Ángel Díaz, un chico delgado, rubio y de ojos verdes, solía estar mascando casi siempre chicle. Ambos tenían la misma edad y habían sido amigos desde que habían entrado en el ejército. Habían sobrevivido gracias a cubrirse siempre el uno al otro, según Molano, eran inseparables.
José Galván era un hombre algo más grueso que los otros. Sus ojos eran marrones y su piel blanca. Era quizás el más bonachón de todos, siempre estaba con una sonrisa en la cara. Antes de que Molano me lo presentara, lo había visto ayudando a Gloria y a otros en el huerto o en los corrales, parecía un buen tipo.
Jessica Jaramillo era cubana y muy morena de piel. Su pelo era corto, pero rizado, recientemente se había dado un tinte amarillo. Era delgada, pero atlética, desde que había llegado al instituto, había estado corriendo dando vueltas al instituto.
Jonatán Rodríguez no era muy alto. De origen mexicano, motivo por lo que los demás lo llamaban “Mariachi”. Según Molano tenía una puntería increíble.
Luis Méndez era un tipo de pocas palabras y serio, no hablaba mucho y siempre permanecía distante de los demás. Sus ojos eran verdes, mostraban siempre una expresión de dureza. Con solo mirarlo, podía deducir que, si había sobrevivido hasta ese entonces, había sido por su fortaleza, tanto mental como física. Tenía músculos y los brazos llenos de tatuajes.
Jesús Rovira era el último integrante del grupo militar. Era un chico delgado y con gafas. A simple vista, parecía el típico chico al que le hacen la vida imposible en el colegio. Molano dijo sobre él, que era un genio, un tipo inteligente que literalmente les había sacado adelante a base de ideas ingeniosas.
Cuando terminó de presentármelos, Molano me miró — ¿Qué te parecen? Ellos se adelantarán a nosotros y partirán ya. Mientras ellos parten, nosotros reclutaremos a gente aquí.
— ¿Reclutar gente aquí? ¿Por qué? — pregunté —Ellos no son soldados. Muchos de ellos no han salido de aquí desde que comenzó esto.
—Por eso hay que escoger a los más adecuados y luego instruirlos… Te sugiero empezar ya. Si es como me has contado, es probable que esos cazadores vengan a por nosotros. Así que… Andando.
Salí de la sala donde estaban los militares y me encontré cara a cara con Nora. Ella me miró a los ojos.
— ¿Has estado escuchando? — pregunté
— ¿Y que si es así? —  Nora hizo una pausa —Quiero ir cuando vayáis a por ellos.
Lo que Nora dijo me cogió totalmente por sorpresa. Tanto que me quedé mirándola fijamente sin saber que decir, después de unos segundos de silencio, negué con la cabeza —Por supuesto que no. No vas a venir con nosotros. Será peligroso y no pienso poner tu vida en peligro.
—No soy una niña. Te recuerdo que tengo ya los dieciocho, puedo cuidarme sola… Y lo sabes— dijo Nora al mismo tiempo que yo pasaba de largo, pretendiendo huir de la discusión, pero ella me siguió y continuó hablando —Además. Voy a aprender Kung fu. Se lo pediré a Rei y a Kai.
—Buena suerte. Quizás dando cera y puliendo cera, te conviertas en Bruce Lee en dos días— respondí con sarcasmo mientras caminaba.
—Odio cuando te pones sarcástico— Nora aceleró el paso y se plantó delante de mí —No me ignores ni me tomes el pelo.  Quiero ir, quiero hacerles pagar lo que te hicieron. Mi abuelo ya no está y tú eres la persona más importante para mí. Quiero vengarme.
—La respuesta es no— respondí de forma tajante. Pasé por su lado y me alejé de la chica.
Nora se quedó de pie allí, observando cómo me alejaba. Estaba furiosa y justo cuando iba a dar un puñetazo a la pared, fue detenida por una voz.
—Si te destrozas la mano a puñetazos con una pared que no te ha hecho nada, sí que puedes despedirte de ayudar en esta noble campaña.
Nora miró hacia el origen de la voz y se encontró con el rostro sonriente del comandante Molano. Ella, desde que lo había visto llegar sintió curiosidad, le parecía un hombre atractivo.
—No quiere que le acompañe— dijo Nora cruzándose de brazos —Me trata como a una niña.
—Cuando era joven… — comenzó a decir Molano —…Era como tú. Era fuerte y orgulloso. Los demás trataban de dejarme al margen, queriendo protegerme. Eso me enfurecía. Al final, demostré que podía cuidarme yo solo. Haz tu lo mismo, demuéstrale a Juanma que eres fuerte… ¿Sabes? Estoy buscando soldados, ando algo corto de personal— Molano le puso sus manos sobre los hombros a la chica —Dime ¿Has pensado alguna vez en alistarte en el ejército?

Día 27 de octubre de 2017…
Tarragona…

Julio Molano levantó el cuchillo ensangrentado y después se puso en pie. A sus pies se encontraba el cuerpo de su hermano Daniel. El hermano de Julio tenía una herida de arma blanca en la frente. Se encontraban refugiados en un almacén desde hacía meses.
— ¿Se convirtió? — preguntó Enzo saliendo de repente y sorprendiendo a Molano,
Molano se dio la vuelta y miró al joven sargento. El comandante miró primero a su hermano muerto y después a Enzo. Le apuntó con el cuchillo y lanzó la primera pregunta.
— ¿Qué has visto exactamente? ¿Cuánto tiempo llevas ahí?
—No mucho, le escuché discutir y …— respondió Enzo mientras miraba el cuerpo de Daniel —Hace un rato estaba vivo… ¿Le mordieron?
Molano caminó hacia Enzo, lo golpeó arrebatándole su inseparable rifle de francotirador, lo empujó contra la pared y le puso el cuchillo manchado de sangre en el cuello.
—Escúchame sargento Gaztañaga… Y escúchame bien… Tú no has visto nada de nada. Si Daniel ha muerto ha sido porque se convirtió en uno de esos seres. No tuve más remedio que acabar con él. Esto es una tragedia. Repite lo que te dije y no habrá otro cadáver.
Enzo repitió lo que Molano le había dicho y entonces, el comandante lo soltó. Fue en ese momento cuando el joven sargento se arrodilló delante de él, algo que Molano no se esperaba que sucediera.
—Te juro lealtad como nuestro nuevo líder…
Molano, pese a que no se esperaba esa reacción, ni sabía a qué venía de forma tan repentina, no pudo evitar sonreír. Él era el único líder de aquel grupo, los soldados estaban ahora a sus órdenes y pasase lo que pasase, nadie le arrebataría ese liderazgo.

Día 8 de enero de 2018…
Instituto de Puzol… 14:00 horas del mediodía…

Después de comer me reuní con Jorge y Paco en la azotea del edificio que usábamos como torre de vigilancia. Ellos se habían ofrecido voluntarios para vigilar esa tarde.
Desde lo alto del edificio, podíamos ver todo el instituto. Entonces, vi a Molano caminar por unos escalones mientras hablaba con Roberto, parecía que estaban hablando tranquilamente. Mucho más tranquilos que otras veces, donde parecía que iban a enzarzarse en una pelea como si se tratase de dos perros.
— ¿Cómo llevas lo de haberte reencontrado con Molano después de lo que pasó? — preguntó Jorge —Raro supongo.
—La verdad es que no me lo esperaba, pero tampoco me esperaba encontrarme con vosotros. No me dio mucho tiempo a despedirme de vosotros… No puedo culparos. Fui yo quien decidió despegarse de todo aquello del ejercito— respondí mirando a mis compañeros —Hicisteis bien en no hacer y decir nada.
— ¿Pero ¿qué pasó exactamente?  — preguntó Paco —No te fuiste por que sí. Algo sucedió.
—Descubrí a Molano tomando drogas… Y él se dio cuenta de que lo sabía. Antes de que pudiese siquiera pensar en decir nada, se encargó en firmar por mí una carta de renuncia. Antes de marcharme, se reunió conmigo y se disculpó, me dijo que él no podía permitir estropear su carrera y su ascenso. Fui un peón, uno del que se deshizo por temor a perder.
Ya sé que fui un cobarde y que debí luchar por mi permanencia, pero al final… Molano se salió con la suya. A mí me hizo desaparecer, sabía que iba a dar parte de ello y se me adelantó.
— ¿Estás seguro que fue por eso? — preguntó en ese momento Jorge —Molano nunca fue realmente tu amigo ni el de nadie. A él solo le interesa mandar, ser el puto jefe. Cuando ve a alguien que se le puede adelantar, se lo quita del medio.
— ¿Qué quieres decir? — pregunté mirando a mi antiguo compañero del ejército.
—Quiero decir que cuando estés con Molano a solas, ten también un par de ojos en la nuca— Jorge hizo una pausa para mirar a su comandante, el cual seguía discutiendo con el líder de la comunidad del instituto —No puedo asegurar nada… ¿Te acuerdas de Daniel Molano?
—Si. El hermano de Julio… Me parecía un tío legal. Mucho más que Julio— respondí.
—Pues como dije. Aunque no puedo asegurar nada… Daniel fue uno de los que sobrevivió a la caída de Madrid, pero hace unos meses, Daniel, que era quien mandaba y quien estaba al mando, murió de forma extraña. Julio fue quien asumió el mando desde entonces.
— ¿Crees que Julio mató a su hermano?
—Creo que Julio es un verdadero monstruo— respondió Jorge.

Día 28 de octubre de 2017…
Tarragona…

Julio se encontraba ante la tumba de su hermano. Miró un momento a sus espaldas, vio como los soldados que estaban a sus órdenes, recogían para marcharse. Después, nuevamente volvió a mirar a la tumba de su hermano.
—Tu y yo lo sabíamos. Sabíamos muy bien que no eras el más apto para dirigir este grupo. Traté de mostrártelo y aun así me lo negaste. Quisiste mantenerte en tu puto trono. No tuve más remedio que derrocarte— Molano hizo una pausa, miró a sus espaldas, hacia la carretera, observó una vez más a la horda que se acercaba y luego miró de nuevo a la tumba —Si de ti dependiera, seguiríamos aquí, pero conmigo a la cabeza, estos soldados sobrevivirán. No nos quedaremos, nos marcharemos y buscaremos un lugar en el que establecernos y prosperar. Lamento que no puedas verlo, pero estás donde debías estar desde que comenzó todo esto.
Llamaron a Molano y este se dio la vuelta, alejándose de la tumba de su hermano sin volver la vista atrás. Con la muerte de Daniel, Molano no solo se había auto asignado de nuevo el rango de comandante que perdió, sino que, además, ahora el, era el único líder. Todos los demás le debían obediencia.


martes, 9 de octubre de 2018

ZOMBIES: Capitulo 029 Fantasmas del pasado


Capítulo 029
Fantasmas del pasado

Día 7 de enero de 2018…
08:30 horas… Instituto de Puzol…

Las puertas del instituto se abrieron para nosotros.  Nada más cruzarlas, aun llevando en brazos el cuerpo sin vida de Sergio, fuimos recibidos por una multitud. Muchos de ellos, atraídos por la curiosidad de ver quiénes eran los dos hombres que me acompañaban.
A medida que avanzábamos por el camino de piedra de la entrada, me percaté de que había algo extraño, lo primero que vi, fueron los vehículos militares, los cuales, evidentemente, no estaban allí antes de que partiera junto a Félix y David.
No tardé en ver a David caminar hacia mí, seguido de Gloria y de Nora, la cual, había salido corriendo del edificio, seguramente cuando le habían anunciado mi regreso.
Nora corrió hacia mí con intención de abrazarme, pero cuando vio el cuerpo cubierto con una manta, se frenó en seco.
— ¿Qué ha pasado? — preguntó David observándome a mí y a los que habían llegado conmigo.
—Te lo contaré luego. Ahora tengo algo que hacer— entonces vi a Roberto también, que llegaba con cara de pocos amigos. Volví a mirarlos a todos —Os lo contaré todo.
—Yo también tengo que…— David no terminó de hablar, una voz que me resultó muy familiar y que sonó a mis espaldas, le interrumpió pronunciando mi apellido.
—Martínez… Vaya sorpresa. No me lo esperaba.
Me di la vuelta rápidamente y me encontré cara a cara con Julio Molano. El responsable de que yo dejara el ejército. Estaba allí, plantado ante mí y sonriendo de oreja a oreja.
—Hola Julio— respondí.
Todos los presentes se sorprendieron al descubrir que ese hombre y yo nos conocíamos. Por mi parte, lo único que pensé, fue que los fantasmas del pasado siempre vuelven para golpearte en la cara.

Valencia…
Barrio del Carmen…

Mishuro arrugó la nota que había dejado Luci. La había leído dos veces, la primera en voz alta para que le escucharan todos, la segunda para asegurarse de que estaba sucediendo de verdad. Luci se había marchado.
—¿Qué hacemos ahora nosotros? No tenemos ningún plan. Todo ha fallado— dijo Sandra desde un sillón.
—Nada… De momento seguir aquí— respondió Mishuro —Luci se fue sola. Es evidente que no quiere que la encuentren.
—¿No deberíamos ir a buscarla? Quizás podamos alcanzarla— sugirió Sandra.
En ese momento, Jordi abrió la puerta del dormitorio donde estaba acostada Amelia, en su cara se notaba preocupación. No solo por el hecho de que Luci los había abandonado, sino también por el estado de Amelia, la herida de la pierna no tenía buen aspecto y le dolía mucho.
—Amelia está con muchos dolores. Cree que se le puede haber infectado la herida— dijo Jordi mirando a sus dos compañeros —Ha dormido, pero con delirios. Tenemos que hacer algo. En condiciones normales, bastaría con llevarla al hospital… Pero en esta situación… Podría morir— Jordi se llevó la mano al bolsillo y sacó una hoja de papel —Me ha dicho que esto es lo que necesita.
Mishuro tomó la hoja y la leyó —Son nombre de antibióticos. Eso le bajará la infección ¿Vas a ir a buscarlos?
—Si. Salgo ahora mismo a buscar una farmacia que no esté saqueada— respondió Jordi.
—Espera. No puedes ir solo. Yo te acompaño. Los dos juntos tendremos más posibilidades de volver— Jordi pareció que iba a decir algo, pero Mishuro se adelantó —No hay más que hablar. Iremos tu y yo.
— ¿Y qué hago yo? — preguntó Sandra.
—Quédate aquí con ella. Nosotros volveremos lo antes posible— dijo Jordi. Fue en ese momento cuando le entregó su arma —Quédatela, por si tienes que defenderte. Apunta a la cabeza. Ya sea si está vivo o muerto,
— ¿Me estás hablando de matar a una persona? — preguntó Sandra.
—Es esa persona o vosotras. No lo pienses tanto— respondió Jordi.
Después de eso, ambos salieron por donde habían entrado y comenzaron a avanzar por la calle, alejándose de la casa donde habían estado pasando la noche.

Afueras de Valencia…

Luci llegó al edificio que marcaba la dirección. Se trataba de un bloque de viviendas grande y privado, rodeado por unas vallas, jardines y con muchos años a sus espaldas. En tiempos pasados, siempre le había llamado la atención cuando lo veía desde la carretera. De sus balcones y terrazas, siempre veía como colgaban plantas, era como si hubiera pequeños jardines, aunque en esos momentos, meses después de que el mundo se hubiese acabado y sin que nadie trabajara en las plantas, estas habían seguido con su vida, creciendo y esparciéndose. Era como una selva en esos momentos.
Luci suspiró tras ver que la vivienda donde habría estado viviendo su hija, estaba en los últimos pisos. Se guardó la hoja de papel y caminó hacia la entrada mientras pensaba en varias opciones, una de ellas, y la más lógica, era que probablemente la niña ya no estaba en la casa, había pasado casi un año, permanecer allí no habría sido la mejor de las ideas. Luci, aun así, tenía la esperanza de que, si no estaba, la casa le daría una idea aproximada de a donde podrían haber huido. Al menos, eso era lo que esperaba.
Alcanzó la verja de hierro que daba paso al interior y cuando intentó abrirla, de entre los barrotes cubiertos por la maleza, surgieron brazos que estuvieron a punto de alcanzarla. Había muertos en el interior.
Luci dio unos pasos hacia atrás y buscó otra manera de entrar. No quería malgastar tiempo matando a esos No Muertos de la verja. Caminó junto al muro de dos metros de alto, coronados por una valla de hierro. Se ayudó de un contenedor que encontró y trepó el muro. Desde arriba, vio a los muertos de la verja, seguían allí. Miró hacia abajo y como era seguro, se dejó caer.
Cayó de pie y enseguida se puso en cuclillas, nunca se sabía cuántos muertos podía haber allí dentro o si podía haber vivos que protegerían aquel lugar como si se tratase de un tesoro. Tenía que ser precavida, algo que hasta ese momento no había sido mucho. Tenía que centrarse y ser cauta. Avanzó agachada entre la hierba alta, pasando junto a una gran piscina cuya agua se había vuelto de color verde y desprendía un hedor nauseabundo. No quería ni imaginarse la cantidad de porquería que habría allí dentro.
Alcanzó una zona despejada y desenvainó su katana, en esos momentos estaba muy expuesta y podría ser atacada. Caminó a paso rápido y llegó hasta un pasaje oscuro, se quedó un rato observando sin ver movimiento. Cuando se aseguró que estaba vacío, se adentró con la espada siempre preparada.
El suelo era de azulejo celeste, aunque algo sucio por el paso del tiempo. A ambos lados del pasaje había varias puertas que daban a distintas secciones del bloque. Luci tenía claro a cuál quería ir. Llegó a la que tenía elegida y justo cuando se acercó a la puerta para abrirla, varios rostros putrefactos se estamparon contra el cristal.
—Venga ya. No me jodas— murmuró Luci dando unos pasos hacia atrás.
Con todos esos caminantes allí no podría pasar, no al menos sin enfrentarse, y aunque podía hacerlo, no iba a arriesgarse a abrir la puerta y verse rodeada por un numero de No Muertos que no había podido contar.
Salió del pasaje y se quedó de pie en el exterior mirando hacia arriba. Si no podía alcanzar el apartamento desde dentro, iba a tener que hacerlo de otra manera.
Observó mejor a fachada, buscando opciones. Fue entonces cuando vio una tubería por la que podía subir hasta alcanzar una ventana, cuando la alcanzase, solo tendría que romperla y entrar. De todos modos, necesitaba subirse en algo para alcanzarla. Miró a sus espaldas y volvió a fijarse en la piscina, allí pudo ver lo que parecía un cobertizo, uno en el que seguramente había herramientas y probablemente alguna escalera.
Caminó a paso rápido hacia la piscina y deshizo de los caminantes que en un principio se habían acercado a la puerta de hierro, no le fue difícil.
Llegó a la verja que separaba la piscina del resto del complejo y con unos cortes, abrió un agujero en esta y pasó. Caminó por el borde de la piscina y entonces vio el origen del color verdoso del agua. No solo había basura, sino que, además, había multitud de cadáveres hundidos en el agua. Cuando estos la vieron, comenzaron a levantar y mover los brazos.
—Pobres desgraciados— murmuró Luci mientras observaba a uno en concreto. Era un hombre joven con barba. Lo conocía, lo había visto antes en la cárcel. Ese hombre era quien había acogido a su hija y había ido a verla a ella para decirle que la querían adoptar. Algo que a Luci no le gustó. Su hija era suya y de nadie más.
— ¿Dónde está mi hija? — preguntó Luci mirando al caminante, aunque sabía que evidentemente, este no iba a responder. Dejó de mirar al No Muerto y dirigió su mirada hacia el cobertizo. No iba a perder más tiempo.
Luci alcanzó el cobertizo e intentó abrir la puerta sin éxito. Dio unos pasos hacia atrás y usó la espada, destrozó el candado y la puerta quedó abierta del todo. Se asomó al interior y pudo comprobar lo espacioso y alto que era, mucho más de lo que se había imaginado al verlo desde fuera.
A ambos lados del cobertizo había estantes con todo tipo de cosas. Había botes de pintura, botellas de productos químicos, herramientas de jardín, piezas de recambio… En un rincón había una cortadora de césped y lo varias bombonas de gas butano. En el fondo divisó entonces una escalera extensible, era exactamente lo que necesitaba y que le iba a venir muy bien.
Luci dio unos pasos hacia delante y se detuvo al escuchar una especia de click, antes de que pudiese reaccionar, se vio levantada tras golpearse la cabeza y perder la katana. En pocos segundos se encontraba suspendida a más de un metro del suelo, colgada de los pies y sin poder alcanzar su única arma. Había caído en una trampa que alguien deliberadamente, había puesto allí.

Instituto de Puzol…
09:30 horas…

Me encontraba en las tumbas. Hacía un rato que había enterrado a Sergio, y en esos momentos, me encontraba hablándole a Cristina. Disculpándome como siempre.
—Molano nos ha dicho que estabas aquí. No nos lo podíamos creer.
La voz me resultó tan familiar que no tardé en darme la vuelta. Detrás de mi estaban Jorge y Paco, mis dos antiguos compañeros del ejército y que hasta ese momento no había visto.
—Hemos hablado con tu colega David antes de venir. Nos ha contado todo lo que habéis pasado… Y lo de tu mujer… Lo siento tío— dijo Jorge caminando entre las tumbas hasta situarse a mi lado. Paco lo siguió.
—Nos alegramos de verte compañero— dijo Paco.
—Y yo de veros a vosotros… Ha pasado mucho tiempo— dije yo acercándome a ellos y dándoles un abrazo. Cuando nos separamos, los miré a ambos — ¿Cómo habéis llegado aquí?
—Es una larga historia. Ya te la contaremos… Tenemos todo el tiempo del mundo— murmuró Jorge mirando la tumba de Cristina.
—Murió por salvarme la vida. No estaría aquí de no ser por ella— respondí mirando también la tumba. Alcé la vista y entonces me encontré con Molano observándonos desde una de las ventanas. Volví a bajar la mirada y me centré en mis compañeros — ¿Y cómo le va a Julio? ¿Sigue siendo un cabrón?
— ¿Recuerdas lo cabrón que era como sargento? Pues multiplícalo por diez y añade el rango de comandante a la mezcla. Aunque gracias a él hemos llegado hasta aquí. El periplo hasta aquí ha sido una auténtica odisea. Hemos visto de todo.
En ese momento vi acercarse a Roberto, dando grandes zancadas y en dirección a nosotros. Cuando se plantó delante de las tumbas, su mirada se clavó únicamente en mí.
—Tengo que hablar contigo… — entonces miró a los que fueron mis compañeros en el ejército —…En privado.
Yo asentí. Entonces miré a Paco y a Jorge —Luego hablamos.
Me despedí de mis antiguos compañeros y acompañé a Roberto hasta una de las aulas, cuyas ventanas daban al recreo y podía ver a las demás personas ir de un lugar a otro. Pronto, la voz de Roberto captó de nuevo mi atención.
—Creí haber dejado claro que no quería traer a más personas. Era una orden y la has desobedecido ¿Has olvidado quien manda aquí?
—No. No lo he olvidado, pero no iba a dejarlos tirados ahí fuera. No de este modo. Además, antes de traerlos me aseguré de que fuesen buenas personas. Créeme, lo son— respondí cruzándome de brazos y apoyándome en una de las paredes que había junto a la ventana.
—Me suda el rabo bien fuerte lo que creas y me jures. Quiero que se larguen, los dos, el tío flacucho y el grandullón. No podemos alimentar más bocas.
— ¿Y qué me dices de los militares? A ellos los has dejado quedarse— respondí — ¿Solo vale cuando los dejas quedarse tú? ¿O cómo va la cosa? Yo traje a esas personas por que necesitaban un hogar. No te imaginas lo mucho que están cambiando las cosas ahí fuera, pero como no sales nunca, no logras verlo. Estás ciego… Y yo era como tu hace unas horas, creía que las cosas no estaban tan mal, pero si salieses más allá de Puzol, lo verías. Sal conmigo la próxima vez que haya que ir a buscar suministros.
En ese momento, Roberto se lanzó sobre mí y me aprisionó contra la pared que tenía justo detrás de mí —No me digas lo que tengo que hacer hijo de la gran puta.
Sin acobardarme, me lo quité de encima y lo empujé, quedándonos los dos frente a frente —Deberías dejar de esnifar mierda. Te vuelves agresivo e irracional— en ese momento, me llevé el dedo a la nariz para indicarle que tenía restos de algo en la suya, algo de lo que no me percaté hasta que se lanzó contra mí —En otros tiempos te habría detenido por posesión de drogas.
—Los militares también se marcharán. Solo están aquí de forma temporal— dijo Roberto separándose de mí.
En ese momento, llamaron a la puerta y segundos después se abrió, dejando paso a la cabeza de Molano, cuando nos vio, sonrió y entró.
—¿Te importa si te lo robo unos minutos Rober? Solo quiero recordar viejos tiempos con un viejo amigo.
Roberto nos miró a ambos con estupefacción y entonces nos señaló — ¿Os conocéis?
—Sí, pero de eso ya hace… Y deja de imaginarte cosas. No es nada de lo que pueda ocurrírsele a esa cabeza de chorlito que tienes. Ahora puedes dejarnos salir o esfumarte— respondió Molano con una irónica sonrisa. Era evidente que no respetaba el liderazgo de Roberto.
—Creo que te olvidas de quien manda aquí y de quien os ha dado cuatro paredes— respondió Roberto totalmente rojo de rabia —Córtate con tus discursitos. Me tienes un poco harto ya.
—No. No me olvido—  Molano dejó de mirarlo a él para mirarme a mí —Supongo que tendremos que charlas en otro sitio— Molano se hizo a un lado de la puerta para dejarme pasar y yo salí. El salió detrás de mí y cerró la puerta. —Joder con la elección del líder. ¿Salió su nombre en una tómbola?
—¿Qué quieres Julio? Tengo cosas que hacer y en que pensar— pregunté mientras ambos caminábamos hacia el exterior.
—No seas tan arisco conmigo hombre ¿Has olvidado que fuimos amigos?
—Eras mi sargento en aquellos tiempos, pero no mi amigo— respondí con algo de resquemor. Todavía tenía muy presente lo que sucedió para que yo dejara el ejército.
—Dentro del cuartel era tu superior, pero fuera éramos amigos. Aunque insistas en no recordarlo.
—No quiero hablar de ello… Ahora solo quiero descansar un poco y pensar lo que voy a hacer respecto a un asunto…— respondí mientras me alejaba por el pasillo para irme a dormir al aula que había escogido como mi habitación.

Valencia…
10:00 horas…

Jordi y Mishuro cargaron unas bolsas con multitud de antibióticos y otros medicamentos. En cualquier momento podrían necesitarlos. Salieron de la farmacia que habían encontrado a unas manzanas de la plaza de toros y emprendieron el camino de regreso.
No tardaron en llegar al barrio del Carmen, donde tenían su casa refugio. Por el camino, Jordi no pudo evitar comenzar a hablar acerca de Luci.
—Deberíamos ir a buscarla. Aunque sea un mujer fuerte y dura, no debería estar sola. Nos puede necesitar. Deberíamos primero curar a Amelia y luego, ir a buscarla, aunque no quiera.
—Ella no quiere que la busquemos. En la carta decía que estaría bien— respondió Mishuro mientras controlaba todos los rincones por si aparecía algún caminante. —Tenemos que respetar su decisión. Aunque no me guste.
Jordi comprendió lo que su compañero quería decir, aunque no entendía por qué debían dejarlo pasar de esa manera.
Ambos se pararon en una esquina cuando vieron que, en aquella calle, había gran multitud de muertos vivientes. Ese era el gran problema que habría en todas las ciudades del mundo, una cantidad de No Muertos abrumadora.
Jordi y Mishuro se agacharon y caminaron lo más rápido que pudieron, ocultándose de los muertos vivientes. Se pararon cuando parecía todo seguro, aunque seguían ocultos.
—Deberíamos pensar en abandonar la ciudad— dijo Mishuro —Las montañas serían un buen lugar, incluso podríamos pensar en la playa como una opción. Valencia no es segura. De hecho, no son seguros ni los pueblos ni las ciudades.
—Me parece lógico. Esperemos a que Amelia esté bien y pueda caminar. Después nos largaremos de aquí— respondió Jordi.
—Te preocupas mucho por ella. Haces bien… Eres un buen hombre.
Nuevamente se pusieron en marcha y en unos pocos minutos alcanzaron la casa del barrio del Carmen. Subieron por el mismo sitio que habían accedido al interior de la vivienda cuando la encontraron, pero cuando alcanzaron la casa, vieron que había algo que no estaba bien.
Lo primero que vieron, fue una mancha de sangre en el suelo. Ambos se miraron alarmados, después, comenzaron a buscar por toda la casa, pero no había ni rastro de las dos chicas. Habían desaparecido.
Jordi fue a la habitación donde estaba Amelia, y al ver que no estaba, lanzó la bolsa de medicinas contra la pared.
—A ella ya la has perdido. Todo ha sido culpa tuya… Como que yo muriera.
La mujer de Jordi se encontraba sentada en la ventana que tenía justo detrás de él, con las manos sobre el regazo. Jordi se giró para mirarla.
—No estás aquí…
—Entonces… ¿Por qué simplemente no me ignoras?
Jordi iba a responder, pero entonces, escuchó a Mishuro que lo llamaba por su nombre. Corriendo salió de la habitación y buscó a su compañero. Llegó a la cocina y allí estaba el joven japonés junto a Yako. El animal permanecía en el suelo, tumbado de costado e inmóvil. Jordi dio unos pasos más y fue cuando se dio cuenta de que el animal estaba muerto, con varias heridas en el cuerpo.
—Son marcas de cuchillo… Quince puñaladas para ser exacto— murmuró Mishuro poniéndose de pie.
— ¿Quién ha hecho esto? ¿Y dónde están Sandra y Amelia?
En ese momento, escucharon un ruido que venía de la despensa. Ambos se apartaron de un salto y se miraron el uno al otro. Con mucha cautela, Jordi avanzó un poco hacia la puerta, cogió el tirador y abrió. Cuando la puerta quedó abierta, se encontraron cara a cara con un desconocido. Era un hombre moreno de piel, con el pelo ondulado y de ojos marrones. Sus ropas estaban manchadas de sangre y sostenía un cuchillo de caza en la mano derecha.
Movido por la rabia, Jordi se lanzó sobre el con intención de matarlo. Le arrebató el cuchillo y lo sacó de la despensa. Cuando intentó matarlo, Mishuro lo detuvo.
—No lo mates. Hay que salvarle la vida y no dejar que muera.
— ¿Por qué? ¿Te has vuelto loco? — preguntó Jordi.
—Mira a tu alrededor. No hay ni rastro de Amelia y Sandra. En su lugar está este tipo. Estoy seguro que él sabe algo, no podemos dejarlo morir hasta que nos diga lo que queremos saber. Llevémoslo a una habitación y curémoslo.
Jordi quería matarlo, pero se dio cuenta de que Mishuro tenía razón, lo mantendrían vivo hasta que les dijera lo que querían saber.

En algún lugar entre Puzol y Castellón…

Teodoro acercó la antorcha hasta la pira funeraria sobre la que yacía el cuerpo de su hijo. Lo habían encontrado apenas hacía dos horas donde les habían indicado.
Después de decir unas palabras, se dispuso a dar inicio al ritual funerario. Era el método que utilizaban siempre para despedir a los cazadores caídos, era como un reconocimiento a su valor. Minutos antes habían hecho exactamente lo mismo con el cuerpo de Gracia, el cual ya estaba ardiendo.
Cuando las llamas comenzaron a envolver el cuerpo de su hijo, las lágrimas comenzaron a recorrer sus mejillas. Chris tenía sus fallos y en ocasiones lo había decepcionado, pero, al fin y al cabo, era su único hijo y lo quería como tal… Y ahora, un tipo loco le había arrebatado la vida… Y eso no iba a quedar así.
—Teo…
Teodoro se dio la vuelta y se encontró con Rafael, un hombre con la cabeza rapada, uno de los que había traído a los responsables de la muerte de Chris. Este traía una hoja de papel en la mano.
— ¿Qué es eso? — preguntó Teodoro cogiendo la hoja. La ojeó un rato y de nuevo miró a Rafael — ¿Puzol? ¿Es allí donde está ese mal nacido?
—Es posible— respondió Rafael — ¿Quieres que mandemos a alguien para asegurarse?
—Todavía no. Seamos pacientes, aunque esto no se quedará así. Ese cabrón recibirá su justo castigo— Teodoro arrugó la hoja de papel mientras sonreía. Ese error iba a costarle muy caro al asesino de su hijo.

Instituto de Puzol…
21:00 horas de la noche…

Después de despertarme, cenar y hablar de lo sucedido con mis más cercanos, tomé una decisión. Esas personas, los cazadores seguirían haciendo lo que hacían, buscando personas a las que cazar. Además de que estarían buscando cobrarse venganza por el chico al que maté. Seguramente estarían buscándonos.
Me reuní nuevamente con Molano en la azotea principal del instituto y comencé a hablar con él. Le conté todo con pelos y señales. Cuando terminé, Molano me miró con una sonrisa.
—Te ayudaré. Considéralo como que te devuelvo el favor que me hiciste.
Molano tendió la mano hacia delante y yo se la estreché. Íbamos a hacer todo lo posible para encontrar a esa gente y acabar con ellos para que no nos hicieran daño a nosotros ni a nadie más, y lo haríamos, aunque eso significara matarlos a todos y cada uno de ellos.