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Gracias y bienvenidos al blog. En este blog podréis leer desde el principio la historia titulada Zombies (Esta vez corregida y mejorada), a la que le seguirán sus secuelas: Necroworld y The Survivors Land. En ellas, seguiréis el periplo de un grupo de supervivientes que iniciarán su historia en el pueblo Valenciano de Puzol, pasando por Valencia capital, Barcelona y Madrid. Un periplo que les llevará hasta los Estados Unidos. Esta historia es probablemente la historia de Zombies más larga de la red, ya que cada una de sus partes, cuenta con 200 capítulos en su totalidad. Si te gusta, sígueme en el blog y mis redes sociales, contacta conmigo por Email y suscribete via Email en la pestaña Email address para estar informado de las publicaciones. Esta historia también puede leerse en Wattpad.

domingo, 19 de mayo de 2019

ZOMBIES Volumen 4 Integro

ZOMBIES: Capitulo 078 La entrega más esperada


Capítulo 078
La entrega más esperada


Día 18 de agosto de 2018…
Marbella, 10:00 horas de la mañana…

Rodolfo Hidalgo salió por la puerta de su mansión y miró a su alrededor. Todo lo que tenía ante él, eran bastos jardines perfectamente cuidados.
Su mansión venia de su gran fortuna, y esta, era una de las más grandes de Marbella. También había contado siempre con una gran seguridad, incluso después del apocalipsis.
Hidalgo encendió el cronometro y comenzó a correr por los jardines. En el fin del mundo, si uno quería sobrevivir, también debía estar en forma. Se cruzó varias veces con los guardas y cuando pasaba por tercera vez junto a la fuente, se encontró con Alfredo, su mayordomo, un hombre delgado y larguirucho de avanzada edad que siempre había estado al servicio de su familia.
Hidalgo se detuvo junto a la fuente y su mayordomo. Comenzó a hacer estiramientos y después miró a Alfredo.
—Su hija ha llamado… Es importante… Al parecer, el ultimo recién nacido ha dado positivo.
Aquellas palabras dejaron a Rodolfo petrificado, por fin había llegado. Por fin habían llegado a buen puerto.
—¿No hay dudas ni posibilidades de error? — preguntó Hidalgo.
—No lo parece, su hija parecía muy convencida— respondió Alfredo —Puede ponerse en contacto con ella si lo desea.
Rodolfo Hidalgo comenzó a correr hacia la casa para ponerse en contacto con sus hijos, necesitaba escuchar lo mismo que Alfredo le había dicho, pero necesitaba oírlo de su propia boca.
Entró corriendo por la puerta y atravesó corriendo el salón, alcanzó su despacho, cerró la puerta y se dirigió a su escritorio. Abrió uno de los cajones y sacó un walkie talkie, rápidamente buscó la frecuencia de sus hijos y la voz de su hija respondió rápidamente.
—Padre…
—¿Es cierto eso? ¿Es cierto que el hijo de Isabel es inmune?
—Es una niña, y si, es inmune. Hemos analizado su sangre varias veces y la hemos comparado con la de Eric… No hay errores. La niña es inmune— respondió Úrsula al otro lado de la línea.
Rodolfo Hidalgo comenzó a temblar de nervios, finalmente lo habían conseguido. Su teoría había sido cierta, y aunque en esos momentos solo había nacido una niña con inmunidad, eso, le daba la certeza de que podría conseguir más.
—Hija… Quiero a esa niña aquí de inmediato. A la recién nacida y a Isabel.
—Hay varias chicas que están en su última semana ¿Las mando también?
—Mándalas…— respondió Hidalgo, después cortó la comunicación y decidió beberse un whisky para celebrarlo. Era un momento de celebración, un momento que marcaría el futuro.
Hidalgo se preparó la copa y se la bebió de un trago, después de eso, usó el walkie para hablar con Alfredo.
—Haz las llamadas. Hoy hay una fiesta.
—Si señor— respondió el mayordomo.
Tras cortar la comunicación, Hidalgo se sentó en la silla frente al escritorio. Echó la cabeza hacia atrás y sonrió. Se encontraba inmensamente feliz. Lo que estaba por llegar, era algo que no solo afectaba al futuro de la humanidad, si no también, para alzarse como alguien importante en lo que había quedado del mundo, pensándolo de eso modo, si la humanidad se había extinguido prácticamente en su totalidad, teniendo la inmunidad en su poder, podría llegar a ser un auténtico amo del mundo. Su sueño hecho realidad. 

12:00 horas del mediodía…

Tras haberse hecho las llamadas, las horas iban pasando y sus invitados, los cuales eran más bien socios, comenzaron a llegar. El primero de ellos, lo hizo en helicóptero. Hidalgo fue a esperarlo.
El helicóptero tomó tierra en la señal que había en una parte del jardín. De él, se bajaron dos hombres, uno de ellos muy elegante, de pelo gris y poblada barba del mismo color, el otro, un hombre joven, musculado, cabeza rapada y gafas de sol, este vestía completamente de negro y cargaba con un fusil.
Hidalgo sonrió al verlos y caminó hacia ellos, fue cuando se abrazó con el más trajeado y mayor de ellos mientras el helicóptero comenzaba a tomar altura.
—Smirnov… Me alegro mucho de verte viejo amigo.
—Y yo de verte a ti— respondió el tipo trajeado con un marcado acento ruso —Finalmente lo hemos conseguido— Smirnov vio que Hidalgo miraba a su acompañante y rápidamente lo presentó —El, es Kuznetsov, es mi mano derecha, el mejor de mis hombres.
Kuznetsov saludó sin quitarse las gafas de sol y los tres caminaron hacia el interior de la mansión. Se dirigieron a una gran sala con una gran mesa alargada en el centro de color negro con rectángulos rojos en el medio. A los laterales de aquella sala podían verse cuadros de distintos artistas, totalmente auténticos, los cuales, habían sido robados de otros lugares.
—Tomad asiento queridos amigos— les sugirió Hidalgo.
—Preferiría ver antes tus avances— respondió el ruso trajeado —Tendremos tiempo para sentarnos cuando lleguen los demás.
Hidalgo sonrió y asintió —Está bien. Supongo que es lo correcto.
Los tres abandonaron la sala y se dirigieron a una puerta que resultó ser un ascensor, se adentraron en el e Hidalgo pulsó un botón. Fue en ese momento cuando el elevador comenzó a descender.
—¿A dónde vamos? — preguntó Kuznetsov abriendo la boca por primera vez.
—Concretamente nos dirigimos a mis laboratorios subterráneos a diez pisos bajo tierra— respondió Hidalgo con orgullo.
—La familia de Rodolfo es dueña de una gran farmacéutica, además es dueño de varias empresas más… Bueno, lo era…— comentó Smirnov.
—Solo se perdieron cosas superfluas, lo verdaderamente importante, se gesta aquí— respondió Hidalgo al mismo tiempo que las puertas del ascensor se abrían.
Kuznetsov se quitó las gafas de sol cuando vio lo que había ante ellos. Se trataba de un amplio laboratorio blanco e iluminado. Había personas caminando de un lado a otro por el largo pasillo que tenían ante ellos, a ambos lados de este, había como celdas con puertas de cristal, estaban perfectamente amuebladas y parecían habitaciones cualesquiera. En la mayoría de ellas, había una chica con un bebé en brazos.
—¿Todos esos bebés son…?
—Aun no lo sabemos, nacieron hace poco, hay muchas muestras que analizar todavía— respondió Hidalgo mientras pasaban junto a una de las celdas con una chica rubia al otro lado, junto a ella, dos bebés dormían plácidamente. En un cartel pegado al cristal, podían ver el nombre de la chica, su edad y el grupo sanguíneo.
—Pensé que tenían más chicas— dijo Smirnov —¿Qué les ha pasado?
—Cuando los resultados no son favorables, tenemos que deshacernos de ellas y de los bebés. Optamos por una ejecución rápida e indolora…— Hidalgo hizo una pausa —Es una pena, pero debemos hacerlo así.
Kuznetsov se acercó al cristal de la celda de la chica rubia y se la quedó mirando —Esta me gusta… A los chicos también les gustaría.
Hidalgo miró a Kuznetsov y después a su amigo esperando que le aclarara lo que había querido decir. El ruso respondió rápidamente.
—En nuestro carguero, los hombres se sienten solos y a veces se desesperan. Ya he perdido a dos, uno de ellos se voló los sesos hace dos días. Un verdadero desastre. Unas cuantas mujeres les harían pensar de forma positiva.
Hidalgo se llevó la mano al mentón, permaneció unos segundos en silencio y finalmente sonrió —Bueno. No es una práctica que me guste, pero si nos tenemos que deshacer de ellas, en lugar de matarlas directamente, podríamos entregároslas. No veo inconveniente.
La respuesta de Hidalgo hizo sonreír a Kuznetsov, este miró entonces a la chica —Nos vemos pronto…— miró el nombre y lo leyó —…Noelia…
Los tres siguieron por el laboratorio. Hidalgo iba respondiendo preguntas hasta que llegaron a la cámara refrigerada.
—Aquí tenemos muestras de semen de mi hijo. Las utilizamos para fecundar a las chicas que nosotros mismos conseguimos y también como seguro… Por si a mi hijo le pasa algo.
—¿Y qué tal está ese joven? — preguntó Smirnov
—Estaba bien la última vez que lo vi… Si no me sirviera para esto, me daría igual lo que le pasara… Sin embargo, no deja de ser prescindible. Al final, los niños que nazcan inmunes, traerán más inmunes… Solo hay que criarlos el suficiente tiempo hasta que alcancen una edad adecuada para poder procrear entre ellos. Nos llevará años, pero, aunque yo ya no esté, mi hija sí.
Smirnov y Kuznetsov se miraron el uno al otro y sonrieron. Entendían bien las motivaciones de Hidalgo y sus intenciones.
Abandonaron los laboratorios y regresaron a la mansión, concretamente se quedaron en uno de los grandes salones. Una vez allí, Hidalgo pudo hablar con Tristán para ultimar la preparación del viaje de regreso a Marbella. Pronto, traerían a más chicas a punto de dar a luz y a Isabel, la madre del primer bebé inmune, una niña a la que habían llamado Naomi, aunque Hidalgo había pensado en cambiarle el nombre, quería otorgarle uno más acorde con lo que era. 
—¿Cuándo llegarán? — preguntó Smirnov.
—El camino desde Valencia es largo, calculo que llegarán mañana por la tarde o por la noche, pero llegarán— afirmó Hidalgo —De momento, esta noche disfrutaremos de la velada con el resto de nuestros socios… Aunque ya no estén todos.
—Te veo ilusionado— respondió Smirnov con una sonrisa —Llevas persiguiendo esto desde que descubriste que tu hijo era inmune al virus… Pero yo me pregunto ¿Crees que a partir de la sangre de tu hijo podría hacerse una vacuna?
—Estamos estudiándolo también, todo llegará a su debido tiempo— respondió Hidalgo —Quizás…
Hidalgo no terminó la frase, una alarma comenzó a sonar y algunos de los guardas de la propiedad comenzaron a movilizarse.
—¿Qué ocurre? — preguntó Kuznetsov.
—Problemas en la puerta— respondió Hidalgo —¿Queréis verlo? — antes de que pudieran responder, Hidalgo pulsó un botón y varias pantallas descendieron del techo. Enseguida se encendieron y mostraron imágenes de la puerta de hierro.
Los guardas habían formado ante las puertas y apuntaban con sus armas a un grupo de personas que habían acabado de llegar. Eran mujeres, hombres, jóvenes, niños y ancianos. Por su aspecto, llevaban tiempo viajando.
—Supervivientes…— murmuró Kuznetsov levantándose del sillón y caminando hacia la pantalla para observarlo mejor —Muchos— Hidalgo pulsó un botón y cambió a una cámara mucho más baja y cercana.
—Esta cámara está en uno de los cascos de mis hombres— aclaró Hidalgo. Segundos después pudieron escuchar las voces de los recién llegados. Estaban completamente desesperados y suplicaban que les dejasen pasar.
—Señor… Tenemos a cinco mujeres jóvenes… ¿Procedemos?
—Proceded— respondió Hidalgo tajantemente y mirando a sus invitados —Observad con atención.
En la pantalla comenzó a abrirse la puerta y los viajeros trataron de entrar, pero entonces, los guardas comenzaron a golpear a la mayoría de ellos, a las chicas más jóvenes, las arrastraban a la fuerza al interior de la propiedad. Cuando las tuvieron dentro, los guardas abatieron al resto. Pronto, ante la puerta había una gran cantidad de cadáveres.
—No es la primera vez que hacemos algo así, es algo habitual— dijo Hidalgo con orgullo mientras veían como arrastraban a las chicas contra su voluntad —Ahora, llevarán a las chicas a los laboratorios, allí les darán un baño, las examinarán y dentro de unas semanas las inseminarán con el esperma que tenemos guardado.
—Admiro tus métodos amigo— dijo Smirnov llevándose la mano al bolsillo de su chaqueta y sacando una caja metálica, la dejó sobre la mesa y cuando la abrió, sacó unos puros. Uno se lo ofreció a Hidalgo y el otro a Kuznetsov —Celebremos los buenos tiempos que están por venir.

20:00 horas…

Las horas fueron pasando rápidamente mientras hablaban y observaban la quema de los cuerpos de la gente a la que los guardas habían abatido. Tocadas las ocho de la tarde, el resto de socios comenzaron a llegar en grupos de dos y de tres miembros, siempre, uno de ellos era como el guardaespaldas. Todos ellos eran empresarios poderosos y ricos, la mayoría de ellos, con las manos muy metidas en asuntos turbios. Finalmente, antes de las nueve de la noche, todos estuvieron reunidos en el salón de la gran mesa rectangular, todos y cada uno de ellos ocupando su asiento.
Kuznetsov los observaba desde una posición no muy alejada y de pie, de la misma manera que los otros guardaespaldas hacían, en pie y preparados para actuar si algo imprevisto sucedía.
Observó en primer lugar a los árabes, después a los japoneses, de los que según había escuchado, formaban parte de los Yakuza y traficaban con droga en la costa del sol. Observó con atención a los alemanes y a un par de españoles, dueños de una de las farmacéuticas más importantes del país.
Tal como se había mencionado antes, allí faltaba gente, miembros de aquel club selecto que no habían llegado vivos hasta esos días, los que habían perdido la vida por distintos motivos. Para Kuznetsov, aquello daba la impresión de ser una reunión siniestra.
—Bienvenidos a todos, amigos. Como bien sabéis, hoy estamos reunidos aquí por un motivo muy especial… Y es que… Por fin ha ocurrido. Ha nacido la primera niña inmune… Y ella no será la única, pronto, estoy convencido de que llegarán más, es solo cuestión de tiempo.
—¿Y qué pasará con los bebés? — preguntó uno de los árabes con una gran barba.
—A la pequeña Naomi me la quedaré yo, al igual que a la madre. Al menos hasta que sea necesario que la crie. Me desharé de ella cuando deje de serme útil. Lo que haremos, es que según vayan apareciendo bebés inmunes, se os entregará un bebé a cada uno de vosotros junto a la madre. Con ella podréis hacer lo que queráis una vez deje de ser útil para criar al recién nacido, lo criareis hasta que esté en edad de poder engendrar…— Hidalgo hizo una pausa —Reconozco que son métodos terribles, pero el futuro de la humanidad precisa de sacrificios y cosas poco morales, pero no nos queda otra opción. El mundo puede pertenecernos, y por eso, hay que hacer lo que sea necesario.

En algún lugar…
Día 19 de agosto de 2018…
00:45 horas…

El convoy se había detenido entre algún punto entre Valencia y Marbella. Isabel era la que mejor viajaba, en una auto caravana bien preparada y con su pequeña a la que nuevamente estaba dándole el pecho. No había visto a las otras chicas desde que abandonaron el hotel.
Isabel no dejaba de darle vueltas a todo lo que había hecho, se había sacrificado por aquellas personas y en ese momento se dirigía a Marbella, donde le esperaba un futuro incierto, lo único que sabía era que, de momento, vivía gracias a la condición especial de su hija.
Terminó de darle el pecho, justamente en ese momento, la puerta de la auto caravana se abrió dejando paso a Úrsula. Esta cerró con llave desde dentro y miró a la chica.
—¿Qué tal llevas el viaje? Hemos puesto mucho empeño en tu bien estar. Si necesitas algo, solo dilo.
Era la primera vez que Isabel veía tan cordial a Úrsula, otras veces le había provocado autentico terror, pero en esos momentos, se comportaba como una amiga.
Úrsula avanzó hacia ella y se le sentó delante mirando a la pequeña —Me recuerda a mi madre ¿Sabes? Se le parece mucho ¿La puedo coger en brazos?
Isabel dudó por unos segundos, pero finalmente dejó que Úrsula acunara a la pequeña. La hermana de Eric, tomó a Naomi entre sus brazos y comenzó a mecerla con una sonrisa. Era la primera vez que la veía sonreír.
—¿Qué pasará conmigo cuando lleguemos a Marbella? — preguntó Isabel con timidez.
—Te quedarás allí con la niña, protegida en todo momento. Eres el futuro, no te preocupes— respondió Úrsula sin dejar de mirar a la pequeña —Estarás bien. Ahora mismo, allí, eres la entrega más esperada.

sábado, 18 de mayo de 2019

ZOMBIES: Capitulo 077 Por el futuro de la humanidad


Capitulo 077
Por el futuro de la humanidad

Día 18 de agosto de 2018…
Valencia, hotel Imperium…
09:00 horas de la mañana…

Eric esperaba fuera de la sala. Se encontraba solo en esos momentos, y terriblemente nervioso. Al otro lado de la puerta, su abuela y Tristán analizaban la sangre de la hija que él había tenido con Isabel. No tardaría en conocer los resultados.
En esos momentos la puerta de la sala se abrió, y Tristán salió, caminó a su encuentro y lo miró a los ojos.
—¿Cómo ha salido el análisis?

Puerto de Valencia…
09:15 horas de la mañana…

Abrimos la puerta del almacén donde teníamos guardado el arsenal y entramos apuntando con las armas que todavía conservábamos. David, Moussa, Leandro, Jorge, Paco y yo tomamos posiciones y después cerramos la puerta.
El interior del almacén era muy distinto a como lo había visto la última vez que estuve allí. Eric y los suyos se lo habían llevado todo, lo único que habían dejado, eran balas sueltas que rodaban por el suelo a nuestro paso.
—Putos críos…— dijo David agachándose para coger una de las balas, después, alzó la cabeza y nos miró —No han dejado nada de nada. Me dan ganas de molerlos a palos.
—No se lo tendríamos que haber revelado…— murmuró Jorge
—No teníais otra opción, os podrían haber matado— respondí.
—¿No visteis a donde os llevaron? — preguntó Leandro mirando a Paco y Jorge.
—Nos mantuvieron siempre con los ojos vendados, la única vez que nos las quitaron, lo hicieron en lo que parecía una sala de calderas— respondió Paco
—Dicho de otro modo… Que os podrían haber tenido en cualquier sitio— dijo David. Jorge y Paco asintieron como respuesta. David me miró a mí —Estamos completamente jodidos.
—Volvamos a Espai Verd— dije con tono de decepción. Lo que yo esperaba, era encontrar alguna pista de su ubicación, para poder ir y recuperar las armas y a Isabel. No confiaba en que ella estuviese bien. Ella, literalmente se había sacrificado por nosotros.
Salimos del almacén y montamos en nuestros respectivos caballos, emprendimos el camino de regreso a Espai verd. Llegamos allí media hora después, donde Luci nos recibió abriendo las puertas.
—¿Cómo os ha ido?
—Mal— respondí bajándome del caballo —No han dejado ni un arma. Se lo han llevado todo… Y tampoco sabemos dónde pueden estar. Estamos peor que al principio.
—Puedo coger un caballo o un vehículo y salir con Elena a explorar un poco. Esta gente no puede haber ido demasiado lejos— respondió Luci mientras llevábamos a los caballos al establo.
—Prefiero que todos se queden aquí, con las armas en su poder, no sabemos qué podemos esperar. Debemos estar preparados.
—Entonces… Supongo que lo de ir a Peñiscola queda cancelado de momento— respondió Luci.
—Por el momento sí. Ahora mismo tenemos peces más gordos que pescar.

Hotel Imperium…
10:00 horas de la mañana…

Isabel se encontraba en una habitación, encerrada con llave y sola. Su hija estaba siendo analizada.
Ella miraba por la ventana, observando la calle, viendo como los muertos vivientes iban y venían arrastrando los pies. La mayoría de ellos eran solitarios. Había veces que veía un pequeño grupo no muy lejos del hotel. Fue en esos momentos cuando vio a un No Muerto que le llamó la atención, le era muy familiar a pesar de la gran cantidad de heridas que tenía por el cuerpo. Se trataba de una chica joven, y la conocía, era una de las chicas que, como ella, estaban embarazadas. Aunque Isabel no recordaba su nombre, se sintió abatida ¿Sería ese el destino que le esperaba a ella?
En ese momento, escuchó la llave en el cerrojo y la puerta se abrió, dando paso a la abuela de Eric. La mujer se acercó a ella y se sentó a su lado mirándola fijamente.
—Tenemos los resultados…

Espai Verd…
10:30 horas de la mañana…

Anna sostenía a Christian entre sus brazos a la sombra de un árbol y sentada sobre un mantel. Ella observaba, con una sonrisa, los mofletes rosados de su pequeño. Seguía sin poder creer que había logrado traer al mundo a un niño sano. Un niño al que iba a tener que criar en un mundo muy distinto al mundo en el que ella creció. Las reglas eran nuevas, y la más importante era sobrevivir. Christian crecería sin conocer nada del mundo del pasado, conociendo solo el mundo que tenía ante él, uno totalmente cruel.
¿Cuántas mujeres como ella estarían viviendo esa misma situación? Pensó en Isabel y en como estaría, quizás solo exageraba y quizás, en esos momentos, estaría literalmente viviendo como una reina, con su hija sana y salva.
Anna alzó la vista y vio a Bosco y a los otros practicar tiro con arco. Ella ya no lo necesitaba, porque había logrado destacar por encima de la mayoría. Además, entendía que, tras dos conflictos seguidos, no iban a poder dormirse en los laureles. En cualquier momento, podría llegar un nuevo ataque, en el cual, quizás no tendrían tanta suerte.
Nuevamente miró a su hijo, este la miraba a ella, fue en esos momentos cuando se aseguró a si misma que por su hijo, daría la vida y haría cualquier cosa. Aunque tuviera que matar.
******
Jorge preparó todas las armas que iba a llevarse. Él no se quedaba tranquilo, no solo se sentía humillado, sino que, además, no se sentía seguro sabiendo que esa gente andaba por ahí con armas de gran calibre que no les pertenecían, si les daba por atacarles, los arrasarían sin problemas.
—¿Qué coño haces? — preguntó Paco entrando en la sala del armamento.
—¿Tu qué crees? Esos niñatos andan por ahí con nuestras armas… Voy a salir a buscarlos— respondió Jorge cargando el fusil —No voy a quedarme de brazos cruzados. No intentes impedírmelo.
Paco miró a su compañero, avanzó unos pasos y junto a él, comenzó a preparar sus armas.
—Iré contigo. Buscaremos a esos criajos y les haremos pagar lo que nos hicieron— dijo Paco cargando el fusil, cuando terminó miró a su compañero —Sabes que ahora no será fácil ¿No?
—Lo sé— respondió Jorge.
Ambos salieron de la sala y se dispusieron a salir al exterior, su intención era marcharse sin decir nada a nadie, aunque no tardarían en darse cuenta de que se habían marchado.
Llegaron a la puerta y se encontraron con Moussa y el padre Lucas montando guardia.
—¿Vais a salir? — preguntó el sacerdote.
—Vamos a buscar suministros— mintió Jorge.
Moussa no hizo preguntas, se limitó a abrir las puertas para que los dos militares pudieran salir. Después, ambos se fueron alejando del edificio.
******
Bajo el chorro de agua caliente de la ducha, seguía dándole vueltas a la situación actual. Crear un nuevo mundo no era fácil, pero tras los últimos acontecimientos, era evidente que sería mucho más difícil de lo que pensaba en un principio, cuando entre todos tomamos la decisión de contactar con otros grupos que estuviesen dispuestos a cooperar creando como una unión de grupos, pero en esos momentos, no podía ver las cosas fáciles, en poco tiempo habíamos tenido dos conflictos, en uno, habíamos perdido a varias personas, en el otro, habíamos tenido que dejar que una muchacha inocente se sacrificara por nosotros, eso me mataba ¿Es que no íbamos a conseguir vivir tranquilos nunca?
Cerré el grifo y salí de la ducha, me vestí y salí a la terraza de la casa de la que me había apropiado cuando llegamos a Espai Verd, comprobé el pequeño huerto que tenía. Los tomates estaban creciendo bien, en poco tiempo podría recogerlos.
Me acerqué a la cornisa y allí me apoyé, el calor empezaba a ser sofocante, algo normal encontrándonos en pleno agosto. Volví a entrar en la casa, y justo en ese momento, Nora entraba en la casa.
—¿Vienes de las practicas? — le pregunté, pero Nora no respondió, solamente me miró y caminó hacia su habitación. Su actitud hacia mi había cambiado desde lo sucedido con Isabel. La seguí rápidamente —Te he hecho una pregunta.
—La he escuchado— respondió Nora mientras sacaba ropa del armario —¿Te importa? Voy a desnudarme para darme una ducha— Nora hizo una pausa y me miró —No, no he ido a las practicas. Ahora sal.
—¿Por qué? — pregunté
—¿Para qué voy a practicar nada si a la hora de la verdad no lo empleamos?
Las palabras de Nora me dolieron, sabía muy bien porque las decía, estaba enfadada conmigo porque había dejado que había permitido que Isabel se fuese voluntariamente con su grupo.
—No podíamos hacer otra cosa— respondí —Paco, Jorge, Víctor y Ángel eran rehenes… Teníamos su vida en nuestras manos ¿Querías que los dejara morir?
—¡¡¡Ahora la que podría estar muerta es Isabel!!!
El grito de Nora me hizo mirarla fijamente —No vuelvas a hablarme así.
—No eres mi padre… Solo eres ese tío al que mi abuelo le pidió que cuidara de mí. Ya no soy una niña de la que tengas que estar pendiente. Ahora mismo, puedes romper la promesa que le hiciste a mi abuelo. No te necesito.
—¿Crees que merezco esto? ¿Crees que me pareció bien lo que hizo Isabel? Pues no, me duele tanto como a ti, pero ella tomó una decisión para salvar nuestras vidas. Ni pude impedírselo, ni quise arriesgar más vidas, incluida la tuya. Hay veces que las decisiones tomadas no son las adecuadas.
—¿Puedes dejarme sola?
Yo no respondí, simplemente salí de la habitación y cerré la puerta. me quedé allí unos segundos y entonces escuché sollozar a Nora. Desde que Isabel había llegado, había hecho muy buenas migas con ella, quizás porque más o menos tenían la misma edad, aunque realmente no importaba, el caso, era que en poco tiempo se habían hecho amigas.
Decidí salir de casa, las palabras de Nora me habían dejado tocado y hundido. En cierto modo sentí que tenía toda la razón del mundo. Quizás debí intentar hacer algo y así, impedir que Isabel se entregara, pero, por otro lado, creía que había obrado de la única forma posible en esos momentos. Me detuve a respirar hondo, mi cabeza era una maraña de pensamientos.
—¿Estás bien? — preguntó Lidia llegando por el pasillo —Tienes mala casa.
—No es nada. Solo he tenido una pequeña discusión con Nora… Me culpa de lo sucedido con Isabel… Y no le falta razón…
—Entenderá que no podías hacer nada por mucho que quisieras… Es joven todavía.
—Isabel también lo era… Y la hemos echado a los leones.

Hotel Imperium…
15:00 horas de la tarde…

Tristán estaba en su habitación sentado frente a un pequeño escritorio, acababa de tener una conversación con el padre de Eric a través de un walkie talkie. Justo en esos momentos, estaba ultimando unos apuntes para su próxima partida, en las próximas horas, emprendería un viaje por carretera junto a unos cuantos miembros del grupo y varias de las chicas. Su destino era Marbella.
Alguien llamó a la puerta en esos momentos y el alzó la cabeza —Adelante.
La puerta se abrió y Úrsula pasó al interior de la habitación —Yo iré con vosotros. Quiero hablar personalmente con mi viejo.
—¿Sobre qué? — preguntó Tristán.
—Eric se está acobardando… Llegará un momento en que ya no podremos controlarlo.
—Dudo que se acobarde… Él sabe muy bien por qué hacemos esto. Lo hacemos por el futuro de la humanidad. Eric lo sabe… Además, se supone que si estás aquí en para que las cosas no se tuerzan… Quien sujeta la correa que tiene Eric en el cuello. Si dices que se nos va de las manos, quizás sea porque no estás haciendo bien tu trabajo. Y no me refiero a lo de tirártelo de vez en cuando.
—Eso es solo cosa mía…— respondió Úrsula acercándose a las ventanas del hotel. En esos momentos, tenía unas vistas perfectas de la playa y la extensión del mar —Tu también deberías hacer tu trabajo, a ti siempre te hace caso. Por eso sigues vivo.
—Aquí todos tenemos nuestra tarea, pero ninguno es imprescindible… Ni siquiera tú, aunque seas la niña adorable de papá…— Tristán se levantó de la silla y avanzó hacia Úrsula, hasta que se situó detrás de ella, tocando su cuerpo con el suyo. Tanto, que ella notó la erección.
—No vas a follarme…
—No seas mala— le susurró Tristán al oído, entonces, notó algo que se le clavaba en el muslo derecho. Miró hacia abajo y vio el cuchillo cuya punta ya se le había comenzado a clavar.
—Mantén la polla guardada si no quieres perderla— dijo Úrsula apartándose de la ventana y de Tristán. Caminó hacia la puerta y antes de salir, se dio la vuelta para mirar a su compañero —No vuelvas a ponerme la mano encima, si te pones cachondo, te la cascas.
Tristán volvió a quedarse solo en la habitación, entonces comenzó a prepararse para el duro viaje que les esperaba. Uno de cientos de kilómetros en los que tendrían que proteger con sus vidas a un grupo de chicas que estaban a punto de dar a luz. El futuro de la humanidad dependía de ello.

Espai Verd, Valencia…
18:00 horas de la tarde…

Nora se encontraba tumbada en su cama, no dejaba de pensar en Isabel, la incertidumbre de saber cómo se encontraba, la estaba matando. Tampoco podía evitar imaginarse cientos de destinos posibles para ella y la niña.
Se levantó de la cama e intentó leer un libro para distraerse, pero rápidamente, los pensamientos regresaban para atormentarla. Se sentó en la cama y se pasó las manos por el pelo, tomó entonces una decisión, se levantó, caminó hacia el escritorio, cogió una hoja de papel, un lápiz y comenzó a escribir.
******
Hacía un rato que habíamos notado que Jorge y Paco no estaban. El padre Lucas nos había dicho que el mismo les abrió las puertas para que salieran a por suministros según ellos. Lo raro es que por el momento teníamos suministros de sobra, por lo tanto, habían salido a hacer otra cosa, y no nos costó mucho averiguar cuál era su intención.
—Jorge y Paco han decidido ir a buscar a Eric y a su grupo— comencé a decirles al resto —Tenemos que salir a buscarles antes de que ocurra algo que nos lleve a un conflicto.
—No saben dónde están esos críos, mientras sigan sin dar con ellos, contamos con ventaja y podemos evitar que nos metan en un follón— añadió David —Deberíamos formar varios grupos para encontrarlos.
Iba a decir algo, pero entonces vi llegar a Pamela. Esta se acercó a mí y me entregó una carta, la miré con atención y me di cuenta de que estaba escrita por Nora. Comencé a leerla en voz alta delante de todos.

“Hola Juanma, sé que esto no te va a gustar y no te voy a culpar por ello. He tomado una decisión que te va a ser difícil aceptar. He decidido ir a buscar a Isabel por mis propios medios. He cogido armas y comida para varios días… Estaré bien y volveré con Isabel. Seguramente pienses que he perdido la cabeza… Y no puedo culparte, pero entiende que no puedo dejar de pensar en ella, en Naomi y en su estado. Entiendo que te enfades… También quiero que sepas que lamento mucho la forma en la que te hablé, no te mereces eso.
Te quiere: Nora”

Me quedé en shock tras leer esa carta. Nora se había marchado y no sabíamos cuánto hacía de eso. En esos momentos teníamos un nuevo problema, el de encontrar a Nora ahí fuera y por supuesto, antes de que ella o mis compañeros militares, provocaran un conflicto mayor del que ya habíamos tenido.

Hotel Imperium…
19:00 horas de la tarde…

Eric observó cómo los vehículos se alejaban, en ellos, iban Isabel con su hija, además de ellas, también iban otras tantas chicas a las que les quedaba una semana para parir. De su bien estar, se encargaban Tristán y su hermana, respaldados por una docena de chicos. Lo justo y necesario para un viaje de ida y vuelta, la diferencia, era que las chicas ya no regresarían.
—¿Has hablado con tu padre?
La voz de su abuela lo sorprendió sentado en las escaleras del hall principal. La mujer bajó unos peldaños y se sentó a su lado.
—Nada más conocer los resultados— respondió. En su voz se podía percibir apatía.
—¿Qué ocurre? No pareces feliz…
—A mi padre no le importo, solo me quiere para lo que me quiere, pero no me siento querido como hijo. A él, solo le interesa que cree bebés inmunes… ¿Dónde estaría yo sin mi condición? Me siento un mero instrumento.
—Eres valioso… Y la hija de Naomi ha sido la primera inmune… Puede que las demás, también hayan engendrado bebés con la inmunidad. Si cada vez hay más niños y niñas así, conseguiremos un mundo. Imagínate como sería de aquí a unos años… Eres el salvador del mundo… El mesías…
Eric le dio un beso a su abuela en la mejilla y se levantó —El mesías necesita dormir.
—Esta noche hay un nuevo ritual. Es una chica joven y guapa, te gustará…
—Hoy no…— respondió Eric subiendo los escalones sin volver la mirada.
Llegó a su habitación y se dejó caer en la cama. Se lamentó por aquello en lo que lo habían convertido. Su grupo era como una maldita secta. Comían el coco a chicas que encontraban por ahí o que eran cedidas por sus comunidades, les decían que él era el salvador del mundo y sin pensárselo dos veces, se entregaban a él, creyendo en un futuro inexistente, ya que, para muchas, el hecho de traer al mundo a un bebé que no contaba con la inmunidad, significaba la muerte. Una muerte cruel que servía de entretenimiento para los miembros más morbosos y enfermos. Aquellos que solo querían ver correr la sangre. Pensó entonces en aquel grupo en el que Isabel se refugió y a los que salvó con su sacrificio… ¿Ellos lo aceptarían a él? Sería la mejor manera de huir de todo aquello.


domingo, 12 de mayo de 2019

ZOMBIES: Capitulo 076 La decisión correcta


Capítulo 076
La decisión correcta

Día 17 de agosto de 2018…
Espai verd, Valencia…
16:00 horas de la tarde…

Abrimos rápidamente la puerta cuando vimos regresar a David y a su grupo. Estábamos ansiosos por saber que habían descubierto.
—¿Qué habéis encontrado? — pregunté corriendo al encuentro de David.
—Encontramos su vehículo en medio de la calle… Había señales de lucha… Alguien les atacó— respondió David mientras se bajaba del coche.
—¿Qué es eso? — preguntó en ese momento Jonás mientras señalaba hacia la calle. Todos nos giramos en ese momento y vimos lo que estaba sucediendo.
Lo primero que vimos fue una limusina, con alguien asomado por la parte superior, a esta la seguían varios vehículos como coches y motocicletas, incluso algunas personas llegaban patinando. Era algo extraño.
Rápidamente miré a Nora y a Pam, las que se encontraban a unos metros de nosotros junto a Isabel y Anna con sus respectivos bebés —Regresad al interior y no salgáis hasta nueva orden.
—¿Qué está pasando? — preguntó Nora.
—Que os marchéis— respondí severamente mientras veía a ese extraño grupo cada vez más cerca de nuestras puertas. Cuanto más cerca los veía, más familiares me eran.
El grupo alcanzó las puertas y mi mirada se encontró de nuevo con la de Eric, el mismo chico al que conocí en aquella carretera y que me preguntó por Isabel, el mismo al que le mentí. Este me miró y sonrió, después desapareció y segundos después salió de la limusina, acompañado esta vez por una chica de cabellos rojos.
—Volvemos a vernos— dijo Eric sonriendo y observando la zona —Admito que habéis escogido un buen sitio para refugiaros. Este edificio es una pasada— Eric hizo una pausa y negó con la cabeza —Eso no será necesario.
Yo miré a mis espaldas y vi a miembros de mi grupo, armados y preparados para un posible enfrentamiento.
—¿Puedo ayudaros en algo? — pregunté en tono conciliador. No quería que diera inicio una pelea, especialmente por la juventud de los que le acompañaban, muchos eran más jóvenes que Nora.
—Puedes, siempre y cuando seas tú quien está al mando. Aunque algo me dice que indudablemente lo estás— respondió Eric con una sonrisa —Seré claro y directo contigo. Esto no tiene por qué acabar mal. Hemos venido a buscar a Isabel… Y a su bebé.
—No están aquí— respondí.
—No me tomes por idiota, tengo en mi poder un video donde sales con ella amontonando cadáveres… Y tiene buen aspecto. Habéis cuidado bien de ella y es algo que os agradezco, pero ella no os pertenece a vosotros, a mi sí. Entréganosla y nada sucederá. No queremos pelear.
Miré a mis espaldas y vi como David, Luci y Juan se iban acercando para situarse a mi lado, aunque eso, solo provocó que en el lado de Eric ocurriese lo mismo. Junto a él, estaba la chica pelirroja y tres jóvenes más. Por como vestían, parecían una banda, recordaban mucho a “Los Warriors”.
—Ella ha encontrado su lugar aquí. No quiere regresar con vosotros— respondí.
—Es incomodo hablar con una valla de hierro por el medio ¿Por qué no sales a hablar más de cerca? Por favor…
Miré a mis compañeros cercanos a la puerta e hice un gesto de afirmación. Las puertas fueron abiertas y caminé hacia Eric. Cuando estuvimos frente a frente, este levantó la mano para que se la estrechara. Yo lo hice. Le estreché la mano y él sonrió mientras miraba a la chica que estaba a su lado.
—Ella es mi hermana Úrsula. Es mi mano derecha, aunque más bien diría que es quien está al mando en mi grupo.
Miré a la chica, pero rápidamente volví a mirar a Eric —No podemos entregaros a Isabel y a Naomi.
—Naomi… Me gusta— Eric sonrió con los ojos cerrados y cuando los abrió, los clavó en mi —Entrégamelas, no nos iremos de aquí sin ellas. Te conviene tomar la decisión correcta.
—¿Es una amenaza? — pregunté. En ese momento, Úrsula se interpuso entre nosotros y se pegó prácticamente a mí.
—No seas cabezota. Se bueno con nosotros y yo… Seré buena contigo.
Aparté suavemente a la chica y me planté nuevamente frente a Eric —Yo tampoco quiero iniciar un enfrentamiento que os haría salir muy mal parados. Os voy a pedir que os marchéis. Por favor.
—Tú mismo— Eric hizo en ese momento un gesto y de un camión sacaron a Jorge, Paco, Ángel y Víctor. Estaban amordazados y tenían las manos atadas detrás de la espalda. Jorge en especial, presentaba varias heridas en la cara y una brecha en la cabeza. Seguramente por oponer resistencia. Quise caminar hacia ellos, pero Úrsula se interpuso.
—Da un paso más y sus cabezas reventarán como sandias.
Me detuve en seco, al mismo tiempo vi como varios de aquellos chicos sacaban armas de fuego. Las armas del arsenal que hasta ese momento habíamos logrado mantenerlo oculto.
—Queremos recuperar a Isabel, y para demostrar que vamos en serio…— Eric levantó una de las manos y levantó el dedo corazón. Eso, hizo que se escuchase una especie de bufido, acto seguido, vimos como un cohete salía disparado de una de las azoteas que teníamos ante nosotros y terminaba estrellándose en la fachada de otro edificio cercano. Tanto yo como mis compañeros quedamos consternados.
—Vamos muy en serio— dijo Úrsula caminado de nuevo hacia mí y rodeándome mientras paseaba su mano por mi pecho y después por mi espalda, después, acercó su boca a mi oído —Sería una pena que acabaras muerto— me mordió levemente la oreja y se separó.
—Escucha…— comenzó a decir Eric —Te voy a dar tiempo para que te lo pienses… Sé que es un momento duro. Por eso, te voy a dar tiempo hasta las nueve de la noche. Si a esas horas no has tomado una decisión, nosotros la tomaremos por ti. Mataremos a tus compañeros y después os reventaremos… Y créeme que no me faltan ganas de acabar con esos cuatro, ellos mataron a varios de mis amigos.
Tras la propuesta de Eric, retrocedí junto a mis compañeros, nos adentramos en nuestra zona y cerramos las puertas.
—Reunión…— dije.

17:00 horas de la tarde…

—Yo creo que está claro… La entregamos, recuperamos a los nuestros y nos olvidamos de esto— dijo Jonás en la reunión mientras miraba a Isabel, ella estaba justo detrás de mí.
—¿Y cómo sabes que se irán sin más una vez la recuperen? — preguntó David —Te recuerdo que se han apropiado de las armas que teníamos en el arsenal… Si les sale de los huevos podrían hacernos como en Pearl Harbor…
Moussa comenzó a hablar —¿Y si probamos un rescate? Son solo unos críos. Podríamos rescatar a Jorge, Paco, Ángel y Víctor si salimos disparando.
—Se te olvida que en una azotea indeterminada tienen a alguien con un lanzacohetes. Nos arrasarían… Me duele admitirlo, pero nos tienen cogidos por los huevos— aclaró Leandro.
—Entonces no hay más que hablar, les entregamos a la chica y fin— dijo Jonás caminando hacia mí con la intención de agarrar a Isabel, yo me interpuse.
—No sabemos realmente que quieren hacerle. Puede que quieran matarla— respondí.
—¿Y qué más da? Ahí fuera hay cuatro compañeros, cuatro amigos… ¿Vas a sacrificar sus vidas por una chica a la que ni siquiera conoces?
—¿Vas a sacrificar tu a un bebé? — pregunté plantándome ante Jonás de forma desafiante —¿Podrías vivir con ello?
—Juanma tiene razón— intervino en ese momento Juan —Salvaríamos a los nuestros, sí, pero al mismo tiempo estaríamos condenando a una mujer y a un bebé. Eso… Suponiendo que no nos hagan saltar por los aires una vez la hayan recuperado. Lo mires como lo mires, perdemos— Juan miró a Isabel —Lo siento, pero yo personalmente no podría vivir con condenar unas vidas para intentar conservar la mía.
Jonás se apartó de mí y se plantó en el medio del circulo que habíamos formado —No puedo creerlo, creo que estáis exagerando— Jonás miró al sacerdote —¿Y usted que opina padre? ¿Acaso cree que estamos obrando bien?
—¿Y qué podemos hacer? Ellos tienen toda la razón, nada nos asegura que respeten nuestras vidas tras entregar a Isabel. Podrían atacarnos.
Jonás negó con la cabeza y entonces miró a Isabel —¿Y tú? ¿No tienes nada que decir? Esto es todo por ti, abre la boca y di algo.
Isabel iba a responder, pero la bebé comenzó a llorar, algo que pareció enervar más a Jonás. Este avanzó hacia ella apartándome de un empujón y la agarró de un brazo —Di algo de una maldita vez. Nos la estamos jugando por ti. Di algo, joder.
Me lancé contra Jonás y ambos caímos al suelo, fue cuando ambos nos apuntamos mutuamente. Rápidamente los demás comenzaron a intervenir, pude ver como Nora, Pam y Lidia se llevaban a Isabel hasta un lugar seguro.
David se acercó entonces a Jonás —Venga, baja eso, cálmate y no me hagas romperte los morros, se te está yendo la cabeza.
Jonás bajó su arma y se calmó. Poco después volvimos a formar el circulo para seguir debatiendo.
—A ver chicos, lo que está claro es que algo debemos hacer— dijo Luci caminando hacia una de las ventanas para observar a Eric y los suyos. Desde allí, podía ver lo que estaban haciendo.
El grupo de Eric había creado un perímetro de seguridad en torno a Eric, el cual, se había sentado en una silla junto a una mesa, a su lado estaba la chica, y en el medio de la mesa, había botes de refresco. Sus compañeros, abatían a golpes a los caminantes que se acercaban, parecía que estaban disfrutando. Parecían verdaderos salvajes.
Jorge, Paco, Ángel y Víctor estaban arrodillados en el asfalto y vigilados por varios chavales armados. Luci alzó la mirada hacia las azoteas en busca de tiradores.
—Quizás deberíamos ocuparnos de los tiradores, puede que, si nos ocupamos de ellos, las cosas se vuelvan un poco más fáciles.
—¿Podrías hacerlo? — preguntó Leandro.
—Podría intentarlo— respondió Luci —Pero si voy a hacerlo, tengo que hacerlo ya.
—Te acompaño— dijo en ese momento Elena.
—Que me acompañe Mishuro. Esto va a necesitar gente especializada en matar sigilosamente con una espada— respondió Luci
—Muy bien— respondió Mishuro mientras Luci se acercaba a Elena.
—No te preocupes, volveré sana y salva— dijo Luci mientras besaba a Elena en los labios.
—No me jodas ¿Estáis enrolladas? — preguntó David con cara de sorpresa.
Luci y Mishuro se prepararon, cogieron un par de walkie talkies y comenzaron a caminar hacia la salida. Ellos se ocuparían de inspeccionar todas las azoteas dentro del perímetro, los tiradores solo podían estar allí. Mientras tanto, nosotros seguiríamos debatiendo sobre qué hacer, necesitábamos un plan B por si algo salía mal.

17:45 horas…

Eric bebió un trago de uno de los botes de refresco y cuando lo terminó, lo lanzó hacia un lado. Desde donde se encontraba, podía ver las siluetas de los habitantes de ese edificio, debatiendo que hacer.
—No nos la entregarán, así como así, y lo sabes. Deberíamos dejar la diplomacia y sacar a Isabel a la fuerza— dijo Úrsula sentada a su lado.
Eric miró la hora —Se paciente, aún queda mucho. Saben que les conviene entregárnosla. Un enfrentamiento… Pondría en peligro las vidas de Isabel y el bebé. No pienso arriesgarme.
En ese momento, escucharon un jaleo y cuando Úrsula miró, vio que varios de sus compañeros estaban divirtiéndose con un caminante que habían dejado entrar. Eso la puso de los nervios, sacó uno de sus cuchillos y se levantó de la silla, pasó frente a los prisioneros y entonces, uno de ellos llamó su atención, se trataba de uno de los dos rubios. El más bajo de los dos en concreto.
Este trataba de hablar, pero la mordaza no se lo permitía. Úrsula caminó hacia él y se la retiró.
—¿Querías algo? — preguntó Úrsula agachándose para mirarlo a los ojos.
—Esto no saldrá bien para ninguno de vosotros. No tenéis ni idea de a quien os estáis enfrentando. Ellos no van a entregar a Isabel por que no se fían de vosotros. No os conviene iniciar un conflicto…
Jorge no terminó la frase, Úrsula rápidamente le puso el cuchillo en el cuello —Hablas demasiado.
—Úrsula… Basta— ordenó Eric sin levantarse de la silla.
Ella miró a su hermano y después volvió a ponerle la mordaza a Jorge, se puso en pie y cuando parecía que iba a marcharse, le asestó un puñetazo en la cara, fue tan fuerte que Jorge cayó de lado.
Eric se levantó de la silla y caminó hasta los prisioneros para ayudar a incorporarse al tipo agredido por su hermana,
—Discúlpala… Ella siempre ha tenido un fuerte carácter… Y esta situación la desborda. Isabel es muy importante para nosotros. Debemos recuperarla a cualquier precio.
Jorge logró librarse de la mordaza y respondió —Esto no acabará bien para vosotros. Retiraros ahora que aun podéis. No habéis sobrevivido en este mundo para esto. Podríais vivir tranquilamente.
Eric mostró una leve sonrisa —Eso me encantaría, pero no es posible, mi padre es quien realmente está al mando y es a él a quien debemos obedecer, pese a no estar de acuerdo con él— Eric volvió a colocarle la mordaza —Intenta no hablar ahora.
Jorge miró a sus tres compañeros y después miró hacia el edificio, allí, en una de las ventanas se encontraba Juanma mirándolos, seguramente intentando tomar una decisión. Se podía imaginar lo que pensaba y se ponía en su lugar. Aquella gente proponía un intercambio justo, pero realmente, no sabían si cumplirían su palabra. Era una situación complicada.
*****
Observaba a mis compañeros desde la ventana. Intentaba encontrar una solución que nos beneficiara de verdad. En esos momentos, Luci y Mishuro habían abandonado el edificio para tratar de encontrar y abatir a los que estaban en las azoteas, con ellos fuera de juego, sería un problema menos, pero no habríamos solucionado el mayor problema, el de recuperar con vida a nuestros cuatro compañeros retenidos, los cuales, acabarían en medio de un fuego cruzado.
Me apoyé en la pared y me llevé la mano a la frente, me sentía estresado por no encontrar una solución, incluso llegué a plantearme entregar a Isabel, pero hacer eso no nos aseguraba nada a nosotros y seguramente la estaríamos condenando a ella y a su hija a un futuro incierto.
En ese momento, vi llegar corriendo a Lidia, esta se plantó jadeando delante de mí. Yo la miré a los ojos y la agarré de los brazos —¿Qué te pasa?
—Isabel… No sabemos dónde está.
—Se suponía que estaba contigo y con Nora— respondí.
—La perdí de vista unos segundos y ya no estaba— respondió Lidia totalmente alterada.
Por unos momentos pensé en Jonás. Él quería entregarla sin miramientos, quizás, la había cogido y se la había llevado, pero no me cuadraba eso ¿Cómo podría habérsela llevado sin que Lidia se diese cuenta?
Rápidamente miré hacia la ventana y entonces la vi, Isabel avanzaba en solitario hacia el encuentro de sus antiguos compañeros, y lo hacía con Naomi en brazos. Rápidamente, Lidia y yo nos alejamos de la ventana y comenzamos a correr hacia el exterior para evitar que se entregara voluntariamente.
*****
Luci y Mishuro habían salido de Espai Verd hacía unos minutos y ya habían accedido a una de las azoteas, pero no había habido suerte, estaba completamente vacía.
—Mira allí— dijo Luci agazapada junto a la cornisa y señalando a otro edificio. Mishuro avanzó agachado y se situó a su lado, se asomó un poco y miró hacia donde señalaba su compañera.
A unos cincuenta metros de ellos, en el edificio que tenían en frente, podían ver a tres chicos jóvenes armados, uno de ellos, cargado con un lanzacohetes. Después de ubicarlos, se agacharon y comenzaron a hablar.
—Tendremos que cruzar esa calle para poder subir allí y eliminarlos, evitando ser vistos desde arriba y desde abajo— explicó Mishuro.
Para llegar al otro lado cruzando la calle, tendrían que pasar muy cerca del grupo que estaba parado ante Espai Verd. Iba a ser complicado pasar sin ser vistos.
Luci iba a responder, pero entonces escucharon barullo abajo, parecía que estaba ocurriendo algo. Rápidamente se asomaron y vieron a Isabel caminando con su hija en brazos, acababa de salir por la puerta de entrada y se dirigía hacia sus compañeros, segundos después, Juanma y Lidia aparecieron corriendo tras ella.
******
Lidia y yo alcanzamos a Isabel en la calle y rápidamente nos plantamos entre ella y un sonriente Eric, que caminaba hacia ella con los brazos abiertos.
—¿Qué estás haciendo? — le pregunté a Isabel.
—Poner fin a esto— respondió Isabel mirándome, después miró a Eric —Prométeme que a estas personas no les pasará nada si me voy contigo. Ellos han cuidado de mí, si no fuese por ellos, estaría muerta. Si me voy contigo, no volveréis a molestarles.
Eric nos alcanzó, y tras mirar a su hija, me miró a mí —Tienes mi palabra. No volveréis a vernos.
—¿Qué va a pasarles a ellas? — preguntó Lidia.
—Eso no es asunto tuyo cariño— dijo la hermana de Eric acercándose, miró entonces a Eric —Hora de irnos, la abuela nos espera— después, miró a unos miembros de su grupo, les hizo un gesto y comenzaron a liberar a Jorge, a Paco, a Ángel y a Víctor.
Eric comenzó a llevarse a Isabel, pero esta le pidió unos segundos, se dio la vuelta y vino a abrazarme, también me dio las gracias al oído. Después, se alejó junto a Eric, se subió con él y su hermana a la limusina. Mientras, todo su grupo comenzaba a abandonar el lugar.
Me quedé unos segundos allí de pie, pensando. Justo entonces llegaron corriendo Luci y Mishuro.
—¿Qué demonios ha pasado? ¿La has entregado? — preguntó Luci.
—Ella se ha entregado sola— respondió Lidia mientras me ponía la mano en el hombro —Quisimos detenerla, pero ella ya había tomado esa decisión… Y han cumplido su palabra. Se han marchado sin armar jaleo.
—Ella nos ha salvado la vida— comencé a decir —Se ha sacrificado por nosotros.

Hotel Imperium…
22:00 horas de la noche…

Úrsula estaba dándose un baño relajante con mucha espuma. En ese momento, su abuela entró en la habitación y comenzó a pasarle una esponja por la espalda a su nieta.
—¿Ya tienes los resultados del análisis de la hija de Isabel?
—Los tendremos mañana por la mañana— respondió la abuela Marga mientras frotaba con la esponja —Pero he venido a hablarte de otra cosa…
—¿Sobre qué? — preguntó Úrsula mientras movía la cabeza hacia un lado con los ojos cerrados.
—¿Cuántas mujeres dirías que hay en ese grupo que puedan procrear?
La pregunta de su abuela la cogió por sorpresa y Úrsula abrió los ojos —Lo averiguaré.