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Gracias y bienvenidos al blog. En este blog podréis leer desde el principio la historia titulada Zombies (Esta vez corregida y mejorada), a la que le seguirán sus secuelas: Necroworld y The Survivors Land. En ellas, seguiréis el periplo de un grupo de supervivientes que iniciarán su historia en el pueblo Valenciano de Puzol, pasando por Valencia capital, Barcelona y Madrid. Un periplo que les llevará hasta los Estados Unidos. Esta historia es probablemente la historia de Zombies más larga de la red, ya que cada una de sus partes, cuenta con 200 capítulos en su totalidad. Si te gusta, sígueme en el blog y mis redes sociales, contacta conmigo por Email y suscribete via Email en la pestaña Email address para estar informado de las publicaciones. Esta historia también puede leerse en Wattpad.

lunes, 3 de diciembre de 2018

El volumen 3 se retrasa hasta después de navidades

Dado que estos días voy muy liado y que ya tenemos encima las navidades, me veo obligado a posponer el estreno del volumen 3 hasta después de navidades, donde iré mucho más tranquilo y con más tiempo. Mientras tanto, iré escribiendo y adelantando.
Un saludo

miércoles, 28 de noviembre de 2018

ZOMBIES Volumen 3 Integro (Estreno después de navidades)

Llega el volumen 3 de Zombies. Como siempre, haz click sobre los enlaces para ir al capitulo deseado.

ZOMBIES Volumen 2 Integro

Da inicio el volumen numero 2. La forma de publicación va a ser de la siguiente forma. Los capítulos no tendrán una fecha concreta de publicación, se publicarán según los termine. Eso significará que habrá semanas que haya un capitulo o dos, incluso, puede que por falta de tiempo, en una semana no haya ninguno (Aunque no será lo habitual).
Esta entrada se mantendrá fija siempre mientras dure el volumen numero 2. En ella estarán los enlaces a los capítulos, y debajo de esta, el capitulo o capítulos más recientes.


ZOMBIES: Capitulo 042 El Placer de matar


Capítulo 042
El Placer de matar

Día 17 de enero de 2018…
11:00 horas de la mañana…
Instituto de Puzol…

Sánchez decidió regresar al hospital y Lidia lo acompañó hasta la puerta donde esperaba su coche, desde la derrota de los cazadores, el doctor se había trasladado al instituto junto a los heridos a los que había tratado en el hospital. Había estado muy pendiente del estado de J.D hasta que este evolucionó favorablemente. Con todo más tranquilo, debía volver a su laboratorio para seguir trabajando en la cura.
— ¿Hay avances? — preguntó Lidia mientras caminaba hacia el vehículo.
—Eso creo, pero al estar solo… Y sin demasiados medios… El proceso es lento ¿Por qué no vienes conmigo y me ayudas con la investigación? — Sánchez se paró y agarró a Lidia de la mano —Serias de gran ayuda.
Lidia lo agarró de la mano y lo miró con una sonrisa —Todo eso terminó. Ya lo sabes. Y aquí hay gente que me necesita.
Sánchez sonrió —Bueno… Ya no insistiré más. Tienes razón en que todo aquello terminó. Sin embargo, si necesitas algo, quiero que sepas que las puertas del hospital están abiertas. Por otro lado, si descubro algo, regresaré a compartirlo con vosotros.
Llegaron al vehículo y allí, el doctor se subió. Después, Lidia hizo un gesto a los guardas para que abrieran las puertas. Sánchez se despidió de nuevo de Lidia y abandonó el instituto.
Lidia se dio media vuelta y comenzó a caminar de nuevo hacia el interior del edificio, había quedado con Bosco y con Anna para revisar que tal iba el bebé. No quedaba mucho para que naciese, y dados los últimos acontecimientos, cabía la posibilidad de que el parto se adelantase, debían estar preparados.
Entró dentro del edificio y recorrió los pasillos, pasó entonces junto a la armería y fue cuando vio a Raúl y a otros sacando armas. Lo cual era extraño, eso solo pasaba cuando se preparaba una salida y no se había programado ninguna para ese día.
— ¿Qué estáis haciendo? — preguntó Lidia acercándose al grupo. Allí vio a Toni cagando con un rifle. Cuando Raúl la vio, se acercó todo lo rápido que las muletas le permitieron.
—Doctora… Es un placer verla— dijo Raúl.
— ¿Quién ha autorizado esto? No hay programada ninguna salida.
Raúl se giró para mirar a los demás y después se giró hacia ella —En realidad si la hay. Aunque usted no tiene el por qué estar metida en ella— Lidia no entendió aquello y arqueó una ceja, Raúl suspiró y siguió hablando —Le ofrezco la posibilidad de quedarse aquí. Vamos a echar de aquí al resto de sus compañeros. Y lo haremos a la fuerza si es necesario.
Lidia seguía sin entender a que se refería, pero cuando retrocedió unos pasos, se encontró con que dos hombres se habían situado detrás de ella y le estaban apuntando.
—Será mejor que no grite ni haga una estupidez. Queremos evitar la violencia…— dijo Raúl con una sonrisa.
******
Me encontraba con Nora en la enfermería. La había acompañado para limpiar su herida y de paso ver a J.D, al que todavía no conocía mucho. Allí, esperando a Lidia también se encontraban Bosco y Anna.
—…Y existen seis gemas…— Nora me estaba contando una trama de unos comics de marvel, aunque yo no estaba prestando demasiada atención, por lo tanto, ella me pegó un golpe en el hombro —No me estás escuchando. Te estoy hablando de un arco de “Avengers” y tú no me estás haciendo caso.
—Yo he sido más de manga, la verdad— respondí —Aunque hace años que no sigo nada relacionado con el tema. Estaba hasta arriba de trabajo. Ahora, la verdad es que pienso menos en mis aficiones de juventud.
—Sí, dentro de nada serás un abuelo cebolleta— respondió ella.
—Parecéis padre e hija— dijo en ese momento Anna mientras nos miraba con una sonrisa al mismo tiempo que se acariciaba la abultada barriga —Habláis del mundo que hemos dejado atrás y me hace pensar que eso para nuestro hijo, no serán más que leyendas. Él nunca lo conocerá.
—Pero conocerá a sus padres— respondí yo. Aunque lo que decían era totalmente cierto, ese bebé nacería en un mundo que, para él, sería el único, a diferencia nuestra, que sabíamos a la perfección todo lo que se había perdido.
—Ya me ocuparé yo de contarle historias…— dijo Bosco acariciando el cabello de su novia.
—Hablando de historias… Y no quiero parecer cabrona, pero creo que para los futuros niños les hablaré de películas como si fueran historias creadas por mí. Total, nadie me va a cobrar los derechos de autor.
—Star Wars ni tocarla— dijo J.D desde su camilla y con una sonrisa —Esa me la adjudico yo.
No pude evitar reír a carcajadas. Era la primera vez que disfrutaba de un momento así, era como si no hubiese pasado nada y que aun estuviésemos viviendo una vida cotidiana. Pensé en el futuro y en los años que viviríamos allí, donde ahora más que nunca, pensaba en que, aunque fuese a pequeña escala, podríamos recomenzar una pequeña civilización. Por primera vez, no veía un futuro oscuro.
La puerta se abrió de repente y vi entrar a Lidia, justo cuando me dispuse a saludarla, vi que detrás de ella entraban Raúl y varios hombres más. Uno de ellos, apuntaba a Lidia en el costado con una pistola. Al ver eso, saqué la mía y les apunté.
— ¿Qué está pasando aquí? — pregunté mirándolos a todos los recién llegados y a Lidia.
—Baja el arma y puede que lo entiendas… De lo contrario, matarás a la doctora y a todos los que están contigo aquí… Y créeme… No quiero que corra la sangre— dijo Raúl.
Miré a los que estaban en la enfermería, los cuales se habían quedado petrificados ante la interrupción. Yo no entendía que ocurría, pero por el bien común, bajé el arma.
—Muy bien. Ahora déjala en el suelo y empújala con el pie— dijo Raúl. Yo hice lo que dijo y él sonrió, miró a Toni y le hizo un gesto con la cabeza. Este pasó junto a él y comenzó a cachearme.
—Lo siento— dijo Toni mientras me cacheaba. Cuando terminó, se giró y miró a Raúl —No lleva nada más.
—Perfecto. Cachead a los demás— ordenó Raúl. Acto seguido, varios de sus acompañantes avanzaron por la enfermería y comenzaron a cachear a Anna, a Bosco, a Nora y a J.D. De los cuales, al único que le encontraron una pistola, fue a Bosco.
— ¿Me vas a decir de una vez lo que está pasando aquí? — pregunté de nuevo mirando a Raúl.
—Esto es una insurrección. Hemos llegado a la conclusión de que ya no sois bienvenidos. Las cosas se complicaron para nosotros desde que llegasteis… Y la gota que colmó el vaso, fue que tu… — Raúl me señaló —… Trajeras a esos cazadores hasta nosotros. Lo siento por todos vosotros, pero os largáis de aquí. Ahora, empezad a desfilar.
Nora, J.D, Anna, Bosco y yo fuimos sacados de la enfermería, Nora y yo ayudábamos a caminar a J.D. Ya que él, era el que estaba peor de entre todos. Nos sacaron al recreo y allí nos encontramos con varios de nuestro grupo, todos desarmados.
Nos hicieron reunirnos y allí me encontré con David, Andrea, Moussa, Héctor, Félix y Leandro, el cual parecía que había sido golpeado al defenderse. Éramos once personas allí, totalmente desarmadas y siendo apuntados por los que habían sido nuestros compañeros.
—Ya basta de tanta broma ¿De qué va todo esto? — preguntó David
—No es ninguna broma… Nos hemos hartado de vosotros. Ahora guarda silencio o hago que cierres la boca para siempre— respondió uno de los hombres que acompañaba a Raúl.
David quiso responder e incluso acercarse para golpear a aquel tipo, pero Andrea no le dejó.
Minutos después, vimos como más hombres traían a punta de pistola a Molano y a los demás militares. A algunos de ellos también les habían golpeado, incluso parecía que Ángel llevaba una herida de bala en el brazo. Cuando llegaron junto a nosotros, crucé una mirada con Molano.
— ¿Ya están todos? — preguntó Raúl. Como respuesta, uno de sus hombres asintió. Raúl sonrió entonces —Muy bien. Creo que no hay mucho más que decir por que ya está todo hablado— señaló la puerta que llevaba fuera del instituto —Ahora la cruzareis y no volveréis la vista atrás. Y si a alguno de vosotros se le ocurre volver a asomar la nariz por aquí, no seremos tan comprensivos.
— ¿A Andrea también la echáis? Ella estaba con vosotros…— respondió David. Seguramente con la intención de no exponer a su novia a los peligros del exterior.
—Ella ya decidió cuando se metió en tu cama— respondió Raúl —Desde ese preciso momento, dejó de ser de los nuestros para ser de los vuestros. Una verdadera lástima. Nos lo habríamos pasado tan bien.
David quiso abalanzarse sobre Raúl, pero entonces le apuntaron varias armas —Yo no lo haría si estuviese en tu lugar. Ahora, cruzad esa puerta— Raúl vio a un grupo de caminantes en ese momento —Y os sugiero que corráis… Los que podáis.
Todos comenzamos a caminar a punta de pistola, cada paso que dábamos, nos alejaba más y más de una vida feliz allí. Todas esas ilusiones que me había hecho momentos antes, se estaban desmoronando como un castillo de naipes. Yo, no solo dejaba atrás un refugio, sino que también, el cuerpo de mi mujer, que seguía allí enterrado.
No nos enfrentamos a ellos, estábamos desarmados y no habría servido absolutamente de nada. Habríamos sido acribillados si hubiésemos intentado algo. Ni siquiera Molano, que hasta ese momento había sido el líder del instituto tras la muerte de Roberto, luchó por conservar su puesto. De hecho, estaba muy tranquilo.
Tal y como había dicho Raúl, nos alejamos del instituto sin mirar atrás.
******
Alicia y Rei observaron la partida del grupo desde la ventana, ninguna de ellas había querido participar en aquello. Vieron como cerraban las puertas y como los que los habían echado, se felicitaban entre sí por aquella proeza. La insurrección había sido un rotundo éxito.
—Esto que hemos hecho hoy… Nos perseguirá siempre— murmuró Alicia
—Nosotras no hemos participado. Yo tampoco estaba de acuerdo, pero es Raúl quien manda ahora y debemos acatar sus órdenes— respondió Rei.
—No hemos participado directamente, pero lo hemos permitido. Esto no ha terminado y sé que algún día nos arrepentiremos de esto. Prácticamente hemos matado a esa gente.
Toni apareció en esos momentos en el pasillo y se unió a sus compañeras, los tres observaron a través de la ventana y vio como varios de los habitantes lo celebraban. Se habían desecho de un grupo al que ellos consideraban problemáticos.

Puzol…
13:00 horas del mediodía…

Nos habíamos detenido a varias manzanas del instituto, necesitábamos descansar y curar el brazo herido de Ángel. Nos adentramos dentro de una iglesia y allí por el momento estaríamos ocultos. Nos asentamos allí tras comprobar a conciencia que era segura y que no había caminantes allí dentro.
Ayudé a sentarse a Nora y comprobé que los vendajes de Nora estuviesen correctos. Cuando me aseguré, la miré a los ojos.
—Siento que haya pasado esto…— le dije —Ojalá te hubiesen dejado quedarte.
—Yo no me habría querido quedar. Vosotros sois mi gente ¿Acaso crees que al ver como os echaban me habría quedado callada? No, para nada. Mi sitio está con vosotros.
En ese momento, la puerta de la iglesia se abrió y Molano pasó al interior, después cerró. A él, como siempre, lo acompañaba Enzo. Para ese soldado, Molano era como un dios al que había que proteger a cualquier precio… Y eso el comandante lo sabía tan bien que no le importaba usarlo a su favor.
—¿Todo bien ahí fuera? — preguntó David acercándose a ellos.
—Un rebaño está cruzando. No tardarán mucho en pasar de largo. Quizás en un par de horas— respondió Molano. En ese momento, el comandante me miró y me hizo un gesto con la cabeza. Eso significaba que tocaba hacer una pequeña reunión.
Lidia, Moussa, Jorge, Paco, Andrea, Víctor, María, Leandro y yo nos reunimos en torno a ellos y comenzó la reunión.
—Y bien… ¿A dónde nos dirigimos? La iglesia parece segura por el momento, pero tarde o temprano tendremos que salir de aquí… Si no queremos morir de inanición. Aunque si por mi fuera, volvería al instituto para pegarle una patada en los huevos a ese capullo— dijo Víctor refiriéndose a Raúl —¿Quién coño se ha creído que es?
—Te dispararían. No somos bienvenidos— respondió Moussa, que se encontraba de brazos cruzados a su lado —Debemos asumir que ahí no podemos volver.
—Iremos al hospital— dijo en ese momento Lidia —Alejandro me dijo que, si algo pasaba, siempre podríamos ir allí. Me lo dijo antes de largarse.
—Muy bien, pues allí iremos. Una cosa solucionada… Ahora queda otra cuestión ¿Cómo llegamos? El hospital está al otro lado del pueblo y no tenemos armas. No duraríamos mucho— dijo Paco —Somos casi veinte personas. Llamaríamos mucho la atención. Seriamos un blanco fácil para rebaños como el de fuera. Por no hablar de si nos intercepta algún grupo de saqueadores.
—Si nos intercepta algún grupo de saqueadores, no habrá gran cosa que saquear ¿No crees? — Preguntó María mirando a su compañero.
—Esos cabrones siempre encuentran algo que saquear. No los subestimes— añadió Jorge mirando a la militar —Nos encontramos en una situación que hasta saquean a las mismas personas. Las mujeres de este grupo no serías más que un producto más… Y no os matarían, pero desearíais estar muertas. Odio admitirlo, pero ahora mismo estamos en la mierda.
—De momento descansemos. Pasaremos aquí la noche y mañana por la mañana será otro día— dijo Molano —Cuando amanezca pensaremos en algo, y después nos dirigiremos al hospital.
La reunión quedó disuelta y regresé junto a Nora para contarle todo lo que se había hablado en esa pequeña asamblea.

Día 18 de enero de 2018…
Puzol… Iglesia…
07:00 horas…

Habíamos pasado la noche en aquella iglesia y esta había sido tranquila, aunque estábamos hambrientos. No teníamos nada que llevarnos a la boca. Me levanté del banco y observé que Nora seguía dormida, tuve que moverme despacio para no despertarla. Caminé hasta el altar, me senté en uno de los bancos más cercanos y me quedé mirando al cristo en la cruz.
—Nunca he sido creyente— comencé a decir —No creo para nada que haya alguien que cuide de nosotros ahí arriba… Y si lo hay… Tienes un pésimo sentido del humor… Sin embargo, si hay algo ahí… Lo que sea, debes ayudarnos. No nos dejes tirados ahora. Ya nos has jodido bastante.
—Siempre escucha—  dijo en ese momento Moussa sentándose a mi lado —Aunque no siempre da la respuesta deseada.
—¿Eres creyente? — pregunté
Moussa hizo una mueca —Siempre he seguido la religión musulmana. Aunque dejé de rezar hace mucho tiempo. Dejé de hacer muchas cosas… Pero creo que ahora deberíamos hacerlo…
—Yo nunca he rezado… Y lo que estoy haciendo ahora…— negué con la cabeza —No sé ni lo que es.
—Solo pides ayuda— dijo Moussa —Yo la pedí antes de aquella noche en la que nos conocimos. Recé para que me permitiera sobrevivir. De alguna manera me escuchó. O quizás es lo que quiero creer… El caso es que aquí estoy.
En ese momento, Molano comenzó a despertarnos —Muy bien gente. Es hora de salir de aquí. La calle está despejada y el rebaño se ha alejado unas manzanas.
Comenzamos a movilizarnos y acudí de nuevo junto a Nora. Con ella estaba Lidia.
—¿Cómo le ves la herida? — le pregunté a la doctora
—Está todo bien— respondió Lidia mirándome, pero mi mirada se dirigió en esos momentos a Bosco y Anna. El, la estaba ayudando a ponerse en pie.
—¿Y ellos?
—El embarazo de Anna va bien y pronto saldrá de cuentas. Es preferible que estemos en el hospital para entonces… De lo contario…— respondió Lidia mirándolos. —¿Qué haremos?
—Saldremos a las afueras y desde ahí avanzaremos hacia el hospital— respondí.
Todos estábamos listos. Habíamos usado manteles y cortinas para abrigar a los heridos y a Anna. Yo cargaría con Nora, mientras que otros se turnarían para cargar con J.D.
Los primeros en salir de la iglesia fueron Molano y los militares, cuando vieron que la calle seguía despejada, nos hicieron unas señas para que fuéramos saliendo. Nada más abandonar la iglesia, noté que Nora tembló de frio.
—Pronto entrarás en calor— le dije con una sonrisa.
Nos dirigimos hacia las afueras del pueblo, vigilando constantemente para no ser sorprendidos por los caminantes. Cruzamos uno de los puentes y por fin salimos del pueblo. Seguimos uno de los caminos y casi al medio día, tras varios descansos, llegamos al hospital, donde el doctor Sánchez nos recibió extrañado por nuestra presencia. Fue Lidia quien le contó todo lo sucedido mientras los demás nos situábamos.
El hospital era grande y seguro, durante los últimos meses, Sánchez solo y con nuestra ayuda, había asegurado entradas y patios, convirtiendo así el hospital en otra zona segura y un hogar habitable por si había alguna emergencia. Una emergencia que había llegado tras nuestro destierro. Allí íbamos a poder vivir, y, además, teníamos comida, aunque pronto en algún momento, tendríamos que salir a buscar suministros para alimentar a una veintena de personas que pronto aumentarían su número.

Día 20 de enero de 2018…
Instituto de Puzol…

Habían pasado varios días desde que habían echado a todos los que consideraban que no debían estar allí. Desde entonces, las cosas parecía que marchaban bien. Raúl observaba sus dominios desde una de las ventanas. Lo había conseguido, al no estar su hermano ¿Quién mejor que el para liderar aquella comunidad? Nadie escogió a Molano, el solo se adjudicó el puesto de líder, y Raúl, solo quería hacerlo desaparecer, algo que había conseguido con un importante plus, que era ni más ni menos que echar también a aquellos que llegaron y que al menos para él, nunca fueron bienvenidos, aunque hicieran una gran contribución saliendo al exterior a recoger suministros, algo que pronto, él tendría que tener en cuenta y designar a grupos para que salieran fuera. Tendría que hacer pronto una reunión y formar los grupos, aun sabiendo que muchos se negarían, pero si eso sucedía, sabía muy bien como retorcerles el brazo si era necesario.

00:10 horas de la madrugada…

Raúl regresó a su habitación tras una pequeña fiesta en la cafetería, él era el único además de los guardas que seguía despierto. En esa pequeña fiesta, como líder, se había tomado la libertad de beber todo el alcohol que su cuerpo le permitió y esnifar algo de la cocaína que su hermano guardaba con recelo. Quizás alguien protestase por aquello, pero el líder era el, y él era quien decidía todo. Y si alguien alzaba la voz en su contra, sería desterrado.
Entró en la habitación y se dejó caer sobre la cama, donde no tardó en quedarse dormido.
Se despertó en la madrugada, todavía algo borracho, pero lo bastante despejado como para notar que no estaba solo allí, de pronto, una figura salió de la oscuridad y se lanzó sobre él, lo inmovilizó y le tapó la boca para que no pidiera ayuda. Enseguida, sintió un penetrante dolor en el vientre, después, la cara de su agresor quedó al descubierto, era Molano.
—No te imaginas las ganas que tenía de hacer esto… Lo estoy disfrutando tanto o más que cuando maté al imbécil de tu hermano…— Molano sacó el cuchillo de caza y lo volvió a clavar —Quizás me has hecho perder este lugar, pero mañana no estará para nadie…
Molano soltó a Raúl y se puso en pie observando como agonizaba, con los ojos clavados en él. Después miró por la ventana de la habitación y vio como el rebaño de muertos vivientes comenzaba a tomar el complejo estudiantil. Algo que él había provocado.
Salió de la habitación y se dirigió al exterior, pasando junto a los cuerpos de los guardas que el mismo había matado y que ya estaban reanimándose.
Salió tranquilamente por la puerta esquivando a los muertos vivientes y corrió por la carretera, notando como nuevamente volvía a tener una erección. Matar le proporcionaba un gran placer.
Llegó a su vehículo y se puso en marcha para regresar al hospital, del que había salido sin ser visto. Escuchó disparos dentro del instituto, pero los ignoró, había tantos muertos dentro, que ninguno de los demás habitantes, los mismos que los habían echado, llegarían vivos al día siguiente. Todos morirían. Y Molano, disfrutaría sabiendo que era el quien los había matado. Molano giró las llaves en el contacto, pisó el acelerador y comenzó a conducir de regreso al hospital, su nuevo hogar.

martes, 27 de noviembre de 2018

ZOMBIES: Capitulo 41 Gracias a ti

Capítulo 041
Gracias a ti

Día 16 de enero de 2018…
Instituto de Puzol…
10:00 Horas de la mañana…

Me levanté de la cama y me vestí. Me metí la pistola en la funda del cinturón, junto al walkie talkie y el cuchillo de caza. Salí de mi habitación y recorrí el pasillo en dirección a la cafetería, tenía que preparar varios desayunos y después, iría a trabajar codo con codo con los demás. Habían pasado tres días desde que nos habían atacado Teodoro y sus hombres. En esos momentos y tras una dura asimilación de las perdidas comenzamos a recobrar la normalidad, al menos eso intentábamos.
Algunas cosas habían cambiado en el instituto, no solo había descendido el número de habitantes, sino que, además, tras la muerte de Roberto a manos de unos cazadores según el testimonio de Molano, él había asumido el mando del instituto, era mi antiguo superior quien mandaba en esos momentos. Algo que no fue bien recibido por Raúl, el cual, no había podido encontrar el cuerpo de su hermano y, por lo tanto, no lo había podido enterrar.
Después de derrotar a Teodoro y enterrar a nuestros muertos, un grupo había regresado al hospital para traer con ellos a los que allí permanecían, incluso el doctor Sánchez abandonó el hospital para echarnos una mano allí, los heridos eran múltiples.
Llegué a la cafetería y me encontré con un grupo que hasta que me vio entrar, estaban hablando de algo. Enmudecieron al verme y únicamente me miraban. No hacía falta ser un lince para darse cuenta del resentimiento que tenían conmigo, no podía culparles, parte de lo sucedido, era culpa mía.
No les dije nada, me adentré en la cocina de la cafetería y comencé a preparar unos desayunos, un total de diez. No eran grandes desayunos, eran unos vasos con zumo de naranja recién exprimida y unas raciones de los militares.
Dejé los desayunos sobre un carro que se usaba sobre todo para llevarles comida a los enfermos y salí de la cafetería antes la dura mirada de los que estaban allí, no tardaron en volver a hablar.
Me adentré en un pasillo de la planta baja y lo recorrí hasta el final. Me dirigía a una puerta que estaba custodiada por los militares, concretamente vigilada por Enzo. Él se había prestado voluntario para ello. Cuando me vio llegar, se puso delante.
—¿A dónde vas con eso?
—A llevarles algo de comer a nuestros invitados— respondí.
Enzo cogió uno de los vasos de zumo y le dio un trago mientras me miraba. Cuando terminó, movió los labios y chasqueó la lengua —Este zumo sabe a mierda.
—¿Vas a dejarme pasar? — pregunté.
Enzo se hizo a un lado y yo abrí la puerta, entrando al interior del aula. Me detuve cerca de la puerta y me giré para mirar a Enzo —Déjame solo con ellos.
La mano derecha de Molano cerró la puerta y miré hacia mi objetivo. Al fondo del aula, se había construido de forma rápida una verja de pared a pared, cerrada con llave y sin posibilidad de que nadie pudiera salir de ella. Al otro lado, se encontraba Teodoro junto a nueve de sus hombres, los únicos supervivientes de su grupo.
—Supongo que tenéis hambre— dije acercándome con el carro y dejándolo junto a la verja —Tomad un vaso y una ración cada uno.
Los cazadores se miraron entre sí, pero no se decidieron. El único que tomó la decisión fue Teodoro. Sacó los brazos a través de los barrotes y cogió su ración. Abrió el paquete de comida militar y le dio un mordisco, después bebió zumo.
Tragó y miró a sus hombres —Podéis comer…
Mientras comían, me senté en una silla frente a ellos. Cuando Teodoro terminó, se apartó del resto y me miró sonriente mientras sacaba los brazos a través de los barrotes y los cruzaba.
—Han pasado unos días y sigues trayéndonos comida. Es extraño.
—Es la única manera de venir a hablar contigo— respondí cruzándome de brazos.
—¿Vamos a hacernos amiguitos o algo parecido? — preguntó Teodoro sonriendo todavía más —Me sorprendería más de lo que ya me sorprendió que no me mataras. Lo merecía por todo lo que hice.
—Ya tampoco sé por qué no lo hice— respondí —Quizás debí dejar que te volaran la cabeza allí en el aula cuando te rendiste… Pero fue esa rendición lo que me hizo contenerme. Supongo que es porque quiero agradecerte que hayas cambiado mi visión del mundo.
—No te entiendo— respondió Teodoro —¿Agradecerme que haya cambiado la visión que tenías del mundo?
—Si— respondí —Gracias a ti he visto de forma drástica que el mundo ha cambiado radicalmente. Que ya no es igual, que la gente cambia y que esta situación saca lo mejor y lo peor de nosotros. No lo había contemplado totalmente hasta ahora. Me has enseñado que debo ser más duro y menos confiado.
—Me halaga lo que me dices— respondió Teodoro —¿Significa que vas a dejar salir a la bestia?
—Significa que voy a sacar lo mejor de mí, pero que no dudaré en sacar lo peor si es necesario, especialmente si hay que proteger a aquellos a los que amo— respondí —Ahora pienso que el mundo no volverá a ser como antes. Hasta hace poco, tenía la esperanza de que algún día se solucionase este… Dudo que ese día llegue o que viva para verlo.
—Todo eso que me cuentas es muy bonito. Has aceptado la realidad. Felicidades— dijo Teodoro. Este miró a los suyos y luego nuevamente a mí —Y ahora dime. Ya que te estás sincerando… ¿Qué va a pasar con nosotros?
En ese momento miré a Teodoro, ya que la decisión había sido tomada la noche anterior.
******
—¿Y por qué deberíamos hacer eso? Esa gente nos atacó y masacró… Mataron a mi hermano. Ni siquiera hemos encontrado su cuerpo. No he podido enterrarlo— dijo Raúl desde su silla. Todavía estaba convaleciente y con la pierna rota. Se ayudaba de una muleta para poder caminar.
Molano había convocado una reunión en la biblioteca para trasmitir la decisión que se había tomado con los presos. Una decisión fija e irrevocable. Allí, se habían reunido gran parte de los supervivientes a excepción de unos pocos.
—Haremos lo que se ha decidido, los sacaremos de aquí en un camión y los llevaremos lejos de nosotros. Los abandonaremos sin armas y sin comida. Será como matarlos, pero dándoles la oportunidad de vivir—  dijo Molano.
—¿Y si volvieran a por nosotros? Es una completa locura— dijo Toni levantándose de la silla —Deberíamos ejecutarlos de forma pública. Ojo por ojo.
—Si hacemos eso… — comenzó a decir Leandro —…No seremos muy distintos de ellos. Como ha dicho el comandante, el abandono equivaldría a matarlos, pero al darles la opción de sobrevivir, no tendríamos las manos totalmente manchadas de sangre. Yo estoy de acuerdo con la decisión tomada.
—Aquí han muerto muchas personas por su culpa. Quiero que los maten y sea lentamente. Queremos venganza— repitió Raúl mientras se levantaba de la silla ayudándose del bastón —Deberíamos ir a la maldita celda que les hemos construido y coserlos a balazos. Venga, tomad las armas y hagamos lo que se tiene que hacer.
—Siéntate— dijo Molano mirando a Raúl.
—No me des ordenes— respondió Raúl mirando al comandante y nuevo líder en el instituto.
—Te doy ordenes porque soy quien manda aquí— respondió Molano caminando hacia Raúl.
—Solo mandas porque mi hermano está muerto.
Molano agarró a Raúl del cuello y acercó su cara a la suya —Siéntate ya maldito gilipollas.
El líder del instituto empujó a Raúl contra la silla y lo dejó sentado. Molano se dirigió a todos en ese momento —Esto va para todos vosotros. Si a alguien se le ocurre saltarse las ordenes y se acerca solo a unos pasos de los prisioneros, compartirá el mismo destino que ellos ¿Queda claro?
*****
—¿Y cómo va el asunto del que hablamos ayer? — preguntó Teodoro.
—Lo investigaremos a su debido momento— respondí —Ahora tenemos cosas más importantes en las que pensar.
—Debe joder que, siendo poli, no hayas descubierto por ti mismo quien os vendió y os traicionó… Me sorprende además que ese mismo mierdecilla siga respirando— siguió diciendo Teodoro, este hizo una pausa y sonrió —Espera. Aun no se lo has dicho a nadie.
—No me fio de tu palabra— respondí.
—¿Y por qué debería mentirte? Ya no tengo nada que perder. Según pasan las horas, nuestro jodidometro va en aumento— dijo Teodoro.
Iba a responder, pero entonces, la puerta se abrió y Enzo pasó al interior —Tu tiempo aquí ha terminado. Sal de aquí.
Me levanté de la silla y miré a Teodoro —Ya no volveremos a hablar. Suerte ahí fuera y si sobrevives lo suficiente… Espero que cambies y puedas ser un buen hombre.
—No digas cosas que al final no se cumplirán— dijo Teodoro.
—Por tu bien espero que no. Si vuelvo a verte… No dudaré en matarte…
Salí del aula y caminé por el pasillo. Estaba a punto de salir al exterior cuando escuché la voz de David a través del walkie talkie. Salí fuera y levanté la mano para saludar a mi compañero, él y Andrea estaban vigilando mientras los demás trabajaban arreglando las vallas que Teodoro y sus hombres habían volado. Habían solicitado mi ayuda en la entrada para acabar con un grupo de muertos vivientes que se acercaba.
Salí fuera junto a David y Andrea, allí, vi al grupo de No Muertos a los que se referían.
—No son demasiados. Hagámoslo rápido y sin malgastar munición— dijo David sacando un cuchillo.
Andrea, David y yo avanzamos hacia los caminantes y comenzamos a romper su grupo. No queríamos que nos rodearan, y la mejor manera era esa, ponernos cada uno en un punto para atraer a un par y acabar fácilmente con ellos.
Andrea y David trabajaban bien en equipo, se protegían el uno al otro y eran muy hábiles. Cuando los miraba, no podía evitar envidiarles, ellos estaban juntos y así podían pasar muchos años. Yo no podía hacer eso, mi mujer ya no estaba conmigo.
Pensar en mi mujer me hizo bajar la guardia y no vi al caminante que se acercaba por detrás de mí. Solo supe que estaba ahí cuando me agarró del hombro y trató de morderme.
Pese a mi error, logré evitar el mordisco y girarme para matarlo, pero entonces vi que era un rostro muy familiar. Era un hombre grande con una herida en el vientre, por el que todavía colgaban sus tripas.
Aquel caminante me acorraló contra una pared y perdí mi cuchillo. Este cayó al suelo y fue alejado de una patada durante el forcejeo. Siguió intentando morderme, y cuando estaba a punto de conseguirlo, David acudió en mi ayuda y logró matarlo al clavarle el cuchillo en la sien.
El No Muerto se derrumbó y yo me quedé apoyado en la pared, respirando aliviado. Miré a mi compañero y levanté el pulgar —Gracias… Si no llega a ser por ti…
David no respondió, se había quedado mirando al No Muerto, del mismo modo que Andrea cuando acudió junto a nosotros y lo vio.
—Este es…— murmuró David.
—Es Roberto…— dije completando la frase —Lo hemos encontrado.
Cargamos con el cuerpo de Roberto y entramos en el instituto.  Una vez allí dentro, entre los muchos que acudieron a ver qué pasaba, se encontraba Raúl. Este se derrumbó al ver a su hermano muerto.
—Lo siento… Ahora lo enterraremos… Te…
—Cállate— me cortó Raúl —Mi hermano seguiría vivo si tu no la hubieses cagado trayendo a esos aquí. Muchos seguirían vivos. Todo esto es culpa tuya. Tu eres quien debería estar muerto.
Lo que dijo Raúl me hundió. Tenía muchísima razón. Sin decir nada, me di media vuelta y me fui a mi habitación. Necesitaba estar a solas un rato. Había muchas cosas en las que pensar.

15:00 horas de la tarde…

Me encontraba delante de las tumbas. Roberto ya había sido enterrado, aunque yo no había acudido al funeral. Mi presencia en el cementerio se debía a otra cosa. Necesitaba hablar con Cristina y con Gloria, necesitaba disculparme con ellas, por mis errores.
—Siento que no hago bien las cosas y que todo el que se acerca a mi acaba muerto. Llegué aquí y prácticamente traje a la muerte. De hecho, le di la dirección y carta blanca para que se llevara a todos los que quisiera. He intentado convencerme a mí mismo de que son cosas que pasan y que…— hice una pausa —Soy un idiota.
En ese momento, escuché un ruido a mi derecha y miré. Uno de los camiones se preparaba para salir por la puerta. Vi como los presos comenzaban a subir. Así que decidí ir a verlo.
Llegué junto al camión y vi a los presos en la parte trasera y esposados los unos a los otros, al fondo estaba Teodoro, este no me dijo nada, solo me miró y sonrió. Después vi llegar a Molano.
—Yo me encargaré de dejarlos— dijo el comandante —Me los llevaré a la montaña y ahí los soltaré.
—Puede que volvamos a vernos— dijo en ese momento Teodoro levantando la voz para que los que estaban allí lo escucháramos —La vida da muchas vueltas.
Molano no respondió, cerró la puerta de golpe y me miró —No tendrán huevos de volver. Saben a qué se enfrentan y ya no son tantos como antes. Teodoro es solo un brabucón— Molano me dio una palmada en el hombro y siguió hablando —Luego nos vemos.
El comandante y en esos momentos líder de la comunidad del instituto, se subió a la cabina en solitario y salió del instituto.
*****
Raúl se apartó de la ventana cuando el camión se alejó del instituto y miró a los que había reunido en secreto en la biblioteca. Allí estaban únicamente los integrantes originales de su grupo. Los que quedaban. Allí, no había nadie que hubiese llegado mucho después, ni los que llegaron con Juanma hace unos meses, ni los militares ni los dos nuevos. Únicamente los que estuvieron en el instituto desde el principio. Andrea no estaba presente, pese a que ella, al igual que ellos, si estaba en el instituto desde el principio, pero su relación con David la descartaba por completo.
—¿Para qué nos has reunido aquí? — preguntó Toni —No estamos todos.
—Estamos los que tenemos que estar— respondió Raúl mientras caminaba hacia una mesa, para hablar a las veinte personas que tenía delante —Los que no están aquí, es porque no tienen derecho a eso— Raúl hizo una pausa y observó a todos y cada uno de los presentes, comprobando que no hubiese alguien que no fuese bienvenido. Al ver que todo estaba bien, siguió hablando —Os reuní aquí para que hagamos lo que tenemos que hacer… Aquí estábamos estupendamente hasta que llegaron los otros…
Toni se dio cuenta en ese momento de a quienes se refería. Fue en ese momento cuando intuyó lo que iba a pasar.
—Ellos llegaron y todo comenzó a ir mal. Y la cosa alcanzó el colmo cuando Juanma provocó que nos mataran… Y ahora que mi hermano está muerto. Ese Molano ha aprovechado para hacerse con el control del lugar, así, por la puta cara y sin preguntar a nadie. Unos recién llegados nos han arrebatado nuestro hogar, pero, esto no seguirá así, porque lo vamos a recuperar.
Las palabras de Raúl estaban comenzando a hacer mella en los que estaban allí. Los estaba convenciendo de que tenían que hacer algo. Toni agarró la mano de Alicia, que se encontraba a su lado y después miró a Rei, que se encontraba a unos metros por detrás y no parecía prestar atención, desde la muerte de Kai, no había sido la misma.
—Cuando menos se lo esperen tomaremos el control y los sacaremos a patadas de aquí. Recuperaremos lo que es nuestro… Y si oponen resistencia, morirán— continuó diciendo Raúl. Estaba muy decidido y se le podía ver en la expresión.
—¿Y cuándo lo haremos? — preguntó un hombre del fondo.
—Mañana. Nos haremos con las armas que trajeron y los sacaremos de aquí a punta de pistola. Quizás debamos matar a un par de ellos para convencerlos.
—Lo que propones es una locura— dijo Alicia poniéndose de pie en ese momento. Ella se giró para mirar a todos —No podemos hacer esto. Hablamos de personas que desde que llegaron nos han estado ayudando. Incluso eran los que salían a buscar alimentos y demás cosas cuando nosotros ni siquiera nos atrevíamos.
—Siéntate Alicia— dijo en ese momento Raúl —Aquí no tienes ni voz ni voto. Simplemente escucha y obedece. A menos que quieras que te eche a ti también.
—Quizás sería conveniente que todos nos calmáramos un poco y reflexionáramos— dijo Toni. —Son cosas que se pueden hablar y llegar a un acuerdo. No podemos empezar una especie de guerra civil.
—Puedes llamarlo así si quieres, pero yo lo llamo hacer justicia. Me importa absolutamente una mierda si os parece bien o mal. Yo estoy dando las ordenes aquí y es mejor que os acostumbréis, porque con mi hermano muerto, yo recojo el testigo del liderazgo.
—No participaré en esto— dijo Alicia
—Entonces…— Raúl caminó hacia ella y se situó justo delante —…Imagino que no te gustará estar aquí en el instituto. Quizás lo que quieras, es salir a buscarte la vida ahí fuera. La cual, intuyó que será corta. Basta con verte para saber que ahí fuera no durarías nada.
Toni se puso en pie para apoyar a su novia —Te estás pasando. Será mejor que te relajes.
Raúl sonrió y se apartó un poco, retrocedió unos pasos y se sentó sobre una mesa para mirar a los reunidos —Por favor. Solo trato de hacer que las cosas nos vayan mejor. Y esta es la manera más adecuada. No les debemos nada a esa gente. Hemos tomado una decisión y se hará, os guste o no— Raúl hizo una pausa y miró a Alicia —Doy por finalizada la reunión… Y si a alguien se le ocurre irse de la lengua, lo pagará muy caro.
La reunión había finalizado y Toni salió del aula junto a Alicia. Ella caminaba a unos metros por delante de él. Este se apresuró a alcanzarla.
—Escucha. Esto te hace tanta gracia como a mí, pero debemos ser realistas. Si nos echaran por ayudarles… No sé lo que duraríamos. Te pido por favor que no les digas nada. Nosotros no participaremos.
—Pero lo estaremos permitiendo. Estaríamos participando de todos modos— dijo Alicia alejándose de Toni.

21:00 horas…
En algún lugar de la montaña…

Molano detuvo el camión en medio de un camino de montaña. Se bajó de la cabina y notó que hacía bastante frio. Así que rápidamente se abrigó con una chaqueta militar. Tomó su fusil, caminó hacia la parte trasera del camión y abrió la puerta.
—Bajad y no hagáis ninguna gilipollez— les ordenó a Teodoro y a su grupo. Estos obedecieron inmediatamente y comenzaron a bajar. Hasta quedarse de pie frente al comandante —Fin de trayecto.
Teodoro miró a su alrededor —¿Nos vas a dejar aquí? Danos algo para abrigarnos. Moriremos de frio.
—Lo dudo— respondió Molano. Fue en ese momento cuando alzó su fusil y les apuntó —No os voy a soltar ¿Me tomas por idiota? En ningún momento tenía pensado dejaros con vida. Tomé la decisión de traeros porque quería ser yo quien os diera pasaporte.
—No tienes por qué hacerlo…— comenzó a decir Teodoro totalmente desesperado —…Escucha ¿Recuerdas quien os traicionó? Fue uno de tus hombres, un militar… ¿Por qué crees que tu camión fue el único que no llevaba explosivos? Él fue quien nos avisó de los planes y nos dijo cuándo y dónde atacaríais. Es el quien debe pagar las consecuencias. Nosotros…— Teodoro no terminó la frase. Molano apretó el gatillo y una ráfaga de balas impactó en Teodoro y sus hombres.
Con todos los cuerpos abatidos, Molano caminó sobre ellos, rematando a los que todavía respiraban a duras penas. Fue entonces cuando vio a Teodoro, este estaba agonizando. Molano se agachó junto a el —Me da igual lo que tengas que decir. He hecho esto porque me ha dado la gana. Solo porque me gusta matar a la gente. Disfruto con ello— Molano puso el cañón de su pistola sobre la frente de Teodoro —Solo para que lo sepas. Este mundo es mi mundo, ha sacado mi verdadera personalidad… Y me encanta— Molano apretó el gatillo y ejecutó a Teodoro.
Volvió al interior de la cabina y se sentó ante el volante. Se llevó la mano a la entrepierna para palpar la erección que había tenido. Después, giró la llave en el contacto y comenzó a conducir de regreso al instituto.

sábado, 24 de noviembre de 2018

ZOMBIES: Capitulo 040 Todos tenemos nuestra historia


Capítulo 040
Todos tenemos nuestra historia

Día 14 de enero de 2018…
Ciudad de las artes y las ciencias…
18:25 horas…

Juan, atraído por el ruido que venía de la ciudad de las artes y las ciencias, llegó corriendo a la entrada, sin preocuparse siquiera por si lo veían sus enemigos. La confusión era tan grande y la gente huía tan despavorida, que logró cruzar las puertas sin problemas.
No tenía ni idea de lo que había sucedido realmente, pero no le importaba, en esos momentos, más que nunca, tenía la venganza a mano. Solo tenía que encontrar a “El Bebé” y matarlo, o por lo menos, participar en la muerte de semejante despojo.
Corrió a través de la gente, era el único que iba en dirección contraria. Se paró justo delante del gran museo de las ciencias y dirigió su mirada hacia el palacio de las artes reina Sofía, que se encontraba a unos casi cien metros de él. Podía ver como de aquel edificio salía humo e incluso, se desprendían cascotes. Fuese lo que fuese, todo el jaleo había comenzado allí. Quizás Luci aun estuviese por allí.
Llegó corriendo al edificio y vio que ya no quedaba nadie en el interior, salvo cuerpos que comenzaban a reanimarse. Fue en esos momentos cuando escuchó un ruido, miró a su derecha y a unos cincuenta metros de su posición, un camión huía de allí atravesando una valla. Antes de que pudiese imaginarse el papel de aquel vehículo en todo aquello, escuchó un tiroteo. Sin pensárselo dos veces, corrió hacia él.
******
Luci perseguía ferozmente a “El bebé”. Este era custodiado por guardaespaldas que se giraban para disparar a Luci. Ella, con gran habilidad, lograba evitar los disparos al ocultarse, para segundos después, asomarse y lanzar una flecha.
Luci abatió a uno de los guardaespaldas, y rápidamente, tuvo que ocultarse para que no le dieran las balas. Metió la mano dentro del carcaj que le habían dado con el arco y se dio cuenta de que le quedaban pocas flechas, iba a tener que usarlas bien, solo necesitaba una para darle al maldito Snyder.
Se asomó nuevamente y vio a su objetivo, seguía cubierto por sus guardaespaldas, y a unos metros de ellos, un helicóptero. Quería escapar.
Luci no podía permitir que huyera, salió de su escondite sin pensar en las consecuencias de estar tan expuesta. Comenzó a lanzar flechas, abatió a dos guardaespaldas y abrió una brecha, justo cuando el bebé comenzaba a subir al aparato metálico. Apuntó con la flecha y soltó. Esta salió con un silbido y acabó clavándose en la espalda de Snyder justo cuando iban a cerrar la puerta. Le había dado, aunque no se paró a celebrarlo, rápidamente tuvo que lanzarse al suelo detrás de unas macetas de piedra para evitar que los disparos de los guardaespaldas que habían llegado, y eran demasiados para ella, además, ya no tenía flechas. Estaba atrapada allí y probablemente acabaría muerta. Lo estaría cuando los guardaespaldas llegaran hasta ella.
Luci no tenía miedo a la muerte, eso era algo que hacía tiempo que había dejado atrás, de hecho, era algo que tenía más que aceptado, porque tarde o temprano, la parca se la llevaría, y después de conocer el destino de su hija, tampoco le importaba demasiado que el momento de morir llegase.
Se quedó sentada detrás de la maceta esperando su hora, y no tardó mucho en ver a uno de los guardas frente a ella y apuntándole con una pistola. Ella lo miró a él y sonrió.
—Manda huevos que me vaya a matar el perro faldero de un pitufo cabrón.
El guarda no respondió. Luci cerró los ojos y esperó, fue entonces cuando escuchó una ráfaga de disparos, pero ella seguía viva. Abrió los ojos y vio como el guardaespaldas que le apuntaba, estaba muerto delante de ella, y a unos metros más adelante, Mishuro y dos desconocidos llegaban abriendo fuego, disparando a los guardas y al helicóptero que comenzaba a levantar el vuelo.
Mishuro llegó junto a ella, acompañado de un tipo de pelo castaño y con barba. Este se dirigió a ella —¿Dónde está “El bebé”?
—En el helicóptero— respondió ella.
Aquel tipo y el otro habían abatido a todos los guardaespaldas en un tiempo record, después, dirigieron en ese momento todos los disparos contra el helicóptero que ya estaba sobrevolándolos, pero no hubo éxito. Jonah Snyder había escapado.
—¿Quiénes son estos tíos? — preguntó Luci.
—Este es Jonás…— dijo Mishuro señalando con la mano al de pelo castaño.
El otro desconocido, se quitó el pasamontaña que llevaba, dejando al descubierto a un chico joven de ojos negros, cabello negro y moreno de piel. Este se presentó como Eloy Murillo.
—Muy bien. Aquí ya no hay nada que hacer. Salgamos de aquí— dijo Jonás —Os llevaremos a un lugar seguro.
—Yo no he pedido que me salvéis— respondió Luci.
—Perdona guapa, pero creo que deberías estar un poco más agradecida. Tendrías una bala en el cráneo si no llega a ser por nuestra llegada. No es necesario que nos hagas una fiesta, basta con un simple gracias— Jonás hizo una pausa y miró a Eloy —Los llevaremos al cuartel general. Avisa al grupo de Elena, diles que vamos. Que nos esperen en el punto de encuentro.
Eloy tomó un walkie talkie y comenzó a hablar con alguien. Parecía que estaban bien organizados. Cuando terminó, los miró a todos —Tenemos treinta minutos para llegar a la parada de metro de la Alameda. El grupo nos espera allí.
—Okay— respondió Jonás, entonces miró a Mishuro y a Luci —Vuestros amigos están ya de camino a nuestro refugio. Primero os llevaremos con ellos. Os recuperareis y después, podréis hacer lo que queráis. Si largaros o quedaros con nosotros.
—¿Y quiénes sois vosotros? — preguntó Luci.
—Nosotros somos la resistencia— respondió Jonás.
En ese momento, se vieron sorprendidos por la aparición de un hombre enfundado con una gabardina. Jonás y Eloy le apuntaron y levantó rápidamente las manos.
—Calma. Está conmigo. Este tío está conmigo. Es legal— respondió Luci cuando se dio cuenta de que se trataba ni más ni menos que de Juan.
Jonás bajó el arma y miró a Juan —Las presentaciones vendrán después. Ahora toca salir pitando de aquí. Tratarán de recuperarlo antes o después. Cuando eso suceda, será mejor que no estemos aquí. Vamos.

Alameda…
18:50 horas…

Llegaron a la parada de metro de la Alameda y bajaron los escalones rápidamente. Estaban cansados, pero no había tiempo para descansar. Llegaron a los andenes y allí se encontraron tres vagones de metro conectados entre sí. Delante de ellos, había gente armada y enfundada en trajes que parecían militares.
—Os estábamos esperando— dijo una chica de pelo lardo teñido de rosa y rapado por una parte de la cabeza. Esta dirigió su mirada de ojos color miel hacia Luci, Mishuro y Juan —Y estos son…
—Este es Mishuro— dijo Jonás señalando al joven japonés. Después señaló a Juan —El aún no se presentó y ella…— señaló a Luci —Ella es la alegría de la huerta… Os llevareis como un guante.
—Muy bien. Todos a bordo. Moved el culo— ordenó la chica.
Todos los que allí se encontraban comenzaron a subir a los vagones. Segundos después, el tren comenzó a moverse ante el asombro de los recién llegados.
—¿Sorprendidos? — preguntó Jonás con una sonrisa.
—¿Hacia dónde nos dirigimos? — preguntó Luci.
—Pararemos en Ángel Guimerá. Desde allí nos dirigiremos al jardín botánico de Valencia. Es nuestro refugio. Ahora tomad asiento y relajaros — dijo la chica con el pelo rosa.
Mishuro se sentó al lado de Luci. Tenían mucho de qué hablar. La miró y sonrió —Menudo lio en el que nos hemos tenido que encontrar ¿Eh? Nunca me lo hubiese esperado.
—Nunca sabes a donde te llevará la vida— respondió Luci.
Mishuro observó a todos los presentes en los vagones, no había muchas personas, pero al parecer, esos pocos habían bastado para salir airosos de una incursión en territorio enemigo. Eso, al joven japonés, le daba la pista de que no eran unos cualquiera, y que, para llegar a esos mismos momentos, habían pasado mucho. Quizás, mucho más que ellos.
*****
Juan se acercó al que parecía llevar la voz cantante. Se trataba de ese hombre de pelo castaño llamado Jonás. Este se encontraba cerca de la cabina del conductor limpiando su arma. Se sentó junto a él y de su boca, salió una única pregunta.
—¿Cuál es vuestra historia?
Jonás lo miró con una media sonrisa —Exactamente la misma que la de todos supongo. Un grupo de supervivientes que se ha unido para salir adelante.
—Sois los rebeldes de los que hablaban por walkie… Lo escuché precisamente hoy… Se la teníais jurada a Snyder ¿Por qué? — preguntó Juan, aunque prácticamente conocía la respuesta.
Jonás comenzó a hablar —Cuando Snyder comenzó a hacerse con el poder, fueron muchas las comunidades de supervivientes a las que acudió para que se unieran a él y de algún modo, fueran simples esclavos. Nosotros estábamos dentro de un colegio en esos momentos…
—Os negasteis… Y hubo represalias— dijo Juan. Jonás al escuchar eso, asintió.
—Nos negamos y aquel mismo día nos masacraron. Sobreviví junto a dos personas que ya no están aquí. Después conocí a los demás— Jonás señaló con la cabeza a la chica de pelo rosa, la cual, estaba más apartada del resto —Elena estaba refugiada en el club donde trabajaba al lado de la autopista. Había otras chicas con ella y Snyder lo sabía. Una noche entraron en el club y se las llevaron. Solo ella tuvo suerte. Se escondió. Eloy… Era uno de los guardas del Mestalla, las cosas iban muy bien allí, hasta que Snyder puso sus ojos sobre ellos. Todos tenemos nuestra historia ¿Cuál es la vuestra?
—El único que tiene una historia cercana con Snyder soy yo. Yo era de los que sobrevivía en el Espai Verd. Al puto enano no le gustaba que viviésemos como queríamos y decidió que era mejor erradicarnos— Juan miró a Luci —Ella no es ni siquiera de alguna de las comunidades de Valencia. Ella vino aquí buscando a su hija.
—¿La encontró?
Juan asintió —Pero lo hizo demasiado tarde. La madre de acogida de la niña, la mató a ella y a sus otros hijos para evitarles sufrimiento cuando los hombres de Snyder nos atacaron.
*****
—¿Y tú espada? — preguntó Mishuro al ver que Luci no la llevaba con ella.
—Está en un sitio seguro. La recuperaré más tarde ¿Qué pasó con la tuya? — preguntó Luci al ver que el tampoco llevaba la suya.
—En mi caso, no está tan claro que la recupere. Tuve que dejarla en la entrada para poder entrar, pero valió la pena, porque te encontré a ti— entonces Mishuro sintió curiosidad por el arco de poleas que su amiga llevaba —¿Y ese arco?
Luci se lo descolgó y se lo enseñó —¿Te gusta? Lo gané en una especie de concurso allí dentro. Lo malo es que gasté todas las flechas intentando cazar a Snyder. Aunque le he dado buen uso, las cosas como son. Ahora, voy a tener que fabricarme flechas, no creo que sea muy difícil.
El tren comenzó a detenerse. Habían llegado a su destino. Las luces se apagaron y el conductor salió de la cabina, era una chica muy blanca de piel y delgada. Su cabello era rubio y parecía bastante joven. Quizás unos diecinueve o veinte años.
—A los nuevos. Os presentó a Natalia Salamanca, pero todos la llamamos Skynet, por su gran control sobre todo tipo de máquina. No le gusta demasiado— dijo Jonás sonriendo mientras la chica mostraba muecas —Bromas aparte. Hemos llegado a final de trayecto. Seguidme.
Todos salieron del vagón y comenzaron a caminar por el andén, pero no tardaron en bajar a las vías. Recorrer unos metros de túnel y adentrarse por un agujero que había en la pared.
—¿Dejáis el tren ahí? — preguntó mientras se alejaban de los vagones.
—Nadie más salvo nosotros baja aquí— respondió Jonás encendiendo su linterna.
El agujero daba a un túnel no demasiado largo que tenía su otro extremo en las alcantarillas. Salieron a un espacio abierto bajo tierra y miraron arriba, donde había unas trampillas de hierro, por las que, a través de ellas, veían deambular a caminantes.
—Vamos. Es por aquí— indicó Jonás entrando en otro agujero. Todos lo siguieron mientras él hablaba —La superficie no es segura. Así que para movernos usamos las alcantarillas y los agujeros que nosotros mismos hemos hecho. Además, esta es la única manera de entrar y salir del jardín botánico. Nos llevó varios meses llevar a cabo estas excavaciones.
—¿Y el camión en el que se fueron mis amigos? — preguntó Mishuro refiriéndose a Jordi y Sandra.
—Los equipos que usaban vehículos van al mismo sitio. Se trata de una entrada a los túneles. No te preocupes, tus amigos están allí esperándote.
Salieron a otras alcantarillas, recorrieron un largo pasillo y se vieron alumbrados repentinamente por unos focos que los cegaron. Rápidamente, Jonás hizo un gesto —Gorka. Somos nosotros.
Los focos redujeron la iluminación y un chico joven salió a su encuentro. Tenía el pelo negro y a media melena. Lo que más llamaba la atención de él, eran los piercings que llevaba en labios y nariz. También podían verse tatuajes, aunque cubiertos por la ropa, era de esperar que los tatuajes le recorrieran los brazos y parte del torso, seguramente también por la espalda.
El chico miró primero a sus compañeros y después a los nuevos. A ellos los miró con desconfianza —Y estos… ¿Quiénes son?
—Están en nuestro bando. No te preocupes ¿Llegaron los otros?
Gorka asintió —Están arriba ya.
Jonás hizo un gesto para que lo siguieran y comenzaron a subir por una escalera de mano. Cuando Luci subió, se encontró en medio de los jardines del botánico. Solo que con ciertas modificaciones. Algunas de las parcelas habían desaparecido, en su lugar habían montado establos y corrales.
—Es una pasada ¿Verdad? — preguntó Jonás —Bienvenidos al cuartel general de la resistencia de Valencia.

Jardín Botánico de Valencia…
Cuartel general de la Resistencia…
19:40 horas de la tarde…

Luci, Mishuro y Juan fueron conducidos por Jonás. Les estaba mostrando como eran las cosas allí. Lo que veían mirasen donde mirasen, era el resultado del trabajo de varios meses.
—¿Y no os preocupa que os descubran? — preguntó Luci mirando hacia arriba —Si os sobrevolaran…
—Nunca nos han visto. De todos modos, en caso de ser atacados, tenemos varias rutas de escape y lugares en los que asentarnos. Dentro y fuera de la ciudad— respondió Jonás. Después, este siguió contando cosas del lugar, actualmente somos alrededor de cuarenta personas si os contamos a vosotros. Vivimos a base de cultivos y animales. La luz eléctrica la tenemos gracias a Natalia y los generadores.
Llegaron a una fuente y fue entonces cuando vieron rostros conocidos. Jordi y Sandra estaban allí. Cuando los vieron, corrieron a abrazarlos.
—¿Qué tal estáis? — preguntó Luci con una sonrisa al ver a Sandra.
—Estamos bien— respondió Sandra. Entonces miró a Mishuro —Jordi me contó lo de Yako y lo de su asesino.
—Lo siento. Se lo que significaba ese perro para ti— respondió Mishuro al mismo tiempo que pensaba en Damián y en que lo habían dejado en un piso. Probablemente moriría solo.
—Espero que ese cerdo muera lentamente— dijo Sandra refiriéndose a Damián.
—Hay una cosa más— dijo Jordi —Ahora vengo. Es una sorpresa.
Jordi se marchó de allí y al poco regresó empujando una silla de ruedas. Las caras de Luci y Mishuro se iluminaron cuando vieron que se trataba de Amelia. Corrieron a su encuentro y la abrazaron.
—Para mí también fue una sorpresa cuando la vi— dijo Jordi. Mishuro lo observó y lo vio inmensamente feliz. Después de todo, estaban teniendo un final feliz.
—Parece que tenéis cosas que contaros. Poneros al día. Yo voy a dar parte a nuestro líder. Luego os lo presentaré.
Después de eso, Jonás se alejó seguido de cerca por Eloy y por Elena. Iban en dirección a lo que parecía el edificio principal del jardín botánico.

Hospital clínico de Valencia…
20:00 horas de la noche…

Jonah Snyder bebió un trago de wisky mientras le extraían la flecha que le habían clavado. Le había atravesado de lado a lado, pero había tenido la suerte de que no le afectara ningún punto vital. Ciertamente le había ido de un pelo. No sabía quién se la había lanzado, pero hasta sus oídos había llegado el rumor de que había sido una chica.
—Esto ya está— dijo su médico particular —Ahora coseré la herida y le recomiendo tomarse antibióticos durante varios días. Por el momento, será mejor que se quede aquí.
—Quiero volver a mi casa— dijo Snyder dando otro trago —Hay que recuperar lo que es nuestro.
—Ya tenemos a hombres trabajando en ello. Los daños no han sido muy graves y pronto estarán arreglados. Aunque hemos perdido el palacio… Aunque no es importante— dijo uno de los dos guardaespaldas.
—Hemos perdido mucho más que eso— respondió Jonah Snyder —Hemos perdido la confianza de nuestros aliados. Nos costará una vida entera volver a ser lo que éramos. Nos han dado bien… Y esto no quedará así. Los que nos han atacado y nos han jodido, son los rebeldes, y estos, se ocultan en algún punto de esta ciudad. Tenéis que encontrarlos, aunque tengáis que quemar la ciudad. Dad con ellos cueste lo que cueste y destrozadlos. Que se den cuenta de que con “El bebé” no se juega.

Jardín botánico de Valencia…
22:00 horas…

Luci, Jordi, Amelia, Sandra, Mishuro y Juan fueron conducidos por Jonás hasta un salón del edificio principal y les pidieron que se quedaran de pie ante una escalera. Al poco rato, por ellas descendió un hombre ataviado con un batín. También llamaba la atención el puro que iba fumando. Amelia lo reconoció al instante, era el mismo hombre de acento alemán que la había sacado del furgón donde la transportaban horas antes, el hombre al que le debía la vida.
Jonás se adelantó a hablar —Os presento a Adler Wolf. Nuestro líder.
—Sed bienvenidos. Espero que este lugar sea de vuestro agrado y que os quedéis todo el tiempo que deseéis. Aunque me gustaría que os quedarais. Siempre es bueno contar con la ayuda de más gente, ya que estamos metidos en medio de una guerra, como habéis podido observar.
—Gracias por acogernos aquí y darnos este descanso, lo cierto es que lo necesitábamos— dijo Luci tomando la voz cantante del grupo —Pero debemos rehusar lo de quedarnos. Lo he estado hablando con mis compañeros y ya tenemos un sitio en el que quedarnos. Sé que nos han hecho un favor y se les devolverá cuando sea necesario, pero no queremos vernos metidos en esto. Quisiéramos volver a nuestro hogar lo antes posible.
—Me parece correcto. Que así sea— respondió el alemán. Este miró entonces a Jonás —Mañana quiero que los escoltéis hasta su hogar.
—Si señor— respondió Jonás.

Día 15 de enero de 2018…
Jardín botánico de Valencia…
04:00 horas de la madrugada…

Jonás fue llamado a la habitación de Wolf en la madrugada. Debía ser algo importante, porque prácticamente nadie tenía permitido ir a ese lugar. Cuando lo llamaron, se sintió pletórico, el hombre que les había salvado la vida y al que el admiraba, quería una audiencia con él.
Llegó a la puerta de la habitación y tocó con los nudillos, segundos después, la voz de Wolf le dijo que pasara. Cuando Jonás entró, vio la habitación por primera vez. Había una gran alfombra en el suelo, con bordados dorados. También había una cama grande en el fondo y ante él, varias estanterías llenas de libros, ante estas, una mesa y dos sillones, Wolf estaba sentado en uno de ellos.
—Siéntate por favor.
Jonás asintió y caminó hasta sentarse frente a su líder. Rápidamente, este le ofreció un puro y una copa, Jonás las aceptó sin dudar.
—Es un verdadero honor que me haya llamado señor…— las palabras apenas le salían a Jonás —Si hay algo que yo pueda hacer. Cuente con ello.
—Mañana, junto a un grupo, acompañareis a Luci y a sus amigos allá donde quiera que esté su hogar. Después, quiero que los tengáis vigilados— respondió Wolf.
Eso sorprendió mucho a Jonás, pero no contradijo a su líder, se limitó a asentir. Entonces, Wolf se levantó del sillón dándole la espalda a Jonás —No sabemos realmente las intenciones de esta gente. No están ni con “El bebé” ni con nosotros. No se posicionan y eso es peligroso. Quiero tenerlos controlados y actuar si sus intenciones no nos favorecen. Aquí solo puede haber dos bandos… Y finalmente, solo quedará uno. No debe haber cabos sueltos.
—Si señor… A sus órdenes.
—Muy bien Jonás. Eso es lo que yo llamo lealtad— dijo Wolf girándose con una gran sonrisa en sus labios.