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Gracias y bienvenidos al blog. En este blog podréis leer desde el principio la historia titulada Zombies (Esta vez corregida y mejorada), a la que le seguirán sus secuelas: Necroworld y The Survivors Land. En ellas, seguiréis el periplo de un grupo de supervivientes que iniciarán su historia en el pueblo Valenciano de Puzol, pasando por Valencia capital, Barcelona y Madrid. Un periplo que les llevará hasta los Estados Unidos. Esta historia es probablemente la historia de Zombies más larga de la red, ya que cada una de sus partes, cuenta con 200 capítulos en su totalidad. Si te gusta, sígueme en el blog y mis redes sociales, contacta conmigo por Email y suscribete via Email en la pestaña Email address para estar informado de las publicaciones. Esta historia también puede leerse en Wattpad.

domingo, 21 de enero de 2018

ZOMBIES: Capitulo 003 Solos

Capítulo 003
Solos

Día 16 de junio de 2017…
Centro comercial de Puzol…
07:00 horas de la mañana…

Félix se encontraba en la terraza del centro comercial en el que él y otros, se habían refugiado durante la noche. Él, había cogido unos botes de pintura y con una escoba, estaba marcando la palabra S.O.S en letras muy grandes, para que, los helicópteros, que aún seguían volando, supieran que estaban ahí. Que pudieran sacarlos en algún momento.
— ¿Te ayudo? — la voz de Manuel, hizo que Félix se diera la vuelta para mirarlo.
Manuel tenía el pelo ondulado tirando a melena y oscuro. No lo conocía mucho, de hecho, lo había conocido la tarde anterior y habían estado hablando durante toda la noche. Él, junto a su novia Rosa formaban parte de un grupo de unas veinte personas.
—Si. Vamos a necesitar mucho más que un mensaje de S.O.S… Esto solo lo verán desde arriba. Quizás deberíamos colgar unas pancartas por los laterales. Que nos vean desde distintos puntos.
—Tienes iniciativa y eso me gusta. Estamos aquí y hasta que vengan a ayudarnos, deberíamos colaborar entre todos para que la estancia aquí mientras dure, sea lo más amena posible… Pero otros están como si estuviesen de vacaciones— respondió Manuel.
—No podemos quedarnos de brazos cruzados— dijo Félix pasándose la mano por el cabello rubio y corto. —Para lo de las pancartas, puedes volver a la sala de cine y coger uno de los carteles más largos. Escribiremos la frase “Vivos dentro” …
En ese momento, una chica rubia llamada Jana irrumpió en la terraza, rápidamente corrió hacia Félix —Lidia me ha pedido que venga a buscarte. Quiere hablar contigo.
Félix asintió y miró a Manuel —¿Sigues tú?
—Si. Ve tranquilo— respondió Manuel.
Félix dejó la terraza junto a Jana y comenzó a bajar unas escaleras que daban al interior del edificio. La situación del centro comercial era complicada, este no era demasiado grande. Contaba con tres plantas y una planta baja, salvo las dos últimas plantas, todo el centro comercial estaba plagado de No Muertos. Ellos, los supervivientes, habían logrado contener todos los accesos a las dos últimas plantas y las habían bloqueado. El parking del centro comercial y los alrededores de este, eran un ir y venir de aquellos seres. Afortunadamente, la cantidad de muertos allí no era muy grande, debido a que estaban en las afueras de Puzol. Cerca de ellos no había más que un polígono industrial y un colegio británico.
Llegaron a la tercera planta y caminaron hasta una de las tiendas, allí se encontraron con uno de los chicos que al igual que otros se habían refugiado allí. El muchacho de no más de dieciséis años, estaba asomado por una de las barandillas, observando a los No Muertos de la planta baja, que podían verse desde allí. Cuando el muchacho los vio llegar, se apartó de la barandilla y fue a recibirlos.
— ¿Tienes algo de tabaco?
—No fumo tío— respondió Félix —Y tú tampoco deberías, eres muy joven como para estar matándote con esa mierda.
Jana y Félix entraron en una de las tiendas. La cual, era de colchones y edredones. Una vez dentro, caminaron hasta el fondo de esta y se encontraron con Lidia, una muchacha morena de cabello oscuro y ojos verdes como esmeraldas. Se encontraba sentada junto a una cama, frente a una mujer de cuarenta y pocos años. En la cama, el hijo de esta mujer, permanecía inmóvil, pero respirando agitadamente y tiritando de frio. El brazo derecho del niño estaba por fuera de la manta y vendado, aunque por el aspecto sucio de los vendajes, iban a tener que cambiarlos de un momento a otro.
—Dime— dijo Félix plantándose frente a la cama. Trató de no mirar al niño, le causaba pesar verlo en ese estado.
Lidia miró a la mujer —Carmen. Jana se quedará contigo. Yo voy a hablar con Félix.
La mujer asintió y Lidia se levantó. Agarró a Félix del brazo y lo sacó de la tienda, salieron a los pasillos y junto a una tienda de videojuegos comenzó a hablarle.
—El niño no está bien. Creo que podría estar infectado. Sus síntomas así me lo hacen pensar. Me preocupa que no pase de hoy.
— ¿Y para eso me has llamado? Yo no soy médico… Tu si… Cirujana nada menos— respondió Félix —No puedo hacer nada.
—No. Te he llamado para otra cosa. Puede que con antibióticos logremos bajarle la fiebre… Si logramos bajársela, puede que le salvemos la vida. El problema es que no tenemos antibióticos. Deberíamos ir a la farmacia a buscarlos y ni aun así estoy segura de…— Félix la interrumpió.
—La farmacia… En la planta baja…
Lidia asintió —Por eso te necesito. Lo he intentado con todos y nadie quiere arriesgarse. Carmen no quiere apartarse de su hijo, está rezando todo el rato y cree que así lo salvará.
—Entonces a ver si lo pillo. Yo soy el único al que te queda por convencer ¿Tengo cara de querer morir? Entiéndeme, no quiero que el niño se muera, pero lo que me pides que haga… Es demasiado…  La primera planta está llena de muertos vivientes. No lo lograríamos… Y aunque lo lográsemos… Puede que no llegásemos a tiempo— dijo Félix —Además… Al niño lo mordieron… Y ya viste lo que pasa.
—No pienso dejar morir al niño. Hay que intentar por todos los medios que eso no ocurra. Se lo que pasa cuando te muerden, pero quizás podamos salvarle la vida si logramos administrarle antibióticos. Por favor Félix, eres el que más confianza me transmite aquí. De sobra lo demostraste ayer.
Félix entendía muy bien a su compañera. Entendía muy bien lo que sentía como médico, pero él, sabía que no por muy médico que fuera, no podía salvar a todo el mundo.
—Lo siento Lidia, pero la respuesta es no. Solo nos queda aceptarlo. Es demasiado peligroso. No arriesgaré mi vida, ni la de nadie por intentar algo que ambos sabemos que tiene papeletas para no salir bien. Lo lamento de verdad. Ahora, voy a ir a hacer lo que estaba haciendo, ya que es posible que aun puedan salvarnos.
Félix se alejó de Lidia con intención de regresar a la terraza, pero cuando nadie lo veía, se paró, se apoyó en una pared, se dio la vuelta y golpeó la pared con el puño, lo hizo varias veces, hasta que le sangraron los nudillos. Él no quería que el niño muriese, pero al igual que Lidia, él sabía que el mordisco, una vez ocurría, no había vuelta de hoja.

Día 15 de junio de 2017…
Puzol… 12:35 horas del mediodía…

Félix salió escoltado de su casa por dos militares. Cuando salió a su calle, la cual se encontraba en la parte central del pueblo, vio varios camiones militares y a multitud de soldados del ejército español, haciendo subir a la gente a los vehículos. El, era de los muchos que habían tomado la decisión de acudir a los puntos seguros del pueblo mediante los militares, la otra opción, era ir por sus propios medios.
Subió al camión y se sentó junto a un hombre que tenía un aspecto lamentable, no parecía que se encontrara muy bien. En el brazo tenía una herida medio cubierta por la manga de su camisa.
Uno de los militares dio en ese momento unos golpes en la parte trasera y el camión donde se había subido, comenzó a moverse. Miró una última vez a la puerta que daba al interior del bloque de viviendas donde había vivido los tres últimos años, los militares estaban precintando la puerta desde el exterior, nadie que quedara dentro iba a poder salir.
El camión llegó a las puertas del polideportivo del pueblo. Durante el trayecto que les había llevado unos diez minutos, Félix había visto de todo. Gente que por su propio pie trataba de llegar a los puntos establecidos, puertas que estaban siendo precintadas… Y lo peor de todo, cadáveres.
La entrada del polideportivo era un hervidero de personas a ambos lados de las vallas que formaban un camino para la entrada de los vehículos. Allí, a diferencia de los que iban a bordo de los vehículos, los que trataban de acceder por las puertas, estos debían mostrar su carné de identidad. A Félix y a los demás, ya se lo habían pedido antes de subir.
El camión cruzó las puertas y se detuvo junto al edificio cubierto que albergaba el campo donde se jugaba a baloncesto. Nada más detenerse el vehículo, comenzaron a bajar. Fue entonces cuando un soldado de unos cuarenta y tantos años, delgado y con una gorra que no dejaba que se le viera el pelo, se presentó ante ellos.
—Soy el sargento Lucas. Bienvenidos. Dentro de un rato se les asignará una tienda de lona. Allí es donde permanecerán hasta que esto se solucione. También se les entregará una hoja de papel con las normas que deben seguir, si las cumplen a raja tabla, no habrá problemas para nadie ¿Alguna pregunta?
— ¿Cuánto tiempo permaneceremos aquí? — preguntó una chica joven del grupo.
—Por un tiempo indefinido— respondió el sargento.
En ese momento, vieron como estaban cerrando las puertas de acceso al lugar. Eso hizo que la muchedumbre que estaba fuera, estallara en gritos y abucheos a los militares que no les estaban dejando pasar. Félix comprendió enseguida que sucedía. No había sitio para todos. Entonces un nuevo ruido le hizo levantar la vista, varios helicópteros militares se preparaban para tomar tierra, lo harían en el mismísimo campo de futbol.

Polideportivo de Puzol…
13:00 horas…

Lidia se apresuró a quitarse el cinturón de seguridad, pero el militar que tenía en frente le hizo un gesto con la mano.
—Todavía no. Espere a que aterricemos doctora.
Lidia se apartó un mechón de pelo y lanzó un suspiro. No quería estar allí, ella pensaba que haría más falta en el hospital, donde se habían quedado su mentor, el doctor Alejandro Sánchez y su novio Nacho. Aunque ellos, tarde o temprano, serían sacados de allí y llevados al mismo polideportivo o a otro punto seguro del pueblo. Dentro de poco, el hospital quedaría vacío, ya que no era un lugar seguro y todos los esfuerzos médicos iban a concentrarse fuera de él, algo que, a Lidia, le parecía un error.
El helicóptero finalmente tomó tierra y Lidia finalmente se quitó el cinturón, se levantó rápidamente y salió, piso el césped del campo de futbol y respiró hondo. Detestaba volar.
Rápidamente se dio la vuelta para mirar al resto de helicópteros que llegaban, en ellos, iban más compañeros suyos y una gran cantidad de pacientes con diferentes dolencias, aunque ella, estaba más preocupada por los bebés y las embarazadas que muy pronto darían a luz.
Escuchó mucho follón fuera y vio correr a varios militares. Entonces miró al militar que había tenido frente a ella desde el momento que abandonaron la azotea del hospital. El, era un chico joven, aunque tenía una poblada y pelirroja barba. Aquel muchacho se había presentado como Álvaro.
— ¿Qué está pasando? ¿Por qué hay tanto follón?
—No dejan entrar a nadie más. El polideportivo está lleno. Hay incluso demasiada gente. Tratarán de llevar a esas personas a otro de los refugios. El número de personas supera ampliamente el número de habitantes del pueblo— respondió el joven soldado.
El walkie del militar sonó en ese momento, él se alejó un poco y entonces, Lidia escuchó algo que parecían disparos. Iba a decir algo, pero entonces, el militar le dijo que lo siguiera. Ella y otros médicos de distintas ramas, fueron conducidos al interior del pabellón, donde se estaban instalando una gran cantidad de camillas. Un lugar donde las embarazadas, estaban siendo apartadas del resto. Cuando Lidia vio aquello, se dio cuenta de que, si la situación duraba mucho y/o empeoraba, iban a tener muchos problemas a la hora de garantizar el buen estado de los enfermos y de los recién nacidos que ya habían llegado y que estaban por llegar.

Día 16 de junio de 2017…
Centro Comercial de Puzol…

Lidia no estaba dispuesta a esperar más. Tenía que intentar salvar a ese niño que se debatía entre la vida y la muerte. Era una forma de redimirse de lo ocurrido el día anterior. Se parapetó bien, para evitar un posible mordisco, se enrolló brazos y piernas con goma espuma y cinta aislante, lo bastante gruesa para que los dientes de los muertos no la traspasaran. Después, se armó con una barra de hierro, la cual, los dueños de las tiendas del centro comerciar, utilizaban para subir las persianas metálicas de forma manual. Cuando estuvo lista, salió de la tienda y comenzó a caminar por el pasillo, miró por el rabillo del ojo a algunos de los que estaban allí, los cuales, algunos bajaron la mirada, quizás por la vergüenza de haberse negado a ayudarla. Vio a Alex y a Rosa, ellos estaban hablando y al verla, guardaron silencio. También vio a Tomás y a Julián, ellos, sin embargo, no bajaron la mirada, solo la miraron con atención.
—Mirar es más fácil que intentar ayudar ¿Verdad? — les reprendió ella.
—Tu procura no meternos en un lio— le respondió Julián.
Desde la noche anterior, tras el incidente en el polideportivo, ella se dio cuenta de que entre todos los allí presentes, aquellos dos tipos no hacían nada por nadie, eran mezquinos e hipócritas. Ella, sin embargo, pese a eso, no los dejó atrás, cuando quizás, debió hacerlo.
Lidia ignoró a aquellos dos y se dirigió al punto por el que accedería a la planta baja, allí donde se encontraba la farmacia. La alcanzaría usando las escaleras de la salida de emergencia.
*****
Félix regresaba al interior del centro comercial tras terminar lo que estaba haciendo en la terraza. Ya estaba todo puesto, si algún helicóptero o alguien pasaba por allí, por necesidad iban a ver que allí dentro había gente.
Llegó a los pies de las escaleras y vio a Lidia caminando, le pareció que les decía algo a Tomás y a Julián, después prosiguió su camino. Félix no miraba con buenos ojos a aquellos dos tipos, eran egoístas y vivían en su mundo.
Félix llegó la tienda donde estaban aquella madre y su hijo, nada más entrar, vio a Rosa hablando con Carmen, vio también al niño y lo que vio, hizo que se le partiera el alma, fue en ese momento cuando tomó una decisión. Si había una posibilidad de salvar a ese niño, que todavía tenía toda la vida por delante, tendrían que intentarlo.
*****
Lidia llegó a la planta baja mediante las escaleras de la salida de emergencia. Se encontraba parada delante de las puertas dobles que daban a los pasillos de la planta baja. Una vez las abriese y las cruzase, no habría vuelta atrás. Respiró hondo y dio un par de pasos firmes, agarro la barra y se dispuso a abrir, entonces escuchó una voz a sus espaldas. Cuando se dio la vuelta, se encontró cara a cara con Félix.
—¿Qué haces aquí? Creí que opinabas que no había nada que hacer por ese niño— dijo Lidia.
—Así es, pero luego me di cuenta de que no podemos dar las cosas por perdidas tan rápidamente, después vi a esos dos imbéciles que te vacilaron… Me di cuenta que no quería ser como ellos— respondió Félix. —Ahora hagamos esto.
Félix y Lidia se acercaron a la puerta y con sumo cuidado comenzaron a abrirla. El, fue el primero en asomarse levemente para comprobar que no tuviesen caminantes ni delante ni a los lados. Retiró la cabeza y miró a Lidia.
—Despejado.
Ambos cruzaron la puerta y la cerraron detrás de ellos. Afortunadamente y como habían comprobado antes, era una puerta muy pesada y ninguno de aquellos seres sería capaz de abrirla. Esa era su mayor ventaja frente a los caminantes.
Lidia y Félix comenzaron a caminar, escondiéndose detrás de las papeleras y asientos, lo hacían cada vez que veían a uno de aquellos seres. De vez en cuando, se tenían que parar cuando veían a un pequeño grupo pasar. Los caminantes eran lentos y uno solo no era un problema, pero cuando había varios juntos, eran un problema.
Félix y Lidia doblaron una esquina y rápidamente se pegaron a la pared. Desde allí podían ver la farmacia. Solo les quedaban unos metros. Fue en ese momento cuando Félix vio algo que le llamó la atención, se trataba de un caminante vestido de militar, el cual, a medida que caminaba, iba arrastrando un fusil.
—Hay que hacerse con eso. Nos vendrá de perlas— dijo Félix dándose la vuelta para mirar a Lidia —Hay que quitarle el fusil.
—Es arriesgarse mucho— respondió Lidia preocupada.
—Ya nos estamos arriesgando. Es solo acercarse por su espalda, quitárselo y salir corriendo. No me alcanzará si soy rápido— dijo Félix —Esa arma será una gran ayuda. Puede que incluso, gracias a ella, podamos despejar un poco este lugar.
Lidia asintió comprendiendo lo que su compañero quería decir, así que se pusieron manos a la obra. Ambos salieron rápidamente, acercándose a aquel ser por la espalda, intentando no hacer ruido. Félix fue quien se acercó más y se agachó, agarró la punta del fusil y tiró. Eso hizo que aquel infectado cayese de espaldas y los viese, rápidamente agarró a Félix del tobillo y trató de morderle. Aquello hizo que Lidia actuara rápidamente y con la barra de hierro, golpeara repetidas veces a aquel ser, pero no parecía hacerle ningún daño, pese a que los huesos del brazo habían comenzado a romperse. Al mismo tiempo, los muertos comenzaron a percatarse de la presencia de Lidia y Félix, eso hizo que comenzaran a caminar hacia ellos.
Lidia golpeó más veces y a la desesperada, fue en ese momento cuando golpeó al No Muerto en la cabeza, haciendo saltar trozos de cráneo y cerebro, dejando al infectado totalmente inmóvil, totalmente muerto.
—La cabeza…— murmuró Lidia
Sin responder, Félix se puso en pie, la agarró del brazo y corrieron hacia la farmacia. Una vez llegaron, Félix se paró frente a la puerta y miró a su compañera —Coge lo que necesites y salgamos de aquí pero ya.
Lidia no se lo pensó dos veces y entró dentro mientras Félix se quedaba allí, dispuesto a enfrentarse a aquellos seres si hiciese falta. Vio llegar a uno de los muertos, un chico joven teñido de rubio platino y con el pelo estilo cenicero. Félix le asestó una patada en el pecho y lo lanzó contra un par de aquellos seres que venían justo detrás, haciéndoles perder el equilibrio a los que venían detrás.
—Ya está— dijo Lidia saliendo por la puerta y cargada con unas bolsas de plástico.
Ambos rodearon el bancal de obra que tenían delante. Rodearon ese pequeño jardín, esquivaron a los muertos que había cruzándose en su camino y comenzaron a correr volviendo sobre sus pasos. No tardaron en llegar a las puertas de salida de emergencia. Entonces, estas se abrieron de par en par y Manuel, acompañado de Alex, salieron a recibirles. Rápidamente, cruzaron las puertas y las cerraron, no tardaron en escuchar los golpes al otro lado. Una vez a salvo, comenzaron a respirar agitadamente. Félix alzó la mirada y miró a sus dos compañeros.
—Creí que no nos ayudaríais.
—Bueno— comenzó a decir Alex mientras miraba a Félix —Os vimos hacer esto y no pudimos quedarnos quietos. Debimos acompañaros desde el principio.
Los cuatro descansaron unos segundos más y comenzaron a subir las escaleras de regreso a donde estaban. Lidia estaba pletórica, había conseguido muchos antibióticos. Así quizás, lograría mantener a aquel niño con vida.
Estaban llegando a la tienda cuando en ese momento vieron salir a Rosa y a Carmen, la chica más joven, Rosa, llevaba a Carmen del brazo, mientras, la madre del niño tenía una expresión de destrozo total, las lágrimas caían por sus mejillas. Cuando Lidia vio eso, dejó caer las bolsas, habían llegado tarde. Una vez más, habían fracasado en ayudar a quien lo necesitaba.
Lidia y Félix se adentraron en la tienda y caminaron hacia la cama donde estaba el niño. Cuando llegaron, vieron lo que tanto temían, el niño había dejado de respirar.
—Si hubiésemos hecho esto antes… Seguiría vivo…— se culpó Lidia.
—No hubiésemos conseguido nada. Ya estaba condenado, le mordieron. Quizás, aun habiéndole suministrado los antibióticos, no le hubiésemos salvado la vida. Solo alargársela un poco más— respondió Félix.
En ese momento, el niño comenzó a moverse, estaba volviendo… Y solo había una cosa que hacer. Lidia caminó hacia él, cogió unas tijeras de la mesita, sujetó al niño y las clavó a través de la cuenca del ojo del pequeño.

Día 15 de junio de 2017
Polideportivo de Puzol… 22:30 horas…

Las últimas horas en el polideportivo no habían ido bien, todo lo contrario, había ido todo a peor. Los enfermos habían comenzado a morir y a volver de la muerte. En pocos minutos, el polideportivo se había convertido en un baño de sangre. Cuando habían descubierto que los mordiscos eran un vector de infección, ya era demasiado tarde.
Lidia y un grupo de no más de veinte personas habían logrado escapar de allí, dejando atrás a bebés recién nacidos por los que no habían podido hacer nada, dejando imágenes en la retina de Lidia que jamás iba a olvidar. A duras penas y ayudada por un chico que había conocido allí llamado Félix, habían logrado escapar del polideportivo a bordo de un camión militar.
Condujo durante casi una hora y finalmente habían acabado llegando al centro comercial de Puzol, situado en las afueras del pueblo, allí, decidieron pasar la noche y durante el transcurso de esta, decidieron que lo mejor que podían hacer, era permanecer allí hasta que, con suerte, las cosas mejorasen, pero de momento, estaban solos.

Día 17 de junio de 2017…
Centro comercial de Puzol… 00:15 horas…

Félix salió a la azotea del centro comercial. Era de noche y esta, era bastante fresca. Caminó intentando no hacer ruido al pisar la gravilla y evitando pasar sobre el enorme S.O.S. Fue entonces cuando escuchó un sollozo, eso lo hizo buscar rápidamente el origen de aquel ruido y enseguida dio con el responsable. Se trataba de Lidia, esta estaba sentada apoyada en un tubo de ventilación y estaba dándole un trago a una botella de Bourbon.
—Si Tomás te ve con eso, se abalanzará sobre ti como un león se abalanza sobre una gacela— dijo Félix avanzando hacia ella y sentándose a su lado — ¿Qué demonios haces aquí? Desapareciste después del funeral y no apareciste ni para cenar.
—Necesitaba estar sola. Eso es todo… Y olvidar…— respondió Lidia pretendiendo darle otro trago a la botella, pero Félix se la quitó y fue el quien le dio un trago.
—Olvidarías ahora, pero mañana volverían los recuerdos acompañados de una buena resaca.
—Supongo… Pero algo es algo. Ya no es solo lo ocurrido en el polideportivo, lo del hijo de Carmen… Es mi familia, es mi novio. El cual si no ha pasado nada… Debe estar en el hospital todavía… Quizás, si bebo hasta quedar inconsciente, olvidaré la idea que no deja de rondarme— Lidia le quitó la botella a Félix y bebió nuevamente.
—Escucha. Si quieres ir allí, no puedo dejar que lo hagas sola. Si quieres ir, yo iré contigo. Puede que siga allí, escondido. No sé, es imposible que estemos solos en el pueblo. Alguien más tiene que haber ahí fuera— respondió Félix.
— ¿De verdad harías eso?
—Debemos buscar la esperanza. Así que si… Cuando decidas ir, yo te acompañaré, pero deja ya de beber— dijo Félix arrebatándole la botella. Seguidamente, se puso en pie y lanzó la botella por los aires. Esta pasó por encima de la barandilla de la azotea y seguidamente, se escuchó como esta chocaba contra el asfalto del parking, haciéndose pedazos. Fue en ese momento cuando Félix vio algo en la lejanía —Lidia— llamó a su compañera.
— ¿Qué pasa? — preguntó Lidia poniéndose en pie, pero Félix no respondió, ella vio por si misma lo que Félix estaba viendo. Se trataba de un grupo de luces que parecía que eran de navidad.
Félix sonrió y la miró — ¿Ves? No estamos solos. Hay más gente ahí fuera.



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