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Gracias y bienvenidos al blog. En este blog podréis leer desde el principio la historia titulada Zombies (Esta vez corregida y mejorada), a la que le seguirán sus secuelas: Necroworld y The Survivors Land. En ellas, seguiréis el periplo de un grupo de supervivientes que iniciarán su historia en el pueblo Valenciano de Puzol, pasando por Valencia capital, Barcelona y Madrid. Un periplo que les llevará hasta los Estados Unidos. Esta historia es probablemente la historia de Zombies más larga de la red, ya que cada una de sus partes, cuenta con 200 capítulos en su totalidad. Si te gusta, sígueme en el blog y mis redes sociales, contacta conmigo por Email y suscribete via Email en la pestaña Email address para estar informado de las publicaciones. Esta historia también puede leerse en Wattpad.

domingo, 11 de febrero de 2018

ZOMBIES: Capitulo 006 Pueblo Muerto

Capítulo 006
Pueblo Muerto

Día 18 de junio de 2017…
Caserón… 09:23 horas de la mañana…

Mateo nos condujo hasta el sótano del caserón y allí abrió un armario. De él, comenzó a sacar varias armas de fuego, entre ellas, unos rifles de caza con mira telescópica.
—No tengo licencia, lo sé. Espero que esto no me traiga problemas legales.
—Lo legal como que ahora mismo no importa ya mucho— dije yo al mismo tiempo que cogía uno de los rifles y me daba la vuelta para probarlo apuntando. Me di la vuelta y miré de nuevo a nuestro anfitrión —No se preocupe.
— ¿De dónde ha sacado esto?
—Mi hijo… El padre de Nora los compró hace años por Internet— respondió Mateo.
— ¿Dónde está el? — pregunté mientras tomaba un revolver de la mesa y comprobaba el cargador. Entonces, vi como la expresión de Mateo cambiaba por completo.
—El y su mujer murieron en un accidente de tráfico. Desde entonces me hice cargo de Nora. Nos ha costado mucho superarlo…— respondió Mateo mientras se pasaba la mano por los ojos para limpiarse las lágrimas que habían comenzado a salir. Fue cuando me vi reflejado en él.
—Puedo entenderle perfectamente. Yo perdí a mi hija el año pasado… La atropelló un coche y el conductor se dio a la fuga. Nunca lo cogieron— respondí mientras de nuevo pensaba en mi hija. Un pensamiento que nunca me había abandonado y que, en la mayoría de las veces, deseaba tener enfrente al causante para descargar sobre él, toda mi ira.
— ¿Cuántas podemos coger? — preguntó David probando una 9mm.
—Las que queráis. Aunque quizás nos basta con lo que tenemos. No es necesario que vayáis al pueblo a por más— dijo Mateo. Desde el principio había tratado de disuadirnos, pero David y yo habíamos tomado una decisión, y finalmente, él había cedido y nos había mostrado su pequeño arsenal.
—Si queremos defendernos no nos bastará con esto. Necesitaremos mucho más. Por eso queremos ir a la comisaria. Allí conseguiremos muchas más. No se preocupe, estaremos de vuelta antes de que se dé cuenta— dijo David cogiendo uno de los rifles —Yo me quedo con este. No pesa mucho y el retroceso no creo que sea mucho.
—Lo mejor será que no los necesitemos— respondí mientras me adjudicaba uno de los rifles. —Lo suyo es que entremos sin llamar mucho la atención.
Salimos del sótano y nos cruzamos con Cristina. Ella me miró — ¿Puedo hablar un momento contigo?
—Te espero fuera— dijo David dándome una palmada en el hombro. Seguidamente salió de la casa junto a Mateo.
Cristina y yo nos fuimos hacia la cocina y allí comenzó a hablarme. Aunque antes de que comenzase a hablar, ya sabía lo que iba a decir.
—No tienes por qué ir.
—No tendrían por qué ser muchas cosas, pero así estamos. Las cosas han cambiado mucho y no tienen pinta de mejorar. Nadie vendrá a ayudarnos. Estamos por nuestra cuenta y debemos protegernos contra a lo que pueda venir. No te tienes que preocupar. Volveré— respondí tratando de convencerla de que era necesario.
— ¿No puede ir otro? Que vaya Bernardo. Ese tipo solo bebe cerveza. No hace nada— respondió Cristina —Aún no se ha levantado. Seguro que sigue durmiendo la mona
—Ya te lo dije anoche… Yo no mandaría a Bernardo ni a comprar el pan. Esto tengo que hacerlo yo…— me corregí —Tenemos que hacerlo David y yo. Sé que no te parece bien, pero tienes que estar tranquila. Volveré, puedes estar segura de ello.
En ese momento Cristina se acercó a mí y me rodeó con sus brazos, yo también la abracé y le di primero un beso en la frente, después en los labios. Me separé un poco de ella y la cogí de la mano.
—Prométeme que volverás. No quiero perderte a ti también. Ya he perdido demasiado.
—No me perderás. Tranquila— respondí llevándola de la mano fuera de la cocina y saliendo del caserón. Una vez fuera, vi llegar una gran furgoneta de color blanco que parecía ser de mudanzas, la cual, conducía David. Esta se paró frente a nosotros y mi compañero se asomó por la ventanilla del conductor.
—Otro regalito de Mateo. Este hombre es una caja de sorpresas.
Vi llegar entonces a Mateo —La alquilé para trasladar cosas a este caserón. Supongo que ya no podré devolverla.
Miré de nuevo a Cristina, la abracé nuevamente y me encaminé hacia la puerta del copiloto. Mi mujer, mientras se acercaba a la ventana de David. El la miró.
—No te preocupes. Cuidaré de él. Te lo traeré sano y salvo.
Me subí a la furgoneta y David comenzó a conducir hacia fuera de la propiedad. Bosco abrió la puerta corrediza y la cerró cuando salimos. Mientras mi compañero conducía, yo miré al retrovisor para ver cómo nos alejábamos del gran caserón, sin saber si realmente íbamos a regresar. Estábamos a punto de adentrarnos de nuevo en un pueblo que estaba literalmente muerto.
*****
Leandro acompañó a Nora a su habitación. Esta había estado hablando con él durante la noche y le había prometido que le enseñaría el material sobre la pandemia que había estado reuniendo. Nada más entrar, pudo ver enseguida cuales eran los gustos de la chica. En la habitación, la cual era bastante grande, estaba totalmente llena de posters sobre series anime. También vio una estantería llena de mangas y libros. En el fondo de la habitación había una televisión de varias pulgadas, a la que había conectados varios sistemas, entre ellos un reproductor de Blu Ray y una consola XBOX.
—Muy interesante tu habitación. Me gusta… Es curiosa.
—Es un poco friki— respondió Nora señalando una estantería llena de figuras y en la que Leandro no había reparado todavía. —Pero bueno… Estas son mis aficiones…
—No te juzgo. De verdad que no. A mí también hay series anime que me gustan— dijo Leandro caminando hacia la estantería y cogiendo una figura que representaba a una chica con armadura. —En mi país… También tenía algunas figuras.
—Tu país… ¿De dónde eres? No lo has dicho.
—brasileño. Nací y crecí en Rio de Janeiro. Hasta que decidí venirme aquí con mi hermana. Dejando atrás muchos recuerdos y una vida que no me llevaba por buen camino— dijo Leandro dejando la figura en su sitio y dándose la vuelta.
— ¿Qué tipo de vida? — preguntó Nora.
—Bandas— respondió Leandro levantándose un poco la camisa y mostrándole un tatuaje que tenía en el pecho. En él podía leerse “Brasilia Dogs”.
—Supongo que no es fácil salir de eso ¿Te metiste voluntariamente? — preguntó Nora. Lo cierto era que todo aquello la llenaba de curiosidad.
Leandro negó con la cabeza —No. Fue mi primo Julio… El me metió… Y no, no es fácil abandonar una banda. Si pretendes dejarla… Y ellos te descubren… Te matan… No es un mundillo agradable. Por suerte logré escapar.
Nora abrió un cajón y de él, sacó un ordenador portátil. Esta lo enchufó a la luz y lo encendió. En pocos segundos, la pantalla del escritorio se mostró, ahí podían verse varias carpetas y programas.
—Es una suerte que tengamos luz. Tu abuelo pensó en todo— dijo Leandro tomando asiento junto a la joven.
—Mi abuelo pensó que en algún momento la luz comenzaría a fallar y compró unos paneles solares. Dijo que no iba a reparar en gastos— respondió Nora mientras llevaba el cursor hacia una de las carpetas y hacía un doble click.
La carpeta se abrió y mostró varias carpetas con títulos varios: “Videos”, “Capturas de pantalla”, “Información”, “Posts de foros”, “Facebook”, “Twitter” y así un largo etcétera…
—Veo que te interesaste mucho por el tema y que también fuiste previsora— dijo Leandro.
—Me imaginé que Internet tenía las horas contadas también… Así que me puse manos a la obra. Quería saber y aprender de todo lo que estaba pasando— respondió Nora.
—Bueno, pues veamos que podemos aprender de estos seres. Quizás algo que se nos pasó por alto— dijo Leandro con una sonrisa.
Nora le estuvo mostrando varias cosas interesantes. Cuando terminaron, Leandro se percató de algo que había dentro del armario. Se puso en pie y se acercó.
— ¿Qué es esto?
Nora miró a lo que se refería —Oh… Es una radio. Bueno… Iba a serlo. Era mi trabajo para clase de tecnología. Iba a ser mi sobresaliente, pero, el apocalipsis dejó la radio a medias y a mi sin mi merecido diez.
— ¿Puedo? — preguntó Leandro. Nora afirmó con la cabeza y entonces, el sacó la radio a medio construir del armario. La dejó sobre el escritorio y la observó con detenimiento. Entonces sonrió. —Creo que voy a poder arreglarla. Si lo consigo, es muy posible que podamos contactar con alguien ahí fuera. Alguien que pueda ayudarnos.
— ¿Crees que podrás? — preguntó Nora
—Estoy seguro… Si me ayudas— respondió Leandro mirando a la joven.
—Entonces… Pongámonos manos a la obra.
*****
Bernardo observaba al latino y a la niña desde el otro lado de la puerta, la cual, se había quedado entre abierta. Pasaba por allí cuando los escuchó hablar y se paró pensando que iba a ver algo interesante, pero no era así, solo hablaban de cosas que, a él, le parecían tonterías y de poco interés. Se apartó lentamente de la puerta y comenzó a andar por el pasillo, bajó las escaleras y se dirigió a la cocina, necesitaba beberse una cerveza.
Abrió la nevera y buscó alguna lata, pero no había ninguna. Buscó abriendo los cajones de más abajo, sin suerte. No encontrar una lata de cerveza le frustró tanto que cerró el frigorífico de un portazo y se acercó al fregadero para lavarse la cara, cuando terminó, alzó la mirada y miró por la ventana. Fue en ese momento cuando vio a Bosco hablando con Anna frente a la puerta de hierro. Vio que parecía que discutían, y cuando ella se fue, Bosco regresó a lo que estaba haciendo. Estaba vigilando.
Bernardo salió de la casa y se acercó a Bosco. Cuando el joven lo vio llegar lo saludó, sin embargo, Bernardo no respondió al saludo. Iba con otro pensamiento en la cabeza.
—Oye ¿Tienes idea de donde tiene el viejo la despensa? No está dentro de la casa. Estoy buscando una maldita lata de cerveza.
— ¿No quedan? — preguntó Bosco.
—No. No quedan. Puede que ese viejo tenga algunas ahí. Estarán seguramente calientes y sabrán a meados, pero la necesito— respondió Bernardo. —A ti también te vendría bien una.
—No bebo— respondió Bosco —Además. Ahora estoy de guardia. Juanma y David dijeron que no podemos bajar la guardia en ningún momento.
— ¿Juanma y David dijeron? ¿Y quiénes son ellos para dar órdenes? Sus placas policiales ya solo les sirven para hacer bonito. Aquí no son más que nosotros. Lo que digan me lo paso por los huevos— respondió Bernardo. —Tu deberías también tener un poco de personalidad… Hace un momento te vi discutir con tu novia ¿Por qué dejas que te trate así? Yo le hubiese cruzado la cara. Solo así se las domina.
—Nunca le pegaría…— respondió Bosco.
—Pues mientras sigas dejando que te trate así, tu no serás más que un pelele ¿A qué te dedicabas antes?
—Ella y yo éramos abogados— respondió Bosco.
— ¿Y cómo es posible que un abogado pase a ser un simple vigía? Ah… Espera… Por qué lo dijeron unos polis en el paro. Si yo fuese tú, les habría dicho que se metieran esa orden por el culo. ¿No te das cuenta?
— ¿De qué?
—Estábamos de puta madre hasta que llegaron ellos. Íbamos a nuestra bola… Llegan ellos y misteriosamente se hacen con el control del lugar… Y al viejo parece que le da igual. El muy imbécil no se entera… Ahora mismo, la nieta está con el latino en la habitación… No es asunto mío y me he callado, pero si fuera nieta o hija mía, esa mierda no se acercaría a ella. Me repugnaría que ese tipo le acercara la polla a la cría. Todo se ha desmadrado desde la llegada de esos estúpidos.
—No podemos echarles. Esta casa es de Mateo y el decide a quien acoge. Igual que hizo con nosotros— Bosco se dio la vuelta para mirar al camino y tratar de ignorar a Bernardo. Al cual había prácticamente calado desde el primer día. No le gustaba.
—¿Y por qué no lo hacemos? Hagámonos con el control del caserón. Seamos nosotros quienes manejen el cotarro y seamos quienes decidan los que se quedan y los que no. Es sencillo. Mateo es viejo y bastará con un par de hostias. La cría no moverá un dedo y al brasileño lo echamos de aquí de una patada en el culo. No tendrá huevos de volver.
—Lo que propones es una locura— respondió Bosco dándose la vuelta.
—Estas cosas son así… Llega un momento que quienes tienen el control se convierten en tiranos… Llegará un momento que, si quieren, tumbarán a tu novia sobre una mesa y se turnarán para meterle la polla mientras tú miras. Luego te obligarán a darles las gracias.
— ¿Por qué me dices esto a mí? — preguntó Bosco visiblemente incómodo.
—Porque creo que eres el único que es de fiar aquí. Ese viejo no durará mucho y sería capaz de suicidarse en cualquier momento… Llevándose a la nieta por delante— respondió Bernardo —Piénsalo. Te doy tiempo.
Bernardo se marchó de allí y Bosco se quedó pensando, dándole vueltas al asunto. Si las cosas se ponían mal, quizás debería pensar en sacar a su novia de allí. Desde luego no iba a hacer caso de todo lo que ese tipo dijera, de hecho, Bernardo le causaba un gran rechazo y no lo quería cerca, pero si las cosas se ponían mal, no iba a poner en ese peligro a Anna.
*****
Cristina se dirigía hacia la biblioteca del caserón. Necesitaba comenzar a leer un libro para olvidarse por un rato de toda la pesadilla que tenían encima. Mateo le había dicho que, en la gran biblioteca, tenía una buena selección de libros. Pasó justo por enfrente del cuarto de baño cuando escuchó un ruido que venía de dentro. Eso la hizo detenerse y escuchar con atención, fue entonces cuando nuevamente escuchó el ruido, el cual, enseguida identificó como el sonido de un vomito.
— ¿Estás bien? — preguntó Cristina pegándose a la puerta. Escuchó un nuevo vómito y luego la voz de Anna.
—Estoy bien…
Cristina no se lo pensó nada, abrió la puerta, entró dentro y volvió a cerrar la puerta. Fue entonces cuando vio a Anna junto al inodoro, con la cabeza sobre él. Tampoco tardó en notar el olor del vomito.
—¿Me puedes dejar sola? Se me pasará…— dijo Anna. Entonces volvió a vomitar.
—Si. No lo dudo…— Cristina se apoyó en la pared y se cruzó de brazos. —No creo que sea la consecuencia de una borrachera… ¿De cuánto estás?
—No sé de qué me hablas— respondió Anna.
—Cariño. Yo también he estado embarazada. Se lo que es levantarse con nauseas ¿De cuánto estás?
Anna dejó de vomitar y se fue apartando lentamente del inodoro, hasta quedarse apoyada en la bañera frente a Cristina. —De unas dos semanas creo, pero Bosco no lo sabe. No le dije nada por que pretendía dejarle… Luego pasó esto… No pasábamos un buen momento ¿Sabes? Ahora las cosas están mucho peor…
—Tener un hijo es lo más bonito del mundo. Es algo precioso. Yo tenía una hija…
Anna miró a Cristina y entonces vio las lágrimas en sus ojos. Eso le hizo temer lo peor, aunque no pudo evitar preguntar — ¿Qué le pasó? ¿Fue…?
—Fue hace un año. Un conductor la atropelló. Los médicos hicieron todo lo que pudieron, pero murió en quirófano. La echo mucho de menos, pero al menos no está viendo todo esto— Cristina se acercó a Anna, se agachó frente a ella y la cogió de las manos —Tú tienes la última palabra. Tú decides lo que hacer. Puede que esto se solucione o puede que no. Puede que nos venga un auténtico calvario… Pero, la vida que crece dentro de ti solo te traerá alegrías.
—Había pensado en abortar— respondió Anna —Pero eso ahora es imposible. Lo que me da miedo es el futuro que le espera a mi hijo. Me da miedo el parto.
—Si es necesario… Yo misma te ayudaré en el parto. No te preocupes. Si llegado el momento es necesario, estaré a tu lado— dijo Cristina con una sonrisa.
—Bueno… Ahora queda decírselo a Bosco. La verdad es que desde que esto comenzó, parece otro. No se ha apartado de mi ni un momento. Incluso arriesgó su vida por mí.
En ese momento, escucharon un nuevo ruido en la puerta. Ambas miraron hacia el origen de aquel sonido y vieron a Sonia en la puerta. Esta estaba de pie allí, mirándolas a ambas con la boca abierta y temblando. Parecía querer decir algo, pero la voz no le salía.
— ¿Estás bien? — preguntó Cristina.
Sonia no respondió. Se dio la vuelta y se marchó de allí rápidamente, dejando a Anna y a Cristina completamente confusas. No entendían nada de lo que había sucedido. Aunque, era evidente que algo le pasaba, algo que no estaba bien.

Puzol…
Comisaria… 10:50 horas…

Después de muchos rodeos y cambios de dirección, por fin habíamos llegado a la comisaria. Entramos por la puerta del parking, el cual, estaba al aire libre y luego la cerramos a cal y canto desde dentro. Solo así evitaríamos la entrada de esos seres, que de momento no había muchos, pero tanto David como yo, sabíamos cómo se podían poner las cosas en muy poco tiempo.
Preparamos las armas y las linternas, no sabíamos lo que podíamos encontrarnos allí dentro.
El parking presentaba un aspecto tranquilo, como si no hubiese pasado nada. Muchos de los coches y furgones estaban todavía en su sitio. Nadie los había movido del sitio. Avanzamos hasta la puerta y cuando intentamos abrirla, vimos que estaba cerrada con llave.
—Mierda— dijo David dándole un puñetazo a la puerta.
—Quizás podamos reventar el cerrojo a golpes o con un tiro, pero eso, atraería a los caminantes— dije mientras alzaba la mirada del cerrojo y miraba hacia la calle, donde ya había unos cinco de aquellos seres agarrándose a la valla e intentando entrar. Algo que sería en vano.
—Si nos damos prisa no deberíamos tener problemas. Cogemos todo lo que queramos y nos largamos de aquí— dijo David dando unos pasos hacia atrás y preparándose para disparar sobre el cerrojo. Yo también retrocedí.
David abrió fuego y el cerrojo saltó por los aires, dejando la puerta completamente abierta. Teníamos paso libre. Nos adentramos en el interior de la comisaria y recorrimos el pasillo alumbrando con las linternas. No tardaríamos en llegar al hall principal y desde allí, podríamos acceder a donde estaban todas las armas. Después, saldríamos echando mistos de allí para regresar al caserón que se había convertido en nuestro nuevo hogar quien sabía hasta cuándo.
Cuando llegamos al hall vimos que allí las cosas eran muy distintas. Alguien había acumulado mesas y sillas bloqueando la puerta principal. El suelo estaba lleno de hojas de papel y lapiceros. También había monitores, teclados y torres de ordenador por el suelo.
—Puede que alguien se atrincherara aquí— dije mientras enfocaba el montón de muebles con la linterna.
Recorrimos el hall y nos dirigimos hacia las escaleras que daban al sótano, donde se encontraban las celdas y el arsenal. Nada más bajar al sótano, nos llegó un pestilente hedor a descomposición, justo después, nos llegó un ruido.
— ¿Qué es eso? — pregunté. David me miró y avanzó hacia la zona de las celdas. Yo fui detrás de él y a cada paso que dábamos, el hedor era más intenso. Al mismo tiempo, comenzamos a notar la presencia de moscas, la cual iba en aumento. El ruido era cada vez más fuerte también.
Avanzamos más y entonces vimos el origen de todo. Dentro de una celda había un cuerpo colgado del cuello por un cinturón que se movía frenéticamente. A un metro de este, había tres cadáveres en el suelo. Eran el de una mujer, un niño de unos siete años y el de una niña de tres. Todos presentaban un agujero en la frente. Miré al caminante que seguía colgando del cuello y el corazón me dio un vuelco. Yo conocía a ese hombre, ambos lo conocíamos, y fue David quien lo corroboró.
—Ese es Leo… Leo Ramírez.
Se trataba de uno de nuestros compañeros. Y era deducible que los que estaban en el suelo, eran su familia. No quería ni imaginarme que había ocurrido para que terminara todo así. Era demasiado horrible. Hacía apenas un mes, había conocido a la familia de Leo… Y ahora, estábamos contemplando los cadáveres de toda la familia.
Me di la vuelta y comencé a salir de la zona de celdas. David salió detrás de mí y ambos nos quedamos plantados delante de la puerta que daba al arsenal.
—Ha sido una putada lo de Leo. No lo conocía demasiado, pero verlo así ha sido duro…— dije apoyándome en la pared.
—Supongo que fue el quien se atrincheró aquí— respondió David —Ni eso los salvó.
— ¿Cuántos habrán acabado de ese modo? ¿Nuestras familias acabarían igual? — pregunté en ese momento. No había podido evitar pensar en mis padres y hermanos, en la familia de David y en la de Cristina. Se suponía que ellos debían estar a salvo en el instituto… Y cuando lo llegamos a este, vimos que estaba totalmente a oscuras. Quizás nunca habían llegado… Había cosas que no me cuadraban.
—Quizás hayan logrado escapar y ahora estén en otro lugar— dijo en ese momento David —Ahora debemos hacer lo que vinimos a hacer— David le dio la vuelta al rifle de caza y golpeó el ojo de buey de la puerta del arsenal. Una vez lo rompió, metió el brazo a través de este y abrió la puerta. De otro modo, habríamos tenido que teclear un código en un panel que había junto a la puerta.
Entramos dentro y entonces vimos todo lo que había allí. Había fusiles, rifles de asalto, pistolas, esposas, chalecos antibalas, escopetas, munición para todas las armas, trajes anti disturbios, silenciadores… Estaba todo.
—La hostia…— murmuró David observando todo aquello. Entonces me miró — ¿Qué cogemos?
—Lo cogemos todo— respondí.
*****
David y yo tardamos dos horas en vaciar el arsenal y llenar toda la furgoneta. Estábamos listos para marcharnos. Solo teníamos que acabar con las apenas dos docenas de No Muertos que había delante de la puerta del parking. Yo miré a David, este estaba preparando una pistola y un silenciador.
— ¿Puedes ocuparte tú de ellos? Yo tengo algo que hacer.
—De acuerdo, pero no tardes— respondió David.
Regresé al interior de la comisaria. Bajé las escaleras que me llevaban al sótano y me adentré de nuevo en la zona de las celdas, allí cogí el manojo de llaves y caminé con decisión hasta el final, llegando a la celda donde Leo estaba colgado. Cuando este me vio, comenzó a moverse frenéticamente, moviendo los brazos hacia mí, intentando cogerme en vano. Abrí la puerta y entré dentro. Evitando que me agarrara, lo rodeé y me subí a la litera. Una vez allí, lo agarré por detrás con mucho cuidado y clavé un cuchillo en la sien.
Una vez dejó de moverse, lo solté y lo tumbé en el suelo, lo arrastré hasta donde estaba su familia y allí observé su cuerpo. Estaba buscando el mordisco que lo había transformado, pero no había ni rastro de este. Aquello me extrañó, pero, aun así, lo dejé estar y los cubrí a todos con una manta.
Cuando terminé con aquello, salí de la zona de las celdas y regresé al exterior donde David me esperaba. Él ya había acabado con los caminantes y me estaba esperando.
— ¿Qué fuiste a hacer?
—A hacer que Leo descansara… Ahora volvamos a casa— respondí subiendo a la furgoneta.
—Comprendo— respondió David subiéndose a la furgoneta. Segundos después emprendimos el camino de regreso al caserón.

Caserón…
13:00 horas…

Cristina estaba montando guardia cuando vio llegar la furgoneta por el camino. Rápidamente corrió a abrir la puerta, dejando que la furgoneta pasara al interior de la propiedad vallada. Cerró rápidamente y fue a recibir a su marido.
Bajé de la furgoneta y recibí a mi mujer con un abrazo. —¿Ves? Te dije que volvería.
—Confiaba en ello— respondió Cristina.
*****
Me encontraba en la ducha del caserón. Habían pasado apenas diez minutos desde que habíamos vuelto y yo tenía que ducharme para quitarme el hedor a muerto de encima. Fue en ese momento cuando Cristina entró también en la ducha y me abrazó.
—Estuve teniendo miedo por ti desde que te fuiste. Ha sido horrible.
Me di la vuelta y la besé en los labios —Nunca me perderás. Te lo juro. Lo de hoy era necesario… Debemos protegernos nosotros… Y proteger este lugar. Es ahora nuestro hogar… El pueblo está completamente muerto… No hay ni un alma…
—No pienses en eso ahora…— respondió Cristina besándome en los labios. Luego, acercó su boca a mi oído —Te amo…
*****
Bernardo iba a entrar al baño a orinar, pero entonces se quedó ante la puerta. Se paró a escuchar los gemidos de placer que se escuchaban al otro lado, se asomó un poco y vio de quienes se trataba. Uno de ellos era Cristina… Y el otro era Juanma. Ambos estaban teniendo sexo… Y eso lo excitó, lo excitó como hacía tiempo que no se excitaba. Se apartó un poco de la puerta y volvió a cerrarla cuando comenzó a tener la erección. Se apoyó en la pared del pasillo y se metió la mano dentro del pantalón. Justo cuando iba a comenzar a masturbarse, fue sorprendido por Nora.
— ¿Qué haces?
—Nada— respondió Bernardo.
—Mi abuelo dice que ya está preparada la comida. No tardes… Tu mujer ya está abajo— respondió Nora caminando hasta las escaleras y después las bajó. Bernardo la siguió y se asomó para observarla. Allí vio cómo se cruzaba con Anna, se decían algo y ambas reían. Entonces algo se le pasó por la mente, algo que lo llevaría de nuevo a la cárcel, pero eso ya no era un problema. El mundo estaba en la mierda y lo que el hiciera… Ya no iba a ser un castigo.

— ¿Por qué no? — se dijo a si mismo mientras sonreía.

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