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Gracias y bienvenidos al blog. En este blog podréis leer desde el principio la historia titulada Zombies (Esta vez corregida y mejorada), a la que le seguirán sus secuelas: Necroworld y The Survivors Land. En ellas, seguiréis el periplo de un grupo de supervivientes que iniciarán su historia en el pueblo Valenciano de Puzol, pasando por Valencia capital, Barcelona y Madrid. Un periplo que les llevará hasta los Estados Unidos. Esta historia es probablemente la historia de Zombies más larga de la red, ya que cada una de sus partes, cuenta con 200 capítulos en su totalidad. Si te gusta, sígueme en el blog y mis redes sociales, contacta conmigo por Email y suscribete via Email en la pestaña Email address para estar informado de las publicaciones. Esta historia también puede leerse en Wattpad.

domingo, 18 de febrero de 2018

ZOMBIES: Capitulo 007 Imprudencias

Capítulo 007
Imprudencias

Día 19 de junio de 2017…
Centro comercial de Puzol…
10:25 horas de la mañana…

Félix todavía estaba dolorido. El encontronazo con Julián había sido tremendo y él se había llevado la peor parte. Desde entonces, Félix había pasado la mayor parte del tiempo tumbado. Únicamente se incorporaba para comer y beber lo que alguien le llevaba. Aquella mañana, decidió que ya estaba bien, no quería permanecer más tiempo así. Se levantó de la cama y sintió un fuerte dolor en la espalda, se paró un poco y después poco a poco se puso en pie.
Félix a paso lento, salió de la tienda y una vez en el pasillo se encontró con Tomás. No le costó mucho reconocerlo, ya que lo conocía de antes de que todo sucediese. Ese hombre era tristemente conocido por ser el borracho del pueblo. Un hombre de pelo largo y poblada barba de un color castaño, aunque bastante sucio. Un hombre que se pasaba la vida en los bares y durmiendo en la calle o en algún cajero.
Tomás pasó junto a él y Félix se percató de su delgadez. Se preguntó cuánto tiempo hacía que no comía, ya que cuando se juntaban para comer o cenar, Tomás nunca estaba allí. Este permanecía siempre apartado. Félix se percató de algo más, la mano de aquel hombre tenía una especie de tembleque.
—Oye… ¿Estás bien?
Tomás se detuvo y alzó la mirada para clavar sus ojos en los de Félix. El joven entonces también se percató de que el rostro estaba como envejecido, mucho más de lo que normalmente están las facciones de un hombre de unos cincuenta años. Tomás no respondió y volvió a agachar la cabeza para seguir su camino.
—…Buenos días a ti también…— dijo Félix con resignación al no obtener ninguna respuesta por parte de aquel tipo.
Félix decidió salir a la terraza, le iba a venir bien tomar el aire y el sol. Caminó hacia las escaleras que daban a la azotea y las comenzó a subir. A mitad de camino, se paró agarrándose a la barandilla y tomó aire. La verdad es que estaba mucho más dolorido de lo que pensaba. Después de apenas un minuto, prosiguió y finalmente alcanzó la terraza. Nada más salir se encontró con varios de sus compañeros, vio a Jana y a Rosa en bañador sobre unas tumbonas y tomando el sol. Ellas lo vieron y lo saludaron. Él les devolvió el saludo y se acercó.
—Buenos días chicas.
—Te veo mejor— dijo Rosa incorporándose y apartándose un mechón de pelo castaño de la frente, haciendo más visibles sus ojos verdes — ¿Estás buscando a alguien?
—Si… Lo cierto es que si… ¿Habéis visto a Lidia?
—Ella y Manuel están allí atrás— dijo Rosa señalando hacia el otro lado de la terraza. —Hablaban de construir un huerto o algo así. Lo cierto es que no me enteré muy bien.
—Iré a ver. Gracias— respondió Félix.
—Ahí está otra vez— dijo en ese momento Jana. Al decir eso, Félix se dio un poco la vuelta y vio a Julián al otro extremo de la azotea. Estaba de pie con la mano en el bolsillo y las miraba fijamente con una sonrisa. Jana volvió a hablar —Odio cuando nos mira así. Lo hace de una forma que me da miedo.
—Yo creo que se está tocando— dijo en ese momento Rosa con una sonrisa.
Jana la miró entonces con un gesto de desaprobación —Lo dices como si te pareciera normal y correcto. A mí me da asco.
—A mí no. Además, es un hombre maduro que no está nada mal para la edad que tiene. Me recuerda a un ex que tuve— Rosa volvió a tumbarse boca abajo sin dejar de mirar a Julián,
Félix se puso en pie y comenzó a caminar hacia donde le habían indicado. Mientras andaba miró a Julián de reojo. Este le devolvió la mirada y siguió sonriendo.
Félix abandonó aquella parte de la terraza y alcanzó una zona de esta que estaba un poco más baja. Allí, encontró a varios miembros del grupo, entre los que estaban Lidia, Manuel y un chico llamado Alex. Estaban trabajando con unas tablas de madera. Félix bajó por una escalerilla de mano y llamó la atención de Lidia.
—¿Por qué te has levantado? Deberías seguir tumbado— dijo la doctora caminando hacia él.
—Estaba hasta el gorro de estar tumbado ¿Qué estáis haciendo? — preguntó Félix mirando por encima del hombro de Lidia.
—Ha sido idea de Alex— respondió Lidia. —Cómo vamos a pasar mucho tiempo aquí, vamos a construir unos huertos en los que podamos cultivar. También vamos a construir un invernadero. Si todo sale bien, en pocas semanas deberíamos comenzar a tener cultivos.
—No es mala idea… Vamos, resumiendo. Que prácticamente nos vamos a volver vegetarianos— respondió Félix.
—Si… A menos que sepas cómo hacer que crezcan chuletas del suelo— dijo Lidia mientras ambos caminaban hacia el lugar donde estaban construyendo.
Habían encontrado varias maderas en el área de muebles y los estaban usando para convertirlos en huertos. También estaban utilizando tornillos y bisagras que habían sacado de la ferretería. Lo cierto era que habían tenido una gran idea con lo de construir un huerto o varios. Lo siguiente, sería ir a la zona de jardinería a coger lo que necesitaran, especialmente las semillas. Además, allí en la azotea, el sol haría que las plantas crecieran muy bien.
—Os echaré una mano— dijo Félix caminando hacia el frente y cogiendo unas maderas.

Caserón…
11:00 horas…

Me encontraba junto a la valla sentado sobre un viejo coche al que le habían quitado las ruedas y cubierto con una lona. Hacía un par de horas que estaba allí vigilando. Los demás estaban en una clase de tiro con David, él era quien se iba a encargar de la instrucción. Entre él y yo, habíamos decidido que todos y cada uno de nosotros iba a llevar en todo momento un arma para defendernos en caso de ser necesario. En esos precisos momentos, el impartía la clase disparando a unas latas y aprovechando los silenciadores.
Estaba mirando al camino cuando me di la vuelta de repente al sentir una presencia detrás de mí. Entonces me encontré con el viejo Mateo. Este me sonrió y me entregó una botella de agua.
—Hace calor y supuse que tendrías sed. Siento si te asusté.
—No se preocupe— respondí tomando la botella.
— ¿Te importa si me quedo contigo haciendo compañía? — preguntó Mateo mostrando una amable sonrisa.
—Esto es su casa. No me importa. De hecho, no debería ni preguntarme— respondí.
El anciano trepó con mucha facilidad y se sentó a mi lado. — ¿Alguna novedad?
Yo negué con la cabeza y entonces miré al anciano — ¿No debería estar practicando con las armas?
—No lo necesito. Se demasiado como disparar. Consideré que era mejor venir a hablar contigo. Hablar a solas me refiero— respondió Mateo. En ese momento comencé a ver como su expresión cambiaba y se volvía un poco más seria. —Os he estado observando a tu mujer y a ti. Sois un matrimonio que se quiere. Algo estable…
—Bueno. De vez en cuando nos pegamos unos buenos gritos… Pero si, nos queremos. Estamos muy unidos. Las circunstancias que vivimos hace un tiempo nos unió mucho más de lo que ya estábamos.
—Estoy aquí porque quiero hablar de algo muy importante.
—Usted dirá— dije mirando al anciano. —Soy todo oídos.
—Verás. Yo ya soy viejo y no viviré mucho más. Quizás unos años más… Y Nora ya no tiene a nadie más. Por eso, quiero pedirte el favor de que, cuando yo no esté. Seáis tu mujer y tu quienes cuiden de ella. Es una gran chica— dijo en ese momento Mateo. Fue algo que me dejó perplejo del todo. No era lo que me esperaba.
—No diga eso… Seguro que le queda mucho tiempo al lado de su nieta. No piense en eso.
—Juanma… Soy viejo, pero no estúpido. El mundo ya no es como antes, y tardará mucho en recuperarse. Si es que algún día se recupera. Ni siendo el más optimista del mundo, creería que llegaré a verlo. Cualquier día ya no estaré aquí y necesito estar tranquilo sabiendo que mi nieta estará en buenas manos. Por eso quiero dejar a mi nieta al cuidado de Cristina y tuyo.
Me quedé un rato pensativo. Lo que me estaba encargando Mateo no era cualquier cosa. Era algo que exigía gran responsabilidad. Sin embargo, miré al viejo Mateo. —Puede estar tranquilo. Si a usted le pasase algo, Cris y yo cuidaremos de Nora. Puede confiar en mí.
—Que dios te lo pague hijo…— Mateo me estrechó la mano.
—Pero usted aun durará muchos años— le dije —Incluso apostaría que…
No terminé la frase que iba a decir. De repente, un ruido nos alertó a los dos y nos dimos la vuelta para mirar al camino. Estábamos escuchando gritos y disparos que venían de algún punto entre los árboles que teníamos más adelante. Sin pensármelo dos veces, me preparé el rifle que llevaba y me dirigí a la puerta. Mateo me siguió cargando también un rifle. Cruzamos la puerta y la cerramos, seguidamente, ambos comenzamos a correr guiándonos por el sonido.

Centro comercial…

Tomás no hacía más que ir de un sitio a otro. Se sentaba en un rincón y aún no habían pasado ni cinco minutos, volvía a levantarse y a caminar. Otra cosa que lo estaba destrozando, era el temblor de las manos y los calambres. Era evidente lo que necesitaba, necesitaba alcohol. No lo había vuelto a probar desde el día que el polideportivo se vio arrasado. Desde ese momento, no había probado ni una gota… Y era demasiado tiempo. Iba necesitando dar un trago urgentemente.
Tomás se adentró en la tienda y se dirigió a donde estaban guardando la comida. Allí, con mucha ansia comenzó a rebuscar entre los alimentos. Apartó con brusquedad bolsas de comida, latas de conserva y botellas de agua. Estaba buscando algo de alcohol, pero no había nada de nada.
Estaba desesperado y ansioso. Se llevó las manos a la cabeza y se agarró del pelo. Se dio varios tirones y se arrancó algunos mechones mientras gritaba de frustración. Necesitaba alcohol y no había nada.
— ¿Qué estás haciendo Tomás?
El alcohólico se dio la vuelta y se encontró con Julián. Aquel tipo estaba allí de pie, observándolo con una sonrisa que no le gustaba nada, le perturbaba muchísimo.
—Yo… Yo… Nada…— respondió Tomás levantándose con la cabeza agachada y sin mirarle. —Me… Me voy— justo cuando Tomás pasaba por al lado de Julián, este lo agarró de los brazos y lo empujó contra la pared mientras lo miraba fijamente.
—Jodido borracho de mierda… ¿Acaso te crees que no sé lo que te pasa? Estás ansioso por beber hasta reventar. No me mientas… Ni se te ocurra tomarme por gilipollas— decía Julián en tono agresivo mientras Tomás evitaba todo contacto visual. Al verlo hacer eso, Julián lo abofeteó varias veces, lo cogió de la barbilla y lo obligó a mirarle —Mírame hostias— Julián lo miró a los ojos y sonrió —Mírate… Eres patético.
—No me hagas daño…— dijo Tomás entre lágrimas. Julián le inspiraba terror.
—Daño… No. Amigo… No soy un monstruo… Mírame ¿Te parezco yo un monstruo? — Tomás negó con la cabeza y Julián sonrió mucho más —Por qué no lo soy. Quiero ayudarte. Ven conmigo— Julián cogió a Tomás por la nuca y lo sacó a empujones de allí, llevándolo por delante. Lo empujó hacia la barandilla y allí le señaló a cierto punto —Dime que ves ahí.
—Muertos— respondió Tomás. Entonces miró a Julián y entonces recibió un sonoro tortazo.
—No me refiero a esos montones de carne podrida, imbécil. Mira a donde estoy señalando.
Tomás se tocó la mejilla y se dio la vuelta nuevamente para mirar a donde Julián señalaba. Pasó su mirada por encima de los distintos muertos vivientes que deambulaban por la primera planta, incluso, vio el cuerpo de Carmen. Aunque había regresado, en esos momentos, se estaba arrastrando. Después vio un coche de muestra que había allí abajo, y entonces, vio lo que Julián le mostraba.
—Es un bar…— dijo en ese momento Tomás.
—Exactamente. Un bar… Un maravilloso bar. Ahora te diré lo que tienes que hacer— respondió Julián con una cada vez más amplia sonrisa. —…Pero, debemos ser cautos y harás lo que yo te diga a su debido tiempo. Solo tienes que ser paciente— Julián agarró a Tomás de las mejillas y le obligó a mirarle — ¿Podrás? Dime que podrás… Querido Tomás—
Tomás asintió y Julián le dio una leve palmada en la mejilla —Así me gusta… Ahora escucha con atención.

Caserón…

Mateo y yo corríamos entre los árboles, siguiendo el sonido. Llegamos por fin al lugar y allí vimos un coche accidentado que tras salirse de la carretera y atravesar la valla, había quedado volcado. Allí vimos a un hombre grueso subido al techo del vehículo, con un niño de unos diez años detrás. Alrededor del vehículo accidentado había casi una decena de caminantes, y otros tantos, atraídos por el ruido. Iban llegando por la carretera a paso lento.
Sin pensárnoslo dos veces, Mateo y yo comenzamos a disparar a los No Muertos. Me fijé en la precisión de los disparos de Mateo. Todos daban en el blanco, justo en la cabeza de aquellos seres.
Yo me abrí paso rápidamente y alcancé el vehículo. Nada más llegar, desde el interior del coche, fui sorprendido por un golpe en el cristal. Miré hacia ahí, y entonces, vi a una mujer con la mano en el cristal. Pensé en abrir, pero entonces me di cuenta de la triste realidad. Esa mujer era otro de los infectados. Me quedé tan perplejo con esa visión que no me percaté de que un caminante se me acercaba por la espalda, justo cuando me agarró del hombro, Mateo acudió en mi rescate y con un golpe de culata, derribó a ese No Muerto.
—Salgamos de aquí— dije mirando al desconocido. Este sin mediar palabra, me miró, asintió, cogió al niño en brazos y bajó del vehículo de un salto. Seguidamente, emprendimos el camino de regreso al caserón. Justo cuando llegábamos, David y el resto salían a nuestro encuentro.
— ¿Qué demonios ha pasado?
—Volved dentro— le indiqué. No quería que los caminantes llegasen al camino y nos viesen.
Rápidamente cruzamos las puertas de la propiedad y las cerramos. Después corrimos al interior de la casa, donde pudimos respirar tranquilos. Especialmente aquel hombre que cargaba con su hijo. Este entonces me miró.
—Muchas gracias.
—No hay de que…— respondí mientras me apoyaba en la pared para tratar de reponerme. Ya no era solo por el cansancio, si no que podría haber muerto de no ser por la increíble intervención de Mateo.
—Me llamo Jordi… Y el, es mi hijo Adrián… — dijo aquel hombre.
Jordi era grueso y algo mayor que yo. Tenía barba y canas en esta. Su pelo era corto, pero con algunos trozos ondulados. Yo me presenté como respuesta y los demás fueron haciendo lo mismo. Cuando le llegó el turno a Nora, esta se percató de algo.
—Oh… Dios mío— Nora señaló entonces la pierna derecha de Adrián. Tenía una mancha oscura en el pantalón rasgado y justo debajo, se veía lo que parecía un mordisco.
—No me jodas… Han mordido al crio— dijo en ese momento Bernardo.
La alarma no tardó en saltar. Todos sabíamos lo que significaba eso. Leandro nos lo había contado varias veces. Nosotros lo descubrimos cuando nos conocimos, y luego, durante una de las cenas ya en el caserón, nos lo había vuelto a contar.
— ¿Qué hacemos ahora? — preguntó Anna dando unos pasos hacia atrás —Se va a transformar.
—Lo que hay que hacer es matarlo— dijo en ese momento Bernardo caminando al frente y sacando la pistola que llevaba en la cintura, pero entonces, Jordi lo encañonó con la suya.
—Ni te acerques a mi hijo. Como des un paso más, te mato.
—Calma todo el mundo— dije mientras miraba a Adrián de reojo. Este se había ocultado detrás de su padre. Me fijé bien en él. No parecía estar mal. —Escuchad. No sabemos seguro si el mordisco es el responsable— estaba intentando salvarle la vida al muchacho.
—El brasileño contó que su hermana se convirtió tras ser mordida— dijo en ese momento Bernardo señalando a Leandro. —Creo que es bastante obvio que está jodido. Hay que cargárselo antes de que intente matarnos.
—Leandro solo lo ha visto suceder una vez. Puede que no sea igual en todos…— dije.
—Y luego te despiertas…— respondió Bernardo —Es evidente que el crio está infectado. Deja de interponerte. No los conoces de nada. Deja de hacerte el santo y el mesías. Ese rollo tuyo me enferma. Esfúmate o te disparo a ti también.
En ese momento, David puso el cañón de su arma en la cabeza de Bernardo —Venga. A ver si te atreves… Por favor… Inténtalo.
—Así no solucionamos nada. Nos estamos volviendo los unos contra los otros— dijo en ese momento Anna. —Debemos hablarlo calmadamente.
Al escuchar hablar a su novia, Bosco recordó la conversación que había tenido con Bernardo. En esos momentos, pensó en que tenía razón y que aquello era el principio.
—Nora— dijo en ese momento Mateo mirando a su nieta —Proporcionales a Jordi y a Adrián una habitación. Nosotros vamos a hablar de esto. Entonces, miró a Jordi —Confió en que no serás peligroso.
Jordi negó con la cabeza —Puede estar tranquilo señor— entonces, caminó hacia Mateo y le entregó la pistola que llevaba. —Gracias— Jordi regresó junto a su hijo y lo cogió en brazos para que no tuviera que caminar. Nora se acercó a los recién llegados y les pidió que la siguieran escaleras arriba. Nosotros seguíamos estando de pie junto a las escaleras.
—Y tu… Dame la pistola— dijo David sin dejar de apuntar a Bernardo. Solo bajó la pistola cuando Bernardo le entregó la suya.
—La estáis cagando— dijo Bernardo dándose media vuelta y yendo hacia el salón. Justo cuando pasó junto a Sonia, la agarró del brazo y se la llevó detrás. —No pienso arriesgarme con esto. Avisados quedáis.
Quedábamos Mateo, David, Cristina, Leandro, Anna, Bosco y yo. Los siete estábamos allí de pie. Necesitábamos saber qué hacer. Era más que probable que el chico estuviese infectado y eso lo hacía peligroso. Sin embargo, no podíamos matarlo de buenas a primeras, era solo un niño y ninguno de nosotros estaba completamente seguro de que fueran realmente los mordiscos.
—Hay que hablar de esto— dije en ese momento —Debemos contemplar las opciones que tenemos.
Todos caminamos hacia la cocina y allí comenzamos la reunión. No tardamos en mirar directamente a Leandro. El enseguida comenzó a dar su opinión.
—Cuando mordieron a mi hermana. Tardó poco menos de dos horas en comenzar a sentirse mal. Comenzó la fiebre y en pocas horas su estado empeoró. No pude reducir la fiebre y murió. Después volvió.
— ¿No la tratasteis con medicamentos para reducir la fiebre? — preguntó Anna.
—No teníamos nada— respondió Leandro —Quizás… De haberlo tenido… No sé— Leandro se pasó las manos por la cabeza. Pude notar como comenzaba a sentirse incómodo.
—Está claro que a menos que veamos síntomas claros de infección, no podemos hacerle nada a ese niño— comenzó a decir Mateo —Lo más lógico es que nos turnemos para vigilar el estado del niño. Yo ahí tengo paracetamol e ibuprofeno.
—Va a sentarle bastante mal al padre— dijo David. Estaba apoyado junto al fregadero con los brazos cruzados. —Deberíamos hablarlo con el primero. Se le ve buen tío.
—Pues puede no serlo— dijo en ese momento Bosco —Las apariencias engañan y nosotros no hemos sido nada prudentes al meterlos en la casa. Yo no pienso arriesgar la vida de mi novia. Creo que deberían irse.
—Puede que ni siquiera quieran quedarse. Únicamente se les ha ofrecido una habitación para que descansen— dijo Cristina —No seamos egoístas. Ese hombre habrá perdido a alguien y podría perder a su hijo. Además, en caso de que intente algo, no solo somos más, si no que tenemos armas— las palabras de Cristina sobre las perdidas me hizo recordar en ese momento al caminante que había dentro del coche. Era una mujer que llevaba el cinturón puesto. Con toda seguridad era la esposa de Jordi.
—Estaremos atentos a todo lo que pueda pasar durante la noche. Si empieza a presentar síntomas, empezaremos a suministrarle el medicamento. Quizás, si se le reduce la fiebre no muera. Es evidente que no sabemos nada de todo esto— dije.
Todos estuvieron de acuerdo y la reunión quedó disuelta. Únicamente quedamos Cristina y yo en la cocina.
—Si al final resulta que está infectado… Puede que tengamos problemas con ese hombre. Es de su hijo de quien estamos hablando— dijo mi mujer mirándome.
—Lo sé. No dejo de pensar en ello— respondí —Créeme que lo sé.
*****
Eran las siete de la tarde. Jordi y su hijo se habían quedado a solas en una de las habitaciones. Una vez allí, Jordi comenzó a curarle la herida de la pierna. Se podían ver claramente las marcas de los dientes y, además, despedía un olor bastante fuerte y nada agradable.
—Te lo curaré. No te preocupes— dijo Jordi mientras cogía el botiquín que la chica joven les había prestado. Enseguida comenzó a curarle la herida a su hijo.
—Papá… No me siento bien.
Las palabras de Adrián hicieron que su padre lo mirara. Jordi en ese momento se dio cuenta de que la temperatura corporal del niño había subido. Sabía que eso no era nada bueno. Iba a tener que informar a sus anfitriones.

Centro comercial…
19:35 horas…

Tomás había atendido a todas y cada una de las palabras que Julián le había dicho, pero… Siempre, existía un pero… Y era que no podía esperar. No podía esperar a probar ese alcohol que parecía llamarle desde el bar. Tomás se aseguró que nadie lo viese, ni siquiera Julián. Después, caminó siguiendo los pasos que aquel tipo le había indicado. Si era rápido lo conseguiría.
Se dirigió a las escaleras de emergencia y comenzó a bajar escalones. Su objetivo era la primera planta. Llegaría allí y correría por la planta baja hasta llegar al bar. Allí cogería varias botellas y con la misma velocidad y sin ser visto, volvería a la última planta. Todo muy fácil.
Llegó por fin a la primera planta y allí tomó el mango de la pesada puerta. Fue entonces cuando se percató de algo. Esa puerta pesaba mucho y si la cerraba, al volver cargado de botellas, le iba a costar mucho abrirla. No iba a cerrarla, eso lo retrasaría con el regreso y no iba a sacrificar una botella para abrir aquella maldita puerta. Miró a su alrededor y entonces vio algo. Se trataba de un trozo de madera triangular no muy grande. Era exactamente el mismo que usaban para mantener la puerta abierta.

Tomás sonrió. Ya estaba todo claro. Abrió lentamente la puerta, la abrió del todo y después situó el trozo de madera. Quedando la puerta abierta de par en par. Fue en ese momento cuando comenzó a correr hacia el bar.

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