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Gracias y bienvenidos al blog. En este blog podréis leer desde el principio la historia titulada Zombies (Esta vez corregida y mejorada), a la que le seguirán sus secuelas: Necroworld y The Survivors Land. En ellas, seguiréis el periplo de un grupo de supervivientes que iniciarán su historia en el pueblo Valenciano de Puzol, pasando por Valencia capital, Barcelona y Madrid. Un periplo que les llevará hasta los Estados Unidos. Esta historia es probablemente la historia de Zombies más larga de la red, ya que cada una de sus partes, cuenta con 200 capítulos en su totalidad. Si te gusta, sígueme en el blog y mis redes sociales, contacta conmigo por Email y suscribete via Email en la pestaña Email address para estar informado de las publicaciones. Esta historia también puede leerse en Wattpad.

domingo, 18 de marzo de 2018

ZOMBIES: Capitulo 011 Distracción

Capítulo 011
Distracción

Día 20 de junio de 2017
Hospital… 09:00 horas…

Me encontraba sentado en una de las butacas de una de las salas de espera del hospital. En ese momento, solo estábamos allí Cristina y yo. No había dormido en toda la noche, dándole vueltas a lo que me había dicho el médico. Todos infectados… Todos acabaríamos convertidos en muertos vivientes tarde o temprano. Me resistía a creer algo así.
— ¿No has dormido nada? — la voz de mi mujer sonó a mis espaldas. Me di la vuelta y la vi incorporándose —No dejaste de moverte desde que te fuiste. ¿Qué te pasa? Estás inquieto por algo. No puedes engañarme, te conozco bien.
Cristina era mi mujer y tenía mucha confianza con ella. Podía contarle cualquier cosa, pero algo así… Quizás no era algo que ella pudiese aceptar. Aun así, la miré —Estuve hablando con el medico esta madrugada. Me contó algo que aún no se si creer, pero que, de ser cierto… Es algo horrible. Algo que nos pasará a todos.
Mi respuesta, hizo que Cristina se incorporara un poco más y terminara sentándose a mi lado. Me puso la mano en la espalda y volvió a preguntar — ¿Qué pasa?
—Lo tenemos todos— respondí finalmente —Esa cosa. Ese virus o lo que sea… Lo llevamos todos dentro. En el momento que muramos… Regresaremos como otro muerto viviente. Y lo mismo pasará si nos muerden. Sea como sea, estamos verdaderamente jodidos.
— ¿Y cómo sabe el eso? — preguntó Cristina.
—Cuando tu llegaste al despacho para decirnos lo del niño, estaba sacándonos sangre. Debe haber visto algo en ella que le ha revelado eso. Es médico, al fin y al cabo— respondí.
—Vale… Estamos todos infectados… ¿Qué se supone que debemos hacer? ¿Se lo decimos a los otros? — preguntó Cristina.
Rápidamente negué con la cabeza —No. No debemos decir nada de momento. Aunque deberemos decírselo en algún momento. Solo encontraremos el momento indicado. Ahora levantémonos y emprendamos el regreso a casa.
Cristina y yo salimos de la sala de espera y bajamos al hall. Allí, vimos a los demás. Vimos como David llegaba y nos anunciaba que los muertos vivientes que habíamos visto en el exterior durante la noche, se habían marchado y teníamos el camino libre.  Podíamos regresar al caserón. Nada nos retenía allí.
— ¿No queréis quedaros? — preguntó en ese momento el médico. —El hospital el grande. Hay espacio para todos.
—No. Gracias doctor. Hay gente esperándonos en mi casa, pero gracias— respondió Mateo —Por cierto ¿Hay algún resultado en cuanto a la sangre que nos sacó?
El medico fue a responder, pero rápidamente lo miré y negué con la cabeza. Entonces, el doctor mintió —Aun no tengo los resultados. Creo que tardaré en saberlo.
—Bueno. Creo que es momento de irnos— dije yo.
—Yo me quedaré aquí con el doctor— dijo en ese momento Jordi —Creo que puedo serle de ayuda de algún modo. Además, el cuerpo de mi hijo está aquí todavía. Siempre y cuando al doctor le parezca bien.
—Claro. No tengo inconveniente— respondió el médico.
Nos despedimos de Jordi y fuimos bajando hasta que llegamos a la entrada de urgencias y vimos que efectivamente, podíamos salir y marcharnos. Salimos al parking y después nos subimos a la furgoneta de mudanzas de Mateo. No tardamos en ponernos en marcha. Tampoco tardaríamos nada en volver al caserón. Por mi parte, suponía que en algún momento iba a tener que revelar la terrible verdad.
Eran las nueve y media de la mañana cuando llegamos al caserón. Enseguida que aparecimos, Nora nos abrió la puerta para que el gran vehículo pudiera pasar. Una vez dentro y con la puerta cerrada. Comenzamos a bajar. Mateo se abrazó con su nieta y yo me acerqué a Bosco cuando lo vi llegar seguido por Anna. A medida que avanzaban, pude ver sus expresiones, algo había pasado.
— ¿Todo bien? — le pregunté a Bosco mientras le estrechaba la mano.
—Más o menos. Hemos tenido un problema— Bosco miró por encima de mi hombro y miró a Sonia. Yo me percaté de ello, miré a Sonia y luego de nuevo a Bosco.
— ¿Qué pasa? ¿Ha pasado algo con Bernardo?
—Se ha marchado. Durante la noche trató de agredir a Nora y Leandro trató de detenerlo, pero le disparó— respondió Bosco.
Al escuchar eso, todos nos fuimos reuniendo en torno a Bosco, mientras él nos contaba todo lo que había pasado. Nora lo corroboraba mientras él hablaba.
— ¿Leandro está vivo? —  pregunté
—Si. La bala lo atravesó y lo hemos estado curando— respondió Bosco.
Todos entramos a la casa y allí nos encontramos a Leandro tumbado en el sofá. No llevaba camiseta y una venda le cubría el hombro.
— ¿Cómo te encuentras? — pregunté yo acercándome.
—No es la primera vez que me disparan. Así que, comparándola con otras veces. Lo malo es que esto me retrasará un poco con lo de la radio. Aunque prácticamente está arreglada— respondió el joven brasileño. —Por otro lado, me encantaría partirle la cara a ese cabrón.
—Es mejor que se haya ido. Ese hombre es un maltratador. Sonia se vio obligada a estar con él en cuanto todo esto comenzó— dijo Cristina mirándonos a nosotros y luego a Sonia.
Sonia caminó hacia una de las sillas en ese momento y se sentó. Se pasó una mano por el pelo, suspiró y luego nos miró. Pero no nos miró a todos, únicamente nos observaba a Cristina y a mí.
—Hay algo más. Algo que os involucra a vosotros dos y que llevo tiempo sabiendo. Conoceros me lo terminó de confirmar— comenzó a decir Sonia.
— ¿A qué te refieres? — pregunté mirándola.
—Es sobre vuestra hija— respondió en ese momento Sonia, dejándome totalmente paralizado.

Cine, centro comercial…
09:30 horas…

Lidia cubrió el cuerpo de Rosa con las cortinas. La joven había muerto después de sufrir unas convulsiones. Había sido imposible salvarla. Una vez cubierto el cuerpo, se preparó para el siguiente procedimiento, evitar que regresara. Cogió algo afilado, un trozo de cristal y lo situó sobre la cabeza de la chica fallecida. Detrás de Lidia, se encontraban Alex, Manuel y Félix. Fue en ese momento, cuando el novio de Rosa dio unos pasos al frente y tendió la mano.
—Yo lo haré. Es cosa mía.
— ¿Estás seguro? — preguntó Lidia —Puedo hacerlo yo.
—Estoy seguro— respondió Manuel mientras cogía el trozo de cristal. Después, con mucho cuidado, lo puso sobre la cabeza y hundió el cristal a través de la cuenca del ojo. Después, miró a los demás —Ahora tenemos que buscar la forma de salir de aquí.
Alex, Manuel, Lidia y Félix salieron de la sala de proyección y enseguida escucharon los ruidos en la persiana metálica que separaba las salas de cine del resto del centro comercial. Alex señaló en ese momento a un cristal y allí, vieron el reflejo de aquellos seres al otro lado tratando de entrar. Aunque no lo conseguirían fácilmente.
—A ver. Ellos no pueden entrar, pero nosotros no podemos salir por ahí. Debemos encontrar otra forma. Tarde o temprano vamos a necesitar comer. Si no, nos acabaremos debilitando— explicó Alex —Llevo vigilándolos desde que nos metimos aquí. Los he estudiado.
— ¿Y bien? — preguntó Félix.
—Bueno. Son estúpidos y una distracción nos ahorraría mucho tiempo. Otra opción, es prepararnos bien y abrirnos paso entre ellos— explicó Alex. —Si trabajamos juntos, podemos evitar que nos rodeen. Y aquí dentro, tenemos cosas que podemos usar como armas. Podemos rasgar las butacas y sacar espuma con lo que hacernos protecciones para brazos y piernas. Eso, nos debería bastar hasta llegar abajo. Una vez ahí…
—¿Estáis planeando cosas sin mí? Se supone que somos un equipo— preguntó Julián apareciendo de repente. Este los miró con una sonrisa y los contó. —Aquí falta alguien más… ¿Cómo se llamaba esa chica? A si… Rosa ¿Qué pasó con ella?
—Esa chica se llamaba Rosa… Y era mi novia— respondió en ese momento Manuel —Ha muerto…
—Cuanto lo siento— dijo Julián —Pensé que podría tener algo con ella. Me gustaba como me miraba. Me la ponía bien dura.
Manuel quiso lanzarse contra Julián, pero Félix lo detuvo —No lo hagas. Pasa de él. Solo quiere provocarte.
— ¿Y bien? ¿Qué estabais planeando? Contádmelo para que yo me entere— dijo Julián.
—Estamos planeando como salir de aquí— dijo en ese momento Lidia —Solo lo conseguiremos si o hacemos todos juntos. Ir cada uno por su cuenta no nos ayudará. A ti también te necesitamos.
En ese momento, Julián miró a Félix — ¿Al rey del castillo también le parece bien? ¿O tiene algo que objetar? Tenemos una cuenta pendiente.
Félix iba a decir algo, pero Lidia se apresuró a pararle los pies —Félix no tiene nada que objetar— ella lo miró a los ojos — ¿Verdad? — Félix asintió y Lidia volvió a mirar a Julián. Después los miró a todos —Muy bien. Pongámonos manos a la obra.
Las horas dentro de la sala de cine pasaban rápido mientras trabajaban. Habían rasgado las butacas y habían sacado la espuma de dentro, después se la habían puesto en brazos y piernas sujetándola con cinta aislante. Eso evitaría que sufrieran mordeduras, aunque no los salvaría si un grupo los rodeaba y se les echaba encima.
Lidia estaba terminando de ponerse espuma en la pierna cuando Félix se le acercó —Ese tipo solo nos va a traer problemas. No está bien de la cabeza. Recuerda lo que hizo con el cadáver de Carmen, lo que me hizo a mi… Y lo que hizo con Ricardo cuando aún estaba vivo. Por no hablar de que estoy seguro que fue el quien cerró con llave la puerta que da a la terraza.
—El seguía aquí dentro cuando eso pasó. Lo más normal es que se hubiera quedado en la terraza fuera de peligro— respondió Lidia terminando.
—Sería un error de cálculo… O tal vez se quedó con nosotros para que no sospecháramos de él. Ese tipo no es trigo limpio… Y lo sabes Lidia. Tu tampoco te fías de él. Desde el primer maldito día que estamos aquí, da muestras de ser una persona mezquina y despreciable. No ha aportado nada al grupo.
Lidia se puso en pie y puso sus manos sobre los hombros de Félix —Lo necesitamos. Tu confía en mí. ¿Vale?
Félix asintió y luego la miró —Espero que sepas bien lo que haces.
Lidia y Félix salieron de la sala de cine y se encontraron con Manuel y Alex. Estos les entregaron unas palancas de hierro.
—Esto es lo único que encontré. No es mucho, pero bastará para abrirles la cabeza a los muertos. Aunque deberán ser golpes fuertes— explicó Alex.
Félix cogió una de las palancas que le ofrecían y la blandió varias veces en el aire para probar su peso. Después, miró a Alex —Valdrá. No será necesario que los matemos. Con que los derribemos, tendremos paso libre. Pretender matarlos nos restará tiempo y permitirá que otro nos ataqué por la espalda. Una vez nos metamos entre ellos no tendremos mucho tiempo.
En ese momento apareció Julián portando un hacha en las manos. Todos lo miraron en ese momento.
— ¿De dónde has sacado eso? — preguntó Manuel
—Estaba tirada en una de las salas de cine. Si hubieses buscado bien. Quizás la abrías encontrado tu… Pero estabas demasiado ocupado llorando.
Nuevamente, Lidia tuvo que mediar para evitar que hubiese una pelea. De no haberlo hecho, Manuel se habría lanzado sobre Julián. —Ahora que ya estamos armados y listos. Falta lo más importante. Salir de aquí. Debemos alcanzar el exterior como sea.
—En el aparcamiento hay varios vehículos. Hace días, yo me fijé en una furgoneta de reparto que no quedaba muy lejos. La puerta estaba abierta. Creo que las llaves estaban puestas. Es una opción— dijo Alex.
—Lo más jodido será salir ¿Cómo lo hacemos? — preguntó Manuel.
—Por donde entramos no va a poder ser— dijo Félix. —Para abrir tendríamos que acercarnos y hay tantos apelotonados ahí que nos caerían encima.
—No. Descarta eso— dijo Lidia —Debe haber otra manera.
—Las salidas de emergencia de las salas— dijo en ese momento Julián —Están cerradas todas. Pero será fácil abrirlas. Aunque eso, nos llevaría directos a las plantas inferiores. Además, al otro lado de esas puertas habrá más de esos bichos. Las llaves de esas puertas deben estar en las taquillas.
—Iré a mirar— dijo Alex alejándose seguido por Manuel y Félix.
Lidia miró a Julián y este le sonrió. —Aunque no te lo creas. Me gusta ayudar— entonces, miró fijamente a la chica —Oye. Si logramos salir de esta… ¿Qué te parece si después nos conocemos mejor? — Julián se acercó a Lidia, tanto que sus cuerpos se tocaron —Soy un muy buen partido. Soy lo que se denomina, un tío empotrador.
—Gracias por la oferta, pero tengo pareja. Cuando salga de aquí, iré a buscarlo al hospital.
—Debo admitir que me encanta tu optimismo. Crees que el seguirá allí esperándote— respondió Julián. —De verdad que me encanta.
Lidia se apartó poco a poco de él y luego comenzó a alejarse. Entonces, se paró y se giró para mirar a Julián —Puede que en otra vida o en un universo alternativo. Otra versión mía, ha accedido a tu oferta… Quédate con eso.
—Y tu quédate con esto: El que la sigue la consigue— respondió Julián con una sonrisa.
Unos minutos después. Alex, Manuel y Félix regresaron con un manojo de llaves donde en cada etiqueta podía leerse el número de sala. Eran sin duda las llaves de las salidas de emergencia. Había llegado el momento, se marchaban de allí.
*****
Todos estaban reunidos delante de la salida de emergencia. Manuel estaba abriéndola poco a poco. Mientras lo miraba, Lidia no dejaba de pensar en Nacho, su novio y las últimas palabras que le dijo. Y esperaba llegar al hospital y encontrarlo allí. Aunque, por otro lado, sin duda, se estaba preparando también para lo peor, para esa otra posibilidad. La posibilidad de que estuviese muerto.
La puerta quedó abierta y dio a un pasillo en forma de L. Lo siguieron con cautela y vieron que estaba vacío. Llegaron a una nueva puerta y Manuel metió otra llave en el cerrojo. No tardó mucho en abrirla y pudieron salir.
Se encontraban de nuevo en la zona abierta donde estaban las tiendas. Desde donde estaban, podían ver a los muertos que permanecían todavía pegados a la persiana metálica. Allí seguían metiendo los brazos, pensando seguramente que Lidia y su grupo permanecían allí dentro.
Avanzaron lentamente, por el momento aquella multitud no representaba un peligro. Estaban demasiado ocupados intentando cruzar la persiana metálica.
—Bajaremos por las escaleras de emergencia. Por donde subieron— decía Lidia mientras caminaba.
No tardaron en llegar a las escaleras y comenzaron a bajarlas rápidamente. Llegaron por fin a la planta baja y salieron al hall principal. Allí vieron a varios caminantes. Ninguno de los cuales, se había aventurado a subir las escaleras en persecución de Tomás.
Comenzaron a andar cada vez más rápido y llegaron a las puertas que daban al exterior. Allí se pararon y Alex los miró —Debemos llegar a esa furgoneta. Aunque hay muchos muertos entre nosotros y el vehículo.
Lidia se asomó un poco y vio que Alex decía la verdad. Debía haber un centenar de aquellos seres ahí fuera. La furgoneta estaba como a unos cien metros de ellos.
— ¿Estáis todos preparados? No nos dará mucho tiempo una vez la alcancemos. Se nos echarán encima antes de que podamos poner en marcha el motor.
—Esto va a ser genial— dijo Julián con una sonrisa de oreja a oreja. —Adelante. Salgamos de aquí.
Todos salieron por la puerta y enseguida comenzaron a correr en dirección a la furgoneta. Al mismo tiempo, los No Muertos del exterior comenzaban a avanzar hacia ellos. Cerrando un circulo en torno a ellos.
El primer infectado se cruzó con Lidia y esta, comenzó a golpearle varias veces en la cabeza. Mientras, los demás hacían lo mismo con los que iban rodeándoles. En pocos segundos, estuvieron totalmente rodeados. Habían calculado mal y los muertos vivientes cada vez más numerosos habían logrado cortarles el paso.
El corazón de Lidia comenzó a latir rápidamente mientras luchaba por su vida. Notaba manos tratando de agarrarla y ella únicamente podía defenderse con golpes. Los huesos se astillaban con cada golpe que daba. Perdió de vista a Félix y a los otros. Fue entonces cuando hasta sus oídos llegó un grito. Era de Manuel. Lidia lo buscó rápidamente con la mirada y lo vio, estaba totalmente rodeado y habían comenzado a morderle. Justo a su lado, golpeando a otros muertos, estaba Julián. Este golpeaba frenéticamente a los infectados de su alrededor, siendo salpicado por la sangre y las entrañas de estos.
En ese momento, Lidia escuchó como la llamaban por su nombre. Alzó la cabeza y entonces vio a Félix haciéndole señas. Este había logrado llegar a la furgoneta, ahí estaba luchando mientras cubría a Alex, este había alcanzado el asiento del conductor y estaba luchando por arrancar el motor.
Como poseída por una fuerza sobrehumana, Lidia comenzó a golpear con todas sus fuerzas a todo muerto viviente que se le cruzaba en su avance. No tardó en ver a Julián cubierto de sangre situándose a su lado. El también luchaba por su vida. Ambos se juntaron y siguieron su avance. Los gritos de Manuel habían desaparecido por completo. Era evidente que había muerto.
Abriéndose paso a través de los muertos, llegaron por fin a la furgoneta. Allí los recibió Félix mientras golpeaba a los infectados. Al mismo tiempo, el motor de la furgoneta rugió con tanta fuerza que los muertos vivientes se pusieron mucho más activos. Se movían más rápido y estaban rodeándolos. Si cerraban un cerco en torno a ellos, ni con la furgoneta a toda velocidad, iban a poder salir de allí.
—Tenemos que salir de aquí ya. Ahora mismo— dijo Félix abriendo la parte trasera.
Ambos, Lidia y Julián se apresuraron a ir hacia la parte trasera, pero entonces, antes de que pudieran subir. Lidia miró a Julián.
—Nuestros caminos se separan aquí. No vienes con nosotros.
— ¿De qué estás hablando? — preguntó Julián estupefacto.
En ese momento, sin decir nada. Lidia golpeó fuertemente a Julián y lo derribó. Este lanzó un fuerte grito mientras soltaba el hacha y caía de espaldas. Entonces, Lidia lanzó otro golpe con su palanca de hierro. Esta vez directo a la rodilla. Entonces, Julián volvió a gritar de dolor. Eso hizo que los muertos vivientes se fijaran más en el que en los demás.
Lidia y Félix subieron de un salto a la parte trasera y Alex pisó el acelerador. El vehículo salió prácticamente disparado y golpeó a unos cuantos caminantes. Después, Alex condujo a través del hueco que los No Muertos habían dejado mientras se concentraban en un herido Julián que gritaba maldiciendo a Lidia.
*****
Alex detuvo el vehículo en la carretera. Esta estaba completamente llena de vehículos abandonados e iba a ser muy complicado avanzar entre ellos. Hacía poco que habían dejado atrás el centro comercial.
— ¿Estás bien? — preguntó Félix mirando a Lidia.
—He matado a un hombre— respondió ella — ¿Cómo crees que me siento?
—Era un tipo peligroso. No has hecho daño a ningún inocente. Además, gracias a lo que hiciste. Lograste crear una abertura. De no ser por eso, habrían rodeado la furgoneta y estaríamos jodidos del todo— dijo Félix —Estamos vivos gracias a ti.
—Solo quedamos tres…— replicó Lidia agachando la cabeza y poniéndola entre las rodillas. —No he hecho nada bueno…

En ese mismo momento se escuchó un trueno. Se acercaba tormenta.

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