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Gracias y bienvenidos al blog. En este blog podréis leer desde el principio la historia titulada Zombies (Esta vez corregida y mejorada), a la que le seguirán sus secuelas: Necroworld y The Survivors Land. En ellas, seguiréis el periplo de un grupo de supervivientes que iniciarán su historia en el pueblo Valenciano de Puzol, pasando por Valencia capital, Barcelona y Madrid. Un periplo que les llevará hasta los Estados Unidos. Esta historia es probablemente la historia de Zombies más larga de la red, ya que cada una de sus partes, cuenta con 200 capítulos en su totalidad. Si te gusta, sígueme en el blog y mis redes sociales, contacta conmigo por Email y suscribete via Email en la pestaña Email address para estar informado de las publicaciones. Esta historia también puede leerse en Wattpad.

domingo, 25 de marzo de 2018

ZOMBIES: Capitulo 012 Tormenta

Capítulo 012
Tormenta

Día 20 de junio de 2017…
Caserón, 10:30 horas…

En mi mente se repetía una y otra vez lo que Sonia nos había contado. No había duda, las fechas cuadraban a la perfección. Bernardo era quien atropelló a mi hija aquel día y después se dio a la fuga. Me encontraba en mi habitación, sentado en la cama frente a la ventana. En el exterior, se había desatado una fuerte tormenta y la lluvia golpeaba con fuerza los cristales. También, se escuchaban fuertes truenos, pero nada comparado con la tormenta interior que tenía… Durante días, había tenido al lado al tipo que mató a mi hija.
Apreté con fuerza los puños y después de un rato, tomé una decisión. Me puse en pie y salí de la habitación. Me dirigí a la planta baja y entré en la habitación donde habíamos guardado las armas. Una vez dentro, cogí un fusil y comencé a cargarlo.
— ¿Qué estás haciendo? — la voz de Mateo me sorprendió. Me di la vuelta y entonces lo vi.
—Ese cabrón asesino sigue por ahí. Voy a ir a por el—  respondí volviendo a lo que estaba haciendo. Mateo entró entonces y se situó a mi lado.
—Puedo entender lo que sientes. Mis padres fueron asesinados en el campo de concentración de Auschwitz. Créeme que no hay día que no desee tenerlos delante y matarlos con mis propias manos, pero eso no sucederá. Comprendo que matarlos no cambiaría nada. Que encuentres a Bernardo y lo mates, no cambiará nada. No traerá a tu hija de vuelta.
Terminé de cargar el fusil y lo dejé sobre la mesa. Cogí entonces una pistola y mientras la cargaba, miré a Mateo —No me la traerá de vuelta. Eso es cierto, pero no lo hago por eso.
— ¿Por qué lo haces entonces? — preguntó Mateo.
—Por qué el mundo ya está bastante jodido como para dejar que esa basura… Que además pega a su mujer, siga por ahí tan campante. Voy a ir a por él os guste o no. Ya he tomado esa decisión— respondí terminando de cargar la pistola y cogiendo otra para cargarla también.
—Te convertirás en un asesino— dijo Mateo.
—Ya lo sé— respondí —Pero merecerá la pena— terminé de cargar la segunda pistola y comencé a prepárame poniéndome uno de los chalecos antibalas. Según Leandro y los que estaban en el caserón mientras nosotros nos encontrábamos en el hospital, Bernardo iba armado.
Una vez terminé de ponerme el chaleco, me guardé las dos pistolas en las fundas del cinturón, cogí un cuchillo de caza y me colgué el fusil a la espalda. Estaba listo para irme.
—Por favor hijo… Piénsalo bien…— dijo Mateo poniéndome la mano en el hombro.
—Ya lo he pensado— dije —Y créeme que entiendo lo que dices, pero es lo que he decidido. Voy a ir a matar a Bernardo… Y si crees que por hacer esto no quieres que esté aquí… Me iré sin oponer resistencia de ningún tipo. Al fin y al cabo, esta es tu casa.
Salí de aquella habitación seguido por Mateo. Llegamos al salón y vi a los demás allí reunidos. Enseguida, Cristina salió a mi encuentro.
—Piénsalo. Está lloviendo mucho y Bernardo puede que haya muerto. Está solo…
—Voy a buscarlo. No intentes detenerme— dije apartando a Cristina a un lado con suavidad. Llegué hasta la puerta y salí de la casa. Enseguida comencé a empaparme con la lluvia. Justo cuando llegué a la puerta de hierro, escuché la voz de David detrás de mí.
—Será mejor que te detengas. No sigas.
—Te conozco bien. Tu harías lo mismo si ese mamón hubiese matado a alguien de tu familia. Harías exactamente lo mismo que yo— respondí dándome la vuelta.
—Claro que lo haría. Yo también quería a tu hija. Estuve contigo aquella tarde y estuve cuando el medico salió a decirnos que no habían podido hacer nada, pero es que ahora no estás pensando con claridad. Te estás dejando llevar por la rabia. Saliendo ahí fuera con todo lo que hay… Lo único que lograrás es que te maten— respondió David.
—Por mucho que la quisieras… Ella no era tu hija. No hay punto de comparación— me volví a dar la vuelta y me dispuse a abrir la puerta. Fue entonces cuando David se acercó y me agarró del hombro. Yo lo miré —Suéltame…
—No voy a dejarte. No dejaré que te mates por no estar en tus cabales— dijo en ese momento David. Entonces, me di la vuelta rápidamente y le asesté un puñetazo. El retrocedió unos pasos tocándose la zona de la cara que le golpeé y rápidamente me lo devolvió.
Todavía dolorido por el puñetazo, me lancé contra él y ambos caímos al suelo. Ambos comenzamos a pelear mientras la lluvia caía sobre nosotros. Llegué a situarme sobre él y quise darle un puñetazo, pero él lo esquivó y yo golpeé el suelo haciéndome daño en la mano. El, logró deslizar la pierna entre nosotros y con un empujón, logró quitarme de encima de él. Caí de espaldas y me puse de pie, justo cuando iba a lanzarme de nuevo, Mateo me interceptó. También me paró Cristina. Eso hizo que me calmara.
Cristina me cogió de la cara y me miró —Cariño… Basta. Cálmate… Yo también estoy enfadada. Yo también quiero hacer daño a ese hombre. El mató a nuestra hija… Y en lugar de prestarnos ayuda, se marchó. Si él no se hubiese dado a la fuga… Puede que ella estuviese viva hoy. Ir a por él no cambiará ya nada. Entiéndelo, por favor. Recapacita y cálmate.
En ese momento me derrumbé. No lo había hecho antes cuando Sonia nos lo confesó. Comencé a llorar y Mateo me soltó para que mi mujer pudiera abrazarme. Después, todos los que estábamos fuera entramos en la casa, una vez dentro, Cristina me llevó escaleras arriba en dirección a la habitación.
*****
Nora se apartó de la ventana y miró a Leandro. Este, pese al dolor, había vuelto a trabajar en la radio. Más que nada, estaba tratando de encontrar nuevamente la frecuencia aquella donde había escuchado las voces.
—Juanma y David se han peleado.
—Juanma quiere ir a por Bernardo. El mató a su hija hace más o menos un año ¿No? Lo entiendo. Ese cabrón me disparó. Créeme que si estuviese mejor… Yo mismo saldría a por él. Quiero devolverle el favor que me hizo.
Nora caminó hacia su cama y se sentó. —Yo también lo haría. Si no llegáis a aparecer…
—Y tu abuelo también lo haría… Él sobretodo— respondió Leandro.
En ese momento, un trueno sonó con fuerza. Eso hizo que Nora mirara de nuevo hacia la ventana. —Ese ha caído cerca. Ojalá esta tormenta sirviese para que todo volviese a ser como era. Para que el mundo volviese a ser lo que era.
—Ojalá…— dijo Leandro mientras encendía de nuevo la radio.
— ¿Ya está? — preguntó Nora poniéndose de pie y acercándose a Leandro.
—Eso parece… Al menos creo que lo de la otra vez no era problema de nuestra radio. Debía ser de la de esas personas. De todos modos, no está de más revisarlo— respondió Leandro mientras giraba la rueda de la radio buscando la frecuencia. Aunque solo había ruido. No había voces. —Joder… Es como si no hubiese nadie más ahí fuera… Lo cual es imposible… Debe haber más grupos como el nuestro… En alguna parte.
En ese momento, otro trueno se escuchó. Al mismo tiempo, la luz se fue y se quedaron totalmente a oscuras. Rápidamente, Nora se dirigió a un cajón y sacó una linterna.
—No me jodas. Ahora se va la luz… Alguien ahí arriba nos debe tener mucha manía— dijo Nora caminando hacia la puerta. Cuando la abrió, se encontró con su abuelo, el también llevaba una linterna.
—¿Va todo bien? Nos ha caído un rayo.
*****
David y yo nos encontrábamos en la cocina cuando se fue la luz. Ambos nos habíamos puesto una bolsa de hielo en la cara para bajarnos la inflamación producida por los golpes.
—Siento haberte dado un puñetazo— dije mirándolo.
—Pues yo no. Estabas siendo un capullo… Te debí soltar otra para que te estuvieses quietecito— David hizo una pausa. Se quitó la bolsa de hielo de la cara y me miró —Entiendo la rabia que sientes ahora mismo. Y es precisamente esa rabia la que te puede costar la vida. No solo está ese cabrón ahí fuera… También hay miles de muertos vivientes ahí fuera. No hubieses llegado muy lejos.
—Ese tipo atropelló a mi hija y se dio a la fuga. Si se hubiese parado y la hubiese ayudado… Se habría salvado tal vez. Además, es un jodido maltratador… E intentó violar a la niña— respondí refiriéndome a Nora. —Ese cerdo no puede seguir suelto por ahí.
—Eso ya lo sé. Aunque es probable que a estas alturas esté ya muerto… Pero lo que ibas a hacer, era una locura. No tenías un plan… Para ir a por él, debes planearlo primero— dijo en ese momento David.
—Tienes razón…— respondí entonces —Aun así, iré a buscarlo nada más tenga la ocasión. Voy a matarlo. Eso lo tengo más que claro. Mataré a Bernardo— hice una pausa y entonces miré a David. —Hay algo que debo contarte… Solo lo sabemos Cris y yo. Quiero que por lo menos, tú lo sepas.
— ¿De qué se trata?
— ¿Recuerdas lo de Leo? ¿Recuerdas que te dije que no tenía mordeduras? El medico nos sacó sangre y me confirmó algo. Todos nosotros tenemos ese virus— le revelé.
David me miró — ¿Qué me estás diciendo? ¿Me estás diciendo que todos estamos infectados?
—Exacto… Todos tenemos ese virus… En el momento que muramos… Volveremos como uno de los muertos vivientes. Pasaremos a engrosar esa lista— respondí.
—Pues es una putada bien gorda…— respondió David volviendo a ponerse la bolsa de hielo.
—De momento no se lo diremos a los demás. Se asustarían y cundiría el pánico.
—Por cierto— dijo en ese momento David —Tenemos a una chica embarazada en el grupo. Me enteré por casualidad. Anna está embarazada.
Un nuevo trueno nos hizo darnos la vuelta y mirar hacia la ventana. Allí golpeaban con fuerza las gotas de lluvia. Fuera, estaba desencadenándose una tormenta propia del fin del mundo. Estaba tan nublado que parecía de noche. Era como si esa tormenta presagiara algo malo que estaba por venir.

En algún lugar de Puzol… Almacén…
12:00 horas…

Lidia, Félix y Alex habían retrocedido sobre sus pasos. Habían estado conduciendo hasta que se quedaron sin gasolina en medio de la carretera. Eso los hizo bajarse de la furgoneta y terminaron refugiándose en un almacén que se encontraba junto a las viejas vías de tren de Puzol.
El almacén estaba cerrado, pero pudieron acceder al interior a través de una ventana rota. Una vez dentro, comprobaron que no había nadie ni nada. Por suerte estaba completamente vacío.
Lidia se encontraba sentada sobre un mugriento colchón abandonado, con los brazos cruzados sobre sus rodillas. De vez en cuando, agachaba la cabeza y la escondía entre sus rodillas. No había dicho nada desde que salieron del centro comercial. En su mente, no dejaba de revivir una y otra vez lo que había hecho con Julián. Lo había golpeado dos veces, una de ellas en la rodilla y lo había dejado a merced de aquellos seres. En cierto modo, ella lo había matado. Ella lo había dejado como distracción.
—Lidia— dijo en ese momento Félix acercándose y entregándole una botella de agua. Aunque en el exterior había refrescado a causa de la tormenta. Allí dentro hacía calor.
—Gracias— dijo Lidia cogiendo la botella. Le dio un trago y miró como Félix se sentaba a su lado.
— ¿Te encuentras bien?
—No… He matado a un hombre. Aunque no fuera una buena persona… Yo lo he matado. Se supone que, como médico, mi trabajo es salvar vidas. No arrebatarlas… Lo que he hecho hoy…
—Lo que has hecho hoy, ha sido salvarnos la vida— respondió Félix —Julián provocó lo que pasó con toda seguridad. A mi intentó matarme y luego mató a Ricardo. Nos habría terminado matando a todos en algún momento. Si no lo hubieses hecho tú, probablemente lo habría hecho yo. Julián era un peligro. No hiciste nada malo.
Lidia suspiró y miró a Félix —Gracias por este apoyo. Desde que nos conocimos me has estado apoyando. Eres un pilar fundamental.
—No me las des— respondió Félix mientras observaba a Alex. Este estaba asegurándose de que no hubiese ningún punto desprotegido. Enseguida volvió a mirar a su amiga. —Sé que quieres llegar al hospital, pero te sugiero que pasemos aquí la noche y mañana temprano, vayamos allí.
—Me parece bien— respondió Lidia apoyando su cabeza en el hombro de Félix. No pasó mucho tiempo hasta que se quedó completamente dormida.

Caserón…
22:00 horas…

Habían pasado horas y había anochecido. Fuera, seguía descargando la tormenta sin descanso, la misma nos había dejado a oscuras y la única luz que teníamos, era la de las velas que habíamos puesto. Todos nos habíamos reunido en el salón y habíamos cenado ya.
—Bueno. Creo que me voy a ir a dormir ya. Lo necesito— dijo Sonia levantándose de la mesa y caminando hacia las escaleras. Entonces se dio la vuelta y nos miró —Hasta mañana.
*****
Sonia subió las escaleras y después caminó por el pasillo hasta su habitación. Abrió la puerta y le asestó un golpe de aire fresco en la cara. Lo cual le pareció algo extraño. Entonces vio que la ventana estaba abierta, eso fue más raro aún. De hecho, pensaba que la había cerrado y que no la había vuelto a abrir. Cerró la puerta y se encaminó hacia la ventana para cerrarla de nuevo.
Sonia bajó el cristal y se dio la vuelta para ir hacia la cama y tumbarse para dormir, pero entonces vio una figura oscura plantada entre la cama y la mesita de noche. Ella quiso gritar, pero entonces, aquella silueta se lanzó sobre ella y se lo impidió tapándole la boca con la mano. Fue en ese momento cuando ella reconoció a esa persona, lo hizo incluso antes de que este mostrase todo el rostro a la poca luz que había en la habitación. Se trataba de Bernardo, estaba vivo y había regresado.
Sonia quiso zafarse, pero Bernardo la agarró con fuerza y entonces le puso el cañón de una pistola en la cabeza. Enseguida, el rostro de Bernardo se acercó más a ella.
—No intentes nada raro o te mato— Bernardo clavó entonces su mirada en ella —Asiente si me has entendido.
Sonia asintió y Bernardo fue retirando la mano de su boca, pero mantuvo el cañón de la pistola presionando la sien de ella. — ¿Qué haces aquí? — preguntó ella.
— ¿No es obvio? Volví a por ti. Es tu obligación… Hasta que la muerte nos separe ¿Recuerdas? — dijo Bernardo.
—Tus palizas y humillaciones ya nos separaron hace tiempo— respondió Sonia clavando los ojos en los de su marido. Él la miró fijamente entonces.
—Tú te lo buscabas— dijo entonces Bernardo —Yo solo quería que fueras mi mujer e hicieras tu trabajo como tal. Además, ya pagué por ello. Acabé en prisión por ti.
—Y ahí debiste permanecer. Mataste a una niña… Mataste a su hija— dijo Sonia señalando hacia abajo.
Bernardo la golpeó en ese momento y Sonia cayó de lado. No gritó, se limitó a tocarse la mejilla y a mirar a su marido. Él, la observaba desde arriba mientras le apuntaba con la pistola. — ¿Desde cuándo te atreves a desafiarme así? Soy tu marido. Respétame.
— ¿Mi marido? Solo eres una basura machista. Un desgraciado que solo vale para infundir miedo a base de golpes. No vales ni para ser llamado hombre. No eres nada. Y yo… Ya no te tengo miedo.
Las palabras de Sonia estaban siendo como golpes para Bernardo. Este apretaba los dientes con rabia, mientras sentía como todo el miedo que le había metido a su mujer en el cuerpo durante años, desaparecía.
En ese momento, Sonia se fue incorporando poco a poco sin dejar de mirar a Bernardo. Finalmente, se plantó frente a él, desafiándolo con la mirada. Era la primera vez que ella lo miraba así. Nunca antes lo había mirado así. Entonces, sin previo aviso, Sonia le propinó un rodillazo en el estómago. Eso, hizo que Bernardo se doblara sobre sí mismo y ella corriera hacia la puerta. La abrió rápidamente y salió gritando al pasillo. Bernardo se apresuró a correr detrás de ella, justo cuando la alcanzó en las escaleras, trató de agarrarla y en lugar de eso, la empujó. Sonia cayó rodando por las escaleras.
*****
El grito de Sonia hizo que todos nos pusiéramos en pie y corriéramos hacia las escaleras, pero entonces, la vimos caer rodando. Yo miré hacia arriba y entonces lo vi. Bernardo estaba en lo alto mirándonos. Antes de que pudiera hacer nada, alzó la pistola y comenzó a dispararnos.
Saqué mi pistola y abandoné mi cobertura para dispararle a él. Verlo me había cegado y deseaba con todas mis fuerzas acabar con él. Cuando me asomé, vi que había desaparecido y pese a los gritos de los demás, corrí escaleras arriba.
Llegué al piso superior y recorrí el pasillo apuntando en todas direcciones, dispuesto a disparar nada más viese a ese mal nacido. Quería matarlo. Entonces, escuché el sonido de un cristal al romperse.
Llegué a la habitación que había pertenecido a Sonia y a él, pero estaba vacía. Lo único que encontré, fue la ventana rota y manchas de sangre sobre el marco. Sin pensármelo, corrí hacia la puerta, crucé el cristal roto y me dejé caer.
Caí de pie, pero me hice daño con la caída y acabé cayendo de lado, perdiendo la pistola. Pese al dolor me puse de rodillas y busqué a tientas mi arma, pero entonces, como salido de la nada, un pie me golpeó en la cara y caí de espaldas.
Aun estando aturdido, vi la silueta de Bernardo apuntándome bajo la lluvia. Aunque no podía verle la cara, sí que podía escuchar tu voz.
—¿Ibas a matarme cabrón? Venga, hazlo. Dime donde está tu arma.
En ese momento comenzaron a escucharse los gritos de los demás. Parecía que se acercaban. Fue entonces cuando me volvió a golpear y yo perdí el conocimiento.

Día 21 de junio de 2017…
Caserón, 8:15 horas…

Me desperté sobresaltado. Vi que me encontraba tumbado en una cama. Me dolía todo, especialmente la cabeza. Me llevé la mano a la frente y noté que tenía una venda. Quise levantarme, pero entonces, Cristina apareció ante mí y me puso las manos en el pecho.
—No quieras levantarte tan rápido. Necesitas reposar un poco.
De repente, como si fuera un flash, vinieron a mi mente los recuerdos de la noche. Fue en ese mismo instante cuando comencé a mirar a mi alrededor. — ¿Dónde está Bernardo? ¿Dónde está ese cabrón?
—No logramos dar con el después de lo ocurrido. Bosco y David han salido a buscarlo— respondió Cristina. —Él iba armado. Tuviste suerte de que no te matara. Podría haberlo hecho.
— ¿Dónde está Sonia? — pregunté en ese momento.
Cristina miró en ese momento hacia un lado de aquella habitación y entonces, vi una segunda cama. En ella estaba Sonia tumbada. Ella no estaba consciente. En su cabeza, había también una venda.
—Ella no ha tenido tanta suerte. Está bastante mal— dijo mi mujer.
Poco a poco me fui incorporando hasta que me senté en la cama. Quise levantarme, pero entonces me mareé. Así que me quedé sentado. Miré entonces a Cristina.
—Hay que encontrarlo. Mientras siga suelto, todos estamos en peligro.
—No te preocupes. David y Bosco darán con él. Tú debes descansar.
En ese momento escuché un nuevo trueno. La tormenta seguía, y yo, seguía teniendo un muy mal presentimiento.

Puzol…
8:20 Horas…

Bernardo había estado huyendo toda la noche. Después de noquear a aquel tipo, habían llegado los demás y él, no había tenido más remedio que huir rápidamente. La huida lo había llevado de nuevo hasta el pueblo. Otra vez de nuevo entre los muertos, a los que había estado evitando escondiéndose.
Llegó a lo que era una tienda de electrodomésticos y decidió esconderse allí para evitar la lluvia. Se adentró con la pistola en alto, preparado para abrir fuego cuando fuese necesario.
El interior de la tienda era un desastre, se notaba muy bien el paso de los saqueadores. Estos habían arrasado con todo antes de que todo se fuera realmente al infierno. Aunque en esos momentos, aquello le causaba gracia. A esas alturas, aquellos infelices, si es que seguían vivos, estarían maldiciéndose por haber robado cosas que ya no les servían para nada.
Miró bien la tienda y vio que era segura. Allí iba a quedarse a descansar. Nunca lo encontrarían, aunque lo estuviesen buscando a conciencia, que eso era seguro. No había podido matar a ese tal Juanma, y no por que no hubiese querido. Con mucho gusto le hubiese metido una bala en la frente, pero no había podido. Había tenido que huir por que los otros habían salido de la casa y estaban acercándose, así, que él solo le había golpeado y había salido corriendo.
En ese momento, escuchó un ruido y se escondió detrás de unas estanterías donde aún quedaban algunos reproductores de DVD. Se asomó un poco y entonces, vio una silueta entrando cojeando en la tienda. Bernardo rodeó la estantería y recorrió el pasillo contiguo con la intención de golpearle por detrás. Logró alcanzar la silueta y cuando quiso disparar, esta se giró y lo miró a los ojos. No era un muerto viviente. Era una persona viva y que, además, él conocía.

Bernardo abrió los ojos de par en par y lo único que pudo decir fue — ¿Tu?

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