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Gracias y bienvenidos al blog. En este blog podréis leer desde el principio la historia titulada Zombies (Esta vez corregida y mejorada), a la que le seguirán sus secuelas: Necroworld y The Survivors Land. En ellas, seguiréis el periplo de un grupo de supervivientes que iniciarán su historia en el pueblo Valenciano de Puzol, pasando por Valencia capital, Barcelona y Madrid. Un periplo que les llevará hasta los Estados Unidos. Esta historia es probablemente la historia de Zombies más larga de la red, ya que cada una de sus partes, cuenta con 200 capítulos en su totalidad. Si te gusta, sígueme en el blog y mis redes sociales, contacta conmigo por Email y suscribete via Email en la pestaña Email address para estar informado de las publicaciones. Esta historia también puede leerse en Wattpad.

sábado, 5 de mayo de 2018

ZOMBIES: Capitulo 018 Caminos que se cruzan


Capítulo 018
Caminos que se cruzan


Día 22 de junio de 2017…
Caserón… 07:00 horas de la mañana…

Me despedí una última vez de Cristina y me puse en pie. Miré a Nora, la cual se encontraba al fondo de la buhardilla y caminé hacia ella. La pierna me dolía debido al disparo que había recibido la tarde del día anterior, pero no me importó, había otras cosas en las que pensar, aunque Nora se percató enseguida.
—Quizás deberías descansar un poco. Tu pierna no tiene buena pinta.
—Solo es una herida de bala. No es la primera vez que me disparan— respondí acercándome a la trampilla, dispuesto a abandonar de una vez por todas la buhardilla.
—Sí, pero en aquel entonces, había médicos que te podían extraer la bala— respondió la muchacha.  No le quise hacer mucho caso, ya que la herida podía esperar, pero era más que evidente que ella tenía razón en lo que decía. La bala, todavía incrustada en mi pierna, me traería complicaciones.
—Escucha, primero debemos ir hacia el Instituto. Allí hay gente según dijo Leandro. Una vez allí me preocupare por mi pierna…— respondí levantando la trampilla y asomándome a la planta inferior de la casa. El pasillo estaba despejado, pero el olor a descomposición de los muertos vivientes, seguía flotando en el ambiente. Seguramente había algunos caminantes dispersos por la casa —Podemos bajar.
Yo bajé el primero y apunté rápidamente hacia ambos lados, pero de momento no había nadie más. Le hice un gesto a Nora y le dije que bajara haciendo el menor ruido posible. Cuando estuvo junto a mí, me miró.
—Podríamos haber salido por el ventanal. Habríamos ido directamente al exterior.
—Antes necesitamos coger unas armas. Con estas que tenemos no llegaríamos muy lejos. Necesitamos unas pocas más— respondí. Las únicas armas que llevábamos, eran dos rifles con muy poca munición, una pistola y un cuchillo.
—Pero hay muchas ahí. No podremos llevárnoslas todas— dijo Nora mientras caminábamos por el pasillo en dirección a las escaleras.
—Solo cogeremos unas pocas— respondí —El resto las dejaremos aquí bajo llave. Nadie más sabe que están aquí. Regresaremos a por ellas, no te preocupes.
Bajamos las escaleras poco a poco. Mientras bajábamos, yo miraba por el hueco de las escaleras. Observando las sombras de abajo. Podía ver al menos dos. Llegamos al primer piso y me encaminé hacia la puerta de la habitación donde estaban las armas.
Alcancé la puerta y metí las llaves, tratando de no hacer mucho ruido al abrirla. Una vez estuvo abierta, entramos y cerré con llave desde dentro.
Ante nosotros teníamos todas las armas que habíamos traído de la comisaria. Me acerqué cojeando a uno de los armarios y saqué un chaleco anti—balas. Este se lo pasé a Nora.
—Póntelo. Eso te protegerá un poco más— dije mientras cogía un par de pistolas de nueve milímetros y se las entregaba. Después cogí una de las mochilas y comencé a llenársela de cargadores.
Me paré en seco cuando sentí una punzada de dolor en el muslo, justamente donde me habían disparado. Fue un dolor tan fuerte que me mareé y tuve que apoyarme en la pared para no caerme.
— ¿Te encuentras bien? — preguntó Nora visiblemente preocupada.
Me puse firme rápidamente y respondí —Sí. No ha sido nada. Tranquila.
Me puse también un chaleco antibalas y luego comencé a cargar una bolsa de deporte con una selección de varias armas de fuego que fui escogiendo. Ya tenía listo todo, era hora de largarse de allí. Me acerqué a la ventana de la habitación y la abrí con cuidado. Cuando estuvo abierta, me aparté y le dije a Nora que saliera. Cuando ella salió, yo la seguí y volví a cerrar la ventana.
Ambos comenzamos a caminar por el tejado hasta que llegamos a una parte más baja de este. Por allí bajó Nora primero, agarrándose a una de las tuberías.
Me tocó el turno a mí y comencé a bajar, cuando por fin toqué el suelo, un dolor penetrante en el muslo me volvió a sacudir, fue tan fuerte que no pude mantener el equilibrio, y esa vez, si caí al suelo. Nora, al verlo, se abalanzó sobre mí para ayudarme a levantarme.
—No estás bien. Hay que sacarte esa bala— dijo Nora cargando conmigo. —Te llevaré al hospital. Jordi y el medico que os encontrasteis siguen allí ¿No? Pues no hay más que hablar. Te llevaré allí.
—Puedo aguantar— respondí.
—No si sigues así. Tienes un poco de fiebre— dijo Nora tocándome la frente.
Cargando conmigo, me sacó de la propiedad de Mateo y ambos comenzamos a caminar a través del bosque de pinos, alejándonos del lugar que creíamos que iba a ser un buen lugar donde vivir. Algo que no había podido ser.

Puzol…
08:15 horas…

El instituto estaba solo a unos cien metros de distancia. David lo observaba a través de los prismáticos que llevaba. A simple vista no parecía que hubiese nadie. Se giró para mirar a Leandro. Este se encontraba sentado en el suelo descansando mientras Bosco le cambiaba las vendas y le limpiaba la herida.
— ¿Estás seguro que te dijeron en el instituto? No parece haber movimiento en el interior. Está exactamente igual que la primera vez que vinimos— dijo David mirando de nuevo a través de los prismáticos.
—Lo escuché alto y claro. Me dijo que estaban en el instituto y que eran cerca de unas cincuenta personas— respondió Leandro levantándose poco a poco ayudándose por Bosco. —Vamos a tener que acercarnos.
Leandro salió de detrás del coche donde estaban y comenzó a caminar en dirección al instituto. Cuando pasó junto a David lo miró —Puede que no sea necesario, pero te agradecería que me cubrieses… Más que nada por si pasa algo. No quisiera que malinterpretaran mis intenciones y me cosieran a balazos.
—Espera— dijo Bosco saliendo detrás de Leandro con intención de detenerlo — ¿No será mejor que vayamos todos?
Leandro se dio la vuelta para mirarlo —No… Yo fui el que habló con ellos. Es mejor que me vean llegar a mí solo. Será mucho menos violento que me vean llegar solo y desarmado. Si nos ven llegar a todos, es posible que la cosa no acabe bien.  Espero que lo entiendas— Leandro volvió a mirar a David —Ya sabes. Cúbreme.
—Hecho— respondió David sacando el rifle y colocándole una mira telescópica.
Leandro dio un par de pasos más y nuevamente se detuvo para mirar a David —Oye. A falta de una bandera blanca… ¿Algún consejo para que no me vuelen las pelotas?
David alzó la vista y miró a su compañero —Si… Muestra la mejor de tus sonrisas.
Leandro sonrió ante la idea y comenzó a caminar hacia la puerta principal del instituto, mientras, rezaba para que no lo confundieran con un caminante o una amenaza.
El corazón de Leandro latía con fuerza debido a los nervios. No podía ocultar el miedo que tenía, ya que, si alguien lo tomaba por una amenaza, le dispararía sin dudar. Aunque todavía no veía a nadie allí montando guardia.
Estaba a cinco o seis metros de la puerta de la entrada al instituto cuando vio a dos personas aparecer de repente. Estos estaban encima de la entrada del instituto, la cual formaba una especie de túnel cuadrado.  Eran un hombre de pelo corto y barba, y una chica rubia de pelo muy corto. Ambos le estaban apuntando con unos fusiles de asalto reglamentarios del ejército español.
—Da media vuelta— dijo la chica —No sé qué demonios haces aquí, pero no pintas nada en este lugar. Date el piro— Leandro rápidamente levantó las manos mostrando que no estaba armado. Se fijó bien en ella y en su voz, la comparó con la de Andrea y no se parecía.
La chica y el chico bajaron de donde se encontraban y caminaron al encuentro de Leandro, rodeándolo por completo. Leandro sintió que el corazón se le iba a salir del pecho. Quizás no había sido tan buena idea lo de ir allí.
*****
David tenía a tiro a esos dos. Los miraba a través de la mira telescópica del rifle, desde el sitio seguro que habían escogido. Detrás de él, Bosco observaba la misma escena a través de los prismáticos.
— ¿Qué haces? ¿Por qué no disparas? — preguntó Bosco bajando los prismáticos.
—Si disparase… Podría provocar un follón enorme. No parece que tengan intención de disparar. Además… Creo que Leandro tiene la situación controlada— respondió David sin dejar de apuntar. Los que estaban rodeando a Leandro eran solo dos, y parecía que primero lo iban a cachear en busca de armas.
*****
La chica se acercó más a Leandro y comenzó a cachearlo. En uno de esos cacheos, le dio un pequeño golpe en el hombro, justo donde tenía la herida, eso hizo que Leandro mostrara una mueca de dolor, sin embargo, decidió jugársela.
—Estoy buscando a Andrea. Soy Leandro… Hablé con ella ayer por la tarde mediante la radio.
Las palabras de Leandro hicieron que sus dos captores se miraran y rápidamente le apuntaran. No solo eso, sino que, además, parecieron ponerse más agresivos, especialmente el chico, que se acercó más y le puso el cañón del arma directamente en la cabeza.
—¿De qué conoces tu a Andrea? Responde.
Leandro iba a responder, pero entonces vio a un grupo de personas que estaban acudiendo a la puerta. A la cabeza, iba una chica de cabello largo y castaño. Era delgada, bastante atlética. Sus ojos eran marrones claros.
—¿Eres Leandro? Eso es lo que has dicho…— Leandro asintió y la chica siguió hablando. Esta vez, la voz si coincidía —Yo soy Andrea. No te esperábamos.
—Ya bueno…— respondió Leandro —Las cosas se nos complicaron un poco. Estoy aquí con tres personas más. Los que han sobrevivido.
—Dejad de apuntarle— dijo en ese momento Andrea.
Cuando dejaron de apuntarle, Leandro pudo respirar tranquilo. Se dio la vuelta y con un gesto, les dijo a los demás que podían salir. Enseguida, David, Bosco y Anna comenzaron a avanzar hacia el grupo. Cuando llegaron, se vieron rodeados enseguida.
Andrea los observó bien y se dirigió a David —Aun no os conocemos y no sabemos si sois peligrosos. Tenemos que pediros que entreguéis las armas. No es nada personal.
David soltó una media sonrisa y le entregó el rifle que llevaba —Me parece bien y lógico— se dio la vuelta y miró a Bosco —Dale las armas que llevas.
Bosco lo hizo, aunque a regañadientes. El grupo de Andrea se repartieron las armas y la que parecía la líder, les hizo un gesto.
—Seguidme.
Todo el grupo avanzó a la vez y pasaron por la entrada. Una vez estuvieron dentro de lo que era el instituto, la puerta fue cerrada. Andrea entonces miró a David.
—Bienvenidos al instituto. Sentiros como en vuestra propia casa.

Afueras de Puzol, Parque…
10:00 horas…

Estaba haciendo mucho calor y nos tuvimos que parar nuevamente. Nos encontrábamos en el mismo parque en el que pasamos la primera noche, de hecho, podía ver el cobertizo donde nos habíamos quedado.
Me apoyé en uno de los árboles y vomité, aunque no demasiado. Nora que estaba a mi lado, rápidamente vino a ayudarme. Terminé de vomitar y me ayudó a sentarme.
—Eres un cabezota. No estás bien ¿No lo ves? Necesitas descansar… Y sacarte esa bala.
—Me la quitaré cuando lleguemos al instituto— respondí intentando levantarme, pero sentí una punzada de dolor tan fuerte que volví a quedarme sentado. Aquello me frustró tanto que le pegué un puñetazo al tronco del árbol, haciéndome varias heridas en la mano.
Nora me quitó el torniquete y observó la herida, después me miró —Hay que limpiarla y sacar esa bala. En la situación que estamos, no durarás mucho así.
— ¿Sabes algo de medicina? — pregunté al ver que parecía saber de lo que hablaba. Me di cuenta además de que no la conocía apenas, no sabía nada de esa muchacha que me habían encargado de proteger.
—He leído muchos libros— respondió Nora
—Menos mal… Empezaba a temer que esos conocimientos salieran de las clases de Doctor Google— respondí en tono jocoso. Iba a sonreír, pero los terribles recuerdos de aquella noche volvieron a mí. La sonrisa se congeló y agaché la cabeza. Después la miré a los ojos.
Nora me miró y pude ver cómo comenzó a llorar —Siento lo de Cristina. Lo siento mucho.
Nora me limpió la herida, aunque la bala seguía dentro. Yo por otro lado me sentía mejor. Solo necesitaba descansar un poco.
—Escucha— comenzó a decir Nora —Sé que quieres ir al instituto. Que los nuestros estarán allí, pero eso puede esperar. Hay cosas más importantes que hacer… Y lo primero es tu pierna. No lo hagas por ti, hazlo por Cristina. Ella no querría que te rindieras, querría que siguieses adelante.
La muchacha tenía razón. Si quería sobrevivir, antes deberíamos llegar al hospital, donde estaban Sánchez y Jordi. Era allí el único lugar que tenía como garantía de que podría curarme la herida de la pierna.
En ese momento escuchamos un ruido. Era el sonido de unos pasos entre la maleza de aquel parque. Aunque no veíamos de quien se trataba, era más de un individuo y se acercaba a nosotros. Instantáneamente, Nora y yo alzamos las armas y apuntamos al frente. Esperando a quien quiera que fuese, diese la cara.
*****
Félix y Lidia habían abandonado aquel túnel a las alcantarillas. La noche había sido tranquila y se habían estado turnando para vigilar hasta que se hizo de día. Con las primeras luces del sol, se habían puesto en marcha.
— ¿Qué esperas encontrar realmente en el hospital? — preguntó Félix
—En primer lugar, un refugio… En segundo lugar, esperanza— respondió Lidia. —Lo demás, supongo que vendrá solo. No busco mucho más. Sería ilusionarme demasiado.
—Ya no crees que tu pareja siga allí ¿Verdad? — preguntó Félix.
—Aún tengo esa esperanza— respondió ella —Creo que, sin esa esperanza, ni me plantearía llegar allí. Sin embargo, también he asumido la otra cara de la moneda. La posibilidad de que el viaje sea en vano— en ese momento, Lidia se detuvo y se plantó frente a Félix.
— ¿Qué ocurre? — preguntó el.
—Escucha. Esto es cosa mía y ya es mucho riesgo lo de ir allí. Si tu no quieres ir… No tienes por qué hacerlo. Pueden separarse nuestros caminos.
Félix sonrió en ese momento — ¿Y a donde voy a ir? Me parezca bien o mal… Seguiré a tu lado. Es una decisión que tomé hace días. Las cosas están como están, puede que juntos tengamos pocas posibilidades de sobrevivir, pero solos tendríamos todavía menos. El destino nos ha unido de alguna manera.
—Gracias— respondió Lidia
Ambos siguieron andando en silencio entre la maleza. Tenían el rio cerca y también el parque más importante del pueblo. Abandonaron la zona de los árboles y llegaron a la zona despejada, fue entonces cuando ocurrió algo que no esperaban, frente a ellos, había un hombre de pelo corto y barba de pocos días, sentado y apoyado en un árbol apuntando con una pistola, a su lado, había una chica joven y pelirroja, también les estaba apuntando.
Al verlos, Félix y Lidia se quedaron petrificados.
*****
Frente a nosotros había un chico rubio de pelo corto y una chica morena. Ambos habían surgido de entre la maleza y al vernos se habían quedado totalmente parados. Fue en ese momento cuando levantaron las manos.
Mirándolos y a pesar del dolor, me fui levantando sin dejar de apuntarles —Nora…— dije sin perder de vista a los dos desconocidos —… Cachéales…
Nora asintió y avanzó hacia ellos apuntándoles. Cuando los alcanzó, comenzó el cacheo. Ellos estuvieron en silencio hasta que el chico abrió la boca —No estamos armados… Ya no…
—Ya lo veremos— respondí sin dejar de apuntar.
Nora terminó de cachearlos y dio unos pasos hacia atrás sin dejar de apuntarles. Entonces me hizo un gesto de negación para indicarme que no llevaban armas. El chico me volvió a mirar.
—Te dije que no íbamos armados.
En ese momento, sentí un nuevo mareo y esta vez caí de bruces perdiendo el conocimiento. Lo último que vi antes de perder la consciencia, fueron los pies de Nora corriendo hacia mi mientras gritaba mi nombre.

Puzol…

Recuperé el conocimiento y abrí los ojos poco a poco. Lo primero que vi entonces, fue a Nora a mi lado. Esta sonrió y luego pronunció unas palabras.
—Se ha despertado.
Lo hizo como mirando a alguien que se encontraba al otro lado. Yo miré entonces hacia ese lado y vi a una mujer morena, de cabello negro y ojos verdes. Llevaba puesta una camisa de tirantes blanca, pero llevaba una mancha de sangre que parecía reciente.
Luego miré a mi alrededor y vi que estábamos en una especie de almacén. Intenté incorporarme todavía algo confuso y enseguida, aquella chica me lo impidió.
—Debes descansar. Y no moverte demasiado. Los puntos podrían abrirse— dijo ella.
Yo miré entonces mi pierna. Esta no me dolía, y, además, estaba vendada con vendas limpias. Algo que me sorprendió totalmente. No entendía nada de nada.
— ¿Qué hora es? ¿Dónde estamos? — miré entonces a la chica morena — ¿Y quién diablos eres tú?
—Ellos son Lidia y Félix— comenzó a decir Nora —Hemos tenido mucha suerte. Ella es médico cirujano. Te ha sacado la bala y te ha vendado la herida. Estás vivo gracias a ella. Ahora nos encontramos en el almacén de una tienda de pesca.
Miré de nuevo a la tal Lidia —Supongo que debo darte las gracias. ¿Cuánto tiempo he estado durmiendo?
—Has estado así unas ocho horas. Son las seis de la tarde— respondió Lidia. —Nora nos ha contado que os dirigíais al hospital. Nosotros también nos dirigíamos hacia allí cuando nos encontramos con vosotros.
Miré a Nora preocupado por si había hablado más de la cuenta, pero, por otro lado, parecían de fiar. De forma altruista me habían curado la pierna y en consecuencia me habían salvado la vida, siendo como era un completo desconocido.
—Hemos pensado que como todavía necesitas descansar, pasemos la noche aquí y mañana vayamos todos juntos al hospital. Ellos quieren encontrar a alguien… Sé que ya no hace falta que vayamos, pero he pensado que es posible que los nuestros hayan pasado primero por allí. No perdemos nada por ir a mirar.
Nora tenía razón. Era posible que antes de ir al instituto hubiesen parado por allí, por otro lado, allí podríamos hacernos con una de las ambulancias que permanecían allí, la cual, nos serviría para alcanzar el instituto de forma segura.
Asentí finalmente, al día siguiente nos pondríamos en marcha hacia el hospital y después, nos encaminaríamos hacia el instituto.

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