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Gracias y bienvenidos al blog. En este blog podréis leer desde el principio la historia titulada Zombies (Esta vez corregida y mejorada), a la que le seguirán sus secuelas: Necroworld y The Survivors Land. En ellas, seguiréis el periplo de un grupo de supervivientes que iniciarán su historia en el pueblo Valenciano de Puzol, pasando por Valencia capital, Barcelona y Madrid. Un periplo que les llevará hasta los Estados Unidos. Esta historia es probablemente la historia de Zombies más larga de la red, ya que cada una de sus partes, cuenta con 200 capítulos en su totalidad. Si te gusta, sígueme en el blog y mis redes sociales, contacta conmigo por Email y suscribete via Email en la pestaña Email address para estar informado de las publicaciones. Esta historia también puede leerse en Wattpad.

viernes, 25 de mayo de 2018

ZOMBIES: Capitulo 021 Otras Fronteras


Capítulo 021
Otras fronteras

Día 5 de enero de 2018…
16:00 horas…

Félix, David y yo, llevábamos fuera del instituto cerca de dos semanas. Podríamos haber vuelto antes al instituto, pero habíamos decidido expandir nuestras fronteras en la búsqueda de suministros. Esa búsqueda, nos había llevado más lejos que nunca.
Los pueblos y ciudades habían cambiado mucho, debido a que la raza humana ya no trabajaba en el mantenimiento de las zonas pobladas. Dentro de unos años, el paso de la raza humana por el mundo, comenzaría a ser un mero recuerdo.
David detuvo el vehículo en medio de la autopista en la que nos encontrábamos. Justo delante de nosotros, había un atasco de vehículos abandonados. Había cientos de coches.
—Vamos a tener que dar la vuelta— dijo David mirándome.
Saqué el mapa de la guantera y lo ojeé un rato. Nos encontrábamos en algún punto entre Requena y Valencia.
El frio era otro punto. Hacía mucho, tanto, que los tres llevábamos más de una muda, además, había varios copos de nieve a ambos lados de la carretera.
— ¿Y qué os parece si regresamos? Nos hemos hecho con una buena cantidad de suministros. Llevamos la furgoneta a reventar— dijo Félix desde la parte trasera. A su lado, había varias cajas que habíamos llenado con todo lo que habíamos encontrado. Mantas y ropas de invierno incluidas. También llevábamos una gran cantidad de medicamentos, los mismos que figuraban en la lista que Lidia nos había entregado antes de partir.
—Yo también tengo ganas de regresar. Tengo ganas de ver a Andrea, pero tenemos esta obligación. Nosotros lo decidimos así— respondió David. El y Andrea, habían iniciado una relación hacia un par de meses.
Seguí observando el mapa y marqué varios puntos. Eran de lugares que todavía no habíamos explorado, y en los que quizás, con suerte, podríamos encontrar suministros. Eran localizaciones que habíamos conocido gracias a personas que habíamos encontrado después de que nos estableciéramos en el instituto y comenzáramos a salir. Aunque hacía unas dos semanas que Roberto Cortés, el hombre que estaba al mando allí, prohibiese traer a más personas al instituto, ya éramos demasiados según él y los alimentos comenzaban a escasear, por ese mismo motivo, era por qué llevábamos tanto tiempo fuera, pero, aun así, yo no iba a dejar tirada a cualquier persona que necesitase ayuda.
—Da la vuelta y tomemos este camino secundario— dije mientras le mostraba a David el mapa de carreteras y le señalaba un camino junto a la autopista y que hacía rato que habíamos pasado de largo.
—Muy bien…— respondió David volviendo a encender el motor. Enseguida dimos la vuelta y nos encaminamos hacia el camino que le había sugerido.

Instituto de Puzol…

El bebé de Anna se podía ver en la pantalla del equipo que habían conseguido del hospital hacía unos meses. Anna no era la única embarazada y tener esos aparatos a mano, no estaba de más. Tanto la madre como el padre de aquel pequeño, observaban la imagen y escuchaban el latido con una sonrisa, aparentaba estar totalmente sano.
—Está perfecto— dijo Lidia mirándolos a ambos.
Ellos se encontraban en uno de los despachos, el cual, habían habilitado como sala de ecografías.
— ¿De verdad está bien? — preguntó Anna.
—Puedes confiar en mi— respondió Lidia —No tengo motivos para mentiros. Soy totalmente sincera. Vuestro hijo goza de una salud estupenda. Dentro de unas semanas, lo tendrás en tus brazos. De hecho, todos los bebés que están en camino, están perfectos. En poco tiempo habrá varios niños, y en unos años… Podremos montar varios equipos de futbol— Lidia sonrió ante la broma que acababa de soltar, pero no fue por que fuese especialmente graciosa, hacía tiempo que no bromeaba.
—Entonces… ¿Sigue previsto para Febrero? — preguntó Bosco.
—Podría adelantarse, pero lo dudo. Aun así, pase lo que pase, estaremos listos.
Lidia le limpió el gel y Anna se bajó de nuevo la camisa, para después, sentarse en la camilla en la que había estado tumbada escasos segundos antes.
Anna se puso en pie y nuevamente volvió a ponerse la ropa de abrigo. Se acercó a Bosco y ambos salieron de allí tras despedirse de la doctora.
Lidia se quedó preparando la siguiente sesión de ecografías, le tocaba el turno a una pareja cuyo hijo, nacería en cualquier momento. Para Lidia, esas sesiones tan frecuentes, se habían vuelto obligatorias, ya que existía la posibilidad de que algún bebé muriese en el útero y luego se reanimase, y aunque no había pasado, era algo que preocupaba a todas y cada una de las mujeres de la comunidad que se había creado en el instituto. Ella, se había propuesto estar atenta y si ocurría, evitar que la madre sufriese daños.
Alguien llamó a la puerta en ese momento y cuando ella invitó a que pasaran, se encontró con Juan José y su mujer Camila. Una joven pareja que hasta que los encontraron hacía finales de octubre, se habían estado refugiando en una caravana. Él era un hombre de unos treinta y cinco años, moreno de ojos marrones, alto y muy delgado, que había trabajado de soldador. Camila era española, pero tenía ascendencia brasileña por parte de padre, era morena de piel, su cabello era negro y sus ojos, eran de un marrón oscuro, casi negro. Era diez años más joven que su pareja. El embarazo de ella, estaba en sus últimos días, en cualquier momento, su bebé, una niña en este caso, nacería.
—Túmbate Camila. Comenzaremos enseguida— dijo Lidia señalando la camilla con la mano.
******
Nora observaba a escondidas a Rei y a Kai en el gimnasio. Los observaba desde una de las ventanas que había en una terraza que pertenecía al gimnasio. Lo hacía cada vez que ambos hermanos, se retiraban allí para practicar Kung Fu. Se quedaba anonadad observando aquellos rápidos movimientos, los cuales, se esforzaba en imitar y aprender. Pensaba que, si aprendía a defenderse cuerpo a cuerpo, saldría ganando si se quedaba desarmada.
— ¿Qué haces?
El acento brasileño de Leandro la sobresaltó. Tanto, que casi se cayó cuando se dio la vuelta. Al ver a su compañero, lo agarró del brazo y se lo fue llevando de allí para no ser escuchada.
—No vuelvas a hacer eso nunca. Casi me provocas un infarto… Podrías haber sido…
— ¿Un caminante? Bueno… Ya sabes que ellos no hablan. De haber sido uno de ellos, te habrías enterado una vez te hubiese mordido— respondió Leandro al tiempo que se descolgaba un fusil del hombro y se lo entregaba a su joven compañera —Nos toca vigilancia desde la azotea del edificio.
— ¿Otra vez? ¿No les tocaba a otros? — preguntó Nora.
—A Raúl y a Emilio, pero se han escaqueado un poco— dijo Leandro. Iba a decir algo más, pero entonces, escuchó ruido dentro del gimnasio, se asomó y vio practicar a los hermanos asiáticos — ¿Observando otra vez a “Tigre y Dragón”? Si tanto te interesa aprender Kung Fu, diles que te enseñen. Aquí en plan voyeur no es que vayas a aprender mucho.
—No aceptarían…— respondió Nora — ¿No has visto lo reservados que son?
—Kai es reservado… Pero Rei es más abierta… Y maja…— dijo Leandro —Pídele que te enseñe Kung Fu.
—Ya veremos… Venga. Hagamos nuestro trabajo antes de que el rey del castillo baje a echarnos la bronca—  dijo Nora caminando hacia las escaleras seguida por Leandro.
******
Roberto observaba el recreo del instituto desde la terraza donde tenían las placas solares. Todos sus habitantes trabajaban en sus diferentes tareas. Vio a Nora y Leandro saliendo por la puerta tras pedirles a Irene y a Jairo abrírsela. Observó a Gloria trabajar en su huerto junto a otros.
— ¿El gran hermano no se cansa de vigilar?
Roberto se dio la vuelta cuando escuchó a Andrea a sus espaldas. Después, volvió a observar mientras se cruzaba de brazos.
—¿Sigues picada porque te arrebaté el mando del instituto? No te ofendas, pero no eras la más apta. Yo estoy más en esa onda— respondió Roberto sin mirarla.
Andrea caminó hasta situarse a su lado y comenzó a mirar con los prismáticos. Vio a Nora y a Leandro ya en la terraza del edificio que tenían dentro de su territorio, desde donde podían vigilar muy bien quién podía acercarse.
—Si te refieres a estar quieta sin hacer nada… Si. No estoy en la onda. Si yo estuviera al mando, estaría fuera o trabajando como todos los demás. No tocándome el escroto a dos manos— respondió Andrea.
—Eso me ha dolido ¿Estás jodida porque tu chico no ha vuelto todavía después de que mandara a su equipo al exterior? Nada te impedía salir detrás de él, pero te quedaste aquí. Ahora no me eches la culpa. Aunque estoy seguro que no has venido aquí a decirme únicamente eso y a insinuarme que soy un machista.
—Correcto. Simplemente he venido a decirte que voy a salir. Me llevaré a Alessandro conmigo. Queremos ir a explorar…
— ¿Explorar? No sé por qué, pero eso me suena a: “Vamos a ir a buscar a más gente” … Ya sabes mi respuesta sobre eso. Ya somos más de cien personas. No hay comida para todos.
—Pero la habrá… Simplemente tendremos que expandir nuestras fronteras. Ir más lejos. Incluso podríamos ampliar nuestro territorio. El instituto es grande, pero como dices, en algún momento estará lleno. Podríamos limpiar otros lugares y establecernos.
—Aquí estamos bien. No hay necesidad ni de traer a gente ni de expandir nada— respondió Roberto. —Pero sal por ahí con el italiano si eso te hace feliz.
Andrea se sintió estúpida en esos momentos. Había pretendido razonar con Roberto, un hombre que no era precisamente famoso por su inteligencia. Se dio la vuelta para largarse, pero entonces, Roberto la llamó.
—Por cierto. Antes de que se me olvide. Será mejor que tú, y otras chicas comencéis a usar protección. No quisiera que hubiese una epidemia de embarazos. Sería una pena que algunos bebés fueran lanzados por encima de la valla.
—Eres un mierda— dijo Andrea mirándolo.
—Si. Lo mismo decía mi ex mujer— respondió Roberto regresando a lo que estaba haciendo. Se sentía como el único rey del castillo, al que todos debían cierta pleitesía. Y eso le encantaba.
******
Andrea llegó al recreo dando zancadas y apretando los puños. Casi había estado a punto de golpear a Roberto, habría sido capaz incluso de tirarlo de la terraza. Habría parecido un accidente. Caminó hasta el coche donde la esperaba Alessandro y cerró dando un portazo, el cual, hizo que el italiano se sobresaltara y dejara de mirar el mapa de carreteras.
—Ese tío es un pedazo de cerdo. Juro por dios que algún día recibirá su merecido.
—Deduzco por tus palabras que ha ido mal— respondió Alessandro.
— ¿Mal? Ha ido peor. Ese tío no tiene corazón…
Por como hablaba, la ex guardia civil estaba furiosa. No era muy común verla en ese estado. Parecía que, en cualquier momento, iba a salir del coche para volver a la terraza y pegarle a Roberto la paliza de su vida.
—Hay muchos como él. Gente que está esperando el momento oportuno para mostrar su verdadera cara. La mayoría coinciden en que son unos capullos de manual y…
—Aless, por favor. Arranca ya…— murmuró Andrea pasándose la mano por la frente. Si no se largaban pronto de allí, alguien acabaría con la nariz rota.
El vehículo conducido por Alessandro abandonó en instituto y se fue alejando por uno de los caminos que tenían marcados. La idea era circular por los pueblos de alrededor buscando comercios que no hubiesen sido saqueados todavía y encontrar a gente.
******
El caminante que caminaba cerca de las vallas cayó abatido después de que la bala atravesara su cabeza.
— ¿Habéis visto eso? Soy el puto amo— dijo Raúl levantando los brazos en modo de celebración, después, cogió la botella de cerveza y le dio un trago —Superad eso cabrones.
Emilio se llevó los prismáticos a la cara y observó el cuerpo recientemente abatido. Ciertamente había sido un tiro certero en la cabeza de aquel ser, que, por los mechones de pelo que todavía mostraba, era una chica o mujer.
—Son diez puntos— dijo mirando a Raúl.
— ¿Veis como soy el putisimo amo? Emilio… Te toca— dijo Raúl pasándole el arma a su compañero, aunque el joven dudó — ¿Qué pasa? El rifle no muerde.
—No es eso. Estamos aquí escaqueándonos cuando deberíamos estar trabajando— respondió Emilio.
—Tío. Mi hermano es el que manda aquí— dijo Raúl dándole un trago a su cerveza —Él es quien maneja el cotarro. Por lo tanto, podemos hacer lo que nos de la real gana. Nadie nos va a toser. Coge el puto rifle.
Emilio miró al resto de presentes y luego se resignó. Tomó el rifle que le daban y tomó posición. Miró a través de la mira telescópica y fijó su objetivo. Se trataba de un hombre calvo que vestía una camiseta de cuadros que estaba con los botones desabrochados. Su piel estaba totalmente pálida, y se podía ver una delgadez casi extrema. Su cara estaba medio quemada. Su boca se abría y cerraba, haciendo rechinar los dientes.
—¿Qué estás haciendo? Lo tienes fijado ¿No? Pues dispara— dijo Raúl mirando a Emilio.
El pulso de Emilio comenzó a temblar. Era la primera vez que tenía la oportunidad de disparar a uno de esos seres. Era algo que se había imaginado cientos de veces, pero cuando había llegado la oportunidad, se dio cuenta de que no era tan fácil. Que por muy muertos que aquellos seres estuvieran, no dejaban de ser personas.
Emilio comenzó a temblar más, tanto, que dejó el rifle en el suelo y se levantó —No puedo hacerlo. Son personas.
Raúl cogió el rifle. Se lo colocó al hombro y disparó abatiendo al No Muerto al que Emilio no había podido disparar. Después miró a Emilio —Si eres incapaz de disparar… No se cómo fuiste capaz de sobrevivir ahí fuera. Lárgate de aquí.
Emilio se bajó de la plataforma de vigilancia en la que estaban y comenzó a alejarse, mientras a su mente, iban llegando recuerdos de las cosas que le habían sucedido antes de llegar al instituto.

Afueras de Puzol…
17:15 horas…

Toni y Alicia se conocieron en el instituto después de la caída de Puzol. No fue hasta pasados unos días cuando iniciaron una relación. Desde el primer momento se dieron cuenta que, tras perder a sus familias, se necesitaban el uno al otro. Y esa relación, les había llevado a formar un equipo de exploración.
Cada día, ensillaban a dos caballos y abandonaban el instituto para patrullar los alrededores del pueblo, en busca de lugares sin saquear para marcarlos. A los que luego, otros equipos acudirían para investigar y saquear lo que pudieran. Sus únicas reglas eran: No adentrarse en el pueblo y volver al instituto antes del anochecer.
Toni observaba un caserón a través de los prismáticos, parecía vacío, pero no estaba seguro del todo. Fue entonces cuando miró a Alicia, quedándose en silencio unos segundos mientras observaba esa blanca piel que lo había encandilado y aquel cabello corto de color negro.
— ¿Pasa algo? — preguntó Alicia percatándose de que Toni se había quedado embobado mirándola.
Toni salió en ese momento de su pequeño letargo y negó con la cabeza —Nada. Solo lo de siempre. Que tu belleza me deja sin palabras.
—Que tierno— respondió Alicia con una sonrisa —Últimamente te noto más romántico que de costumbre… ¿Seguro que los libros que lees últimamente no tienen nada que ver? No pareces el mismo Toni malote que conocí.
—Nunca he sido un malote. Solo era un cliché por mi aspecto… Si llevase gafas y el pelo cortado a cacerola, tendría sobre mí el cliché de que soy un empollón. Simplemente es que me gusta llevar el pelo largo y con coleta.
—A mí me recordaste un poco a John Travolta en Grease cuando te conocí— respondió Alicia mientras observaba el caserón a través de los prismáticos — ¿Qué hacemos? ¿Nos acercamos a mirar y marcamos?
—Está a punto de anochecer. Deberíamos volver ya. Mañana podemos venir a mirar— respondió Toni tras mirar al cielo.
—Venga. Será rápido— dijo Alicia subiéndose a su caballo y comenzando a avanzar hacia el caserón. Toni simplemente se resignó y se subió a su caballo para seguirla.

Navajas…

Después de dar varias vueltas y habernos adentrado en varios caminos y carreteras secundarias, habíamos llegado a Navajas. Una pequeña población de unos casi ochocientos habitantes y perteneciente a Castellón. Totalmente rodeada de bosque.
Nos encontrábamos en la zona del pantano y decidimos parar a pasar la noche en una casa de aspecto colonial que habíamos visto en el bosque. Detuvimos la furgoneta cargada de provisiones frente a esta y nos bajamos. Era bastante grande, pero ni por asomo lo era tanto como la de Mateo.
El exterior estaba lleno de hojas secas y a unos cien metros teníamos el pantano de Navajas. La zona parecía tranquila.
—Pasaremos aquí la noche— dije mirando la casa. Mi mirada se fijó entonces en la chimenea. —Podremos encenderla ¿Qué os parece?
— ¿No será arriesgado? — preguntó Félix. —No me refiero a los muertos. Ellos no se percatarán de algo tan mínimo. Me refiero a otras personas que pueda haber por los alrededores.
—Dudo que se arriesguen a venir a tocarnos las pelotas. Y si lo hacen, se encontrarán con algo que no se esperan— respondió David —Vamos para adentro y veamos si hay algún muerto dentro.
Los tres entramos al porche y David con mucho cuidado empujó la puerta de madera que estaba entre abierta, haciendo que las bisagras comenzaran a hacer ruido. Rápidamente, David detuvo la puerta y los tres escuchamos. De haber alguien allí dentro, ese ruido lo alertaría, aunque no vimos a nada ni nadie.
—Parece vacía— dijo David. Después de eso, cerró la puerta y los tres caminamos hasta el salón. Allí comprobamos que estaba prácticamente intacto. Lo único fuera de lugar que había, eran varios libros escampados por el suelo. La chimenea estaba al fondo y a ambos lados de esta, había dos sofás con una mesa pequeña en el centro.
—No está nada mal ¿No? — preguntó Félix caminando hacia el frente, dejó sus armas sobre la mesa y se tumbó en el sofá que tenía más cerca —Y este es cómodo— Félix se incorporó y nos miró —Sería una genial casa de verano si no fuera porque el mundo está en la mierda.
—Investiguemos la casa entera y cerremos todas las puertas. No vaya a ser que tengamos una desagradable sorpresa— dijo David mirándome.
Los tres nos dividimos por la casa, investigando habitación por habitación. No tardamos en llegar a la conclusión de que estaba totalmente vacía. Probablemente, nunca habían regresado o se habían marchado a toda velocidad.
Subí al piso superior y me adentré en una habitación, cuya decoración me llevó a pensar que había pertenecido a un o una adolescente. Había posters de películas y una estantería llena de novelas, comics y revistas. Incluso, rebuscando entre algunos libros de texto, se me cayeron algunas revistas porno.
—No tenía mal gusto el chaval— dijo David entrando por la puerta y mirando las revistas que había en el suelo.
Ignoré las revistas y me centré en una pila de cómics, los cuales comencé a ojear. Había cómics de todo tipo, tanto de DC cómics como de Marvel.
—Esto le gustará a Nora— dije cogiendo un montón y metiéndolos en la bolsa.
—Esa niña es un encanto… Y tú le has cogido mucho cariño— dijo David ayudándome a cargar los cómics.
—Se lo prometí a su abuelo— respondí metiendo unos cómics de Lobezno —También lo hago por Cristina.
— ¿Y qué tal llevas eso? — preguntó David — ¿Sigues con las pesadillas?
—Hace días que no tengo ninguna. Desde que salimos del instituto…— respondí. Entonces, me senté en la cama y seguí hablando —Ha sido un golpe duro que todavía me dura, pese a que hayan pasado varios meses.
—Bueno. Piensa que no estás solo. Nosotros estamos contigo.
—Gracias— respondí.
Cargamos todos los cómics y bajamos al salón. Allí, Félix había comenzado a encender la chimenea. Pasaríamos la noche allí y al día siguiente partiríamos, era hora de regresar.

Afueras de Puzol…
17:25 horas…

Alicia y Toni habían rodeado la casa varias veces, pero aún no habían entrado. Parecía que estaba vacía y no había nada ni nadie dentro. Se trataba de una pequeña granja que tenía un maizal al lado.
—Bueno. La marcamos y volvemos— dijo Toni sacando el bote de spray de la bolsa mientras se acercaba a la pared. —No es una casa muy grande. Habrá pasado desapercibida— en ese momento, Toni se fijó en que los caballos parecían inquietos.
Alicia seguía mirando por una de las ventanas. Pese a que el cristal estaba sucio, pudo ver que había una cuna por estrenar, cubierta con un plástico. Eso, la llevó a intentar abrir la ventana.
—Un momento ¿Qué estás haciendo? Ese no era el plan.
—Es una cuna que le vendrá bien a alguna de las chicas que va a dar a luz. Podemos desmontarla en un momento y llevárnosla. Podemos hacerlo ahora— respondió Alicia.
—No es nuestro trabajo. Ali… He marcado, vámonos— dijo Toni intentando que su pareja dejase de intentar abrir la ventana. Entonces, miró a los caballos, cada vez estaban más intranquilos. Algo pasaba.
Fue en ese momento cuando escuchó un ruido que venía del maizal. Segundos después, una silueta salió tambaleándose del maizal. Al verlo, Toni caminó hacia el caminante con intención de acabar con él. Lo alcanzó, lo inmovilizó y le clavó el cuchillo en la cabeza. Dejó caer el cuerpo y alzó la mirada para respirar hondo. No se acostumbraba a eso. No se acostumbraba a matar caminantes, aunque no estuviesen vivos, no dejaban de ser personas. De hecho, eso era algo que no pensaba solo él. Fue entonces cuando otro ruido lo alertó. Bajó la mirada para mirar al maizal y fue entonces cuando vio a multitud de figuras avanzando a través del maizal.
—Mierda…— dijo Toni retrocediendo al tiempo que veía salir a los caminantes del maizal.
Alicia logró finalmente abrir la ventana y justo cuando se dio la vuelta, vio a Toni correr hacia ella, con varios caminantes detrás.  Al mismo tiempo, los caballos comenzaron a huir despavoridos, dejándolos tirados.
—Salgamos de aquí— dijo Toni alcanzándola y agarrándola del brazo.
Ambos comenzaron a correr, esquivando a los caminantes que habían sido más rápidos y que los habían casi alcanzado. Había realmente muchos. Tantos que les estaban cortando el paso. Fue en ese momento, cuando Toni comenzó a correr hacia una torre de agua. Ambos comenzaron a trepar por la estructura mientras los No Muertos los rodeaban.
Estaban fuera del alcance de los muertos vivientes, pero estaban atrapados y no iban a poder bajar. Fue entonces, cuando Toni recordó una de aquellas reuniones que habían tenido en grupo. Una donde se hablaba de la vía rápida, la opción de quitarse la vida si pasaban cosas de ese tipo o eran mordidos.
Toni sacó una pistola y metió dos balas, miró entonces a Alicia y le apuntó a la cabeza. Cerró los ojos para no ver lo que iba a hacer. Justo cuando iba a disparar, comenzaron a escucharse ráfagas de disparos. Toni abrió los ojos y fue cuando vio a los caminantes caer abatidos. En pocos segundos, había docenas de cuerpos putrefactos tendidos en el suelo.
Ambos bajaron y fue cuando fueron rodeados por un grupo de personas armadas. Todas les estaban apuntando.
—Tirad las armas— dijo una mujer que tenía acento latino.
Toni y Alicia obedecieron. Levantaron las manos y comenzaron a arrodillarse mientras cada vez había más personas rodeándoles. Parecía que se habían salido de la sartén y se habían caído en las brasas.
Poco a poco, los presentes se fueron apartando, dejando paso a un tipo que andaba tranquilamente con las manos en los bolsillos. Toni se fue fijando en todos los que había allí y vio que todos o la mayoría, eran más jóvenes que aquel tipo. El cual, era algo moreno de piel, llevaba barba, sus ojos eran verdes y su pelo era negro, pese a que parecía que se había rapado recientemente.
—Soy el comandante Julio Molano… Y ahora, estáis en deuda conmigo.

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