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Gracias y bienvenidos al blog. En este blog podréis leer desde el principio la historia titulada Zombies (Esta vez corregida y mejorada), a la que le seguirán sus secuelas: Necroworld y The Survivors Land. En ellas, seguiréis el periplo de un grupo de supervivientes que iniciarán su historia en el pueblo Valenciano de Puzol, pasando por Valencia capital, Barcelona y Madrid. Un periplo que les llevará hasta los Estados Unidos. Esta historia es probablemente la historia de Zombies más larga de la red, ya que cada una de sus partes, cuenta con 200 capítulos en su totalidad. Si te gusta, sígueme en el blog y mis redes sociales, contacta conmigo por Email y suscribete via Email en la pestaña Email address para estar informado de las publicaciones. Esta historia también puede leerse en Wattpad.

miércoles, 30 de mayo de 2018

ZOMBIES: Capitulo 022 Deuda


Capítulo 022
Deuda

Día 5 de enero de 2018
Afueras de Puzol… 19:00 horas…

Alicia y Toni fueron subidos a bordo de un furgón militar y el hombre que se había presentado como el comandante Molano, se sentó frente a ellos. Lo hizo sin perder la sonrisa mientras que, en la mente de Toni, se seguía repitiendo la palabra que Molano había pronunciado: “Deuda”
— ¿Qué tipo de deuda? ¿A qué se refiere con eso? — preguntó Toni al tiempo que notaba como el vehículo comenzaba a moverse.
Molano suspiró y miró a su derecha, donde se encontraba un tipo moreno de ojos marrones y bastante musculoso. Con bastante barba. —Mis hombres y yo, llevamos meses deambulando dando vueltas por ahí. En concreto desde el mismísimo día que esto comenzó. Nos encontrábamos en Madrid, tratando de salvar a todos los civiles posibles y eliminar al enemigo. Lo que pasa es que aquello no salió del todo bien y la ciudad cayó… Como el resto del país… Y del mundo. No os hacéis una idea de cómo son las cosas por el resto de España. Tan solo quedamos alrededor de una quincena de soldados en este grupo.
—Y éramos más de un centenar— añadió el soldado en el que Toni se fijó al principio.
—Todos hemos perdido algo o a alguien— siguió diciendo Molano —Hemos aprendido que, para sobrevivir hay que permanecer unidos, seguir ciertas normas y tener un buen refugio… Como el que parece que tenéis vosotros.
—Nosotros no…
Molano interrumpió a Alicia levantando el dedo índice — ¿Pretendes decirme que no tenéis un sitio acogedor? Eso ya no cuela, y menos a mí. Así que no intentéis mentirme, porque lo sabré— Molano hizo una pausa para encenderse un cigarro, después continuó hablando. —Vosotros tenéis un hogar, el cual, compartís o no con otros. Lo sé por vuestro aspecto limpio y cuidado. Si hubieseis estado vagando como nosotros, estarías mucho más sucios—  Molano dio otra calada —Quiero que nos dejéis quedarnos en vuestro hogar, no para siempre, pero al menos de forma temporal. El tiempo suficiente como para recuperarnos un poco. A cambio, compartiremos con vosotros los alimentos y medicamentos que hemos conseguido. Lo único que tenéis que hacer, es llevarnos a vuestro refugio.
Toni y Alicia se miraron el uno al otro y el, finalmente asintió —Les llevaremos a nuestro refugio porque nos salvaron la vida, pero es con otra persona con la que tiene que negociar.
—Me parece correcto— respondió Molano estrechándole primero la mano a Toni, y después a Alicia. Aunque ella, al principio se lo pensó. Molano tenía algo que no le agradaba en absoluto — ¿Y cuáles son vuestros nombres?
—Alicia y Toni— respondió rápidamente ella.
—Muy bien Alicia y Toni… Presiento que esto es un gran comienzo para todos. Ahora guiadnos hasta vuestro hogar.
El convoy militar avanzó por las calles de Puzol siguiendo las indicaciones de Toni. Pronto, comenzaron a ver las puertas del instituto.
******
— ¿Qué demonios es eso? — preguntó Nora mirando a través de los prismáticos. Leandro la imitó rápidamente y vio lo mismo que ella. Se trataba de un convoy.
—Hay que avisar a los demás— dijo Leandro dejando los prismáticos y cogiendo el walkie. No tardó en responder la voz de Lidia.
— ¿Ocurre algo? ¿Caminantes?
—Un convoy que parece militar a juzgar por los vehículos, viene hacia aquí. Hay un camión y varios furgones. Me es imposible saber el número de ocupantes.
—Nos encargamos— dijo Lidia cortando la conversación.
Lidia comenzó a correr por los pasillos del instituto. Se dirigió hacia la habitación donde dormía Roberto y la abrió sin llamar antes. Fue cuando se encontró a Roberto detrás de una chica desnuda que se encontraba a cuatro patas. La incursión fue tan repentina, que ambos amantes se separaron y ocultaron rápidamente debajo de las sabanas, el primero en salir fue Roberto, y lo hizo hecho una furia.
— ¿En qué cojones estabas pensando?
—Tenemos compañía. Un convoy— respondió Lidia.
Roberto no dijo nada más. Comenzó a vestirse y salió por la puerta casi empujando a Lidia. Fue cuando esta, miró hacia el interior de la habitación y vio primero una bandeja donde podían verse dos rayas de cocaína, después, miró a la chica. La conocía bien, aunque no habían hablado mucho. Aun así, sabía su nombre y su edad.
—Será mejor que te vistas y que te reúnas con tus padres.
Los habitantes del instituto capaces de llevar un arma, se reunieron frente a las vallas del instituto, donde se había detenido aquel convoy. Todos apuntaban, esperando el momento de atacar si era necesario. Aunque la realidad era que nadie quería que se llegase a ese punto. Fue en ese momento cuando de uno de los furgones bajaron Toni y Alicia acompañados por un hombre de pelo corto y barba. Este se plantó ante las puertas, extendió los brazos hacia los lados y giró sobre sí mismo para mostrar que no estaba armado.
—Soy el comandante Julio Molano… Y vengo en son de paz ¿Quién está al mando?
Lidia miró en ese momento a Roberto, el cual se encontraba a su lado y parecía algo tenso. Algo que revelaba lo que había estado consumiendo. —Ese eres tú.
Roberto la miró y luego tragó saliva. Se pasó la mano por la cara y comenzó a caminar hacia delante para hablar con el tal Molano. El cual, permanecía allí de pie junto a dos de los habitantes del instituto.
—Soy yo. Roberto Cortéz…— dijo respirando agitadamente.
—Buenas noches— respondió Molano de forma afable —Estamos aquí, porque de alguna manera, el destino quiso que nos encontráramos con Toni y Alicia aquí presentes. Los cuales, gozan de una excelente salud. Ellos nos trajeron hasta aquí.
Roberto los miró primero a ellos y lo hizo con cierto desprecio. No le gustaba que hubiesen traído a unos perfectos desconocidos a la puerta de su casa. —Lo siento, pero aquí ya somos muchos. No necesitamos a nadie más.
Molano observó a lo largo de la valla y vio aquel montón de armas que le apuntaban —Sí. Puedo verlo. Son muchos… Y bien armados por lo que parece ser.
—Márchense… No queremos hacer algo de lo que podamos arrepentirnos después— dijo Roberto.
Molano sonrió y comenzó a pasearse por delante de la puerta del instituto. Lo hacía con una enorme tranquilidad, como si no estuviese siendo apuntado —Podríamos marcharnos. Eso es cierto, pero, también podríamos entrar a la fuerza y arrasaros en cuestión de segundos. Sois más y de eso no hay duda alguna, pero ¿Cuántos de vosotros sabéis disparar de verdad? — Molano señaló en ese momento a un hombre, cuyo fusil, temblaba en sus manos —Ese de ahí sería incapaz de acertar a un conejo a tres centímetros. No os conviene iniciar una guerra. Es que sería absurdo. Estamos aquí para hacer un trato.
Roberto se acercó más a la puerta para hablar más de cerca con Molano — ¿Qué trato? — rápidamente lanzó una mirada hacia la terraza donde se encontraban Leandro y Nora. Ambos, estaban apuntando a los militares. Un solo gesto de Roberto bastaría para que dispararan.
—Tienes a dos francotiradores en ese edificio. Hace rato que lo sé— dijo en ese momento Molano —No te lo tendré en cuenta, tranquilo. De hecho, es algo normal que estén ahí— Molano hizo una nueva pausa y siguió hablando —El trato consiste en que nos dejéis quedarnos una temporada. El suficiente tiempo como para poder recuperarnos un poco. Llevamos mucho tiempo ahí fuera y pasándolo mal.
— ¿Y que ganamos nosotros con eso? Somos muchos y los alimentos son muy escasos— respondió Roberto —Vuestra presencia aquí, solo empeorará nuestra situación.
Molano sonrió —Sal y te mostraré lo que ganáis— Roberto lo miró con desconfianza y Molano, nuevamente lo notó —No te preocupes. Si intento hacerte algo, alguien me meterá una bala. Que si, que puede que luego os cosan a balazos mis hombres, pero yo estaría ya muerto y eso no me interesa. Sal y verás que voy de buena fe,
Roberto miró a ambos lados y asintió, fue entonces cuando la puerta se abrió y el, salió al encuentro de Molano. Este le hizo un gesto con la cabeza para que lo siguiera.
Molano llevó al líder del instituto hasta el camión y allí, le mostró la cantidad de suministros que llevaban. Había una cantidad enorme, nunca había visto tantos alimentos, agua y medicamentos juntos desde que se habían refugiado allí.
— ¿De dónde sale todo esto? — preguntó Roberto con asombro.
—De aquí y de allá. Hemos recogido todo lo que hemos podido. Si nos dejáis quedarnos una temporada, os podréis quedar todo. Nosotros podemos conseguir más— respondió Molano —Puedes subir a comprobar todo lo que hemos conseguido.
Roberto subió y alumbró con la linterna. Ciertamente había de todo, ningún grupo de exploración y recogida de suministros había logrado traer tanto nunca. Con todo lo que había allí, podrían tener comida para un año o más. Era una autentica mina.
Molano subió también al camión y entonces, sacó una caja de puros. Esta se la entregó a Roberto —Son 100% habano. Y serán todo tuyos— Roberto fue a coger la caja y Molano la retiró — ¿Tenemos o no tenemos un trato?
—Bienvenidos al instituto— dijo en ese momento Roberto.
******
Lidia observaba la situación desde una de las ventanas del instituto. Veía como entraban los vehículos y los militares comenzaban a estrechar manos mientras se presentaban. Se fijó en el militar que llevaba la voz cantante, no sabía cuál era su rango, ni le interesaba. Simplemente, veía algo en el que no le daba buena espina.

Pantano de Navajas…
23:40 horas…

Me encontraba tumbado frente a la chimenea de la casa, a unos metros de mí, estaba Félix. David por su lado, se encontraba de guardia en el piso superior. Observaba una foto familiar con ayuda de una pequeña linterna. Se trataba de una fotografía en la que aparecíamos mi mujer, mi hija y yo. Pese a que había pasado bastante tiempo desde que las perdí a ambas, seguía teniéndolas muy presentes.
— ¿No puedes dormir? — preguntó Félix. Yo lo miré rápidamente.
—Pensaba que tu si lo hacías. No quería despertarte— respondí apagando la linterna y guardándome la foto.
—No me has despertado. Tranquilo— respondió Félix —No te tienes por que disculpar. Es normal que las eches de menos. Yo… Y todos, echamos de menos a nuestras familias. Nos cuesta asimilar muchas cosas todavía.
Recordé en ese momento donde, después de que llegásemos al instituto, muchos de nosotros salimos de allí para intentar encontrar a nuestros familiares. Yo, por ejemplo, había ido a ver si encontraba a mis padres y hermanos, pero no hubo resultados. Tampoco David logró encontrar a sus padres y hermana. Ninguno de los dos, tenía noticias de sus familiares y en esos momentos, solo podíamos temernos lo peor. Félix también intentó lo mismo, pero como nosotros, tampoco tuvo suerte. Lo único que nos quedaba, era que estuvieran a salvo en algún lugar, lejos o cerca de nosotros.
En ese momento, vimos como David bajaba las escaleras. Nosotros lo vimos y el hizo un gesto señalando hacia el exterior. Algo ocurría. Félix y yo nos levantamos y cogimos nuestras armas, nos arrastramos por el suelo acercándonos a las ventanas siguiendo las indicaciones de David y miramos.
En el exterior, pudimos ver nuestro furgón, y justo detrás de él, en el maletero. Había una persona intentando forzar la cerradura. No había duda de que era una persona que estaba viva. Era alguien que estaba intentando robarnos.
— ¿Qué hacemos? — preguntó Félix
—Desde luego no vamos a dejar que se lleve lo que tanto nos ha costado conseguir— respondió David.
—Parece que está solo. No hay nadie más a la vista o eso parece— rápidamente miré a Félix —Vas a tener que cubrirnos. David y yo vamos a salir. Dispara si ves que sale alguien más.
David y yo nos acercamos a la puerta y la abrimos con extremo cuidado. Aquella persona había sido descuidada, y nosotros no íbamos a cometer ese mismo error. No era la primera vez que maniobrábamos de esa manera. Salimos al exterior y nos fuimos acercando en silencio a la furgoneta, amparados en la oscuridad.  Nos situamos a ambos lados y avanzamos hasta la parte trasera.
Abordamos al desconocido a punta de pistola por ambos lados, fue tan rápido que ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar. Lo derribamos y le apuntamos a la cabeza.
Se trataba de un hombre delgado y bastante sucio, tenía una poblada barba castaña y sus ojos eran marrones. Nos miraba con terror y levantaba las manos en señal de rendición.
—¿Quién coño eres? ¿Qué pretendías? — preguntaba David.
—Solo buscaba comida para no morirme de hambre— respondió el hombre. El cual, debía tener más o menos mi edad. Unos treinta y cuatro.
—¿Estás solo? — pregunté —Te recomiendo ser sincero.
—Estoy solo… Por favor. No me matéis… Siento si os he molestado. No busco problemas— repetía en hombre una y otra vez. —Me llamo Héctor… No soy peligroso. Os lo prometo.
David y yo nos miramos sin dejar de apuntar al tal Héctor —¿Qué opinas? — le pregunté a mi compañero.
—Podría estar mintiendo en ese de que está solo… Podría ser un informador… Deberíamos marcharnos de aquí antes de que vengan los amigos de este— respondió David
—Os juro por dios que estoy solo… No tenéis ni idea de lo que he pasado… Solo buscaba comida para mi… Y para mi mujer… Ella está muy enferma y…
—¿No decías que estabas solo? — preguntó David, después me miró —Deberíamos pegarle un tito en la rodilla y largarnos. No me expresa ninguna confianza.
—Podría estar diciendo la verdad— dije en ese momento, lo que hizo que David arqueara una ceja.
—¿Me estás vacilando? No puede ser que me estés hablando en serio.
—Presunción de inocencia— respondí.
—Presunción de inocencia mis cojones. Eso ya no existe. El que no es un muerto viviente, es un cabrón— dijo David —Propongo que nos larguemos ahora mismo.
En ese momento, le hice un gesto a Félix para que saliera. Cuando este se acercó, le pedí que vigilara a Héctor mientras yo hablaba con David. Me llevé a mi compañero a un punto no demasiado alejado y comencé a hablar en voz baja.
—Podría estar diciendo la verdad. Creo que se debería comprobar. Por eso te diré lo que haremos. Coge el furgón y regresa con Félix al instituto. Yo me iré con él a ver si lo que dice es verdad,
—Tú te drogas…— respondió David con una sonrisa —No estás hablando en serio— al ver que lo miraba, dejó de sonreír —Estás hablando en serio. Se te va la cabeza.
—Tal vez. Puede que no esté en mis cabales— respondí mirando a Félix y a Héctor. Los cuales, se habían desplazado, y Héctor permanecía sentado mientras Félix lo vigilaba.
—Estás como una puta cabra. No hagas esa gilipollez. Vas a irte con un tipo al que no conoces de nada. No te la juegues.
—Ese hombre podría ser yo— dije en ese momento.
—No lo eres.
—Pero podría serlo. Podría ser yo quien estuviese en su situación. Vosotros iros ya. Yo me ocupo del resto. Si dice la verdad, iremos al instituto.
—¿Y si miente?
—Entonces moriré por estúpido y confiado— respondí.
—Tú mismo puto tarado— respondió David. Entonces miró a Félix —Rubiales. Tú y yo nos largamos. Juanma se queda a hacer de buen samaritano.
—¿Seguro? — preguntó Félix.
—Tío… Sube al puto furgón— dijo David subiendo al vehículo.
Mis dos compañeros, una vez estuvieron a bordo del vehículo, se fueron alejando. Yo me quedé a solas con aquel hombre. El cual, me miraba con cierto temor. Me acerqué a él y le puse unas esposas.
—¿Qué harás conmigo? ¿Me vas a matar?
—Eso depende de ti… Si es una trampa… Si, te mataré. Ahora andando, llévame a donde está tu mujer.
Héctor se levantó y ambos comenzamos a andar en la oscuridad, perdiéndonos en el bosque. Pese a que estaba confiando en su palabra, tenía todos los sentidos en alerta, por si alguien que lo acompañara, estuviese esperando para saltar sobre mí. Probablemente, ese asalto no me favorecería, pero mi piel iba a venderla muy cara.
Ambos estuvimos andando bastante rato en silencio, hasta que llegamos a la orilla del pantano, y allí, había una barca de remos. Al verla, miré a mi compañero.
—Estamos acampados al otro lado. Está en una plataforma de observación— dijo en ese momento Héctor.
—Muy bien. Vamos— dije. Ambos subimos a la barca y comencé a remar. Fue entonces cuando comenzaron las preguntas. —¿Qué le pasa exactamente a tu mujer?
—Tiene un tobillo roto que tiene muy mala pinta. Creo que podría perderlo. Lo que yo buscaba, eran alimentos y medicamentos. Algo con lo que poder, al menos, alargar su vida. Llevamos meses huyendo y sobreviviendo. Yo no quería dejarla sola, pero ella me insistió en que saliese a buscar algo.
—¿Huyendo? — pregunté.
Héctor asintió —Nos encontrábamos en un campamento. Con varios supervivientes más. Mujeres, ancianos, hombres y niños. Nos iba bien, estábamos abastecidos… Podríamos haber aguantado años… Pero una noche aparecieron aquellos tipos… Y todo se fue al infierno.
—¿Qué tipos? — pregunté.
—Los que nos masacraron— respondió Héctor —Eran unos malditos sádicos que vestían ropas de preso. Seguramente habían escapado de alguna prisión. Fueron unos auténticos animales. Mi mujer y yo escapamos por los pelos. Pero antes, fuimos testigos de la crueldad humana.
No sabía que decir exactamente. Llegamos a la otra orilla y nos bajamos de la barca. Una vez allí, Héctor me señaló el lugar donde se encontraba la plataforma donde se había refugiado con su mujer.
—Es ahí…
Ambos avanzamos entre la maleza y los arboles hasta que llegamos a la estructura de hierro y de más de diez metros de altura. Desde ahí, en el pasado, cuando el mundo aún era mundo, los guardabosques vigilaban la zona para proteger la fauna y la flora.
—Ahora tenemos que subir— dijo Héctor —Pero no podré subir con las manos esposadas.
En ese momento, saqué la llave y le quité las esposas. Él se masajeó las muñecas y me miró —Gracias. Te prometo que no soy peligroso para ti. Déjame que suba yo primero para que ella no se asuste.
Asentí con la cabeza y ambos comenzamos a subir por la escalera de mano. A cada paso que dábamos, escuchábamos como chirriaba la estructura. No tardamos en llegar arriba.
Héctor se acercó a la puerta y dio varios golpes, después pronunció el nombre de su mujer. Un nombre que hizo que mi corazón diera un vuelco —Cristina. He vuelto… Y he traído a alguien— empujó levemente la puerta y entramos. De pronto, una silueta se abalanzó sobre Héctor y este retrocedió unos pasos, tanto, que casi pasó por encima de la barandilla.
Una No Muerta trataba de morderle mientras el, trataba de luchar. Yo, sin pensármelo dos veces, la agarré desde atrás y tiré de ella. La lancé a un lado de la plataforma y esta alzó la mirada. Una mirada sin vida.
—Oh dios…
La No Muerta se lanzó de nuevo contra nosotros y fue Héctor quien la interceptó. La empujó por encima de la barandilla y el cuerpo se precipitó hacia abajo. Chocando con un tronco caído y quedando tendida sobre este. Después, Héctor se quedó sentado en un rincón mientras sollozaba. Yo, solo podía mirar hacia abajo y mirar a la caminante que seguía moviéndose.

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