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Gracias y bienvenidos al blog. En este blog podréis leer desde el principio la historia titulada Zombies (Esta vez corregida y mejorada), a la que le seguirán sus secuelas: Necroworld y The Survivors Land. En ellas, seguiréis el periplo de un grupo de supervivientes que iniciarán su historia en el pueblo Valenciano de Puzol, pasando por Valencia capital, Barcelona y Madrid. Un periplo que les llevará hasta los Estados Unidos. Esta historia es probablemente la historia de Zombies más larga de la red, ya que cada una de sus partes, cuenta con 200 capítulos en su totalidad. Si te gusta, sígueme en el blog y mis redes sociales, contacta conmigo por Email y suscribete via Email en la pestaña Email address para estar informado de las publicaciones. Esta historia también puede leerse en Wattpad.

domingo, 24 de junio de 2018

ZOMBIES: Capitulo 024 Confianza


Capítulo 024
Confianza

Día 6 de enero de 2018…
Torre de vigilancia, Pantano de Navajas…
0:15 horas…

Héctor se acercó al cuerpo de su mujer, mientras esta, trataba de agarrarlo, Con lágrimas en los ojos, logró inmovilizarla y seguidamente, con una piedra que cogió del suelo, la golpeó varias veces en la cabeza hasta que dejó de moverse. Después de eso, se sentó en el suelo al lado del cadáver y me miró.
—Se cortó las venas… Había amenazado con hacerlo desde que vio que me costaba mucho llevarla de un lado a otro. Decía que no quería ser una carga… Y yo no paraba de decirle que eso no era cierto. Debí sospechar que era por eso por lo que ella me hizo dejarla sola. Lo tenía todo pensado.
—¿No sabíais que si moríais os reanimaríais después? — pregunté.
—Yo sí que lo sabía. Solo que nunca se lo dije. No quería preocuparla. Pensé que, si se lo ocultaba, mantendría la esperanza y lucharía por sobrevivir, Me equivoqué— Héctor me miró nuevamente —Ya no es necesario que sigas aquí. Puedes irte si quieres, Yo me quedaré aquí unas horas y al amanecer, buscaré algún sitio desde el que saltar.
—Yo también perdí a mi mujer— comencé a decir —Se llamaba Cristina también. Yo mismo tuve que matarla cuando se reanimó. Pensé exactamente como tú. Pensé en quitarme de en medio, pero… Me lo pensé mejor y decidí que quitarme del medio era una falta de respeto a su memoria. Así que decidí seguir adelante. Haz tu lo mismo, vive por ella.
—¿A ti que más me da? No me conoces de nada. No sabes nada de mi ¿Por qué te importa tanto? — quiso saber Héctor —Simplemente lárgate.
—Tienes razón. Ni se nada de ti, ni te conozco… Aun así, quiero que tengas una oportunidad. Quiero que sobrevivas. Por eso, quiero que vengas conmigo. Podrás tener un hogar— respondí. Le tendí la mano a Héctor para ayudarlo a levantarse y este la tomó. Seguidamente se levantó.
—Gracias… Por todo esto…
—No me las des. Vas a tener un hogar, pero también tendrás que aportar cosas a la comunidad. Yo, por ejemplo, soy de los pocos que salen del instituto para buscar suministros— respondí.
—Me parece lógico— respondió Héctor —¿Y dónde tenéis vuestro refugio?
—En Puzol… Nos queda un largo camino todavía. Quizás podamos encontrar algo. David y Félix se llevaron el único vehículo que teníamos en estos momentos. Ya deben estar cerca de Puzol.
Ambos comenzamos a caminar por el bosque, vigilando siempre nuestras espaldas.

Vías de tren…

Jordi permanecía tumbado en el suelo. Sobre él, seguía aquella extraña chica, amenazándolo con una Katana. Solo unos centímetros lo separaban de que le cortaran el cuello… Y algo le decía, que, si la chica tenía que hacerlo, no dudaría.
—Te lo preguntaré una vez más… ¿Me estabas siguiendo? De tu respuesta, dependerá que veas un nuevo amanecer…— preguntó nuevamente la chica.
Jordi notó la punta de la espada en el cuello, pudo notar como esta, había penetrado unos milímetros, lo bastante como para que empezase a sangrar un poco —¿Me creerías?
—Luci…— en ese momento, la voz de un hombre, hizo que Jordi mirara de reojo hacia su derecha. Allí, vio una segunda silueta. Esta vez la de un hombre, sostenía una linterna, El tipo avanzó hacia ellos y se situó a su lado —Puedes dejar que se levante, No creo que sea una amenaza.
—¿Una corazonada tuya? — preguntó la chica —Normalmente fallas más que una escopeta de feria. No juzgas bien a las personas.
—¿Y tú sí?
Jordi escuchaba la conversación. Ambos eran jóvenes, pese a que no podía verles la cara. En el caso de él, había algo más. Tenía un acento muy peculiar y que no podía identificar, lo que estaba claro, era que no era español.
—Solo me dirigía a Valencia… O a algún otro lado. No quiero problemas con nadie— comenzó a decir Jordi —Deja que me levante y después, cada uno por su lado.
La chica se retiró y Jordi se ayudó de uno de los laterales del vagón para ponerse en pie. Aunque, sentía que, en cualquier momento, la chica podría separar su cabeza del cuerpo con un rápido movimiento.
Una vez de pie, Jordi los miró a los dos. Primero miró al hombre, era un poco más alto que él y delgado, su pelo era ondulado y llevaba una barba de varios días. Fue entonces cuando se fijó en sus rasgos. Se trataba de un chico japonés. Después, miró a la chica. Esta se ocultaba debajo de una capucha, pero puedo ver su cara y parte de su pelo. Era evidente que llevaba el pelo recogido en una cola de caballo. También se fijó en su cuerpo, por lo que parecía, era una chica bastante atlética. Probablemente musculosa debajo del atuendo que llevaba.
—Cada uno por su lado— repitió en ese momento la chica. Miró por encima del hombro a Jordi y se centró en su compañero —Mishuro. Es hora de seguir.
Justo cuando el chico japonés iba a moverse, una silueta apareció de improviso y lo derribó. Jordi no tardó en darse cuenta de que se trataba de Amelia.
El chico japonés, tumbado en el suelo, se vio amenazado por una tubería oxidada, la cual, temblaba en manos de una mujer que estaba muy nerviosa. Al verla, Luci desenvainó de nuevo la espada y le apuntó.
—Deja que mi compañero se levante y nadie tendrá que lamentar nada.
—Amelia…— comenzó a decir Jordi situándose entre su compañera y la chica de la Katana. Primero miró a Luci y levantó la palma de la mano para que no hiciera nada. Después, nuevamente miró a su compañera —Puedes dejar que se levante. Ellos no son un peligro. Todo fue un mal entendido… Pero ya está más que solucionado.
Amelia los miró a todos y luego con mucho cuidado se retiró y dejó de amenazar al hombre japonés. Segundos después, los cuatro se encontraban mirándose los unos a los otros en silencio. Solo la chica de la katana rompió el silencio.
—Mishuro… Nos vamos.
—Espera— Mishuro miró a Luci y luego dirigió su mirada hacia los otros dos viajeros — ¿Vosotros también os dirigís a Valencia? Eso es lo que tu dijiste— señaló a Jordi. El cual, asintió. Amelia hizo lo mismo. —Podemos ir juntos.
—De ningún modo— replicó en ese momento Luci —No necesitamos a nadie más con nosotros. Y todavía necesitamos menos a gente que pueda ser un maldito lastre. Creí que había quedado claro.
—Luci…— comenzó a decir Mishuro —Probablemente se dirigen al mismo lugar que nosotros. Nosotros somos solo dos y tardaremos un día más en llegar por lo menos. No nos vendría mal algo de compañía. Gente con la que hablar y turnarnos para las guardias. Piénsalo, juntos y cooperando habrá más posibilidades de tener éxito— fue entonces cuando el joven japonés miró a Jordi y Amelia —Si a vosotros os parece bien… Claro.
Amelia miró entonces a Jordi y rápidamente miró a Mishuro —A mí sí.
Jordi se dio cuenta entonces que su compañera no iba a dejar que la abandonara, así como así. Sabía que iban a tener que seguir juntos, así que simplemente asintió tras mirar a Mishuro.
El joven japonés sonrió y miró a Luci —Asunto solucionado. Por el momento viajaremos juntos— Luci lo miró con un gesto de desaprobación, pero, aun así, finalmente cedió.
—Tú mismo. Espero que no tengamos que arrepentirnos después por esto.
—En primer lugar. Paremos a pasar la noche. No hemos descansado nada desde ayer. Únicamente hemos andado y andado. Ni siquiera hemos comido— Mishuro parecía bastante afable y rápidamente comenzó con las presentaciones —Yo soy Mishuro Oka y ella es Lucia. Aunque prefiere que la llame Luci. No os dejéis engañar por ese humor de perros que se gasta. No lleva muy bien lo de confiar en otros. No tiene tan buen ojo como yo. Sin embargo, a medida que la vayáis conociendo, os percatareis que es un pedazo de pan y un encanto. Aunque ahora gruño como si fuera un Bulldog.
—Yo soy Amelia— entonces señaló a Jordi —Él es Jordi. Nos conocimos hace poco y decidimos que viajaríamos juntos a Valencia. Nuestro objetivo es el campo de futbol “Mestalla”
—También es nuestro objetivo. Al menos uno de ellos. Luci cree que allí puede encontrar a…
—¿Por qué no les cuentas también la postura en la que cago? Es lo único que te falta.
—Disculpadla. No suele confiar en otros. Confía en mi… Que ya es un milagro… También es un poco humorista como habéis podido comprobar— rio Mishuro ante la frase de su compañera.
Poco después, Amelia y Jordi condujeron a Mishuro y a Luci hasta donde habían estado durmiendo. Una vez allí dentro. Luci se alejó para hacer la primera guardia. Aunque según Mishuro, lo hacía más bien para no acercarse demasiado a sus nuevos acompañantes.
Habían pasado cerca de dos horas cuando Jordi y Mishuro, que no conseguían dormir. Comenzaron a hablar.
—Estaba huyendo cuando me topé con vosotros— confesó Jordi mientras miraba a Amelia —No considero que sea buena idea que permanezca cerca de ella… Ni de nadie. La verdad es que empiezo a perder el juicio.
—¿En qué sentido? — preguntó Mishuro —Quiero decir… ¿Qué te hace pensar que estás perdiendo el juicio?
—Veo constantemente a mi esposa y me habla…— respondió Jordi tajantemente —Aún estoy lo bastante cuerdo como para saber que eso no es normal.
—¿Consideras que murió por tu culpa? Por qué puede que sea por eso por lo que la ves. No serias ni el primero ni el ultimo que pasa por algo así… Y la soledad no ayuda en ese sentido. De hecho, creo que es lo que ha propiciado que tengas esa alucinación. Al fin y al cabo, no es más que una representación tuya en la que te culpas a ti mismo— explicó Mishuro.
—¿Eres Psicologo? — preguntó Jordi.
—¿Acaso lo parezco? No. Antes tenía una tienda de importación de cosas de Japón. Más bien era como una tienda de antigüedades. Traían armaduras samurái y kimonos. Además de Katanas 100% reales. La que lleva Luci se la di yo— en ese momento, Mishuro sacó una katana de su bolsa para mostrársela a Jordi —Esta es la mía.
Jordi tomó la espada y le quitó la funda para ver el filo —Está muy afilada.
—Las afilo yo mismo— Jordi le devolvió la espada y entonces se fijó en Luci, la cual apareció paseando por delante de la puerta del almacén, controlando que esta, estuviese bien cerrada desde dentro. Mishuro se dio cuenta que Jordi la miraba y volvió a hablar —La historia de Luci es mucho más larga que la mía y más interesante. Ella y yo no nos conocíamos de antes. Nos conocimos un día de hace cuatro meses. La encontré vagando por las calles de Castellón, totalmente ensangrentada y con la katana que lleva— Jordi arqueó una ceja sin entender a donde quería ir su compañero, así que, Mishuro continuó con su relato —No regresaba a la tienda desde que ocurrió todo esto. logré encerrarme en casa y abastecerme todo lo que pude, tanto de agua como de comida. Entonces, llegó un día en el que se agotó y tuve que irme de casa. No sabía a donde iba a ir y como el camino sería largo, decidí que debía pasar por la tienda y coger alguna de las katanas… Y una armadura…— Mishuro hizo una pausa —Es que eso me protegería de mordiscos. Fue entonces cuando me encontré con ella. Habían estado viviendo en la tienda, ella y otras tres personas más. Solo quedaba ella cuando la encontré… En la tienda había tres cadáveres.
Jordi arqueó de nuevo una ceja —¿Ella los mató?
—Solo a uno de ellos. Era su novio según me contó. Aquel tipo mató a los otros dos y trató de matarla a ella. Luci solo se defendió y lo atravesó con la katana. Ese tipo perdió la cabeza de verdad. Después de eso, ella y yo nos encontramos y yo le enseñé a manejar la espada.
*****
Luci observaba a su compañero mientras hablaba con el otro tipo. Ella no quería viajar con nadie más que no fuera el, no confiaba en los demás y bajo su punto de vista, no necesitaban a nadie. Ella y Mishuro se habían apañado bastante bien hasta ese momento.
Dio varias vueltas, comprobando una y otra vez todas las puertas y ventanas del almacén, nunca estaba completamente segura, y siempre pensaba que alguien o algún muerto, podría sorprenderlos en cualquier momento.
Pasó varias veces más por delante de la puerta y entonces escuchó un ruido. Desenvainó la katana y salió fuera con sigilo. Nada más hacerlo, se dio cuenta de que había comenzado a hacer viento, y este venía bastante helado. El ruido que había escuchado había sido un tablón que el viento había tirado. En ese momento se dio cuenta de algo más, algo que venía con el viento. No solo era frio, sino que, además, traía hedor a descomposición, como si hubiese varios cuerpos pudriéndose por allí cerca.
Cuando Luci se dio la vuelta para volver a entrar, se encontró con Jordi y Mishuro. Ellos también habían salido y habían notado el hedor.
—Huele como un montón de cuerpos descomponiéndose. Podrían estar cerca…— dijo en ese momento Mishuro —Podría tratarse de una horda.
—Gracias por la aclaración Sherlock— respondió Luci con ironía mientras se daba la vuelta.
—Podrían estar lejos o cerca. Es imposible saberlo con exactitud— dijo Jordi.
—Mañana cuando nos pongamos en marcha hacia Valencia, tendremos que ser cuidadosos. Si un rebaño nos rodease, no saldríamos vivos de ahí. Volvamos al interior— dijo Mishuro haciendo un gesto con la mano.
Una vez dentro, cerraron las puertas a cal y canto, por si la horda se movía y pasaba por allí. No los atacasen.

Sagunto…
05:45 horas de la madrugada…

David detuvo el vehículo cuando llegaron a un atasco en la autopista. Durante todo el lento trayecto desde Navajas. No había dejado de darle vueltas al hecho de que Juanma hubiese decidido quedarse con un completo desconocido y confiar en el de esa manera. Era algo que siempre le reprocharía a su compañero, el exceso de confianza.
—¿Vamos a mover los coches para pasar? Hay un montón— dijo Félix mirando al frente. Al ver que David no respondía, le pegó un leve empujón —Tierra llamando a David. Responda— David miró a su compañero y Félix preguntó —¿Los vamos a mover o damos la vuelta?
—Daremos la vuelta y tomaremos otro camino— respondió David.
—¿En qué demonios piensas? — preguntó Félix
—En Juanma y su manía de querer ayudar a todo el mundo. En el exceso de confianza que tanto lo caracteriza. Si sigue así, al final cometerá un error y eso derivará en un suceso que no tendrá remedio. Ha decidido quedarse con ese tipo al que no conoce de nada…
—Podemos volver si quieres— respondió Félix
—Sería como buscar una aguja en un pajar. Primero llegaremos al instituto y después, si no ha vuelto, saldré a buscarlo otra vez. El muy mamón cree que puede salvar a todo el mundo— respondió David mientras hacía que el vehículo diese la vuelta.
—Para la próxima, deberíamos trazar las rutas en un mapa. Así nos libraríamos de dar tantas vueltas— dijo Félix tratando de cambiar de tema —Tendríamos ya nuestras propias rutas.
—¿No te he contado cuando le dispararon? — preguntó David
—Sé que le dispararon poco antes de conocernos en el parque aquel. Aunque supongo que no te refieres a ese disparo— respondió Félix.
—Acudimos a una llamada. Un tipo se había atrincherado dentro de la iglesia. Estaba armado y tenía varios rehenes. Además de un cinturón de explosivos… Que, por cierto, resultó ser falso— David hizo una pausa y prosiguió —Acudimos sin saber mucho. Lo cierto es que lo único que se sabía, era que era un hombre y que estaba solo. Cuando llegamos, la cosa se complicó. Nadie nos dijo que era un chaval de diecisiete años. Cuando nos topamos con él, Juanma intentó calmarlo y conversar con él, bajó el arma y aquel chico disparó a bocajarro. El disparo no fue nada grave… Y, además, ese chico estaba nervioso. De haberlo tenido más claro, Juanma habría muerto, pero no, ese chico temblaba como un flan… Y claro, Juanma pensó que podría hablar con él. Se confió demasiado.
—Escuché algo de eso. El chico fue abatido.
—Y le disparé— confirmó David. —Había herido a mi compañero y amigo ¿Qué podía hacer? Lo peor es que luego, se descubrió el motivo por el que ese chico hizo lo que hizo. El cura había abusado de él y de su hermano pequeño. Había comprado la pistola en la Deep Web y quiso vengarse del sacerdote, pero después, se le fue todo de las manos— Félix se mantuvo en silencio mientras David le relataba todo aquello —Aun así, después de aquello. Juanma ha seguido siendo confiado. No puede seguir así y debe cambiar.
—Entiendo, pero lo cierto, es que es buena persona— dijo Félix.
—Lo es. De eso no me cabe duda. De hecho, decidió abandonar el ejército antes que enfrentarse a un superior que, en principio, era amigo suyo. Pese a que discutieron y se pelearon, él nunca lo delató por no joder a la familia de este. Aunque nunca me contó que ocurrió exactamente. Quizás algo de dopaje o drogas— contó David —Esa es mi teoría.
— ¿Y quién era ese?
—Por aquel entonces era un sargento. Un tal Julio Molano— respondió David al tiempo que tomaba una curva —Hiciese lo que hiciese, es algo que se guarda para él.
El vehículo se adentró en un camino que los llevaría derechos a Puzol. En poco tiempo llegarían al instituto y podrían alegrar a todos con los suministros que habían logrado reunir.
******
Las puertas del instituto se abrieron cuando el vehículo de David llegó. Nada más cruzarlas, David se dio cuenta de que Andrea había llegado también recientemente. Aunque también se dio cuenta de algo más. Algo nuevo había, se trataba de varios vehículos nuevos y de aspecto militar. Algo que no tardó en confirmar cuando vio a varios de esos militares deambulando por allí.
—¿Qué es todo esto? ¿De dónde han salido?
—Llegaron mientras estabas fuera. Están aquí solo de paso por lo visto— respondió Andrea mirando a David. Fue en ese momento cuando vio a Roberto ir hablando con otro militar. De hecho, era el militar que parecía más veterano —Ese es el comandante según me han dicho. Es el quien manda en su grupo. Un tal Julio Molano o algo así.
Al escuchar el nombre, a David le dio algo similar a un escalofrío. Ese hombre era el mismo que hizo que Juanma se marchara del ejército.

Vías del tren…
8:30 horas…

Habían recogido sus cosas y habían salido del almacén a las ocho de la mañana. Habían andado durante varios minutos mientras el viento se iba volviendo más fuerte, trayendo con él, ese hedor que se iba haciendo cada vez más intenso. Estaban llegando a Cabanyal cuando Luci divisó algo a lo lejos en las vías.
—Alto todo el mundo— dijo la chica mientras levantaba el puño.
Todos se detuvieron y Luci comenzó a avanzar. Se subió a un vagón de mercancías y observó el horizonte. Rápidamente se bajó y regresó junto al resto, aunque prácticamente ignoró a Jordi y Amelia. Ella solo le habló a Mishuro.
—¿Qué ocurre? ¿Malas noticias?
—Será mejor que lo veas tú mismo y decidamos que hacer— respondió Luci.
Ambos se subieron al vagón que Luci había utilizado en un principio. Después, Jordi se subió y sacó los prismáticos para mirar. Cuando los retiró, su rostro estaba completamente pálido. A unos cien metros de ellos había miles de No Muertos deambulando por las vías y cortándoles el paso. Era de esos precisamente de donde venía el hedor que el aire transportaba… Y eran un obstáculo en su camino hacia Valencia capital.

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