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Gracias y bienvenidos al blog. En este blog podréis leer desde el principio la historia titulada Zombies (Esta vez corregida y mejorada), a la que le seguirán sus secuelas: Necroworld y The Survivors Land. En ellas, seguiréis el periplo de un grupo de supervivientes que iniciarán su historia en el pueblo Valenciano de Puzol, pasando por Valencia capital, Barcelona y Madrid. Un periplo que les llevará hasta los Estados Unidos. Esta historia es probablemente la historia de Zombies más larga de la red, ya que cada una de sus partes, cuenta con 200 capítulos en su totalidad. Si te gusta, sígueme en el blog y mis redes sociales, contacta conmigo por Email y suscribete via Email en la pestaña Email address para estar informado de las publicaciones. Esta historia también puede leerse en Wattpad.

miércoles, 3 de octubre de 2018

ZOMBIES: Capitulo 027 Llegar demasiado tarde


Capítulo 027
Llegar demasiado tarde

Día 6 de enero de 2018…
Estación del Norte, Valencia…
14:00 horas del mediodía…

Luci y su grupo habían llegado por fin a Valencia. La estación del Norte presentaba un aspecto no muy diferente a lo que se habían imaginado antes de llegar. Había un único tren en toda la estación y basura por todas partes. El olor allí era tan nauseabundo que tuvieron que taponar sus fosas nasales.
Subieron poco a poco al andén. Jordi ayudó a subir a Amelia cogiéndola de la mano, mientras que Sandra cogía a Yako en brazos. Una vez estuvieron todos arriba, siguieron caminando por delante de las tiendas. Pasaron por delante de una tienda de caramelos y Amelia, se percató de que en el interior había una pequeña nevera entre abierta, en el interior, podían verse varias botellas de agua pequeñas.
Amelia se encaminó hacia el interior sin decir nada, solo Jordi, que caminaba prácticamente a su lado se dio cuenta.
— ¿A dónde vas?
—A coger unas botellas de agua— respondió Amelia girándose un poco para mirar a su compañero.
Los demás también se detuvieron cuando vieron la situación.
—Tenemos que seguir. No podemos pararnos ahora que estamos tan cerca— dijo Luci parándose de golpe y mirando al resto.
—Son solo unas botellas de agua— respondió Amelia.
Amelia se adentró en el interior de la tienda y caminó hacia el mostrador, detrás del cual, se encontraba la nevera que había divisado instantes antes.
Pasó por encima de unos estantes caídos y alcanzó la nevera, sacó un par de botellas de agua y comprobó que estuvieran en buen estado, no quería que nadie enfermara, de todos modos y para más seguridad, la hervirían antes. Contó las botellas y vio que había unas diez botellas. Se quitó la mochila que llevaba y comenzó a meter botellas.
Justo cuando metió la última, escuchó un ruido detrás de una puerta. Pensó que no debía abrirla, porque se imaginaba lo que había detrás de ella. Ni más ni menos que otro No Muerto, pero por otro lado… ¿Y si era alguien que necesitaba ayuda? Caminó con decisión y tomó el pomo para abrirla, justo cuando iba a hacerlo, una mano femenina se lo impidió, era Luci.
— ¿Tienes lo que viniste a buscar? — Amelia asintió y Luci respondió —Pues andando. No vuelvas a separarte del grupo.
Ambas salieron del establecimiento y se reunieron con sus compañeros. Enseguida se pusieron en camino y salieron a la calle, allí fuera, el panorama era mucho más desolador que todo lo que habían visto hasta ese momento. A su derecha, se encontraba la plaza de toros de Valencia, allí, en una de las paredes, había empotrado un autobús de dos pisos. En los arcos, podían verse manchas de color negro, señal de que algo había ardido allí.
—El Mestalla no queda demasiado lejos, aunque será un suicidio ir por las calles. Debe haber muchos infectados— dijo Mishuro mirando a Luci.
— ¿Y qué sugieres? — preguntó Luci.
—Los túneles de metro. Una de las salidas nos deja justo delante. Es de esperar que, si es un refugio, haya además algún control cercano, quizás en la misma salida— respondió Mishuro.
Con todo claro, los cinco avanzaron hacia una de las entradas de metro más próximas y bajaron los escalones. Mientras lo hacían, Sandra notó como el pelo del lomo de su perro se erizaba, era como si hubiese olido algo. Jordi también se percató de eso y se agachó para acariciar la cabeza del Pastor Alemán rojizo.
— ¿Qué ocurre chico? ¿Has olido algo?
—Tenemos prisa… Vamos— les espetó Luci mientras agarraba la verja corrediza de la estación y la abría evitando hacer mucho ruido.
Con la verja abierta, y pese a la intranquilidad de Yako, todos cruzaron al interior y Luci volvió a cerrar. Allí dentro, Yako se puso más nervioso. Fue en ese momento cuando vieron el cuerpo destrozado de un hombre joven sobre un charco de sangre.
—Quedaros aquí— dijo Luci levantando la mano. Después, se dirigió hacia el cuerpo, seguida por Mishuro. Ambos llegaron junto al cadáver y se agacharon para observarlo mejor. No olía mal, era reciente.
—No parece que haya sido cosa de caminantes. Seguirían comiéndoselo— murmuró Luci mientras miraba hacia un lado y veía un rastro de sangre —Fíjate, parece que lo hayan arrastrado.
—Bueno… Muchas veces los caminantes arrastran a sus presas… Aunque esto es distinto— dijo Mishuro observando las heridas y alzando la cabeza para mirar a Yako. El animal seguía muy nervioso.
—Fíjate en los mordiscos y arañazos… Esto no han sido los caminantes. Será mejor que nos andemos con pies de plomo— dijo Luci mientras se ponía de pie sin dejar de observar el destrozado cuerpo. Miró al resto e hizo un gesto con la cabeza para que le siguieran.
Los cinco cruzaron una de las compuertas de acceso a las vías y bajaron las escaleras poco a poco, teniendo cuidado en todo momento. Llegaron al andén y encendieron las linternas. Enfocaron a una de las paredes y allí vieron escritos varios mensajes de carácter religioso. Todos hablaban del fin de los tiempos, del castigo divino y de una supuesta venganza de dios contra la decepcionante humanidad.
Bajaron a las vías, después de comprobar en qué dirección debían ir. No querían perderse allí ni equivocarse de dirección. Si todo salía bien, en menos de una hora, estarían en aquel supuesto refugio, en el que cada uno tenía puestas sus esperanzas de forma distinta.
En la oscuridad, los túneles parecían mucho más extensos y era como si no tuvieran fin. Al frente, iban Mishuro y Luci, a unos metros por detrás, Sandra, Yako, Jordi y Amelia caminaban en silencio.
— ¿Qué creéis que pasará cuando lleguemos? — preguntó Sandra en voz baja y rompiendo el silencio que, hasta ese momento, era sepulcral.
—Podría pasar cualquier cosa, pero mientras os dejen pasar y quedaros, me da igual— respondió Jordi —Ahora mismo eso es lo único que me importa.
—Hablas como si no fueras a quedarte— dijo en ese momento Sandra.
—Es algo que todavía no tengo claro. Mi idea era dejar a Amelia allí y después largarme. Llevaba meses solo y quería seguir así. Estoy mejor solo— respondió Jordi echándole una mirada al canido cuando lo escuchó gruñir hacia la oscuridad que tenían justo detrás. El animal parecía cada vez más nervioso. Mucho más de lo que estaba antes de entrar al túnel — ¿Es muy nervioso? — Jordi señaló al animal.
—No. Está raro desde que entramos aquí— respondió Sandra pegándole un tirón a la correa para calmar a su leal compañero canino.
En ese momento, escucharon un ruido que venía de la oscuridad. Los que primero se pararon, fueron Jordi, Sandra y Amelia. Yako en ese momento comenzó a agitarse más.
— ¿Queréis hacer el favor de no pararos? — preguntó Luci dándose la vuelta para mirarles, pero justo en ese momento, otro gruñido la alertó.
—¿Qué demonios es eso? Se está acercando— preguntó Amelia.
— ¿Serán caminantes? — preguntó Jordi mirando al resto de sus compañeros.
—No lo parece… Y no me gusta cómo suena… Andad más rápido— les animó Mishuro reanudando el paso.
El grupo aceleró el paso mientras a sus espaldas, los gruñidos se iban intensificando. Llegaron a la parada de Alameda, una de las más grandes de Valencia y allí, alumbrados por la luz del día que entraba a través de los ventanales de fibra de vidrio del techo, pudieron ver por dónde iban.
—No estamos muy lejos de nuestro destino. Salgamos de aquí… ¡¡¡Ya!!!— les espetó Mishuro al tiempo que se adelantaba corriendo y comenzaba a subir las escaleras más cercanas.
Los demás siguieron al joven japonés mientras Yako, comenzaba a ladrar, era indudable que algo les pisaba los talones desde hacía rato y los estaba cazando, prácticamente jugando con ellos… Jugando con la comida.
Habían llegado al piso superior cuando vieron una figura anaranjada y rayada salir del túnel con agilidad felina. Era un maldito tigre. Uno enorme.
El gran felino recorrió el andén en busca de sus presas humanas. Los divisó en lo alto y con rapidez comenzó a subir por las escaleras, deseoso de cazarles.
El grupo corrió cuanto pudo, pero el felino iba a alcanzarlos. Alcanzaron el exterior y el tigre salió segundos después, por muy poco no los alcanzó.
Jordi, Amelia y Sandra corrieron todo lo que sus piernas les permitieron. Divisaron un coche prácticamente intacto y que tenía las puertas abiertas. Corrieron hacia él y se introdujeron en el interior prácticamente de milagro, cerrando las puertas de golpe. El enorme felino golpeó una de las ventanas y la hizo añicos, introdujo la zarpa y arañó el muslo de Amelia, produciéndole un terrible dolor.
El tigre, frustrado por no poder introducirse a través de la ventana que había roto, rodeó el vehículo y saltó sobre el techo de este. Buscó maneras de introducirse en el interior. Mishuro y Luci, que habían salido corriendo en otra dirección, observaban la escena desde una de las gruesas ramas de uno de los árboles que había en el antiguo rio Turia, por el que hacía años que no pasaba agua y que se había convertido en zona de ocio para transeúntes.
—Acabará entrando… Tenemos que hacer algo. Ese coche no resistirá— murmuró Mishuro mirando a su compañera —Pensemos en algo.
Luci se quedó quieta unos segundos, y pensando, con los ojos muy abiertos. Fue entonces cuando miró a su amigo —Por si no salgo de esta… Eres la persona en la que más he confiado. Eres mi mejor amigo.
—Un momento… ¿Qué vas a hacer? — preguntó Mishuro al tiempo que Luci se dejaba caer de la rama del árbol y aterrizaba sobre el césped de aquel jardín donde estaba plantado el gran árbol.
—Escúchame con atención— comenzó a decir Luci —Atraeré la atención de ese animal. Cuando me persiga, tu sal corriendo y sácalos del coche.
—Lo que vas a hacer es una locura. Es imposible que…— Mishuro no terminó de decir la frase. Luci ya estaba corriendo y dando gritos. Lo que el japonés quiso decirle, era que era imposible que pudiese correr más que ese animal.
El corazón de Luci golpeaba con fuerza el pecho de esta, pero estaba decidida. Tenía que hacer lo que tenía que hacer. Pasó corriendo cerca del vehículo y atrajo la atención del tigre. Este enseguida comenzó la persecución pisándole los talones, pronto la alcanzaría.
Se adentró en los jardines y desapareció de la vista de Mishuro y de los otros.
Mishuro abandonó la rama del árbol e hizo lo que Luci le había dicho. Alcanzó el vehículo y con la ayuda de Jordi, sacaron a Amelia, su pierna sangraba abundantemente y la herida no tenía buena pinta.
— ¿Dónde demonios está Luci? ¿Qué pretende? — preguntó Sandra intentando encontrarla entre los árboles, pero no la veía. Estaba completamente desaparecida.
—No podemos quedarnos aquí. Vayamos hacia el Mestalla. No queda muy lejos— Mishuro agarró a Amelia y se pasó el brazo de la mujer por encima de su hombro para cargar con ella, después miró a Jordi y se fijó en el arma de fuego que llevaba —Tu encárgate de cubrirnos… Y esta vez, usa eso.
*****
Luci parecía que había despistado al tigre ocultándose detrás de un carrito de perritos calientes. Aquel animal no la había alcanzado, aunque no le habría resultado difícil. Recordó entonces lo que hacían a veces los gatos con un ratón, jugaban con ellos antes de matarlos y comérselos. Eso era lo que el tigre estaba haciendo, jugar, aunque era un juego que no podía durar. Tarde o temprano tocaría a su fin.
Desde donde se encontraba, vio a sus compañeros correr por una de las escaleras que salían del viejo rio. Vio como Mishuro cargaba con una herida Amelia. Luci les había otorgado una oportunidad.
Un gruñido alertó en ese momento a Luci. No tardó en ver al felino surgir de entre los matorrales y plantarse ante ella, caminando lentamente hacia ella, dando por finalizado el juego. Luci pensó en volver a salir corriendo, pero sabía que, en esa ocasión, eso no iba a servir. Desenvainó su katana y comenzó a moverse, manteniendo el contacto visual con el animal, caminando en círculos mientras se miraban. Entonces el tigre se lanzó al ataque y saltó sobre ella.
*****
Mishuro se frenó en seco cuando escuchó un aterrador rugido, eso le hizo temerse lo peor. Miró a Jordi en ese momento —Encárgate de ella y dame eso— Mishuro le entregó a Amelia y tomó el arma de fuego que Jordi llevaba. Comprobó el cargador y se dio cuenta de por qué Jordi no la había usado, quedaban pocas balas, pero si apuntaba bien, bastaría con una.
Mishuro no volvió sobre sus pasos, pasó por encima de la baja pared que daba al rio y se dejó caer desde una altura de casi cinco metros. Cayó sobre el césped, haciéndose daño en las piernas, pero no le importó, en esos momentos, estaba más preocupado por su amiga. Recorrió los caminos de los jardines con el arma en alto, hasta que vio al tigre. El felino estaba agazapado y bajo su cuerpo, pudo ver las piernas de Luci, no se movía ninguno de los dos.
Corrió con el arma en alto, sin importarle que el tigre le atacara, cuando los alcanzó, vio la hoja de la katana de Luci, saliendo por la cabeza del tigre y manchada de sangre ¿Había llegado tarde? Luci estaba tumbada debajo del animal.
Se inclinó lentamente, comprobando que el felino estaba totalmente muerto, miró a Luci y pronunció su nombre sin recibir respuesta. Insistió una vez más y fue en ese momento cuando Luci movió la cabeza, abrió los ojos y lo miró.
— ¿Qué haces tú aquí? Creí que te dije que te los llevases…— la voz de Luci denotaba que sentía dolor.
Mishuro empujó el cuerpo del animal y esté se desplomó de lado, haciendo visible la herida que Luci le había provocado. La katana se había clavado en su cuello y había atravesado su cabeza, matándolo al instante.
—No me puedo creer la suerte que he tenido— murmuró ella incorporándose hasta quedarse sentada y observando la gran mancha de sangre que tenía en la ropa.
—Esto es mucho más que suerte. Literalmente tienes una flor en el culo— respondió Mishuro sentándose en el suelo y mirando a su compañera —Lo que has hecho ha sido una locura.
—Ya me conoces…— respondió Luci levantándose poco a poco mientras se tocaba la cabeza y mostraba una mueca de dolor.
— ¿Por qué lo has hecho? Así… De repente…
Luci sacó la espada del tigre, la alzó y comenzó a limpiar la hoja —Estoy buscando a mi hija… Con la esperanza de estar juntas y cuidar de ella. Tiene nueve años y ya es consciente de lo que está bien y está mal… Entonces… ¿Cómo podría mirarla a la cara sabiendo que dejé morir a unas personas? Y yo… Me odiaría a mí misma.
Mishuro sonrió, se acercó a su compañera y la abrazó —A la próxima avísame de cuál es tu verdadero plan y de tus motivos, pero sobretodo, no me dejes solo.
— ¿Te estás poniendo emotivo? — preguntó Luci dándole un golpe en el hombro con el puño cerrado —Venga. Reunamos con los otros.
Luci y Mishuro abandonaron el rio. Subieron a la calzada y se reunieron con los demás. Les habían estado esperando.
—Ya deberíais estar en el Mestalla— dijo Luci mirando a Amelia. Se dio cuenta de que le habían hecho un torniquete. Se fijó también en el perro, estaba mucho más tranquilo.
—Os estábamos esperando— respondió Jordi —Es mejor que lleguemos todos juntos.
El grupo reanudó la marcha y comenzó a caminar en dirección al estadio de futbol del Valencia. Allí, esperaban encontrar aquel ansiado refugio. Llegaron a las cercanías y lo primero que notaron, fue el silencio, no se escuchaba nada, algo extraño, dado que allí había gente. Atravesaron un control militar que también estaba vacío, sin nadie que lo custodiara. Lo que, si había, eran señales de lucha.
— ¿No hay nadie? — preguntó Amelia jadeando. Era evidente que no se encontraba nada bien. La herida era profunda, Jordi lo había notado cuando le estaba haciendo el torniquete.
—Aguanta… Verás cómo en un rato estarán curándote y mañana estarás haciendo break dance— dijo Jordi sonriendo a su compañera. Ella respondió con otra sonrisa.
Avanzaron por el control militar, a cada paso que daban, el hecho de que no había nadie, se estaba haciendo más palpable. Y eso no era buena señal.
Llegaron a una barricada medio derribada y cuando iban a cruzarla, un ruido los alertó. Miraron todos en la misma dirección y vieron surgir a un caminante vestido de militar. Este, tenía la cara llena de heridas, la ropa hecha girones y cojeaba por culpa de una fea herida en el pie, muy probablemente la que le había llevado a la muerte.
—Yo me encargo— Mishuro caminó hacia el No Muerto y con un rápido movimiento, lo decapitó con su espada ante el asombro de todos.
Siguieron hacia delante y por fin alcanzaron el estadio, aunque el panorama no era el que esperaban. No había nadie montando guardia, cuando habría sido lo más lógico. Tampoco se escuchaba nada, ni siquiera un simple murmullo. Enseguida, Luci y Mishuro se miraron el uno al otro. Aquello no les gustaba nada.
Mishuro miró a Amelia y después a Jordi. Se dirigió a ellos y les indicó que se sentaran en un banco. La mujer necesitaba descansar.
Mientras Sandra y Yako se quedaban con Amelia, Jordi se alejó unos pasos con Mishuro y Luci para hablar en privado, también él se había percatado de que algo que no era normal, estaba sucediendo.
—Parece que no hay nadie. De haber gente ya lo sabríamos— dijo Jordi mientras miraba de reojo a Amelia —Ella necesita un médico antes de que esa herida se le infecte.
—Quédate con ellas mientras nosotros echamos un vistazo— dijo en ese momento Mishuro. —No tardamos, mantened los ojos bien abiertos.
Mishuro y Luci se alejaron lentamente mientras Jordi regresaba al banco junto a sus compañeras.
— ¿Qué pasa? ¿A dónde van? — preguntó Amelia.
—A buscar una forma de entrar— respondió Jordi. Aunque no quería decir nada, todo parecía indicar que habían llegado demasiado tarde y que el refugio había caído quien sabe cuándo. Podría llevar así meses.
******
Luci y Mishuro rodearon prácticamente el estadio, sin ver señales que indicaran que allí dentro había gente. Todas las entradas estaban cerradas a cal y canto.
Se cruzaron con un par de No Muertos y acabaron rápidamente con ellos. Siguieron avanzando y fue entonces cuando vieron una de las entradas abiertas. Caminaron hacia ella y fue cuando vieron algo que les heló la sangre, el interior del estadio estaba llena de muertos vivientes. Debía haber miles de ellos, deambulando de forma errática de un lado al otro. Sus peores temores se habían hecho realidad. Habían llegado demasiado tarde. El refugio había caído.
— ¿Qué haremos ahora? — preguntó Mishuro totalmente dolido.
—Volvamos con los demás. Aquí ya no hacemos nada. Solo atraer la atención de todos esos. Vámonos antes de que nos vean.
Luci y Mishuro regresaron junto a los demás y allí les explicaron la situación. Les contaron lo que habían visto.
Comenzaron a caminar nuevamente, en silencio. Ninguno de ellos tenía ganas de hablar, las esperanzas que habían depositado en el Mestalla, se habían desmoronado como un castillo de naipes.
Estuvieron horas caminando hasta que llegó la noche. Acabaron refugiándose en un viejo piso del barrio del Carmen, al que accedieron subiendo por encima de un autobús atascado en una calle estrecha.
La casa era vieja y olía a humedad, pero no había muertos dentro. Podrían descansar y cuidar de una agotada Amelia. Lo necesitaba.

Día 7 de enero de 2018…
02:00 horas de la madrugada…

Luci se despertó en medio de la madrugada y observó a sus compañeros. Todos dormían, ya que la casa era segura y no era necesario vigilar, además, estaban demasiado cansados.
La joven se ató las botas y después se puso en pie con mucho cuidado, aunque Yako se dio cuenta y levantó la cabeza.
Luci caminó hacia donde estaba Mishuro y con sumo cuidado se sacó una hoja de papel del bolsillo y la dejó al lado de su compañero. Después de eso, salió por donde habían entrado a la vivienda y se alejó por la calle sin mirar atrás. Era el momento de ir a buscar a su hija, tenía la dirección, quizás siguieran en la casa o encontraría algo allí que le indicase donde se encontraban. Sus esperanzas aún no se habían desvanecido, ella aún conservaba las de encontrar a su hija viva.

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